Y(la historia no pertenecees propiedad de Sarah J. Maas, la traducciónpersonaje no me pertenece, le pertenece a traducciones Independientes y los personajes de Candy Candy le pertenecen a Mizuki e Igarashi) (Y las antiguos libros publicados en esta página son de Cellita G)

Capitulo 53

Había sangre por todos lados.

Como antes, Candy se paró entre las dos sangrientas camas, un apestoso aliento acariciando su oreja, su cuello, su espina. Podía sentir los príncipes Valg caminando errantes alrededor de ella, circulando con aires depredadores, devorando su miseria y su dolor pedazo a pedazo, probando y saboreando.

No había salido y ella no podía moverse mientras miraba de una cama a otra. El cadáver de Annie, mutilado. Porque ella había llegado muy tarde y porque había sido una cobarde. Y sus padres, cuellos cortados desde oreja a oreja, grises y sin vida. Muertos por un ataque que debería de haber sentido, no lo había hecho porque se había deslizado fuera de su cama esa noche. Pero había tardado mucho también.

Dos camas. Dos fracturas en su alma, grietas a través del cual el abismo que se había vertido mucho antes de que los príncipes Valg la hubieran agarrado. Una garra arañó el largo de su cuello y ella se apartó, tropezando con los cuerpos de sus padres. El momento que la oscuridad se había cerrado alrededor de ella, apagando su cansada ama, empezó carcomiendo la imprudente rabia que la había obligado a salir de la barrera. Aquí en la oscuridad, el silencio era completo, eterno. Podía sentir al Valg escabullirse a su alrededor, hambriento y ansioso y lleno de frío, antigua malicia. Ella había esperado que la vida saliera de ella instantáneamente pero ellos habían permanecido cerca de la oscuridad, frotándose contra ella como gatos, hasta que una débil luz se había formado y se había encontrado a ella misma entre esas dos camas.

No podía ver, no podía hacer nada más que sentir las náuseas y el pánico crecer poco a poco. Y ahora... Ahora...

Aunque su cuerpo se contuvo de moverse en la cama, la voz de Annie susurró, Cobarde. Candy vomitó. Una débil, ronca risa sonó detrás de ella. Se dio vuelta, más y más lejos de la cama donde estaba Annie acostada. Luego ella estaba parada en el mar de rojo, rojo y blanco y gris y...

Ella ahora estaba como un fantasma en la cama de sus padres, donde había estado diez años atrás, despertándose entre sus cuerpos por los gritos de su criada. Eran esos gritos que podía oír ahora, alto e infinito, y... Cobarde.

Candy cayó contra la cabecera, tan real y lisa y fría como recordaba. No había lugar para irse. Era un recuerdo, esos no eran cosas reales. Apoyó sus palmas contra la madera, peleando con su creciente grito. Cobarde. La voz de Annie llenó otra vez el cuarto. Candy apretó sus ojos cerrados y dijo a la pared

—Ya lo sé, ya lo sé. — Ella no peleó mientras las frías, puntiagudas garras acarició sus mejillas, su frente, sus hombros. Una de las garras cortó limpiamente su larga trenza mientras caía a su alrededor. Ella no peleó cuando la oscuridad se la tragó completamente y la arrastró a lo más profundo.

oooooooooooo

La oscuridad no tenía comienzo ni final.

Era el abismo que había embrujado sus pasos por diez años, y ella cayó libremente a él, dándole la bienvenida.

No había sonido, solo la vaga sensación de ir hacia un fondo que podría no existir o que podría ser su verdadero nal. Tal vez el príncipe Valg la había devorado, convirtiéndola en una cáscara. Tal vez su alma estaba atrapada allí para siempre, en esta sumida oscuridad.

Tal vez esto era su infierno.

ooooooooooo

La oscuridad estaba ondulando ahora, cambiando con el sonido y color que ella había pasado. Ella vivió a través de cada imagen, cada recuerdo peor que el anterior. La cara de Albert mientras la miraba como lo que era; el cuerpo mutilado de Annie; su conversación final con su amiga, las malditas cosas que había dicho. Cuando tu gente esté muerta a tu alrededor, no vengas llorando a mí.

Y se había convertido en verdad, ahora miles de esclavos desde Eyllwe que se había sacrificado por su valentía.

Ella había caído a través de vórtice de momentos cuando había probado que tenía razón. Era un desperdició de aire y respiración, una mancha en el mundo.

No merecedora de su derecho de nacimiento. Esto era el infierno, lucía como el infierno mientras miraba el baño de sangre que había creado el día que arrasado a través de Endovier. Los gritos de los moribundos, los hombres que ella había matado, agarrándola como manos fantasmas.

Esto era lo que ella merecía.

oooooooooooo

Ella se volvió loca el primer día en Endovier.

Se volvió loca con el descenso ralentizado y ella estaba atada y despojada entre dos postes salpicados de sangre. El frío aire pellizcaba sus pechos desnudos, un mordisco que o era nada comparado con el terror y la agonía mientras un látigo sonaba y...

Ella se apretó contra las cuerdas vinculadas. Ella apenas había tenido tiempo para tomar aliento antes de que el sonido sonara otra vez, rompiendo el mundo como un látigo, rompiendo su piel.

—Cobarde— La voz de Annie sonó detrás de ella, mientras el látigo sonaba. —Cobarde— El dolor era enceguecedor. —Mírame— Ella no podía levantar la cabeza. No podía girar. — Mírame.

Ella se hundía contra las cuerdas, pero se las arregló para mirar sobre su hombro. Annie estaba entera, hermosa e intocable, sus ojos llenos de odio. Y luego desde atrás emergió Anthony, guapo y alto. Su muerte había sido similar a la de Annie y aun así mucho peor, alargada durante horas. Ella tampoco lo había salvado. Cuando ella contempló el látigo de hierro en sus manos, cuando él se paró detrás de Annie y dejó el látigo desplegado en la tierra rocosa, Candy dejo salir una baja y silenciosa risa.

Ella le dio la bienvenida al dolor con los brazos abiertos mientras él tomaba una profunda respiración, sus ropas cambiando con el movimiento, mientras movió el látigo. La punta de hierro, oh dios, la rasgó, golpeó sus piernas debajo de ella.

—Otra vez—Le dijo Celaena le dijo, las palabras un sonido— Otra vez.

Sam obedeció, solo se oía el ruido sordo del cuero en la carne húmeda mientras Anthony y Annie tomaban turnos, una línea de gente formada detrás de ellos, esperando para lo que merecían como pago por todo lo que ella había fallado. Una larga la de gente.

Tantas vidas que ella había tomado o fallado al protegerlas.

Otra vez.

Otra vez.

Otra vez.

Ella no había pasado la barrera esperando derrotar a los príncipes Valg.

Había caminado ahí fuera por la misma razón que atravesado ese día en Endovier. Pero los príncipes Valg no la habían matado todavía.

Ella sintió el placer mientras pedía el latigazo. Era su sustento. Su carne mortal no era nada para ellos, era la agonía dentro lo que daba el precio. Ellos arrastrarían esto para siempre, manteniéndola como su mascota.

No había nadie para salvarla, nadie que pudiera entrar en su oscuridad y vivir.

Uno a uno, fueron a tientas en sus recuerdos. Ella los alimentó, les dio todo lo que querían y más. Atrás y atrás, saltando a través de los años mientras ellos se hundían en la oscuridad, emparejándolos. A ella no le importaba.

No había visto los ojos del príncipe Valg esperando ver otra vez el sol salir.

Ella no sabía cuánto tiempo había caído con ellos.

Pero entonces había un precipitado rugido debajo, un río congelado. Susurros y una luz nebulosa estaban levantándose para encontrarse con ellos. No, no levantándose, esto era el fondo.

Y el final del abismo. Y un final para ella, tal vez.

Ella no sabía si el silbido de los príncipes Valg era de rabia o placer mientras se estrelló en el congelado río en el fondo de su alma.


*hoy amanecí con fiebre y gripe y decidí poner este Capitulo unas horas después del anterior por qué lo volvía republicar esta mañana así que el que el que leyó esta mañana tómelo como Capitulo extra y el que leyó ayer aquí está el nuevo maña y ver si se me quita esta enfermedad Chao.