DE AMOR Y TRAICIÓN

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CAPÍTULO LV


Breves notas de las autoras:

¡Cuencas ya ha actualizado el Tumblr! Y yo prometo responder a todos los reviews en este fin de semana. Muchas gracias por sus comentarios, debemos decirles que Lord Aldor perfeccionó un escudo anti–tomates y está por prestárselo a Odín (no en este capítulo, no verán por ahora Asgard) Meh.

Bueno este capítulo se divide en dos: Svartálfheim/Nornheim y Nifflheim. Los acontecimientos de ambas secciones suceden simultáneamente. Es decir, el día en que envenenaron a Karnilla, Loki era recibido como el gran destructor del universo. Ah y ahora si que tenemos Thorki, y en el que sigue, habrá mucho más. ¡Esto esta muy intenso! Lo siento, somos las primeras que siempre nos emocionamos.

Por cierto es el cumpleaños de Cuencas así que pueden enviar felicitaciones y regalos. Nah, no es cierto pero esperamos poder encontrar alguna botella de vino, je.

ADVERTENCIAS: AU, angst, mitología nórdica.

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Capítulo LV:

Hjörtur rey consorte de Nornheim a su hermano Hrafn, rey de Vanaheim.

Hermano, que días tan espantosos hemos pasado. A mi amada le sirvieron veneno mezclado con vino durante nuestro encuentro de negociaciones. Ella es una bruja versada y precavida pero aún el mejor amuleto protector no puede contra todas las variedades de venenos que los norn dominan. Se desplomó asfixiándose entre mis brazos. Nubola y Aro, sus damas, nos auxiliaron de inmediato mientras a nuestro alrededor se armaba la batalla campal.

El negociador enviado por Oxater, Artabazo, fue aprendido por Celtigar a quien no tuve ni que ordenarle que lo arrestara. La guardia del anciano, incluidos sus dos nietos Agneir y Agneta, se nos escaparon. Es que estábamos con las manos llenas, entre Karnilla que se nos moría y Artabazo y Merak que son peces gordos; pues nadie se fijó en ese par. Bran se encargó de tomar prisioneros a coperos, escoltas, guardias, pajes y cocineros; entre los que debía estar la mano envenenadora.

Fue tristemente irónico que la persona más adecuada para salvar a Karnilla era ella misma, y que por lo tanto no estuviera en capacidad de hacer nada. Aro es igual bruja, la estabilizó pero parecía impotente para frenar el veneno. En cuestión de horas la respiración de mi amada se fue apagando y pensé que la perdíamos. Hagen tuvo una iluminación muy oportuna, la de darle a beber de su sangre la cual regenera todo. Eso la ayudó a recobrar en algo la conciencia, lo suficiente para que le indicase a Aro lo que debía hacerse.

Está convaleciendo a mi lado mientras te escribo esto. De eso hace cuatro días. Oxater nos atacó a las pocas horas del atentado, no le importó que amenazáramos con matar a Artabazo. Dispuse que se respetara su vida pues parecía tan horrorizado como nosotros por lo sucedido. A menos que sea el mejor actor de los nueve, creo que no sabía nada sobre lo que acontecería.

Hagen y Bran se ocuparon de repeler las fuerzas de Oxater. No sin dificultad. Este golpe rastrero no ha hecho sino envalentonar a nuestro ejército el cual se siente hondamente insultado.

Hallamos a los culpables. Al menos a los que ejecutaron las ordenes de Oxater. Verás, cuando se jura servir a un rey se pone el alma en ello. Con mi amada en cama, yo tuve que reunir a todos los miembros de nuestro séquito. Les recordé que juraron fidelidad y con ayuda de Aro, les exigí recitar este hechizo por el cual un siervo jura por su sangre que es leal; y si miente, pues se pone grave y sangra por la nariz y la boca. Una medida interesante de dar con conspiradores, excepto por el hecho de que necesitas que la gente esté dispuesta a pasar por tan particular prueba. Todos obedecieron y luego les pregunté quien había sido. La sangre delató a los responsables, eran dos miembros de la guardia de mi amada que estuvieron presentes en la reunión. Hablaron y confesaron todo, ya sabían que los íbamos a apresar pero estaban dispuestos a correr el riesgo.

Hagen y yo ejecutamos a ambos guardias porque como somos familiares de Karnilla éramos los más agraviados. Fueron puestos de rodillas ante nosotros y los acuchillamos hasta la muerte. Debo admitir que, siguiendo el ejemplo de Hagen, no les toque puntos vitales para que fuera la hemorragia más que las heridas los que acabaran con ellos. Encontrar la muerte así, como si fueran animales, es uno de los peores castigos para un norn. Fue espantoso de infringir aunque me asolaba la rabia más pura.

Mi bella esposa estará bien y venceremos a Oxater. En la siguiente pelea Hagen será el campeón vociferador, nuestro encuentro está pactado para dentro de dos días. Te tendré noticias hasta entonces.

Te quiero.

Dile a madre que no le devolveré a Celtigar jamás, ya puede ir regalando sus tierras a sus familiares.

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Lord Aldor era, posiblemente, el hechicero más experimentado de los nueve. Inclusive más que el propio Odín, porque el Padre de Todo había dedicado sus energías a gobernar y no a la magia. A lo largo de su vida, el istyar había conquistado conocimientos en diversas cuestiones mágicas, desde la transformación hasta la cosmología, desde las pociones hasta las maldiciones; e incluso en demonología, por algo sabía exorcizarlos cuando se los encontraba.

Solía ser tajante en sus opiniones y a menudo lo que decía sonaba prohibitivo; pero cuando decía "no" siempre tenía detrás de ello un "porqué". No solía cambiar de opinión salvo en casos de extrema necesidad y no lo gobernaba una soberbia tan cegadora como para no poder reconocer cuando se equivocaba. Había decidido impulsar el matrimonio entre Eyvindur y Svadilfari. Su más grande anhelo era la unificación de ambas razas de elfos, una labor que consideraba la obra de su vida y que se veía en ese momento tan palpable que pensaba que desaprovechar una oportunidad así podía traer un retraso de siglos en la alianza. El precio podía ser muy alto, y por supuesto que estaba hablando de la vida de su hijo.

Eyvindur había accedido a permitirle revisar el estado de su vord y los cambios en su seidh derivados de su encuentro con Hela.

–Entonces revisarás mi cuerpo espiritual como si le dieras vuelta de adentro hacia afuera –dijo Eyvindur recostándose sobre una mesa de exploración. Estaba vestido pues la revisión no requería ver su cuerpo físico. Lord Aldor encontró su comentario aberrante, miró a su hijo confuso. –Como si fuera una prenda de vestir –añadió con lo cual no ayudó en nada. Le sonrió a Lord Aldor, –estoy de broma.

–Esto es sumamente serio –se quejó el lord y su hijo se quedó muy quieto.

Nadie entendía a fondo los secretos de los foreldrar, posiblemente ni siquiera Loki o Karnilla lo hacían. Lord Aldor pasó sus manos sobre Eyvindur y pudo vislumbrar su espíritu. Lo conocía, no era la primera vez que le hacía esto. La huella de la magia de Hela se había extinguido, pues Eyvindur había asimilado del todo esa energía. El istyar podía conocer que tan basto era el seidh de un hechicero y que tan variable era su magia, pues así era como se revisaban a los candidatos a istyar.

–¿Crees que el aether podría afectarnos a Svadilfari y a mí? Lo hemos conservado en nuestros cuerpos por más tiempo del que esperábamos.

Se decía que el aether había enloquecido a Malekith, aunque él había tratado de contener toda su fuerza por sí mismo.

–No –dijo Aldor que igual podía ver esa energía corriendo por el cuerpo de Eyvindur, como un ente aparte. Las reliquias no generaban magia vinculante, quizás tampoco le estorbaría a Eyvindur para concebir un hijo, pero eso era algo que era mejor no averiguar. Svadilfari ya estaba elaborando los planos para el nuevo observatorio donde depositarían el aether. Sin la reliquia los viajes entre mundos estaban limitados y era mejor utilizarla en un observatorio que tenerla resguarda dentro del cuerpo. –¿Sabes por qué esta magia siempre permaneció oculta en Vanaheim? –Eyvindur negó. –Me di la tarea de investigar un poco de historia: el primero de los foreldrar fue Hoster, el de los ojos verdes, Hoster el nigromante. Durante cientos de años, los sanadores han abierto los cuerpos de los muertos para estudiar la naturaleza de la vida, pero Hoster que ya poseía ese don, quería comprender la naturaleza de la muerte. Sus hijos heredaron sus dones y se ocultaron volcándose en perfeccionar su magia.

–¿Así fue cómo dejaron de existir?

–Morían cuando sus hijos nacían, sí. Y por supuesto sólo se daban entre los vanir, el que exista uno jötun y uno elfo, no es normal. Considero que, si Hoster lo supiera, no le agradaría.

Lord Aldor encontró una marca en el vord de Eyvindur. Era rojiza y cuando la tomó para averiguar que era, esta tomó una pequeña figura de un dragón. Los amantes solían crear lazos y dejar huellas en el vord de los que eran hechiceros. En sí, no era nada de lo que tuviera que preocuparse.

–Sé que no estás de acuerdo en que posea esta magia ¿la sellarás dentro de mí?

–Confiaré en que sabrás usarla aunque mi consejo es que no la utilices en demasía. Y además, deberemos estudiarla para catalogarla como se merece. –Eyvindur se puso en pie pero antes de que se marchara entró una mujer. –Esta es Lomin, es una nolmë –es decir una sanadora experta en gestantes. Eyvindur compuso un rostro serio. –Quiero que revise tu cuerpo. Tiéndete de nuevo, por favor.

–Su majestad –la elfa le hizo una reverencia pero no le pidió que volviera a recostarse en la mesa, en cambio le tomó una mano y le picó un dedo con una aguja para extraerle sangre. La nolmë la manipuló con su seidh en azul claro para difuminarla. –Lo encuentro muy débil, ¿ha estado comiendo bien?

–Si –respondió el rey.

–Como sabes un rey siempre tiene muchas preocupaciones, me temo que eso no le ha permitido recuperarse del todo –intervino Lord Aldor.

–Puedo darle pócimas para que se recupere mejor. Deberá tomarlas todas las mañanas con sus alimentos para que pueda ganar peso –eso lo dijo todo en un tono muy práctico, como de quien lo ha utilizado varias veces pero luego miró a su rey, y sin querer se cohibió. –Y de esa manera sustentar mejor un posible vástago.

Eyvindur no parecía entender de qué iba pero no se lo pregunto a ella directamente sino que clavó sus penetrantes ojos en su maestro. Lo que Lord Aldor quería escuchar, es que Eyvindur no tendría que preocuparse si gestaba un futuro heredero y entre la revisión que él había hecho y el de la nolmë, quedaba más en claro en que no había peligro. En cuanto al asunto de que los elfos no deshacían lazos mágicos, esta vez tendría que haber una excepción.

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Eyvindur estaba solo en su alcoba. Cerró los ojos por un momento para mirar a Hagen.

Su norn estaba recostado en su cama, en la cama de Eyvindur que sin importar cual fuera o donde estuviese siempre ocupaba como si fuera suya. Tenía el pelo desordenado porque acababa de despertarse y una mano detrás de la cabeza. Estaba muy atractivo, con su actitud de sensual desparpajo que solía cautivar a las damas allá donde fuese. Tenía los ojos negrísimos, tan negros que a veces Eyvindur pensaba que realmente no podía atisbar lo que había tras ellos. A veces Hagen se le hacía inefable y Eyvindur se recordaba que aunque era suyo en todas las maneras en que un rey podía poseer a alguien, en realidad Hagen siempre sería él mismo. Hagen se estiró para atisbarlo bien, Eyvindur estaba vistiéndose para la jornada de ese día. Estaban en Vanaheim tras celebrar el concilio de reyes en el que se decidió que se separarían para que Hagen acudiese a la guerra, otra y tan pronto, ahora Nornheim. Eyvindur miró como se le tensaba el cuello, le miró la oscura línea de vello que le recorría el pecho, le miró los músculos que se le marcaban aún relajado y sintió hambre de él. Hagen era el que solía iniciar sus encuentros amorosos, la pasividad de Eyvindur era algo insalvable; pero a veces tenía esta necesidad, no como la que tiene un hombre con antojo de comer algo; sino más bien, como lo que siente quien lleva días sin probar nada, hambreándose hasta el desespero, algo que Eyvindur ya había experimentado. A veces se sentía así y entonces le daban impulsos apasionados que solían tomar a Hagen por sorpresa pero que lo hacían inmensamente feliz.

"¿Qué miras?" Le inquirió Hagen.

"A ti" repuso Eyvindur con naturalidad, de tanto convivir con él se le pegaban sus modales norn. "Te encuentro muy guapo esta mañana".

"Es porque sabes que estás por perderme de vista quien sabe cuánto tiempo, todo nos es más caro cuando no podemos tenerlo a nuestro antojo" le respondió Hagen sentándose en la cama. Eyvindur no entendía de donde sacaba esas frases suyas que solían ser verdades incómodas; y que además le decía sin ambages. A veces Eyvindur no está seguro de si Hagen de verdad es tan necio como parece o sólo lo finge y en realidad es un sabio. "Así que haz lo único que puedes hacer y goza de mí". Eyvindur le dio su sonrisa exasperada pero se acercó.

Un nuevo hábito que adquirió luego de sobrevivir a la guerra. Cuando Hagen decía "ven" él iba. Sin ponerle reparos ni rebuscar excusas para privarse de él.

A Eyvindur el placer oral se le daba fatal. Darlo, ya se relajaba bastante para disfrutarlo al recibirlo. Pero seguía siendo torpe, se atragantaba, perdía el ritmo y a veces se propasaba con sus dientes. Desastroso. Pero ese día entendió el meollo del asunto. Para hacerlo bien debía tener antojo de probar a Hagen ahí, no debía hacerlo por cumplir, por tratar de satisfacerlo y otros pensamientos ilógicos que lo acosaban mientras intentaba la felación. Lo que debía hacer era disfrutarlo para que le saliera bien. Cuando entendió eso todo fue fácil. Ese día logró por primera vez llevar a Hagen al orgasmo con sus labios. Su amado se disolvió bajo sus caricias en un éxtasis que lo dejó tan arrobado como si acabara de tener una revelación divina.

Eyvindur sintió que su sangre se calentaba de rememorar esos momentos.

–Alteza –le preguntó Amarië –¿duermes? –Y puso una bandeja con té a su lado. Eyvindur estuvo tentado de replicarle: sí, estoy dormido. Pero en vez de eso abrió los ojos y dejó de ver a su amado. –¿Te encuentras bien? Estás sonrojado, de nuevo te ha dado fiebre. –Amarië preguntó pero no tocó a Eyvindur. Lo habían reprendido tanto por eso que por fin había entendido que no podía tocar al rey sin su consentimiento.

–No tengo nada –le dijo Eyvindur porque sabía que Amarië era más que capaz de poner a todo el castillo en estado de alerta. Eyvindur reparó en que había cuatro tazas en el servicio.

–Lord Aldor dijo que tomaría el té contigo y que ha invitado a alguien más. –Explicó Amarië. –¿No te avisó? Ese viejo le pasa encima al ceremonial pero luego va regañándonos a todos por no cumplirlo. –Eyvindur censuró a Amarië con un simple ademán.

–Y parte de ese ceremonial consiste en no quejarte del señor al que sirves.

–Pero si yo te adoro alteza. –Repuso el catamita y puso cara de embeleso. Controlaba la expresión de sus rasgos como un actor consumado. A Eyvindur a veces lo exasperaba y a veces lo divertía. Hoy lo encontró divertido. Se puso a completar una carta para Hagen mientras su maestro llegaba, igual tenía cerca un obsequio que había forjado recientemente.

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Lord Aldor les había escrito a los dos últimos grandes lores de antaño que quedaban, junto con él, para hablarles sobre el estado de salud de su rey y de la propuesta de matrimonio que iba a presentar a su rey esa misma tarde. Ambos habían estado de acuerdo en qué para unificar ambas razas, aquel matrimonio debía celebrarse aunque advertían que no todos los elfos de luz estarían de acuerdo con ello, por lo que ellos, sus líderes debían guiarlos en este nuevo trance del reino. Pero no sólo mandaron misivas, sino que ellos mismos se presentaron en Steindor para hablar con su rey.

Le había dicho a Amarië que tomaría el té con su rey, así que se apresuró en su reunión con los ehtyar. Ya tenía tres candidatos para istyar, todos ellos elfos de luz, pero Lord Aldor tenía la idea de educar elfos oscuros, quienes tenían gran seidh pero poca instrucción y nombrar de entre ellos a los dos restantes istyar. Svadilfari además, estaba esbozando los planos del nuevo observatorio, el cual estaría cerca de la capital. No era tarea sencilla, no sólo porque no tendrían los materiales que los enanos aportaron para el primero sino porque llevaba mucha magia en su interior que ahora tendrían que emular entre los elfos.

"Un reto digno de nuestro talento" le había dicho el istyar a Svadilfari. Al menos tenían los pilares de Hrimthurs que estaban hechos de gelgja, magia y acero enano; serían un gran inicio. Además, a Lord Aldor le gustaba la idea de que muy a su pesar, Hrimthurs contribuiría a levantar de nuevo a la grandeza el reino contra el que había atentado.

Dejó el salón de las chimeneas, donde se reunía con los ehtyar y se dirigió a las alcobas de su hijo. Ahí halló a Lord Nenar y a Lord Nénime. Juntos fueron anunciados a su rey. Eyvindur estaba en su salón y los esperaba de pie aunque se notaba que había estado sentado escribiendo una misiva, la cual se veía claramente a su lado. Seguramente era para Hagen. En Steindor, Eyriander y Eyvindur habían tenido alcobas privadas y habían encontrado artículos personales en éstas. Por eso al sabio no le sorprendió encontrar a Eyvindur elegantemente ataviado con un abrigo blanco, bordado de perlas que formaban un tejido de flores elanoras y niphredil.

Sobre la mesa no sólo estaba el té y la carta, sino también una hoja de afeitar de hermosa hechura, con el mango tallado finamente, estaba dispuesta dentro de un estuche de cuero. Había oído de Eyriander que su hijo había estado hasta altas horas en su taller, ahora sabía que había estado haciendo.

Todos tomaron asientos tras la cortesía de rigor.

–Debemos hablar contigo sobre un asunto de gran importancia –dijo Lord Aldor. –Es sobre tu matrimonio.

Eyvindur no perdió ni por un momento la serenidad.

–Pienso que no es momento de hablar de mi matrimonio en la situación en la que se encuentra nuestro reino. Hay tanto por hacer y construir que tal celebración sería ahora una pérdida de tiempo y de recursos. –Eyvindur uso ese tono con el cuál solía cortar de raíz las conversaciones que no quería tener.

–Por el contrario, creo que es necesaria. El trono es una carga pesada que es mejor compartir y puedo darte otros tantos motivos por los cuáles es ineludible pero más bien te plantearé la situación de la siguiente forma: No puedes continuar negándote a casarte. Sé que en el pasado tu padre te lo planteó al enviarte a conocer a la sobrina de Odín, que al principio de tu reinado tu madre te pidió que consideraras el desposarte, y que tu tío Larus trató que te casaras con Lara. No hiciste caso a ninguno de ellos ¿es que esperarás hasta que tu pueblo te lo demande? Si es así, debo decirte que ya te lo demanda. Lady Nenar, Lord Nénime, la Aranmaitë y yo pensamos que ha llegado el momento. Eres el rey, debes desposarte, promover la paz y asegurar la sucesión.

Eyvindur miró a los otros dos lores.

–¿Y con quien me demandan que me case? –Dijo con fastidio.

–Con Svadilfari –respondió esta vez Nenar.

Eyvindur casi se fue hacia atrás.

–¿Él les ha pedido que hablen en su nombre? –Preguntó Eyvindur. Parecía muy dispuesto a llamar en ese mismo momento a Svadilfari para que explicara sus razones.

–Ni siquiera sabe que estamos hablando –tuvo que reconocer el istyar. –Es el heredero de Malekith, si te deposas con él por fin se unificarán dos grandes linajes. Los conflictos de elfos oscuros y de luz podrán verse solventados en menor tiempo, y tus súbditos no dudarán en seguir tu ejemplo. Sabes bien que tu matrimonio será la piedra angular de tu futura familia.

–No –dijo Eyvindur planamente. –Si eso es todo lo que desean decirme, pueden retirarse –les dijo pero no los amedrentó.

–Mi esposo y yo compartimos la misma visión que tiene Lord Aldor. En cuanto al reino, he estudiado las proyecciones económicas para su crecimiento. La destrucción de Vilwarin fue un duro golpe para el ánimo de todos en el reino y no niego las muertes de quienes perecieron ahí, pero la ciudad en sí era para la corte y no producía nada para su sustento. Artamir perdió sus cosechas por dos años consecutivos por las lluvias pero gracias a las previsiones de nuestro soberano, adquirieron los granos de Vanaheim y resguardándolos en la ciudad, es que nuestro pueblo tiene de comer. Mi hija Lady Nienor, ha visto las dos minas que les hemos arrebatado a los enanos y con ellas podremos construir el gran muro del sur y la ciudad de Dor–En–Ernil. Y con la indemnización de los enanos, se construirá la ciudad de Steindor. Celebrant sólo sufrió daño en su puerto pero no en la ciudad, estoy segura de que podrá pagar su enlace y celebrar, si bien no con toda la pompa, si con lujo, el nacimiento de un príncipe cuando se suceda.

–El general Elemmíre y yo podemos estudiar mejor los asentamientos de muspell y empezar a atacar mediante escaramuzas para debilitarlos. Tal vez no podamos entrar a su escondite para aniquilarlos en una sola maniobra pero no permitiremos que se acerquen a las ciudades –dijo Lord Nénime. –Lord Nulka controla a los enanos por lo que le aseguró que no tendrá que preocuparse por la seguridad de su reino.

–Ya te he revisado, tu salud está deteriorada pero pronto te encontrarás mejor. –Terció el istyar. Todos ellos parecían haber confabulado en su contra para arrebatarle sus argumentos. Eyvindur se quedó callado, tenso y aunque su faz no lo denotara, parecía listo para huir en cualquier momento. Lord Aldor entendió de inmediato que es lo que sucedía con él. –No te puedes casar con Hagen –intentó decirlo con suavidad pero su voz adquirió el matiz que siempre usaba como catedrático. Su hijo lo miró duramente pero debajo de sus ojos azules, el istyar intuyó que estaba dolido por sus palabras. –Lo sabes de sobra, para poder desposar a alguien de la realeza élfica debes reunir tres características: linaje, nobleza y una moral intachable. A pesar de que Hagen tiene linaje, no posee los otros dos rasgos. Y aunque fue eximido por la masacre en Vilwarin, y los elfos han consentido que sea tu amante; no harán la misma concesión para que sea tu esposo. Además de esas razones, no es lo que nuestro pueblo necesita.

–Es nuestro Lord Protector…

–Pero el consorte real no puede ser únicamente eso. Es poco diplomático, impulsivo, necio, cínico y aunque es transparente en sus acciones, no es un buen político. Eso es lo que quieres ¿poder desposarte con él?

–¡Basta! –explotó Eyvindur poniéndose en pie. –Eres mi maestro y siempre presto oídos a tus consejos aunque en un inicio me parezcan contrarios a mis deseos. En cuanto a ustedes dos, reconozco que son grandes lores, pero esto de lo que me están hablando es de índole privado y es mi decisión.

–Eres un rey, tu boda al igual que tus herederos son asuntos del reino. No puedes casarte ni embarazarte de quien te plazca. Sé que esto lo sabes pues te fue inculcado cuando eras joven, pero tal parece que lo has olvidado, y yo como tu maestro, he tenido que venir a recordártelo. –Lord Aldor alzó una mano para que lo dejara hablar. –Escúchame. Lady Nienor, Lord Nénime y yo estamos dispuestos a pedirlo en audiencia pública y a presionarte de cualquier forma que sea necesaria.

–Mi rey, un infante real que provenga de ambas razas, proveerá de esperanza al reino, algo que de pronto parece haberse perdido en nuestras tierras. Además, necesitamos un sucesor que dé continuidad a tu estirpe. Has pasado trances difíciles que casi te llevan a la muerte y habrían dejado varado el reino. No puedes negarle a tu pueblo un heredero –dijo Lady Nenar. Su esposo asintió a su lado.

–No quiero hacerlo, no puedo hacerlo –se negó Eyvindur –yo no amo a Svadilfari.

–Esto no se trata de amor. Además, te he visto con Svadilfari y ustedes dos congenian, si te dieras la oportunidad no tendría por qué ser únicamente un matrimonio por conveniencia. Podrías encontrar satisfacción en su compañía.

Eyvindur continuó negándose. No les pudo decir que se había visto engendrando un hijo de Hagen, y a éste a su lado cuidándolo, que ya se lo había dicho a su amante y que parecía muy emocionado. Se había dejado llevar por aquella idea y ahora le estaban recordando que no era libre para decidir a quién darle hijos. Él no era libre para tomar esa decisión, pues no era únicamente Eyvindur sino el rey. Siempre el rey, sólo el rey.

–Es por el reino –dijo Lord Nénime, de la misma forma en que su tío solía decirle.

–Tu abuelo Eyrikur escribió en sus memorias: mi estirpe se debe al reino, mis hijos no nacen para abandonarse a sus dolores, ni viven su propia vida sino la de Svartálfheim y sólo en ello podrán encontrar satisfacción. ¿Lo recuerdas?

–Sí. –Conocía perfectamente bien las memorias de Eyrikur.

Lord Aldor se puso en pie y lo mismo hicieron los otros dos lores. Ninguno de ellos había tocado siquiera el té.

–Pienso que hemos llegado a un acuerdo, aun así, elevaremos formalmente nuestra petición –dijo Lord Aldor. –Ahora ¿podrían dejarme a solas con nuestro rey? –Les pidió a los otros. Lord Nénime y Lady Nenar accedieron tras despedirse con una reverencia más.

El istyar soltó un suspiro y por un momento Lord Aldor se vio transportado en el pasado, a aquel día en que habló ardientemente con Eyriander tras haber contemplado la visión de aquel infante que él pensó que era suyo. Había apelado a sus sentimientos pero Eyriander le había dado una respuesta contundente y ahora era su turno de hacerle ver a su hijo que no podía casarse con quien amaba.

–Debes ocuparte de Hagen. Prohíbele volver de Nornheim.

–No lo voy a desterrar.

–No de nombre pero si de hecho, sus amores no deben enturbiar tu enlace ni manchar el honor de tu prometido. –Le dijo Lord Aldor. –Deberás acudir tres días al templo de Berthandi para purificarte, tal vez en tu caso lo vean como infructífero pero es una tradición que debes honrar.

–Jamás me va a perdonar. –Eyvindur no estaba oyendo lo que decía sobre purificaciones y peregrinaciones a templos, su mente se había quedado fija en la horrible decisión de alejar a Hagen de él. Se cubrió el rostro con las manos para que nadie, ni siquiera su maestro pudiera ver su dolor. El istyar no se atrevió a tocarlo ni a confortarlo.

–Cada quien debe ocupar el lugar que en el gran cosmos le ha sido asignado. Y como rey debes dar muestra de un comportamiento ejemplar y digno de seguir. Tal vez hoy te he causado un gran dolor, pero todo lo he hecho por tu bien.

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Karnilla salió de la cama. Hjörtur estaba cerca, reclinado sobre sus pergaminos. Quizás le escribía una nueva carta a Hrafn, quizás escribía una poesía para ella. Se veía muy frágil con su espalda delgada, tan delgada como la de Karnilla. Tenía el cabello castaño cada vez más largo y además de eso era lampiño. Su aspecto era poco varonil pero a Karnilla no la sedujo su atractivo físico, sino el corazón noble y fuerte que descubrió en su interior.

Lo abrazó por la espalda y le dio un beso en la mejilla. Hjörtur sonrió y dejó sus papeles para apretarle las manos. Al principio a Karnilla le había asustado descubrir toda esta ternura que quien sabe de dónde la nacía, intentó contenerse pero al final hizo algo que solía hacer ante una disyuntiva. Se dejó llevar y se permitió desbordar afecto hacia su esposo. ¿Por qué no? Cuando llegaran las peleas propias de un matrimonio, las desavenencias y sus problemas; quizás estos momentos felices les darían fuerzas para superarlo todo. Algo así le había explicado Svadilfari sobre el amor.

–¿Qué haces? –Le preguntó Karnilla.

–Escribo un borrador que iba a mostrarte, es para las serpientes negras de Rovaniemi, para hablarles de la situación de su líder. Bran y yo acordamos tratar a Merak, no como prisionero sino como un huésped de honor. Hablé con él y le parece que el proceder de Oxater de envenenarte fue un acto de lo más cobarde. Igual conversé con Artabazo, él piensa que fue algo estúpido. Si hubieras muerto todos se habrían vuelto hacia Hagen para proclamarlo rey, con o sin su permiso. Y él sería un rival más peligroso que tú. Yo no pienso así, te cuento el parecer de Artabazo.

–¿Crees que soy más peligrosa que Hagen? –Hjörtur asintió. Karnilla sonrió. –¿Entonces crees que tengamos a las serpientes negras y a los zorros de nuestra parte?

–Si no por lo menos se habrán vuelto neutrales. ¿Qué piensas?

–Pienso que eres un gran rey –le dijo Karnilla y le dio un beso en la mejilla. Hjörtur se levantó para abrazar a Karnilla y la hizo sentarse en sus piernas.

–Dado que encuentras mi misiva apropiada la enviaré mañana temprano. Sólo tengo una duda, ¿cómo debo firmarla? ¿A qué clan pertenezco? –Karnilla pestañeó confusa. Un norn pertenecía al mismo clan desde que nacía hasta que moría. A menos que se contrajeran matrimonio con alguien de un clan ajeno, sólo entonces los consortes escogían a quien le daban su lealtad. Karnilla y Hagen bromearon cuando ella acababa de casarse, con que ahora pertenecía al clan de "las arpías de Vanaheim" haciendo alusión a Hanne. Pero obviamente, ella no iba a decirle eso a su esposo.

–Mi clan fue el de los hombres en llamas de Sjakkmatt. Pero cambié ese emblema por el del dragón negro. Aunque, mucha gente no lo sabe, sólo los asentados en Valacirca donde me queda algo de familia. Oxater desposó a mi prima y ella renunció a los hombres en llamas para unirse a los osos negros.

–¿Entonces soy un dragón negro de Valacirca?

–Depende de dónde asiente la capital, seríamos de Valacirca o de Sjakkmatt pero eso no está decidido.

–Lo pondré sin ubicación, "Hjörtur de los dragones negros de Karnilla". –Ella sonrió y se besaron. Se dejaron pues ella seguía algo debilitada por el envenenamiento así que no tenía sentido empezar algo que no iban a terminar. –Celtigar me pidió permiso para montar guardia afuera del bastión de Oxater.

Le habían explicado que el usurpador no vivía dentro de los muros de Sjakkmatt. Y eso era porque el castillo que Gerenot mandó construir, Rondeslottet, había sido asentado más allá de la ciudad. Los norn se peleaban tanto entre ellos que Gerenot, en un gesto de nobleza, había decidido asentar sus reales apartados, para que la ciudad no sufriera si había guerra. Por eso el castillo se perdió pero la ciudad no. Odín la había dañado persiguiendo a Hagen y a Giselher, pero no la destruyó. Como fuera, Rondeslottet tuvo un bastión, un pequeño fuerte que servía como establo para los caballos, como almacén y también como ruta de escape pues contaba con túneles subterráneos; éste sobrevivió a Odín. Y ahora era el "castillo" desde el que Oxater reinaba.

–Mi amor, Aro tiene el ojo de su mente puesto sobre ese lugar, si Oxater intenta escapar ella nos lo dirá de inmediato. –Algo así como el poder que Heimdall tenía pero a una escala muy baja. Hjörtur asintió. Igual había filgyas en forma de aves que sobrevolaban su campamento, seguro que Oxater igual los tenía vigilados.

–Aun así le dije que sí. Celtigar es muy astuto y después de la manera en que reaccionó no puedo negarme fácilmente a lo que me pide. –Hjörtur había desesperado cuando Karnilla fue envenenada. Celtigar mantuvo sangre fría para hacerse de prisioneros. –Es una pena que esos dos, Agneir y Agneta se nos fueran de las manos. Hagen dijo que Agneta fue su amante, lo cual no me sorprende.

–Casi no la recuerdo –aceptó Karnilla. –Hagen no ha sido precisamente carente de amores. Seguro que Oxater la mandó para fastidiarlo, para provocarlo y distraerlo.

–Pero no le coqueteó, se dedicó a insultarlo.

–Mi hermano difícilmente encontraría apetitosa una fruta de la que ya se ha colmado. Pero… –Karnilla lo miró con mucha seriedad –cuando haces el amor, tu pasión deja huella en el vord de tu compañero, les pasa a todos inclusive a los que no son hechiceros.

–Pues hay norn muy marcados. –No se contuvo de decir Hjörtur. Hagen era uno de esos.

–No se debe alzar la mano contra aquellas parejas con las que has compartido tu fuerza vital. El esposo que golpea a su esposa atrae sobre él la desgracia y la miseria. El amante que despecha a su compañero con desprecio está destinado a sufrir por amor.

–¿Hagen no ha hecho muchas veces eso? Lo del despecho, no lo de golpear.

–Él dice que no cree en ello, y que además no rompió lazos con ellas mediante el desprecio. No suele mentir sobre sus intenciones. Ha pasado tiempo desde que Agneta y él lestuvieron juntos, y si no se separaron con rencor las huellas que uno y otro se hicieron ya deben haberse borrado. Aun así creo que le enviaron a Agneta para provocarlo porque en teoría no puede lastimarla.

–O atraería sobre él la mala suerte.

–O ella podría hacerle mal de ojo por su pasado conjunto.

–¿Puede?

–Hagen es dragón, es resistente a todo ese tipo de maldiciones.

–Si alguna vez despecha a Eyvindur, la furia de Naira Anar le caerá encima.

–Él no hará eso, y ahora menos que nunca, tiene esta idea en la cabeza de que Eyvindur le dará un hijo. –Hjörtur abrió los ojos azorado y Karnilla se rió, acababa de hablar de más. Y como ya lo había hecho, mejor siguió hablando contándole todo a su esposo.

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"Ese no es mi nombre…"

Lady Calimacil danzaba con un demonio más alto que ella, era tan rubio como un aesir pero tenía el cabello corto. Se movían con gracia y al unísono. Una sádica elfa y un demonio del inframundo. Las maravillas jamás terminarían.

"No pertenezco aquí…"

Lotte y Encantadora eran agasajadas con obsequios. Armas para la fortachona norn, de oro, de bronce, de cobre, con empuñaduras enjoyadas o con vainas de cuero trabajado exquisitamente. Vestidos para la Encantadora que empezó a cambiarse la ropa enfrente de todos, se recubría con sedas que le caían como una segunda piel; le ofrecieron una corona engarzada en rubíes rojos, un collar de esmeraldas. Le asistieron en acicalarse el cabello ensalzando su belleza; y los demonios caían a sus pies rendidos de pasión por ella.

"Este no soy yo…"

Y Thor que lo miraba parado en medio del festín que rabiaba a su alrededor. Como una deidad castigadora que aguarda por su momento. No quería comer, ni beber, no quería obsequios, ni distracciones superfluas. Lo quería a él.

Loki nunca fue tan consciente de que Thor enfurecido, era peligroso. Un peligro más del Nifflheim que tendría que arrostrar.

–Nuestro gran destructor del universo –le decía Mephisto pasándole más comida. Y Loki había tenido tanta sed y tanta hambre que no se puso a considerar si habría veneno o algún truco en todo ello. –Mi señor Exaj –la voz del demonio era casi un arrullo mientras Loki comía, tomando con los dedos una pierna de corzo entera, probando casi sin masticar las tartas merengadas, bebiendo dulce hidromiel tan refrescante. Ahora había verduras fritas en mantequilla e hinojo, ahora había empanadas de faisán con salsa de grosellas, ahora una vil tostada remojada en vino especiado, ahora paté de cerdo, ahora ternera con avellanas. La comida parecía que no se agotaba y su apetito tampoco.

Loki estaba acomodado en un anfiteatro, sentado en una mesa de veinte puestos que se hallaba vacía salvo por Mephisto, Lyngbakr y él.

Las lobas iban de aquí a allá y Loki trataba de no perderlas de vista. Lotte estaba bebiendo, eructaba tan fuerte como un bruto. Encantadora repartía besos y recibía pleitesía. Lady Calimacil no dejaba de bailar, posando su mano en la empuñadura de su espada de tanto en tanto. Las tres le lanzaban frías miradas y Loki se preguntaba cuál de las tres lo atacaría primero.

–Necesito algo –dijo cuando sintió que el estómago le reventaba de tan lleno.

–Todo lo que tú desees mi señor Exaj.

–¿Cómo sabes que ese es mi nombre? No lo di cuando arribamos. –Mephisto le sonrió.

–Tu intelecto tiene una agudeza cortante mi señor. Sé que tu nombre es Exaj porque se lo diste a Harut y Marut y ellos lo hicieron correr en nuestro reino. Los demonios tenemos formas de comunicarnos. –Loki miró a Lyngbakr que estaba posado sobre una silla junto a él, el único de sus acompañantes que quiso compartir la mesa con él.

–¿Cómo Lyngbakr? –Mephisto asintió. –¿Qué es él? Es especial.

–Lo es, lo es –dijo Mephisto y sonrió mostrando sus dientes tan blancos y alineados, que le causaron a Loki la impresión de que eran falsos. –Me gustaría poder decir que es obra de mis manos pero no, viene del árbol. Una criatura excepcional de aquellas que el Yggdrasil crea para servirlo.

–Pero entonces, ¿qué hace aquí?

–Hubo una apuesta entre su mejor amigo y yo. –Dijo Mephisto. –Y yo vencí.

Loki no podía asimilar todo ni deducir mucho, pues no conocía bien el mundo que ahora contemplaba.

–Quisiera ver a Tyr –dijo Loki.

–Haré que te lo traigan, aunque te advierto mi hermoso Exaj, cuya maldad hace eco en tus súbditos, que Tyr no se encuentra en buen estado. Tuvimos que modificarlo para que no pudiera escapar de vuelta con su diosa, veré que lo limpien un poco antes de traerlo a ti, no quisiera que su visión te hiciera devolver los manjares con que te agasajamos.

Loki asintió. Mephisto podía decirle como quisiera pero no sentía que tuviera el control de la situación. Estaba muy cerca de lograr sus propósitos y un sólo paso en falso, como por ejemplo confiar de más en los demonios, mandaría todo al traste.

–No lo traigas aquí. ¿Hay algún sitio más privado donde pueda verlo? –Mephisto asintió, le tendió su brazo para que Loki se apoyara en él.

En cuanto se levantaron la música cesó. Loki hubiera preferido salir discretamente pero en vez de eso un heraldo volvió a aclamarlo por su falso nombre, hubo más reverencias de parte de los demonios y loas. Thor avanzó hacia él muy resuelto a no perderlo de vista y sus lobas lo emularon.

–¿Quieres que nos ocupemos de tus draugr? –Le inquirió Mephisto con un susurro.

Justo cuando le preguntó eso las puertas de entrada fueron abiertas. Los demonios se apartaron para dar paso a uno más de ellos.

–Gwathnor, el espantoso –anunció el heraldo cuya voz parecía que brotaba de las paredes. Éste era un demonio de quince pies de alto, su cabeza rozaba el techo al andar, emanaba llamas azules desde su piel, la cual era oscura y rugosa cual roca; su cara parecía una máscara tallada con simetría pero sin rastro de humanidad. Gwathnor llevaba una cadena en la mano. Y en ella, atrapados como animales rumbo al matadero, estaban Larus, Kranjcar y Rojo.

Loki los había pensado muertos.

–Por la diosa tiene a Larus –dijo Encantadora como si necesitaran de ella para entenderlo. –Thor pídele que no le hagan daño. Nos debe su vida aunque ahora seamos sus prisioneros, dile que liberen a Larus. –Thor volteó en dirección a Loki pero no obedeció las palabras de Encantadora.

Gwathnor escoltó sus presas hasta los escalones que conducían al anfiteatro. Los arrojó a los pies de Mephisto. Con una mirada Loki comprobó que Larus estaba en muy mal estado. Sangraba por cada orificio de su cuerpo, tenía la cara teñida de carmesí. Kranjcar y Rojo mostraban heridas de espada pero ninguna era fatal.

Loki intentó hacer las paces con los draugr, por Thor, para aplacar sus recelos al menos en algo.

Descendió los escalones hasta Larus, se agachó a su lado y le pasó las manos encima aplicándole su magia curativa. Larus dejó de sangrar al cabo de un momento. Se incorporó aturdido y muy confundido.

–Jötnar, ¿qué haces aquí criatura? –Le preguntó con un tono casi paternal. Temblaba al moverse y su semblante acusaba dolor.

Y Loki comprendió que esa magia suya empezaba a debilitarse, no había restañado del todo a Larus, tan sólo demorado que el veneno que tragó acabase con él.

–Quiero que les quiten las cadenas –dijo Loki con resolución.

Mephisto le habló a Gwathnor en akrasio, una lengua que Loki no dominaba. Las llamas azules que rodeaban al demonio se incrementaron como en protesta pero luego, sacando largas espadas tan toscas como mazas, partió las cadenas liberando a los tres draugr restantes.

Encantadora se aproximó, pero las otras dos lobas no. Algo esperable dado que casi se matan unos a otros en el Gnipahellir. Thor asintió y por primera vez desde que llegaron al castillo de Garm, no se mostró hosco hacia Loki.

Mephisto le hizo una señal de seguirlo y Loki se le unió. Los draugr fueron tras él.

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Fueron llevados a unas estancias sumamente amplias, una mansión dentro del castillo. Los muros eran dorados al igual que las lámparas y el techo, a Loki le recordó vagamente Valaskialf. Llegaron a una sala vacía excepto por cortinajes rojos que cubrían paredes que aparentemente eran de oro macizo. Había media docena de puertas dobles que conducían a otras habitaciones que conformaban el recinto. Mephisto abrió unas de ellas empujándolas con gesto teatral. Loki atisbó en el interior una estancia con una cama enorme con dosel negro. Nada más verla se sintió muy pero muy cansado.

–Por si gustas recostarte mi señor. Tyr vendrá de inmediato, acudiré a por él en persona. ¿Requieres una guardia que cuide de ti en mi ausencia?

Loki negó.

–Dejaré a Gwathnor de todos modos, es muy callado, ni siquiera vas a notarlo. –Le aseguró Mephisto. Volvió a darle instrucciones al demonio azul que los había seguido, Gwathnor fue a ocupar un rincón del salón vacío en el cual cabía a pesar de su altura, se sentó esperando. Quizás era lo mejor. Encantadora estaba cuchicheando con Larus, Kranjcar y Rojo; por las miradas iracundas que le lanzaban a Loki, seguramente les estaba poniendo al tanto de que era el mayor hijo de puta de los nueve.

Lyngbakr entró planeando y se le posó en un hombro a Loki.

Mephisto se retiró y lo dejó entre los draugr y Gwathnor.

–No soy un demonio –les dijo mirando a Larus nada más. –No soy lo que dicen.

Pero no le creían, ninguno lo hacía.

Se metió en la habitación de la enorme cama, Thor fue tras él, cerró las puertas tras ellos. Se quedaron a solas, excepto por Lyngbakr que voló hasta posarse sobre el dosel de la cama. Loki esperó por aquello que Thor querría decirle. Estaba tramando la manera de sosegarlo, haría lo que fuera con tal de que continuara siendo su protector y aliado.

–En cuanto Mephisto traiga a Tyr voy a matarlo –le anunció Thor. –No te interpongas.

–Thor, no puedes… –empezó Loki.

–¡Silencio! –Le reclamó Thor con su potente voz. A Loki le fallaron las fuerzas y mejor se sentó en el borde de la cama. –Una vez que haya muerto, nos suicidaremos para volver a la diosa, lo que pase contigo ya no me interesa. Debes estar muy satisfecho por retornar con los tuyos. Nos usaste, me usaste –le reclamó Thor; lo había seguido tan sólo para poder escupirle el rencor que le tenía. –Te trajimos aquí pero habrá reciprocidad en nuestro trato, nos devolverás a Tyr.

Loki se sintió enfermo de pensar que los draugr lo dejarían con los demonios. Que Thor lo abandonaría en las condiciones en que se hallaba.

–Si me dejas atrás moriré –le explicó. –Quiero salir de aquí, no pretendo permanecer junto a Mephisto. Thor, sólo Karnilla, la bruja norn, puede ayudarme a culminar mi embarazo. Sin su ayuda pereceré.

Thor asimiló esa información encogiéndose de hombros.

–Eso no es problema mío –le dijo y salió de la habitación.

Loki sintió que la misma rabia que lo indujo a destruir a la mitad de la corte se apoderaba de él. Se sintió traicionado por Thor y el ultraje que padecía le devolvió las fuerzas para pelear. Los demonios lo pensaban su gran mesías, ¡pues bien! ¡No necesitaba de los estúpidos draugr! En el inframundo sobraban imbéciles prontos a ser manipulados.

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Tyr fue llevado al cabo de una hora. Una durante la cual Loki había intentado dilucidar lo que haría a pesar del cansancio y el torrente de sentimientos que bullía en su interior.

El dios de la guerra era escoltado por una guardia cincuenta demonios de caras inexpresivas e idénticas, los cuales se formaron en dos hileras flanqueando el camino desde la entrada del salón de cortinas rojas hasta la alcoba de Loki. Mephisto iba al frente y dos guardias más llevaban a Tyr en vilo. Cómo le fue advertido a Loki, su aspecto era atroz. Tyr no tenía piernas, se las amputaron hasta la cadera; y conservaba sólo el brazo derecho el cual no debía serle muy útil pues remataba en un muñón. Los draugr se acercaron veloces pero los guardias se interpusieron dejando a todos afuera de la habitación de Loki. Al final de los demonios quedaron sólo Mephisto y los dos guardias que sostenían a Tyr. Mephisto le hizo una señal de que podía aproximarse, Tyr era todo suyo.

Loki tomó aire y fue hacia el dios. Los aesir se daban esos títulos que los enaltecían pero, Loki ahora lo sabía, los únicos dioses provenían del Yggdrasil. Se inclinó hacia Tyr sosteniéndose la barriga.

–Tyr –le habló al oído. –Te conduciré hasta Hela –le susurró, –no olvides que serás libre por mi mano, la mano de Loki de Asgard.

Tyr olía a formol y a sangre seca. Abrió los ojos para mirar a Loki, tenía los ojos azules, único rasgo en que hizo rememorar a Fandral. Le habló pero Loki no supo que dijo. No tenía lengua. En verdad le quitaron todos los medios por los cuáles podría haberse suicidado.

–Gran Mephistopheles –habló en nevirio. –Deseo devolver vivo a Tyr a manos de su ama, deseo que me des una escolta pues debo partir cuánto antes.

Mephisto pareció algo decepcionado.

–Sí, mi señor –fue lo que dijo. –¿Y tus draugr? ¿Te escoltarán también?

–No, tómalos prisioneros e incapacítalos igual que a Tyr; a todos menos a Thor. Él me pertenece y debe permanecer indemne, también me lo llevaré.

–No suena a que sea tarea fácil el llevar a Thor a dónde él no quiera ir, pero si tal es tu resolución, así se hará. –Mephisto lo miraba como evaluándolo. Bonita peregrinación hasta el trono de Hela, él embarazado, Tyr echo un adefesio y un renuente Thor.

Las puertas de la estancia se abrieron. Aparentemente mientras Loki esperaba por Tyr, los draugr fraguaron sus propios planes. Encantadora iba al frente de la guardia demoníaca, los cuales inclusive la reverenciaron. Thor iba junto a la rubia, una mancuerna que Loki aborreció.

Los cincuenta demonios de la guardia los rodearon, cercándolos en un estrecho círculo.

–Tyr es nuestro –dijo Thor y la guardia demoníaca, manipulados por Encantadora, apuntaron sus espadas hacia Mephisto y Loki.

En la habitación contigua Gwathnor el espantoso combatía con Kranjcar y Rojo.

Lady Calimacil, Lotte y Larus seguían a Thor, la elfa con su espada Anglachel, la norn con un par de espadas de hoja curva de las que acababan de obsequiarles. El fenecido rey de los elfos de nuevo se encontraba mal, se quedó a unos pasos de distancia como protegiendo la retaguardia de los demás, tenía en sus manos arco y flecha.

Mephisto no parecía preocupado.

–Mi dulcísima beldad –le habló a Encantadora. –Yo conozco tu seidh y sé el contrahechizo, con una sencilla palabra mis demonios volverán bajo mi dominio, y en castigo por tu atrevimiento les ordenaré que te desuellen. –Encantadora escuchó aquella amenaza mostrándose aún más altiva como retando a Mephisto a intentarlo.

Thor tenía los ojos fijos en Loki. Que desventajosa situación, tener que pelear con él cuando su magia mermaba y su físico estaba en su contra.

Mephisto chasqueó los dedos y dijo algo en akrasio, la guardia se giró hacia la Encantadora la cual se incendió en seidh dorado tratando de mantenerlos bajo su control. Los demás no esperaron un segundo más.

Los demonios superaron la magia de Encantadora y los atacaron como una marejada. Thor y sus lobas desenvainaron, inclusive Encantadora que se veía obligada a defenderse mediante el acero. No era tan mala en ello y Loki recordó que Thor la había entrenado durante un tiempo. Loki los creía muy capaces de superar la guardia demoníaca que los atacaba y abrirse paso hasta ellos. Mephisto lo había instado a retroceder, echaron a Tyr sobre la cama con dosel.

Loki vio que los demonios le arrancaban la ropa a jirones a Encantadora a pesar de que Lotte trataba de protegerla. A Cal y a Thor se les colgaban encima como tratando de sepultarlos con sus cuerpos. Larus no era de mucha ayuda pues estaba más ocupado defendiéndose.

Pero los draugr habían sido los mejores combatientes que la diosa pudo reclutar. Y su reputación no era palabrería hueca. Cuando empezaron a imponerse por la fuerza Mephisto decidió intervenir.

–Mi querido Exaj, no te preocupes –le dijo el señor de demonios y se metió en la contienda.

Tenía seidh de transformación bastante potente. Al tocar a sus demonios los hizo incrementar su tamaño y también convirtió su piel en bronce para que fueran durísimos de vencer; así transformados soltaron sus espadas que parecían cuchillos de mesa en sus enormes manazas. Aplastaron a Lotte y la pisotearon hasta convertirla en un manchón en el suelo. Sin su aliada la Encantadora estaba perdida. Loki vio que la alzaban en vilo desnuda y que la rasguñaban para desollarla como Mephisto había prometido. Pero ella, prefiriendo escaparse de tal castigo se cortó la garganta con su espada. La soltaron en el acto.

Calimacil esquivaba a los demonios de bronce más que confrontarlos pero poco a poco la acorralaban. Su espada estaba forjada de tal manera que podía cortar manos a pesar de estar hechas de metal. Thor, ese bastardo, lo habían derribado a golpes pero ya intentaba pararse a pesar del daño que le causaban. Cuando se puso de pie se zafó de ese pandemonio para ir tras Mephisto.

–Toma –le gritó a Mephisto y le lanzó su espada, pero no lo hizo con fiereza, sino como pasándosela. El demonio fue tomado por sorpresa y agarró la espada al vuelo sujetándola por el mango con facilidad. Como no era digno de ella, Crepúsculo lo incineró con fuego maldito.

Loki miró a su aliado revolcarse en el suelo, consumiéndose como una figura de cera en la chimenea. Su magia cesó junto con el demonio. Aquellos que había transformado volvieron a su tamaño normal y dejaron de ser de bronce. Thor asintió como diciendo "ahora sí". Estaba desarmado pero empezó a luchar sólo con sus puños. Cal estaba metida en plena furia homicida cortando cabezas con ferocidad, avanzando sin importarle nada. Parecía que la elfa no sentía las heridas que le causaban. De la guardia de demonios quedaba apenas una docena y Thor los dejó de lado para correr hacia Tyr.

Loki se le interpuso y Thor no dudó en agarrarlo del cuello.

–¡No lo hagas! ¡Para salvar tu alma lo necesito! –Le dijo. –Por Hërin, por Magni, por Nari, detente–le suplicó.

Thor lo miró horrorizado por un momento y luego lo soltó muy despacio. Estaba confuso ante los nombres de sus tres hijos.

Loki hizo surgir a Laevateinn desde su mano. Iba a usar la magia de tiempo que Eyvindur le había obsequiado. Su intuición le advirtió de un peligro y Loki se dio la vuelta. Calimacil lo pateó en la mano lanzando a Laevateinn lejos de él. En cuanto lo desarmó no dudó en darle con el pomo de la espada en la garganta dejándolo sin aire, con un segundo golpe en el esternón lo derribó. Lady Calimacil le apoyó la punta de su espada en el vientre.

–Vas a morir huldra –le dijo ella. –Te sacaré el engendro que portas y después te arrancaré el corazón.

Loki no dudó ni un segundo que fuera a cumplir esas amenazas. Los demonios de la guardia agarraron a Thor por los brazos. Estaban amenazando tácitamente a Calimacil. Era un: libéralo o mataremos a tu aliado. A la elfa no le importaba eso. Hizo una mueca de desprecio y se aprestó a acabar con el bebé de Loki.

El cuerpo del jötun se revistió con su magia y cambió de forma. Se transformó en Eyvindur. Su versión de larguísimo cabello y aspecto resplandeciente. Calimacil dudó, quizás recordaba a su príncipe, pero Loki estaba mirando más allá de ella, a Larus. Del cual todos se habían olvidado pero que seguía de pie.

–Ada –lo llamó. –Im Eyvindur, ¡edraith enni! –le dijo su nombre, le imploró que lo salvara.

Calimacil tomó impulso con la espada pero de pronto jadeó ahogadamente, se dio la vuelta y Loki vio que tenía una flecha clavada en la espalda. La elfa tuvo que abandonar sus amenazas hacia Loki para defenderse de Larus, quien volvía a desangrarse pero aún así arremetió con furia homicida.

Thor se zafó de los demonios que lo apresaban. Le aplastó el cráneo sólo con sus manos a uno, al otro lo pateó apartándolo y luego le pisó el cuello rompiéndole la tráquea.

Gwathnor el espantoso irrumpió como una marejada y se fue directo sobre Thor. Había perdido sus espadas en la pelea con Kranjcar y Rojo pero aún así acometió con sus garras. Loki sintió que vivía una maldita pesadilla. Se levantó recobrando su forma de jötun y fue a por Laevateinn.

Larus gritó, un grito que se fue apagando poco a poco. Loki no tuvo ni que mirar para saber que Calimacil lo había vencido. Escuchó que la elfa lo insultaba jurándole que lo ensartaría como a un tordo. Loki alzó a Laevateinn. Activó la magia de tiempo contenida en ella. La daga brilló y Loki se movió. No sentía los efectos de ese seidh pero Calimacil, Thor, Gwathnor, todos se habían detenido casi por completo. La elfa se movía muy despacio. Loki le arrebató su espada pues no quería contaminar a Laevateinn con la sangre de la viciosa mujer.

–Adiós Telenma –la llamó por su nombre antes de decapitarla.

Y cuando hubo hecho eso se giró contemplando el caos en el que se hallaba inmerso. Mephisto había ardido hasta convertirse en un montón de cenizas entre las que brillaba Crepúsculo. Gwathnor tenía a Thor en vilo sujetándolo por el cuello. La guardia de demonios ya no existía. Loki ni siquiera podía correr hacía Thor y Gwathnor sin pasarle encima a los cuerpos. Larus había caído cerca de él, tratando de alcanzarlo. La magia de tiempo se agotaba, un seidh poderoso pero por lo mismo efímero. Loki hizo algo de lo cual intuía que podía arrepentirse. Conjuró una daga de hielo en su mano derecha y se la arrojó a Gwathnor hacia un brazo.

El tiempo volvió a correr. El cuerpo de Telenma cayó a los pies de Loki mutilado y la daga de hielo le dio a Gwathnor. El demonio soltó a Thor el cual lo esquivó para volcarse hacia Tyr nuevamente.

Loki cambió de forma para él, como había hecho con Larus. Se convirtió en su yo aesir, de piel clara y ojos verdes.

–Anarinya –le habló. –Te lo imploro –abrió los brazos plantado en medio de Tyr y Thor. Su sol respiraba agitadamente con todos los músculos tensos. Tras él Gwathnor se alzaba amenazante. Loki tendió una mano en su dirección y probó a hablarle en nevirio.

–No te muevas –le pidió. Gwathnor avanzó unos pasos más. El gigante de fuego azul se veía más feroz que nunca, rugió y su voz sonó como hielo resquebrajándose. A Loki se le erizó la piel. –Gwathnor, no –fue firme. Desde lo alto del dosel Lyngbakr chilló agudo como subrayando la orden de Loki. Gwathnor el espantoso se quedó quieto.

Durante el lapso de un latido Loki sintió que tenía todo bajo control. Que aún podía triunfar a pesar del revés de haber perdido a Mephisto.

Pero entonces Thor lo atacó. Lo agarró de la ropa y lo arrojó a un costado, y cuando Loki intentó levantarse le asestó un codazo en un costado de la cabeza. Loki vio luces dentro de sus parpados y un dolor agudo y punzante en el oído. Cuando se recobró un poco vio que Thor tenía a Tyr, le estaba sujetando la cabeza entre sus antebrazos para partirle el cuello.

–Tu deber es protegerme –le habló Loki. –A mí, a nuestro hijo. ¿Recuerdas? –Thor lo miraba confuso pero demasiado enardecido por la batalla. –Si es niña se llamará Trud –Loki trató de pararse pero le falló el equilibrio –y si es un niño se llamará…

–Modi –completó Thor. Loki asintió esperanzado.

Y entonces sonó "crack" y Tyr dejó de existir por obra de Thor.

–¡No! ¿Cómo pudiste? –Le reclamó furioso a Thor.

–Era mi deber.

–¡Imbécil!

Y entonces atraído por su ira, Gwathnor le cayó encima al draugr.

Loki sintió que no podía resistir más esa locura. Le gritó a Gwathnor para frenarlo pero fue ignorado. Thor no se doblegaba le había atrapado las manos a Gwathnor y por un momento los dos se quedaron quietos haciendo presión para ver cuál era más fuerte.

Loki sintió que vivía el día más largo de su vida. Lyngbakr aterrizó ante él y cambió de forma, se convirtió en un enorme can negro de pelaje corto, tenía una mancha blanca en la frente. Se quedó ahí como defendiéndolo y deteniéndolo a un tiempo. La conciencia abandonó a Loki de a poco. Plegó a Laevateinn de vuelta a la runa en su piel, se agarró del cuello de Lyngbakr y cerró los ojos.

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La diosa estaba de pie en el borde del mundo pero las esferas no cantaban esa noche. Estaban silenciosas, los hados suspendidos. La diosa entendía mucho de los mundos, del tiempo, del árbol. Había senderos trazados pero nada podía realizarse sin los actores indicados; ni contra la voluntad de estos. Cada día los hilos del tejido de Berthandi se entrelazaban con los de Skuld y cuando se tocaban, todo aquello que podía llegar a ser cobraba vida y se hacía realidad, pues cada hilo era una historia por ser narrada. Cada uno de esos hilos era insignificante por sí mismo, pero a veces, en ocasiones anormales y muy particulares, la existencia se veía atrapada en una encrucijada durante la cual parecía que la norna Berthandi llegaría al final de su labor, parecía que el Ragnarok acaecería sobre todos. Hela vigilaba en eterna guardia, una que empezó aún antes que la de Heimdall. El espíritu Hel era uno de los protagonistas de ese final. Uno que los demonios estaban tratando de forzar aún en contra de los designios del árbol.

Miró el Ginnungagap a sus pies y las ramas altas del árbol sobre ella. Tenía una gran inquietud en su corazón, un presentimiento. El árbol intentaba hablarle pero no podía escucharlo. Ella misma no sabía por qué.

–Mi diosa, mi hermosa señora –dijo una voz. Sólo a uno le había permitido acudir al borde del mundo junto con ella.

–Tyr –dijo Hela aún antes de voltear a mirarlo.

El dios había vuelto a ella, por fin. Hela dejó de pensar en sus inquietudes cósmicas para fijarse en él. En Tyr con su largo cabello negro, sus ojos azules y su sonrisa. Se alegraba de estar a su lado, seguramente había padecido los más terribles tormentos, pero ahora que se reencontraban parecía que los olvidaba. Tyr era manco, pues Hela siempre recreaba a los draugr lo más similares a sus cuerpos originales para que pudieran adaptarse con facilidad a su nueva existencia.

–Salve Hela, reina del Nifflheim, he retornado a tu gloriosa presencia junto con aquellos que enviaste en pos mío excepto por uno.

–Thor –adivinó ella. –Así que ahora él es prisionero de Mephisto en tu lugar. Ha cumplido su deber para conmigo excelsamente.

–No fue solamente Thor. Mis últimos momentos fueron muy confusos pero recuerdo que esto me fue dicho "serás libre por mi mano, la mano de Loki de Asgard". –Le dijo Tyr tendiendo la mano izquierda hacia Hela para rozarle el cabello negro.

–¿Loki? –Dijo la diosa y se llevó una mano a la boca. –¿Lo viste?

–Sí –corroboró Tyr. –Tenía forma de jötun y un embarazo muy avanzado. Mi bella ama, ¿qué pasa? –Le preguntó pues vio que el semblante de la diosa se desencajaba.

Hela no comprendía cómo había hecho Loki para llegar hasta la fortaleza de Garm, cómo había podido cruzar por su reino sin ser detectado y sin morir en el intento. Ella sabía que estuvo perdido, que no había regresado a su hogar en Asgard pero confiaba que se estuviera ocultando por su necromancia y porque portaba dentro a la serpiente del caos. ¡No que la hubiera conducido hasta quien más la codiciaba!

Por eso ningún espíritu cantaba esa noche, por eso ella intuía una encrucijada del espacio–tiempo. Todo estaba en vilo, aguardando a que Mephisto estirase la mano y tomara a Jörmundgander para usarla y destruir los mundos.

–Ese estúpido –y no sólo eso –lleva dentro de él a mi heredero –reveló la diosa. Le tendió su mano izquierda, su lado con vida a Tyr. El manco la sujetó atrayéndola a él. Se abrazaron brevemente, se hacían fuertes uno al otro.

Los dos emprendieron camino de vuelta al castillo. En el trayecto Hela le fue contando que había descubierto que no es la fuerza del dam la que hace poderosa a los hijos de los foreldrar, sino su unión con un sire de sangre poderosa, esa combinación era la que hacía posible que el hijo fuese lo mejor de ambos. Por eso, los hijos de Loki y Thor podían mezclarse con los espíritus del caos, tal como Hërin había demostrado.

–Hace poco encontré a Loki en Svartalfheim, prisionero de un juramento, cautivo en el observatorio. Estaba gestando y pensé "es la última vez que hace esto, pues no saldrá con vida, lo rodean demasiados peligros como para que sobreviva". –Le contó Hela a Tyr. –Él me preguntó si el mornië que llevaba puesto en ese momento podía dañar a su hijo y yo me aproveché de su vulnerabilidad para hundir mi mano en su vord y manipular la magia que apenas comenzaba a darle forma a su retoño. Le di de mi poder para incrementar esa energía y la dividí en dos. Uno para los fines que Bölthorn le tenía destinado, el otro para que se convirtiera en mi heredero.

Eyvindur le había dado tiempo pero no la había vuelto eterna, nada podría lograr tal prodigio. Uno de los nonatos de Loki contenía a Jörmundgander y Hela deseaba apoderarse del segundo para transmitirle al espíritu Hel, y sentarlo un día en el trono del inframundo.

Mephisto no se saldría con la suya. Los foreldrar le pertenecían a Hela, los espíritus del caos eran sus hermanos. No consentiría que el demonio acabara con todo si estaba en su mano impedirlo. Montaría en Helhesten el cual podía recorrer el inframundo raudamente, llevaría a Tyr con ella. Alistaría a los draugr a partir de inmediato. La diosa se había marchitado pero le quedaban fuerzas para una última batalla.

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Los draugr no duermen aunque pueden hacerlo sí lo desean. Pero lo que sí hacen es quedarse inconscientes. Cómo Thor. Gwathnor se había impuesto a pesar de sus esfuerzos y en parte fue porque Thor se distrajo. Durante todo el combate estuvo distraído por culpa de Loptr. Al final lo vio desmayarse y quiso correr a su lado, alzarlo en brazos y después huir junto con él; y por eso Gwathnor le había acertado un puñetazo seco en la frente mandándolo al suelo y acabando con él a patadas.

No lo mataron, porque un draugr muerto tan sólo vuelve a empezar su vida, pero un draugr cautivo no puede volver donde su diosa.

Thor quizás era el draugr más poderoso de todos pues durante la larga travesía que había realizado sólo lo habían dejado inconsciente dos veces, la primera fueron Harut y Marut que por poco lo mataron con sus zarcillos oscuros, la segunda vez fue esta.

La primera vez soñó con Loptr en esa maravillosa forma de piel clara y ojos verdes.

Esta vez le pasó lo mismo.

Estaba en medio de un jardín muy basto, tras el cual se alzaba un castillo dorado. Loptr estaba sentado en el pasto con la espalda apoyada en el tronco de un árbol. Lo vio embarazado pero no azul. De nuevo tenía esa forma que enloquecía a Thor, seduciéndolo tan sólo con su presencia. Había tres chiquillos correteando cerca de Loptr.

Thor ya había soñado antes con esto. Estuvo seguro de ello, todo era increíblemente familiar. Se fijó mejor en cada uno de los niños.

–Magni –pensó Thor fijándose en el mayor de ellos, mirándolos desde la periferia de la idílica escena. –Hërin –el otro niño muy parecido a su hermano, le estaba sobando la panza a su padre. El corazón se le encogió conmovido ante la pequeña niña. –Nari, mi Nari. –La que lo adoraba tanto, la que lo colmaba de un afecto purísimo. –¿Qué les habrán dicho de mí? –Se preguntó, porque pudo recordar por fin que eran suyos. ¿Les habrían dicho que murió?

Se acercó poco a poco. Loptr alzó la mirada al notarlo y le sonrió. Thor aupó a Nari y le besó las mejillas. Ella se reía acariciándole la barba y diciéndole que le hacía cosquillas. No la bajó, se sentó junto a Loptr el cual sin dudarlo y con la familiaridad de quien es tu esposo, se inclinó sobre él para besarle en los labios.

–¡Papá! –Gritó Hërin y se tapó los ojos abochornado. Loptr sonrió y negó.

Thor estaba muy desconcertado. Comprendiendo de a poco.

Magni y Hërin se acomodaron a su lado. Thor les revolvió el cabello a uno y a otro. Y luego metió a sus tres hijos dentro de un abrazo.

–Padre –dijo Magni sonrojado ante tanta efusividad y Thor recordó que a Magni no le gustaban los despliegues de afecto. Que era muy serio y que solía reprimir todo. Pero por eso mismo Thor los apretó un poco más. Hërin meneó la cabeza recordándole a Thor a un cachorro. Porque…

Le tomó un instante…

Porque si lo era, era un cachorro de lobo, era a un tiempo Hërin y Fenrir.

Y Loptr, Thor soltó a los niños para abrazar a Loptr, para sobarle el abdomen con cuidado, se inclinó sobre él y le dio un beso ahí.

–Estás enorme –le dijo y Loptr lo miró mal. –Te encuentro hermoso.

–Anarinya, eso que dices es contradictorio –repuso nombrándolo por el mote afectuoso que Thor ahora sí recordaba.

–No, no lo es. Quiero verte, descúbrete.

–Los niños –dijo Loki y negó. Thor se rió, porque estaba hablando sólo de la barriga. Su Loptr era un pervertido en ciernes.

–Papá, un cuento –dijo Hërin, –prometiste un cuento.

–Que sea de dragones –pidió Magni.

Hubo un poco de revuelo mientras se ponían de acuerdo y al final, Loptr empezó una historia de un jötun que pescaba sobre el mar Öskjuvath. Magni no parecía muy feliz con esa historia, porque seguro lo habían criado odiando a los gigantes de hielo, pero Thor se encargaría de borrarle esas ideas. A pesar de su renuencia inicial acabó atrapado por la elocuencia de Loptr, estaba narrando que el gigante pescó un pez tan grande que parecía una isla pequeña.

–Cómo Hafgufa –dijo Thor, y se acordó que era un draugr en el Hel y que todo lo que estaba mirando era un sueño. El cuento acabó y los niños se desperdigaron para corretear por el jardín. Se quedaron uno junto al otro y Thor, aunque no supo todo sobre sí mismo, supo lo que le era esencial. –¿Por qué no me dijiste que eres mi esposo? ¿Por qué me ocultaste que descendiste a buscarme a mí? Me hiciste creer que este bebé es de Svadilfari, no mío. Y yo sin saberlo maté a Tyr. O nornas, maté a Tyr cuando lo necesitabas para que resurgiéramos juntos.

Loptr lo contemplaba sin decir ni una palabra. Claro, ¿qué iba a decirle si todo era sólo un sueño? Thor le apretó una mano con fuerza y entonces Loptr respondió a sus preguntas.

–No te lo dije porque a los draugr los enloquecen los recuerdos. Tenía miedo de lo que pasaría, cuando llegué a insinuarte un atisbo de nuestra vida juntos casi terminaste violándome y viste la manera en que se comportó Larus cuando me transformé en su hijo.

–Estás hablándome.

–Estamos compartiendo un sueño –le dijo Loptr. –Yo quería verlos, quería despedirme aunque fuese de esta manera.

Thor sintió esta gran angustia que le atenazaba el corazón.

–Loki –dijo y el nudo en su pecho se soltó un poco.

–Recuerdas mi nombre. –Thor asintió. –Mi verdadero nombre, sabes por tanto quien soy, a veces pienso que eres el único que lo hace.

–Loki –repitió.

Y entonces los demonios lo despertaron.

.

Oola era el ama de llaves del gran Mephistopheles. Había cuidado de la fortaleza de Garm para Harut y Marut; y ahora volvía a hacerlo para su señor. Tenía una ardua labor que llevar a cabo.

Llevaba puesto un vestido azul que se le ceñía como si estuviera enredada en él, tenía mangas amplias y un estampado que hacía evocar prímulas blancas en él. Oola tenía su largo cabello blanco lacio y cayéndole por debajo de la cintura como una cortina, los labios de color azul y una lágrima dibujada en la mejilla. Oola no poseía la capacidad innata de llorar así que se dibujaba lágrimas cuando había algo triste que ella quería honrar. Fue con pequeños pasitos por el salón principal en el que se había llevado a cabo el banquete en honor de Exaj el día anterior. Estaba vacío y limpio, un aire de abandono lo habitaba. La mayoría de los demonios que los draugr habían atisbado no habían sido sino ilusiones creadas por su señor Mephisto. En la fortaleza vivían apenas cien de ellos. La guardia de caras iguales eran todos copias de un solo demonio. Su señor Mephisto los fabricaba, así que para Oola no contaban.

Pasó el salón y fue a las habitaciones donde la masacre de los draugr había ocurrido. Tenía dos enfermos a su cuidado, ya había visitado al primero, a Marut el cual había aparecido arrastrándose esa mañana, medio muerto. El segundo era Exaj, pero antes de verlo a él quería asegurarse de que la limpieza estaba siendo llevada a cabo en tiempo y forma.

Los guardias seguían sacando cuerpos de sus compañeros muertos en combate. Habían apilado a los draugr junto a la entrada.

–Córtenles la cabeza y pónganlas en las murallas –les dijo Oola con su voz cantarina. No porque ella fuera cruel, sino porque así como Mephisto le había instruido que los pisos debían fregarse todos los días, la comida almacenarse con cuidado para que no se estropeara y ella debía calentarle la cama todas las noches, así mismo le había indicado que a los enemigos caídos debía cortárseles la cabeza para exhibirla. Los guardias no ejecutaron la orden ahí mismo porque ensuciarían aún más el piso. Empezaron a arrastrar los cuerpos de las lobas infernales, de Larus y de los demás. –Las armas llévenlas donde Exaj –indicó viendo pasar a Anglachel, el arco de los elfos, dagas, espadas de hoja curva y demás. Nadie tocó a Crepúsculo. Oola suspiró ante las cenizas que rodeaban la espada de Surtur. Sabía bien que pertenecían a su señor Mephisto.

Tan bien como sabía que él reviviría en cuestión de días.

–Oola –le habló una de las siervas, era pequeña como una niña aunque tenía cuerpo y razonar de adulto. –Exaj no se despierta, balbucea entre pesadillas, tiene el abdomen muy duro. ¿Serán contracciones de parto?

Oola sabía muy poco de embarazadas y alumbramientos. La experiencia que poseía era debido a las huldras que Harut y Marut a veces llevaban hasta ahí, las cuáles invariablemente acababan preñadas de los demonios en el castillo. Ellas se ponían enormes hasta que parecía que el abdomen les iba a estallar y entonces sencillamente se tumbaban donde fuera y echaban afuera a su progenie sin problemas. Les cortaban el cordón umbilical con los dientes y se los pegaban al pecho para levantarse como si nada. Oola las detestaba, siempre medio desnudas, salvajes, enloquecidas, escurriendo fluidos por los pisos de la fortaleza.

No estaba segura de que Exaj fuese a hacer lo mismo. De hecho no creía que fuera así.

Su señor Mephisto le había encomendado cuidar de Exaj así fuera a costa de su propia vida, le era más caro que nadie a su amo.

–La volva sabrá que hacer –caviló Oola. Porque esa bruja siempre sabía todo.

Tenía prohibido acercarse y aún más prohibido despertar a la volva, quien era una poderosa hechicera y además la adivina personal de Mephisto. Muy valiosa, demasiado. Pero su señor no estaba y Exaj necesitaba ayuda. Así que Oola dejó a sus vasallos limpiando el estropicio y ella se fue con sus pequeños pasos y sus ademanes de hada hasta la torre de guardia de la fortaleza. La volva vivía ahí, apartada de todos. Había que cambiarle el agua de su fuente cada semana, labor que Mephisto hacía en persona o que se le encomendaba a los demonios de la guardia.

Oola entró en la habitación de la volva asomando primero la cabeza y fijándose por si estaba despierta, aunque sabía de antemano que eso era muy poco probable. En la torre habían acondicionado tres metros de tierra fértil y una fuente de agua cristalina. Oola la vio tomando el sol junto a la ventana que iba del piso al techo. Tenía sus raíces metidas en el suelo, sus brazos extendidos hacia arriba de los cuales brotaban varias ramitas repletas de hojas verdes. La volva tenía el rostro oculto en el tronco. Era más alta que Oola aunque igual de delgada. A simple vista parecía un álamo blanco.

Oola entró encajando sus tacones en el suelo de tierra. Se las apañó para conservar equilibrio.

–Buen día –le dijo a la volva la cual crujió levemente despertándose. –Mi señor Mephisto te tiene un tarea, debes ayudar a… –La volva bajó los brazos y reveló su cabeza haciéndola emerger del tronco. Tenía cabello largo de tonos entre pardos y verdes. Su rostro era el de una mujer de aspecto tímido, –ayudar a alguien –completó su idea Oola. –Por favor ven conmigo.

La volva pestañeó y bostezó. El árbol fue cambiando, sacando las raíces y el tronco se hendió por la mitad hasta formar piernas, unas cubiertas de corteza y de las cuáles brotaban ramitas en todas direcciones. Los brazos eran asimétricos pero terminaban en manos delicadas de dedos delgadísimos. El follaje que Oola había visto aún los cubría. La volva se movió despacio primero hacia la fuente.

–No hay mucho tiempo –dijo Oola al verla sumergir sus pies–raíces en ella.

–Siempre hay tiempo –replicó la volva con su voz algo gutural y rasposa.

Una ardilla había llevado la volva al castillo siglos atrás, o eso le habían contado a Oola que apenas llevaba veinte años al servicio de Mephisto. Ratatöskr, lo había hecho a cambio de que Mephisto liberase al halcón sin nombre que se posaba en las ramas más altas del Yggdrasil, el único compañero que Ratatöskr tenía. Mephisto se había quedado la volva y había soltado al halcón. Pero para ese momento ya tenía nombre y estaba domado, así que aunque se fue con Ratatöskr, por la noche volvió a su percha en la fortaleza de Mephisto. Ratatöskr había montado en cólera pero no era rival para el señor demonio y eventualmente tuvo que claudicar en su indignación. Oola había visto a la ardilla gigante algunas veces, pues de tanto en tanto acudía a visitar a su amigo.

La volva se tomó su tiempo para bañarse–desayunar, que era lo que hacía echándose agua encima con los brazos y bebiendo a través de sus raíces. Oola esperó y esperó, se alzó los bajos del vestido porque lo estaba enlodando.

Cuando volvieron a ponerse en camino encontró que la volva se movía rápido cuando así lo quería. Bajó las escaleras andando sobre sus raíces, haciendo un extraño frú–frú a cada paso que daba.

Oola sabía que este ser no era un demonio. Era una astilla robada del Yggdrasil a la cual Mephisto se las apañó para hechizar hasta hacerla convertirse en el árbol que Oola ahora veía.

Y la volva fue hasta Exaj, el cual estaba alojado en una habitación blanca, hasta los muebles eran blancos. Dormía en una cama redonda y enorme, estaba vestido con una túnica que le llegaba por debajo de las rodillas, de mangas largas y cuello circular, era de color verde porque Oola pensó que ese era el color que mejor le combinaba a su piel azul. Oola en persona, ayudada por algunas siervas, lo había aseado, le había quitado sangre de encima, lo habían secado con cuidado, lo habían vestido con esa ropa apropiada para su embarazo y luego lo habían puesto a descansar.

–Jötun –dijo la volva acercándose de esa peculiar manera que era a la vez caminar y deslizarse. Se quedó parada, pues le era imposible sentarse, y le posó una mano en la frente.

– ¿Se va a morir?

–Hoy no –dijo la volva, –sólo está cansado.

–¿Y su bebé? –La volva le apoyó ahora la mano en la barriga.

–Sus bebés –corrigió. –Están despiertos, muy tensos porque su mamil está sufriendo.

Oola suspiró aliviada, porque Exaj no debía dar a luz todavía, no tenían pañales, ni leche que darle a su hijo, a sus hijos más bien.

–¿Lo puedes ayudar? –La volva asintió y se desprendió de algunas hojas, las más verdes que tenía en el antebrazo, se las pasó a Oola dejándolas caer en su mano.

–Prepara un té con mis hojas, lo calmará y junto con él a sus bebés.

Oola se fue andando con cuidado, llevando aquellas hojas entre sus manos a manera de cuenco.

La volva se quedó mirando al ser en la cama. Le apoyó un dedo en la frente y luego lo separó halando un hilo que quedó flotando en el aire. Era el hilo de la norna Urd que todos portamos dentro, en el que está escrita nuestra historia y que tiene su origen en el tapiz de la norna del pasado. La volva podía leer esos hilos como hija del Yggdrasil que era. Ella era neutral en la guerra entre Mephisto y Hela, no apoyaba ni a uno ni a otro, no deseaba acelerar la llegada del Ragnarok ni frenarla. Había sido ella quien profetizó la llegada del gran destructor del universo.

"El verdadero dios del engaño traerá a este mundo a los espíritus del caos. Quien logre domarlos será la chispa que empezará el Ragnarok".

Eso le dijo a Mephisto que era el dios del engaño en el reino de los demonios. Mephisto le narró hacía poco, que ya había conseguido sacar del Ginnungagap a dos espíritus: al lobo ancestral y a la serpiente del caos. El tercero, el guardián del inframundo, estaba en poder de Hela, pero Mephisto le aseguró que iba a conquistarlo de alguna manera.

La volva fue leyendo el hilo del pasado en sus manos. Y fue así que supo que estaba cuidando de Loki Odinson. Supo que era un seiðmaðr de un tipo del que el árbol hizo bien pocos, un cambiaformas; que además era de otro tipo de seiðmaðr de los que había aún menos, un invento de Hela, un foreldrar; y también supo que tenía dentro de él la bendición del Yggdrasil pues igual era del tipo de seiðmaðr de los que había escaseaba: de los que contemplan el árbol.

La volva dejó ir el hilo y se fijó en que a Loki le sangraba un oído. Su vord estaba débil y su cuerpo físico dolorido. Haría falta más que un té relajante para calmar tanto a la madre como a los hijos. La volva se mordió un dedo y una savia transparente y pegajosa brotó del pequeño corte. Le separó los labios a Loki y dejó que unas pocas gotas cayeran en su boca. Esperó a que lo tragara y esperó a que le hicieran efecto. La volva tenía la vitalidad de su padre, el Yggdrasil, así que le convidó de un poco a Loki.

Lo vio abrir los ojos casi de inmediato, reanimado y curado. La miró con expresión azorada y luego giró la cabeza revisando en derredor.

–¿Dónde estoy? –Preguntó hablando aesir. Sus hijos debieron moverse dentro de él porque se sobó la panza con movimientos calmantes.

–Estás en la fortaleza de Garm, al norte de las tierras de la señora Hela; te recobras en el ala este, en la alcoba que Oola te destinó –respondió ella en el mismo idioma.

–¿Y Thor? ¿Y Tyr?

–No lo sé pero Oola vendrá pronto y a ella podrás dirigir tus inquietudes. –Él asintió pero no parecía más tranquilo por eso. Seguía sobándose el abdomen. –Relájate –le pidió la volva –para que transmitas paz.

Él inhaló hondo intentándolo pero era imposible. Su mente estaba anclada en una idea fija que lo atormentaba.

–¿Quién eres? ¿Qué eres?

–Soy una volva.

–Tu nombre –exigió bruscamente.

–No tengo –explicó ella. –No es importante –esa individualidad era ajena a su naturaleza. –Loki –le habló y él se mostró espantado de que supiera su nombre.

Cuántas cosas preocupaban a este ser.

Ella hizo ademanes de que debía calmarse, le habló despacio meciéndose casi imperceptiblemente y dejando que su follaje creciera como el árbol que podía ser hasta inundar el techo de ramas. Le sonrió para ver si lo calmaba con eso y le pareció que de verdad se relajaba.

–Estoy atrapado en este reino, quiero ir donde Hela.

–No puedes, estás muy voluminoso, no aguantarías el camino hasta allá.

–Debo ir a ella, no comprendes la gravedad de mi situación. Perdí a Tyr, Mephisto ardió y Thor piensa que soy un demonio, ni hablándole de nuestros hijos me recuerda; los draugr que lo seguían me han abandonado y ahora no sé qué debo hacer.

–Eres tú el que no entiende, mira tu cuerpo, debes descansar porque no podrás irte. Mejor ponte a pensar en cómo vas a cuidar de…

–¡Déjame estar! –Ahora estaba irascible. –Si no puedo negociar el alma de Thor con Hela todo habrá sido en vano. Debe haber algo que aún quiera, debe haber…

–¿El alma de Thor?

Loki salió de la cama. La volva inundó aún más el cuarto con su follaje atrapándolo entre la cama y ella. Lo vio sacar de su muñeca una daga pero ella no comprendió que pretendía.

–Apártate.

–Me trajeron a ayudarte. Estás preocupado por el alma que compartes. –Loki no se movió ni un ápice. –No leí tanto de tu historia así que tendrás que llenar los huecos que me faltan. Vi que el árbol bendijo tu unión con éste llamado Thor, el Yggdrasil dio por bueno un juramento de compartir el alma. Dijiste que quieres negociar con la diosa pero no entiendo que pretendes pues le pedirás algo que no le pertenece

–¿No le pertenece? ¿Cómo puedes aseverar algo así?

–Yo sé mucho –dijo la volva sin presunción, –y si algo entiendo es al árbol, porque vengo de él. Si comparten el alma entonces no puede ser de la diosa.

–Lo convirtió en draugr.

–Te la tomó prestada, porque las almas pasan por sus manos antes de seguir su camino. Si la comparten es tuya y tú eres suyo.

–Es un draugr –repitió Loki confundido y más enojado todavía.

–No importa. Los draugr son violentos y mueren en esa violencia. Cuando él muriera como draugr su alma volvería a ti para acompañarte hasta tu día final.

–Reviví su cuerpo –le contó Loki y la volva sonrió alentadoramente.

–El trono del alma, eso es un cuerpo. Eres muy inteligente Loki, tienes el receptor ideal, la diosa tenía el alma en préstamo pero cuando el draugr perezca el alma volverá a ti y sólo debes estar cerca para que sea depositada de nuevo en su lugar.

Loki guardó su daga y se sentó en el borde de la cama. Tenía la mirada perdida en un punto impreciso.

–¿Cómo sé que no mientes?

La volva agitó su follaje. La pregunta no tenía sentido, ella como podía saber cómo podía saber él lo que quería saber.

–No lo sé –respondió.

–¿Qué pasará si muero en este lugar? ¿Qué pasará con el alma de Thor?

–Cuando mueras, sea en este lugar o en cualquier otro irás al Helgafell porque eres jötun; y Thor te seguirá eventualmente –lo dijo en tono alegre, porque así estarían juntos. –El Helgafell o crisol de almas –explicó –es un lugar hermoso, les gustará mucho.

Ahora estaba más angustiado. La volva ya no sabía que era lo que estaba haciendo mal.

–Si hubiera vuelto a Asgard? ¿Si me hubiera resignado a tener a Thor así cómo estaba?

–¿Cómo era eso?

–Era un caparazón vacío, un cuerpo sin alma. ¿Qué habría ocurrido si tan sólo me hubiera quedado a su lado?

–El día en que el draugr fuese aniquilado ese cuerpo desalmado del que hablas habría recobrado la parte que le faltaba y despertado a la conciencia de nuevo. ¿Por qué preguntas eso? Eso no fue lo que hiciste, ¿por qué preguntas por lo que pudo ser pero no fue?

–Porque si lo que dices es cierto, entonces viniendo aquí tras él, cometí suicidio. No voy a sobrevivir esta vez –musitó con voz queda agarrándose la barriga de nuevo.

–Mi savia es muy nutritiva, es probable que pueda servir como leche materna –lo alentó. –Si no sobrevivirás, haz los preparativos necesarios, encárgale todo a Oola, ella es una gran cuidadora.

–Lo lamento –siguió diciendo él desolado. La volva lo rodeó con sus ramas haciendo un "shhh, shhh", no estaba segura de que le estuviera hablando a ella. –Lo lamento por todo –siguió diciendo.

.

Thor abrió los ojos suspendido en el aire, había perdido la noción del tiempo. Estaba encadenado por los brazos colgando del techo de una mazmorra. Lo tenían sometido igual que a Tyr en su momento. No le habían amputado nada, tenía todo en su sitio pero no estaba seguro de que permanecería así. Un par de demonios idénticos de caras cerosas lo estaban picando con la punta de sus espadas despertándolo.

A pesar de que seguía dolorido por la última batalla tensó los brazos tratando de zafarse de las cadenas. Se tensó listo para pelear y resistir. Lo descolgaron y lo sacaron de ahí a la rastra. Se dejó llevar esperando el momento propicio para atacarlos.

Había diez demonios más aguardando afuera, lo llevaron en volandas fuera de las mazmorras, ascendiendo por escaleras empinadas cuando emergieron por una enorme puerta, lo echaron a los pies de una mujer, ese demonio de trenzas blancas y cara pintada colorida.

–No, no, no, no entendieron –dijo ella palmeando levemente. –Nuestro señor Exaj dijo, "pónganlo en libertad y condúzcanlo hasta mí", nunca dijo "tráiganme al prisionero". Así que quítenle las cadenas. –Los demonios obedecieron y Thor se irguió cuan alto era. Se planteó partirle el cuello a la mujer sólo porque era un demonio pero entonces ella dijo: –Te conduciré hasta mi señor Exaj. Dijo que querrías verlo.

Thor se palpó una cicatriz de muchas, que tenía en el abdomen donde Loki lo había acuchillado una vez, al tocarla sintió que recordaba. El leding en su cuello se calentó sin quemarlo, como cuando estuvo a punto de ahogarse en el Gnipahellir y la gema lo protegió. Sus recuerdos, no todos, pero los que importaban enraizaron en él sin quitarle raciocinio.

Claro que quería ver a Loki.

.

La mujer se llamaba Oola y no lo llevó donde Loki. Primero hizo que lo asearan, que le vendaran las heridas, que le dieran ropas nuevas algo principescas y por último lo presentó ante un ser que era a la vez una mujer y un árbol.

–Y este es Thor –dijo Oola con voz cantarina. –Y esta es la volva –la anunció juntando sus manos y parpadeando con dramatismo. Era al mismo tiempo mujer y árbol, y le puso las manos sobre el rostro a Thor. Asintió como dando algo por bueno, algo que no enunció en voz alta.

–Loki piensa que este es el final. Y quizás lo sea pero lo que no entiende es que eso no es malo. Lo único que pueden hacer es decidir qué es lo que harán con el tiempo que les resta.

Tras las palabras de estas extrañas, le permitieron a Thor entrar en la alcoba donde tenían a Loki.

Estaba hecho un ovillo, o lo más parecido a un ovillo, su abdomen le impedía doblarse demasiado sobre sí mismo. Thor se sentó a su lado en esa habitación blanca.

–Loki, no desesperes –le susurró rozándole un hombro. Loki se estremeció y se apartó. Tenía los ojos aguados, el rostro desencajado y la mirada apagada. Hizo surgir a Laevateinn desde su muñeca y se la tendió a Thor por el mango.

Él la tomó con cautela. Loki se desabotonó la túnica abriéndola lo necesario para mostrarle a Thor el esternón.

–¿Me recuerdas?

–Sí.

–¿Me amas?

–Siempre.

–Entonces quiero que hagas algo por mí, quiero que escuches la confesión de todos mis yerros los cuáles me han traído hasta aquí; y después de eso es mi deseo que me mates. No aguardaré el final que les depara a los foreldrar, eso sería demasiado horrible; y además debemos impedir que los demonios tengan oportunidad de sacar a nuestro hijo de mis entrañas.

–No te haré daño –replicó Thor. –No tomaré tu vida Loki.

–No asegures nada hasta que me hayas oído. No te dije esto aunque tuve oportunidad de hacerlo. Nuestro hijo está fusionado con Jörmundgander, al igual que Hërin está unido a Fenrir. Quizás ni siquiera es humano, para lo mucho que se mueve dentro de mí, me hace evocar fácilmente a una serpiente nadando en mi cuerpo. Yo propicié que pasara. Desde el momento en que te pedí que lo concibiéramos, ya había decidido usarlo como escudo para salvar mi vida.

Thor se quedó inmóvil escuchando una historia que Loki no pudo contarle antes, primero porque no quiso y después porque no pudo. Y Thor entendió que Loki no había pretendido convertir a su hijo en un monstruo, que lo había hecho todo por salvarse. No podía negar que se sintió hondamente traicionado, una sensación que ya antes había conocido, más de una vez y precisamente de la mano de Loki.

Pero mientras Loki hablaba y hablaba contándole lo que había hecho desde el día en que Thor murió, Thor se percató de que no le importaba lo de Jörmundgander y su hijo. Sellarían la serpiente para que no pudiera causar daño y… y Thor estaba pensando en que saldrían juntos del inframundo, una esperanza que ya no habitaba en Loki.

–Loki, no temas –lo interrumpió de que siguiera pintándose como un bastardo insensible, como si Thor no supiera que lo era desde un inicio. –Yo jamás me rendiré respecto a ti, eso ya lo sabes. –Loki empezó a llorar a lágrima viva, mostrándole a Thor una fragilidad sin ambages ni mascaradas. Thor dejó a Laevateinn de lado y abrazó a Loki. –Te prometo que hallaré la manera de conducirte de vuelta a casa y que conocerás a este pequeño que llevas contigo, sin importar lo que pasó con él.

Loki lo miró y su semblante cargado de tristeza pareció recobrar un poco de su vitalidad.

–Tú siempre cumples tus promesas. El día en que moriste, antes de partir al combate me prometiste volver a mí; pero como soy un imbécil descuidado no entendí que en verdad lo harías. Que aún más allá de la muerte volverías. –Thor lo estrechó posándole una mano en la barriga. Loki se estaba poniendo completamente en sus manos. No podía pensar con claridad pues la desesperación le nublaba la mente. Su magia estaba muy disminuida debido a su embarazo. Su cuerpo no tenía las fuerzas de antaño. Lo único que le quedaba era Thor para que lo salvara. Por primera vez estaba completa y absolutamente desvalido.

No recordaba bien pero estaba seguro de que a veces deseó poder ser un héroe para Loki. Ahora se arrepentía de ello. Verlo sufrir a la deriva bastaba para quitarle lo posesivo.

–No te atormentes –le susurró acariciándole el cabello. –Te sacaré de aquí, lo juro.

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CONTINUARÁ…