Por eso las híbridas no se embarazan

POV Nessie

Durante los últimos dos meses mi día a iniciado con vomito y desfallecimientos en el baño de mi habitación. Cuando recupero la conciencia bebo un vaso con agua helada, que extrañamente me calma el estomago. Me lavo los dientes y beso a mi esposo de manera superficial.

Conforme pasa el día como cualquier cosa que se me ponga enfrente y a la media hora la devuelvo con violencia en el inodoro. Mi estomago de embarazada no tolera mucho tiempo la comida humana. Después de las tres de la tarde me da sed, así que salgo a cazar cuando el padre de esto no esta cerca y una hora mas tarde... también devuelvo el estomago. Mi sistema no tolera tampoco la sangre.

Esos son los días buenos.

Los días malos comienzan con intolerancia a Jacob. No soporto tenerlo cerca de mi, su olor me da nauseas. Al no tenerlo cerca de mi, lloro como magdalena; lloro por que lo extraño y le hago daño alejándolo de mi. Mi familia me rodea y me abruma por completo al verme sola sin Jake.

Usualmente al día siguiente en que no pude estar cerca de mi esposo sin vomitar, no tolero a mi familia y su olor dulzón hace que se me revuelva el estomago.

Sinceramente, embarazarme fue lo peor que me pudo ocurrir. Todo me desagrada. Todo me hace llorar. Todo lo amo y lo odio al mismo tiempo. Me convierte en una vampira cruel y despiadada que dice cosas malvadas a las personas que ama y las hace llorar, o al menos sollozar sin lagrimas.

A Rosalie le he dicho que no es tan hermosa como ella cree.

A Emmett le dije gordo e inmaduro.

A Carlisle le dije santurrón pagado de si mismo.

A Esme... cielos, no quiero ni repetir lo que le dije a Esme. Tuve que pedirle perdón hasta de rodillas.

A Alice le dije vampira enana metiche que mete su narizota en donde nunca, nunca, nunca la llaman.

A Jasper le dije que era un manipulador de lo mas bajo, criminal de guerra, esclavista y racista. No me odien, es la verdad, estaba en el Ejercito Confederado!

A mamá le dije que era una vampira reprimida y a papá un cobarde de primera y que me avergonzaba ser hija de ambos.

Mi cumpleaños ese año fue un desastre. Ni siquiera se por que lloré y lancé el pastel por los aires. Los platos los lancé a las paredes haciéndolos añicos por que algo me había hecho enojar. No pregunten, que ni yo misma lo se. Pateé el sofá lanzandolo contra la ventana de cristal, la cual también quebré. Nunca había visto a los vampiros y a lo que quedaba de las manadas tan asustados.

De nuevo les dije cosas horribles a mi familia y los hice llorar. No esta en mi decir todas esas palabras que no siento ni pienso en realidad, es esa cosaque he engendrado en mi vientre. No la quiero. Me hace daño.

Ya no luzco como yo. Mi antes brillante cabello, ahora esta opaco. En mis ojos solo veo rabia y dolor, no la felicidad resplandeciente que se supone que tienen las embarazadas. Mi matrimonio es un constante estira y afloja que me tiene harta. Jacob ha sido increíblemente atento, amable, considerado y atiende mis necesidades según vengan. Pero le hago daño alejándolo de mi. Esta cosa no lo quiere cerca de nosotros. Mi rostro tampoco es el mismo, mis mejillas nunca están sonrojadas. No hay vida en mi cara, parezco un fantasma o una estatua de cera. Pálida y sin vida. El maquillaje me hace lucir una muerta viviente en toda la extensión de la palabra, en lugar de ayudarme.

Que es esto que llevo dentro que no me deja vivir? Por que no disfruto de mi embarazo? Por que no amo a este bebé? Que es lo que hay en mi cuerpo? Que es lo que quiere de mi?

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Las semanas han continuado y he mejorado un poco. Creo. Hoy tengo cita con Carlisle por la tarde, tratara de hacerme un ultrasonido, pero lo mas probable es que no veamos nada. Mi piel es mas parecida a la de un vampiro que de un humano.

Busqué que ponerme. Unos jeans, unos Converse y una blusa roja. Si, esto estará bien. Ya ni siquiera me esfuerzo por lucir agradable, no tiene caso. Así que solo me duché, sequé mi cabello, me vestí...

Espera un momento.

Los jeans no me cierran! Ayer me quedaban un poco apretados, pero me cerraban. Me quité toda la ropa frente al espejo detrás de la puerta del baño y vi el repentino agrandado bulto entre mis caderas. Ayer no estaba tan pronunciado. Literalmente de la noche a la mañana engordé lo que no había engordado en estos tres meses de gestación. Que raro! Pero que cosa es normal en mi?

Con mis dedos toqué mi pancita. Estaba dura. Con la punta de mis dedos toqué toda la extensión de mi agrandado y endurecido vientre. Mi piel aun era muy suave y tocar mi estomago era como tocar el brazo de mi madre. Así de dura estaba mi pancita.

Miré mis ojos en en espejo y casi salté del susto al verme. Me acerqué a mi reflejo y luego me alejé. Me acerqué y me alejé al menos unas siete veces mas. Ahí estaba yo. Era yo de nuevo! Mi cabello brillaba, mis ojos brillaban, mis mejillas estaban sonrojadas y mis labios tenían una sonrisa. Por que había cambiado todo de la noche a la mañana? Mi cuerpo, mi cara no se veían como ayer. Miré mis manos que aun reposaban sobre mi vientre y vi la respuesta.

Estaba embarazada.
Estaba embarazada de mi esposo. Y lo mejor, no había vomitado al despertar, ni después de comer mi desayuno humano. No tenia arcadas, no tenia mareos. Ningún olor me molestaba. No me sentía como una vampira malvada que hace llorar a vampiros con cientos de años.

El bebé me estaba dando un excelente día, excepto que no pude cerrar mis jeans. Pero tenia vestidos. Un vestido si lo puedo usar, siempre y cuando no sea uno ajustado.

Recogí mi sostén y mis panties del suelo y salí del baño rumbo al armario. Busqué otra ropa, preguntándole al bebé con que nos veríamos bonitos para papi. Un vestido bonito seria perfecto.

Maldita Alice, todos los vestidos que me compra son ajustados! Tuve que ponerme un lindo vestido playero azul marino con libélulas blancas, un suéter ligero color blanco y altas botas color café.

-Sip, con esto nos veremos bonitos para papi, mi amor - me detuve a medio vestirme.
Yo dije esas palabras?

En serio que me pasaba ese día?!

Jamas había hablado con el bebé de esa forma. Siempre le gritaba: Que demonios quieres de mi? Y ahora... hasta mi amor le dije!

Quien eres y que has hecho con Nessie? - me dije mientras terminaba de vestirme.

Cuando Jacob llegó por mi, yo ya lo esperaba en el porche de nuestra casa con mis lentes de sol puestos. Era un hermoso día de otoño con el sol en su máximo esplendor.

-Hola - murmuró cauteloso deteniéndose a la mitad del claro que era nuestro jardín delantero.

-Hola - respondí a su saludo con una gran sonrisa.

-Iras en tu auto o...? - mantuvo la distancia, no intentó acercarse.

Pero yo ya no podía estar mas tiempo alejada de el.

-Iré contigo, tontito - me levanté de los escalones y corrí a abrazarlo con fuerza. Tal vez demasiada.

Lo he extrañado tanto. Desde que supimos que estábamos en cinta, solo hemos tenido sexo dos veces y ambas fueron raras e incomodas. Extrañaba tenerlo a mi lado abrazándome por las noches, desayunar con el, ducharme con el. Pero estas semanas mi sentido del olfato y el bebé no han cooperado.

-Me perdonas? - susurré levantando la mirada y el correspondió por fin a mi abrazo.

Me había dolido que no respondiera a el de inmediato, pero lo entendía. Ahora yo era el peor vampiro de la historia.

-No tengo nada que perdonarte, Ness. Soy yo quien debe pedirte perdón, soy yo quien te tiene así - enterró su nariz en mi cabello y lo sentí darme un beso.

Se me hizo un nudo en la garganta, el simple hecho de que me hubiera dado un pequeño beso en la cabeza me hizo llorar. Lo extrañaba mucho, el era mi otra mitad y estaba muriendo sin el, todo por culpa del bebé y mis estúpidas hormonas de embarazada.

-Pero yo no he cooperado, me he portado mal. No he hecho nada para hacernos mas fácil esta... situación. Me he quejado, he llorado, me he comportado como una chiquilla malcriada que no obtiene lo que quiere. He herido a mi familia. Lo siento tanto... - las lagrimas seguían saliendo de mis ojos sin parar, como si no hubiera llorado ya todo un río.

-No tienes por que. Estas embarazada y tu cuerpo... al parecer no se lleva bien con el bebé - Jake frotó mi espalda con sus manos y continuó besando mi cabello.

Suficiente de llorar, Renesmee - me dije a mi misma. Es un buen día, disfrútalo. Sácale el mayor provecho posible.

-Hoy no vomité. Y mira - tomé su mano derecha entre las mías y la llevé hasta mi pancita.

-Nessie! -exclamó emocionado retrocediendo unos pasos para mirarme mejor, a mi y a toda mi gloria de embarazada-. Pero si ayer no tenias...

-Lo se! Y mira - me quité las gafas oscuras y lo miré.

-Tus ojos! - se dio cuenta de inmediato.

-Hoy no me siento mal. Me siento bien, me siento... feliz - así era como me sentía exactamente. Feliz.

Los labios de Jake se posaron en los míos y le correspondí su beso con todas mis fuerzas, con todo mi amor. Lo extrañaba tanto! El era mio y yo suya, pero este bebé se había empeñado en separarnos. Este bebé me había hecho infeliz por varios días, semanas. Pero hoy no. Hoy solo había amor y felicidad.

Tuve que terminar el beso, pues Carlisle nos esperaba para hacer el ultrasonido, si es que podía.

-Jake... espera... tenemos cita con Carlisle - terminé el beso, pero sus labios no abandonaron mi piel. No tardo un segundo en trasladarse a ese punto sensible tras mi oreja.

-Perdóname, pero no. Tu no vas a ir a ningún lugar -casi gruñó-. Voy a aprovechar tu buen humor y que puedes tenerme cerca - me tomó en brazos como a una muñeca y con una enorme y traviesa sonrisa en su hermoso rostro entramos a casa.

Sabia de las intenciones de mi marido y no me negué. Lo necesitaba. Llegaríamos tan lejos como el bebé nos permitiera.

Las grandes y rugosas manos de Jacob comenzaron a desvestirme, una vez en nuestra habitación. Me extrañó que lo hiciera con lentitud, sin prisa. Sus largos dedos fueron abriendo los botones de mi suéter blanco y lo deslizó por mis hombros y mis brazos hasta dejarlo caer en el suelo de nuestra habitación; con cada roce de sus dedos mi piel se erizaba.

Nuestra respiración era rápida y nuestra excitación creciente nos estaba haciendo perder un poco el control; pero el ya no era un hombre joven con las hormonas aceleradas por culpa de su esposa. Jake ya era un hombre de cuarenta y un años con apariencia de veintiocho; sabia controlarse para hacerme perder el control e incluso mi voluntad. Su boca y su lengua recorrieron toda la extensión de mi mandíbula, mi cuello, mis hombros. Con los indices bajo los tirantes del vestido azul marino, dejándome desnuda de la cintura para arriba. Sus labios continuaron camino abajo, arrodillándose frente a mi y continuo desvistiéndome. Sus manos y sus labios acariciaron con ternura mi abultado vientre donde vivía nuestro bebé.

-Pórtate bien - le advirtió con una sonrisa boba, antes de besar rápida y tiernamente mi ombligo.

Y hasta ahí llegó lo tierno.

Sus expertos labios me hicieron enloquecer aun de pie y con las botas puestas, sin realmente dejarme llegar. Alzó la mirada con los ojos muy brillantes al igual que sus labios humedecidos por mi excitación. Osadamente pasó la lengua por ellos, saboreando mi sabor. No podía resistir mas su lenta tortura. De alguna manera imaginé que me estaba castigando por no haberlo dejado acercarse a mi de esta manera los últimos meses. Miré mis manos temblorosas y las pose en sus hombros.

No te contengas mas, hazme tuya - le ordené con mi don.

Como siempre me sentí una basura por hacerle eso, pero este voluble bebé bien podía decidir que era suficiente de la cercanía de mi esposo y hacer que Jacob me disgustara. Yo quería estar con el. No solo mi corazón lo necesitaba y extrañaba, mi cuerpo necesitaba tenerlo junto a mi, necesitaba sus manos sobre mi piel, necesitaba sus labios en los míos, necesitaba sentirlo piel con piel.

Mi orden fue cumplida en el segundo siguiente.

Con rapidez y cuidado mi espalda ya estaba sobre el mullido colchón y Jacob dentro de mi, murmurando incoherencias sobre cuanto me había extrañado y cuanto me amaba.

Fue una extraña combinación cuidado y pasión, y algunas risas se escaparon de mis labios. Mi nueva pancita nos impedía un poco alguna que otra maniobra que a ambos nos gustaban, así que tuvimos que ser creativos, lo cual hizo que aquel raro encuentro fuera aun mejor. Nos recordó a los primeros días, nuestra luna de miel en Las Vegas, en los cuales todo era nuevo y excitante y queríamos explorarnos el uno al otro sin cansancio. Pero ahora había un invitado incomodo de por medio, que de alguna manera lo hizo increíblemente sorprendente.


EN EL PRÓXIMO CAPITULO

-Escuchan eso? - preguntó Carlisle con una sonrisa.

Thum. Thum. Thum.

Thum. Thum. Thum.

-Si - susurré emocionada.

Escuchaba mi corazón y el del bebé.

Estábamos en el despacho de Carlisle ahora completamente trasformado en una sala de maternidad. Habíamos decidido en nuestra visita anterior que yo daría a luz en el mismo lugar en el que yo nací, para cerrar de algún modo el ciclo. Me encontraba recostada con una bata de hospital color violeta y con las piernas cubiertas por una sabana. Mi pancita estaba al aire, cubierta con una fría y espesa gel azul que Carlisle me puso para poder deslizar el aparato.

-Es su corazoncito - murmuró Jacob con una sonrisa y apretó aun mas mi mano derecha entre las suyas.

-Si, así es... El de ambos.

Jacob y yo asentimos y mi abuelo miró fijamente. Sus ojos dorados brillaban ilusionados.