Capítulo 53: Amantes

Elijah Mikaelson
Celda en el sótano de la mansión, Mystic Falls

Se sentía contrariado por todo lo que estaba pasando últimamente. Su familia vivía pasando tiempos turbulentos desde hace mucho, quizá desde siempre. Prometieron estar juntos, juraron que estarían unidos defendiéndose contra todo y todos pero la promesa se fue rompiendo con los años. La eternidad es mucho tiempo para mantener una promesa tan importante, si tan sólo hubieran sabido que las cosas iban a ser así quizá jamás hubieran llegado tan lejos. Con un Klaus autoritario, poniéndose encima de todos, imponiendo su voluntad y encerrando en un cajón al que le dé la contra. El amor entre ellos se había roto, pero aún existía. Él aún quería su familia de vuelta y creyó que al ver de nuevo a su madre las cosas se arreglarían, confió en eso hasta el último momento en que supo que quería matarlos a todos.

Y quién diría que los intentos de mamá de matarlos los unirían más que nunca, que las palabras falsas que les dijo sobre el amor que sentía por ellos en lugar de derrumbarlos les daría fuerzas para enfrentarla. Y ahí estaba, bajo un mismo techo... más unidos que nunca. O al menos eso parecía, aún había demasiada confusión como para asegurar algo, aún no sabían que iban a hacer con esa chica Priss, con su madre y con Katherine que de alguna forma la ayudó y traicionó. Y era muy probable que Klaus quiera cazarla nuevamente, cosa que por supuesto no iba a permitir. No otra vez.

Quería mantenerla a salvo, no pretendía enfrentar a su familia porque no esperaba que su relación con Katherine sea una pelea contra todos, pero lo iba a hacer si era necesario. Pero Klaus se iba a tener que aguantar lo suyo con Katherine así como ellos lo habían aguantado todos esos años. Y por primera vez en mucho tiempo estaba seguro que sus hermanos estarían de su lado, así que si Klaus quería conservar a su familia iba a tener que aceptar a Katerina Petrova le guste o no. Por primera vez sería él quien estaría contra la espada y la pared. Y estaba más seguro que nunca de que lo que ella sentía era amor después de lo que acababa de decirle, de sus gestos, su mirada y su voz, todo le decía que Katherine estaba enamorada tanto como él, sólo que aún no podía aceptarlo. Pero no importaba, él se iba a encargar de hacerla confiar y de que juntos pudieran recuperar el amor hermoso que se tuvieron.

La dejaría huir sólo por un breve momento en lo que se ordenaba todo en la mansión, no sin antes demostrarle cuanto la amaba. Se acercó a ella despacio llevándola hacia un rincón oscuro donde ojos indiscretos no los vean, era arriesgado, pero no podía dejar que se vaya nada más. Katherine retrocedió junto con él sin dejar de mirarlo a los ojos mientras sus manos se posaban suavemente en su cuello y las de él estaban bien acomodadas en su cintura. Cuando al fin la espalda de Katherine chocó contra la fría pared, Elijah tomó por asalto esos labios que había añorado en secreto durante tantos años y que ahora tenía una nueva oportunidad de besarlos a su antojo, de besarlos cada vez que quisiera y decirle con sus besos cuanto la amaba y necesitaba a su lado. Sólo habían pasado unos días desde lo que pasó en New York pero para él esos días se habían hecho muy pesados, largos y fríos sin ella, sin tenerla al lado, sin sentir como una fuerza intensa lo hacía temblar y perder el control cuando la besaba.

Se les iba el aire de tanto besarse, Katherine que en un principio parecía dudosa después de todo lo que dijo en ese momento estaba completamente entregada al beso, paseando sus manos por sus hombros y espalda, bajando luego para poder quitarle el saco. Las manos de Elijah también bajaron hacia los jeans ajustados de su Katerina, se pasearon sobre sus piernas cubiertas por la tela, estaba ardiendo y quería arrancárselos en ese momento, destrozarlo y poder palpar su suave piel, pero quizá eso no sea tan buena idea. Le quitó el cinturón y el botón de sus jeans, bajó el cierre y se permitió introducir una mano por debajo de sus bragas mientras Katherine lo ayudaba y terminaba de bajarse los jeans y abría un poco las piernas para dejarlo tocar. Gimió entre sus labios cuando sintió los suaves dedos de Elijah moviéndose circularmente, tocando justo donde le gustaba.

Katherine lo ayudó a quitarse la camisa y ella también se deshizo del cinturón del original, Elijah podía sentir sus manos paseándose por su espalda, luego a su pecho... suspiraba, se mordía los labios para no gemir fuertemente y llamar la atención mientras él la hacía disfrutar con sus dedos estimulando su intimidad húmeda. Volvieron a besarse con más ardor, cierto que a Elijah le gustaba disfrutar del momento, de ir paso a paso, explorar nuevas sensaciones y llevarla al límite. Pero así como habían momentos en que podía controlarse para que sus momentos juntos duraran más y sean lo más placenteros posible, también había momentos como esos en que Katherine lo hacía perder el control y sentirse desatado, capaz de todo, sin importarle nada más que ser un macho fuerte que posee a su hembra y la hace gritar de placer. Sintió que Katherine le mordió el labio inferior, el movimientos de sus dedos allá abajo se hizo más rápido y profundo, a ella le fue imposible no soltar un grito complacida mientras sus uñas se clavaban en su espalda.

- Te amo Katerina - susurró sobre sus labios, aún en medio de la oscuridad le pareció verla esbozar una sonrisa, luego ella le devolvió el beso con ardor, sus lenguas ansiosas exploraban la boca del otro, él se sentía estallar. Sólo ella podía hacerlo perder el control de esa manera, no sólo era por el recuerdo de esa chica llamada Katerina Petrova corriendo y jugando a ser atrapada por él en el jardín, escondiéndose para provocarlo, sonriendo graciosamente y disminuyendo la velocidad al final para dejar que él la arrincone contra un árbol y la bese. Era también el deseo que sentía por ese ser ardiente en que se había convertido, por esa mujer llena de sensualidad que cada vez lo volvía más loco, que lo hacía perder la cabeza totalmente. Eran sus gestos, su aroma, su mirada intensa, su suave piel... todo el Katherine lo sacaba de control y no lograba razonar siquiera un poco.

Ella no respondió a sus palabras, pero sus besos fueron respuesta suficiente para confortarlo. Ella enredó sus piernas alrededor de él y lo ayudó a liberar su miembro ansioso de poseerla. La penetró rápidamente, ambos gritaron a la vez olvidándose de su idea de ser discretos. Las manos de Elijah fueron despacio hacia sus senos para acariciarlos sobre la tela del sostén mientras abajo él empezaba a moverse lentamente dentro de ella. Katherine tenía las manos apoyadas en sus hombros y lo miraba de esa manera tan intensa y llena de deseo que le encantaba, ella se mordió los labios cuando él empezó a ir más rápido y arqueó la espalda mientras en su rostro se formaba una sonrisa de satisfacción que sólo le dio ganas de ir más rápido. Katherine aprovechó para quitarse el sostén y dejar a su vista los senos que clamaban por recibir las atenciones de Elijah. Él se inclinó para lamerlos, besarlos locamente, mordisquear sus pezones, deleitarse con ellos, sentir como se estremecía a su lado mientras seguía embistiéndola sin piedad contra la pared.

- Oh Elijah... por favor... no te detengas - decía completamente poseída por el placer, entregada por completo. Sabía que no era mujer que se deje dominar sino todo lo contrario, era extraño no ver a Katherine al mando. Pero así como él perdía el control con ella, Katherine también se olvidaba de su postura de inflexible y dominadora, sus labios podían negar lo que sentía por él pero su cuerpo no, porque se entrega a él como no lo había hecho con nadie más. Ella se enderezó y de nuevo lo rodeó con sus brazos, fue ella misma quien buscó sus labios con desesperación, las manos de Elijah se acomodaron en sus suaves piernas sin dejar de embestirla con toda potencia, estaba al límite y no podía creer que su cuerpo pudiera soportar tanto deseo y placer, sólo quería hundirse en ella mil veces más, sentir como se estremecía y vibraba con cada uno de sus movimientos, quería llegar junto con ella a la cima más alta. Habían tantas cosas que quería decirle, como que la amaba tanto que era capaz de todo por ella, que quería amarla por toda la eternidad y hacerla suya el resto de sus días; pero tampoco podía hablar porque si lo hacia iba a dejar de besar esos labios tan adictivos, y quizá si dejaba de besarla tampoco conseguiría decir nada coherente en esa danza de cadera que los llevaba a la locura. Sintiendo ya cerca el final separaron sus labios apenas unos segundos para retomar aire, se miraron a los ojos un corto instante para volver a besarse con locura y explotar juntos llenos de amor y placer.

Sus cuerpos se quedaron quietos, jadeantes, ansiosos, con deseos de más. Katherine apoyó la cabeza en su pecho y él la abrazó despacio mientras intentaban volver a la normalidad y él se retiraba despacio de su cálido interior, el lugar donde le gustaría estar noche y día. Despacio tomó su mentó y la hizo mirarlo para luego depositar suaves y cortos besos en sus labios. A veces sentía que no podría parar de besarla, no podía creer la facilidad con la que se hizo adicto a ella. Katherine sonrió, no con picardía y malicia como solía hacerlo últimamente, sino con dulzura, de esa manera que le conoció hace muchos años y de la que se enamoró. Con pesadez y se separaron para vestirse nuevamente, por suerte no habían destrozado la ropa que se quitaron en medio de toda aquella locura, aunque algunas prendas si fueron lanzadas lejos.

- Supongo que ya puedo irme, después de abusar de la prisionera ahora quedo libre - bromeó ella mientras se terminaba de acomodar el cabello - y se supone que tengo el camino libre para salir de acá como si nada?
- Supones bien. Todos están ocupados ahora mismo. Si alguien pregunta por ti yo me ocuparé.
- No me cabe duda que el ejército de adoratrices del señor Niklaus se van a poner a buscarme como si no tuvieran nada mejor que hacer.
- De hecho tiene muchas cosas mejores que hacer, más si su señor Niklaus les pide que se queden quietas.
- Cosa que dudo que pase.
- Él ahora está muy ocupado como para preocuparse por eso. Descuida.
- Si tú lo dices - suspiró y caminó hacia la salida lentamente. Elijah se acercó por detrás de ella y la tomó por los hombros para darle finalmente un beso en la mejilla.
- Confía en mi, puedes irte y todo va a salir bien - ella asintió levemente. Entendía que desconfiara, había pasado años huyendo, años de traiciones y de traicionar, cualquiera se sentiría así en su lugar.
- ¿Cuándo nos veremos?
- Mañana te buscaré. Sólo no te vayas del pueblo.
- No lo haré. Tengo que seguir fingiendo que soy la mejor amiga de tu madre, somos íntimas - él se puso delante de ella cerrándole el paso para poder mirarla a los ojos. No creí que Katherine le hubiera mentido, podía notarlo en cada uno de sus gestos. Pero su madre podría estarla presionando de alguna forma y tenía que averiguarlo.
- ¿Qué te ha dicho mi madre? – preguntó mirándola a los ojos.

-Muchas cosas, como que me vigila, que quiere que haga lo mismo con ustedes mientras ella completa su plan… y bueno, esas cosas.

-¿Nada más?

-¿Qué más quieres escuchar?

-No lo sé, me parece muy poco para que te quedes de su lado en lugar de huir – ella suspiró y miró de lado. Quizá tenía miedo de hablar para evitar que Esther tome represalias – hey…- dijo suavemente tomando su mentón – sea lo que sea, pase lo que pase, recuerda que de este momento en adelante estaré ahí para ti siempre. Te voy a proteger de todo Katerina, lo juro – ella sólo se quedó quieta mirándolo, le pareció ver que su labio inferior temblaba.

-Me dijo que si me quedaba de su lado y la apoyaba no iba a matarte – dijo para su sorpresa – no sé que demonios quiere hacer, pero me parece que sólo desea enmendar su error con ustedes, a quien quiere matar es Klaus, cosa que apoyo por supuesto. Así que me quedo de ese bando hasta estar segura de que cumplirá con su palabra.

-De no matarme – no podía creer que Katherine estuviera haciendo todo eso por él, ahora entendía porque no lo había dicho antes, porque si lo hacía estaría admitiendo que su amor era tan grande que bien valía poner en peligro su vida. Y saber eso lo hizo tan feliz que creyó iba a explotar de emoción.

- De que mate a Klaus - respondió evadiendo el tema aunque ya era demasiado obvio. Katherine volvió la mirada discretamente a él quien le dedicaba una media sonrisa.

- Como digas.

- No te burles de mi Elijah.

- Lo siento, esa no fue mi intención.

- Ya tengo que irme – dijo evadiendo su mirada. Le parecía tan tierna en ese plan de negación total. Aunque deseara mucho escuchar un "te amo" de sus labios de momento estaba bien así, ya tendría más tiempo para confiar en él. Porque poniéndose en su lugar, él también desconfiaría del tipo que años antes le juró amor pero que no pudo mantener su palabra.

-Vamos entonces.

- Creí que tenía que salir a escondidas.

- A estas alturas ya deberías saber que todo lo malo en la Mansión Mikaelson se hace por la puerta grande, las cosas buenas a escondidas. Y ahora quizá mis hermanos vayan a molestar por esto pero bueno…vale la pena – ella le sonrió. Quería demostrarle que esta vez si estaba seguro de poder enfrentar a su familia, que esta vez iba a ser real. Habían más explicaciones que tenía que darle, como que en aquel entonces lo que menos quería era a su familia separada, que durante todos esos años había querido ayudar a su hermano Klaus a hacerse fuerte para que juntos pudieran enfrentar a Mikael. Quería decirle que él también tuvo miedo hace 500 años porque amó a una mujer físicamente igual a ella y que ese amor lo dejó lastimado, le hizo pensar que no valía la pena arriesgarse por ese sentimiento porque como decía Klaus, como vampiros eso sólo le hacía débil. Pero todos esos pequeños dramas eran nada comparados a lo que ella tuvo que sufrir durante esos años de soledad porque habían arruinado su vida injustamente.

- Entonces vamos… pero si la hermandad de adoradoras de Klaus se me lanza encima no me pidas que me quede quieta.

- Ya te dije que tienen otras cosas que hacer, ahora mismo no pueden atender el asunto de Katerina la fugitiva.

- ¿Ah si? ¿Y se puede saber qué las mantiene ocupadas?

- Adorar su señor, ¿qué más? – dijo sonriendo y ella también sonrió.

- ¿Y tu pequeña mascota?

- Sara.

- Ella.

- Muy bien gracias. Pero sé que ella no haría nada que me lastimara. Y tú tampoco lo harás, ¿verdad?

- Su trasero está a salvo por ahora.

-Entonces acompáñame – dijo tendiendo su brazo para que ella lo tomara. Después de unos segundos de duda Katherine tomó su brazo y salieron juntos y tranquilos como una pareja.

Por supuesto que había tenido razón y Katherine se tranquilizó, no había nadie en los alrededores y aunque se escuchaba ruido en otras estancias en verdad nadie estaba cerca para prestar atención a la huida. Salieron por la entrada principal y él la acompañó a una distancia prudente. Estaba seguro que ella no iba a ir, ya sea por amor a él o por que siguiera trabajando por Esther, pero lo que se venía después era más difícil: Hacer frente a su familia para poder amarla como debió hacerlo desde hace mucho. Y lo primero era convencer a Klaus de que no le arranque la cabeza apenas la vea.