Dichas en alto, estas tres palabras suenan mucho mejor que verlas escritas. Empiezo a llorar y a llorar. Las personas lloran cuando nacen. Y eso demuestra dos cosas: Que he vuelto a nacer, y que soy una persona normal.
-¡Ja…! Me alegro de que te haya gustado mi sorpresa.
Me abalanzo sobre él y le abrazo con mucha fuerza. Se agacha a mi altura y me devuelve el abrazo. No me deja hasta que consigo dejar de sollozar y me limpio las lágrimas. Me mira a la cara y me dedica una gran sonrisa.
-¡Ja…! Bienvenida al mundo real, Venoma Mia. Te estábamos esperando.
Al oír "Venoma Mia", estallo en una gran carcajada animada, aunque todavía me estoy secando las lágrimas de la emoción.
-Le quiero tanto, señor Armando… ¡Le quiero mucho, más que a nada en el mundo!
-¡Ja…! El sentimiento es mutuo, bonita.
El Magatama no miente: sí que simboliza la familia… Porque he encontrado una. Mi verdadera familia.
-Todo está listo. Terminé los papeles necesarios. Ya no volverás a sentirte sola nunca más. Acabas de demostrar a todo el mundo que te consideraba aislada que se equivocaba.
-Desde que le conocí… Nunca más he estado sola. Me ha abierto los ojos una vez más…
-Sé que eres muy educada, pero ya no necesitas tratarme de usted. Te vas a venir conmigo, hay confianza. Puedes llamarme Diego. O… (…) Nada, da igual. Diego está bien.
Yo también sé leer entre líneas. Sé lo que no ha querido decir. Sonrío por ello.
-Muy bien, Diego. A partir de ahora, quiero ser como tú. ¡Quiero ayudar a las personas, quiero aprender de ti!
-¡Ja…! Está bien, pero eso vendrá más adelante. ¿Estás lista? Te llevaré a tu nueva casa.
-¡Estoy lista…Diego! ¡Estoy ansiosa por ver mi nuevo hogar! ¡Seré tan feliz…! Bueno, qué digo, ¡Ya lo soy!
Creo que esto le ha sentado bien.
UNOS MINUTOS MÁS TARDE…
-Aquí es. Esta es mi casa. ¿Te gusta?
-¡Sí, mucho! ¡Tu casa es como un palacio! Es muy bonita.-musito, admirada.
Nunca había visto algo tan grande para vivir.
-¡Ja…! Bueno, ahora también será bonita por dentro, porque vivirás aquí.
Al oír estas palabras, se me escapa un chillido de felicidad. Nunca nadie me había dicho algo así.
Entramos en casa. Es grande y espaciosa, bien distribuida y muy tranquila. Está llena de paz. Algo me dice que seré feliz aquí.
-Aquí está el salón, el comedor, la cocina por aquí…-Diego me lo explica todo.
Me alegro de que me lo cuente con todo detalle… Señal de que voy a estar aquí mucho tiempo…
-Luego te lo explicaré todo mejor, ahora vas cargada. Subamos. Aquí están las escaleras. Sígueme.
Hago lo que me pide, y vamos escaleras arriba. Voy fijándome en mi nuevo hogar. Hay algunas fotos colgadas… Son de Mia y Diego, mayoritariamente.
Se ha dado cuenta de que miro las fotos.
-¡Ja…! Ahora, tus fotos también estarán en la pared. Eso dará luz a la casa como si pusiéramos muchas lámparas dentro.
Apropiadamente, me brillan los ojos al saber que formaré parte de la historia de Diego… Y él de la mía. De la que he empezado a escribir desde que me he sentido alguien
(…)
Diego abre una gran y moderna puerta hacia la izquierda dando paso a una habitación inmensa, aunque vacía. Está bastante triste, y le falta algo de pintura, pero nada que no pueda arreglarse.
-Este será tu cuarto. He procurado que sea la habitación más grande que había, para que tengas tu espacio y tu intimidad. Sé que tanta seriedad no pega contigo, ricura, pero le pondremos muebles, y la podrás decorar como a ti te guste. Y pintaremos la pared de tu color favorito.
Miro la estancia, solemne. Puedo hacerme una imagen de cómo quedará cuando esté decorada. Paseo por encima de las baldosas, recorriéndolo todo con la mirada. Me acerco a unas cortinas gruesas que hay en el lado opuesto.
-¿Puedo?-pregunto.
-¡Ja…! Adelante.
Corro las cortinas con un movimiento enérgico. La radiante luz se filtra por la ventana, multiplicando la alegría del lugar por diez en un momento.
Miro a través del cristal por el que se filtra el brillante haz. Hay unas vistas magníficas de la ciudad. Si miro abajo, distingo el jardín que da a la entrada.
Me quedo fascinada por semejante visión. Lo que más me llama la atención es un paisaje del fondo, que no se ve muy claro, pero no tengo duda. Hay unas edificaciones rudimentarias de diseño japonés, unos pilares de piedra pulida y una cascada en la penumbra.
No tengo ninguna duda. Es la villa Kurain. El hogar de Mia.
Diego se acerca a mí y me rodea con su brazo.
-Lo sé. Yo también la echo de menos.
Le miro a la cara. Puedo ver que bajo su sonrisa se esconde una gran pena dentro.
-Pero ahora tengo a otra gatita en casa. Espero que se me dé mejor cuidar de ella, de esta nueva Mia.
Se refiere a mí. Creo que no me merezco que me tenga en tan alta estima.
-Diego… Sé de sobras que para ti nunca habrá nadie como Mia. Ni siquiera yo.
-¡Ja…! Es distinto, pequeña. Cuando te miro… Veo a Mia. Veo la forma en la que me la arrebataron.
Me callo, triste, y dispuesta a escucharle.
-No pude salvarla. El veneno me separó de ella. Cuando por fin desperté, soñando en tenerla entre mis brazos de nuevo, recibí la peor noticia que pude recibir.
-Aún peor que haberse quedado ciego y que todo hubiese cambiado así…-añado.
-Mucho peor, muchísimo. Mia había muerto. Y yo no hice nada para salvarla. Nunca me perdonaré por eso.
-Diego…-murmuro, triste.
-Pero ahora… Te he conocido a ti. Eres muy parecida a ella, en muchos sentidos. Y esta vez, no te perderé. No permitiré que te separen de mí… Pequeña Mia.
-Yo tampoco soportaría que me separaran de ti. Has hecho más por mí en unos días que lo que ha hecho mi padre biológico por mí en toda mi vida.
-¡Ja…! Ese tío no sabe a lo que renunció, preciosa. "Solo los seres inteligentes son capaces de apreciar la dulzura en un café aparentemente bien amargo". Es una de mis reglas. Recuérdala.
-La recordaré. Ahora que sé que pertenezco a este mundo… Haré todo lo posible por encajar en él. Estudiaré duro, y ayudaré a los inocentes, como tú y Mia.
-Claro, yo te enseñaré todo lo que necesites saber. Pero acepta mi consejo y no pierdas nunca la sonrisa. Un buen abogado sonríe por muy mal que le vayan las cosas. Si puedes sonreír como solo tú sabes aun estando angustiada por dentro… Serás de las buenas.
-Eso es muy cierto. No te puedo pagar lo que has hecho por mí ni en una eternidad, así que haré lo que pueda, empezando por obedecerte, entre otras cosas, porque tienes toda la razón.
-Buena chica. Bueno… Vamos al salón a charlar, estaremos mucho más cómodos, y te podré enseñar el resto de la casa.
-Vamos.-obedezco, sonriente.
Ambos bajamos al salón. Es la hora del café, es decir, la merienda. Pero hoy cocino yo. Vamos a ver si puedo usar bien la cafetera. Preparo café para Diego y una leche con chocolate para mí.
-Pruébalo, y dime qué tal. Le he puesto un poco de azúcar.
-¡Ja…! Un toque muy tuyo, pequeña. Vamos a ver qué tal está.
Diego coge la taza y sorbe un poco de café de ella. Yo estoy ansiosa por conocer su veredicto final.
-¿Qué tal? ¿Está bueno?-le pregunto, angustiada.
-Hmmmm…. La verdad, no sé qué decir, Venoma. Este café… "Bueno" no es la palabra para describirlo.
Suspiro de decepción. Creí que lo había hecho bien, pero nada.
-Oh… Lo… Lo siento. Yo creía que…
-¡Ja…! No me has dejado acabar. Tal y como te decía… Este café dice mucho de ti. No es bueno… Es el mejor.
-¡¿Entonces te ha gustado?! ¡Uf, menos mal! ¡Me alegro mucho!
-Eres grande, pequeña. ¿Sabes? Me acabas de demostrar algo. Hasta ahora, creía que tú eras el azúcar de mi café. Ahora veo que me equivocaba.
-¿…?
-Yo soy el café. Mia, mi preciosa gatita, es el azúcar. ¿Sabes lo que eres tú, Venoma? La cucharilla. ¿Te digo por qué? Porque nos unes a los dos.
-Ah… Me alegro de que pienses así. A ver… Tengo que aprender poesía cafenesa… ¡Oh, ya sé! Tú me has enseñado que dentro de toda taza hay una esencia. El café en sí. Antes yo era una taza, ahora soy un café completo. Así que, ¡Gracias!
-¡Ja…! No está mal… Y no hay de qué. Me encanta ver que no pierdes nunca esa sonrisa, Venoma.
Ahora me toca a mí. Bebo de mi taza de leche, y lanzo una gran sonrisa.
-Tú me has enseñado a ser feliz. Tú eres mi sonrisa…
¿Diego? No, mucho más.
-Papá.
Al oír esta palabra, deja de beber café por un momento. Se ha sorprendido. Pero casi al instante, me lanza una gran sonrisa, se levanta y nos fundimos en un cálido abrazo.
Mientras nos abrazamos, noto que el Magatama que tengo colgado del cuello brilla mucho, con una cegadora luz violeta. Es ella, que también está presente.
-Oh, tranquila, no me he olvidado de ti… Mamá.
Pronuncio esta palabra, y la veo. Es Mia, que me mira desde la penumbra del salón. Parece real. De hecho, es real. Y siempre lo será. Me lanza una mirada llena de bondad y alegría. Sus ojos todavía no han perdido el brillo de la vida. Y nunca lo harán.
Pues no puedes perder el brillo de la vida mientras tengas algo por lo que vivir.
Lo sabía entonces, pero no me había dado cuenta. Tuve miedo cuando Dahlia Hawthorne me envenenó, pensé… Pensé que iba a morirme. Pero no lo hice. Porque tenía (y tengo) un motivo muy fuerte para vivir. Más de uno, de hecho. Los principales tienen por nombre "Diego" y "Mia". Mis nuevos padres.
Ha escuchado que considero a Mia mi propia madre, y su alegría se ha multiplicado al oír el nombre de la mujer a la que ama profundamente. Me abraza con más fuerza, queriéndome transmitir que me quiere tanto como a ella, ya que le recuerdo tanto a ella.
Mia se acerca a nosotros con paso ligero. Nos mira con aprecio y se une al abrazo con suavidad y dulzura. Notamos que está aquí, con nosotros. Mia está aquí. Ausente pero presente. Y para mí, siempre estará presente.
