Advertencia:Cualquier parecido que veas en ésta historia con otras ajenas a mi persona, es la simple señal de que lo que te estás fumando no es nada bueno, o que necesitas urgentemente comprarte una vida.
Disclaimer: Odio decirlo, pero "Axis Powers Hetalia" como obra maestra no me pertenece, sino a Hidekazu Himaruya. No es mi intención lucrar con su creación, sino hacer de ésta historia una actividad de mero entretenimiento para quien se interese en leerla.
Disclaimer 2:"Cuentos" (o "Historias") pertenece a la película "La Bella y la Bestia: Una Navidad Encantada", de Disney. Estrenada en 1997 como la intercuela de "La Bella y la Bestia" (1991), bajo la dirección de Andy Knight y Mariana J. Por la hermosura de la letra, esta vez no ocuparé la versión latina de la canción: sino la española.
"Veo en ti la Luz" pertenece a la película "Enredados", de Disney. Basado en el cuento "Rapunzel" de los hermanos, Grimm, "Tangled" (en inglés) cuenta con las voces de Mandy Moore y Zachary Levi. Es el film número 50 de los clásicos de Disney, y fue estrenada en 2010 en Estados Unidos y Latinoamérica, y 2011 en España. Dirigida por Nathan Greno y Byron Howard. La versión latina cuenta con la destacada participación de Danna Paola como Rapunzel y Chayanne como Eugene Fitzherbert/Flynn Rider.
Nota: Prepárense para leer más de 11.400 palabras (¡Sí! El capítulo más largo de "No es Otro Clásico Cuento de Hadas") ¡Disfrútenlo!
.:~Epílogo~:.
Llenaré su alma
Hay tanto que decir
Donde hay desdicha
Le voy a hacer reír
La historia dice que todo acabó allí. Los rumores dicen que la fantasía y la aventura continuaron. Fue imposible llegar a un acuerdo entre ambas partes. Y la verdad, es que la realidad puede ser incluso más hermosa y extraña que la ficción.
Habían pasado siete años desde el día en que el portal de deseo sin condiciones se abrió ante la petición del bondadoso corazón de Feliciano. Después de eso, él y sus amigos volvieron a casa. La vida debía continuar…
Y sí. Continuó…
Echemos un vistazo más de cerca a lo que fue el mundo tras los sucesos de esa mágica noche en San Petersburgo.
— ¡Ah~…! ¡Estoy demasiado nervioso…! ¿Qué pasa si nada sale bien? ¿Y… y si me desmayo a la mitad de la ceremonia? Estaré frente a mucha gente importante ¡Vienen invitados de reinos muy lejanos! ¡No puedo hacer el ridículo frente a ellos…!
— ¡Basta de lamentarte, señorito! ¡Y deja de caminar en círculos, me estoy desesperando!
— ¡No es como si me ayudaras de mucho, Gilbert! — retó el joven rey de Austria, deteniéndose ante del albino en medio del habitáculo que había estado usando como sala para cambiarse a su lujoso traje de ceremonias. Respiró profundamente por la boca, antes de continuar — Como padrino de mi boda, podrías como mínimo darme un buen consejo… siento que voy a desmayarme en cualquier momento.
— ¡Kesesesese~! ¡Ya decía yo que la marimacha de Héderváry sería quien debería llevar el traje hoy en lugar del vestido! Mira— dijo burlesco — Soy un hombre compasivo. Te aconsejaré, aunque no creo que sirva de mucho: ¡Piensa que estás en un concierto y estás tocando el piano! Vamos, es algo que has hecho miles de veces antes, y jamás te he visto nervioso. Hoy es casi lo mismo. Solo debes ponerte en alerta cuando el sacerdote te diga "¿Aceptas a la marimacha como tu esposa, bla-bla-bla, hasta que la muerte los separe?", entonces, le dices: "Mejor se la regalo al asombroso Rey Gilbert de Alemania: reino Sucesor de…"…
— ¡Que no, tonto! ¡Ella no quiso darte la oportunidad, y no lo hará jamás! ¡Por poco no te detesta! — reprendió exasperado Roderick.
— ¡Oye, era un chiste, trataba de hacer que te relajaras!
— Tienes un pésimo sentido del humor.
Al mirar su sombra
Sabrá que somos dos
Cuando pueda al fin hablarle
Sin decir adiós
Esa soleada mañana, llegaron muchos invitados de todos los lugares del mundo a presenciar la boda real de Roderick Eldestein y su guardia personal, Elizaveta Héderváry. Entre ellos, su acérrimo y crítico ex amigo, el Rey Vash, que trajo consigo a la adorable Lily.
— Me alegra tanto que te hayas decidido a retomar tus buenas relaciones con el reino de Austria, como era en antaño— suspiró la jovencita con alivio.
— Lo hice solo porque tú me lo pediste. Y-yo… ¡Detesto a ese sujeto! — replicó el mandatario suizo.
Desde hacía un tiempo, habían estado ocurriendo cosas inexplicables. ¡Era casi obra de magia! Y aunque Vash se negaba a creer que algo tuviese que ver con el extraño sueño que tuvo una noche hace siete años atrás, Lily tenía severas sospechas. Le alegraba ver que, desde esa noche, cuando ella rogó a la celestial voz que le habló en sueños que su hermano jamás volviese a sentirse solo, Vash hubiese comenzado a buscar contactos diplomáticos fuera de los muros de Suiza, y no solo socios comerciales…
— ¡Ah, el amour! ¡Qué maravilloso día para celebrar una boda! Agradezco mucho que me hayan dejado venir con ustedes en su carroza, mes amis~— ronroneó Francis, quien iba sentado junto a una de las ventanas, mientras Vash se hallaba en el otro extremo, de modo que Lily quedaba en medio.
— Lo que todavía no me explico cómo llegué a considerar ¿Por qué me junto contigo?
— ¡Porque soy una persona agradable y un buen socio comercial, Vash! — rió jactancioso el soberano — Ah, pero no se debe únicamente a eso. Desde que mi reino dejó de ser asediado por bárbaros y horribles piratas, tengo mucho más tiempo para recibir y hacer visitas a mis vecinos… ¡Es como si mi mayor sueño en la vida se hubiese hecho realidad!
— ¡Tonterías! Te viste en la obligación de tener un mejor ejército, por eso ya no te atacan como antes— reprendió el soberano.
— ¡Pero mon ami! No tuve que mover ni un dedo para que sucediera.
— ¿Qué? ¿Insinúas acaso que esa clase de milagros existen?
— Vivimos en un mundo maravilloso, hermano— intervino respetuosamente Lily, sonriendo con dulzura — Por difícil que parezca, a veces la vida nos trae sorpresas que son como sacadas de un cuento de hadas.
Cientos de historias
Con láminas, qué bello encanto
Magia y luz, cualquier palabra es
Un sueño que contar
Cimas de pura miel
Donde duermen lunas llenas
Si voy con él, le haré llegar
— ¡Nathaniel, Nathaniel! ¡Mira esto!
— Kyle, por favor… que no sea otra cosa asquerosa o extraña… mi estómago no podrá soportarlo.
— ¡Es lindo, te lo juro!
Temeroso, el hermano del aventurero australiano abrió los ojos. A petición del mismo Kyle, y después de haber vivido un sinfín de peligrosas aventuras en Australia, habían tomado una semana de vacaciones al sur del Imperio del Sol, donde el Mar del Caribe se convirtió en su mayor atracción. Pasaba gran parte del día sumergido en sus aguas turquesas, explorando sus profundidades, y a cada vez que asomaba la cabeza, traía algo entre manos.
Y ya conocen a Kyle…
— ¡Agh…! ¡Devuélvelo al agua! ¡Se ve peligroso!
— ¿Qué es? — preguntó Amber, quien estaba sentada al lado de Nathaniel.
— ¿Eso, chico? ¡Ah, es un pejelagarto! — rió de buena gana Francisco. Así es, el Consejero de la Reina María Miranda, del Sur, también se hallaba en un merecido descanso en el Caribe. De hecho, junto a su querida jefa. Y a su par del Norte, Itzel.
Ah, y también estaba su no tan querido vecino, el Emperador Alfred. Y con él, venía un muchachito simpático, incluso más tímido que Nathaniel.
— ¡Es como un pez-cocodrilo! — carcajeó el mandatario del Imperio del Sol —¿Vas a conservarlo, Kyle?
— ¿Qué…?— Nathaniel se sobresaltó — ¡No le dé malas ideas, excelencia!
— ¡Claro que sí! Oh, es tan lindo~. Vean que cara más simpática tiene. Creo que voy a llamarlo "Bob".
— Tú y tu insana fascinación por las cosas peligrosas, Kyle… no me extrañaría que el día de mañana decidas nadar con rayas eléctricas y tenga que sacarte preso de una parálisis del agua…
— ¡¿Hay rayas eléctricas aquí…?!— preguntó aterrado Peter, quien jugaba en el agua, muy cerca de Kyle.
— ¡¿Las hay?! ¡FANTÁSTICO! — celebró el australiano — ¡Vamos, Bob! ¡Tenemos que buscarlas! ¡Puede que hasta consigas un amigo!
Antes de que alguien pudiese protestar, Kyle ya había comenzado a nadar aguas adentro. Rendido, Nathaniel se dejó caer de espaldas en la arena.
— No hay caso con él…
— Tiene un espíritu indomable ¿No? Me recuerda un poco a alguien— comentó Itzel, lanzando una disimulada mirada a Alfred — Solo que un poco más alocado.
— ¿En serio? ¡Muero por conocer a ese alguien! ¡Él, Kyle y yo seríamos muy buenos amigos en ese caso!— rió el aludido. María, quien estaba sentada frente a él, y junto a Francisco, masajeó sus sienes en gesto de impaciencia.
— Tan grande y tan pendejo…
Por suerte, los roces entre ambos no pasaban de eso.
Desde hacía muchísimo tiempo, se había dejado de hablar de guerras en el Nuevo Mundo. Para gran alivio de todos sus pobladores, las relaciones entre los reinos eran cada vez más armónicas y de mutua ayuda.
— Eh, Matthew— llamó Francisco — ¿Dices entonces que cualquiera de estos días podemos ir a visitar tu casa?
— En efecto, Francisco. Las puertas de mi hogar siempre están abiertas a los amigos.
— ¡Podríamos traer al Conde Miguel! Sé que donde vive, nunca ha visto la nieve. Le fascinará— propuso la Reina del Norte.
— Nos has hablado de tu hogar… ¡Canadá suena un sitio tan pacífico y alucinante!
— Lo es. Je, y esperen también a ver las sorpresas lindas que tiene. Como los osos polares y las focas bebé.
— ¿Osos…? Oh, no… Kyle seguro va a matarse tratando de jugar con ellos.
— Tranquilo, Nathaniel— consoló Matthew con una sonrisa. Mostró el báculo mágico que tenía a su lado con cierto ademán de orgullo — Estaré cerca, por si algo malo llegara a suceder.
— ¡Es una suerte que contemos con un amigo tan bueno como tú! — halagó Alfred, haciendo sonrojar al menor —¡Puedo decir sin duda alguna que tengo al mejor hermano del mundo!
— ¿Dónde se había ocultado una persona tan agradable todo este tiempo? — secundó Francisco.
— Pues… podría decir que la niebla que me envolvía hace unos años… se disipó gracias a la bondad de alguien que conocí un día— dijo Matthew, suspirando nostálgico — Hace siete años yo no era nadie… ¡Pero eso cambió! Al fin el mundo me conoce y me valora tal cual soy. Y yo… quiero seguir entregando lo mejor de mí a quienes se han ganado mi cariño, permaneciendo siempre a su lado y ayudándolos cuando me necesiten, compartiendo mi alegría de vivir.
— ¿Lo ven? ¡Qué les dije! ¡El mejor hermano del mundo!
Un libro es un reto
Profundo como el mar
Viviría en esos versos
Para hacerlos rimar
Lucharé con monstruos
Que aún le siguen sin cesar
Reirá, sí. Lo hará, sí
Pudiendo al fin soñar
Al igual que esa trágica noche, cuando se estaba congelando vivo en San Petersburgo, Gansükh despertó sobresaltado de un sueño. No se encontraba, como esa vez, en el palacio de hielo del emperador Iván…
Sino en su celda, en la Corte de los Milagros…
La noche que estuvo a punto de morir debido al congelamiento de su corazón, una visión lo había interceptado, sosteniendo el que sería su último suspiro. En ese momento, lo invadió un sentimiento de contrariedad: ¿Estaba en el paraíso? ¿Había venido a buscarlo un ángel?
Nada de eso…
— ¿Q-qué…?
— ¿Pensaste de veras que ibas a morir… Gansükh? Llegaste demasiado lejos como para darte por vencido ahora…
— ¿Q-quién... eres…?
— Quién sea yo no es un asunto importante.
— ¿Qué quieres de mí…?
— Eso debería yo preguntártelo a ti: ¿Qué quieres de mí? — objetó el ente, invisible, pero celestial y perfectamente audible — Puedo hacer lo que sea por ti… Dime: ¿Qué es lo que más deseas en este preciso momento?
"Mis hijos…", pensó en ese momento el mongol. Salvar a Hyung de su maldición, para que él, Yong Soo y Sarangerel pudiesen volver a ser una familia. ¡Era ahora o nunca! El arquero reunió fuerzas suficientes para sacar la voz, pero incluso antes de abrir la boca para hablar, se agolpó en lugar de sus palabras un sollozo, y las lágrimas quemaron en sus ojos entrecerrados.
— ¿Qué te detiene?
— Aún… si usara este deseo… para hacer feliz a mis hijos… ¡Yo no podría verlos jamás! ¡Mírame…! ¡Estoy condenado a morir de todas formas…! Aunque lograra liberar a Hyung de su maldición para que pudiese ser libre de nuevo y reunirse con su hermano… ¡No podría sostenerlos a ambos en mis brazos una vez más! No podría… verlos felices…
— Medítalo. Puede que haya una manera que no hayas explorado todavía.
— … hice este viaje para salvar a mi hijo… pero ahora… no sé qué debo hacer… ¡Nunca supe realmente cuál era mi deber! T-tal vez… nunca hice bien… le abandoné en esa solitaria prisión, lejos de mi cariño… pensando que ocultarlo sería lo mejor… pero cada vez que oía sus gritos, llamándome detrás de sus paredes…
"¡Prometo ser bueno! ¡Por favor, papá…! No… no me dejes solo…"
— ¡Soy un pésimo padre…! ¡Destruí la vida de mis hijos por mi cobardía! ¡Rechacé a Sarangerel cuando ella lo único que quería era lo mejor para nosotros…! Hice tantas cosas en vida de las que me arrepiento… si tan solo… ¡Si tan solo tuviera una nueva oportunidad para vivir…le demostraría a mis niños que no importan las adversidades! Nunca más volvería a dejarlos solos… nunca… e independiente de lo que sean… lucharía una y mil veces por hacerlos finalmente felices…
En ese preciso instante, sintió que su cuerpo se descongelaba. La voz se despidió de él, tras sumirlo en un profundo sueño.
— Y tendrás esa nueva oportunidad para vivir. Aprovéchala bien. Los tuyos te están esperando…
— ¿Gansükh?
Una voz familiar le llamó desde la celda de en frente. El mongol se levantó dificultosamente del catre que ocupaba en la celda, a causa del dolor de los azotes que había recibido el día anterior como castigo por golpear a otro prisionero que había propuesto matar al jefe de los gendarmes esa noche para escapar.
— Ah… buenos días, Sarangerel… ¿Qué haces en el pabellón de hombres?
— Pedí a los guardias que me dejaran venir a verte. Supe que ayer te golpearon— suspiró la bruja.
— Estoy bien. He sobrevivido a cosas peores.
— No lo pongo en duda… pero… si me permites sugerirte algo, hermano… ¿Podrías intentar portarte bien? Vamos… te quedan a lo sumo diez años aquí. Pero quién sabe. Antes de poder volver a gozar de tu libertad, uno de esos escándalos podría acabar con tu vida.
— Lo tendré en mente. Gracias por el consejo— el mongol hizo una pausa — ¿Diez años…? Ja… es porque solo tengo cargos por robo, saqueos y algunos atentados contra la realeza… pero dime ¿Tú cuánto…?
— Quince años más. Por secuestro e intento de homicidio de miembros de la realeza, práctica de brujería y evasión de impuestos. Eso último ha sido una sorpresa ¡Pensé que por vivir en el bosque no tendría que pagarle nada al gobierno! ¿Puedes creerlo?
— Je… creo que lo que sucede es que Yao no quería verte libre por un buen tiempo.
— Tsk… maldito vejestorio. Bueno… mi tiempo se agota. Me alegra ver que estés bien, hermano. Recuerda ser cuidadoso.
— Intentaré.
— ¡Ah, por cierto! Yong Soo ha venido hoy a vernos. Ya fue a visitarme al pabellón de mujeres, y tenía que pedir permiso al jefe de los gendarmes para venir de tu lado. Sé que no tenía que decírtelo, así que procura poner cara de sorprendido cuando lo veas ¿Vale? — la bruja guiñó amistosamente un ojo, luego, se volvió hacia el pasillo, caminando acompañada de un guardia que sostenía una cadena atada al tobillo de la prisionera — Hasta entonces.
La llegada de su tía a las instalaciones de la Corte de los Milagros fue una sorpresa. Pero aún más lo fue la llegada de su padre, quien al parecer, tras muchos años evadiendo a la justicia del Imperio Chino, había aparecido un día en las puertas del palacio de Yao, diciendo que quería entregarse y "Pagar por sus pecados". Sí, así de fácil.
Más al llegar hasta su custodia, el hombre no mostró asomo de malicia ni intenciones de chantajearlo para escapar. En sus ojos, solo había culpa.
— El ciclo no está completo— le había dicho — Aún tengo que pagar por todo lo que hice… pero te prometo, Hyung, que después de esto… seré un hombre nuevo. Espérame un poco más. Aún estoy en una gran deuda contigo y Yong Soo.
Las autoridades estaban en conocimiento de su parentesco con el bandido –uno de los más buscados por la policía imperial-, por lo que Gansükh fue puesto al cuidado de otro gendarme cuya imparcialidad no estuviese afectada por relaciones fraternales.
Ya habían pasado siete años desde que había sido encerrado. Y hasta entonces, su comportamiento –aunque no ejemplar- lo había mantenido gran parte del tiempo lejos de los problemas. Solo le quedaban cinco años más. Luego…
— ¿… Qué sucederá contigo… papá…? …Con nosotros…
Tres golpes en la puerta de su despacho lo sacaron de sus pensamientos.
— Eh… ¡Sí, adelante!
Era Kim Ly. Llevaba su habitual armadura de hierro con falda azul y botas negras hasta la rodilla. Lo que significaba que venía en términos de trabajo. O eso era lo que creía. Pero ¿Por qué entonces la veía tan… extraña? Parecía bastante relajada.
— ¿Mucho trabajo, brigadier?
— Nunca tanto como para no atender a mi visita preferida— sugirió con tono insinuante — ¿Qué trae a la capitana de la Guardia Imperial China a esta lejana y sombría prisión?
— Revista periódica. Simple protocolo.
— ¿Alguna modificación de la que no me haya enterado? Porque si no me equivoco, la última revista periódica protocolar fue hace tres días, capitana Kim Ly.
La joven desvió la vista, apenada.
— Bien, esta vez me atrapó, Brigadier…— admitió, cerrando la puerta tras de ella. Por mutuo acuerdo, sabía que ahora las formalidades habían desaparecido —Yong Soo ha venido a verte. Y quise aprovechar de acompañarlo para que… ya sabes… pudiésemos hablar un momento.
— Perfecto. Te escucho.
La vietnamita se acercó al escritorio tras el cual se hallaba sentado el gendarme.
— Hace tanto tiempo que quería encontrar la instancia perfecta para esto… y ahora que los niveles de delincuencia han bajado tanto en la capital y me encuentro con la oportunidad de venir más seguido…— inhaló profundamente por la boca — … Hyung… yo… me siento tan feliz por ti…
El uniformado ladeó la cabeza con gesto confundido, y entrecerró misteriosamente los ojos.
— Yong me ha dicho muchas cosas… sobre su padre.
— Oh, eso…— Hyung encogió los hombros — Se ve malo, pero… te aseguro que es una muy buena persona en el fondo. Está arrepentido.
— Lo sé. Por eso me complace mucho ver que después de tantas penurias y desencuentro, por fin tu familia esté otra vez reunida… ¡Estas no son las mejores condiciones, claro que no!
— En unos años más, todo será distinto— acotó el joven, levantándose de su silla, para caminar hacia la ventana — Hace siete años ocurrió algo… una noche… tuve un sueño muy extraño.
— ¿Qué clase de sueño?
— Una voz. Me dijo algo de un deseo…— respondió, soltando un suspiro — Me pregunto si acaso creía en los milagros… ¿Sabes? Desde que fui encerrado en esta prisión, y me sentí abandonado de toda bondad y gracia divina, dejé de creer en imposibles como la magia, el cariño… incluso podría decir que me volví ateo— dijo con cierto grado de burla en la voz — Sea lo que sea que sucedió durante ese sueño, me hizo cambiar mi forma de ver la vida hasta ese entonces… no sé qué sea exactamente lo que esa ente que me habló en sueños hizo por mí… pero… al poco tiempo… lo que más anhelaba en esta vida se hizo realidad. Mi familia estaba unida otra vez. Puede que no de la forma que quisiera ¡Nadie quiere tener a su padre en prisión! Pero… el solo saber que aún había una oportunidad para que fuéramos unidos y felices… me devolvió la esperanza. Me devolvió la ilusión… y volví a creer en los milagros.
— Y la vida te seguirá sonriendo una y otra vez ¡A ti y a tu familia! — objetó la capitana, volviéndose hacia su compañero. Luego, y en vista de que él se acercaba, la joven decidió acomodarse, sentándose en el borde del escritorio, junto como él hizo cuando llegó a su lado — Tanto tiempo pasando penurias, y viviendo en soledad… a veces la vida es injusta con quienes menos se lo merecen. Pero hay tantas cosas con las que puedes sentirte re-encantado con la vida… es una alegría ver que tu infierno ha terminado.
El muchacho permaneció en silencio. Se limitó a sonreír, manteniendo la vista baja.
— Lo importante es que seas consciente de que no importa cuántas veces pareciera que estás sumido en el abismo. Los tormentos no son eternos. Y cada vez que te sientas perdido, o triste… tendrás a quién recurrir.
Suavemente, deslizó su mano por el tablón del escritorio, hasta que sus dedos lograron entrelazarse con los del gendarme. Kim Ly bajó del escritorio, siendo seguida por un atónico muchacho, que en cuanto hubo colocado nuevamente sus pies en el suelo, situándose a una distancia de apenas centímetros del mueble, fue imprevistamente acorralado por la mujer, quien con el otro brazo, lo envolvió por la cintura atrayéndolo hacia ella, posando tímidamente sus labios contra los de él.
Hyung tardó poco en reaccionar. En cuanto cayó en la cuenta de que ese estimulante contacto tardaría en romperse, cerró los ojos y se dejó llevar. De igual forma, cerró su brazo en torno a los hombros de Kim Ly, y la apretó contra él. El beso, al principio torpe y nervioso, se tornó poco a poco más apasionado, y se intercambiaron caricias novatas y tiernas, hasta que de pronto, un imprevisto les obligó a separarse rápidamente, sonrojados y respirando con agitación.
— ¡Ups…! Eh… p-parece que vine en mal momento-daze…
— ¡No pasa nada! — se defendió a coro la pareja. Kim Ly carraspeó con la garganta, y aún con el rostro sonrosado, se retiró hacia la puerta del despacho.
— I-iré a echar un vistazo a las instalaciones… ¡Los dejo por el momento, para que puedan hablar tranquilos! Si me necesita… estaré en los pabellones, Brigadier. Con su permiso.
— S-sí… claro. Adelante, capitana— se despidió el gendarme. En seguida la muchacha desapareció a rápidos pasos, tras hacer un ademán de saludo y despedida al recién llegado. Una vez solos, Yong Soo dirigió una pícara mirada a su mellizo, quien se hizo el desentendido.
— ¿Por qué no me habías dicho nada, eh?
— ¿Eh? ¿De qué?
— ¡Oh, vamos! — carcajeó de buena gana.
— En serio, no sé de qué hablas— refutó, desviando la vista con un gesto de desprecio — La capitana justamente vino a avisarme que estabas buscándome.
— ¡Eso, eso-daze! Siempre has sido bueno saliéndote por la tangente. Ni creas que cambiando de tema vas a salvarte de mi futuro interrogatorio— amenazó maliciosamente el menor, sonriendo con amplitud — Venía a ver a papá y a tía Sarangerel. Y al parecer, necesito de tu autorización para acceder al pabellón de hombres, así como también tuve que pedir que me dieran acceso al de mujeres con la compañía de una guardia.
— Por mí no hay ningún problema… solo trata de no alterarlo. Ayer nada más estuvo involucrado en una pelea.
— ¿Y eso?
— Rumores de una rebelión en mi contra. No se lo ha tomado para nada bien. Su castigo fueron treinta azotes, y al cabecilla de la rebelión debo ir a sacarlo de la cama de estiramientos en dos horas más. Tomará tiempo para que las terapias del médico logren ponerle los hombros de nuevo en su lugar.
— ¡Auch! — se lamentó Yong Soo — Tus métodos siguen siendo muy duros… y respecto a eso, contéstame a algo: ¿Te has sentido diferente este último tiempo?
— ¿Eh? — Hyung ladeó la cabeza — ¿"Diferente" en qué sentido?
— ¿Cuándo fue la última vez que te enfadaste? Tanto como para que pase 'tú-ya-sabes-qué'-daze.
Hyung comenzó a caminar en círculos con ademán pensativo.
— La última vez que eso pasó fue hace siete años atrás… pero siéndote sincero… la última vez que me sentí molesto fue hace dos semanas. Y como nunca antes…— el gendarme se irguió rápidamente, por la sorpresa — Pero no ocurrió nada. Solo me… molesté… ¡Yong Soo!
— ¿Sí~~~?
— ¿T-tú… también tuviste ese extraño sueño…?
— ¿… hace siete años, donde una voz celestial me decía que podía pedir un deseo libre de condiciones?
— Por favor, no me digas que lo malgastaste en mí para librarme de esa maldición— la voz del mayor se quebró por la sorpresa y la emoción. Yong Soo no respondió. Solo le guiñó el ojo —… no tenías por qué hacerlo…
— En realidad, lo que le pedí es algo mucho mejor. Acompáñame, Hyung.
Yong Soo lo guió hasta el balcón que asomaba desde el despacho del gendarme, abriendo de par en par sus puertas. Del bolsillo de su pantalón, el menor extrajo una navaja, e hizo un gesto a su hermano, como si le estuviese pidiendo algo con la mano. El mayor se extrañó.
— ¿Qué quieres…?— preguntó. Yong Soo tomó su mano, y amenazó con abrirle una herida en la palma — ¡Oye…!
Antes de poder apartarse, la punta del arma logró abrir un tajo por el que asomó una resbaladiza y oscura gota de sangre. Hyung gruñó fastidiado, y cuando se preparó a soltar una reprimenda a su hermano, algo se agitó violentamente en su interior, quemándolo desde el pecho y extendiéndose rápidamente a todo el resto de su cuerpo. De pronto, Hyung sintió que su mirada de nublaba parcialmente, y luego, tras unos parpadeos, esta se aclaraba… aunque de un modo muy distinto al que estaba acostumbrado…
Era su mirada de dragón.
— Yong Soo…— jadeó roncamente — ¿Qué has hecho?
— Tu condición es ahora perfectamente controlable-daze— explicó su mellizo — En un principio, pensé en usar ese deseo para despojarte de esa maldición que te aqueja desde que eres un niño… pero luego, pensé en las enormes probabilidades de que, en vista de que continuarías trabajando aquí, ya sin tus poderes te encontraras completamente desprotegido… entonces, decidí que sería mucho mejor para ti y todos los demás que conservaras esa asombrosa habilidad… pero la pudieras controlar a la perfección-daze.
— ¿Pero… cómo sabías que mi sangre lo activaría?
— Oh, bueno… percibir amenazas y daños será más que suficiente para que puedas acceder a transformarte en dragón-daze. Y con solo desearlo, podrás desactivarlo y volver a ser un humano normal. Digamos que no te lo dije hasta ahora, porque me tomó tiempo descubrirlo.
— Espera… ¿Qué?
El menor sonrió.
— Mi deseo fue mucho más complejo. Ahora con más certeza que nunca, te prometo que jamás volverás a sentirte solo.
En seguida, Yong Soo se subió a la barandilla del balcón, mirando hacia las afueras de la fortaleza.
— Oye, oye ¿Qué vas a hacer?
— ¡Amenazar mi propia vida! — exclamó, antes de saltar al vacío. Preso del pánico, Hyung estuvo a punto de seguirlo, activando su habilidad para ir raudamente a buscarlo y salvarlo de una muerte espantosa. Sin embargo, y antes de que la reacción de metamorfosis se desencadenara hacia sus miembros, un poderoso destello azul golpeó al supuesto suicida, y seguido de este, la imponente figura de un mítico lagarto alado de escamas azules y celestes ascendió verticalmente, hasta llegar nuevamente a la altura del balcón.
Hyung negó con la cabeza. Estaba sorprendido. Asustado. Y también algo molesto…
— ¿Qué has hecho…?
… pero más que cualquiera de esas cosas… estaba muy agradecido con su hermano.
Extendió su mano, y palpó cariñosamente la nariz de la gran criatura, que se removió como si se tratara de una juguetona mascota.
— Ya veo— suspiró conmovido — Solo recuerda que este gran poder conlleva una gran responsabilidad… debes ser valiente para poder vivir con eso— su hermano rugió amistosamente. El mayor logró traducir su gesto — Tienes razón. Vamos a sobrellevarlo juntos. Como debió ser desde el primer día… Gracias, Yong Soo.
Cuentos que cuentan
Sirenas de un botín perdido
Magia y luz, cualquier palabra es
Un sueño que contar
La noticia de la boda del Rey de Austria y su consejera real había sido difundida con una anticipación sorprendentemente organizada, de modo que a dos semanas del evento, hasta el último confín del Viejo Mundo todos se habían dado por enterados. La invitación era general.
— ¡Ugh…! ¿Podemos detenernos un momento? ¡Ah, el Mar Mediterráneo está tan lejos…!
— ¿Cuánto hemos viajado? ¿Dos semanas y media?
— ¡No desistan, chicas! ¡Ya hemos pasado Sicilia hace un momento, deberíamos estar a punto de…!
— ¿Michelle…? ¿Por qué te detuviste?
La sirena de coletas miró hacia arriba. Según las indicaciones dadas por quien difundió la noticia, la boda se celebraría en un palacio costero en el Sur de Italia por cortesía del reino amigo a Austria, con música, un delicioso cóctel y mucha diversión. Además, dicho palacio contaba también con un puerto, desde el cual la vista del Mediterráneo era en verdad preciosa.
Las notas de una rítmica tarantela traspasaron la superficie del agua como un llamado a la curiosa sirenita a subir a ver de qué se trataba. Michelle blandió su escamada cola celeste, impulsándose con energía hacia arriba, mientras sus compañeras de viaje -¡Al menos unas cincuenta sirenas- la seguían.
— ¡Espéranos!
— ¡Ya hemos llegado! — celebró la joven. La mitad humana de su cuerpo asomó a la superficie. La brisa salina la envolvió en un cálido abrazo de bienvenida, llevando consigo los aromas de la tierra desde la cual había bajado a saludarla. Michelle respiró hondamente, para luego, suspirar conmovida — ¿Esto es Italia…? ¡Es preciosa!
— ¡Michelle! — llamaron sus compañeras, emergiendo una a una desde el fondo marino — ¿Es aquí?
— ¡Admiren, chicas!
— ¡Oh, cuántos barcos…! ¿No irán a cazarnos sus tripulantes? — preguntó espantada una joven sirena de cola escamada anaranjada, conchas blancas como sujetador, y lacio cabello negro amarrado en una coleta. Michelle tomó amistosamente la muñeca de la muchacha, conduciéndola hacia la orilla terrestre.
— Me aseguraron que nadie intentaría nada extraño.
— ¡Oye, enana, espera! — retó Nehanda, su hermana mayor, la sirena de cabello corto y pendientes dorados — ¿Qué vas a hacer?
— ¡Piensa en el escándalo que formaremos si nos acercamos! ¡Seguro las personas de este lado del mundo jamás han visto una sirena!
— ¡Confíen en mí!
Cuando Michelle y su compañera estuvieron lo suficientemente cerca del puerto, les recibió allí un séquito de trabajadores del palacio.
— ¿Son ellas las visitantes de las que nos habló el príncipe?
— ¡Oh, qué hermosas se ven! — suspiró una mujer corpulenta y bastante mayor, con aspecto maternal — Sus pieles son como chocolatitos.
— ¡Y mira qué lindos afros! Ah, ya quisiera yo un cabello tan rizado y voluminoso como los africanos.
— Esperen… ¿Dónde está su barco?
— Tienes razón ¡El príncipe dijo que llegarían por mar…! Nunca… imaginé que se refiriera a que nadarían hasta aquí…
— ¡Tonterías! Vienen desde el Sur de África. No habrían soportado tanto tiempo en el agua sin ahogarse, a menos que fueran… oh…
La agrupación dio cuenta de la naturaleza híbrida de las muchachitas, y un grito ahogado resonó en el puerto como exclamación de sorpresa. La muchacha que estaba siendo guiada por Michelle retrocedió asustada.
— No estoy segura de que acercarnos sea una buena idea…
— ¡Vamos! — animó la sirena de coletas. En cuanto ambas se encontraron en una zona de baja profundidad, saludaron a la multitud. Luego, con gesto cómplice, Michelle pidió a la corpulenta mujer que se acercara — Disculpe… ¿Tendrá usted a mano el encargo del príncipe?
— S-sí… ¿Cuántas son?
— Cincuenta y tres en total. Je, pero no sé si todas irán a subir. De momento, deme dos, por favor.
La mujer alcanzó dos pomposos y bonitos vestidos. Uno celeste con decoraciones en azul oscuro, y otro amarillo con detalles anaranjados. Michelle tomó el primero, y a su amiga, cedió el segundo.
— ¿Qué tengo que hacer? — preguntó la sirena de escamas anaranjadas.
— Póntelo de esta forma— mostró Michelle, metiéndose en el vestido con una maestría asombrosa. La tela se había empapado por completo, para desconcierto de los observadores. La compañera de Michelle procedió del mismo modo con el suyo. Luego, que quedó esperando una nueva indicación.
— ¡Estamos listas!
— ¿Cómo? ¿Listas para qué?
— Para subir al mundo exterior… ¡Sígueme, Tantely!
Michelle brincó fuera del agua. Por la parte de abajo del vestido, asomaba su celeste cola de pez. Hubo de arrastrarse un par de metro por el suelo del puerto, no obstante, eso no duró mucho más.
Tantely vio con asombro cómo el cuerpo híbrido de su amiga comenzaba a mutar, y la aleta de pez tomaba el color tostado de su piel, a la vez que se dividía en dos formas simétricas, fuertes y bien torneadas…
Un par de piernas humanas.
— Mi… Michelle…
— ¡Vamos, es tu turno! — invitó entusiasmada la muchacha de coletas, después de ponerse de pie.
"De pie".
Tantely hizo lo mismo. Saltó fuera del agua, y aguardó. Al contacto con el suelo firme, su aleta cosquilleó de forma agradable, justo en la parte donde se dividía para configurar el par de piernas. Luego, Michelle se acercó. Tomó las manos de su amiga, y la impulsó hacia arriba. Tantely dobló sus nuevas extremidades por la rodilla, en busca de apoyo, y dificultosamente logró incorporarse.
Estaba temblando de emoción, de miedo… y de esfuerzo.
— ¡Esto se siente tan raro…!
— Tomará un momento acostumbrarse— dijo la del vestido celeste, antes de admitir apenada — Yo ya estuve practicando. Por las noches, caminaba por la costa de las playas donde nos deteníamos a descansar, mientras ustedes permanecían en el agua…
— ¡Michelle, voy a caerme! — advirtió Tantaly, afirmándose con fuerza de su amiga.
— ¡Ven, conmigo! Mueve una primero hacia adelante, apóyala, y mueve la otra. Así ¡Así! — indicó, ayudando a su amiga a dar los primeros pasos — ¿No es maravilloso? ¡Estamos caminando! ¡CAMINANDO!
— ¡Estoy caminando… por el mundo exterior! — rió nerviosa Tantely — ¡Michelle, es fantástico! ¿Cómo sucedió…?
— Digamos que hace un tiempo alguien me dio la posibilidad de poder pedir un deseo… y yo quería a toda costa conocer el mundo fuera del agua, sin correr riesgos por ser una sirena y no poder moverme cómodamente por la tierra. Pero habría sido egoísta quedarme yo sola con la habilidad de tomar la forma humana cuando estuviese fuera del agua… ¡Así que todas las sirenas que deseen explorar el mundo pueden hacerlo si quieren!
— ¡Wow…! ¡¿Es en serio…?!
— ¡Vamos, chicas! ¡Todas fuera del agua y a escoger un bonito vestido! Oh, ya quiero llegar al palacio donde se llevará a cabo la boda… ¡Oigan la música! ¡Es hermosa! ¡¿No las invita a querer bailar a su ritmo?!
— ¡Sí!
Sé de un lejano hogar
Tan pequeño como un nido
Si voy con él, le haré llegar
Durante toda la tarde, siguieron llegando invitados al ricamente ornamentado palacio. Regalos de boda se apilaban en una habitación exclusivamente destinada para eso, y se combinaban de forma colorida manualidades provenientes de todas partes del mundo.
— ¡Cuánta gente! ¡Cuánta música! Ah~, me encantan los ambientes festivos… ¿A ustedes no?
— Claro que sí. Además, o sea ¡Mira cuánto lujo! Tipo, que se nota que los decoradores italianos son unos profesionales ¡Oh, pero si me lo preguntas, creo que los vuelos de esa cortina desentonan con el rococó de las guirnaldas de flores y las pinturas!
— Feliks, no empieces…— suspiró divertido Toris. En su calidad de guardaespaldas del emperador Iván, y como invitado a la boda, ese día llevaba una armadura práctica para el combate, aunque también construida de forma elegante para la ocasión.
— Oigan, los dos, si quieren pueden ir a divertirse a otro lado, no es necesario que estén conmigo todo el tiempo— sugirió el mandatario del Imperio de la Nieve -¡Sí, fue renombrado!-, esbozando una amplia sonrisa. Toris y Feliks compartieron una mirada asombrada.
— ¿Estará bien sin nosotros, excelencia?
— Estoy bien acompañado— señaló a su lado a Yao.
Las relaciones entre ambos dominios habían sido especialmente buenas el último tiempo, no solo a causa del comercio. Las reuniones de ambos mandatarios habían potenciado una linda amistad, algo tormentosa en sus inicios debido al recelo del emperador chino, no obstante, conocerlo un poco más a fondo había hecho que por fin los dos encontraran en el otro una grata compañía.
— ¿Dónde están tus hermanos?
— Desde el primer momento que entramos a este sitio, se dispersaron en busca de sus amigos-aru… es como si fuera la primera vez que los dejo salir de nuestro palacio— suspiró enternecido el asiático — Seguro que estarán hablando sobre magia y luciendo sus habilidades frente a los otros. Espero que no vayan a causar ningún desastre.
— ¿Uh?
— Xiang controla bien sus habilidades sobre el fuego y sabe resistirse a las tentaciones de quemar cosas. Y aunque Sun Hee también domina sus poderes, me temo que siempre ha sido una niña muy traviesa, y no me haría ninguna gracia que estuviese dándole descargas eléctricas a la gente-aru.
— ¿Y qué hay con la mayor?
— Mei sabe comportarse. Pero bastará con alterarla un poco, y tal vez termine invocando alguna especie de tornado o un ciclón. Sé cómo contrarrestar las habilidades de los tres ¡Pero no es mi idea estar al pendiente de ellos todo el tiempo! Con lo mucho que les costó conseguir su independencia…
— Todo va a salir bien. Déjalos divertirse, y tú también diviértete— sugirió Iván, tocándole el hombro a su amigo.
— ¿A ti no te asusta que tu hermana use sus poderes en un sitio concurrido como este?
— Eh… un poco— admitió — Natasha es impulsiva, y también algo paranoica. Si siente que estoy siendo amenazado, no dudará en reaccionar…— tras echar una rápida ojeada hacia el lugar desde donde supuestamente la bruja estaba observándolo, algo en el interior de Iván se removió holgadamente. Lo que vio allí le trasmitió cierta sensación de alivio.
— ¿Qué sucede?
— Al parecer, mi hermana tendrá su atención puesta en otra cosa el día de hoy.
— ¿Eh? ¿Por qué lo dices…?— Yao miró disimuladamente hacia la joven hechicera.
En lugar de estar acechando a su hermano a la espera de combatir los peligros que le rodeaban en ese lugar tan atestado de gente sospechosa, Natalya hablaba –para su extrañeza, muy animadamente- con un joven.
— ¿Tu hermana y el Conde Dmitri salen juntos…?
— Han hablado antes en un par de ocasiones. Es un sujeto excéntrico, que al parecer, siempre ha ansiado conocer en persona a una bruja. Y creo que a Natalya le agrada. Al menos nunca lo ha amenazado, y en una oportunidad, le hizo una demostración de sus poderes en una visita a la biblioteca de Bucarest, mientras buscaba un libro de simbolismo y hechicería.
— A-aiyaa…— titubeó consternado Yao, tratando de sonreír — S-si a mí me lo preguntas, parecen ser el uno para el otro. No me extrañaría que de aquí a un tiempo se presente como posible candidato a cuñado.
— ¡Ufu! Eso me haría a mí el único soltero de la familia.
— ¿Qué? — el chino se sobresaltó — ¿Tu hermana mayor…?
— Así es.
Aquella noche en que había estado a punto de morir desangrado, Sadiq fue salvado por el dulce deseo de Yekaterina.
Despertó recostado en la cama del cuarto de invitados, asistido por la doncella que le aplicaba pomadas curativas y le cuidaba de sus celosos hermanos menores. En medio del mareo por la anemia y la conmoción del momento, apenas y pudo reconocer dónde se encontraba y quién era su acompañante.
— ¿Estoy… en el paraíso?
— No… sigues en mi casa— respondió la muchacha, acariciándole el rostro. Sadiq se sonrió con debilidad, y haciendo un esfuerzo, tomó la mano de la joven bruja, atrayéndola hacia su boca para depositar en ella un beso.
—Entonces los ángeles están cayendo del cielo…
Para su tranquilidad y sorpresa, Sadiq se recuperó rápidamente, y pudo volver a casa a completar su misión. Tras de él, dejó a la pobre muchacha deshecha en llanto, con una promesa sellada la noche anterior a su partida en medio de un íntimo momento de besos y caricias.
— Volveré por ti.
Durante tres años, se llevaron a cabo sucesivos golpes de estado contra el corrupto gobierno turco, liderados por un caudillo revolucionario que había alentado a las masas de empobrecidos campesinos a tomar las armas y salir a combatir a la autoridad en las calles.
Elevadas cifras de muertos en ambos bandos fueron el saldo de la victoria campesina, y apenas un año más tarde, la mayoría de las demandas del antes desamparado proletariado habían sido atendidas, usando para eso el suculento botín obtenido de las arcas fiscales. Se oían ya los rumores de un nuevo imperio bajo la dirección de una juiciosa mujer llamada Dilara, una líder de la revolución en Turquía, ante la desaparición del caudillo que había dado inicio a la oleada de manifestaciones que destronaron al mandatario anterior.
Al no tener noticias de él en mucho tiempo, Yekaterina temió lo peor…
Sin embargo, pronto experimentó la felicidad de haber estado equivocada en pensar que había perdido a Sadiq para siempre.
Había retornado triunfal a San Petersburgo a reclamar a la bruja como su novia.
Al principio hubo oposición por parte de sus hermanos. Hace cuatro años atrás, Sadiq había invadido, junto a una peligrosa y enorme legión, el palacio del emperador Iván, poniendo en riesgo la vida de sus ocupantes. Más aún, Iván tenía un corazón cálido y bondadoso, que fácilmente se conmovió al ver a su hermana mayor tan feliz en brazos de aquél hombre.
Con su beneplácito, la pareja finalmente consumó oficialmente su noviazgo, y ambos comenzaron a llevar una vida tranquila en los campos del sur de Eurasia hasta ese día.
Aunque rara vez habían podido saber algo de ellos, Natalya e Iván sabían que su hermana estaba bien, muy contenta junto a Sadiq. Los primeros meses sin ella fueron fríos y dolorosos, sin embargo, pronto el panorama había cambiado para los dos hechiceros menores:
Gracias al deseo de Iván, su Imperio dejó de ser azotado por el crudo invierno, y por fin bajo su justo mando, la situación interna se estabilizó. Los pobladores habían aprendido a querer a su mandatario, y pronto los fantasmas de la anterior revolución desaparecieron para siempre.
Sumado a eso, el generoso deseo de Natalya se vio cumplido al poco tiempo. La desaparición de las tensiones internas de su imperio había liberado a Iván de sus cadenas, permitiéndole moverse en otros ámbitos diplomáticos donde había hecho buenos amigos. Entre ellos: el Emperador Yao; Rajash, el Gran Majarash de la India; el Conde Dmitri de Rumania y la Marquesa Tarja Vainamöinen, de Finlandia –aunque siempre estuviese acompañada de su aterradora guardaespaldas personal, la comandante Hela Oxenstierna-.
Iván jamás volvió a sentirse solo…
Cuentos de reyes
Que superaron grandes penas
Volverán con ese ejemplo al fin
Sus ansias de volar
Faltando dos horas para el inicio de la ceremonia, llegó hasta el puerto un enorme galeón comercial, tripulado por hombres y mujeres cargados de joyas, pieles y otros regalos traídos de tierras muy lejanas. Su capitán, un hombre con un espíritu aventurero e indómito, bajó al último, acompañado de un muchacho con el que hablaba en voz baja.
— ¡Ah~, la madre Europa! ¿No es maravilloso estar de vuelta, Lovino?
— Bah, me hubiese quedado unos días más en Filipinas…
— Pero es una ocasión especial ¡Además! Verás de nuevo a tu familia ¡Seguro te han echado mucho de menos estos meses!
El capitán ajustó su gabardina roja, e inclinó su sombrero decorado por una pluma blanca.
— ¿Cómo me veo?
— Muy llamativo.
— ¡Oh, es por rojo! ¿Cierto? ¡No puedo evitarlo, es mi color favorito! Y esta mi gabardina favorita ¿Recuerdas lo mucho que me costó convencer al Barón de Birmania para que me la vendiera?
— Sí…
— ¡Casi me cuesta un ojo de la cara, LITERALMENTE, tío…!
— Antonio… por favor… DEJA DE SER TAN RUIDOSO.
— Tú mandas, chaval— rió enérgicamente, despeinando al joven príncipe.
Sin duda alguna, el regreso de Antonio al mundo de los vivos es la parte más hermosa e impactante de nuestra historia. La razón detrás de su resurrección es bastante obvia: Lovino a toda costa deseó a la celestial criatura que su amigo regresara a su lado. Una vez que despertó de su trance, no dormía sollozante sobre el pecho ensangrentado de su amigo, sino sobre un torso musculoso que subía y bajaba al ritmo de la relajada respiración de su dueño durmiente.
Sin poder salir de su asombro, Lovino despertó a su compañero golpeando repetidas veces sus mejillas sonrosadas y llenas de vida. Después de algunos gruñidos quejumbrosos, el español abrió los ojos, y miró confundido a todos lados.
— ¿Uh…? ¿Q-qué…? ¡¿Qué pasó…?!— inquirió atónito — ¡Estoy vivo…!
— S-sí…— masculló el príncipe, con los ojos abiertos de par en par. En seguida, estos se preñaron de lágrimas. En un intento por esconderlas de su amigo, se abalanzó a él, abrazándolo con fuerza — ¡Maldito bastardo…! ¡Nunca vuelvas a hacer algo como eso otra vez…!
— Lo-Lovino… tú… ¡Tú me hiciste esto! — apremió con gesto agradecido, envolviendo al muchacho en sus brazos — ¡Tú me trajiste de vuelta! ¡Gracias! ¡Gracias…!
Después de eso, y junto a sus amigos, habían regresado a Europa.
Con ayuda de la corona italiana –en específico, de Feliciano y Lovino-, Antonio consiguió hacerse con una buena cantidad de dinero con la cual adquirió un precioso galeón. Reunir a la tripulación fue la parte difícil: ¡Absolutamente, nadie quería embarcarse en una navegación que rodeara el mundo, a sabiendas que en ultramar abundaban los monstruos y saqueadores vikingos y piratas! Sin embargo, la promesa de visitar tierras hermosas y ricas en botines preciosos terminó por despertar el apetito de los vasallos feudales más ambiciosos, y pronto se presentaron ante él los primeros interesados en participar de la aventura.
Uno en particular llamó la atención del Capitán Fernández.
— V-v-vengo porque ya no me gusta estar en cerrado en casa… maldición.
— Ten en cuenta que allá afuera hay muchas cosas peligrosas, que no podrás bañarte muy seguido, y tal vez hasta tengas que racionar tu comida.
— ¡E-eek…! ¡N-no es como si no lo hubiese hecho antes, bastardo! ¡¿Olvidas acaso por todo lo que tuvimos que pasar hace menos de un año…?!
— ¡Tienes razón! ¡Discúlpame por subestimarte, Lovino! ¡Ven, sube! — le invitó Antonio el día que zarparon del Puerto de Palos, en España — ¡De hoy en adelante, viviremos de forma oficial como los verdaderos aventureros! ¡Todos a bordo del Galeón Andrés…!
— ¿An…drés?
— Era el nombre de mi padre.
— ¡Alteza! ¡Ha vuelto!
— ¡Qué alegría!
— ¡Ah, qué bien se le ve ese bronceado, alteza!
Lovino solo devolvía los saludos, moviendo apáticamente su mano hacia la multitud. Antonio caminaba a su lado con aire protector. Al hacer ingreso al palacio, más saludos llovieron sobre el par de navegantes.
— ¡Capitán! ¡Alteza! ¡Qué alegría tenerlos aquí!
— ¿Cómo ha estado su paso por Filipinas?
— ¡Es un lugar encantador! — respondió Antonio.
— Aunque al principio nos recibieron arrojándonos palos y piedras— acotó Lovino.
— Traemos muchos obsequios para la feliz pareja: especias, telas, joyas y algunos animales del otro lado del mundo ¡Esperamos que les gusten…!
Para su alivio, la multitud de invitados en torno a ambos se dispersó al poco rato. Después de un breve lapso de silencio, Antonio retomó el habla:
— No sé tú, pero me suele suceder que me contagio con el ambiente romántico de las bodas— insinuó, haciendo amago de tomarle la mano al príncipe. Este se apartó avergonzado.
— ¡A-aquí no, bastardo…!
— Ah~, mejor entonces… ¿Miramos el espectáculo nocturno desde mi habitación en el barco?
— ¿Hay un espectáculo nocturno?
— Así me dijeron. Ya lo he visto antes en otras oportunidades: ¡Tienes que imaginártelo! El cielo nocturno, la quietud de la noche, la luz de las lámparas voladoras, el romance…
Vislumbrando sus intenciones, Lovino volvió a retroceder. No obstante, fue incapaz de esquivar el sorpresivo beso del español, que si bien es cierto no tocó sus labios, sí se posó muy cerca de ellos, dejando un rastro húmedo en su comisura.
— ¡Antonio…!
— Del próximo no vas a salvarte.
— Espera hasta la noche, idiota— reprochó el noble, limpiándose la huella del beso con la manga de la ropa.
— ¿Significa que…? ¡Qué bien, has aceptado! — festejó — Te lo doy por firmado: será la mejor noche de nuestras vidas.
En eso, prorrumpió en el salón el estridente sonido de una fanfarria. Todos los invitados voltearon hacia una suerte de estrado, donde el mensajero real anunció la llegada de la caravana que escoltaba a la futura reina de Austria y Hungría. La multitud aplaudió emocionada, mientras solemnemente, hacían su entrada decenas de soldados y súbditos rodeando una especie de carroza a tracción humana.
La totalidad de los asistentes tomó sus lugares en el salón. En la parte delantera, Roderick temblaba y sudaba a causa de los nervios, mientras Gilbert permanecía a poco menos de un metro de él, en caso que se desmayara. Había también un sacerdote, y a su lado, estaba…
¡Feliciano!
Y Feliciano vio entre la multitud de soldados que escoltaban la carroza un rostro familiar, serio y marcial, cuya mirada se cruzó con la de él por un breve lapso que se tradujo en un cósmico momento en que todo a su alrededor dejó de existir.
— Ludwig…— susurró el menor, sonriendo ilusionado.
— Feliciano…— masculló disimuladamente. Sintió un cosquilleo en su pecho, tibio y agradable. Para evitar que en su rostro se formara una sonrisa boba, debió de desviar la vista.
El mensaje había sido claro:
"Hablaremos más tarde".
Con ayuda de algunos súbditos, la novia húngara descendió del coche. Estaba radiante, vestida con un pomposo vestido blanco adornado de bordados en aguamarina, flores blancas y algunas perlas. Sobre su cabeza, había una corona de flores confeccionada a mano con las más frescas y lozanas de aquella mañana, que recogían sus rizos castaños en un peinado de apariencia holgada y natural.
Detrás de ella, una mujer se instaló para ayudarla a que el velo de novia, que arrastraba por el suelo, no fuese a entorpecer vergonzosamente su avance hacia el altar.
— N-no puede ser… ¡¿Yekaterina es la dama de honor?! — dijo Natalya con un grito ahogado. Dmitri soltó una risita, y palpó su hombro en señal de consuelo. Sabía que después de la ceremonia, ambas iban a poder hablar largo y tendido sobre lo acontecido durante tanto tiempo estando separadas.
La húngara avanzó a paso lento y solemne, mientras alguien en alguna parte del salón tocaba la marcha nupcial en un órgano. Al llegar frente a su futuro marido, este consiguió ver su rostro tras la fina tela de su velo, y vislumbrar a la perfección como sus labios pintados por la maestra mano de la dama de honor musitaban confidencialmente:
— Qué guapo estás.
— T-tú… t-t-también estás… hermosa…
Un corazón audaz
Que ahora late sin cadenas
Si hay tantos cuentos que contar
Querrá luchar...
La ceremonia fue preciosa. Muchos se contagiaron rápidamente con la emoción, y rompieron a llorar a la mitad de ella. Un único inconveniente, fue en el momento en que los novios se ponían las argollas: ¡Resultó verdaderamente divertido ver al pobre Rey Roderick haciendo malabares para impedir que la joya cayera al suelo del salón! Por suerte, lo consiguió. Y cuando finalmente, la unión quedó sellada por la autoridad del sacerdote, la pareja cerró con broche de oro:
Un tiernísimo beso desató una ola de aplausos que no cesó hasta que la feliz pareja Salió del salón al ritmo de la marcha nupcial, y los invitados les aventaron puñados de arroz.
Después de que ambos cambiaran sus ropas para ponerse cómodos, vino la segunda parte de la fiesta:
— ¡Alteza! ¡Príncipe Feliciano!
— ¡M-Michelle…!— saludó el noble, dando un brinco de sorpresa — ¡Qué linda te ves!
— O-oh, muchas gracias. Usted también se ve muy guapo— halagó la joven, sonrojándose levemente.
— Y… vaya… ¡Puedes caminar!
— Me tomó tiempo dominarlo, pero ya estuve practicando antes de llegar aquí.
— ¡Qué bien! ¡Lo prometido es deuda! — dijo, alcanzando la mano de la sirena. Cuidadosamente la atrajo hacia él, poniendo la otra mano en la cintura de la chica — Espero ser el primero que te haya sacado a bailar en este tiempo.
— ¡Lo es!
— ¡Pues qué afortunado me siento! — afirmó enérgicamente, comenzando a balancearse con Michelle al ritmo de una alegre tarantela.
Sorprendentemente, el dominio de la sirena sobre sus piernas humanas resultaba maestro, incluso envidiable para algunas mujeres que aún siendo toda su vida humanas, no habían aprendido nunca a moverse con tanta gracia y agilidad como la doncella de las profundidades.
Varias parejas se sumaron también a la iniciativa del príncipe Feliciano: los recién casados Roderick y Elizaveta; el Conde Dmitri y Natalya; la sirenita Tantely y un joven muchachito de rasgos árabes llamado Tarik –que seguramente, venía con los sacerdotes Heracles y Gupta-; la joven Lily y Lorenz –el aprendiz de Roderick-, y muchos más. El ambiente era alegre y muy festivo. Música por todos lados, amenas charlas a lo largo de todo el salón, risas, cantos, felicitaciones y coqueteos entre invitados.
Feliciano y Michelle bailaron tres piezas seguidas, hasta que ella declaró sentirse un poco mareada. En seguida, llegaron otras sirenas –ahora transformadas en humanas- a bombardearla en preguntas acerca de cómo había logrado aprender a danzar de esa forma, dándole tiempo a Feliciano para hacerse a un lado, donde desde hacía unos minutos, había visto de pie a Ludwig, vestido con su armadura de gala, observándolo incesantemente.
— ¡Ludwi~g!
— Cuanto tiempo ha pasado, joven príncipe— dijo el alemán, haciéndole una reverencia. El noble rió apenado.
— Cuánta formalidad… ¡De pie, "Sir Ludwig Beilschmidt de Alemania: Reino Sucesor del Sacro Imperio Romano Germano"!
Con un gesto solemne, el caballero se irguió en toda su imponente estatura.
— Permítale decirle que han pasado muchos años, y sin embargo, lo veo igual que en la última ocasión.
— ¿Eso es bueno?
— ¿Eh? S-sí, por supuesto— admitió un poco incómodo.
— Pues… en lo que a mí respecta, tú estás más musculoso.
— Hace dos años llegué de una campaña de entrenamiento militar en Asia. Digamos que sus métodos son tan rígidos y exigentes como en mis tierras, y han surtido un buen efecto.
— ¡¿Aprendiste la magia del Re-Equipamiento?!
— Claro. Mi maestro fue un sabio guerrero llamado Kiku Honda… según me dijo el Emperador Yao, se desempeñó también como maestro de las artes básicas de las princesas Xiao Mei y Sun Hee, y el príncipe Xiang. No lo parecía en lo absoluto, pero… era bastante mayor. También intercambiamos algunos conocimientos, puesto que él jamás había oído sobre los métodos de lucha occidental en lo absoluto.
— ¡Genia~l!
— Y… ¿Usted qué ha hecho… alteza?
— Hum… bueno…— meditó el joven — Cuando llegué a casa, todo transcurrió con mucha normalidad. Mi hermano se embarcó en un viaje por el mundo con Antonio, así que… este último tiempo me he sentido un poco solo… ¡Pero tomé clases de esgrima! Y he invertido parte de mi tiempo libre componiendo canciones y poesías. También he pintado algunos cuadros.
— Impresionante— comentó — Al parecer… se ha vuelto un hombre muy íntegro.
— Grazie~.
— Dígame… alteza. Para el espectáculo de esta noche… ¿Tiene usted ya designado algo especial? Por ejemplo… con quién estará, o desde dónde lo verá…
— No todavía.
— ¡Ah! Pues…— Ludwig rascó nerviosamente su mejilla — ¿Quisiera usted…?
— ¿… que si quiero ver el espectáculo contigo, Ludwig? ¡Claro que sí~!— respondió enérgicamente el príncipe — ¿Te parece que tomemos una barca y naveguemos hasta un sitio donde la vista sea perfecta?
— Claro… ¡Claro que sí!
— ¡Hecho~!— sentenció el noble. En eso, algo en la parte delantera del salón llamó su atención: — ¡Mira! ¡Ya la señorita Elizaveta va a tirar su ramo!
Cuando Ludwig levantó la vista hacia el lugar indicado, la húngara ya había dado la vuelta, y de espaldas al público, aventó el racimo de flores. Muchas mujeres estaban reunidas en el centro del salón, y brincaron alzando las manos para atrapar la pieza. Una sola, sin embargo, fue la afortunada que finalmente se hizo con él. Las exclamaciones de asombro y felicitación no tardaron en hacerse oír:
— ¡Ay, linda! ¡Qué bien por ti!
— ¡Espero que me invites a tu boda!
— ¡Te verás preciosa de blanco, Yekaterina!
— ¿Eh? ¿Uh…? ¡O-Oh, cierto…! ¡Y-y-yo lo atrapé…!— la aludida tartamudeó emocionada — ¡Iván, Natalya! ¡Miren! ¡Atrapé el ramo!
— ¡Qué bien por ti! — dijo Iván, para luego, lanzar una mirada de aliento a Sadiq, quien percibió detrás de su gesto algo oscuro, y tembló violentamente — Más te vale hacerla feliz ¿Entendido?
— C-como siempre… excelencia— contestó el turco, sonriendo forzadamente.
Acto seguido, fue el turno de Roderick de lanzar hacia los invitados el guante de la novia. Esta vez, los hombres fueron los que –en menor medida que las mujeres- se disputaron entusiasmados el poder alcanzar la prenda, que finalmente, cayó en las manos del Conde de Rumania. Disimuladamente, el vampírico mandatario se volvió a guiñarle un ojo a Natalya. La menor apartó la vista en un forzado gesto de vergüenza, esbozando una pícara sonrisita.
— ¿Lo ves, Yao? ¡El único soltero de la familia! — exclamó Iván.
— Ya llegará tu turno-aru.
— ¿Mathias? ¿Qué vas a hacer…?
— ¡Esta boda y su espectáculo nocturno son una ocasión especial! — declaró el capitán del barco vikingo que había recientemente llegado al puerto — ¡Y por tanto, ameritan verlos en una forma especial!
— Oh, por favor— bufó hastiado Lukas. El capitán danés se acercó a la barandilla, visualizando la superficie de agua a su disposición. Había muchas sirenas –de hermosas pieles achocolatadas y vistosas escamas de todos los colores imaginables-. Sin detenerse a pensarlo mucho más, el vikingo saltó al agua, y por unos segundos, quedó sumergido por completo.
— ¿S' ahog'? — preguntó Berwald.
— Ojalá…
— ¡¿Mathias?! — llamó Emil — ¡¿Estás bien?!
El capitán emergió del agua… con la mitad inferior de su cuerpo transformada en una aleta de pez, cubierta de escamas rojas. De inmediato, muchas de las sirenitas lanzaron gritos, risas y exclamaciones de sorpresa, e incluso, muchas de carácter más atrevido se acercaron a abrazarlo de forma seductora. El danés no podía dejar de reír y pensar que desde que aquél extraño deseo fuese concedido por una celestial voz hace siete años, había comenzado a vivir en el paraíso.
— Se ve que la está pasando muy bien con sus poderes— comentó risueño Tino.
— ¡Chicas, tranquilas! — carcajeó el danés — ¡Hay suficiente capitán Mathias para todas!
— ¡Por favor, que alguien le aviente una roca! — suspiró exasperado el noruego.
— Pu'do invoc'r 'na tom'nta si qui'ren— ofreció el tripulante sueco, preparándose para llevar a cabo una demostración de sus habilidades concedidas por el mismo deseo celestial hace siete años.
— ¿E-eh…? Oh, no.
— Berwald… déjalo ser— corrigió el finlandés, sujetando la mano de su pareja para detenerlo.
La noche había caído sobre la pintoresca ciudad donde se estaba celebrando la boda. Lo que significaba que dentro de muy poco, se daría por iniciado el tan ansiosamente esperado espectáculo nocturno.
La mayoría de los presentes decidió salir del palacio para contemplar el maravilloso cielo estrellado que luego se llenaría de linternas encendidas. Otros, los más románticos, prefirieron subir a los barcos para obtener una mejor panorámica. Se prestaron también botes de remo para familias y parejas felices que desearon internarse más adentro en el Mediterráneo.
Una de las barcas fue ocupada por el príncipe Feliciano, y el caballero alemán: Ludwig.
— ¡W-wa…! ¡Ugh! ¡No puedo remar tan rápido..! — se lamentó el noble — A este paso, nos perderemos todo el espectáculo antes de poder alejarnos del muelle.
— Déjemelo a mí, alteza— pidió el germano, tomando los remos de la barca, e impulsándola con fuerza aguas adentro. El oscuro manto se balanceaba bajo ellos con una relajante suavidad que casi resultaba somnífera.
Gracias a la fuerza del caballero, la barca consiguió llegar a una distancia prudente del muelle, de modo que la panorámica resultaba magnífica. Y aún el espectáculo no había comenzado…
— Temo… que aún me falta ejercitar mucho los brazos— se lamentó el príncipe, apenado.
— No lo culpo, alteza. Es diferente remar cuando únicamente se trata de su peso sobre la barca, a cuando son más los ocupantes en ella.
— Ve~…
Feliciano y Ludwig se acomodaron en la cubierta de la barca a la espera de que la función iniciara. Distraídamente, el menor asomó por uno de los flancos de la barca, y hundió los dedos de su mano derecha, permaneciendo cabizbajo y con gesto meditabundo. Tras un largo silencio, Ludwig tomó la palabra:
— ¿Qué sucede?
—… siete años…
— ¿Uh?
— Han pasado ya siete años desde que te conocí… a ti y a Antonio… ¡Siete años desde nuestra gran aventura por el mundo! — dijo, animado — Cuesta creer… que en un momento esa odisea me pareció interminable… y ahora me parezca más bien que todo sucedió demasiado rápido…
— Y quién pensaría que acabaría así— objetó el alemán, sonriendo levemente — Para haber sido una aventura tan arriesgada, el saldo final ciertamente fue muy alentador.
— Mucha gente es feliz ahora gracias a sus deseos cumplidos.
— En gran parte, es gracias a… ti.
Feliciano sonrió.
— Cuando confié en ti el destino final de ese deseo, admito que estaba algo asustado— confesó el caballero con un cálido dejo de cercanía y alivio en la voz — Pensé que lo rechazarías, y entonces, dejarían en mis manos el destino de la humanidad… y yo JAMÁS habría podido pensar en algo tan altruista y elaborado. Ha de ser porque en parte, mi vida como soldado ha significado que bloquee mis capacidades para sentir empatía, remordimientos y compasión como las demás personas. Y quién sabe qué hubiese resultado al final, si yo tomaba esa decisión.
— No fue fácil. Estaba muy confundido al principio— dijo el príncipe — Gracias a todas las personas que conocí y todas las lecciones que aprendí, todo terminó bien. Al menos en gran parte…
— ¿Uh?
— Cuando volví a casa, y tomamos rumbos distintos… me sentí vacío…— suspiró nostálgico — Como si de pronto hubiese ya cumplido un gran sueño, y ahora debiera continuar mi vida sin una motivación tan hermosa y fuerte como lo fue nuestra aventura— un breve acceso de risa lo sacudió — Como si por dentro me estuviese preguntando "¿Y ahora, qué?". Intenté llenar mis ansias de seguir creciendo con pasatiempos que me hicieran sentir lleno de nuevo… pero no era lo mismo. Hasta cierto punto, extrañaba estar fuera de casa, corriendo peligros por el mundo… los extrañaba a ustedes… y a las motivaciones que me hicieron llegar a pedir ese deseo a la Llave Sagrada.
— Lo bueno de esto, Feliciano, es que ahora que te has reencontrado con tu vida, tu familia y amigos, puedes enfocarte en otras cosas igualmente emocionantes y llenadoras.
— ¿Cómo qué? — inquirió. El curioso brillo de sus ojos logró conmover al caballero, que esbozó una sonrisa más amplia.
— Tal vez… buscar un sueño más hermoso…
Tiempo aquel, viendo a la distancia
Tiempo fue, viendo al interior
Tiempo que no me imaginaba
Lo que me perdí
Y hoy aquí, viendo las estrellas
Y hoy aquí, todo es claridad
Desde aquí ya puedo ver
Que es donde debo estar
En eso, la mirada fija de Feliciano en el agua percibió algo extraño en el reflejo…
Un punto amarillo y brillante había irrumpido en el cielo. Demasiado grande para ser una estrella… demasiado cercana para ser mentira…
El espectáculo había comenzado.
El príncipe se agitó emocionado en la barca, en busca de una mejor posición. En lo que consiguió ponerse de pie y abalanzarse hacia la proa de la barca, esta se balanceó peligrosamente, a lo que Ludwig soltó un gruñido como advertencia de que se moviera con cuidado. Cuando finalmente el príncipe se abrazó al tallado en la parte delantera del barco, y este se estabilizó, permaneció largo rato contemplando embelesado cómo después de la primera linterna flotante –soltada desde uno de los balcones del palacio donde se celebró la boda-, le siguieron a esta decenas… no… cientos de lámparas más, alzando vuelo desde la tierra firme, las canoas más cercanas a la costa, y los barcos dispuestos ordenadamente en la orilla.
Y la luz encuentro al fin
Se aclaró aquella niebla
Y la luz encuentro al fin
Ahora el cielo es azul
Es real, brillando así
Ya cambió la vida entera
Pronto, el cielo se llenó de miles de esos globos de luz, que flotaban hacia el infinito cielo estrellado. Las primeras ya se veían tan pequeñas como las estrellas. Pequeñísimas.
Era ciertamente un espectáculo bellísimo. Ver como esas pequeñas y aparentemente insignificantes lumbreras se aventuraban en el inmenso, incierto y oscuro escenario nocturno, en busca de alcanzar la máxima altura…
"Hace siete años… mis amigos y yo hicimos lo mismo…" pensó Feliciano. "No éramos más que cuatro seres pequeños… aparentemente insignificantes. Inconscientes de lo que podíamos llegar a ser con nuestro propio valor. Hasta que un día, hace siete años… decidimos volar hacia el inmenso, incierto y oscuro mundo que nos esperaba… y alcanzar nuestros más profundos sueños"
De pronto, se sintió triste.
"¿Y ahora, qué…?"
Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
Reprimió lo que parecía ser el inicio de un lastimoso acceso de sollozos, lo suficiente como para que al cabo de unos minutos, este se desvaneciera. Entonces, un extraño resplandor a sus espaldas llamó su atención. Feliciano volteó, y cuando lo vio, no pudo sino sentir que sus latidos se volvieron más fuertes y rápidos, y llenaron su pecho de una agradable y cálida sensación de felicidad.
Esta vez, todo es diferente
Veo en ti la luz…
Ludwig tenía en sus manos dos lámparas de luz, ya encendidas, listas para ser soltadas. Como un pajarito en su jaula, a la espera de que una mano abra la puerta, y pueda alzar el vuelo…
Tiempo aquel, persiguiendo un sueño
Tiempo fue, en la oscuridad
Tiempo que, no había visto cómo es
La realidad
— ¿Quieres hacerme el honor? — preguntó el caballero, ofreciéndole una de las lámparas. El príncipe se sentó frente a su compañero, y recibió el artilugio en sus manos, sosteniéndola con extrema delicadeza. Como si fuese una frágil pompa de jabón en las palmas de un curioso muchachito.
Una pompa de jabón… que brillaba mucho.
"Como hace siete años… cada uno brillaba por sí mismo, intensamente… pero creía ser tan frágil como una pompa de jabón…"
Se miraron fijamente. No fue necesario intercambiar palabras para llegar a ese acuerdo. Al mismo tiempo, Ludwig y Feliciano impulsaron las lámparas hacia arriba, soltándolas cuando sus frágiles texturas hubieron estabilizado el vuelo.
Los demás globos de luz volaban de manera dispersa y alocada por el cielo. Algunos habían perdido altura. Otros ya eran invisibles por la altura a la que se encontraban. Y las dos lumbreras, aventadas por el príncipe y el caballero…
… volaron juntas. Hacia arriba. Hacia el infinito.
No se separaron. Jamás.
Feliciano contempló fascinado el espectáculo de nocturno a su alrededor. Ya se alcanzaba a distinguir muy poco del cielo nocturno, gracias a la enorme cantidad de lámparas flotantes en el cielo. E incluso, mirar a los alrededores era difícil. La barca estaba rodeada de pequeñas pompas de jabón, brillantes como el fuego, suspendidas sobre el agua y arremolinándose locamente.
Ludwig, en cambio… no miraba las lámparas.
Él tenía al frente a su propia estrella.
Ella aquí luce como estrella
Ella aquí, todo es claridad
Si aquí está, es fácil ver
Que aquí hoy quiero estar
"Ahora que me he reencontrado con mi vida y mis amigos, puedo enfocarme en otra cosa igualmente emocionante y llenadora", pensó Ludwig. Había ya, hace siete años, cumplido su más anhelado sueño hasta entonces. Encontrar a alguien a quien encomendarse devotamente. Alguien a quien proteger. Alguien por quién se sacrificaría si fuese necesario.
Feliciano. Lovino. Y Antonio.
"¿Y ahora, qué?", se preguntó. Él sabía la respuesta. Estaba delante de él. Esa pequeña y aparentemente insignificante pompa de jabón, pero que brillaba más que todas las estrellas. "Ahora, puedo buscar un sueño más hermoso…"
Sin dudarlo más, extendió su mano. Y como si se tratara de una frágil pompa de jabón, envolvió la de Feliciano, sacándolo de sus cavilaciones.
"Alguien a quien amar…"
Y la luz encuentro al fin
[Se aclaró aquella niebla]
Y la luz encuentro al fin
[Ahora el cielo es azul]
Es real brillando así
Ya cambió la vida entera
— Ludwig…— suspiró el príncipe, sonriendo. Sus mejillas se encendieron en un tenue rubor. En respuesta al imprevisto gesto de su compañero, él extendió también su mano, y tocó la otra del alemán.
— ¿Si… Feliciano?
"¿Y ahora, qué…?". Creía haber encontrado la respuesta. Y estaba justo delante de él. Hacía siete años había confiado el futuro del mundo en sus manos… y ahora, sujetaba esas mismas manos entre las suyas con dulcísima delicadeza…
La respuesta estaba justamente frente a él.
"Ahora, puedo buscar un sueño más hermoso…"
— Ludwig… ¿Quieres ser… mi nuevo sueño?
La sonrisa del alemán fue todo lo que necesitó como respuesta…
Esta vez, todo es diferente
Veo en ti la luz…
— Esperé siete años para esto.
Ludwig se inclinó hacia adelante, a la vez que atraía a Feliciano hacia él. Sin dilaciones, cerró los ojos depositó en los labios del príncipe un beso. Suavísimo y tierno. Y para ellos, el resto del mundo dejó de existir.
"Eres mi nuevo sueño", pensaron los dos, fundiéndose en un beso mucho más apasionado. Alrededor de la barca, las lumbreras que volaban más bajo seguían brillando con fuerza, arremolinándose en torno a la pareja como si protegieran de toda hostilidad aquél íntimo momento…
Veo en ti la luz.
La historia dice que todo acabó allí. Los rumores dicen que la fantasía y la aventura continuaron. Fue imposible llegar a un acuerdo entre ambas partes. Y la verdad, es que la realidad puede ser incluso más hermosa y extraña que la ficción...
La historia de Feliciano, sus amigos y "enemigos", es ciertamente el más extraño cuento de hadas que se haya relatado. La hermosura de la magia, la amistad, la fantasía y el amor, compaginado con el terror y la desdicha de almas que por el camino encontraron a nuestro valiente grupo de aventureros, experimentando el vuelco más grande en sus vidas…
Este no tan clásico cuento de hadas necesita un fin igualmente hermoso y extraño… donde tanto héroes como "villanos" se encuentren en armonía…
Intentémoslo… como en los cuentos de hadas:
"… Y todos vivieron felices para siempre".
FIN
Respuesta a Reviews "anónimos" o sin recepción de MP activada
Arwen: Mi compromiso con los lectores es entregarles un fanfic de calidad ;D procuro mantener a los personajes dentro de sus personalidades, más no por eso no significa que no experimenten evoluciones conforme avanza la historia ¡Y Feliciano es el claro ejemplo de esto en el fanfic! X3 Ternurita él, pensando en todas las personas que conoció durante el viaje y en lo que podía pedir para que fuesen felices :'D
Jejeje~ ¿A poco no? ¡Emily y Maddy son un encanto! Uyy, y creo que Arthur y Marianne serían una excelente pareja, y también unos excelentes padres :')
Saludos desde Chile :D
Archer: ¡Oiiiiiiiish! ¡Me halagas! Jeje, sí, admito que en gran parte esta historia, aunque inspirada en películas de Disney, recibe también mucho de mi propia cosecha. Desde sueños, hasta ideas random que se me ocurren cuando divago en mi mundo.
A pesar de que pretendía crear un escrito ligero, acabé dedicando varias partes a reflexiones filosóficas (?) y algunas escenas dramáticas dignas de nominarse al mejor culebrón colombiano de este año. jejeje, podría decir que al final, este fic acabó teniendo un poco de todo. Pero como siempre les digo: jamás habría llegado TAN lejos yo sola con mi inspiración. El apoyo de los lectores fue también una gran motivación y una fuente inagotable de ideas, sin las cuales, este fic no habría ni siquiera llegado a los veinte capítulos. O incluso menos.
Con ustedes: ¡El elenco de este fic!
1.- Cuarteto Maravilla: Feliciano (Italia Veneciano, príncipe); Ludwig (Alemania, caballero); Lovino (Italia Romano, príncipe) y Antonio (España, un AVENTURERO -no un vago(?)-).
2.- Bárbaros: Sadiq (Turquía) y Gansükh (Mongolia)
3.- Europeos: (que aparecieron en este fic) Roderick (Rey de Austria) Elizaveta 'Elías' (Hungría, consejero real de Roderick); Gilbert (Prusia, Rey de Alemania); Dmitri (Rumania, conde-aterrador); Vash (Rey de Suiza) y Lily (Liechtenstein, Princesa de Suiza); Charlotte (Mónaco, Reina de Corazones); Francis (Rey de Francia); Marianne (NyoFrancia, bailarina); Arthur (Inglaterra, capitán de los piratas); Emma, Govert (Bélgica y Holanda, parte de la tripulación de Arthur. También estaban Escocia, Gales, Irlanda, Irlanda del Norte); Tino, Mathias, Berwald, Lukas y Emil (Finlandia, Dinamarca, Suecia, Noruega e Islandia, vikingos).
4.- África: Michelle (Seychelles); Nehanda (Zimbabue), Sethunya (Botsuana) y Zuri (Kenya) Las cuatro son sirenas. Heracles (Grecia, sacerdote) Gupta (Egipto, sacerdote)
5.- Americanos: María (Venezuela, Reina del Sur); Julio, Luciano y Manuel (Bolivia, Brasil y Chile, chamanes): Miguel (Perú, conde loco); Francisco (Cuba, consejero de la Reina del Sur); Itzel (México, Reina del Norte); Alfred (USA, Emperador); Matthew (Canadá, marqués-hechicero).
6.- Oceanía: Kyle (Australia, viajero y aventurero de alto riesgo); Nathaniel (Nueva Zelanda); Amber (Wy) y Peter (Sealand).
7.- Asia: Kim Ly (Vietnam, capitana de la Guardia Imperial); Hyung Soo (Corea del Norte, gendarme a cargo de la Corte de los Milagros); Yong Soo (Corea del Sur, inventor de objetos de alta tecnología); Yao (China, Emperador-Hechicero); Xiao Mei, Sun Hee y Xiang (Taiwán, NyoCorea del Sur y Hong Kong, princesas de China); Sarangerel (NyoMongolia, hermana de Gansükh. Bruja).
8.- Eurasia(?): Boris (Bulgaria, ladrón); Feliks (Polonia, guardia del calabozo); Yekaterina (Ucrania, bruja); Iván (Rusia, Emperador-Hechicero); Natalya (Bielorrusia, bruja); Toris, Eduard y Raivis (Lituania, Estonia y Letonia, sirvientes de Iván).
9.- Otros (mencionados y no-aparecidos): Isabel (NyoEspaña, Reina de España); Andrés (2PEspaña, padre de Antonio); Aleksandr (2PRusia, ex-emperador, muerto por Iván) y sus hermanas Irunya y Anastasia (2PUcrania y 2PBielorrusia, muertas por Natalya). Oliver (2PInglaterra, padre de Arthur, Alfred y Matthew); Chun-Yan (NyoChina, madre de Hyung y Yong Soo -por tanto, 'mujer' de Gansükh-, maestra de Kim Ly); Kiku (Japón, maestro de Xiao Mei, Sun Hee y Yong Soo cuando eran niños); Phaibun (Tailandia... no se le nombró como tal, pero apareció como un comerciante que trasladó al Cuarteto Maravilla del palacio de Yao a la estación de trenes); Rajash (India, el 'Gran Majarash -Rey- de la India'); Tarja (NyoFinlandia, marquesa de Finlandia) y Hela (NyoSuecia, guardaespaldas de Tarja). Y creo que son todos...
Notas de la Autora:
¡Ta-Daa~! ¿Qué tal? ¿Les gustó? :D
Después de poco más de un año publicando este fanfiction, hemos llegado a su final. De por medio hubo complicaciones, atrasos (de semanas, hasta de meses), pero también momentos de mucha inspiración traducidos en actualizaciones regulares (¡Hast capítulos semanales! ¡¿Pueden creerlo?!) ¡Y hoy, por fin, el capítulo número 55!
Ni yo imaginé que este fic iba a ser tan largo, y que iba a llegar a terminarlo...
Ah, pero eso no es únicamente crédito mío.
Se los he hecho saber durante la mayor parte del fanfic: Nada de esto hubiese sido posible sin su apoyo. Sus "follow", sus "favs", y por supuesto, sus "reviews" a cada capítulo. Porque los autores no tenemos suficiente solo con nuestra inspiración (aunque esta sea, a fin de cuenta, la herramienta fundamental para escribir sus historias). Si publicamos nuestro trabajo en Internet, es porque en el fondo queremos compartirlo para obtener opiniones -de aprobación o desaprobación- y alimentar con ellas nuestras ansias de seguir publicando y mejorando cada día.
Gracias a las personas que han comentado el capítulo anterior: GoodLoverBoy, Corona de Lacasitos, Arwen, Dazaru Kimchibun, Horus100, Kitty96671, Archer, KayraIsis y Wind und Serebro.
También a los demás que se hicieron presentes comentando los capítulos anteriores: Arelion12, 'Yo', Andrea, Sorita Uchiha, LittleCrazy15, 'Guest', GinYang98, Jare la de los Gatos, Pinsel D34CM43 t y Hiker Schopenhauer Dalloway F.
A los que le dieron 'follow' (sin dejar reviews): Eli Meow, Enian Candred, Mokachina, NuevoMundo, On-A-Sunny-Day, Pandorahero7, Rocxann123, Sandra DeNitte, Silent Miut, Meigore, Myland604, Nicochan00, Shangai-kun y Tdllap1.
Y a quienes agregaron la historia a sus favoritos (y no comentarios ni dieron 'follow'): 2p-Mister-Awesome, BrezoNara, Petitvon, Nekita42 y SunnPab.
Ahora, me dedicaré a acabar con otros proyectos personales. Entre ellos "Read All About It". Y quién sabe, quizás dentro de poco, me lance a la aventura con un nuevo proyecto extenso. Dependerá de cómo ande de tiempo, ideas, y por supuesto, de apoyo por parte de la audiencia.
Para cerrar con broche de oro, y en honor al capítulo final, la pregunta (que pueden responder o no) dice:
¿Cuál/es es/son tu/s final/es favorito/s de Disney? Propuesta por Dazaru Kimchibun:
4.- Frozen: Un "Y todos vivieron felices para siempre" un poco distinto a los clichés en que me imaginaba acabaría, sobretodo en lo que respecta al "acto de amor" que logró salvar a Anna :'D ¡Emotivo, inesperado y lindo!
3.- Tarzán: ¡Él y jane estaban destinados a estar juntos! Lo lamento mucho por la muerte de Kerchak, (pero no por la de CECIL Clayton -nótese su nombre de pila: ¡CECIL! Epic LOL-). Las escenas finales compensan el trago amargo de la muerte del líder de los gorilas, justo después que este aceptara de una vez a Tarzán: la cómica forma en que Jane se le lanza encima a Tarzán para besarlo, o cuando su padre la sigue para quedarse en la jungla y luego aparece vestido con taparrabo en los árboles, la maestra voz de Phil Collins en el reprise de "Dos Mundos", y al final... el grito de Tarzán :'D
2.- El Rey León: Flipo con el majestuoso rugido de Simba en la Roca del Rey, y de fondo, uno de los épicos temas compuestos por Elton John *o*
1.- Toy Story (Las tres... sí, ya sé que son de Pixar, pero trabajan en asociación con Disney ¡Es lo que vale!): Desde que vi por primera vez la película número uno, no he podido ver a mis juguetes como simples objetos... y la historia se repite con cada una de las entregas. Pero la tres ¡La tres! Morí. Demasiados feels para mí.
Nos estaremos leyendo pronto :)
— Mygale
