Disclaimer: Todo lo que reconozcan como propiedad de Stephenie Meyer, lo es. La trama es en mayoría mía, la otra parte es basada en una película algo retorcida que les tendré que ocultar hasta nuevo aviso para no arruinar el misterio de la historia.


Capítulo 49

Chillé y me retorcí frenéticamente cuando alguien me tomó por los brazos – Bella. Espera. Tranquila, nena, soy yo. Tranquila.

¿Edward? Edward está aquí. Estaré bien si Edward está aquí.

Él me acercó a su pecho, así que me acurruqué allí y metí mi rostro en su cuello. Empezó a murmurar cosas en mi oído y me meció como lo hice con Seth ayer, eso me hizo sentir bien. Edward me hace sentir bien. Él va a ayudarme. No tengo miedo si él está conmigo.

- Pastillas – susurré cuando ya no estaba llorando ni hiperventilando.

- ¿Dónde están?

- Peinadora.

Se levantó del suelo, llevándome con él, y me puso suavemente sobre la cama antes de alejarse para tomar los dos frascos de medicamentos que Renata acomodó sobre la peinadora y regresar a la cama. Me pasó los frascos, me ayudó a sentarme y me sirvió un vaso de agua de la mesita de noche.

Tiré de su suéter cuando terminé de beber mis pastillas y él se subió en la cama conmigo para que me pudiera acurrucar en su pecho otra vez.

- …me asusté – dije después de un rato de silencio – Seth dijo que me vio dormir con su papi y me asusté mucho. Creí… que James estaba aquí, oculto en algún lugar de la casa, como antes. Y cuando me di cuenta de que hablaba de ti, no pude hacer que el pánico se marchara – suspiré – Maggie y Demetri se enojarían conmigo si supieran que dormí todo el día sin tomar mis medicamentos.

- Es tu primer día fuera, cosas como estas pueden suceder – besó mi frente y peinó mi cabello fuera de mi rostro con sus dedos. Se rió un poco – Creo que estabas realmente exhausta esta mañana, porque no te moviste ni un poco cuando ese pequeño niño irrumpió en la habitación parloteando y llamándome papi.

Fruncí un poco el ceño – ¿Cuándo llegaste a Forks?

- A la media noche. Yo simplemente… no podía quedarme allí – dijo en voz baja – Lo único en lo que podía pensar era en cuanto te había extrañado en los dos años que pasaron. Dios, Bella, te extrañé tan mal. Y ahora habías salido de la institución finalmente, eras libre, por lo que estaba ansioso por verte y no podía quedarme tranquilo con el hecho de que habías venido a este lugar inmediatamente. Necesitaba saber que ibas a estar bien. Así que hice una maleta y tomé un avión unas horas después de que ustedes hayan tomado el suyo.

Mi corazón latía fuerte por él, pero casi golpea fuera de mi pecho cuando la comprensión llegó - ¿Anoche fue real? ¿No fue solo un sueño?

- ¿Creíste que era un sueño? – preguntó, podía escuchar la sonrisa en su voz. Levantó mi rostro hacia él tomándome por la barbilla y me besó lentamente, tomándose su tiempo para degustar mis labios – Lo que hicimos anoche fue más real que cualquier otra cosa que he vivido en los últimos tres años. Sentir tu piel de nuevo fue como despertar de un largo y malvado sueño.

- ¿Por qué? – pregunté, sin aliento - ¿Por qué esperaste? ¿Por qué siquiera… me amas? A mí, que soy una persona frágil psicológicamente, con un montón de problemas y un pasado trágico.

Me acarició la mejilla con el pulgar, mirándome intensamente a los ojos – Porque nada de eso es tu culpa, porque mereces ser feliz y porque… eres lo que quiero. Te amo, me enamoré de ti hace cuatro años y eso no va a cambiar dentro de mí. Tú me has amado durante ese tiempo también, me dejaste ir con la esperanza de que hiciera una vida sin ti y aun así seguiste amándome. Esto es simplemente… quienes somos.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Negué con la cabeza – Sigues siendo la personificación de la cursilería, ya sabes, un especial de navidad con piernas.

Estábamos tan entretenidos riéndonos y besándonos, que no nos dimos cuenta de que Seth había entrado a la habitación. Nos enteramos cuando cayó repentinamente sobre el pedazo de pecho de Edward que yo no estaba ocupando. Edward hizo un sonido de uff por el impacto, pero rápidamente lo envolvió con su brazo libre con naturalidad.

Mi rostro y el de Seth quedaron frente a frente. Él parpadeó dos veces y miró fijamente mi nariz – Tienes la nariz roja, mami.

- Pintaré la tuya, entonces, así los dos tendremos narices rojas – dije antes de acercarme lo suficiente para que pudiera frotar nuestras narices. Él soltó una risita y se frotó la nariz para deshacerse de la "pintura" - ¿Comiste toda tu comida?

Asintió y bostezó en mi rostro – Reeree dijo que podía subir si comía todo.

Edward arrastró su cuerpecito un poco más hacia arriba para que se acurrucara mejor – Y ahora tienes que dormir la siesta, o vas a terminar tragando a alguien con esos bostezos.

Seth bostezó otra vez – No quiero tagar a mami ni a papi.

- Entonces cierra los ojos y duerme – dijo Edward frotando su espalda.

El obediente niño cerró los ojos y nos quedamos en silencio por mucho tiempo. Sonreí y acaricié su mejilla con mi dedo índice cuando empezó a tararear, pero la misma fue decayendo poco a poco después de pensar un poco – Ellos te lo dijeron. De dónde proviene Seth y todo lo demás.

- Emmett estaba merodeando por la casa cuando llegué anoche – dijo Edward en voz baja - Él necesitaba hablar con alguien.

- ¿Crees que es repugnante?

- Ese tipo es repugnante – besó mi cabello – Pero tú no lo eres. Ni tú ni Seth.

- Seth no es repugnante – estuve de acuerdo – Soy una horrible madre por haberlo dejado aquí. Él es lo puro e inocente de todo esto, pero me alejé y lo abandoné.

- Estás aquí ahora, Bella, eso es lo que importa. No eres una horrible madre, las cosas fueron muy difíciles para ti – hizo una pausa, pensativo – Tal vez lo mejor que pudiste haber hecho fue dejarlo aquí. Si te hubieras quedado con él o lo hubieras llevado contigo, puede que no hubieras resultado siendo una muy buena madre por lo lastimada que estabas. Tenías que sanar antes de ser la mami que él necesita.

Él tenía razón. Ahora estaba preparada para darle todo de mí a este hermoso niño, antes hubiera sido imposible para mí hacerlo.

- Y si me lo permites – continuó – Quiero ser parte de esto también. Puedo ser el papi que Seth necesita, él ya insiste en que lo soy, de todos modos.

Negué con la cabeza – Tienes muchas cosas que vivir y hacer antes de ser padre.

- Todo lo que quiero vivir y hacer te incluye, Bella. Y sé que, de ahora en adelante, todo lo que vivas y hagas incluirá a este pequeño niño – apretó el abrazo que tenía a mi alrededor – Sé que puede haber momentos más adelante que no serán tan fáciles, pero este preciso instante es una probadita de lo que puede ser nuestro futuro como una familia y ¿sabes? La quiero. Una vida contigo y Seth – ya que sus labios estaban junto a mi cuero cabelludo, pude sentir cuando su sonrisa se extendió – Esto es lo que pensé que tendríamos en unos cuantos años. Ahora que Seth ha vuelto a tu vida, lo tenemos antes de lo que pensé, eso es todo.

Apoyé uno de mis codos en la cama para poder mirarlo. Él me sonrió y me quitó el pelo de la cara - ¿Eres… mi recompensa? ¿Mi compensación? - pregunté, sintiéndome un poco incrédula - ¿Tú eres lo que están dándome después de que me quitaron todo y me lastimaron tanto?

- Ven aquí – dijo, acercándome hacia él para besarme. Las lágrimas cayeron por mis mejillas cuando cerré los ojos, perdiéndome en la suavidad de sus labios contra los míos – Seré lo que quieras que sea.

- Te amo – susurré.

- Y yo a ti – me susurró de vuelta.

Alguien se aclaró la garganta desde la puerta, por lo que me separé de Edward a regañadientes y me senté a la orilla de la cama para mirar a Emmett llenar la puerta de la habitación - ¿Interrumpo algo? – preguntó con intención.

Le dirigí una pequeña sonrisa – De hecho.

Emmett entró definitivamente en la habitación y se arrodilló frente a mí, descansando sus manos en mis rodillas - ¿Te sientes bien? – frotó uno de mis brazos cuando asentí – Genial. Yo… - se detuvo y miró a Seth dormido sobre el pecho de Edward – Él… tararea. Está tarareando mientras duerme.

Mi sonrisa se ensanchó – Lo hace.

- Oh, Bella – dijo, tomando aire y restregando su cara con una mano – Él es todo tuyo. El tarareo de mamá, ese extraño parpadeo de cuando eras pequeña, la manera en que sonríe. Y tú… le has dado el nombre perfecto.

- Pensé que… aunque nuestro hermanito no había podido permanecer en este mundo, su nombre podría hacerlo.

- Pensaste bien. Muy bien – respondió, asintiendo repetidamente. Se pasó una mano por el rostro otra vez y suspiró – Iba a hablarte sobre nuestra estadía aquí. No planeé una cantidad de días específicos para quedarnos, ya que no sabía lo que nos esperaría aquí, pero ahora sé que este lugar no te hace bien, por lo que no quiero que nos quedemos más de lo necesario. La única otra cosa que quiero hacer aquí es visitar a nuestra familia en el cementerio, podemos hacer la visita hoy e irnos mañana en la mañana – miró a Seth - ¿Qué vas a hacer con respecto a él?

- Quiero llevarlo con nosotros – dije instantáneamente - No puedo dejarlo aquí otra vez, lo quiero conmigo.

- Um. ¿Señorita Bella? – llamó Renata desde la puerta. Su voz se oía desigual, y cuando levanté la cabeza para mirarla, su rostro se veía en algún tipo de conflicto – ¿Le gustaría algo para comer? No ha comido nada en todo el día.

Emmett me palmeó la rodilla y se puso de pie – Ve y come algo, iremos al cementerio inmediatamente después.

- Bien – respondí. Me gustaba tener a mi hermano mayor dándome órdenes como antes.

Miré a Edward, que aún mantenía a Seth completamente dormido sobre su pecho. Él me dio una mirada significativa, lo que me hizo inclinar mis labios hacia abajo, sintiéndome realmente mal. Me levanté de la cama, salí de la habitación y seguí a Renata todo el camino hacia la cocina; ella ya tenía un plato preparado para mí, protegiendo el calor con un cobertor de vidrio, así que me senté en la pequeña mesa de la cocina y comí en silencio mientras Renata hacía quehaceres rígidamente a mi alrededor.

- Lo siento – dije al terminar de comer.

Ella no dijo nada, solo tomó el plato de la mesa y lo llevó hacia el fregadero para lavarlo, pero no lo soportó cuando el silencio se extendió y no me moví de donde estaba – No tiene que disculparse, señorita.

- Tengo que hacerlo, porque no es justo para ti – dije a su espalda – Has sido su madre todo este tiempo, has cuidado de él y lo has amado cuando yo no lo hice; créeme que no quisiera alejarlo de ti, pero, aunque he pasado tres años sanando, estar aquí todavía me hace daño. Ya no pertenezco a este lugar, Renata, y no puedo irme y dejarlo por segunda vez.

La postura de Renata, siempre perfecta, se dañó cuando se inclinó hacia la encimera para apoyarse. Trató de secar sus lágrimas rápidamente, pero sus hombros no paraban de sacudirse. Esta era la primera vez en mi vida, después de haber pasado tantas cosas, que veía a Renata desmoronarse. Y se me estrujaba el corazón saber que yo estaba haciéndole eso.

- Todo… todo lo que siempre quise fue que usted regresara por él, que pudiera ser lo suficientemente fuerte como para amarlo como sé que lo hizo desde el principio, pero dejando atrás el miedo que sentía a odiarlo – susurró temblorosamente, aún sin voltear hacia mí – Esto es lo que quiero para él. Es solo que yo… jamás pensé que iba a ser tan difícil dejarlo ir.

- ¿De qué están hablando ustedes dos?

Renata y yo volteamos a ver a mi abuela de pie en la puerta de la cocina con la ayuda de un bastón de madera oscura. Sus ojos se movían rápidamente de una a la otra mientras esperaba con impaciencia a que respondiéramos a su pregunta.

Estuve a punto de levantarme de la silla y salir de la cocina sin decir una sola palabra, pero decidí terminar con esto de una vez – Voy a llevarme a Seth conmigo.

Ella negó con la cabeza, sin inmutarse – No vas a llevarte a mi nieto a ningún lado. No puedes.

No dije nada inmediatamente, pero era porque su referencia a Seth como su nieto me hacía tener escalofríos – Es mi hijo – gruñí, perdiendo la calma.

- No estás en condiciones para cuidar de él, eres una persona inestable, recién salida de una institución mental, puedes ser peligrosa – recitó.

- Tu hijo más pequeño era peligroso e inestable – espeté – Y lo dejaste hacer lo que quiso.

- Es cierto, pero he aprendido mi lección, así que no voy a dejar que te lleves a Seth.

Salí disparada de la silla - ¡No finjas que es porque das una mierda por Seth! ¡Esto es por ti! ¡Por tu maldito miedo a la soledad!

Ella se mantuvo impasible – Esta es una prueba de lo inestable que eres, no es seguro para el niño.

Apreté los puños a mis costados, intentando no abalanzarme sobre ella - No puedes decirme lo que puedo o no hacer, Seth es mi hijo, no puedes impedir que me lo lleve.

Me miró fijamente – Pruébame. He puesto a mis abogados a trabajar en cuanto fuiste internada en la institución, pensé en ese momento que era una perfecta oportunidad para impedir que lo alejes de mí en el caso de que te recuperaras y vinieras aquí para llevártelo, o Emmett. Ellos están listos para proceder en el instante en que intentes poner un pie fuera de esta casa con mi nieto.

Ella no podía hacerme esto, no podía seguir siendo de esta manera conmigo.

Me eché a llorar. Desgarradores sollozos salieron de mi garganta mientras mis piernas se doblaban en dos porque no podían sostenerme más. Sacudí la cabeza una y otra vez, negándome a aceptar que después de todo lo que había pasado, tendría que sufrir aún más. Está bien, lo había abandonado en este lugar sin querer regresar jamás, pero era porque dolía, porque necesitaba ayuda. No podía ser castigada ahora que no podía dar un paso adelante sin él.

- ¿Bella? Bella, ¿qué sucede? – preguntó Lilian, entrando a la cocina desde el patio trasero. Corrió hacia mí y se acercó al suelo para sostenerme - ¿Qué está mal, cariño?

- Ella… ella no va a dejar que me lo lleve – sollocé – ¡No va a dejarme estar con él! Soy su mami, Lilian, ¿lo escuchaste llamarme así? Él quiere estar conmigo y quiero irme de aquí, pero quiero llevarlo conmigo, no puedo irme sin él. No después de que me llamó mami.

Lilian me abrazó con fuerza y me frotó la espalda – Lo resolveremos, cariño. Te prometo que vamos a resolverlo.

- La señorita Bella debería llevarse al niño, porque usted no está en condiciones de cuidarlo – dijo Renata repentinamente, con un hilo de voz.

La abuela la miró con el ceño fruncido - ¿Qué dices?

- He dicho que usted es demasiado mayor para hacerse cargo de un niño de cuatro años y medio, incluso será difícil cuidar de usted misma – aclaró – Yo ya no podré ayudarla a hacerse cargo de él ni de usted. Estoy renunciando.

- ¿Renunciando? – preguntó la abuela, como si no pudiera entender el concepto de aquello – No puedes.

- Después del incendio de la casa del Sr. Charlie, lo único que me mantuvo en esta casa fue la señorita Bella, y cuando ella se fue, lo hizo su bebé, pero ya no voy a permanecer más aquí – su voz se volvió firme – Y puede usted estar segura, señora, que ninguna otra persona va aceptar un trabajo que conlleve entrar en esta casa.

La abuela le dio una mirada llena de ira – No tienes las capacidades para asegurar eso.

Renata ladeó la cabeza y la miró fijamente - Pruébeme.


Hola!

Espero que les haya gustado el cap.

La crisis ha sido superada con la ayuda de nuestro caballero de brillante armadura y la abuela malvada ataca, pero Renata contra-ataca. ¿Qué opinan?

Chicas, el fic está a dos capítulos y un epílogo de acabar!

Muchas gracias por sus comentarios, las quiero.

Les mando un beso y un abrazo, nos leemos en el próximo cap.

Bye!