54 Honra

—Haz algo de una vez —susurró con evidente desesperación en la voz.

—Se trata de estrategia, mi estimado Koga.

Kagome, de pie detrás de Koga, no apartaba sus ojos de un punto frente suyo, otro par de ojos. Ojos que a su vez le devolvían la cortesía con vehemente intención.

—Miroku, te cortaré la yugular como no hagas un movimiento en el próximo minuto.

—Táctica, lógica —el monje enumeró otras características.

Sesshomaru, de pie detrás de Miroku, parecía un David, su cuerpo no había efectuado movimiento alguno en la última media hora, fingiendo con maestría prestar atención a lo que acontecía entre el lobo y el monje.

—Cállate y juega.

—El ajedrez no es para ti.

—Sólo. Cállate. Y. Juega.

Miroku movió su alfil.

—Jaque mate.

—¡¿Diez minutos para eso?! —exclamó repentinamente, rompiendo la magia entre los enamorados.

El lobo se permitió unos ejercicios de respiración.

—La paciencia es una virtud y deberías considerar cultivarla.

Cállate.

Miroku rió muy satisfecho con su performance y procedió a guardar las piezas en su sitio.

—Sesshomaru —la voz de Inuyasha atrajo la atención de su medio hermano y Kagome— Llegó.

Sin más el daiyoukai se encaminó hacia la ancha puerta de entrada y caminando detrás de él, el hanyou. La sacerdotisa, más curiosa que otra cosa, se sumó al momento. A medida que se acercaba al sitio en cuestión una sensación extraña la invadió, como una brisa cálida pero eléctrica que le hizo cosquillas en cada poro de su piel. Era familiar y puro.

En la entrada principal había un vehículo y de pie junto a éste, una mujer. Kagome desechó instantáneamente la idea de que eran físicamente similares, aunque quedó flotando en su cabeza.

—Eres una sacerdotisa —dijo instintivamente.

—Y tú también.

Kagome se llevó la mano al sitio donde colgaba su fragmento de la perla, la mujer frente a ella hizo lo mismo pero le ofreció la visión de lo que ocultaba detrás de la ropa.

—¡Tienes un fragmento!

Sesshomaru e Inuyasha parecieron quedar al margen de la situación por un instante.

—Es lo que falta —señaló el daiyoukai.

—Entonces eres tú quien debe encargarse de Naraku.

—¿Sabes de él?

La mujer, de inquietante belleza, se acercó y le extendió su fragmento de la perla. Con una seña le indicó que los uniera y Kagome observó fascinada cómo estos se fusionaban, adhiriéndose perfectamente, como si nunca hubiesen estado separados.

—Gracias.

La recién llegada ofreció una reverencia a Sesshomaru y sin más, se marchó.

—¿Quién era? —preguntó al fin.

—Su nombre es Kykio —habló Inuyasha.

Kagome los miró.

—¿Eso qué es? —inquirió, mirando la caja que Sesshomaru sostenía.

—Tokijin —explicó someramente, ingresando al castillo.

—¿Tokijin? —le preguntó a Inuyasha.

—Que te explique él.

Kagome miró una vez más el pedazo más grande la perla de Shikon. Verla así la llenó de un repentino optimismo.

—Kagome… —la aludida lo miró pero otro sonido la distrajo:

—¡Bestia! —la voz de Koga resonó desde el interior y anunciaba su acercamiento.

La magnitud del fastidio en le rostro de Inuyasha habría sido suficiente para otorgarle la categoría de planeta en el Sistema Solar.

—¿Quién te has creído?

—¿De qué estás hablando, lobo?

—¡Tú te comiste lo que había dejado en el refrigerados! ¡Era mío!

—¡No sé qué dices, yo no toqué nada!

—¡Te dije que no te acercaras a mi comida, bestia!

—Muchachos…

—¿Acaso te hice un juramento? ¿Y por qué me culpas a mí? ¡Tal vez Miroku fue quien se comió tu estúpida comida!

—¿Cómo te atreves a hablar así de la comida que nos prepara Kagome?

—¡No me quieras hacer quedar como el villano!

—Chicos…

—¿Y se puede saber qué haces aquí solo con ella?

Inuyasha se descolocó por unos segundos.

—¡No tengo nada que explicarte, sarnoso!

—¡Deberías!

—¿Acaso se te quemó el cerebro? ¿Quién te crees que eres?

—Emm…

—¡No te atrevas a tocar a Kagome, bestia! ¿Me has oído?

—Yo no recibo órdenes de lobos sarnosos.

—¡Muchachos!

Koga e Inuyasha se volvieron. Estaban a escasa distancia, próximos a llevar la cuestión a los puños.

—Gracias por su atención —sonrió—. Ahora, tomen distancia. No hay necesidad de violencia.

—¿Estás segura, Kagome? Porque ahora estás con Sesshomaru y esta bestia…

—Koga —le interrumpió secamente, avergonzada.

—¿Cómo es eso de que está con Sesshomaru? —inquirió Inuyasha, dirigiéndose a Koga.

—¿No te diste cuenta?

—¿Tú sí? —no le parecía verosímil. La incredulidad puesta en sus ojos con una obviedad que pudo haber ofendido a Koga, pero este ya se hallaba festejando su ventaja.

Quien, cabe aclarar, ya reía de satisfacción.

—¡Responde, lobo!

—Koga —suplicó Kagome.

—Koga —y allí mismo culminó el jolgorio: la risa se ahogó, las dispersiones fueron recolectadas y los tres miraron al dueño de la casa—, desaparece.

Obedientemente, ingresó.

Sesshomaru miró a Kagome y ésta, apreciando el momento, ingresó detrás de su amigo para darle a los medios hermanos un momento de privacidad. El daiyoukai guardó protocolo en todo momento y para no dejar nada a la vista, ni le dirigió una mirada a la mujer que se iba.

Una vez cerrada la puerta, enfocó su vista en Inuyasha y éste se supo próximo a algo desagradable. Secretamente Sesshomaru disfrutó de la ventaja que ostentaba en la situación; no sólo era el dueño de casa (aunque eso estaba sujeto a debate; lo sopesaría en otro momento), era el hermano mayor, quien detentaba el poder y era, además, y efectivamente, el principal pretendiente de Kagome.

Inuyasha sólo era alguien que había decidido pasar por alto en un momento y repentinamente allí lo tenía: bajo su techo y en calidad de "amigo" de la mujer mencionada. No estaba de más decir que esa información no sentaba bien con él.

—¿Qué pretendes hacer con Kagome?

La palabra "pretender" no había tenido una connotación feliz, no con el tono de voz que había empleado, y Sesshomaru entornó la mirada, informándole que había hecho una precaria selección de su vocabulario. Pero si había algo que recordaba perfectamente de su hermano menor era su incapacidad de hacer lecturas de lenguaje corporal.

—A modo de introducción voy a comenzar por decir que me apiadaré de tu existencia por el bien de Kagome —dio un paso hacia él—. Siguiente, mis intenciones para con ella no son para que las conozcas.

—Me preocupo por ella —habló entre dientes, controlando su tempestuosa personalidad.

—¿Qué te hace pensar que eres el único?

—Sinceramente, dudo que-

—Inuyasha —interrumpió galantemente—, tu opinión es irrelevante. No obstante, te favoreceré con una escueta explicación: honraré a Kagome en todos los sentidos.

Decir Sesshomaru era pensar, por asociación directa, en la palabra honra. Inuyasha era menos filosófico y por eso pensaba primero en engreído, pero incluso en su perenne e inextinguible rivalidad, el hanyou sabía que su medio hermano era una criatura de honor y valía, que cumplía siempre con su palabra, que decía siempre la verdad, que si decía que "honraría" a Kagome, sencillamente lo haría.

Saber eso implicaba reconocer también el vínculo que los unía. Kagome lo había escogido y él a ella.

No habría discurso lo suficientemente elocuente y prolongado que cambiase el hecho.

—¿La amas?

—Tientas tu suerte, Inuyasha.

—Necesito saberlo.

Arqueó una ceja incrédula.

—¿Por qué? —inquirió.

—Kagome necesita más que tu palabra o tus promesas. Deberás darle absolutamente todo lo que eres y si no eres capaz de-

—Que desconozcas certeramente mis intenciones no quiere decir que no sean las obvias. Sé exactamente qué clase de mujer es Kagome y qué es lo que merece. Te garantizo, hermanito, que soy el indicado.

—Si la lastimas…

Sesshomaru sonrió, concediéndole el arrebato de caballerosidad barra valentía barra estupidez.


NA: Buenas, qué tal, cómo andan. Lo que leyeron es parte de eso que dije que tenía que "presentar" para que todo "tuviera sentido". El próximo capítulo (y el que le sigue por lo que parece) se alterarán las aguas. Por favor, no tengan expectativas, les repito, soy malísima escribiendo escenas de acción. Aunque, lo juro, estoy haciendo el intento.

Por otro lado, Dulcechiiel pidió (porque recordemos que pueden hacer peticiones) celos para Kagome. Primero pensé "Ajá, me mató" porque no es algo a lo que esté acostumbrada ni algo que haya leído lo suficiente. Como que la atención siempre está puesta en Sesshomaru. Pero debo decir que ya se me ocurrió algo al respecto y veremos muy pronto a Kagome explorar el campo de los celos.

Espero que hayan disfrutado, amo sus comentarios y nos vemos el martes :*

J.