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"Y que mi luz te acompañe
Pues la vida es un jardín
Donde lo bueno y lo malo
Se confunden y es humano
No siempre saber elegir"
La Rosa de los Vientos – Mago de Oz
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- ¡Mamá! ¡Mamá!
El pequeño entró corriendo a la casa. Su energía y alegría eran inigualables. La mujer, a la cual le había dicho madre era una mujer elegante, con unos ojos cafés profundos y un pelo negro lacio. Al lado, había un hombre muy serio. Este no se veía ni corpulento ni flaco, era un perfecto intermedio. A pesar de eso, su presencia daba respeto a cualquiera que caminara al lado de él.
El niño se veía que no tenía más de 7 años. Tenía un gran parentesco con el hombre, así que se deducía que era su hijo. Otros dos niños de más o menos 13 años aparecieron del segundo piso de la casa. Uno de ellos tenía una mirada muy viva, que rozaba con la picardía. El otro tenía mirada inocente. Era lo único que los diferenciaba, ya que eran gemelos.
- ¡Mamá! ¡Mamá! – Siguió diciendo el niño emocionado - ¡Hoy escuche a un bardo!
- Como ayer, anteayer, la semana pasada – replico el niño de la vivaz mirada como burlándose – el mes pasado y desde que tienes conciencia
El más pequeño bajo su cabeza, se sintió algo avergonzado. Era verdad,
siempre se había dedicado ha escuchar a los bardos
- ¿Y qué te dijo? – preguntó la madre con una gran sonrisa en su rostro
- ¡Dijo que la tierra tenía forma de una naranja!
Su padre y los niños empezaron a reírse fuertemente. La madre se quedo callada, pero miraba denotaba algo de compasión. El niño, el cual no era tonto, notó que todos pensaban que estaba haciendo el ridículo.
- ¡Les demostraré que tiene forma de naranja! – Dijo corriendo hasta la
escalera del segundo piso - ¡Daré vuelta al mundo y llegaré al mismo lugar!
Todos se quedaron callados mientras el pequeño subía las escaleras. El hombre dio otra carcajada, al terminar, los niños y la mujer lo miraban enojados.
- ¿Qué? ¿Acaso tengo un lunar nuevo?
- Entiendo que los niños se rían – dijo la mujer – pero tú eres un adulto, desconsiderado
- No te preocupes Lidia - respondió el hombre – hablaré con Ludovico, será algo imbécil para ciertas cosas, pero es muy inteligente para otras…
Lentamente, como si no fuera un asunto importante, el hombre subió las escaleras. La mujer fruncía el ceño, parecía molesta… Movió su cabeza para terminar sonriendo.
- ¡¡Les demostrare que la tierra tiene forma de naranja!!
- Aunque viajes y veas que la tierra tiene forma de naranja nadie te creerá imbécil – gritó el hombre sin abrir la puerta de la pieza del niño – si es que me salió un hijo tarado…
El pequeño abrió un poco la puerta, asomo tu cabeza.
- ¡No te interesa! – exclamó antes de sacar su lengua y cerrar la puerta
- La tierra si tiene forma de naranja…
Al escuchar esto, el pequeño abrió la puerta de nuevo. Miró a su padre
perplejo
- ¿Por qué te reíste? – las lágrimas del pequeño inundaban sus ojos, algo de moco caía de sus fosas nasales - ¿Por qué?
- Porque eso es lo que hará la gente si andas diciendo esas cosas – contestó el hombre – debes saber afrontar eso
- Pero… - el pequeño observaba el suelo, después miró a su padre - ¿Por qué los mapas son planos?
El hombre se inclinó y le dio un pequeño golpe en la cabeza
- Deberías preguntarte porque se te ocurren preguntas tan idiotas –dijo el hombre mientras se sentaba en el piso y encendía una pipa. Fumó un poco antes de seguir – aunque, a veces las preguntas imbéciles tienen respuestas interesantes
Este saco un mapa que tenía guardado debajo de su capucha y lo estiró en el suelo.
- Si ves, - apuntaba con el dedo a las orillas del mapa – aquí hay un límite… a los seres soñadores les gusta pensar que en ves de pasar de aquí al otro lado del mapa, hay algo más allá de eso…por eso la mayoría de la gente cree que la tierra es plana porque se les hace muy difícil pensar que no hay más de lo que esta aquí – ahí sonrió y apuntó hacía una ventana, más exactamente, al cielo, con su dedo – lo que no saben… es que aquel más allá esta en el cielo
- ¿¡Hay otros países en el cielo!? – preguntó emocionado el pequeño
Su padre empezó a reírse fuertemente. El niño no pudo aguantar bajar la cabeza y sentirse avergonzado.
- ¿Y cómo quieres que lo sepa? – Dijo el hombre secándose una lágrima que le había salido por la risa – si solo los dioses saben del cielo, ni siquiera los seres voladores lo han recorrido entero
- ¿Si les pido a ellos que me muestren un país del cielo lo harían? –
preguntó emocionado el niño
- No sé – contestó poniéndole una mano sobre su cabeza – eso es lo que debes descubrir tu mismo
Se paró, lo miró de nuevo, su expresión seria cubrió su rostro.
- Para la próxima vez que me digas que quieres llegar al cielo, me reiré 2 horas en tu cara
Este caminó hacía la escalera, mientras caminaba en ella se detuvo a la mitad. Miró el techo
- ¿Para qué le dije eso? – Pensó – si mañana… mañana… sé que tendrá que dejar de soñar…
Mientras jugaba con unos palos de madera, el pequeño vio a una figura en la ventana. Era un hafling… Aquel hafling, debía tener más o menos unos 20 años, pero en su semblante, notaba una gran experiencia en lo que era la vida
- ¿Tú eres Ludovico no? – Preguntó el hafling, mientras el pequeño afirmaba con la cabeza - ¿Tienes un sueño niño?
- ¡Sí! – Dijo el niño - ¡Conoceré una ciudad en los cielos!
- JAJAJA – se rió el hafling – buen chiste niño… buen chiste… conozco a varios idiotas como tú… Pero ahora que nos veremos seguido te aconsejaría que pienses más en tu presente que en tu sueño. Porque no podrás hacer otra cosa
"Por una razón siempre te odie padre… Por una simple razón: Eras un farsante de mierda. Me hablaste de sueños, cuando le habías pedido a Nibel que me los destruyera. Me hiciste pensar en una ciudad en el cielo, cuando sabías que con suerte podría mantener mis pies en la tierra. Te odie, por muchos años te odie… Después descubrí algo, algo que me impacto. Soy igual que tú, un farsante de mierda. Ahora te entiendo, no siempre el bien se hace siendo honesto, no siempre lo mejor es ser justo… Todo es demasiado complicado…
¿Lo hiciste por mejor? El ensamblador tiene que saber matar para poder sobrevivir, sino lo hace, lo mataran. Por algo nunca antes han formado la pluma, el mismo ensamblador se encargaba de eliminar a los que se atrevían.
… Debía saber matar…
… Yo solo quería soñar…
Sé que moriré y aun no llego a la ciudad en el cielo. Podría ser que después de ensamblar la pluma, pueda pedir de último deseo, conocer una ciudad del cielo. Pero no es lo mismo… sin ella, no es lo mismo…"
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Capítulo 54: Decisiones
El grito fue tan fuerte que todos los transeúntes los miraron. Pero volvieron a su vida común en menos de 3 segundos. En los barrios bajos de la Villa Keel, en aquellos tiempos, era común ver al trío de Lucy, Lulú y Antonia discutir por cualquier cosa. Muchos se preguntaban porque no los atrapaban los soldados o alguien, ya que sus cabezas valían su buen dineral. Como obvio, nadie se atrevía. Especialmente por "Lulú sangre fría", el cual se decía que no tenía sentimientos, o por lo menos eso aparentaba. Pero esta discusión era especial. La señora que vendía frutas se había detenido ha escuchar un poco. ¿Lulú sangre fría no había matado a alguien? Si es que este muchacho era conocido por ser un asesino desde los 7 años… A la única persona que se sabía que negaría matar sería a su madre. Y eso era porque su padre, Gustavo Powelki, le había ordenado no hacerlo al ganarle una batalla de espadas. Por donde lo miraran este niño no parecía tener corazón. Nibel había hecho un buen trabajo… quizá demasiado - Ve y mátala tú entonces – respondió el más joven del grupo, que debía rodear los 15 años Esta niña se acercó al grupo de ladrones. Lucy y Antonia la miraron fijamente. Era linda, bastante guapa... en 1 año sería una mujer bastante interesante para cualquiera de los dos. Su pelo era abundante, brillante que combinaba a la perfección con sus ojos café miel, una figura bastante equilibrada. - ¿¿Qué haces tú aquí?? Ahora si que Lucy y Antonia quedaron boquiabiertos des asombro. Lulú conocía ha esta niña y para colmo se sorprendía al verla. Hace tanto tiempo que no veían una expresión así de su hermano... Desde que los había amenazado con ir a recorrer el mundo para comprobar que la tierra tenía forma de naranja. Después de sacudir un poco su cara, Lucy puso una mano sobre el hombro de Lulú y le agarró una mejilla - Ya entendí pichón…- dijo Lucy con una gran sonrisa en el rostro – si es que Lulú sangre fría no hace nada sin calcularlo antes Lulú miró hacia la niña que solo sonreía. Levantó una ceja en símbolo de indiferencia. - Tu pierna esta mucho mejor – dijo finalmente la niña – eso me alivia Lucy y Antonia miraron a Lulú, esperaban una reacción - Ah… - fue lo único que se digno a decir Lulú inexpresivamente – bueno… - se da la vuelta y empieza a caminar para irse - Discúlpeme señorita – dijo Lucy interrumpiendo la conversación – no nos hemos presentado… Mi nombre es Lucas, Lucas Powelki… Este chico sonrisitas es mi hermano Ludovico y el espadachín que parece imbécil es mi hermano Antoine Esto si que era interesante. Lucas sonrió. Se conocía que los Miric eran de las familias nobles más adineradas y cercanas a la realeza ¿Qué hacía Lulú conociendo a esta chica? Era un negocio demasiado redondo… Aunque… Esto era extraño, Lulú generalmente no pensaba en cuanto ganaría haciendo algo. Ludovico dejo de mirar y decidió seguir caminando. - ¡Te dije que quería hablar contigo! – gritó Camile, acercándose La expresión de Camile ante eso fue de completo asombro. Ludovico ni siquiera había titubeado ante tal declaración. Aunque no duró mucho, una incomparable decisión de dibujo en su cara, Camile no perdería esta oportunidad. - No – contestó Camile - ¡Yo quiero que seas mi sirviente! El silencio fue profundo en la avenida. ¿Qué acaso esta niña estaba loca? Antoine y Lucas se estaban preparando para hacer algo ante cualquier reacción que podría tener Ludovico ante esa declaración. Hasta su padre había tenido que ganarse su respeto… No dejaría que una simple niña lo tomara como sirviente así no más. - Señorita Camile… - dijo Antoine – no creo que sea conveniente… Ludovico quedó en expresión pensativa. Lucas decidió intervenir - ¡Esperen! – dijo Lucas mirando a Ludovico – yo tengo una idea… si es que la señorita Camile puede quedarse 1 mes en estos lugares creo que sería suficientemente fuerte ¿No crees? "Este lugar es muy duro para una joven noble" pensó Lucas "Lo más seguro es que se vaya antes" - Acepto el desafío – dijo Camile antes de que Ludovico pronunciara palabra Antoine y Lucas no entendían muy bien lo que pasaba. Pero los dos estaban convencidos de una cosa: Era muy difícil que la joven Camile se quedara un mes entero ahí. Decidieron seguir a Ludovico y dejar a esta niña sola "Aquella ves…" pensó Camile "Cuando le salve la vida… él era muy distinto… parecía débil. Me acuerdo que estaba llorando… Sé que al fondo no eres lo que aparentas, lo sé. Sé que tienes todo, menos sangre fría..." - ¿Esta segura niña? – dijo la mujer de las frutas acercándose a Camile, al ver que los hermanos estaban lejos – ese niño es considerado un demonio por estos lugares…
- ¡Idiota! AAAAAAAAAhhhhhh ¿Cómo se te ocurre? Por dios…- gritaba un joven de más o menos 21 años. Pelo negro, ojos cafés, algo flaco pero bien vestimentas demostraban que era un mago – Si es que la hubieras matado el viejo hafling no habría escondido el medallón…
- Aun tenemos la corona… - susurró, como si quisieran que no lo escuchara otro hombre de más o menos la misma edad. Se veía que eran gemelos, pero este tenía ropas de espadachín – no creo que esto deshonre a nuestro grupo…
- ¡Tú te callas Antonia!
- ¡Ese no es el asunto Lulú! Si el vejete de tu maestro siempre esconde lo que conseguimos cuando no eliminas a los testigos ¿Sabes cuánto cuesta ese medallón?
- ¿Sabías que si llevó tu cabeza a la comisaría me pagarían algo parecido? – respondió Lulú mirando a el hombre mayor, que ahora llamaremos Lucy, con una pequeña sonrisa y un poco de brillo en sus ojos
- Sea lo que sea – interrumpió Antonia – ya lo hemos perdido, Nibel es un maestro para esconder objetos…
- viejo de…
- ¿¿Qué?? – gritó la señora de las frutas – pe…pe… niña…
- ¡Ya lo vi! – dijo alegremente una joven de 15 años
- Nuestra Lulú esta creciendo – dijo Antonia haciendo lo mismo pero por el otro lado y después actuando como si se secara una lágrima – si para mi fue ayer cuando aprendiste a no mojar la cama…
- ¡Se callan ustedes 2! – gritó Lulú estirando los brazos para alejar al par
- ¡Espera! – gritó la niña – quiero hablar contigo
- Hey… - dijo Antoine
- Eh… - la niña miraba a Lucas, pero su vista se desviaba a Ludovico – yo soy Camile… Camile Miric
- ¿Miric?
- Vete – dijo Ludovico el cual solo se detuvo – o sino debo matarte
- No – contesto secamente Ludovico – vete
- ¡Hazme una prueba si quieres! – Replicó Camile – no me iré sin intentarlo
- Mmmm… - Ludovico entrecerró los ojos – bueno… recuerda que solo te daré esta oportunidad porque salvaste mi vida… - caminó un par de pasos –pero te advierto… que si llegas al último día yo mismo iré a matarte
- Entendido – contestó Camile sin titubear
- Muchas gracias – contestó Camile ante la preocupada señora - no se preocupe - sonrió pícaramente – los demonios son mi especialidad
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- ¡¡Necesito ayuda!!
- ¿Qué? – Exclamó Jason
Todo el grupo lo miró. Jason miró para los lados, no podía ver de donde venían esos gritos
- ¿No escucharon a alguien pedir ayuda? – preguntó Jason
- ¡¡Ayuda!!
- No – contestó Koru – debe ser tu imaginación… - sonrió - por tu salud será mejor que Elia vuelva pronto
Todos continuaron. Jason no podía entender que pasaba. Miró hacia los lados sin poder entender.
- ¡¡Ayuda!!
Al frente de él había un joven de pelo negro, ojos cafés, que debía tener como unos 15 años. Se veía desesperado, movía las manos enérgicamente, un par de lágrimas caían de sus mejillas.
- ¡¡Ayuda por favor!! – Seguía gritando el adolescente - ¡¡Ludovico puede morir!!
- ¿Ludovico? – preguntó Jason
Lidda alcanzó ha escuchar eso, se detuvo, miró a Jason, el que no se había movido. ¿Ludovico? Esto estaba extraño. El joven tomó la mano de Jason y la tiró. Lidda pudo ver que Jason era jalado por algo invisible.
- ¿Un espíritu? – se preguntó a si misma
¿Será verdad? Jason sentía que estaba al borde de la locura. Pero algo no opuso ninguna resistencia ¿Por qué?... Había una posibilidad, sentía una posibilidad… De que el Ludovico de que hablaba este joven fuera el que conocía. Su grito era sincero, su mirada era la de una persona desesperada
Torom notó la falta de 2 integrantes, también observó a sus espaldas
- ¿¡A dónde vas Jason!? – gritó Torom, alarmando a los demás
Empezó a correr más rápido el joven. Hasta que atravesaron a otro sendero. Koru y Torom llevaban la delantera del grupo, seguidos a poca distancia por Sikoth, Lidda y Tyra. Era difícil que lo alcancen, estaban hablando de Pies de Fuego, este corría más rápido que cualquiera de ellos.
- ¿El Ludovico que hablas es… - preguntó Jason mientras corrían
- San Espada… San Espada… - interrumpió el joven a Jason - San Espada…
Los ojos de Jason se abrieron ¿Sería cierto? ¿Podría dejar que este muchacho lo llevará? ¿Qué mierda estaba haciendo?
- ¿Qué le pasa? - preguntó Sikoth jadeando por el tiempo corrido – no parece escucharnos
- Dijo algo de Ludovico.... - contestó sin pensar mucho Lidda
- Debe ser un espíritu – dijo Sikoth afirmando la teoría que tenía Lidda para si misma – un espíritu que le dijo algo sobre Ludovico
- ¿¿Y por qué no se puede detener a contárnoslo?? - gritó Koru - ¿A dónde vas Jason?
Torom frunció el ceño, tomó la mano de Tyra para que esta no perdiera el paso. Esta se sonrojó un poco, aunque poco le duro, porque al mirar al frente...
- ¿¿Jason?? - gritó Tyra, al ver que Jason saltaba hasta lo que parecía un precipicio
Koru se agarró de un árbol para lograr detenerse, al mismo tiempo, le tomó la mano a su hermano para ayudarlo. Torom se agachó y aplicó fuerza en el suelo, quedando justo en la orilla, aunque una descolocada Tyra casi lo lanza al precipicio. Lidda terminó más elegantemente, dio un rápido giro con su pie absorbiendo toda la fuerza con el giro.
Sikoth y Koru se asomaron al precipicio... No podían creerlo.
- Esta profundo... - dijo Sikoth
- No veo el fondo... - continuó Koru
Lidda entrecerró los ojos. Pensó un momento... No, aquí había gato
encerrado. Esta tomó una rata que desafortunadamente andaba por ahí y la lanzó al barranco. Para su sorpresa... desapareció en un círculo mágico.
- Lo que me imaginaba... - pensó Lidda – una trampa mágica...
- ¿Una trampa mágica? - preguntó curiosa Tyra
- Poco sé de estas cosas – continuó Lidda – pero al saber de trampas algo tendría que conocer de esto... por lo menos intuir cuando hay una
- ¿Atraparon a Jason en otra dimensión? - preguntó Koru preocupado - ¿Y ahora que le diremos a Elia? ¡Nos cortará en pedacitos como si fuéramos ingredientes de pociones! Ojos de Koru mezclado con pelo de Tyra....
- Cálmate Koru – interrumpió Torom – hay que pensar que hacer...
- Si quieren salvarlo – dijo Lidda – hay que saltar ahí adentro
- ¿Ah?
- Generalmente – continuó Lidda – , si es que los símbolos que aparecieron son los que creo, el primero que cae en estas trampas es el que hay que liberar... los demás entran a un estilo de ilusión hecha con recuerdos de él mismo... o algo así... vaya si que son estúpidos estos magos ¿para qué hacer eso?
- Recuerdos de Jason... - se dijo a si mismo Koru – sería genial...
podríamos saber si... ellos dos... no creo...
- ¿Pasa algo hermano?... - preguntó Sikoth a Koru
- No... nada... - dijo Koru
- ¿No es peligroso? - preguntó Tyra
- ¿Cómo quieres que lo sepa? - respondió sarcásticamente Lidda – yo solo sé que existen estas cosas... si ustedes quieren meterse ahí adentro arriesgar sus cuellos para salvar a un idiota que cayó solo allí ustedes
- Yo iré – dijo Sikoth – Jason no nos abandonaría si no es por algo
importante...
- Siempre contigo hermano – exclamó inmediatamente Koru
- Yo también iré - dijo Tyra
- No puedo dejarlos ir solos – dijo Torom
Lidda cerró un ojo
- Púdranse – exclamó esta
Torom tomó en sus brazos a Tyra y saltó. Koru y Sikoth lo siguieron. Lidda miró hacía el portal. No podía perder más tiempo... o sino Gilean...
"- ¿Ludovico? – preguntó Jason"
Miró el collar de Sibel. Sintió el principio de un tic nervioso en el ojo.
- ¡Si realmente estas ahí adentro Ludovico! - gritó Lidda - ¡Haré que te tragues tú estúpido collar por la idiotez que me harás hacer!
Tragó saliva y saltó
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Corría y corría... las gotas de sudor recorrían su cara y caían al contrarío de las gotas que subían del charco que acababa de pisar. Noche oscura y tenebrosa, noche de muerte que recorría los barrios bajos de la villa Keel.
Silencio. Nadie quería estar en medio del asunto. Sabía que si gritaba o pedía auxilio ni siquiera un alma lo ayudaría. Estaba perdido, su perseguidor era tan temido como la boca oscura de un dragón enojado.
Todos lo habían abandonado. Ser traidor en estos lugares era lo mismo que estar muerto. Se detuvo, apoyo su mano sobre la pared más cercana. Con la otra tocó su pecho... Su corazón latía sin parar, de miedo, de pánico... Sintió húmedos sus ojos
No quería morir...
Su vista se nubló, era cierto humo. Tosió, era polvo. Parpadeó un par de segundos sin entender nada. Al rato, vio a un joven con ropas algo gastadas que se sobaba su recién lastimado trasero
- ¿Qué ha pasado... - dijo el joven confundido
- Maldición – gritó el primero, el que había estado corriendo - ¡Escóndete!
- ¿Ah? - fue lo único que atino a responder el joven - ¿Dónde estoy? - Dónde no deberías estar...
El hombre que estaba corriendo movió sus brazos, haciendo aparecer algo así como una pantalla mágica.
- Esta cerca... - se dijo este a si mismo
- ¿Sabes dónde estoy? - seguía insistiendo el allegado
- ¡No me hables! - indignado desapareció la pantalla mágica – Se ve que no sabes detectar cuando el olor de muerte se acerca
- ¿Ah?
- ¿No eres de aquí cierto? - sonrió divertido – estamos en Keel, en el
barrio Lugribel
- ¿Lugribel? ¿No es eso un peladero?
- ¿En que mundo vives? - se sacudió la cabeza - ¡Por los dioses no puedo seguir conversando contigo!
Empezó a correr, el recién llegado lo siguió.
- ¿Pasa algo? - preguntó este - ¿Puedo ayudarte?
- ¿Un buen samaritano en Lugribel? - se detuvo sorprendido – mejor aléjate de mi... no quiero que mueras
- ¿Cómo?
- Me persiguen – movía las pupilas de sus ojos constantemente, como buscando algo – fui condenado a muerte por mi padre...
- ¿Ah? ¿Cómo es posible eso?
- Eso no es tu asunto – gritó fuertemente apretando los puños, pero después bajo la mirada – vaya tipo raro que me vengo a encontrar en mi último día ¿Cómo te llamas?
- Jason... - contestó
- Mi nombre es Lucas, Lucas Powelki
¿Powelki? Jason conocía ese apellido... ¡Era el apellido de Ludovico!.
- Tú iras por allá y yo por acá – dijo Lucas apuntando a dos senderos que iban en direcciones contrarias
- ¿Eres pariente de Ludovico? - preguntó Jason interrumpiendo a Lucas
- ¿Conoces a mi hermano?
- ¿Hermano? Eh... sí... lo estoy buscando...
Lucas parpadeó un par de veces, se rasco su cabeza
- ¿Desde cuando Lulú es tan sociable? - se preguntó a si mismo
Ahí, el piso tembló unos segundos de nuevo. Uno tras uno, Torom, Tyra, Koru y Sikoth caían a sus lados
- ¡Jason! - gritó Koru - ¿Qué paso? Casi pensé que Elia nos convertiría en pociones...
- Es una larga historia... - respondió Jason bajando la cabeza
¿Qué les diría? El joven que lo había empujado desapareció. ¿Acaso lo había engañado?
- Entonces no fuiste tú el primero que entro en la trampa – dijo Lidda
dándole un susto casi de muerte a todos los presentes
- ¿Tú que haces aquí? - preguntó Koru
- Ah ese idiota es al que buscan las asesinas ciegas – contestó Lidda apuntando a Jason – si lo pierdo, será más difícil encontrarlas
- Y yo que pensaba que ya nos querías... - dijo Koru decepcionado mirando el cielo
- Primero tragare barro con gusanos... - contestó sarcásticamente Lidda
Lucas volteó. No tenía tiempo ni ganas de conversar
- Si este es tu grupo Jason – dijo Lucas – vete con ellos, yo me iré
- ¡Van a matarte! - gritó Jason
- ¿Cómo puedes ser tan idiota de proteger a alguien que no conoces? -
replicó Lucas
- ¡Eres el hermano de Ludovico! - gritó Jason – Yo creo que él querría protegerte
Todos miraron a Jason cuando dijo eso ¿El hermano de Ludovico? Bueno... tenía cierto parecido en la forma de los ojos y el color del pelo. Lidda notó que no era Antoine... el único otro hermano conocido de Lulú sangre fría era Lucy. Pero este estaba muerto y el mismo Ludovico le dijo que fue él quién lo mató.
- Parece que no hablamos del mismo Ludovico - Lucas negaba con la cabeza – .... definitivamente no es el mismo
- ¡Cuidado! - gritó Torom corriendo a Lucas
Choque de espadas. Un ser encapuchado había aparecido desde las sombras. Sino fuera por el agudo sentido de Torom Lucas habría muerto. Este ser y Torom competían en quién empujaba más fuerte la espada. Este retrocedió, ahí Torom pudo verle un poco el rostro
- ¿Ludovico? - se preguntó Torom a si mismo
- ¿Contrataste guarda espaldas? - preguntó el encapuchado
- ¡Nunca caeré tan bajo! - gritó Lucas – ellos solo andaban por aquí Ludovico
¿Ludovico? ¿Cómo? Este encapuchado era más o menos del tamaño de Torom, tomando que Ludovico es casi 10 cm. más alto que este. Este usaba 2 brillantes cimitarras, las cuales reflejaban en ella la luna de esa despejada noche. Jason no tenía habla, nadie entendía nada. Excepto Lidda, que más o menos captaba que pasaba: El primero que había caído en esta trampa debía ser Ludovico. Ahora estaban reviviendo algo de su pasado.
- Es lo mismo – contestó Ludovico – tú destino será el mismo...
Torom casi no pudo reaccionar ante la rapidez de Ludovico. Solo podía intentar evitar su paso, pero atacarlo directamente se le dificultaba. Se veía que Ludovico solo quería pasar a donde estaba Lucas... Tyra invocó un viento para descolar a Ludovico. Pero Ludovico se agachó antes, dándole una patada en las piernas de Torom para que este terminara en el suelo, aprovechando el viento para darle con más fuerzas.
Sikoth y Koru se pararon al frente de él, para evitar que Ludovico le hiciera algo a Torom, pero una bola de fuego se interpuso.
- ¡No se metan en esto! - gritó Lucas
Mientras gritaba Lucas, Lidda pudo ver como Ludovico empezaba ha hacer aquella táctica, el "relámpago asesino". La caída, el movimiento rápido, la desaparición de Ludovico. Todo tan rápido que en la mitad de un pestañeo estaba detrás de Lucas con su cimitarra lista para...
- AAAAaaaaarrrrggg.... - exclamó Lucas al sentir como la cimitarra atravesaba su abdomen y que le obligaba a vomitar algo de sangre. Para
después de que Ludovico la retirara caer en el suelo
Al terminar esto, la capucha que tapaba la cara de Ludovico cae. Para confirmar lo que Jason no quería que le confirmaran: Si, es él. Pero parecía otro. Koru se acordó de la mirada de Ludovico tuvo después de que Camile matara a Orfeo.
- ¡No puede ser! - gritó Jason confundido, no quería aceptar lo que acababa de ver
- Este es el verdadero Lulú sangre fría... - dijo Lidda – la leyenda en los bajos mundos...
Jason sacudió su cabeza. ¿Este es Sir Cameén San Espada?
- Ahora... - dijo Ludovico – hay que acabar con los testigos...
Todos pusieron inmediatamente posiciones de batalla. A Jason le temblaban las piernas, no de miedo, sino de impresión... No quería creer.
- Hermano... - dijo Lucas agarrando el tobillo de Ludovico
Sin siquiera mirarlo, Ludovico movió una de sus cimitarras de tal manera de enterrarla en la mano de Lucas
- No me toques – Ludovico no perdía de su vista a sus expectantes contendores.
Mientras, Torom conversaba lo más callado que podía para armar una táctica he intentar salvar a un moribundo Lucas. Pero Lidda exclamó que sería difícil, se sabía en los bajos mundos que Ludovico mató a su hermano, era inevitable. Jason replicó que no podía quedarse parado ante esto.
- Hermano... - dijo Lucas perdiendo la respiración, con la vista ya nublada por el cansancio y el dolor. - dile a Antoine... que... el retrato no terminado de Elena... se lo escondí en el cofre azul de la bodega... tiene doble fondo... ahora que me muero... no tengo porque evitar que se case...
Ludovico sacó su cimitarra de la mano de Lucas y lo pateó en la cara. Este voló unos metros. Dibujo una sonrisa en su rostro.
- Sé que le dirás... - pensaba Lucas
- ¡Ahora! - gritó Torom
Sikoth y Koru corrieron hacía los lados como rodeando. Jason se paró lo más firme que podía frente a Tyra mientras esta invocaba al fuego. Torom fue de frente hacía Ludovico
- ¡Escuda!
Una barrera muy poderosa rodeó a todos excepto a Ludovico y al moribundo Lucas. Ludovico entrecerró los ojos un rato, para terminar cerrándolos completamente.
- Maldición... - dijo Ludovico antes de retirarse
Cuando Ludovico ya había desaparecido casi 30 segundos, la barrera se
desvaneció. Una niña de pelo café largo corrió hacía Lucas.
- ¿El demonio? - pensó Lidda al ver a la niña.
Jason y Koru reaccionaron un poco más tarde. ¿Ella era el demonio qué había matado al príncipe Orfeo? Ahora lucía muy distinta... Parecía tan linda, como si no pudiera realmente hacerle un rasguño a nadie. Lidda miró a Torom, el cual también se acercó hacía Lucas
- No parece sentir nada en ella... - pensó Lidda
Lidda se acercó a Koru y a Jason para decirles que mejor observaran como era la muchacha antes de reaccionar.
- ¡Lucas! - dijo Camile agachándose ante él – yo te curare...
- No... - Lucas tomó la mano de Camile para detenerla – si lo haces... volverá... no tiene sentido...
- ¡No puede dejarte así! - gritó Camile mientras Lucas tosía
- Lo sé... gracias por todo, señorita Camile... Cuide al cabeza dura de mi hermano... - Lucas junto sus manos en su pecho e invoco una bola de fuego
- ¡Lucas! - gritó Camile al ver que se iba a quemar el mismo
Sikoth logro empujarla hacía atrás, para que ella no se quemara con el fuego. Camile tenía los ojos llenos de lágrimas
- Porque tiene que ser así... - dijo Camile – porque...
Camile se levantó. Apretó los puños
- Evitaré que sigas haciendo esto... - se dijo a si misma - ¡Lo juro!
Todos guardaron silencio por varios minutos.
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Día uno: ...Eres un demonio...
A la mañana siguiente, Sikoth despertó en una hamaca improvisada en un terreno baldío. Camile los había invitado a dormir a su improvisado campamento. Ella les explicó de una manera bastante corta su apuesta con Ludovico y porque estaba ahí. Parecía un locura, pero ella estaba segura. Este era el antepenúltimo día, pronto terminaría la apuesta. Se veía segura de ganar.
Si... Su escuda era muy fuerte, pero hasta Ludovico sabía que no podría mantenerlo siempre el último día. Cualquier descuido y estaría muerta.
Sikoth salió. Vio a Camile rezando al frente de dónde enterraron a Lucas.
- Sé que su madre también rezará por él – dijo Camile mientras Sikoth se acercaba – no te preocupes, no todo ese peso es mío
Una sonrisa se dibujo en el rostro de Sikoth. Rezar por alguien era pesado... Pero solo las personas que lo habían conocido lo podrían hacer con real eficacia. Se quedó mirando la escena por varios minutos.
- ¡Ayúdanos ha hacer el desayuno hermano! - gritó Koru a Sikoth
Sikoth corrió hacía su hermano. Camile se levantó.
- Otro día más... y sigo aquí...
Lidda observaba el techo de la tienda. Pensaba alguna manera de salir de aquí. No se le ocurría nada ¿Por qué no había tomado atención cuando Nuevededos pronunció sobre esta clase de trampas? Esto jamás lo sabría este viejo humano en todo caso... Todos empezaban a comer su desayuno, pensando en que hacer.
- ¿Ustedes son viajeros? - preguntó finalmente Camile
- Si... - respondió Koru – andamos algo perdidos... se podría decir... igual necesitamos descansar...
- Pues, esto no es lo más cómodo – dijo Camile con una gran sonrisa – pero pueden quedarse aquí lo que gusten. Sé que son gente de buen corazón
Jason miraba a Camile fijamente. No podía creer que fuera tan parecida al demonio que mato al príncipe Orfeo. Aquel demonio tenía algo que le hacía sentir escalofríos, mientras que esta niña solo irradiaba calidez. Era demasiado amable... ¿Podría ser verdad?
Al terminar de desayunar, todos se repartieron ciertas tareas. Iban a ayudar a Camile mientras decidían que hacer. Tyra decidió ir ha hacer ella misma algunas compras, todos le dijeron que si podían acompañarla pero ella insistió que podía ir sola, para que los demás ayudaran en otras cosas. Koru cortaba madera, Jason y Sikoth arreglaban algunos desperfectos de la tienda. Torom transportaba cosas que Camile le pedía y esta lavaba los platos.
- No se preocupe – dijo Camile a Torom – mande a un amigo a cuidar a la señorita
- ¿Amigo? - preguntó Torom, el cual no podía sacarse la preocupación de encima
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Lugribel no parecía más que un barrio normal en el día. Tyra caminaba tranquilamente, no sentía porque los muchachos se preocupaban tanto. Jason le nombro unas cuantas leyendas de este lugar... No podía negar la cantidad de hombres que la miraban con ojos extraños y las cantidades de rebajas que conseguía en ciertas tiendas. Pero no, no quería molestar a los demás.
- Quién lo hubiera pensado, la niña del grupo caminando sola...
Tyra miró hacía atrás. Sus pupilas se achicaron un poco
- ¿Ludovico? - preguntó Tyra
- ¡Oh! Ya me hice conocido – dijo Ludovico sarcásticamente - ¿Hay alguna razón porque sepas mi nombre?
Tyra no supo que contestar ¿Le podría decir que era porque lo conocía de antes?. Ludovico tomó una manzana que había comprado Tyra y se la empezó a comer
- Hey – dijo Tyra mientras seguía a Ludovico, el cual había empezado a
avanzar – esa manzana no es tuya...
- Es mi paga por el servicio – contestó Ludovico - ¿Acaso no te preguntas como caminaste tan feliz por Lugribel sin que nadie te hiciera nada? Una cara bonita no pasa incólume en estos lugares
- Gracias... - Tyra no sabía que decir. Tenía miedo, después de ver lo que este mismo niño había hecho con su hermano
- ¿Gracias? - Ludovico lanzó lo que le quedaba de manzana hacía un lugar lleno de basura – esa palabra es solo mierda sobre mierda...
- ¿Por qué lo hiciste? - preguntó Tyra
- Curiosidad – contestó Ludovico mirando a Tyra a los ojos, para después seguir mirando de frente al camino – solo curiosidad...
Tyra endureció su expresión. No se sentía cómoda, para nada
- Si crees que es porque eres la chica linda – continuó Ludovico – entre un grupo de monos salvajes y una hafling con cara de pocos amigos, estas completamente errada
- ¿Ah? - fue lo único que expreso Tyra, no había ni siquiera alcanzado a formularse una teoría
- Usted es de esas personas con poderes más allá de los mortales ¿no? - pronunció Ludovico
Tyra tragó saliva
- Control de elementos, sin hacer movimientos ni conjuros – siguió Ludovico – interesante... y algo extraño en su mirada
- Yo no tengo nada extraño – replicó Tyra, como sintiéndose insultada
Ludovico parpadeó un par de veces
- Mi madre siempre me ha dicho que las miradas muy profundas esconden algo – Ludovico cerró los ojos su expresión era pensativa – una oscuridad... que tapa un desorden, un desorden que aun no pueden controlar
- No entiendo nada – dijo Tyra – y con permiso, debo irme
- ¿Usted es un demonio no?, los que aceptamos ser demonios sabemos ver demonios...
La mente de Tyra quedó en blanco. ¿No que Calik decía algo parecido?...
- No soy un demonio... - respondió finalmente Tyra, después de varios segundos
- Mucho silencio para responder – dijo Ludovico con una pequeña sonrisa maliciosa - ¿Esta segura?
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Torom seguía llevando objetos varios de un lugar a otro en el terreno baldío ¿Cómo era que Camile podía tener tantas cosas? Mientras más aburrida se volvía su tarea, más tiempo se dedicaba a mirar los objetos que llevaba. De un momento a otro se dio cuenta que habían muchos amuletos muy poderosos. Esta muchacha debía saber mucho sobre magia. De lo que conocía de símbolos, sabía que lo que transportaba era casi equivalente a llevar fuego
Entonces ¿Por qué Camile les dejaría llevar estas cosas con tanta confianza? ¿Podría ella saber que realmente no harían nada con estos amuletos? Parecía como si ella... los conociera.
- Generalmente – continuó Lidda – , si es que los símbolos que aparecieron son los que creo, el primero que cae en estas trampas es el que hay que liberar... los demás entran a un estilo de ilusión hecha con recuerdos de él mismo... o algo así... vaya si que son estúpidos estos magos ¿para qué hacer eso?
Después de su encuentro en la noche, lo más probable era que fuera Ludovico el que estaba adentro de la ilusión. Definitivamente, aquella mirada y esa forma de ser lo hacían un hombre que había pasado por mucho. Esta situación quizá era uno de sus más importantes. Pero... ¿Qué tenían que hacer ellos aquí? Torom perdió por cierto momento la concentración, chocando con alguien.
- Disculpe – dijo Torom recogiendo los amuletos del suelo
Torom dió un saltó hacía atrás de la impresión. Pero se recompuso casi de inmediato. Aquel personaje era igual a Lucas, al Lucas que vio morir la noche anterior. Era igual, pero a la ves diferente.
- Debería disculparme yo – dijo el hombre dejando en el suelo un atril – yo soy el recién llegado, parece que la señorita Camile no les comentó de mi
- Para nada – contestó Torom
- bueno... - dijo el hombre – quisiera preguntarte algo entonces...
- ¿Si? - preguntó Torom levantándose
- ¿Ustedes estuvieron cuando mi hermano murió no? - preguntó
- ¿Te refieres a Lucas? - preguntó Torom, aunque su parentesco lo hacía obvio
- Si... - dijo el hombre – oh, rayos... se me olvido presentarme – el hombre tomó nerviosamente la mano de Torom y la movió en forma de saludo. Cayendo así todos los amuletos de nuevo al suelo – soy Antoine Powelki, - suelta la mano de Torom y después la pone detrás de su cabeza , como si estuviera avergonzado - no me presente porque estaba acostumbrado que Lucy, diga, Lucas me presentara
- Yo soy Torom Derdim – dijo Torom, agachandose de nuevo a recoger los amuletos
- Torom Dermin... - dijo Antoine – suena grande, como si fuera una gran persona
- Realmente no lo es nada del otro mundo mi nombre – contestó Torom a lo que dijo Antoine – y es Derdim, no Dermin...
- Bueno, por algo Lucas decía que era un idiota... - dijo Antoine, mirando el cielo – y ahora no te puedo despedir porque se te ocurrió ser un traidor
- ¿Cómo? - preguntó Torom
- Una regla de nuestra familia – respondió Antoine – a un traidor no se le despide cuando muere, debemos seguir nuestra vida tal como es
- Eso es... - comentó Torom – triste...
- Hablando... - dijo Antoine – quisiera preguntarle algo, señor Der...
- Dígame Torom – dijo Torom – soy menor que usted
- No si eso ya lo vi – dijo Antoine – es que me acostumbro ha esas cosas a veces... bueno, llendo a lo que quería preguntar... ¿Lucas le pidió algo a Ludovico antes de morir?
- Hermano... - dijo Lucas perdiendo la respiración, con la vista ya nublada por el cansancio y el dolor. - dile a Antoine... que... el retrato no terminado de Elena... se lo escondí en el cofre azul de la bodega... tiene doble fondo... ahora que me muero... no tengo porque evitar que se case...
- Algo sobre un cuadro... - contestó Torom
- ¡Lo sabía! - dijo Antoine, después miró el cielo – ¡No soy tan tonto hermano! ¡Lo supe siempre! ¡Tú eres quién tenía el cuadro de mi amada Elena! Nunca quisiste que me casara...
Antoine empezó a poner el atril en posición y sacó un cuadro que tenía en una bolsa.
- Pero ahora... - dijo Antoine sin dejar de mirar el cielo – por ti y por Elena terminare este cuadro
Torom miró con curiosidad el cuadro. Era de una mujer hermosa... Esperen ¿Esta mujer no es la madre de Aslam? Pero en este cuadro era... Una sirena
- ¿Hermosa no? - dijo Antoine al ver al embobado Torom – esta es mi amada Elena
Rápidamente, Antoine sacó sus pinceles y un par de pinturas y siguió dándole detalles a la pintura
- ¿No necesita verla? - preguntó Torom
- No – dijo Antoine – cuando uno ama a alguien nunca olvida su cara, este cuadro no llega ni a la mitad de la belleza que tiene ella. Por eso, debo esforzarme ¡Porque será mi último cuadro! - Antoine movió el brazo pegandole a Torom, haciendo que soltara los amuletos
- ¿Último cuadro? - preguntó Torom recogiendo los amuletos
- Si... - contestó Antoine – ella es sirena, yo humano... para estar juntos, Sibel nos pide un sacrificio. Sé que me pedirá mi vista, lo sé.
Mientras Torom se paraba, se acordó del Señor Antoine, el hermano de Ludovico que los recibió en las islas. Él era ciego.
- El cuadro realmente es genial – dijo Torom – es una lástima que pierda su vista...
- Eso dicen todos – contestó Antoine – pero por abrazar a mi hermosa Elena y poder estar con ella ¿No es mejor que nada? - unas lágrimas aparecieron en sus ojos – igual, si me quita la vista, extrañare poder ver, me falto tanto mundo por pintar... Pero dicen que uno debe sacrificar para obtener lo que uno quiere ¿no?
- Si...
- ¿Tú amas a alguien no? - preguntó Antoine
Torom se sorprendió con la pregunta y hasta se sonrojo un poco
- No importa sino quieres contestar – dijo Antoine – soy solo un curioso que recién conoces
¿Por qué de repente Antoine hablaba con tanta sabiduría y seguridad? ¿Era igual que Ludovico que ocultaba su inteligencia bajo una fachada de estúpides? Pero, Antoine era distinto, su mirada era más pura, no parecía mentir. Lo más probable que era de esas personas que hablan con el corazón, que no llegan a entender la profundidad de sus propias frases
- Quizá lo más difícil del amor – interrumpió Antoine los pensamientos de Torom – es encontrar tu verdadero amor. Pero cuando sabes quién es ¡El cielo se abre ante ti! Pero eso no significa que sea fácil desde ahí
Torom dejaba los amuletos en una mesa vieja cercana. Miró a Antoine el cual había guardado silencio.
- Siempre hay que luchar por todo – continuó Antoine – pero por una razón... seguir es más fácil...
Torom se quedó observando un tiempo como Antoine seguía la pintura. Sería la última, si, lo más probable...
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Camile lavaba un par de platos. Se detuvo en seco en cierto momento. Miró hacía los lados
- Él esta con ella... - dijo Camile despacio – gracias Rinath
Una pequeña mano de tierra en el suelo subió su dedo gordo un símbolo de aprobación. Camile miró hacía los lados. Sikoth y Koru seguían en sus respectivos trabajos.
- Necesito que me acompañen – dijo Camile – Tyra se ha demorado mucho
Koru y Sikoth afirmaron, dejando de transportar un poco de madera. Camile miró a Torom, pero su conversación con Antoine parecía estar animada... bueno, Antoine parecía animado. Decidió ir con Sikoth y Koru
- Espero que no se hubiera perdido... - dijo Sikoth algo preocupado
- No creo – dijo Camile – si es que uno no camina por las calles principales de Lugribel es raro perderse... le dije que siguiera por esos lados y nada le iba a pasar.
- Es que Tyra... - dijo Sikoth, sin saber continuar la frase
Koru estaba callado, aprovechaba que era el más alto para observar sobre la mayoría de la gente. Era inútil encontrar a Tyra en este lugar.
- Calma – Camile vio como Koru observaba el lugar preocupado – Rinath podrá encontrarla
- ¿Rinath? - preguntó Sikoth
- Aja – dijo Camila sonriendo – es una mano de tierra amiga mía
Sikoth y Koru se miraron perplejos ¿Mano de tierra? A su memoria vino aquella mano gigante de tierra que se encontraron el día en que Ludovico desapareció. Koru sentió un escalofrio al pensar que esta joven sería la mujer que mató al principe Orfeo.
- ¡Rinath ya la encontró de nuevo! - cortó Camile los pensamientos de Koru.
La impresión al ver a Rinath fue muy grande, especialmente para Koru. Era una pequeña mano de tierra que no era más grande que la mano de Sikoth.
- ¡Vamos! - gritó Camile
Camile empezó a correr, seguida por Koru y Sikoth.
- ¿Acaso le harías algo a ella? - se preguntaba en sus adentros Camile
Un "¿Esta segura?" de una voz muy conocida para Camile detuvo su marcha. El que había pronunciado esa frase, Ludovico, frunció el ceño al verla.
- ¿Qué haces tú con ella? - preguntó un desafiante Koru a Ludovico
- ¿No te ha hecho nada malo? - preguntó Sikoth a Tyra
Tyra negó con la cabeza. Aunque igual parecía asustada... No le agradaba que Ludovico la llamara demonio, para nada. Pero recordando su propio pasado, no se sentía completamente segura de negárselo.
Ludovico miró a Koru, después a Sikoth. Una pequeña sonrisa apareció en su cara.
- ¿Qué hago con ella? - Ludovico caminaba lentamente hacia Koru – Hablar, charlar... no le veo nada del otro mundo
- No importa eso – dijo Sikoth, el cual empezó a caminar hacía Tyra – si es que Tyra este bien...
Mientras Tyra miraba a Sikoth, sus pupilas se volvieron vacías, una expresión de dolor inundó su cara.
- ¡Sikoth!
Casi sin darse cuenta, Ludovico había enterrado una daga en el abdomen de Sikoth. Sikoth se quedó mirando a Tyra hasta que cayó al suelo.
- ¡Hermano! - gritó Koru, mirando a su hermano. Camile se agacho y con un movimiento de cabeza le dijo que ella se encargaría
Koru sacó su cimitarra, apretó sus dientes, miró amenazante a Ludovico.
Ludovico tenía su mirada entre él y Tyra. Tyra estaba helada ¿Cómo podía? Ludovico caminó unos pasos hacía Tyra.
- ¡¡No huyas!! - gritó Koru saltando para atacar a Ludovico con la cimitarra
No podía aceptarlo, Koru no quería creer eso... Al ver a su hermano lastimado en el suelo de tal manera, tan de repente, nubló su mente por completo. Atacaba a Ludovico como si fuera lo último que podría hacer. Tyra seguía pasmada en el mismo lugar. Ludovico esquivaba a Koru como si fuera lo más simple del mundo.
- ¡Maldición! - gritaba Koru, más desesperado por no poder darle ningún ataque a Ludovico - ¡No huyas!
- ¿Qué pasa? - preguntó Ludovico - ¿Acaso eres tan demonio que no reaccionas ante esto?
Tyra dejo de respirar por un par de segundos. Se enderezo un poco, no sabía que responder. Se sacudió la cabeza, caminó hacía Sikoth.
- Y ahora que te lo dije te haces la buena... - gritó Ludovico - ¡Eres de la peor clase que conozco!
- ¡Cállate! - gritó Koru - ¡Tú no puedes decirle eso a nadie!
Koru golpeó sin querer una caja con la cimitarra, quedando esta enganchada en la madera. Tyra miró a Sikoth, él había sido tan bueno con ella... él... él...
- ¿No harás nada? - preguntó Ludovico tocando con un dedo la mejilla de Tyra, con claras intenciones de irritarla
Al mismo tiempo que Koru logró liberar su cimitarra, Tyra cerró los ojos. Ella se negaba ha escuchar, no quería, no quería escuchar nada de eso. Tapó sus orejas
- ¡Así son los peores! - gritó Ludovico antes de esquivar la cimitarra de Koru otra ves - ¡Los que se hacen los buenos y no lo son! ¡La cara bonita que no lo es!
No, nada más. Tyra se paró... Después de lo que le hizo a Sikoth no debía, ni podía, permitir que siguiera así.
- ¡Y ahora viene el verdadero demonio! - gritó Ludovico mostrando algo de alegría
Los músculos de la cara de Tyra se endurecieron. Separar sus dientes en ese momento sería muy difícil. Esta sintió que su sangre hervía
- ¡Tyra no es un demonio!
De golpe, Tyra se calmó. Aquella voz era la de Sikoth. Sikoth estaba consciente, Camile le había curado en algo sus heridas.
- La Tyra que conozco es dulce, callada... - dijo Sikoth – de buen corazón ¡Una gran persona!... ¡eso es lo que conozco! - se puso su mano en el abdomen. Aun le dolía
- No debes hablar ahora – dijo Camile
- ¡Y nada me puede negar aquello! - gritó Sikoth
Se humedecieron en ese instante los ojos de Tyra. Sikoth sabía su pasado, sabía en parte lo que podía llegar ha hacer. Pero igual, para él era una persona dulce, callada, de buen corazón... ¿Por qué? ¿Por qué hacía eso? Tyra se sentía conmovida.
- Esto ya me aburrió – dijo Ludovico esquivando a Koru
Con una vuelta alrededor de él, Ludovico mareó a Koru y saltó hacía donde estaba Sikoth y Camile
- ¡Eres un cursi de mierda! - le gritó Ludovico a Sikoth
En eso, las miradas de Ludovico y Camile se cruzaron, Ludovico bajo la cabeza, como evitándola. Este último dio un par de saltos subiendo al techo
- ¡Desgraciado! - gritó Koru tirando su cimitarra al suelo por la frustración de no haberle pegado
Tyra se acercó a Sikoth, se arrodillo ante él
- Gracias... - dijo Tyra
- No... - contestó Sikoth – gracias a ti...
- ¿Ah? - Tyra estaba confundida
- Por ser tú... - respondió Sikoth, bastante sonrojado
- Será mejor que no hables – le dijo Camile a Sikoth
- ¿Estará bien? - preguntó Koru preocupado
- Si... - contestó Camile – mañana estará bien... por suerte estaba con mi bastón y pude curarlo. Solo necesitará unos días de descanso
- Que alivio...
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- ¿Qué? - gritó Torom, al saber lo que había pasado
- No sabes la rabia que me da – dijo Koru – casi mata a mi hermano...
Estaban todos muy pensativos. En eso Camile y Tyra atendían a Sikoth
- Por lo menos todos llegaron a salvo – dijo Jason tratando de encontrarle la parte buena a la situación
- ¡Con Sikoth lastimado! - gritó Koru – no puedo aceptar eso... ¡Sikoth no había hecho nada! Por las mismas... AAAaaaaahhh...
- Sea lo que sea – dijo Lidda, la cual miraba si Camile escuchaba – ya paso y debemos ver como salir de aquí
- ¿Después de que lastimó a mi hermano? - preguntó Koru – que Ludovico se pudra acá
- Calma Koru – dijo Torom – alterarnos no sirve de nada
- ¡No dirías lo mismo si fuera Tyra la lastimada! ¿¡No!? - gritó Koru agarrando a Torom de su ropa. Torom intentaba seguir inexpresivo, pero aquella frase lo había afectado
- ¡¡No peleen por favor!! - decía Jason intentando parar a Koru
- ¡¡Tú te callas!! - gritó Koru en la cara de Jason
- Pelear no sirve de nada ahora – dijo Lidda calmadamente
Koru miró hacía el lado, bajo a Torom. Tenía razón...
- Hay que averiguar como salir de aquí – dijo Lidda – con Ludovico o no.
Si, era verdad. Pero Koru no podía sacarse en su cabeza lo fácil que había lastimado a su hermano. Salió de la tienda pateando cada piedra que encontraba en el camino. Los demás decidieron dejarlo solo, igual, ya se calmaría. Era de noche. Miró las estrellas... que calmado era aquel momento. Un suave viento movió un poco sus cabellos. Cerró los ojos
- Acaba de pasar una estrella fugaz
Koru abrió sus ojos, miró el cielo.
- No alcancé a verla... - dijo Koru mirando a quién le había dicho, Camile
- Eso es lo de menos – siguió Camile – le he pedido muchos deseos a las estrellas fugases, aun no se me cumple ninguno...
- Quizá falta tiempo - interrumpió Koru
- No creo... - dijo Camile – si uno desea algo, debe buscarlo... siempre he creído eso
- Yo pensé que me diría que cree firmemente en ellos – comentó Koru
- La esperanza nunca muere – agregó Camile- pero uno no debe poner su parte
- Que cosas...
Camile avanzó unos pasos, parándose al frente de Koru. Sus pelo se movía como si compusiera una melodía con el viento.
- ¿Realmente es ella? - pensó Koru - ¿Ella es el demonio?
- Quisiera... - dijo Camile – pedirle disculpas
- ¿Disculpas? - preguntó Koru
- Por la actitud de Ludovico – contestó Camile
- ¿Qué? - dijo Koru sorprendido – usted no debería, él fue el que...
- ¡Él esta confundido! - interrumpió Camile a Koru - ¡Yo sé que él no quiere ser así!
Koru movió su pie como queriendo patear una piedra invisible.
- No puedo... - contestó finalmente Koru – él lastimó a mi hermano, no puedo perdonarlo
- Lo sé... - dijo Camile – pero... él... yo sé que al fondo no quiere ser así
Camile dio un par de pasos más adelante
- Estoy segura – continuó Camile – que por cada cosa que hace, él llora en su interior... lo sé...
Un suspiro fue lo único que Koru pudo hacer. El brillo de los ojos de Camile, al decir eso, delataba todo lo que estaba pasando. Definitivamente, sea quién sea esta niña, si es o no el demonio, debió haber sido muy importante para Ludovico.
Igual, pensándolo más calmadamente... El primer Ludovico que conoció era completamente distinto a este
Día dos: Respuestas sin preguntas
Lidda estaba algo frustrada. ¿Por qué? Había estado buscando toda la noche por los lugares y no encontraba forma de salir de esto. Lo que si había descubierto es que no había manera de salir de Lugribel, lo cual comprobaba que estaban en una ilusión. Ya amanecía y solo quería descansar.
- No hay que perder tiempo aguijón... - pensó Lidda en ese momento – sino salgo de aquí...
Pero igual, había recorrido todo lo que había podido de Lugribel. Se sentó en un techo, miro el amanecer. Un sonido la despertó de su adormilado estado ¿Era un sollozo?. Silenciosamente, Lidda se acercó al lugar
Un inentendible sonido de asombro fue lo que exclamó Lidda al ver lo que estaba ahí.
- ¿Quién eres?
Lidda no quería responder cualquier cosa. El que estaba frente era Ludovico, sentado de una manera que nunca imaginaba. Su posición era de tal forma que sus encogidas piernas tapaban su cara, las cuales estaban rodeaban por sus brazos
Acaso... ¿Estaba llorando?
- ¿¡Quién eres!? - insistió Ludovico
- Ya me has visto – contestó Lidda
- Ah... la hafling...
Este casi no se movía. La voz de Ludovico delataba inmediatamente que quería que se fuera. Lidda decidió que era la perfecta ocasión para sacar información.
- Esto es sorprendente – dijo Lidda – después de lo duro que te hacías
parecer
- Tú cállate – interrumpió Ludovico - ¿Qué vienes a vengarte de tu amigo?
- ¿Amigo? Ja – respondió Lidda – solo digo lo que pienso. Me sorprendes... eso significa que si estas en algo arrepentido de lo que le hiciste a Sikoth
- ¿Sikoth? Ese me da lo mismo... - decía Ludovico, como ahogado... Lidda levantó en algo sus cejas, se acordó de una conversación que tuvo con Ludovico. Cuando supo lo de Gilean
-¡Lo sabía! ¡Sabía que eras tú! ¡No podías ser tan bueno! -¿De qué hablas?- Ludovico la miró impasible -De tus tiempos de pandillera con Antonia y Lucy, Lulú. ¿Sabes? Su organización era realmente buena, no entiendo por qué sucedió todo eso. –Lidda hablaba atropelladamente, sin dar tiempo de réplica de su interlocutor- Rondan las historias de cómo el mago y los espadachines robaron la diadema del rey de una manera impecable, aunque Lucy los traicionó y murió a manos de Lulú… no entiendo aún cómo sucedió eso. -Lucy vendió la diadema y el dinero se lo dio a una enamorada suya-dijo Ludovico, tras un prolongado silencio-. No quería involucrarla y por ello no nos dijo nada, por eso pensamos que nos había traicionado… y el resto ya lo conoces- el espadachín suspiró- No es algo de lo que me enorgullezca, a pesar de ser un traidor era mi hermano, y me arrepiento de haberle hecho eso. Lidda cambió el tema rápidamente sin poder evitar sentir simpatía por Ludovico, más de la que comenzaba a sentir desde hace tiempo.
- ¿Es por tu hermano? - preguntó Lidda
Silencio, Ludovico se encogió un poco más. Si, le había dado al clavo
- Ese tonto... - dijo Ludovico perdiendo un poco el aire en ciertos momentos
– Si nos hubiera explicado... quizá... quizá... mi padre no me lo... no me hubiera ordenado...
Lidda avanzó un paso, pero se detuvo al ver que Ludovico tomaba una piedra que estaba en el suelo. Ella había sentido una extraña sensación de querer consolarlo, pero el movimiento de Ludovico le recordó que no podía.
- Lo hecho – dijo Lidda – hecho esta...
No había respuesta. Pero Ludovico soltó la piedra.
- Vete – dijo Ludovico
- ¿No me harás nada? - preguntó Lidda - ¿Qué pasará si reparto por Lugribel que Lulú sangre fría realmente es un llorón?
Para su sorpresa, Ludovico lentamente se paro. Lidda quedó sin habla... Ludovico parecía tan distinto, en ese movimiento había cambiado por completo
Ahora no era el Ludovico de 15 años que estaba sentado, sino el de 33 años...
- ¿Hacer... algo? - dijo Ludovico, para después voltear su cara – el ensamblador no puede dañar al dueño de la pieza de su dios
Lidda miró el collar de Sibel, el cual lo había guardado en un bolsillo. Después miró a Ludovico, pero este ya había desaparecido
- Ludovico...
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En el campamento seguían pensando que podrían hacer. La falta de información sobre el asunto los hacía sentir acongojados. Cuando Lidda llegó, todos la miraron esperando algo.
- Nada interesante – mintió Lidda en cierto sentido – solo comprobé que si estamos en esta clase de trampas mágicas
- Rayos... - exclamó Koru – si Elia estuviera aquí sabríamos algo más...
- ¿Algo más sobre qué? - preguntó Camile sobresaltando al resto
- ¿Estaba escuchando? - pensó Lidda
- No es nada... - contestó Jason – realmente nosotros...
- Estamos en un gran problema – interrumpió Lidda
- ¿Ah? - exclamaron todos
- Tenemos a un amigo atrapado en una trampa de ilusión – siguió Lidda – pero antes de arriesgarnos a entrar en ella hemos intentado encontrar información sobre estas... pero no hemos logrado nada
- Yo sé algo sobre ellas – contestó Camile – quizá les ayude
- Lo presentía – pensó Lidda, sonriendo un poco
- En ellas... - empezó Camile - se entra en una ilusión del pasado de la primera persona que cayó. Generalmente esos recuerdos son de una parte de su vida donde tomó una decisión muy importante... O donde tomaron para él o ella una decisión importante. Y es probable que en esos momentos tenga una discusión interna con respecto ha eso
- Aja... - dijo Lidda, pensativa
- ¿Sirve? - preguntó Camile con una gran sonrisa
- Por supuesto – contestó Lidda
- Muchas gracias – agregó Jason
- De nada... - dijo Camile – bueno, venía a decirles que saldré un momento
- Yo la acompaño – dijo Jason
- No se...
- Después de lo que paso ayer no puedo dejarla sola – dijo Jason – además, según nos dijo, hoy es el penúltimo día de su apuesta ¿no?
Camile sonrió un poco.
- Está bien... - respondió finalmente Camile -
Jason y Camile se retiraron, ahí Lidda empezó a reírse en sus adentros
- ¿Qué es tan divertido? - preguntó Torom
- Esto cada vez se asemeja más a una ilusión... - contestó Lidda
- ¿Cómo? - preguntó Tyra
- Según sé, estas trampas funcionan de 4 maneras... - dijo Lidda – y Camile me contesto 1 muy segura, como si fuera la única
Lidda miró hacía Jason y Camile, que estaban lejos
- Al final de cuentas – pensó Lidda – estos son los recuerdos de Ludovico... él nos esta intentando ayudar. Gracias a nuestro encuentro de hoy me di cuenta
- Por lo tanto – concluyó Koru después de un largo silencio – esa debe ser la ilusión que estamos pasando
- Correcto
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Jason se había perdido completamente. Camile lo llevaba por pasadizos muy confusos.
- Con que esto es Lugribel... - pensó Jason – solo había escuchado leyendas de este lugar
Lugribel, era un barrio antiguo de la Villa Keel, quizá, la parte más grande de Keel. Era conocido porque distintos tipos de bandas y comerciantes del mercado negro de Mimir podían caminar por esos lados con la mayor tranquilidad. Nadie que no fuera de los bajos mundos se atrevía a poner un pie en Lugribel.
Pero Lugribel desapareció de la noche a la mañana, hacía ya 12 años. Muchas leyendas se contaban sobre como sus casas, sus negocios, su gente... se esfumaron. Lo que no sabía Jason era que Lugribel fue destruido por la misma Camile. El lugar tenía muchos recuerdos de ella y Ludovico, como para poder aguantar su existencia.
- Él esta aquí... - dijo Camile a Jason
Un hombre con una gran capa negra apareció. Una capucha tapaba en algo su cara. Pero algo llamo más la atención de Jason que el hombre: El sable oxidado había empezado a vibrar.
- Aun sigue aquí señorita Camile – dijo el hombre – y ahora tiene compañía
- Él es Jason – presentó Camile a Jason – es de un grupo de jóvenes que amablemente me esta ayudando
Jason tomó el sable oxidado he intento hacer que no pareciera vibrar tanto. El hombre sonrió
- Quizá Ludovico tenga más de una razón para matarles entonces – dijo el hombre
- Sobreviviré, ya verá – dijo Camile segura -
- Yo que usted no aseguro nada – contestó el hombre a la afirmación de
Camile – quizá se halla ganado la simpatía de la gente de Lugribel, pero... la simpatía no es un vale al éxito, menos acá
- Yo sé lo que quiero – dijo Camile – por eso estoy aquí
- Haga lo que quiera – dijo el hombre avanzando
¿Por qué seguía vibrando el sable Oxidado? El joven caballero miró hacía el hombre. Era obvio, el tenía una pieza de la pluma
- Solo una advertencia – dijo en medio de su caminata – el ensamblador debe matar a cualquiera que intente juntar las piezas de la pluma de Oth
Jason no supo como contestar ante aquella declaración de este hombre. A los 10 segundos, se dio cuenta a lo que se refería. Elia dijo que el ensamblador cambiaba las piezas de la pluma de forma, Ludovico había hecho eso con la pieza de Sibel... ¿Acaso él tenía que matarlos?. Cuando iba a formular la pregunta, el hombre ya se había retirado
- Sigamos Jason – dijo Camile – aun me queda comprar algo
- Si-si – contestó Jason
¿Qué significaba esto? A Jason le costaba entender todo en estos momentos.
- Tranquilo, van bien
- ¿Ah?
Caminando al lado suyo, estaba el niño que le había hecho entrar a la trampa. Jason quería hablarle, pero...
- ¿Estas hablando con alguien? - preguntó Camile
- No-no – contestó Jason
- Puedes hablar conmigo si solo piensas – dijo el joven
- ¿Por qué no me dijiste antes? - pensó Jason
- Porque me dio flojera – contestó el joven bastante calmado
- ¿Por qué me dices que vamos bien? - pensó Jason -
- Ludovico se esta empezando a dar cuenta que es una ilusión – dijo el joven – es un gran avance... ahora hay que lograr sacarlo antes de mañana
- ¿Mañana?
- Mañana es donde tomará la decisión más importante de su vida – contestó el joven – creo que Camile les dijo algo sobre aquello
Jason quedó pensativo. Se acordó de Camile cuando mató a Orfeo y la situación de ahora... Todo parecía tener una relación. En las dos veces, Ludovico enfrentaba a Camile. Pero. ¿Cómo aquel demonio podría ser esta niña?
Jamás hubiera creído lo mismo que Medea... Pero así fue. Las cosas no son como lo aparentan
- ¿Pasa algo Jason? - preguntó Camile
- Nada
Jason miró hacía los lados. El joven ya no estaba. Chasqueó los dedos
- No pude preguntarle su nombre – pensó Jason
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Lidda estaba con un palo haciendo unos cálculos en el suelo. Debía haber una manera de liberar a Ludovico de este lugar. ¿Qué era lo que sabía de Sir Cameén san Espada? Miró el cielo, después hacía la salida del lugar. Vio a Jason y a Camile que se acercaban.
- Jason debe saber de Sir Cameén... - pensó Lidda
Jason se sintió algo nervioso al ver que Lidda lo observaba desde esa distancia. Lidda le hizo un par de señas, Jason pudo entender que era para hablar con él.
- Ve con ella – dijo Camile – no te preocupes por mi
- ¿Ah? – contestó Jason – gracias...
Jason se acercó a Lidda. Esta lo miró fijamente.
- ¿Te sabes todas las historias de San Espada no? - preguntó Lidda
- Si... bueno, a veces la memoria puede fallar – contestó Jason
- No me vengas con la misma que Ludovico – dijo Lidda – solo quiero que me respondas algunas cosas
Perplejo quedó Jason al ver como Lidda borraba rápidamente sus cálculos en el suelo
- Veamos... - dijo Lidda – Ludovico debe tener aproximadamente entre 30 y 34 años ¿no?
- Aja... - afirmó Jason
- ¿Hace cuando se retiró San espada? - preguntó Lidda
- 12 años... - contestó Jason
- El príncipe Orfeo aparentaba entre 11 y 13 años ¿no? - siguió Lidda
- ¿Y eso que tiene que ver? - preguntó Jason
- ¡Estoy sacando conclusiones! - dijo Lidda – solo responde
- O-ok... - contestó Jason
- ¿Cuánto tiempo estuvo Sir Cameén como caballero? - preguntó Lidda
- como 5 años...
- aja... entonces... si restamos todo esto, Ludovico se convirtió en Sir Cameén entre los 13 y 17... tomando en cuenta que a los 13-14 es muy joven, quedaríamos entre 15-17 es decir, lo más probable es que estemos en uno de los recuerdos antes de que fuera caballero
- Increíble – dijo Jason
- Realmente, eso es lo obvio – dijo sarcásticamente Lidda – se ve que
Ludovico no tiene nada de caballero ahora
- ¿Entonces? - preguntó Jason
- Fácil ¿Por qué Lulú sangre fría se convertiría en caballero? - dijo Lidda – no creo mucho en las historias como esta, pero se nota que esta niña tuvo mucho que ver. Y que ella es el demonio que nos encontramos el otro día
- ¿Cómo puedes decir eso?
- Por la edad del príncipe Orfeo – contestó Lidda – pero es solo una teoría que no tiene base completa aun
- Por lo tanto... - dijo Jason – la señorita Camile debe ser una persona muy importante para Ludovico... ¿Por qué llegaría ha ser demonio?
- Parece que no captaste completamente a que iba... - dijo Lidda
- Pero ya sé – dijo Jason – en las dos situaciones debe enfrentar a Camile... pero ¿Qué debemos hacer nosotros?
- Hacer que la enfrente – dijo Lidda
- ¿Cómo? - preguntó Jason
- Lo más probable es que mañana Camile gane – continuó Lidda – pero ahora, en la realidad, ella es un demonio. Debe enfrentarla
A pesar de que era cierto y que aquel demonio le llegó a dar miedo. A Jason no le agradaba la idea de hacer que Ludovico ganara. La señorita Camile parecía tener tan buenas intenciones
- Jason – dijo Lidda al ver la expresión de este – esto ya paso,Camile ya ganó
- Entiendo...
Igual, no se sentía muy convencido. Pero ahora solo quedaba armar una estrategia.
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Día tres: Matar o no matar
Camile durmió muy poco. Desde antes del amanecer estaba atenta a cualquier movimiento
El viene... viene...
Todos fueron contagiados por tal condición. Pero de a poco perdian las fuerzas. Ludovico no aparecía.
- Hay que mantenerse... - pensó Camile – espera que nos cansemos, que estemos desatentos...
Cualquier sonido hacía que movieran sus vistas. Una rama rompiéndose, el zumbido de un insecto. Nervios de punta ¿Podrían aguantar 24 horas? Entre la vida y la muerte se puede hacer cualquier proeza
- Propongo separarnos – Koru rompió el silencio
- ¿Por qué? - preguntó Torom
- Porque Sikoth no va a poder enfrentar una persecusión – planteó Koru – sé que esta bien, pero recibió una herida casi mortal
- Entendemos a lo que te refieres – interrumpió Lidda
- No es necesario que se preocupen por mi – dijo Sikoth – yo puedo...
- Koru tiene razón, debes cuidarte – exclamó Tyra, sonrojando un poco a Sikoth
- Pe-pero... - dijo Sikoth
- Si quieres, váyanse – dijo Camile – este es mi problema, no el de ustedes
- Pero... - dijo Tyra – después de lo que has hecho por nosotros
- Mmmm... - Camile se veía pensativa – esta bien, hagamos 2 grupos. Pero solo quiero que 2 personas estén conmigo
- ¿Por qué solo dos? - preguntó Sikoth
- Prefiero que la mayoría te proteja – contesto Camile – como curandera no puedo aceptar que la gente herida no este protegida
- Pero...
- Ya se puso necia – dijo Lidda – déjenla...
- Entonces – interrumpió Torom – yo y Jason iremos con Camile. Porque creo que Koru querrá ir con Sikoth
Koru afirmó. Lidda miró a Jason
- Parece que todo quedó en tus manos – susurró Lidda
¿En sus manos? Jason tragó saliva. Lidda no podía discutir en contra de Torom porque o sino Camile sospecharía de su verdadero plan.
- Bien – dijo Camile apuntando a un mapa – si es que siguen este camino hacia el norte saldrán rápidamente de Lugribel y entrarán a la parte segura de Keel
- Entendido – dijo Lidda, la cual sabía perfectamente que no saldrían ni aunque quisieran
- Tengan cuidado... - dijo Tyra a Torom y Jason
- Tranquila – contestó Torom – no moriremos aquí, te lo aseguro
Los dos grupos se separaron. Camile decidió dar vueltas de una manera aleatoria por Lugribel. Mientras los demás seguían su camino trazado
- Se han separado...
- Ya es hora
- Sí, ya lo es...
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Cuando sabes que estas perseguido, empiezas a sentir que todo te persigue, que todo te mira, que todos quieren algo de ti. Eres un centro de atención que quiere esconderse, un centro de atención marcado siempre... Por el miedo.
A pesar de esto, el valor nivela las cosas, dejando en un intermedio. Dependiendo el balance es como te sentirás: Seguro o perseguido.
- ¿Para qué caminamos rápido? - preguntó Koru – si es que no seremos el grupo perseguido
- Realmente – dijo Lidda – eso es lo que queremos aparentar, que estamos asustados... Así nos atacará
- ¿Qué? - exclamó Koru – ¿Y Sikoth...
- Estoy bien hermano – dijo Sikoth – no siento ninguna herida, deja de exagerar
- Ahí esta... - interrumpió Lidda
- Pero... - dijo Tyra
- ¡Cállense! - dijo Lidda – hay que aparentar, así creerá tener el elemento sorpresa
Koru miraba para todos lados. No podía evitar agarrar su cimitarra
- Pero... - pensó Tyra – nosotros no somos su objetivo
- Piensa que somos apoyo para después – dijo despacio Lidda adivinando el pensamiento de Tyra – es una táctica básica de combate. Escondes a una parte de la gente y la lanzas cuando el enemigo esta cansado. Es mejor eliminar primero a los refuerzos porque los otros no están atentos a la situación de los refuerzos
- Cada día me maravilla más tu inteligencia Lidda... - dijo Koru
- Pero se equivoco... - dijo Sikoth
- ¿Me equivoque?
Todos miraron hacía donde venía la voz. Si, era Ludovico
- Parece que la hafling del grupo tiene más cerebro que todos los demás juntos – dijo Ludovico – me sorprende
Koru y Sikoth desenvainaron. Tyra tomó sus lanzas. Lidda sonrió
- ¿Qué haces Lidda? - preguntó Koru
- Tengo un plan... - dijo Lidda evitando que Ludovico escuchara – esta muy confiado... es un gran error haberse mostrado
Ludovico saltó hacía el lado, Tyra lanzó algo de viento, pero no supo si hacía efecto o no. Ludovico era muy rápido. Koru y Sikoth se esforzaban mucho en mantener su vista en él. Pero... ¿Por qué no atacaba?
- ¡Vamos! - gritó Lidda - ¡Evítame!
- ¿Ah?
Ahí los tres se dieron cuenta de lo que estaba pasando. Lidda estaba al frente de Ludovico, siguiéndole cada paso
- ¿Qué no me puedes atacar? - siguió Lidda -
- Maldición – exclamó Ludovico
A pesar de que intentaba mover sus cimitarras para partir ha esta hafling no podía. Además, ella tenía una velocidad muy parecida a la de él. Por lo tanto, se le hacía imposible poder atravesar aquella "muralla hafling"
Un salto a la derecha, uno hacía la izquierda... si los lados no servían, habían que intentar hacía arriba.
- ¡No lo harás! - gritó Lidda al ver a Ludovico saltar arriba de ella
Lidda le agarró la pierna como pudo. Ludovico perdió la estabilidad, iba a caer sobre Lidda. Pero un viento lo empujó hacía una pared
- ¿Tyra? - preguntó Sikoth
- No fui yo... - dijo Tyra
- El collar de Sibel funciona demasiado bien... - pensó Lidda
Ludovico, algo lastimado se paro. Se veía muy enojado. Ella tenía el collar de Sibel, no podía matarla, ni siquiera atacarla ni hacerle ningún daño. Lidda vio la furia en sus ojos... Se sorprendió un poco, era la primera ves que realmente lo veía enojado.
- AAhhhh – dijo Ludovico antes de retirarse
Sikoth, Koru y Tyra miraron perplejos a Lidda
- Debes enseñarnos ese truco... - dijo Koru
- Es demasiado específico – respondió Lidda – demasiado...
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El hambre ya se hacía sentir en el grupo de Torom, Jason y Camile. A pesar de todo, era Jason el que más lo aparentaba. No habían desayunado y ya rodeaban el medio día
Y aun él no aparecía...
Camile saco un par de panes que había hecho. Torom lo negó, pero Jason no pudo negárselo, el hambre se veía en su cara.
- Debe haber ido por los demás – concluyó Torom – se me hace extraño que no venga por el grupo más pequeño
- Es probable - dijo Camile entrecerrando los ojos – pero... cada segundo que pasa, esta más cerca de perder
Mientras se comía el pan, Jason pensaba en lo que le había dicho Lidda. Tenía que hacer que Ludovico ganara... pero ¿Cómo?. No quería que la señorita Camile perdiera... ella había sido muy buena. Pero tenía que considerar que esto ya sucedió y que lo más probable era que Camile si hubiera ganado la apuesta en su momento. La gran pregunta era ¿Cómo lo hizo ella estando sola?
¿Acaso eran solo un estorbo para ella?
Jason miró a Torom. Siempre tan serio, que parecía inspirar seguridad. A pesar de su aspecto flaco y hasta algo débil. Muy admirable. Mientras él, a pesar de parecer físicamente más fuerte, siempre aparentaba más inseguridad. ¿La duda a veces podría hacernos más débiles? Torom debía haber notado algo de lo que Lidda le dijo.
Lo cual no estaba completamente errado. Torom tenía sus sospechas. Sabía que todo esto era un recuerdo y que el resultado en cierto sentido estaba pre-hecho. Pero por deducción casi lógica, debían hacer un cambio. ¿Cuál? Era la pieza que tenía Lidda y no Torom.
- Hay dos – dijo Torom
Jason se tragó el pan que le quedaba y mientras se esforzaba en hacerlo pasar a su esófago desenvainó al sable Oxidado. Torom movía sus ojos rápidamente, intentando encontrar visualmente a sus contrincantes. Sus presencias iban en círculos y a veces parecían desaparecer y aparecer.
- Estos dos han trabajado mucho juntos... - pensó Torom – su coordinación es extraordinaria...
Silencio, silencio que podía cortar cualquier pensamiento.
- ¡Jason! - gritó Torom
Jason saltó hacía atrás. Esquivó una Daga había sido lanzada hacía sus pies. De ahí, otra daga intentó pegarle en el abdomen a Torom, pero fue evitada fácilmente por el mercenario.
- ¡Muéstrense! - gritó Torom
La respuesta ha eso fue una daga lanzada directamente hacía Camile. Torom se interpuso entre ellas.
- Aaaaaaaarrrrggggg – gritó Torom
Un brazo lastimado fue el resultado.
- ¿Esta bien? - preguntó Camile preocupada – yo puedo curarlo...
- No hay tiempo ahora – dijo Torom sacándose la daga del brazo
Los movimientos eran más rápidos. Jason se paró lo más resto que pudo, justo ahí una cuerda agarró su brazo y empezó a tirar.
- ¡No! - gritó Jason – no lo lograrás
Una guerra de fuerza entre Jason y la persona que lo había agarrado empezó. Los dos parecían bastante igualados. Torom aprovechó el momento para ir a atacar al que quedo inmóvil
- ¡Tenga cuidado señorita Camile! - gritó Torom antes de ir
En la mitad, Torom cortó la cuerda. Dejando a Jason y la persona que estaba tirando bastante descolocadas.
- ¡Ahí estas! - Torom saltó con su espada lista para atacar
Un par de cajas fueron rotas por la fuerza de la caída de tal espada. La persona que estaba ahí casi no pudo evitar ser partida en dos
- ¿¿Antoine?? - preguntó Torom al ver ha esa persona – pe-pero...
Antoine no contestó, solo se limitó a pararse y saltar hacía Torom con un par de dagas. Torom casi no pudo pararse por la impresión.
- Es menos ágil que Ludovico – pensó Torom – pero es más fuerte...
Antoine movía un par de dagas como dos palos livianos en sus manos. Torom tenía algunos problemas porque en un lugar estrecho como ese, mover una espada grande solo se podía de manera vertical.
Antoine retrocedió, lanzo un escupo al suelo y sonrió. Tiró una del par de dagas que tenía en las manos hacía la cara de Torom. Torom logró agacharse pero perdió de pista a Antoine
Gran error...
Un golpe directo en su mentón fue el resultado de ese movimiento. Torom se elevó algo en el cielo
Jason estaba preocupado. Lo único que había visto de Torom era que entró a un callejón oscuro y no volvía. Una pelea se escuchaba... Tenía esperanzas de que fuera Torom el que estaba ganando.
La otra presencia seguía rodeando el lugar de una manera aleatoria. Con algo menos de agilidad que Torom, Jason intentaba seguirla gracias a un par de sonidos que tenía que emitir para moverse... Pero siendo sincero, no tenía mucha idea donde estaba.
- ¡Cuidado! - gritó Camile
No había nada por los lados. Jason miró hacía el cielo ¡Ludovico estaba arriba de él! Gracias a sus rápidas piernas, Jason logró esquivarlo. Al llegar al suelo, Ludovico no perdió tiempo en pararse y se impulso hacía él, empujándolo hacía unas cajas.
Jason abrió inmediatamente sus ojos. Ludovico estaba al frente de Camile...
Torom estaba algo mareado. Antoine agarró sus ropas y lo levantó un poco.
- En los bajos mundos – dijo Antoine como apenado – ayer somos amigos, hoy enemigos...
Un directo golpe en la cara recibió Torom. La expresión de Antoine hizo parecer que también le dolía a él.
- Pero no te preocupes – continuó Antoine soltando a Torom – no pienso
matarte... - subió la vista para ver a Ludovico y Camile – ya hice mi parte hermano, lo demás es todo tuyo
Torom movió un poco mano. Estaba adolorido y se le nublaba la vista. Ahí miró a Antoine. Perdió la consciencia en ese instante.
Ludovico miró a Camile. Camile a Ludovico. Ludovico levantó su cimitarra y la dejo rozando el cuello de Camile.
- Esta es... - dijo Ludovico – la última oportunidad que te doy para huir
Camile sentía como el filo de la brillante cimitarra rozaba por su piel. Pero no perdería su concentración. Tenía su objetivo al frente y le faltaban como 10 horas. Una inusual seriedad inundó su expresión. Ludovico frunció el ceño ante eso.
- Necia... - dijo Ludovico
- Yo sé que no quieres matarme – dijo Camile, cambiando su expresión
Ludovico mostró más enojo en su cara. No le gustaba que le dijeran eso
Porque era verdad...
- Me tienes aquí – dijo Camile abriendo los brazos – puedes matarme si
quieres... - ahí unas lágrimas aparecieron en sus ojos – aunque sabes que al fondo tampoco quiero morir
La mano con la cimitarra de Ludovico empezó a tener un suave temblor. ¿Por qué? Maldición, su maestro le había dicho que no podía caer en estas clases de cosas. Pero ella... ella... cuando se conocieron ella...
"El robo de aquel medallón había sido algo muy complicado para el trío de Lucy, Lulú y Antonia. Desde que fueron conocidos por el robo de la diadema real, cada uno de sus movimientos era vigilado con el mayor de los recelos. Mientras escapaban, Antoine tuvo problemas para saltar cierta ventana. No se le ocurrió mejor idea a Ludovico que romperla con una patada para que pudiera salir. A cambio, varios pedazos de vidrio quedaron enterrados en su pierna, dejándolo sin movimiento alguno. O por lo menos no podría huir con rapidez Lo único que les quedó por hacer era que Lulú se escondiera en un par de matorrales que había en el jardín. Igual, era difícil que creyeran que con las habilidades que tenían se iban ha esconder. Pero alguien en ese momento los vio. Ludovico se sentía bastante mal sentado ahí sin poder mover su pierna. Hasta inútil ¿Cuando podría moverse? ¿En 1 día? ¿En dos? ¿Qué podría hacer en todo ese tiempo? No podía usar sus poderes de la canción de la sirena para curarse a si mismo. Sentirse inútil en esos momentos es algo que desespera a cualquiera. - ¿Estas bien? Una joven estaba al frente de él. Ludovico no pudo evitar mostrarse asustado. Había estado llorando un poco por el dolor, mientras se sacaba pedacito a pedacito los miles de fragmentos de vidrio que estaban en su pierna. Se limpió un poco las lágrimas - Parece que no Con un movimiento de su bastón, ella sacó todos los pedazos de vidrio de la pierna de Ludovico. Cerró los ojos, el bastón empezó a brillar. De a poco, Ludovico sintió como desaparecía el dolor de su pierna. - ¿Por qué? - preguntó Ludovico - ¿Por qué lo haces? Ludovico miró el suelo, no sabía como responder esa pregunta. - Jaja – rió la joven – eres muy tierno Ludovico aun no se había fijado bien en la niña. A parecer por sus vestimentas ella era noble, de los nobles más ricos del lugar. - No es la gran gracia... - exclamó Ludovico Perplejo quedó Ludovico ante aquella declaración. Un suave recuerdo llegó a su mente, el último sueño que había tenido antes de conocer a Nibel y perder toda su capacidad de soñar - No – mintió Ludovico Ludovico la miró un momento perplejo ¿Acaso será idiota? Bueno, nada podría hacerse ante eso - El mió... - dijo Ludovico parándose – es Ludovico, Ludovico Powelki... también me dicen "Lulú sangre fría" Las pupilas de Camile se achicaron por el asombro. ¿Estaba al frente de uno de los ladrones y asesinos más conocidos del momento? ¿Realmente este muchacho era Lulú sangre fría? Ludovico ya se había retirado cuando Camile logró volver en razón - Con que Lulú sangre fría... - se dijo a si misma Camile, sonriendo"
- No te interesa... – contestó Ludovico
- Yo puedo ayudarte – interrumpió a Ludovico
- No sé – dijo Camile - ¿Hay que tener un por qué para todo?
- ¿Tierno? - preguntó Ludovico un poco sonrojado
- Si... - afirmó la niña – la expresión que pusiste fue muy tierna
- Yo no soy tierno
- Si, seguro, ¡Y yo soy la princesa de Mimir!
- Oh, su majestad – contestó Ludovico – me debo ir
- Entiendo... - dijo la joven – igual... tú eres de los que pueden salir a viajar a cualquier parte...
- ¿No? - dijo ella – yo quiero viajar... pero mi padre no me deja... ¿Alguna ves has escuchado sobre la ciudad en los cielos?
- Que mal – dijo la joven – pero no importa, sé que algún día podré viajar y sabré como llegar ha ese lugar. Estoy segura
- ¿Y por qué me lo cuentas a mi? - preguntó Ludovico
- No sé – contestó ella – te encuentro tierno
- No sabes con quién hablas – exclamó Ludovico
- ¡Tienes razón! - interrumpió ella – no nos hemos presentado, mi nombre es Camile, Camile Miric ¿Y el tuyo?
Si es que mataba a Camile en este momento, cortaría su camino hacía su
sueño. Pero... ¿Por qué ella no se iba y lo dejaba en paz? ¿Acaso.... ¿Acaso vio que él alguna ves soñó lo mismo?
Camile sonrió, lo sabía, ella lo sabía... Ludovico no era mala persona, su corazón no era frío como todos decían. Él era bueno, si, solo había sido educado para no serlo.
Jason miraba aquello. Ahí se dio cuenta que realmente habían sido un estorbo para Camile todo este tiempo. Ella sabía como enfrentar a Ludovico, tenía un arma que destruía a cualquiera
Cuando un demonio que no debe amar empieza a sentir los primeros latidos del amor, tiende a confundirse, a no entender. ¿Qué es esto? ¿Por qué no es tan fácil matarla? Con solo un pequeño movimiento de la cimitarra sus segundos estarían terminados.
"- Pero ya sé – dijo Jason – en las dos situaciones debe enfrentar a Camile... pero ¿Qué debemos hacer nosotros?
- Hacer que la enfrente – dijo Lidda
- ¿Cómo? - preguntó Jason
- Lo más probable es que mañana Camile gane – continuó Lidda – pero ahora, en la realidad, ella es un demonio. Debe enfrentarla"
Aquel recuerdo hizo despertar a Jason y levantarse. ¡No podía dejar que Camile ganará! Pero... ¿Qué debía hacer? El brazo de Ludovico temblaba al frente de Camile. No había tiempo para pensar
- ¡Debe haber otra forma de enfrentarla! - gritó Jason
- ¿Qué?
Jason corrió hacía Ludovico, empujándolo. Los dos terminaron girando en el suelo
- ¡Un caballero nunca mataría a una dama! - gritó Jason cuando terminaron de girar. Quedando el arriba de Ludovico, agarrando sus brazos
- ¡Yo no soy ningún caballero payaso! - le respondió Ludovico
- ¡Pero así es el Ludovico que conozco! - continuó Jason - ¡A pesar de querer no aparentarlo es un caballero ante todo! ¡Una persona valiente e inteligente!
- ¡No hables estupideces! - gritó Ludovico
- Se que la amas – dijo Jason – pero no le harás ningún favor sino la
enfrentas ¡Ella necesita que le des la cara para poder dejar de ser demonio!
- ¿Dejar... - dijo Ludovico cambiando su expresión de enojo a asombro - ... de ser demonio?
Jason afirmó con el movimiento de su cara. Soltó a Ludovico, este no se movió en como dos segundos.
- Demonio... Camile es un demonio...
Ludovico se sentó
- Camile... El demonio es Camile...
Ahí se paró. Los ojos de Jason se humedecieron un poco. Al frente suyo estaba el Ludovico que conocía, el adulto de 33 años. Ludovico miró a Jason
- Gracias – dijo suavemente
Y después miró a Camile. Ella ya no era la niña de 15. Sino una mujer de 21 años, hermosa, se podría decir que parecía una princesa. ¿Pero no es el demonio que conoció? Ahora no lo era
- Ludovico... - dijo Camile con una expresión triste – tú... - miró su mano, en la cual había un anillo – me prometiste...
Ahí, Ludovico miró un medallón que tenía colgado. Más que un medallón, un anillo que estaba en la cuerda. Este era un anillo de compromiso. Jason no pudo ocultar la impresión.
- Qué... - de a poco la expresión triste de Camile cambiaba a enojada – que después de casarnos... viajaríamos juntos... estaríamos juntos... pero.. - ahora, su cara cambiaba de a poco a la cara de la Camile demonio – Ese niño... Orfeo... me demostró tú traición ¡No puedo perdonar aquello! ¿¡Cómo pudiste desgraciado!?
Ludovico cerró los ojos, los abrió a la mitad después. Miró a Camile
- Si pude – respondió Ludovico caminando hacía Camile – soy un desgraciado
- Maldito....
- Pero Orfeo no tenía la culpa – continuó Ludovico – el no tenía que pagar mi error
Ahí, Camile intentó darle una cachetada a Ludovico, pero este agarró su brazo en el aire.
- No creas que diciendo eso me arrepentiré – dijo Camile con algunas
lágrimas en sus ojos – tú no entenderías... no entenderías lo que sentí...
- Soy ignorante de eso, tienes razón – contestó Ludovico
Ahí, Ludovico empujó a Camile hacía el y la abrazó fuertemente.
- Pe-pero... - dijo Camile
"Con un latir comenzó
y de ahí nunca paro
Sea lo que sea
tú significado en mi
me altera el corazón
desde ahí
nunca paró"
- Lo único que sé – dijo Ludovico – es que aun te amo...
- Ludovico... - fue lo único que pudo decir Jason antes de no poder ver nada más
¿Qué estaba pasando? Un brillo lo había segado. Un círculo mágico, igual al que vio cuando entro a la trampa los había rodeado.
Oscuro
¿Dónde estaba? Sentía su cuerpo completamente entumido. Jason abrió los ojos con mucho esfuerzo. Había algo al frente suyo, estaba borroso... Lo primero que noto fue que en el fondo estaban Torom y Tyra inconscientes apoyados en unos árboles de un bosque. Ahí pudo ver lo que estaba en primer plano. Una espada atravesando una serpiente. Moviendo un poco su vista, vio a quién sostenía la espada. Un cansado Ludovico, jadeando. Al frente de Ludovico estaba Camile, la Camile demonio.
- Con que lograste escapar... - dijo Camile – tendré que acabar contigo y tu ayuda parece...
¿No había nadie más consciente? Jason se desesperó. Cualquier movimiento delataría a Camile que él estaba despierto ¿Qué podía hacer?
- Yo puedo ayudarte...
Aquella voz... era la del joven que lo había dirigido hacía la trampa. Jason se acordó que podía hablarle con solo el pensamiento
- ¿Cómo? - pensó Jason
- Si me dejas tomar tu espada, podrás vencerla – dijo muy seguro el joven
- ¿Ah? - dijo Jason inseguro
- No tienes otra opción – continuó el joven – todos los demás están
inconcientes, levántate
Tenía razón. Él le había mostrado el camino para encontrar a Ludovico, no se mostraba ninguna razón para dudar en él. Jason se levantó. Al hacerlo, vio al joven. El cual ya no era un joven, sino un espadachín de 30 años. Jason desenvainó, el joven puso su mano sobre el mango del sable oxidado
- Gracias – dijo el joven – por creerme
Camile no esperó ha hablar para atacar al único ser con conciencia que estaba ahí. Jason se movió rápidamente, casi sin pensarlo. Saltó hacía delante, evitando una y otra ves las garras de Camile . Pero, a la ves, avanzaba hacía ella. Camile frunció el ceño, le costaba agarrar ha este escurridizo personaje.
- Increíble... - pensó Jason
- No pierdas la concentración – interrumpió el joven
Choque entre las garras y el sable oxidado. Habían llegado justo al frente de Camile. Camile retrocedió un par de pasos, pero después atacó directamente desde el suelo. Jason lo evitó fácilmente
- Ahora – dijo el joven
Una vuelta en el aire, con golpe preciso al hombro, hizo caer a Camile al suelo
- No me ganarás con eso... - dijo Camile, regenerando su herida
- Pe-pero... - dijo Jason, viendo que realmente no le habían hecho nada a Camile
- Mantén la calma – interrumpió el joven a Jason – esta no es una batalla de fuerzas
Jason pasó a no entender nada. Pero siguió evitando los ataques de Camile. Desesperándola de a poco. Jason sonrió, ya entendía. Sino puedes dañarla físicamente, hay que bajarle el ánimo. Aunque sentía que era algo sucio
- La lástima solo nos hará perder...
Después de esa frase, el sable oxidado voló por los aires. Sorprendidos, el joven y Jason miraron al autor de tal movimiento
- Esta es mi batalla... - dijo jadeante Ludovico
Camile empezó a reírse muy fuertemente, la situación parecía hasta cómica. Ludovico siempre había sido tan... tan...
Sin poder pensar que era Ludovico termino Camile, al ver que este se dio vuelta y su espada apuntaba hacía ella.
- No me obligues ha usar mi espada – dijo Ludovico
¿Qué? Bueno, Ludovico aun amaba a Camile, pero se dio cuenta que no podía evitar enfrentarla. Tenía que encararla, ponerse al frente de ella.
- Desgraciados – gritó Camile - ¡Tú y Dazaja son unos desgraciados!
- ¿Dazaja? - preguntó Jason mientras Camile desaparecía
Ludovico no pudo soportar más en pie. Sus piernas estaban débiles. Así que terminó incado en el suelo justo después de la desaparición de Camile
- ¡Ludovico! - gritó Jason corriendo hacía Ludovico - ¿Estas bien?
- Estoy bien... - contestó Ludovico – solo algo débil por la trampa... mejor despierta al resto... ha sido un duro día para todos...
- ¡Si-si! - dijo Jason, sonriendo un poco
Por un momento, mientras despertaba a los demás, Jason busco si estaba por ahí el joven. Pero este no estaba.
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Para el alivio de todos, nadie estaba herido. Ni siquiera Sikoth. El único que necesitaría descansar algunos días era Ludovico. La única explicación que encontraron a su estado era que no había comido en un par de días.
- Calma... - dijo Ludovico – no es para tanto... solo debo caminar algo lento
- Quizás sea conveniente volver a Ravenloft – dijo Koru
- Pero igual son un par de días de viaje – interrumpió Torom
- ¿Qué no me escucharon que no tienen que preocuparse? - preguntó Ludovico levantando la voz
Todos callaron. A pesar de estar débil, Ludovico aun inspiraba respeto solo con su presencia en el grupo.
- Pues... - dijo Ludovico – me sorprenden... preocupados por mi después de los que los hice pasar...
- No se preocupe... sabemos que no fue su intención – dijo Tyra
- Mis disculpas – dijo Ludovico haciendo una pequeña reverencia al grupo – especialmente ha usted señorita maga-ninja-shinobi, la hice pasar un muy mal rato
- Y a Sikoth – interrumpió Koru
- ¿Qué? - dijo Ludovico mirando a Tyra – a él le hice un favor
- ¿Ah? - preguntó Tyra
- Nada señorita – dijo Ludovico al ver que hizo que Sikoth quedara completamente rojo
Ahí Ludovico se sentó en una piedra cercana. Se sentía muy cansado aun
- Déjenlo – dijo el joven detrás de Jason – siempre ha sido igual de necio
- ¿Qué haces aquí? - pensó Jason -
- Siempre he estado con ustedes – dijo el joven – bueno, con el cabeza dura de Ludovico mejor dicho
- ¿Cómo? - pensó Jason
- Se podría decir que soy algo como su espíritu protector – contestó este –pero tú puedes llamarme Dazaja
- Dazaja... - pensó Jason – gracias...
- No hay de que – dijo Dazaja – tú me ayudaste, como creíste en mi, igual como lo predijo Ludovico
- Ludovico pensó que serías el único... – dijo Dazaja con una gran sonrisa - idiota que le creería a un espíritu que él solo ve. Pero no te preocupes, no te molestaré sino quieres
- Y yo pensaba que me tenía confianza... - pensó Jason
- Je, quién sabe – dijo Dazaja – pero solo estoy aquí para decirte una cosa
- ¿Qué? - pensó Jason
- Yo solo ayudaré cuando Ludovico este en problemas – dijo Dazaja – tus problemas y los de los demás no son de mi incumbencia
- Entiendo... - pensó Jason
- Y que tengan cuidado... - dijo Dazaja – hoy seremos aliados... pero mañana no sé
Jason no pudo pensar su siguiente pregunta cuando Dazaja desapareció. ¿Qué se refería con que mañana no serían aliados? Ahí se acordó la frase del encapuchado que se encontró con Camile "El ensamblador debe matar a cualquiera que intente juntar las piezas de la pluma de Oth". Jason se sacudió la cabeza... No, el no creía que Ludovico les haría algo.
- Toma – dijo Lidda mostrándole el collar de Sibel a Ludovico – esto es tuyo
- Los regalos no se devuelven – dijo Ludovico a Lidda
- ¿Regalo? - dijo Lidda lanzándole el collar de Sibel - ¡Esta cosa trae muchos problemas! No la quiero... - ahí Lidda se da vuelta y camina muy segura
- Eso significa... - dijo Ludovico con un tono de voz muy triste, recogiendo el collar - ¿Qué me rechazo?
Lidda no pudo evitar darse vuelta y mirar a Ludovico preocupada.
- ¡Igual me quiere algo! - dijo Ludovico sonriendo al ver la reacción de Lidda
- ¡Idiota! - gritó Lidda, la cual no pudo evitar sonreír un poco
De todas maneras, había estado algo preocupada por este tonto...
- ¿Esto sería más entretenido si yo fuera hafling cierto? - preguntó Ludovico
- ¡Ya deja de decir cosas tontas! - contestó Lidda
Aunque a veces sería mejor haberlo dejado con Camile... Pero, después de esa frase, se notó que Ludovico estaba bajo en fuerzas, porque bajo la vista. Lidda lo miró preocupada. Al notar eso, Ludovico decidió cambiar de tema
- Hablando jóvenes... - dijo Ludovico – creo que en todo este tiempo ya tendrán el dinero para pagarme ¿No?
Todos miraron a Ludovico bastante confusos. Era lógico que no tuvieran el dinero
- Perdimos el barco cuando estabas con nosotros – contestó Torom
- ¿Perder? - dijo Ludovico – ustedes lo perdieron... yo le mande un mensaje a un viejo amigo para que lo cuidara. No les dije nada para ver si reaccionaban, pero son más descuidados de lo que parece
- Definitivamente no puede perder ni una moneda de cobre... - dijo Koru mirando al cielo
- Pero no crean que con que yo me quede con el barco – dijo Ludovico –
quedarán absueltos... aun quedan los intereses
- ¿Intereses? - preguntaron todos, ya que algunos casi nunca habían
escuchado esa palabra
- ¿No es algo de bastante mala clase cobrarnos eso – preguntó Lidda – cuando te salvamos la vida?
- Esas son cuentas distintas – contestó Ludovico – y yo sé como pagarles el favor con algo más valioso... información
Ahí, Ludovico levanta con su mano derecha el collar de Sibel
Nota:
aquí va la escena comic:
.com/comics/88912/
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Aghamen miraba un par de tumbas. Estas estaban en un cementerio bastante especial… El cementerio real. Nadie, excepto la familia real podría estar ahí.
- Siria… Orfeo…
Estaba en su forma de hombre. Vestido completamente de negro. Era tan así, que las partes blancas de su piel resaltaban ante cualquier persona que lo viera.
- Ludovico… por favor… no te mueras…
No podía pedir aquello. Ludovico ya lo había decidido hace tiempo: No iba a evitar que reunieran las piezas de la pluma. Lo cual declaraba su muerte de aquí a que alguien juntara las piezas.
- Estaré sola… sola…
Eso era mentira. Aun quedaba Archenius… Pero ese mago ya estaba tan viejo que se había retirado. Hace más de un año que no veía a la persona que la condenó ha ser mujer en cuerpo de hombre. Aunque fuera el único ser que quedará que supiera su secreto, no iría a verlo…
- Siria… ¿El cielo es hermoso? Debe serlo, espero que cuides a Orfeo… porque es muy difícil que vaya hacía allá… Los extraño, a los dos…
Una lágrima recorrió su mejilla, terminando en su mentón, para después caer libremente al suelo.
- ¿Llorando sobre leche derramada?
Esa voz no era la suya. Sabía quién era… Miró hacía esa persona.
- Camile… - Aghamen volteó para ver a su visitante - ¿qué paso? ¿Ludovico escapó?
- Ese no es tu asunto, mujerzuela – contestó Camile enojada – solo venía por una duda que tengo
- ¿Por qué aquel día los saque del bosque? – dijo Aghamen
Camile afirmó con su silencio. Aghamen sonrió
- Era el deseo de Ludovico… - respondió finalmente su majestad – a pesar que me quedaban pocas fuerzas… después de la muerte de Orfeo… no me quedaba más que hacer lo posible. Él nunca ha querido que otras personas se entrometan en sus problemas
- Siempre igual – dijo Camile cerrando los ojos – en 12 años no ha cambiado nada
- ¿Acaso no te acuerdas que tú le enseñaste ser así? – preguntó Aghamen, frunciendo el ceño
- No – contestó Camile – yo no le enseñe nada… solo le dije que fuera él mismo…
Aghamen no tuvo más remedio que cerrar la boca ante esa respuesta. ¿Qué podía hacer?
- Sea lo que sea – continuó Camile dando un par de pasos para retirarse – me queda poco tiempo para vengarme de él… - entrecerró los ojos - una lenta y deliciosa venganza…
La vista de Aghamen volvió a las tumbas. Especialmente a la lápida de Orfeo. Su pequeño… Orfeo…
- Venganza… - se dijo a si misma – a lo que llega la venganza
- ¿Me harás algo? – preguntó Camile sonriendo – sabes que él no te lo perdonaría
Los puños de Aghamen estaban muy apretados, sus dientes casi no se podían mover por la presión. Pero, un pensamiento, un recuerdo, cambio todo. Esta empezó a reírse fuertemente
- ¿Qué acaso te volviste loca? – preguntó Camile
- Sé que no puedo hacerte nada – contestó Aghamen sin dejar de mirar las tumbas – sé que él te ama… - se da vuelta para ver a Camile, pero esta ves tiene su forma de mujer – pero yo tengo dos grandes ventajas sobre ti…
- Siempre has sido buena para inventar cosas Aghamen… - contestó Camile
- Recuerda, son 12 años… - interrumpió Aghamen a Camile - ¿Qué ha pasado en esos 12 años? Yo lo sé, usted no
Ahora, la incómoda era Camile. Aghamen sonrió
- Y que nunca se te olvide – siguió Aghamen – tu quieres solo a Ludovico, yo a él y a Dazaja…
Silencio, las pupilas de Camile se achicaron hasta lo que más no pudieron. Una gota de sudor recorrió su mejilla. Pero después cerró los ojos, respiro un poco y se calmo
- No me afecta – dijo finalmente Camile – ¿Cómo puedes decir eso si lo
dejarás morir?
Aghamen volteó hacía las tumbas. Orfeo… Siria… Camile se retiró, sin decir nada más
He hecho callar mi corazón muchas veces en mi vida. ¿Esta será otra más?
No siempre el bien se hace siendo honesto, no siempre lo mejor es ser justo…Ya no somos niños, ya no queremos pensar en ilusiones...
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