Advertencias en este capítulo:

Pareja: Austria y Suiza

Resumen de este capítulo: Este es el motivo por el que Austria nunca hace nada.


Strudel

Una tarde, que Liechtenstein no está y Suiza está trabajando... Austria estaba tocando el piano y lo único que ha pasado es que en un momento dado... ha dejado de hacerlo.

Suiza ni enterado, aunque cuando nota que falta algo… qué es la música, aunque no pueda decir qué, frunce un poco el ceño y baja cuando Austria está con las manos en la masa.

Así que... vale, sin chaqueta, con la camisa arremangada pulcramente y el reloj apoyado sobre la mesa delicadamente alineado, junto a su alianza. Amasa la base con fuerza y maña, con los movimientos precisos, parando justo antes de que se rompa. Alemania y Hungría nunca consiguen hacerla tan fina.

—¿Qué ocurre? —pregunta sin detenerse ni girarse cuando le oye.

—Has dejado de tocar y... Estás... —el helvético se queda inmóvil cuando le mira... Porque es RARO que esté haciendo esto, no que se queje, pero no es lo más común. Y le gusta.

—Ja, he dejado de tocar —responde Austria ante la evidencia, pero no se detiene. Suiza da un par de pasitos a la mesa y se sonroja un poco.

—¿Qué preparas? —el suizo se inclina un poquito para ver.

—Mi merienda.

—Oh... Tuya.

—Ja —saca un cuchillo para cortar los bordes.

—¿Y vas a darme un poco? —Suiza se relame los labios y pone las manos en la mesa.

—Depende —el de las gafas empieza a amasar los bordes que le han sobrado a un lado porque no se tira NADA.

—¿De qué? —le mira hacer... Y es que además le parece que se ve tan bien remangado y moviéndose.

—De lo que sobre y lo que hagas para que te dé un poco —hace un cruasán.

—Vas a cenar tu primero y yo... ¿Comeré las sobras? —pregunta el suizo sin dejar de mirar bastante idiotizado todo el proceso.

—Merienda —corrige Austria yendo a preparar la crema de vainilla mientras la masa reposa.

—Cena o merienda... Es igual —responde el de ojos verdes.

—Nein, no es igual, la merienda suele ser opcional.

—Me estás diciendo que yo voy a optar por no comerla... Si es que a ti no te sobra —responde Suiza frunciendo el ceño.

—Puede darse el caso de que aunque me sobre, no hagas lo conveniente para merecerlo.

El helvético parpadea para luego contestarle.

—¿Perdona, merecerlo? ¿Qué es lo conveniente para merecerlo? —además de proporcionarte todos los materiales y el gas para hornearlo.

—Tú sabrás —sonríe el moreno sin mirarle y sin dejar de moverse con la salsa.

Ahí va a mirarle a las caderas, Suicilla travieso. Austria Le mira de reojo de manera bastante penetrante y acusatoria, deteniéndose.

El helvético e sonroja y da un pasito atrás, carraspeando.

— ¡¿Was?!

El austriaco no responde, volviendo a lo que hace. Prepara un poco de chocolate para fundirlo al baño maría.

—¿Te ayudo?

—Está bien, puedes comer un poco —sonríe mirándole de reojo.

Suiza se le acerca por la espalda y le pone pensaaaaaaándoselo mucho... Las manos en la cintura

—¿Q-Qué necesitas?

—Funde el chocolate, que eso se te da bien —le contesta el austriaco mirándolo de reojo valorando cuanto va a tardar Suiza en estar haciéndolo todo.

—Vale —asiente y le mira de reojo sin querer soltaaaarle de la cintura.

Austria se va a por una fresa para empezar a comérsela, tranquilamente y Suiza se sonroja maaaas con la fresa.

—Quieres... Trae la fresa—propone el helvético haciendo un gesto con la mano.

—Es mejor esperar al menos a que esté en el horno para jugar a las fresas, responde el músico con una sonrisilla —Se la saca de la boca, donde solo la había lamido y se la tiende. El rubio se sonroja más aun estirando una temblorosa mano.

—N-Nein, no quiero que se queme.

—Entonces a que esté hecho.

—Eso... Puede ser mejor —admite moviendo un poco el chocolate sobre el baño maría para que se derrita, con la fresa de Austria en la mano—. ¿La cubro?

—Tú sabrás.

—No la... ¿No la quieres cubierta? —vacila el de ojos verdes

—Pues tú me la has pedido, qué sé yo qué planeas.

—Pues que sepa mejor... Acércate —le pide estirando la mano hacia él y Austria lo hace, claro.

Suiza y su habilidad casi para derretir chocolate con mirarlo tienen ya todo bastante derretido. Hunde un poquito la fresa.

—Te ves muy... Bien así... En... Eh... Arremangado y sin saco —dice como quieren no quiere la cosa.

—Y eso que para cuando has llegado había acabado de amasar.

—Amasar... Así como... ¿Con fuerza y vigor? —las palabras a elegir.

—Nein —se ríe—. Con habilidad y cariño.

—Habilidad y... cariño. A ver, ¿cómo? Porque amasar a mí me parece que es con vigor y fuerza... ¿Cómo vas a amasar con cariño? —es que ahora mismo Suiza te está imaginando el torso perlado en sudor mientras mueves los brazos con... Vigor. Sí.

El austriaco le mira de reojo levantando una ceja y toma la masa haciendo una bola con ella para volverla a extender. Suiza se humedece los labios...

—Veamos...

Y Austria lo hace con fuerza en los dedos y mucho cuidado, sin violencia en realidad, como si hiciera un masaje. Excelente imagen mental para las noches de Suiza.

—Ohm... Va... Vaya, es con... ¿Cierto vigor? Ja...

—No exactamente —el músico le mira de reojo... y piensa que se va a quemar el chocolate, pero... —Ven, trae las manos, ya verás

Suiza apaga el fuego y se acerca.

Entonces nunca se va a fundir.

¡Pero mejor eso a que se queme!

Suiza se acerca igual, con la fresa en la mano.

—A ver...

—Eso a la boca —niega Austria señalando la fresa.

Levanta la mano y se la pone en la boca. Suaaaavemente y sonrojaaaaaaado. Austria abre la boca aprovechando para besarle un poco los dedos

Casi le da algo quedándose algo idiotizado unos instantes antes de quitar la mano un poco bruscamente, casi como recuperándola de un dragón… Aun está sonrojadito.

El de gafas sonríe un poco comiéndose su fresa.

—Ehm... Me decías... D-Del amasado —es que no crean que no está imaginando el movimiento.

—Arremángate y pon las manos.

Suiza asiente nervioso, desabotonándose y doblándose los puños. El moreno se relame el chocolate que pueda quedar en los labios esperándole.

Y es que Austria, le distraaaaes, pero aun así consigue hacerlo con efectividad. Se quita el reloj y lo coloca al lado del austríaco... Aunque no la alianza. Se te va a pringar toda. Es que se le olvida que se lo tiene que quitar.

Aun así Austria se hace un poco a un lado para que Suiza meta las manos con él y el rubio se agacha un poco y se mete entre los dos brazos de Austria.

El de ojos violetas levanta las cejas pero no protesta. Suiza carraspea a modo "mira, ya estoy listo"

—Entonces... ¿Cómo?

El austriaco le toma las manos y hace que las ponga en la masa, mirando por encima de su hombro.

—Mmmm... —no sé si eso es un gemidito

Austria se sonroja un poco con eso y carraspea haciéndole mover las manos.

Suiza las mueve, pensando que esto es agradable e íntimo y cercando... Porque además siente su respiración en el cuello.

El moreno siente la mejilla en la suya, porque sí, sí que es íntimo y cercano.

—Esto... Debo encontrar la manera de convencerte de que lo hagas más seguido

—¿Tanto te apetece comer dulces? —susurra el austriaco acariciándole los dedos un poco, sin amasar tanto.

—A mí siempre me apetece... —gira un poquito la cabeza hacia él y le roza la mejilla con los labios. El rubio gira otra vez la cabeza al frente a la masa porque fue accidental.

El moreno cierra los ojos y le molestan las gafas, sinceramente.

—Vas a engordar.

—No creo... Haré más ejercicio.

—¿De cuál? —eso podría sonar menos doble sentido. Deja de amasar directamente, solo tocándole las manos.

—D-De cual... De... De... —le mira de reojo. Y se sonroooojaaaa pensando en el sentido exacto.

—¿Ejercicio de cuál? —aclara el austriaco voluntarioso.

—De... Ejercicio... De —se humedece los labios—. Estas pe-pensando en ese otro... Método de quemar calorías. Ehm.

— ¿Yo? —pregunta Austria.

—¡Yo no estaba pensando en eso! —Sonroooojo maaaas oscuuuuro.

—¿En qué? —sí, claro, ahora finge inocencia.

Suiza se coloca rápidamente entre los brazos de Austria con las manos en la masa de nuevo.

—En eso del... En... —se mueve un poquito con el movimiento de las manos acariciándole un poco de vuelta.

—Del... —le insta a seguir moviendo los pulgares sobre sus dedos y entre cruzando en resto.

—En... Ese... E-Ejercicio que hacemos... L-Los dos...

—¿Y ese cuál es? —pregunta de nuevo el músico aun fingiendo inocencia.

Suiza medio hunde los dedos en la masa... Mucho mucho más preocupado de Austria que de la masa en si. El moreno se mueve, yendo con las manos tras las suyas.

—E-Es... Eso que... Hacemos en la... Cama.

—¿Eso es lo que quieres? —se le repega un poco más de las caderas.

El helvético se sonroja un montón y suelta el aire lentamente.

—En la mesa de la cocina... ¿como si fuera la primera vez? —pregunta Austria

Suiza Le mira de reojo y se sonroja.

—Mejor que la primera vez —propone...

—¿Mejor cómo?

El rubio se le recarga un poquito encima.

—Ahora te quedas siempre —casi sonríe con ello, satisfecho.

El austriaco se ríe con eso.

—Ehh! —protesta débilmente por las risas, aunque a decir verdad la posición, las manos y... Todo le parece en extremo satisfactorios—. ¿O crees que eso no lo hace mejor?

—También creo que hemos aprendido un par de habilidades desde entonces

Suiza se sonroja.

—¡Tú y tus miles de parejas!

—He dicho "hemos" —responde el moreno.

—Bueno, es que esa vez... —valora recordándola.

—Was? —pregunta Austria sonriendo un poco de lado.

—Yo no tenía ni idea de qué hacías, ni por qué, menos aún que tenía que hace algo de vuelta.

El de ojos morados se ríe un poco de nuevo. Suiza aprieta los ojos.

—No te burles, yo no pensé que... No sabía que yo... Que tú podías hacerme...

—No es burla. En realidad... yo solo sabía un poco mejor la dinámica del asunto, pero no lo importante que iba a ser eso. Se supone que solo debía dañarte. Nunca esperé unas consecuencias tan desmesuradas como las que tuvo —explica Austria. El rubio levanta la cara a mirarle un poco mejor por encima de su hombro.

— ¿A qué te refieres? —pregunta el de ojos verdes sin poderse creer que no sepa CUANTO le dañó.

—Pues a que las consecuencias fueron mucho peores de lo esperado y me explotó a mí mismo también en la cara —responde el moreno. Suiza se tranquiliza visiblemente con esa respuesta.

—Aun con todo... Fue importante que vinieras.

—¿Por?

—No estaríamos aquí así si no hubieras venido.

—Eso no lo sabes.

—Mmmm... Vale, quizás sí, pero... Prefiero que hayas venido.

—Miras que dulce —se ríe.

—¡Ehhh! —protesta Suiza sonrojándose y le mira con el ceño fruncidito sacando un poco las manos de la masa.

—Tsk, no te enfades —protesta el austriaco. El helvético desfrunce el ceño porque solo protestaba un poco por vicio.

—No me enfado —asegura haciendo la masa una bola otra vez, porque le gusta esta posición

—Pareces enfadado —pone las manos sobre las suyas.

—Pues sí porque... Dices que soy dulce —las tiernas protestas de Suiza.

—¿Te molesta serlo o que lo diga?

El helvético se lo piensa sin quitar las manos.

—Me molesta que sepas que lo soy —explica el de los ojos verdes.

—¿Por qué?

—Porque es una debilidad que tengo contigo... Así como mi talón de Aquiles.

—Es bonito —Austria le da un beso en la mejilla. Sonrojito otra vez, mirándolo de reojo. Pero bueno, si es bonito y le gana un beso, puede que no sea tan horrible. Hasta inclina un poquito la cabeza y le pone el cuello para ver si puede ganarse otro besito ahí.

—Bonito —repite Suiza.

—¿No te lo parece?

—Ja —hasta se pone de puntas. Solo consigue que apoye ahí la barbilla, lo siento Suiza.

El helvético le mira de reojito otra vez porque no es lo que quería pero... Bueno. Le da un beso rápido en la mejilla pensando que eso es lo que quiere.

El moreno levanta las cejas y le mira de reojo. Sin esperárselo.

—E-Entonces en... ¿En qué estábamos?

—Decidías donde querías hacer ejercicio y me contabas cómo.

—¡Neeein! ¡No es que quiera!

—Céntrate en el cómo.

—En la mesa, ¡Pero ese no es el asunto!

—Eso no es el cómo, es el dónde. Explica Austria

— ¿C-Como es cómo? Pregunta Suiza.

—Cómo planeas que sea, descríbelo.

—P-Podría ser... A... Aquí... Así... Justo como... —se detiene y es que necesita esconderse... Pero no sabe dónde.

—Ajaaa —hasta sonríe un poco, volviendo a acariciarle las manos.

—E-Estamos... —termina la frase escondiéndose detrás de su pelo.

—¿Justo así? —hace un movimiento de caderas, tan conocido para Suiza

—J-J-Ju-Justo así... —susurra el helvético.

—¿Mientras hacemos Strudel? —sigue el moreno tan tranquilo.

—M-Mientras... Hacemos... —el rubio se humedece los labios y es que es bastante sexy la idea. Insiste en intentar esconderse pero Austria se aparta para que no pueda del todo. Ahí le tienes, atrapado entre tú y la mesa...—Ha-Hacemos. Ja.

El músico le empuja un poco contra ella aprisionándole con la cadera otra vez y le saca otro minigemidito.

—Así no vamos a poder hacer el Strudel, si te distraes tanto.

—N-No estoy distraído —responde seguro de que la temperatura en la cocina ha subido un par de grados.

—Ni siquiera estás amasando —insiste, tan cerca.

—Estoy... ¡Si estoy! —se sonroja más porque no está para nada haciendo NADA relacionado con amasar.

—Me has hecho destruir la masa que ya estaba estirada para amasarla contigo y resulta que solo vienes pidiendo sexo —acusa el de ojos violetas hundiéndole la nariz debajo de la oreja.

— ¿S-Sexo? Yo... Yo... Yo no...

Otro movimiento de cadera. No ayudas maldito austriaco.

—E-Estábamos haci... Ahh!

Austria se ríe un poco y se separa ligeramente porque no es como que no le afecte un poco a él mismo y por la posición es fácil que Suiza lo note

Suiza tiene hasta la respiración un poquito agitada, se lleva una de las manos a la cara tapándose los ojos y ensuciándosela toda, desde luego. Con eso, a Austria se le ocurre tomar la salsa de vainilla que estaba preparando, hundiendo los dedos en ella

Van a hacer un cochineroooo. Más aun cuando Austria empiece a untárselo a Suiza en la cara y... ni Strudel ni nada, besos. ¿Alguien oye a Suiza quejarse? No, ¿verdad? Ya se quejara luego cuando le toque limpiar. Nah, por ahora es que está ENCANTADO

El de ojos verdes sigue el movimiento de los dedos embarrados y entreabre un poco los labios mientras piensa que esto es como lo del chocolate de aquella vez que fue completamente genial.

También hay un poco, lo has medio derretido antes y hay fresas también. Lo que no va a haber es merienda a este paso. Desde luego que no... Chicos, ¿si saben que esta historia tenía el único propósito de que Austria hiciera el Strudel?

Yo dije que no lo haría.


Que no se entere tu mamá de lo que has leído, pero no olvides decirnos que te ha parecido. Ni de agradecer a Sakeru-chan su edición!