Disclaimer: "Peleando a la muerte" es la traducción de "Fight to the Death" de Smudge93. Pueden encontrar la historia original en el link s/5061101/1/Fight-To-The-Death

Todo lo que puedan reconocer de es de Warner y lo demás de ella.

Hola a todos, ¿Cómo están? Sé que lo estaban esperando. Terminé y no lo pude guardar hasta el fin de semana. ¿Todos tienen ya sus pañuelos desechables? ¿Compraron más pañuelos desechables? Los necesitaremos.

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Capítulo 55: "Soledad, mi compañera"

Dean detuvo el auto a un lado de la carretera y salió, encontrando un punto en que podría observar el bus de su hermano partir, pero en que Sam no lo vería. Se apoyó contra el maletero con las manos a cada lado y esperó.

El vehículo retrocedió y dio la vuelta hasta la entrada principal, esperando para meterse en el tráfico. De un momento a otro, estaba moviéndose, pasándolo en un borrón de movimiento mientras agarraba velocidad y se alejaba con lo que sentía era su única razón de ser, a bordo.

Sintió como si alguien hubiese abierto un hoyo dentro de él. Toda su vida había sido acerca de cuidar y proteger a su hermano ¿Qué se suponía que iba a hacer ahora?"

Rodeó el auto y apoyó una mano en el techo mientras con la otra apretaba la manilla mientras su cuerpo temblaba violentamente con los sollozos que luchaban por liberarse. Se giró y se deslizó por el lado de la puerta. Puso sus codos en las rodillas mientras pasaba sus manos por su cabello, apretándolas una con la otra cuando se encontraron en la base de su cabeza. Un sonido bajo se escapó de su garganta.

Levantó su cabeza bruscamente y la golpeo con la puerta antes de dejarla caer nuevamente y permitir que las lágrimas cayeran.

Dean pensó que finalmente lo había entendido. Luego de todos estos años tratando de comprender. De meterse en la cabeza de su padre. Finalmente entendía.

Entendía lo que se sentía tener algo que amabas y por lo que te preocupabas más que nada en el mundo y que te era arrebatado.

Entendía lo que era mirar sin poder hacer nada. Sin tener los medios para pelear contra la fuerza que te lo había arrebatado.

¿Y entonces qué? Entonces venia el momento en que tenía que de alguna manera seguir adelante.

Si, finalmente comprendía. Encontró una nueva admiración por la habilidad de su padre de haber hecho simplemente eso. Quizá no lo había hecho todo bien, pero igual John había logrado levantarse y seguir sobreviviendo día a día.

Encontrar un propósito en la vida nuevamente. Una razón para continuar.

Dean solo tenía un problema para hacerlo.

Él no tenía algo a lo que culpar o donde enfocar su dolor. No tenía algo o alguien que pudiese cazar y destruir por quitarle a su hermano.

Sin Sam su vida no valía para nada.

Estaba jodido y lo sabía.

Bobby estaba de pie en el porche con la escopeta en sus brazos cuando Dean entro en la propiedad. Su padre estaba cargando las últimas de sus cosas en la camioneta.

Mientras bajaba del auto, la mirada de Dean voló a su propio bolso que estaba a los pies de Bobby. Miró entre ambos hombre y luego le dio una mirada de pregunta a Bobby, sin querer realmente acercarse. Temeroso de la mirada en el rostro del cazador mayor y sin desear que el hombre viese las marcas de lágrimas que todavía manchaban la piel de su rostro "¿Qué está pasando?"

"Nos vamos" le gruño John "Parece ser que ya no somos bienvenidos. Agarra tu mierda y vámonos" sin verificar que Dean siguiera su orden, John subió a la camioneta y encendió el motor.

"Tu papi y yo conversamos. Bueno, Yo hable y él…escucho" Bobby había apoyado la escopeta en el hombro y estaba caminando hacia Dean con su bolso en la mano libre. El joven se acercó y tomó el bolso tirándolo en el asiento trasero.

Los ojos de Bobby estaban llenos de preocupación cuando miró a Dean "¿Sam se fue bien?"

Un asentimiento de cabeza fue toda su respuesta.

"Hijo. Estoy malditamente enojado con tu papa en este momento y quiero que se vaya. Desafortunadamente, eso probablemente también significa que te vayas tu también. Es solo su bienvenida la que está revocada. Tu puedes quedarte si quieres"

Dean negó con la cabeza, sin confiar en su voz.

El hombre mayor se acercó "Quiero que sepas que si me necesitas para cualquier cosa, llámame. Para cualquier cosa, Dean. Si no lo haces y tengo que ir a rescatarte y salvar tu trasero no va ser bonito y no voy a ser responsable por mis acciones ¿Me oíste?"

Una leve sonrisa apareció en el rostro de Dean por un instante y asintió nuevamente.

"Cuida de ti, Dean…y de ese padre tuyo. Odio al hombre, pero no significa que le desee mal" sonrió ampliamente "Bueno, quizá solo un poquito"

John tocó la bocina y Dean se giró, dándole entender con una mano que lo había escuchado y metiéndose en el auto. Con un gesto de la mano se despidió de Bobby, expertamente girándola en el pequeño espacio y siguiendo a su padre hacia la carretera.

Bobby guardó una final maldición para el cabeza hueca de su amigo. Por lo que había hecho a su pequeña familia y se dirigió al interior de su casa.

Dean casi gruño aliviado cuando John finalmente entro al estacionamiento de un motel. Habían estado conduciendo por horas y estaba agotado. El estrés del día, sumado al largo viaje había robado casi toda su energía. Esperó en el auto hasta que John salió de la recepción y le indicó tres dedos con su mano y la parte más lejana del estacionamiento.

Retrocedió el gran Chevy y lo estacionó en el espacio vacío, dejando el que estaba frente a la puerta vació para la camioneta. Intentó no mirar el asiento vacío a su lado mientras descendía, agarrando su bolso y entrando a la habitación.

John todavía estaba de mal humor y Dean estuvo tentado de dar la vuelta y dirigirse al bar más cercano, pero estaba muerto de cansado. En su lugar, tomó su bolso y declinó con la mano la oferta de comida y se dirigió a la cama mientras su padre salía.

Dean ya había dejado caer su bolso en la cama más cercana a la puerta cuando se dio cuenta de su error. No era con Sam con quien iba a compartir habitación. Seria con John, por lo que Dean sabía que automáticamente quedaba relegado a la otra cama. Tiró el bolso cambiándolo de cama y se sentó suspirando. No se molestó en desempacar, en su lugar solo lo dio vuelta desparramando su contenido por el suelo. Moviendo las cosas con el pie encontró lo que estaba buscando. Se agacho para agarrar la camiseta y los shorts que usaba para dormir, deteniéndose cuando vio que había algo escondido dentro de la camiseta. Era una pequeña caja negra. La abrió. Dentro había un trozo de papel doblado y un llavero. Tomo el llavero y lo dejó balanceándose de su mano. Era una bala de plata.

La dejo caer nuevamente en la caja y desdobló el papel. Era la letra de Sam.

No me tendrás cerca para salvar tu triste trasero cuando te equivoques en una cacería, así que pensé que una ronda extra sería lo segundo mejor. Sam.

Dean soltó una risita, pero incluso a sus oídos sonó seca "¡jodido mocoso!" metió la mano en su bolsillo y cambio las llaves del Impala al llavero nuevo y lo dejó en el velador. Lo acompañaron su teléfono y su pistola. Le dio una mirada al teléfono y desechó la idea. Sam ya había mandado un mensaje diciendo que había llegado bien. Pensaría que Dean lo estaba controlando.

Dean se aseo y se cambió ropa y colapsó en la cama. Dando una última mirada al teléfono apago las luces. Pese a creer que no podría dormir esa noche, estaba profundamente dormido cuando John llegó. El mayor de los Winchester se cambió silenciosamente y se acostó en la cama opuesta. Las tensiones del día también pasándole la cuenta.

Observando a su pequeño dormido, John notó que pese a detenerse a comer y por gasolina, Dean no le había dicho una sola palabra desde que habían salido de la casa de Bobby y esa idea lo puso nerviosos. Recuerdos de un silencioso niño de cinco años sentado en una habitación de hotel, todos esos años atrás, resurgieron para atormentarlo.

Esta vez, juró, no iba a ser igual. John esperaba que mañana sería mejor día. Estaba seguro que no podía ser peor que este.

Dos semanas después: Sam

"Me necesitas. Me llamas" las palabras de Dean sonaban en la cabeza de Sam mientras se sentaba en el pequeño balcón fuera de su departamento, mientras daba vueltas el teléfono y se debatía entre si llamaba o no. Dos semanas y ya estaba dudando.

No es como si pasara algo malo. Le gustaba el lugar.

Tenía dinero que de hecho había ganado. Las personas en su trabajo eran agradables. El departamento era agradable. El clima era agradable. Todo era agradable.

Y sabía que ese era el problema.

Todo era tan agradable que no estaba seguro que él pudiese manejar tanta amabilidad en tan poco tiempo. Común, seguro. Descolorido. Aburrido, solitario. Se detuvo en ese pensamiento y lo desterró.

Giró el teléfono en su mano nuevamente. El departamento era enorme comparado con lo que estaba acostumbrado y se sentía como si tuviese eco. Extrañaba pelearse por el agua caliente. Extrañaba pelear por quien se comía el ultimo trozo de pizza. Extrañaba los ronquidos de Dean manteniéndolo despierto.

Extrañaba a Dean.

Observó el diario de cuero que descansaba en su rodilla. El que había encontrado en su bolso. Dean lo había puesto allí con una nota.

Sam.

Los diarios son una tradición de los Winchester. Puedes llevar este para que yo pueda reírme algún día de toda la mierda ridícula que escribiste en la universidad mientras todos los demás estaban en las fiestas de las fraternidades.

Dean

"Imbécil" la palabra salió con cariño de su boca y se preguntó si su hermano lo estaría extrañando también.

Poniéndose de pie puso el teléfono en su bolsillo y entro.

El juego de lápices que le había regalado su hermano estaba en la mesa y junto a la Taurus 92 de 9 mm que John había dejado en su cama en la casa de Bobby el día después de su cumpleaños. Sin una nota, ni tarjeta, solo el arma. Típico de John. Sam pasó una mano sobre el mango de perla y puso el arma a un lado para hacer espacio y abrir el diario.

Tomando uno de los lápices comenzó a escribir…quizá sería diferente cuando comenzaran las clases.

John y Dean

John estaba de pie en el medio de la habitación del motel y se preguntaba, no por primera vez en las últimas dos semanas, quien era este hombre que estaba frente a él. Sabía su nombre. ¡Diablos! Él le había dado su nombre, pero este no era el Dean Winchester que había criado y a su propia manera, amaba. Dean había cambiado transformándose en un extraño que John no podía leer y si decía la verdad…alcanzar.

Su hijo, una de las dos cosas que quedaban en este mundo que amaba, estaba de pie con su espalda hacia él a menos de un metro de distancia y sin embargo, John sentía que si estiraba los brazos igual no sería suficiente para cerrar la brecha entre ellos.

John casi no podía soportarlo más. La tensión del silencio entre ellos. El comportamiento oficial en las cacerías y en el manejo de las heridas. Todavía trabajaban como equipo. Y uno jodidamente bueno. Todavía eran capaces de decir qué iba a hacer el otro o como iba a reaccionar en una situación, pero había una necesidad en su hijo que John sabía él jamás podría llenar.

Dean no parecía descansar jamás. John sabía por qué. Era la misma razón por la que él los movía de cacería a cacería, de pueblo a pueblo a un ritmo incansable. Un ritmo que en algún momento pasaría la cuenta. Que en algún momento terminaría con una herida de gravedad o la muerte de alguno de ellos. Sin embargo, ninguno de los dos podía parar, porque detenerse significaba pensar en la persona que faltaba. Que faltaba en el auto, en la habitación y en sus vidas.

Y ninguno de los dos podía manejar el dolor que la ausencia de Sam había provocado.

Y tampoco podían hablar de ello.

Así que seguían moviéndose.

Solos, pero juntos.

John suspiró al ver el identificador de llamadas y se dirigió a la puerta de la habitación del motel "Voy a contestar afuera" le dijo a Dean sin esperar una respuesta que sabría no vendría "Hola, Agnes"

"No me digas hola, John Winchester"

John restregó su frente, intuyendo que esta no era una llamada social "¿Qué puedo hacer por ti?"

"Quiero saber qué está pasando"

"¿Quién sacudió tu jaula, mujer?" John se preparó para la respuesta.

"Una palabra-¡Dean! ¿Qué pasa con tu muchacho, John? Le envió un mensaje a Julie-Anne. ¡Un mensaje, John! Diciéndole que no lo llamara o contactara nuevamente. Ninguna explicación, ni siquiera una mala excusa. Después de todo lo que ella ha hecho por él. ¡Creo que se merecía un poco más que eso!"

Estaba dándole una jaqueca "¿Estás enojada conmigo? ¿Entonces por qué estas gritándome a mí?"

"El hijo de perra apago el maldito teléfono, así que eres la segunda mejor opción. Ve a darle una patada en el culo por mí. Mejor todavía, dime donde están y voy a dársela yo misma ¿Qué diablos se le atravesó ahora?"

John suspiró "¿Sabes que Sam se fue hace dos semanas?"

"Si" el tono de Agnes se suavizó cuando hablo nuevamente "¿Cómo le ha ido?"

"No sé. No ha llamado. Ni siquiera a Dean"

Agnes bufó frustrada "¿Dean está bien?"

Dándole una mirada a su hijo por la ventana del motel, John negó con la cabeza "Se siente como si alguien hubiese muerto"

Agnes bufó con burla "Estas siendo un poco melodramático ¿no crees, John? Sam no está muerto, solo fue a la universidad"

"No dije que fuese él quien murió" John observó a Dean que estaba agachado sobre una escopeta que estaba limpiando.

Hubo una pequeña pausa antes de que Agnes volviese a hablar "Va a superarlo. Dean es resistente"

John se pasó la mano por la cara y frunció el ceño "No, no creo que lo haga. La última vez que lo vi así, fue cuando Mary…él se retrayó y yo no podía alcanzarlo"

"Sigue intentándolo, John. Va a superarlo. Lo hizo la última vez ¿no?" Agnes sonaba mucho más segura de lo que John se sentía.

Hubo una largo silencio en que ninguno de los dos sabía qué decir a continuación "Si, quizá. Escucha Agnes, tengo que cortar. Tengo algunas cosas que hacer"

"Ok, John. Cuida a ese muchacho tuyo"

"Lo haré. Cuídate Agnes. Dile a Julie-Anne que lo siento"

"Si, lo haré. Adiós, John"

"Adiós"

Cerró el teléfono y volvió a la habitación, deteniéndose a los pies de la cama en que Dean estaba sentado "¿Tienes hambre? Iba a buscar algo para comer en esa excusa de cafetería que hay en la carretera".

Dean no levantó la cabeza, solo negó con esta y continuó trabajando.

John saltó enojado "¿El gato te comió la lengua Dean?"

Unos ojos vacíos se encontraron con los suyos "No tengo hambre" y con eso volvió a limpiar la escopeta.

"¡Agnes me dijo que Julie-Anne y tú terminaron?" John intentó conversar, pero Dean lo cortó.

"¿Y? no es como si hubiesemos ido a algún lugar de todas formas. Mejor no mantenerla esperando algo que nunca va a pasar" se puso de pie y dejó el arma en la cama. Agarró su chaqueta "No me esperes despierto. No sé cuando regrese"

"¿A dónde vas?"

Dean se detuvo y miró fijamente a su padre "A ninguna parte"

La puerta se cerró de un portazo tras él y John se dejó caer en la silla del comedor.

Tenía que hacer algo para solucionar esto. Solo no sabía qué.

Un mes más tarde: John y Dean

John no podía hacerlo más.

No podía tolerar el silencio, pero las conversaciones forzadas y limitadas eran peores. Decidió que su hijo necesitaba sacudirse este decaimiento que lo había invadido, con un sacudón rápido y fuerte. Eso o que su hermano lo llamara, pero dado que no parecía que lo último fuese suceder en algún momento pronto, John tomó la única opción que le quedaba.

Ahí fue cuando le dio la noticia a su hijo, logrando una reacción finalmente después de semanas.

"¿Me estás dejando atrás?" Había mucho dolor en la voz de Dean, pero su rostro era impasible. Sin embargo, John podía ver las emociones que se arremolinaban tras los ojos de su hijo.

"No te necesito en esta cacería. Quiero que te quedes y termines con esta. Te llamare para avisarte donde estoy y que me alcances cuando termines aquí" John se colgó el bolso al hombro y se giró, sin ser capaz de mirar por más tiempo la mirada herida que amenazaba con romper las cadenas a las que se había amarrado Dean.

Cuando se estiró para tomar la manilla de la puerta, John se preguntó si Dean buscaría a Sam. Quizá el abandono de John lo empujaría de regreso a su hermano y quizá entonces, Sam podría alcanzar esa parte dentro de sí mismo en que Dean se había escondido del mundo. La parte de su hijo que había muerto cuando su hermano se había marchado. Dios sabía que él lo había intentado, pero simplemente estaba enterrada muy profunda.

Ahora sabía, que ya había perdido a Dean. Había perdido al hijo que conocía cuando Sam se había marchado. Solo le había tomado a John todo ese tiempo darse cuenta.

"Pero papá…" Dean puso su mano en su brazo, pero John no se volteó. No podía.

"Te acabo de dar una orden, Dean" con esas palabas salió de la habitación, dejando a su hijo con la boca abierta en el centro de la misma.

Dean giró, agarrando su chaqueta para seguir a John, pero se detuvo cuando vio lo que había en la mesa.

El diario de su padre estaba ahí frente a él.

Era como encontrarse con que Jesús le hubiese dejado el Santo Grial. Un diario común y corriente que decía mucho más de lo que su padre nunca diría.

Ahí fue cuando, el momento que había temido desde que Sam se había despedido y subido a ese bus, había llegado.

Dean estaba siendo desechado. Pateado fuera del camino como el animal atropellado que era. De hecho, estaba sorprendido que hubiese demorado tanto. Sabía que sucedería. Diablos, él prácticamente lo había causado, pero igual dolía como una cachetada en el rosto.

Sam se había deshecho de él y ahora su papá también lo estaba haciendo. Agarro el libro y se dejó caer en el suelo, apoyandose contra la cama. Llevó sus rodillas al pecho y las abrazó con fuerza con un brazo. La carcajada burbujeó en su pecho. Pequeñas burbujas de risa se le escaparon mientras pasaba la mano por el suave cuero del libro frente a él. Lo agarró mientras la risa ganaba fuerza y tiró la cabeza contra la cama apretando el preciado diario contra su pecho. La risa dio paso a ahogados sollozos de dolor y pena y se dejó caer hacia el lado, acurrucándose en el suelo como un perro apaleado.

Finalmente había sucedido.

El día que había temido desde que era un niño que esperaba que su madre no estuviese muerta. No haberse quedado en esta nueva y horrible existencia. Su familia no lo necesitaba más. Pese a todo lo que había hecho por ellos, ellos lo habían abandonado.

Descartado.

Sam se había ido

Papá se había ido.

Estaba solo.

Pero todavía conservaba una pizca de esperanza con el hecho de que el diario lo tenía él. Quizá no había sido abandonado completamente. John necesitaba el diario. Dean lo sabía y lo que significaba. Su padre volvería por el diario. Volvería por él.

Sam

Quería llamar a Dean. Tenía tantas cosas que quería compartir con su hermano pero eso era precisamente lo que lo detenía.

Se sentía más adaptado ahora. Las clases habían comenzado y estaba consumiendo la mayor parte de su tiempo y él lo adoraba. Cada minuto de ello. Había congeniado casi inmediatamente con un grupo de estudiantes. Otros tres chicos y seis chicas y por primera vez en la vida tenía amigos de los que no tendría que despedirse en las próximas semanas. Personas que compartían sus intereses y metas. Tenía una novia, o algo así y quería llamar a Dean y contarle. Dejar que lo molestara y le preguntara cosas poco educadas e invasivas acerca de su relación.

Quería hacerle saber a Dean que era feliz, pero otra parte de él pensaba que era casi como restregárselo en la cara a su hermano. Mira lo que tengo Dean. ¿Qué has logrado tú? Él tenía todo esto debido al amor y apoyo de su hermano y Sam no creía que estuviese bien regocijarse con su escape cuando el mismo Dean seguía como rehén en esa vida. No sería justo.

En lugar de llamar, sacó el diario y escribió en el todo lo que sentía y quería pero no podía decir, esperando que un día, Dean pudiese leerlo. Que algún día supiera todo lo que había hecho por él.

Octubre-Noviembre

Dean

Dean había estado cazando solo por semanas sin escuchar una palabra de su padre. No era el cazar solo lo que lo afectaba, o incluso las miradas tristes cuando comía solo o se sentaba en un bar por su cuenta, porque usualmente lo último terminaba con él teniendo sexo y diablos, no sería la primera vez que comía o bebía solo. No. Lo que realmente lo afectaba era abrir la puerta de la habitación del motel y enfrentar el silencio que la llenaba como su única compañía. La botella y la risa envasada de la televisión eran su único alivio. El saber que no había nadie que rompiera el silencio. Ninguna compañía excepto el mismo. Solo el silencio y nada que lo distrajera de sus pensamientos.

Así que se estableció una pequeña tabal de recompensas para tratar de ayudarse.

Encontrar una cacería = pizza y algo de porno nocturno

Matar a un maldito hijo de perra= una noche en el bar local

Salvar a alguien mientras lo hacía = una noche en la cama de otra persona.

Trataba de no analizar por qué la mayoría de sus conquistas eran pelirrojas o por qué al menos dos de ellas usaban el mismo perfume que Julie-Anne.

Pronto el número de recompensas era mayor que el número de cacerías que debía haberlas provocado. Pasaba mucho tiempo en los bares y en las camas de otras personas. Demasiado tiempo aliviando su dolor para estar en una forma óptima para cazar, comenzando a acumular heridas que disminuían su capacidad aún más.

Estaba en el motel, terminando de atender un corte profundo en su costado. Observando en el espejo del baño el moreteado y aporreado torso se dio cuenta de que el último pedazo de quien era estaba empezando a perderse.

¿Si no era un cazador, entonces qué era?

La respuesta a esa pregunta era como la habitación que lo rodeaba. Vacío. Si no era un cazador, entonces él no era nada. Agarró su pistola del estante del baño y sintió el peso sobre su mano. Úsala o arregla tu mierda, Dean, le recriminó su pequeña voz interior y por un momento estuvo tentado. Sería tan rápido. Tan fácil. Un apretón y las luces se apagarían.

"Demasiado fácil"

Su voz sonó extraña y demasiado fuerte en la silenciosa habitación, casi como si las paredes mismas hubiesen estado conteniendo el aliento mientras debatía su futuro "Demasiado fácil para mí. Demasiado difícil para mi hermano"

Revisó el cargador y el seguro antes de guardarla en la parte trasera de su pantalón y apagar las luces del baño. Agarró sus cosas y las metió desordenadas en su bolso. Se colocó una camiseta y su chaqueta, apagó la televisión y salió al camino corriendo. Calmó su paso con los bares y las mujeres, la mayoría de las noches y se dedicó de cabeza a la cacería. Pueblo tras pueblo. Miles de kilómetros pasaron bajo las ruedas del Impala, cazando todo lo que pudiese encontrar. Apenas deteniéndose más para descansar o comer. El auto era su casa más noches sí que las que no. La petaca en su bolsillo y la calefacción sus únicos compañeros.

Y todo el tiempo, se dirigía hacia el Oeste.

John

John había estado vigilándolo todo el tiempo. Un pequeño ejército de favores cobrados a otros cazadores. Cazadores que ocasionalmente se topaban con Dean en los bares o justo se detenían en los mismos moteles. John fruncía el ceño al escuchar las historias del problema de bebida de su hijo y el sin fin flujo de mujeres que Dean parecía ser capaz de encantar para meterse en sus camas.

Luego, súbitamente todo había parado.

De la noche a la mañana y casi sin ninguna recaída, Dean estaba de vuelta en el camino. John lo había hecho seguir hasta Salt Lake City y luego había parado. No necesitaba que lo siguieran más. Sabía hacia donde se dirigía Dean.

Diciembre

Dean sabía hacia donde se dirigía y ni siquiera intentó detenerse. Paso una semana en Salt Lake City jugando al póker tratando de aumentar sus fondos. Sabía que en Las Vegas sería más fácil, pero no era capaz de pensar en pasar por el hotel en que se habían alojado.

Eventualmente decidió que se las arreglaría con lo que tenía y finalmente dirigió el auto en la dirección hacia la venía hace rato.

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Espero que les haya gustado el capítulo. ¿Alguien más quiere patear a John? Ya casi llegamos al final. Solo nos quedan dos capítulos más: D Gracias por seguir la historia.