Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mí y vuestro disfrute personal.
Pareja principal:
-Gaara/Hinata
Advertencias de este capítulo:
-Palabras mal sonantes y vulgares.
Gracias por adelantado por los reviews.
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En su vida se había llegado a sentir tan cohibida como en esa misma noche con la hermana de su novio, la familiaridad y soltura con la que hablaban de ciertos temas aún la dejaban perdida. Le costaría algo de trabajo acostumbrarse a conversar sobre el sexo como si fuera del tiempo, pero tarde o temprano tendría que hacerlo si no quería terminar siempre con la cara roja.
Aunque también era cierto que en su casa nunca se había hablado de esos temas porque eran una familia recatada y algo chafada a la antigua. No es que se hablara mucho con su padre; a decir verdad no se hablaban en lo más mínimo porque lo único que conseguía eran insultos y dolorosos desprecios de su parte, pero aun así, la idea de hablar sobre eso con alguien más cercano a ella como su tío o su primo tampoco le parecía cómodo.
Tras adquirir el suficiente valor para atreverse a ducharse con Gaara gracias a la sucia propuesta que éste le hizo y los ánimos de su cuñada para que aceptara, después de una candente ducha abrazada de brazos y piernas, de múltiples caricias y besos robados que no la dejaban vestirse una vez que terminaron, los esperaba Temari en la habitación haciendo la cama con Cotton correteando alrededor de ella. Si el pelirrojo no la estuviera manteniendo abrazada a su cuerpo con un brazo a su alrededor, se habría caído de bruces al suelo al ver la mirada picaresca e incitante al mirarlos, ¡Los había oído haciéndolo en la ducha!
Cuando llegó la hora de partida de su novio, se despidió de él con un fuerte abrazo y confesándole lo mucho que le extrañaría y cuanto lo amaba, tanto parecía afectarle esas palabras que por un instante estuvo a punto de pensar que le rompería la columna en dos con sus brazos por mucho que le besuqueara el cuello de manera cariñosa y ansiosa. Fue arduo complicado lograr que se fuera a donde quiera que tuviera que ir, a pesar de que desearía tanto que se quedara con ella.
Tras uno de los besos más profundos y ansiosos que le había dado desde que su atracción se hubo iniciado, con una mirada cargada de anhelo lo vio desaparecer entre la oscuridad del anochecer. Ver su silueta difuminarse en la distancia hizo a su corazón sentir un desgarrador pinchazo, rezaba para que eso no fuera otra mala señal de que algo iba a pasar. Ya estaba cansada de que todo mal presentimiento se volviera cruel realidad.
Rezaba para que todo fuera bien, que nada sucediera en su viaje y regresara sano y salvo de nuevo a su lado tal cual hizo la vez anterior en la que nada más llegar casi estuvo a punto de tomarla en el mismísimo porche de su casa. Solo cuando lo tuvo a su lado pudo respirar tranquila, e intuía que sería de la misma manera esta vez también.
Así que tras estar observando la lejanía, porque el Sabaku ya hacía tiempo que había desaparecido a lo lejos al ser engullido por negrura, se encontraba sentada a la mesa de la cocina con su cuñada al lado preparándole algo de comer a su esposo en una, para la rubia al menos, amena conversación.
−Me alegro mucho de que al final aceptaras la propuesta que te hizo mi hermano - Obtuvo una sonrisa mientras emplatar la comida –Esa sonrisa que tenía en la cara cuando salisteis del baño no se la he visto jamás.
Claro, porque dudaba que cualquier persona que hiciera el amor en la ducha saliera con otro rostro salvo el de suma satisfacción como el que portaba Gaara en su momento cuando salieron juntos por la puerta del cuarto de baño. Por muy reservado que fuera con sus demostraciones faciales siempre que le convenía, esa fue una que no pudo ocultar ni ante los ojos de su hermana.
−Supongo que es normal teniendo en cuenta que nosotros… bueno, ya sabes… - Ni siquiera podía terminar la frase sin sentir la orejas echarle humo.
−Eso influye por supuesto, pero también hay que tomar en cuenta otros detalles importantes – Le dijo guiñándole un ojo y dejando el plato sobre la mesa a la espera de que su marido bajara.
−¿Cómo qué?
−El acto de aparearse no es simplemente hacerlo, es la unión de dos entidades en un acto de mutua confianza y adoración – Un hombre que aparentaba ser de su edad con el pelo atado en alto la hizo saltar desprevenida al entrar a la cocina – Hacer el amor es una muestra de entrega y pertenencia hacia tu pareja, para una persona como Gaara que le dejes adueñarse de tu cuerpo es la mejor manera de decirle cuanto lo quieres a pesar de que luego se lo digas con palabras.
Parpadeando unas cuantas veces anonadada por tales palabras, sus ojos se quedaron mirándole mientras comenzaba a comer empezando por la generosa taza de café que Temari le acababa de colocar al lado del plato. Por las miradas que se dedicaban no era muy difícil adivinar que ese hombre era su marido, pudo comprobarlo cuando se dieron un pequeño beso tras susurrarse las buenas noches.
Era gracioso que se dedicaran las buenas noches cuando se acababan de despertar en realidad, era una familia con bastantes curiosidades graciosas y algo fuera de lo común. Por supuesto eso era una de las cosas que le llamaron la atención del pelirrojo, sus peculiaridades fueron el motivo que le hizo interesarse en él.
Sonrió con algo de cinismo al darse cuenta de que se había empezado a enamorar del pelirrojo por su actitud grosera y condescendiente para con ella. A quien le dijera que empezó a gustarle Gaara porque no quería saber nada de ella y la rehuía como si fuera la peste, la llamarían loca. Incluso ahora lo pensaba algunas veces y no lograba comprender como el miedo que le hubo provocado la primera vez que lo vio aquella noche nevada al salir del supermercado se había vuelto sin darse cuenta en un afecto exorbitante.
−¿Hinata? – Una mano moviéndose frente a su cara le hizo salir de sus pensamientos y cruzar mirada con los esmeraldas de Temari.
Una vez más el pensar en su Sabaku la espaciaba tanto de la realidad hasta tal extremo como olvidar donde y con quien se encontraba. Podía pasarse horas enteras como meros minutos pensando en él de manera incansable. Era increíble las cosas que le producía o conseguía hacer solo por su memoria, sus antiguas parejas no lograron hacerle pensar ni desear tanto como su pelirrojo.
Estaba claro que iba a pasarlo bastante mal hasta que no lo tuviera de regreso, desesperaría con el teléfono en la mano a la llamada que le prometió darle una vez que llegara a su destino.
−L-lo siento, ¿me has dicho algo?
−No, intentaba llamarte pero estabas en tu mundo – Puso las manos en los hombros del castaño, haciendo que este mirara a la rubia – Quiero presentarte a mi marido, Shikamaru.
Los ojos pequeños y oscuros del mencionado la observaron con aburrimiento mientras masticaba una tira de bacon frito. No supo cómo tomar esa mirada de apatía hacia su persona de alguien que la veía por primera vez, aunque claro, tampoco por qué Gaara la miró con odio cuando se conocieron aquella fría noche recién nevada. Tendría que preguntarle algún día de estos sobre ese detalle ahora que se le pasaba por la cabeza
Pudo quitarse un extraño peso de encima, que no supo que mantenía sobre los hombros, cuando la expresión desganada del castaño se hubo convertido en un pequeño segundo en una sonrisa apacible. A simple vista parecía ser una persona amable y de buen corazón cuando le dio la mano en un suave apretón de manos amistoso.
−Encantado, aunque ya es como si te conociera de antes – Esa frase la dejaron extrañada – Temari no para de hablar de ti, de lo feliz que es su hermano desde que está contigo.
El sonrojo había cubierto toda su cara al saber aquello, su cuñada hablaba sobre ella, y por lo visto lo que decía eran buenas cosas. A toda mujer le embargaba la alegría al conocer que la familia de su pareja, aunque fuera por ahora solo la hermana de su novio, era un buen comienzo. Solo esperaba poder caerle igual de bien al resto de su familia cuando llegara el momento de conocerse todos como era debido del mismo modo que ansiaba que Gaara se llevara bien con su primo Neji.
Era la única familia, a parte de su tío al que llevaba años sin ver por mantener vigilado a su hermano gemelo, que considerar de su propia sangre y que merecía querer por lo mucho que la ayudaron cuando necesitaba ser protegida. Más que si tío y primo los consideraba como el padre y hermano que siempre había querido tener al ver a sus desde su niñez las familias de sus compañeros de clase.
−Shh…– Regañó la rubia a su marido apretándole una mejilla −¿No ves que la avergüenzas diciéndole eso?
Quiso reír al oírla soltar tal cosa, por lo que tuvo bastante suerte al poder controlarse y no emitir sonido alguno al bajar la cabeza y sonreír con la diversión coloreando sus mejillas. Era gracioso que regañara a su esposo por creer que la avergonzaría confesando lo mucho que hablaba de ella en casa, pero que viera tan normal el aconsejarle mantener intimidad con su hermano.
Si tenían reuniones familiares en un futuro iban a ser muy curiosas y un poco incomodas hasta que se acostumbrara a los temas tan personales de conversación que tenían los Sabaku tan naturalmente. Pero bueno, tal vez eso la ayudara a perder parte de la enorme timidez que siempre la había caracterizado.
Ahora que lo pensaba, en su vida se hubiera imaginado manteniendo relaciones sexuales el primer de una nueva relación porque le parecía horroroso y fuera de lugar. Y no obstante con Gaara hizo aquello que siempre había visto mal. Tras oírle decirle que la quería tras aquel arrebato en su porche noches antes y después de darle el beso más desenfrenado de su vida se dejó llevar en un tórrido abrasador de sensaciones y emociones a manos del pelirrojo hasta que terminaron en la cama, ¡No se arrepentía de nada!
−Más la abochornas tú – Para ocultar su risa se puso la taza en la boca con disimulo – Seguro que ya le has dicho algo para que se acueste con tu hermano… Como si no te conociera.
−Por supuesto que sí, no hay nada de malo en hacer el amor con tu pareja, ¿tienes algo malo que decir sobre la vida sexual de mi hermano?
Oh Dios, esa pregunta la avergonzaron a otro nivel, una cosa es que se la dijera a ella misma en una fallida indirecta o a Gaara siendo directa al grano. Ya que los dos eran lo que mantenían esas relaciones, debían ser los únicos implicados en esa conversación, solos ellos dos.
−No, no, cualquiera te lleva la contraria…
No quería pensar en la última vez que le llevó la contraria a su mujer y ésta se puso encendida como un volcán a punto de erupción; solo por haberle dicho en aquella ocasión que sus hermanos eran como el perro y el gato porque los dos se pusieron a discutir en una cena familiar al poco de conocerles.
Estaba bien seguro de no querer volver a ver a su mujer tan molesta como aquella vez, incluso uno de sus hermanos, Kankuro, tenía medio de su propia hermana cuando esta se enfadaba. Aunque era cierto que el castaño también le tenía bastante miedo y respeto al pelirrojo desde siempre, pero con la mayor de los hermanos era mejor no jugársela. La mayor y el menor de los Sabaku eran dos seres con los que se debía proceder con cautela porque un paso en falso podría terminar de fatal manera, debajo de todo ese aspecto calmado y prudente se encontraban dos energúmenos.
Aunque no obstante, a pesar de sus peculiares personalidades, terminaron emparejados si encontraban a personas que compensaran esos fuertes detalles de su carácter. Sino como la actitud altanera de Temari pudo ser equilibrada con su propia pereza, o la frialdad de Gaara siendo compensada con la calidez de la humana.
– Deja de sacarle como platica un tema tan privado, ya verá ella qué hace o no hace con tu hermano -Dejando la taza en su lugar para tomar algo de comida, mantuvo todavía la inusitada conversación como si no estuviera delante – Ya son lo suficiente mayorcitos para tomar sus propias decisiones.
−Pero Gaara se merece…
−Sí, lo sé, se merece la mejor de las felicidades – Terminada la comida y dejado los patos en el fregadero, besó un segundo a su esposa – Pero recuerda que no puedes manejar sus entre piernas como te plazca.
−¡Shikamaru!
¿Cómo osaba decir eso y quedarse tan pancho? Ya sabía que no tenía el control sobre eso, nunca lo tuvo ni lo tendría; tampoco es que quisiera tener poder sobre tal, pero eso no quería decir que no quisiera darles un empujón para facilitar las cosas. Ya había comprobado lo feliz que era el pelirrojo con un pequeño abrazo de ella y un beso, esa misma mañana incluso fue testigo del rostro radiante que poseía en su cara tras salir del baño porque había podido hacer el amor con su chica.
Como su hermana mayor que era, y la única figura materna que ha tenido en toda su vida, era su trabajo ayudar en todo lo posible a la felicidad para que encontrara al pelirrojo antes. Así que si eso significaba hacer de alcahueta que así fuera.
−No empieces a gritar que es demasiado temprano, acabo de empezar el día… no me lo hagas más problemático de lo que ya sé que será –Tomó un par de carpetas y una pequeña riñonera que no había visto hasta ahora – Me voy. Un placer conocerte al fin.
−Ten cuidado, y cuando puedas échale un ojo.
Asintiendo a su petición, todo fuera para tenerla tranquila y robándole otro piquito,
Le dio un par de palmaditas en el hombro de manera amistosa y se fue de la misma forma que el pelirrojo, su silueta fue engullida por el espeso negro de la noche hasta que no se pudo ver nada más que las casas a lo lejos y las luces brillantes de la ciudad a lo lejos.
De nueva cuenta se quedaba a solas con su cuñada cuando ésta regresó a la cocina después de haberse despedido como se debe de su marido en la puerta principal de la casa. Un ambiente peculiar se instaló en la habitación mientras ella lavaba los platos a pesar de que la rubia le insistiera que no era necesario tener que hacer aquello. Era lo menos que podía hacer por los problemas y preocupaciones que había originado la noche anterior por su desmayo, era poco por ahora lo que podía hacer para agradecerles la ayuda que le brindaron, pero cuando tuviera oportunidad les compensaría.
Cada gesto de gracias siempre será poco si es la vida lo que han preservado, era uno de los muchos valores con los que su tío la educó junto a su primogénito y único hijo Neji. Por lo que, como tal, así lo cumpliría en la mayor brevedad posible.
Cuando estaba secando los platos llamaron al timbre de la puerta, más no tuvo que decir nada cuando Temari dijo en voz alta que ya abriría ella, que lo más seguro era que sería la persona a la que había llamado mientras se duchaban. Apontocada en la mesa de la cocina, se secaba las manos a la espera de que el nuevo invitado llegara.
Jadeó agudo un segundo llevando las manos a su pecho, nerviosa, Gaara dijo que tenía dos hermanos mayores en una de sus primeras citas; fue en una de las tranquilas cenas en casa. Temari era obvio que era una de los dos hermanos y la persona que estaba en la puerta podría ser el segundo y último que le quedaba por conocer, el miedo le recorría el cuerpo en un escalofrío nervioso.
Había tenido buena suerte al caerle bien a la rubia; una mujer que con sus propios ojos podía comprobar cuán importante era para su novio, era una de las personas de mayor confianza del pelirrojo al verlo comportarse con su hermana de una manera tan abierta como lo hacía con ella. Empero, eso no quería decir que con el hermano que le faltaba por conocer tuviera la misma suerte que con la mayor, las posibilidades de simpatizarle o no querer ni verla eran iguales.
No iba a ocultar el malestar que en ese momento la estaba invadiendo, porque siempre fue un libro abierto y el mentir sobre cómo se sentía ahora sería inútil y estúpido. Al escuchar pasos acercarse, no se hubo percatado, pero su respiración se había acelerado y sus manos comenzaron a sudarle, ¡Iba a darle un ataque!
Un profundo chillido surgió desde el fondo de su garganta cuando alguien a sus espaldas le pellizcaron sus costillas al tomarla en completo desprevenida. Por puro instinto; fruto de los entrenamientos de defensa personal cortesía de su primo, apretó la mano en un puño y se dispuso a golpear a quien estuviera detrás de ella tras darle un codazo en el pecho.
−¡Hinata, soy yo, no me pegues! – Se detuvo en seco al reconocer esa voz y ver al Inuzuka cubriéndose con los brazos.
−¿Ki-kiba?
−Joder, tía, eres un peligro andante –La vió sonrojarse avergonzada –Olvidé que eres capaz de machacarle las pelotas a cualquiera.
Más pudibunda que antes por lo que acababa de decirle el castaño, pudo dominar, a duras penas, ese deseo de querer taparse la cara y que el suelo se la tragara y no la dejara salir nunca. Kiba dejaba bastante claro con esas palabras que en la vida olvidaría aquella ocasión en la que sin querer, asustada por verse tocada en plena noche y de espaldas, le dio una paliza en mitad de la calle.
También suponía; apreciándolo desde un punto de vista masculino, que recibir un bolsazo en la cara y una patada en la entrepierna cuando se pensaba ayudar a una persona de forma desinteresada, no era algo que se olvidara tan a la ligera. Es como si a ella le tocara los pechos un desconocido al que estaba ayudando de buena fe, por supuesto que no lo iba a olvidar.
Aunque dudaba mucho, si Gaara estaba cerca de ella si se cumplía tal pensamiento, que permitiera tal cosa. Si lo conocía algo de lo poco que hablaba de su vida y según lo que había escuchado de los chicos las ocasiones que comieron juntos, antes le arrancaba a ese desconocido el brazo que dejarle extender la mano con la intención de tocarla. Sabía que debería sentirse algo alarmada por ese comportamiento tan sádico y primitivo de su novio, que no era muy normal el querer arrancarle un miembro a otra persona o incluso matarla si la ofensa o el dolor hacía ella era demasiado, pero se sorprendía al comprobar que en realidad no le importaba.
Oh, señor, el pelirrojo también estuvo presente cuando le golpeó a Kiba como una paranoica y al salir huyendo se hubo caído de boca sobre la nieve, seguro que en su momento había pensado que era una mujer rara en extremo, torpe y marimacho por semejantes movimientos al defenderse.
−L-lo siento… - Su tartamudeo hizo aparición de nuevo por los nervios – No fue adrede, es que por inercia reacciono así.
−No pasa nada, culpa mía al olvidar que eres de armas tomar – Le revolvió el pelo amistoso para intentar aligerarle la vergüenza – Tienes mucha suerte al ser tan mona, se te perdona todo asique alegra esa cara.
Eso, por mucho que fuera un intento de animarle el humor por parte de su amigo, no surgía efecto alguno. Las palabras ya habían sido dichas y escuchadas así que por mucho que ahora le dijera otras para subirle el ánimo, no cambiaban el hecho de que ya había abierto la boca sin querer.
Cuando viera a su primo de nuevo cuando éste fuera a visitarla, pensaba recriminarle por esto, iba a echarle toda la culpa por ser considerada, como bien había dicho Kiba apenas unos segundos atrás, como una machaca pelotas. De todas las cosas que podían decirle como en el instituto: la muñeca de porcelana, ojos de perla o incluso esa que tanto le molestaba porque se metían con ella, la muda fantasmal, eran mucho mejores motes que la machaca pelotas. Esa manera de reconocerla la hacían sentirse como una marimacho, tan poco femenina y fuera de lugar para su calmada personalidad.
Temari, quien no había entrado junto a Inuzuka en la cocina cuando él llegó o estuvieron hablando, apareció en la sala con su vestido rosa pastel bien doblado en sus brazos y unas pantuflas para andar por casa. Le dejó ambas cosas sobre una de las sillas de la cocina para buscar una bolsa en la despensa donde poder meter su ropa y llevársela sin problemas.
−Recordé que tu vestido lo metí en la lavadora cuando Gaara te trajo aquí.
No iba a darle de vuelta el vestido manchado de sangre como lo tría puesto cuando su hermano apareció con ella en brazos suplicando ayuda, porque todo lo que se habían inventado y luego dicho para tranquilizarla y no descubrirse a sí mismos no hubiese servido para nada. Sería un malgasto estúpido de tiempo y saliva cortar una mentira a medias para luego salir a las pocas horas la verdad a flote.
Si eso llegaba a suceder quien peor lo pasaría seria el pelirrojo porque la Hyûga lo más seguro es que lo dejara por ser un mentiroso y por puro terror. No sabría cuál de las dos tomaría más importancia, porque aunque no fuera humana entendía que si tu pareja no es como tú crees que es, tiene que ser doloroso. En el caso de la joven descubrir que tu novio no es humano y que tiene que beber sangre para alimentarse, que es como ellos los llaman, vampiros, es simplemente aterrador.
No quería ser la culpable de que la hembra de su hermano escapara de su vida solo porque no se había desecho de las pruebas que demostrarían sus mentiras y destaparía sus verdaderas identidades. Ni hablar, no iba a ser ella quien se jugara la felicidad de hermanito.
−Gracias, ya me había olvidado de el – Todo lo acontecido desde que se despertó le hicieron olvidarse por completo de que la ropa que llevaba no era suya –Las pantuflas no son mías.
−Lo sé, las tengo por si viene algún invitado, que puedas ir descalza por mi casa no significa que puedas hacerlo por la calle.
Hasta ahora que su cuñada lo había dicho no se había dado cuenta de que, en efecto, no llevaba calzado alguno. Movió los dedos de sus pies con timidez para sonreír con las mejillas un poco rosadas, ¿Cómo fue posible el haberse olvidado de que sus pies iban hasta ahora desnudos?
Bueno, sí que lo sabía, estar con Gaara le hacía olvidarse de todo lo que la envolvía, donde estaba y con quien a veces. Así que no le extrañaba en realidad el no haberse percatado, hasta que se lo tuvo que decir otra persona; de lo fresco que era el suelo de tarima al ir descalza. Estando con él se volvía demasiado distraída para su propio bien, aunque no podía no quería evitarlo, era lo normal si una persona se sentía segura como él lograba hacerle sentir.
Era una de las muchas cosas que conseguía generar el amor en la gente, como había podido comprobar en tantas ocasiones desde que el Sabaku había llegado a su vida, era volver del revés a una persona. No por nada había pasado por tanto dolor desde que era pequeña, por querer a quien no lo merecía no había recibido a cambio el mismo sentimiento. Le había entregado el corazón y toda su buena fe a quien no se lo había ganado: siempre quiso a su padre y estuvo con la esperanza de que llegara a quererla aunque fuera una mínima parte de lo que lo quería a él, era quien ayudó a darle la vida, más no obtuvo otra cosa salvo todo su desprecio, su rabia y asco… casi la muerte a sus manos.
Nunca en su vida se sintió tan odiada y culpable al mismo tiempo consigo misma, sabía que no tenía responsabilidad de nada por la desaparición de su madre en sus vidas en aquella noche que se fue sin dejar rastro alguno, pero su padre nunca lo vio así. Su nacimiento, su mera existencia era la causa de su marcha, siempre se lo había dejado claro de la peor manera. No se cansaba de decirle cada vez que tenía oportunidad cuanto la odiaba y el asco que sentía verle la cara día a día, porque era tan parecida a ella que era un recordatorio diario de su abandono.
Prefería dejar sus anteriores relaciones donde estaban, como cosa del pasado porque añadirlas en ese momento solo conseguiría traerle muchos recuerdos dolorosos. Ya tenía suficiente con los de su propia sangre para ponerse también a pensar en otros ajenos de su familia.
−Bueno, póntelas –Kiba consiguió traerla de vuelta a la realidad.
−¿Por qué?
Estaba bien caminando descalza por la casa, no era la única porque Temari también iba sin ellas. Poco a poco iba llegando el calor ligado al buen tiempo, así que comenzaba a pegar el ir eliminando prendas de ropa de encima. Su cuerpo lo agradecería ante el calor y aunque no sabía si era bueno admitirlo, Gaara estaría en igual manera feliz con disminuir las capas de ropa que la cubrían en invierno. Le había dejado claro en un susurro aquella noche donde se acostaron por primera vez que la prefería mil veces así, tumbada y desnuda a su lado.
Dios, si ese recuerdo le producía cierta nostalgia cuando no había pasado ni siquiera dos horas de la marcha del pelirrojo, se daba cuenta de que iba a pasarlo bastante mal esperando su regreso. Iba a estar pegada al teléfono móvil todo el tiempo esperando la llamada para notificarle que ya había llegado allá, que se encontraba bien y pudiera al fin relajarse un poco al hablarle un ratito.
Se estaba volviendo demasiado dependiente, sabía que eso no era algo de lo que alegrarse porque en un futuro podría llegar a causarle bastantes problemas relacionados con un posible corazón roto. No obstante, a pesar de saberlo, había una vocecilla en su cabeza que le decía que eso no iba a pasar, que podía seguir estando tranquila y tan enamorada como se sentía ahora mismo.
−Tierra llamando a Hinata, ¿me oyes?
Parpadeó unas cuantas veces seguidas cuando movieron una mano de lado a otro frente a su cara. Una vez más se había apartado tanto de la realidad pensando en su pareja que se había olvidado de con quien estaba en aquella cocina. Su despiste le hizo bajar avergonzada la cabeza para ocultar su creciente sonrojo, cosa que no funcionaría porque el castaño la conocía lo suficiente para saber cómo se estaba sintiendo al verse pillada en las nubes.
−Lo siento, se me ha ido la cabeza pensando.
−Sí, puede que tú te hayas quedado aquí físicamente, pero la cabeza se ha ido con Gaara, ¿me equivoco? –Que le esquivara la mirada con rostro incomodo fue una clara respuesta –Joder, si es que sois los dos iguales.
Desde que el pelirrojo fue consciente de que es lo que en verdad sentía hacía Hinata, y tuvo esa dura batalla consigo mismo por el orgullo y su demasiado claro asco a la raza humana, no había dejado de pensar en ella. Si se alimentaban cuando les tocaba cazar pensaba en ella, si hablaban porque se encontraban en apartamento de alguno de ellos solía hacer oídos sordos porque su mente estaba allá donde estuviera la Hyûga.
Dios los creaba y ellos solos se juntaban, si eran así estando por separados ya quería ver cómo serían esos dos estando juntos. Sería tan entretenida la próxima cena que tuvieran todos juntos como la que ella organizó en Navidad, solo por ver como los dos nuevos tortolitos se portarían el uno con el otro.
Todavía no había tenido la oportunidad de verlos interactuar como pareja, y tenía tanta curiosidad sobre como seria ver a su parco y asocial amigo comportarse en pareja. O lo que era mejor aún de poder comprobar; podía ver en la peliazul una dulzura y cariño nato, qué haría cuando Hinata se pusiera amorosa con él.
No fue necesario que su camarada le contara sobre su vida en el pasado porque antes de conocerle ya se sabía bastantes de sus sangrientas vivencias, era extraño la persona entre razas sobre humanas que no supiera alguna de las muertes que sus manos provocaron antes de "domesticarse". Y por todo eso es por lo que sentía una inmenso curioseo por cómo iba a actuar ante una demostración de amor y afecto, humano nada menos.
−No importa, puedo comprobar a través de mi hermana lo idiota que vuelve el amor a una persona.
No hacía falta más que ver y oírla chillar como si fuera un chihuahua en casa cuando la llamaba su novio. Patético, por eso no tenía pensado enamorarse, sería un mujeriego como el Uchiha… no iba a caer como lo hizo Gaara y volverse esclavo de una mujer toda su vida.
¿Pasar de ser un macho virilmente soltero y libre para volverse un macho enamorado que anhelaba como cachorrito la atención de su pareja? No gracias, eso se lo dejaba a idiotas como su hermana o con el cerebro de guisante como Naruto. Quien se hubiera imaginado que el pelirrojo sería de esos y habían caído en el amor.
Se hacía una remota idea de lo que se estarían burlando con él en ese momento en la reunión a la que habían ido. Tanto Sasuke como Naruto poseían una rivalidad en casi cualquier cosa que hicieran para demostrar quién era el mejor de los dos, rara era la noche donde estos amigos de toda la vida no discutieran o se insultaran por querer ser superior. Solo había una cosa con la que olvidaban la competencia, y era mofarse de sus colegas si tenían oportunidad.
Así que el pobre de Sabaku estaría ya de los nervios, controlándose a si mismo de no perder la paciencia y atravesarles el pecho con la mano a cada uno. Conocía en carne propia lo insoportables que esos dos, siendo compinches, podían llegar a ser.
−Ya las tengo puestas.
−Pues andando, a estas horas habrá un tapón en los portones.
Cuanto antes salieran de aquellas tierras mejor para ella, si la descubrían en territorio prohibido para humanos no quería ni pensar que revuelo se podría armar. No solo serían castigados por incumplir una regla tan sencilla como "humanos no", sino que también seria palpable el olor de Gaara en la peliazul. Eso podría llegar a ser peligroso porque eran dos las posibilidades de que oliera un poco a él. La primera es que se hubiera alimentado hace escasas horas de ella por el pequeño almizcle propio del pelirrojo en su piel, claro que si así era ¿por qué traerla a estos parajes para beber de ella? ¿Por qué no haberse alimentado de la humana donde fuera que la hubiera cazado? Y la segunda opción sería que se hubiera acostado con ella; lo que no le costaba trabajo imaginarse porque intuía que así había sido, pero de ser así las preguntas se repetirían.
No importa si era una u otra de las opciones, o si lo eran ambas, si la pillaban todos estarían de mierda hasta el cuello. Por lo que el mejor momento para llevársela de allí era ahora que algunos de sus familiares; hormonados jóvenes que no sabían aún controlar sus transformaciones, estuvieron en su furgoneta hace nada bañando todo con olor a licántropo joven impidiendo captar cualquier otro tipo de olor.
Si Hinata no abría la boca ni se percatarían de su verdadera identidad porque vista de cerca era igual a una noctambula, le delataba la calidez que emitía su piel y su falta de colmillos largos en su dentadura. Mientras no la tocaran ni le hicieran hablar todo haría bien, esperaba que reconocieran su furgoneta como la del hijo de la actual líder de los licántropos y no le hicieran detenerse por si sospechaban de algún vehículo.
−¿Dónde vamos?
−A tu casa, ¿Dónde vamos a ir si no? -Tomó las llaves de su bolsillo para ir hacia el pasillo – Voy a traer el coche más cerca de esta puerta, enseguida vuelvo.
No tuvo tiempo de asentirle con la cabeza o de decirle que estaba de acuerdo cuando Kiba ya había desaparecido por la puerta, dejándole a solas con Temari una vez más en un cómodo silencio.
Quiso agradecerle por todo lo que había hecho por ella sin conocerla cuando su hermano fue, envuelto en pánico, en busca de su ayuda cuando sucumbió a la oscuridad por el súbito desmayo.
En cuanto pudiera iría a su médico de cabecera para que le mandara algunas pruebas y análisis, porque no era normal lo que Gaara le había explicado que le pasó mientras se besaban y acariciaban en el sofá. Cierto era que cuando los nervios podían con ella se bloqueaba de tal manera que parecía que perdía la razón, pero nunca que ella supiera se había desmayado por eso.
−Muchas gracias por tu ayuda, si no llega a ser por ti no sé qué me habría pasado.
−No me agradezcas nada, es lo mínimo que podía hacer –Si ella supiera el susto que también se llevó al abrir la puerta en plena tormenta – No podía dejar la vida de la novia de mi hermano a manos de la suerte.
−Insisto, me has salvado la vida, aunque no sea mucho lo que pueda ofrecer me gustaría agradecértelo de alguna manera.
No quería irse de la casa de la rubia sin saber que podía llagar a hacer para darle las gracias como se debía por ayudarla cuando más lo necesitaba. Porque si según le dijo su cuñada, el pelirrojo estaba tan aterrado por su estado que solo había a tinado bien el ir a ella por ayuda, no habría salido bien parada.
−Tú eres quien le has salvado la vida a él –Pensó para si –Bueno, ¿Qué tal si me lo agradeces con una buena cena? Gaara, mi marido, los chicos, tú y yo.
−¿Una cena estilo familiar? –Ante su asentimiento entusiasta sonrió. Parecía que al fin encontró a otra fan de las reuniones para comer – Me encantaría.
Tal vez podría llamar a Neji para preguntarle si tenía algo de tiempo y tenía la oportunidad de ir a verla un par de días y así presentarle a todo el mundo como ya debería de haberlo hecho hace tiempo, en especial a Gaara. Intuía que su primo ya estaría impaciente por conocer a su novio para tener una de sus típicas charlas en la que solo amenazaría a Sabaku si osaba hacerle daño.
No le gustaba la idea de que amenazaran a su novio de la manera tan creativa que poseía su familiar, aún recordaba la amenaza que le dio a su último ex: Hazla llorar una vez, una sola lagrima cayendo por sus mejillas y te retorceré tanto los huevos que te los podrás poner como cinturón. Cada vez que tenía una pareja nueva sus intimidaciones iban a un nuevo nivel de miedo y violencia, no podía imaginarse que es lo que le diría en esta ocasión.
Cuanto antes los presentara el uno al otro y mantuvieran una conversación fría, ruda y tensa entre hombres, mostrando quien tenía más testosterona e imponía más, antes se lo quitaría de encima para seguir con normalidad. Era algo que no podía evitarse muy a su pesar, solo esperaba que Gaara no se lo tomara a mal.
Lo menos que deseaba es que su novio se tomara como ofensa y personal las amenazas de Neji por si alguna vez le hacía daño. Los dos tenían ese detalle de sus personalidades muy similares, querer proteger de una manera que rallaba lo anormal a una persona querida, por lo que conociéndoles sería un constante tira y afloja en el que se vería de por medio.
Le pedía a Dios paciencia para poder soportar lo que en un futuro se avecinaba, no siempre se iban a mantener como meros desconocidos que solo sabían del otro si salían nombrados en alguna conversación.
−Toma – Temari le ofreció un pequeño papel que había sacado de un cajón y en el que había escrito algo –Dudo mucho que mi hermano me de tu número si se lo pido para concretar el día y lugar de la cena, así que te doy yo el mío.
−Gracias, en cuento llegue a casa lo añadiré a mi agenda.
Como se había desmayado y llevada enseguida a casa de la rubia, no hubo manera posible de tener su móvil con ella, si Gaara no tropezó con los nervios al tomarla en brazos y salir de casa el aparato estaría sobre la mesita de cristal del salón.
Unos pitidos al lado de la puerta de la cocina llamaron su atención. Kiba ya había rodeado la casa y esperaba en la puerta de atrás; en la cocina, por ella. No quería que nadie la viera salir de la casa y entrar en el coche por si acaso, lo mejor sería hacerlo todo con la mayor discreción posible. Existían ojos en todas partes, nunca se podía estar lo suficiente seguro ni tomar las precauciones debidas.
−Me marcho, de nuevo, muchas gracias por todo.
−No hay de qué –Se dieron un breve abrazo como despedida –Espero que podamos vernos pronto. En mejores circunstancias a ser posible.
Sonrió ante la divertida petición de su cuñada cuando tomó la bolsa con su vestido dentro de sobre la silla. No podía estar en más acurdo con ella. Deseaba que la próxima vez que se reunieran no fuera porque su vida estaba en peligro.
−Yo también deseo eso –Por la ventana de la cocina podía ver al castaño con ella móvil en la mano. Matando el tiempo con un juego o mensajeándose con alguien −Hasta otra, no quiero hacer esperar por más tiempo a Kiba.
Sus ojos esmeraldas siguieron a la pareja de su hermano abrir la puerta de la cocina que conectaba con el jardín y bajar los pocos escalones hasta llegar a la puerta del copiloto de la furgoneta. Le despidió una última vez con la mano, encontrándola entrañable, hasta que una vez sentada Inuzuka puso el vehículo en marcha y las luces del coche se perdieron en la lejanía del camino.
Un suspiro cansado fue lo que afloró de su boca cuando ya no veía más que las luces de las casas encendidas de sus vecinos y las farolas. La cena más que una manera permitirle agradecerle algo que no necesitaba ser recompensado; era el lazo de su querido hermano pequeño y jamás permitiría que le sucediera nada, era una oportunidad de conocerse mejor.
No todos los miembros de los Sabaku la conocían y aunque fuera la que tenía la voz cantante entre los tres, la bendición completa era válida si todos los miembros de la familia la aceptaban.
Kankuro quedaba aún por conocerla, y temía esa cena porque si era sincera consigo misma no sabía que haría o diría el castaño cuando le presentaran a Hinata. La humana que dijo que estaría mejor fuera de sus vidas y de la que generó otra gran controversia entre Gaara y él por las mal elegidas palabras para decirlo. Como si no tuvieran ya las cosas bastante mal entre los dos antes de descubrirse quién era el enlace del pelirrojo.
−Dios, por favor, danos un respiro y permítenos ser felices de una vez.
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Buenos días, tardes o noches, dependiendo de vuestra franja horaria, aquí estoy de nuevo con un nuevo capítulo recién terminado porque al fin la inspiración (¡hurra!) se dignó a parecer después de muchísimo tiempo sin hacer acto de presencia y dejarme abandonada.
Como habéis podido ver muy pronto llegaran dos escenas que todo el mundo quería leer: Hinata conocerá a Kankuro (Tensión) y Neji a Gaara (más tensión aún) Así que deseadme suerte para poder lograr algo que esté a la altura de estos dos esperados momentos.
También quiero informaros que en Julio me voy de vacaciones todo el mes y no sé si podré publicar un capitulo nuevo. Así que si no es posible me disculpo de ante mano.
Y como siempre me gustaría pediros que cualquier fallo encontrando durante la lectura me lo digáis para corregirlo sin más tardar.
Contestación a reviews de usuarios sin cuenta:
-Guest: Sí tú lo has dicho, ya se avecina la acción.
Gracias por le review.
-Kaeden: Ya iba siendo hora de que estos acontecimientos llegaran a la historia, demasiado tranquila estaba yendo la trama.
Escribo todo lo que puedo, normalmente sin inspiración alguna y desganada por ellos, pero cuando ésta me decide visitar la exprimo al máximo… espero que decida aparecer más a menudo.
Gracias por el review.
-XD hyuga: Puff, si vas a leerlo de nuevo te deseo ánimos, porque capítulos no son pocos precisamente, así que ¡Animo y espero que los disfrutes!
Gracias por el review.
Hasta el próximo capi. Cuídense. (L) Y dulces mordisquitos.
Publicado el 10 de junio de 2017.
