Planetarium del Cometa — Capítulo 54: Acción prohibida

Peach, Pit, Midna, Kirby y yo estamos en el sofá, ya vestidos y listos para la gala. Los nervios pueden con nosotros, aunque con algunos más que con otros:

—Que empiece esto ya, por Dios —tiembla Peach.

—Lo mismo digo —la apoyo yo sin poder estar completamente quieta.

—Tranquilas, si ya no creo que cambie el nombre del expulsado. Seguro que ya han cerrado los votos y están escribiendo el sobre.

—Midna tiene razón —Pit la apoya—, aunque es normal que estéis así.

—Tampoco tan normal, ¿eh?

—Cuando estuvimos la semana pasada los dos con Amy en el sofá ese me dijiste "estoy nerviosa", así que no disimules —le retrae el ángel a la twili.

Kirby, Peach y yo nos sorprendemos ante eso, riendo.

—Fue un bajón puntual. Nada más.

Obviamos que Midna se ha puesto roja y miramos las escaleras que conducen al ático, donde están el resto de concursantes.

—¿Y los demás?

—Arriba, con la máquina esa.

—¿En serio?

—Mejor, que aprovechen y a ver si pueden llegar por nosotros al número de bolas que piden. Esta prueba la tenemos cruda.

—Espero que el castigo ese que dijo del equipo perdedor no sea mucho. Nosotros seguro que hemos perdido —se deprime Pit.

—Claro, teniendo a un ángel que no sabe volar, ya me dirás tú —esta vez es Midna la que le retrae algo al chico.

—Oye ¿y eso en qué influye en la prueba? —le responde a punto de reírse.

Midna suelta una carcajada y Pit la acompaña en ello. Por lo visto se han hecho buenos amigos.

—¡Todos al sofá, va a empezar la gala!

Claramente este mensaje no es para nosotros, sino para nuestras cinco esperanzas. Rápidamente bajan, pero Samus ya hace un gesto de negación con la cabeza teniendo en mente el resultado previo a la resolución de la prueba. Nos desesperamos ante eso.

Pasa media hora o más, como de costumbre. Siempre que Paco no está con nosotros es porque está enseñando a los espectadores imágenes de las cosas más importantes que han pasado esta semana. Aseguro que en algún momento de esta noche el presentador hablará del cumpleaños de Ike y del terremoto de ayer.

Pero llega el momento que deja de dirigirse a la gente que está en casa para contactar con nosotros.

—¡Buenas noches, monigotes! —grita el presentador.

Nosotros le respondemos con todas las ganas que podemos mostrar.

—¿Qué tal la pierna, Samus? —pregunta Paco

—Bien, ya soy libre —la chica levanta la pierna estando sentada y mueve el tobillo de un lado a otro.

—Entonces si hoy vuelves al plató no tendrás dificultad para moverte, ¿verdad?

—Primero vamos a ver si soy yo la que vuelve a Nintendo hoy.

—Eso es verdad.

Paco se queda un rato mirando al infinito para luego volver:

—En fin, la semana ha ido bien, ¿no?

—Y tan bien, Paquito —le responde Ike—, me han montado una fiesta guapísima por mi cumpleaños.

—Claro que sí, si es que aquí es mejor quererse que matarse —ríe el nombrado—. Aunque ahora solo habrá alegría para uno de los cuatro nominados. Como sabéis, en la biblioteca solo pueden entrar tres, así que uno de vosotros no tendrá ni que pisarla.

Las luces se oscurecen sin que nosotros digamos nada.

—Y esa persona es…

En mi interior rezo a Hylia que sea Link, o por lo menos Peach, pero esta vez la diosa no está de mi lado:

—¡Samus!

La chica se levanta y se pone a saltar. Rápidamente es acogida por su novio y ambos caen riendo en el sofá.

—Así que Link, Peach y Sonic, a la biblioteca.

Nos levantamos todos esta vez para despedirnos de ellos. Mientras Link está ocupado tomo a Peach y la abrazo con fuerza.

—Esta semana no te vayas, ¿eh?

—No las tengo todas, Zelda —me dice al oído.

—Estate tranquila.

Nos separamos y me sonríe. Seguidamente Sonic viene a darme un par de besos de despedida, aunque muestra una expresión muy apagada y deprimida. Lleva días llorando por las esquinas, intentando que nadie se dé cuenta, lo que hace que sienta compasión por él.

—La mejor de las suertes, ¿vale? —le digo tomándole de las manos mientras él asiente con la cabeza, intentando esbozar una sonrisa.

Lo suelto para encontrarme con Link.

—Cuídate —me dice con tan solo verme la cara.

No sé qué responder a eso; tiene su derrota más interiorizada de lo que esperaba. Tan solo niego con la cabeza y me pego a él.

—No te vayas.

Me besa en la frente y se aleja andando con la princesa y el erizo. Yo me quedo viendo esa imagen, pues no se volverá a repetir. Tan solo dos de ellos volverán, y eso me come por dentro.

Me siento en el sofá y Midna se junta a mí. Apoyo la cabeza en ella y me quedo mirando a la nada, esperando que la media hora que se estén ahí pase de una vez por todas. Después creo conveniente distraerme con las expresiones ajenas: parece que solo Lucario sufre por Sonic, pues Ike y Samus están celebrando a su manera que ella se ha salvado. Por otra parte Pit y Kirby están hablando, posiblemente para distraerse y no pensar en Peach.

De repente, enfrente nuestro y sin aviso de Paco o la Voz, se alza la misma mesita de cristal que sostenía la carta que nos informaba de la gala exprés cuando Daisy rompió el molino. Esta vez, pero, tiene un maletín.

—¿Y esto? —dice Midna.

Nos ponemos de pie para investigarlo, pero nos interrumpen:

—No, por favor —dice la Voz—, no abráis eso aún.

—Pues no lo pongáis aquí —se queja Ike.

Aun así, el peliazul se pone a investigarlo sin tocarlo. Pasan varios minutos pero él y Samus siguen hablando con Lucario de lo que puede haber dentro

Rápidamente olvidamos el maletín cuando escuchamos la puerta de la biblioteca. Aprovechamos que no estamos sentados y nos esperamos de pie. De detrás de las librerías aparece Peach corriendo y saltando hasta que se lanza a Pit y ambos se caen al sofá.

El alivio me invade cuando unos instantes más tarde veo acercarse a Link, aunque no parece alegrarse. Midna me toma de la mano y me arrastra corriendo a abrazar al salvado.

—¿Estás bien? —le pregunta la pelirroja aprovechando que los demás concursantes están tratando de sacar a Peach de encima de Pit.

—Sí, más tranquilo —sonríe.

Midna se percata de que a Peach realmente le cuesta levantarse y va a ayudar. Nos quedamos los dos solos de nuevo. Nos miramos a los ojos y ambos no podemos evitar dibujar una sonrisa.

—Por favor, sentaos de nuevo.

Obedecemos a la Voz y nos esperamos sentados un buen rato. Link y Peach preguntan por el maletín pero ninguno de nosotros puede darles una respuesta clara, así que empezamos a imaginarnos sin ningún filtro qué es lo que hay ahí dentro.

—Bien, bien —aparece Paco.

—¡Hola! —grita Peach.

—Buenas noches de nuevo, señorita Toadstool.

Ella ríe.

—Bueno, antes de explicaros por qué tenéis un tentador maletín delante de vuestras pequeñas narices, me han informado que hay un concursante que quiere anunciar algo.

—¿Eh? —se pregunta Samus.

Link se levanta de mi lado y se sitúa delante de la mesita de cristal.

—Cuando quieras —dice Paco.

—Bien… Esto es un poco difícil —se ríe por los nervios, aunque seguidamente cierra los ojos y se centra. Sabe que todos nos estamos preguntando lo mismo—. Solo quiero agradecer a todos los espectadores que me han salvado esta noche y a mis compañeros y rivales. Que sean mis rivales no significa que sean mis enemigos, eso es algo que he aprendido en este programa, además de saber convivir con diecisiete personas a la vez y otras cosas relacionadas con la cocina, la limpieza, y demás.

Todos lo miramos suspicaces.

—Gracias a este programa he crecido como compañero, como rival y como persona. Por ello agradezco al programa también, ya que esta experiencia siempre habrá formado parte de una importante etapa de mi vida.

—Gracias a ti también, Link…

—No he terminado, Paco —ríe, otra vez nervioso. Parece que lo está pasando mal—. Lo que quiero decir con todo este rollo es que… abandono el programa.

Mi mente aprovecha el silencio que se crea para hacerme sentir como si un mundo que he ido creando fuera arrasado por un tornado descomunal. Vuelvo a ahuyentarme de mi exterior como cuando Saria fue expulsada, con la mirada perdida mientras escucho en forma de eco las reacciones de mis siete compañeros. Trato de tomar el control y alzo la vista para encontrarme con el azul de los ojos de Link apartándose de los míos.

A pesar de esto… ¿me sigues mirando?

—A ver… bien, esto… —Paco trata de controlar la situación y de calmar tanto al público del plató como a la gente del Planetarium.

—¡¿Cómo te vas a ir, tío?! Te acaba de salvar la audiencia ¡¿y así se lo pagas?! —Ike se hace hueco entre el caos.

—Estoy en mi pleno derecho.

—Llevamos semanas aquí juntos, si abandonas ahora… —Samus trata de convencerlo

—¿Si abandono ahora qué? Sé que no podré ganar el premio.

—Ya no es solo por el premio, Link. Joder, ¡harás daño a muchas personas!

—¡¿Y cómo me sienta yo no importa?!

Todos se callan de repente, y el público al otro lado de la pantalla guarda silencio por la cuenta que le trae.

—¡Si hay algo que tengo clarísimo es que no puedo seguir aquí encerrado!

—¡Pues todos los demás lo hacemos! —se interpone Lucario—, Un hombre no se mide por todo lo que puede hacer, sino por lo que puede soportar.

—¿Piensas que los demás no lo estamos pasando mal, apartados de nuestros seres queridos y sin saber ni una sola cosa de lo que está pasando en nuestros respectivos reinos?

—Nunca ganan los fuertes, tan solo los que se adaptan a las circunstancias y aprenden a convivir con el entorno.

—Abandono el programa. ¿Qué es lo que no entendéis? He tomado una decisión, por mucho que gritéis no podréis pararme.

—Link —Paco vuelve a hablarnos, pero en un sensato y relajado tono—, escúchame.

El chico se gira para darnos la espalda y mirar la pantalla.

—Si quieres irte del concurso estás en tu pleno derecho, lo has dicho bien. Tan solo deberías firmar un contrato en el que declares que te comprometes a pagar la penalización y pasar un test que estipule que estás en pleno uso de tus facultades mentales a la hora de decidir que realmente deseas irte del Planetarium.

—¡Pero no se lo pongas tan fácil! —grita Midna.

—Midna, este programa lo conduzco yo y mi principal objetivo es que todos los concursantes estén en el área de juego por voluntad propia. Es cierto que este concurso ofrece a sus participantes la opción de abandono, así que no hay nada que hacer.

Me cubro con las manos la cara y apoyo los codos en las rodillas; no quiero que se vea mi cara.

—Aun así —termina Paco—, te recomiendo, Link, que te lo pienses y valores las cosas buenas de quedarte. El contrato estará listo en tres días, aprovecha este tiempo para reflexionar.

Siento como Link se deja caer en su sitio del sofá, a mi lado. Yo no tengo ni más mínima intención de hablar con él; ni tan solo puedo mirarlo. Mi tristeza ha desembocado en ira, incluso quiero que realmente se largue de aquí.

No seas ingenua, Zelda. No quieres que se vaya, sino quieres querer que se vaya.

—Bien… Tras este amargo momento es hora de proseguir con el plan principal de la gala.

De repente parece como si Paco hiciera un reinicio y recuperara su alegría de fábrica.

—Link, aunque estés con un pie fuera del programa, se te ruega participar en lo que ahora voy a mostrar.

Supongo que él asiente, ya que el títere de la pantalla se alegra y da la orden de que el maletín se abra.

De su interior sale un espeso humo que nos nubla la visión durante unos segundos. Una vez este se disipa podemos apreciar nueve anillos, todos bien sujetos en sus respectivos soportes forrados de terciopelo rojizo. Tienen un diseño muy simple: son completamente plateados a excepción de un pequeño círculo negro que toma distinción.

—¡¿Son para nosotros?! —dice Peach mostrando su pasión por las joyas.

—Exacto. Es un obsequio del programa por ser los nueve concursantes que siguen aquí tras haberse ido justamente la mitad de vuestros compañeros.

Nos repartimos los anillos mientras Paco habla. Yo tomo uno cualquiera, pues tras lo que acaba de pedir Link no puedo decir que esto me haga especial ilusión.

—Sería bonito, en este momento, hacer memoria y dedicarle estos anillos a vuestros otros nueve compañeros —comenta Paco, lo que nos parece demasiado bonito como para venir de él—. Mario, Bowser, Saria, Daisy, Estela, Fit, Luigi, Sonic y Amy… Estos han sido los nombres que os han situado en la segunda mitad del programa.

Seguimos en silencio. Siento que el anillo me da un pinchazo y confirmo que no es solo a mí una vez veo la cara de queja de los demás.

—Y como buena segunda parte que será… —prosigue.

La joya empieza a calentarse y trato de quitármelo, pero no puedo.

—¡Boom! —grita Paco para luego desaparecer en la pantalla y dar lugar a un enorme letrero:

—Acciones… ¿prohibidas? —lee Midna.

—¡Exacto, monigotes! Cada uno de vosotros se ha vinculado a su respectivo anillo, los cuales tienen diferentes frases programadas.

Lucario se dispone a hablar mientras observa el suyo, pero el presentador lo interrumpe:

—Dichas frases son las acciones que no podéis cometer bajo ningún concepto. Si eso ocurre, una enorme descarga eléctrica recorrerá vuestro cuerpo y no aseguro que quedéis conscientes tras ella.

—¡¿Nos quieres matar o qué?!

—Tranquila, señorita Aran. La corriente que os dará no os quitará la vida, simplemente os desmayaréis si no resistís a ella —sonríe.

—Pero…

—Además quiero sugeriros algo. Si no queréis que otros concursantes aprovechen vuestra acción prohibida para lucrarse de ella, más vale que la mantengáis en secreto.

—¿Y esto hasta cuándo va a durar?

—Para los expulsados hasta que salgan. Para los que se mantengan, hasta el final.

Pulso el detalle de color negro de mi anillo, y de él sale un holograma que, por lo visto, solo yo puedo leer: Escuchar música durante más de cinco segundos. Así que si en algún momento dado una melodía se apodera del aire tengo cinco segundos para librarme de ella. Perfecto.

—Finalmente añadir que el castigo no solo tiene que ser una pequeña electrocución. Si os veis muy apurados con vuestra acción prohibida, podéis pulsar un botón que hay en la parte inferior del anillo. Eso producirá que ya no suceda nada si infringís vuestra norma, pero esa semana estaréis en la lista de nominados sin pasar por nominaciones previas. Al acabar la semana los poderes de los anillos se restablecerán, por lo que vuestro talón de Aquiles volverá a estar activo. Si lo intentáis romper, estropear o quitar de vuestro dedo, este desprenderá la descarga en forma de medida de seguridad.

Todos estamos flipando. La idea de caer inconsciente atemoriza a cualquiera, y a juzgar por todas nuestras expresiones no han tenido ningún tipo de remordimiento a la hora de elegir las acciones prohibidas.

—Oye, el mío no tiene botón para ponerme en la lista de nominados de forma automática —dice Link.

—Vaya, qué mala suerte —le dice Paco—. Más os vale acatar las normas —ríe después dirigiéndose a todos antes de despedirse.