Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es chocaholic123, yo sólo traduzco.

Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is chocaholic123, I just translate.


Barely Breathing

Capítulo 46

RETO

Ella maneja por dos horas seguidas, mirando la aguja de la gasolina bajar lentamente hasta llegar a vacío. Cuando lo hace y sigue funcionando a puro vapor, Bella se da cuenta de que tiene que tomar una decisión.

Es Nochebuena. Está sola, sin dinero. No tiene su bolso, su teléfono, nada. Incluso si hubiera una habitación en el hotel, no podría pagarla.

En este momento, no tiene ningún lugar a dónde ir.

Maneja hacia el campus, se estaciona en el lugar de siempre de Edward. Los dormitorios están vacíos y silenciosos al otro lado del campo. Los dormitorios están cerrados por Navidad, las cerraduras temporalmente deshabilitadas. Ella los mira, mirando con añoranza su ventana, en el tercer piso. Luego su mirada se mueve hacia los edificios facultativos a su izquierda. Y todo en lo que puede pensar es… Edward.

Conforme la tarde avanza, el aire en el carro se transforma de frio a helado. Bella se envuelve en una manta que encuentra en la cajuela del carro, intentando evitar congelarse. Usando la tenue luz como iluminación, pasa el tiempo hojeando una desgastada copia de Dickens que encontró entre el desastre del asiento trasero.

Tiene como separador una vieja fotografía de su esposa.

Toda esperanza que todavía tenía desapareció con ese descubrimiento. En cuanto vio esa cara, ese cabello, su pecho se sintió vacío. Es como mirar otra versión de sí misma. Más inteligente, con más confianza, más hermosa.

Amada.

Un ruido afuera del vehículo asusta a Bella. Luego alguien está golpeando en la ventana. Se aprieta más en su abrigo y en la manta, intentando hacerse desaparecer.

—¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —No era su voz. El alivio que espera sentir está extrañamente ausente. El pomo de la puerta suena. Pero ella se encerró con seguro; no es estúpida. Él intenta de nuevo—. Abre la puerta. —Finalmente alza la vista, sus ojos se encuentran. Los de él se agrandan como platos cuando la ve—. ¿Bella?

Ella asiente lentamente, le quita el seguro a la puerta para que él la abra.

—Profesor Whitlock. —Lo recuerda del incidente con el café. Hace toda una vida.

—¿Qué rayos estás haciendo en el carro de Edward?

Ella se desvía. Una pregunta por otra pregunta.

—¿Qué está usted haciendo aquí?

—Olvidé el regalo de mi esposa. Lo dejé en mi escritorio; es como una niña. Tuve que esconderlo. Aunque creí que lo mejor sería recogerlo; no quería arriesgarme a su ira mañana en la mañana. —Se ríe entre dientes y estira la mano, revelando una pequeña caja de regalo envuelta—. ¿Edward sabe que estás aquí?

Ella sacude la cabeza ante su pregunta.

—N-no… no sabe. —Inhala una temblorosa respiración—. Los dormitorios están cerrados por las festividades. No tengo ninguna otra parte a donde ir.

La expresión de Jasper se suaviza. Pone una mano enguantada en el techo del carro, luego se estremece.

—Está helado. No puedes quedarte aquí; morirás congelada.

Ella se encoge de hombros. ¿Eso importa?

—Es Navidad. ¿En serio no tienes a dónde ir?

Una pequeña casa metida entre los árboles pasa a través de su mente.

—No —susurra. Un estremecimiento sacude su cuerpo, haciendo que los ojos de él se alarmen.

—No puedo dejarte aquí, mi esposa me mataría. Puedes venir a casa con nosotros. Está cálido y cómodo. Incluso tenemos una habitación para invitados.

Bella no se mueve. Recuerda otra celebración, otra habitación. Sus manos tiemblan.

—Estaré bien. T-tal vez pueda entrar a los dormitorios mañana. —Tal vez.

No te voy a dejar aquí en el carro con este frío helado. —Su voz es firme, no deja lugar a discusión—. Vienes conmigo o tendré que llamarle a Edward y decirle que estás aquí.

Su estómago se tensa. Se baja del carro con indiferencia, metiendo el libro y la fotografía al bolsillo de su abrigo. Luego camina detrás del profesor Whitlock hasta su carro estacionado detrás del de él, quedándose detrás como una niña regañada.

Otra celebración, otro desastre.

Feliz Navidad.