Dejó que las vistas de la nieve sobre la montaña se inmergieran en su mente para dejarla clara y blanca como el paisaje. Se concentró en el sonido de los árboles con el viento, y en la brisa fría que se pegaba a su cara. Y cerró los ojos un instante, para inspirar el aire fresco. Se sentía en paz, aun sabiendo que el dolor no había remitido del todo, y los estragos de no tomar el lirio eran aun desconocidos. Pero aquello era sencillamente mejor, que seguir atado. Se sentía libre. Libre por fin.
Justo después, se produció un encuentro fortuito, pero por alguna razón, Cullen no se sobresaltó cuando a su espalda apareció la inquisidora. Como si la hubiera esperado durante horas. Hacía pocas horas que ella había vuelto de una misión, y había hablado con ella, pero cuando la miró, reluciente, sin la armadura, con aquel traje gris con tachuelas, sin el bastón, y el pelo suelto, parecía que la miraba por primera vez desde hacía meses, y le embargó una extraña felicidad. Luego se dio cuenta, que después de todo lo que había pasado, ninguno había dicho nada, absolutamente nada, y aunque para ojos de otros todo había cambiado, ellos estaban quietos. Ambos expectantes a que el otro moviera ficha. Cullen había dado tantas vueltas a lo que quería decirla que las frases salieron a trompicones.
-Yo quería daros las gracias…cuando vino a verme…si hay algo que…- Soltó un suspiro tan largo como sus pulmones le permitieron y se llevó la mano al pelo.- Sonaba mucho mejor en mi cabeza…- Y ella le miró también confusa, expectante, pero tranquila, y le devolvió el suspiro.
-Confío en que te sientas mejor…- Dijo serena, sin un matiz de reproche.
-Yo… sí- Dijo simplemente. Quería preguntarla millones de cosas, pero no dijo nada más que una simple afirmativa. Llevaban semanas sin hablar de otra cosa que no fuera trabajo, cartas, misiones, y aunque los dos se habían confesado su relación no había hecho más que enfriarse desde la noche en que se habían acostado. Pero no sentía miedo, solo dudas. Ambos necesitaban tiempo para pensar, para responder sus propias preguntas. Y ahora que era el momento idóneo para salir de toda duda, solo sabía responder un monosílabo.
-¿Siempre es tan horrible?- Dijo por fin ella, refiriéndose al lirio.
-El dolor va y viene. A veces me siento como si estuviera en ese mismo instante... no debería haberme llevado a mí mismo hasta el extremo ese día.-Recorrió de nuevo un silencio.
-Me alegro de que estés mejor.- Suspiró, tirando la mirada al suelo.
-Lo estoy- Dijo él, volviéndose hacía las vistas, invitándola a que se acercase, para contemplarlas como si no lo hubiera hecho miles de veces.- Yo nunca le he hablado a nadie sobre lo que realmente me pasó en el círculo de Ferelden.- Ella cogió fuerzas para lo que estaba a punto de escuchar.-Yo… no fui el mismo después de eso. Yo estaba enfadado. Hacía años, que la ira me cegaba. No estoy orgulloso del hombre en que me ha convertido eso.- Hizo un breve pausa, y siguió- En mi vida he visto muchos magos… y entonces ni siquiera sé si me hubiera fijado en ti. La simple idea me enferma. – La miró de reojo- Ahora, al menos puedo poner una distancia, entre quien soy y lo que me ocurrió. Es un comienzo.- Suspiró.
-Por si sirve de algo- Dijo ella mirándole directamente a los ojos- a mí, me quien eres ahora.- Él se giró levemente, para estar frente a frente.
-¿Incluso después de…?- Ambos se miraron unos segundos.
-¡Cullen!- Soltó ella enérgicamente sin dejar de mirarle.- Me importas, me preocupo por ti.- Le acarició la mejilla.- Y nada de lo que hagas, o hayas hecho, va a cambiar eso.- Cullen soltó una sonrisa bobalicona enteramente espontánea.
-¿Y qué pasa con vuestros asuntos? – Preguntó disimulando- Porque sé de sobra que los hay, ¿Cómo lo lleváis?- La inquisidora soltó un suspiro largo, y miró al horizonte buscando las palabras.
-¿Honestamente? Estoy aterrorizada.- Apoyó sus manos contra las almenas- Muchísima gente depende de nosotros. De mí.- La recorrió un escalofrío.- Y Corypheus sigue ahí fuera.
-Hemos hecho grandes progresos- Dijo intentando animarla- Estoy seguro de que no dudan de ellos mismos, o de la inquisición, todavía.- Le miró. Y si necesitas que haga algo por ti- Se llevó el puño derecho directo al corazón- solo necesitas preguntar.
-Vale- Dijo ella totalmente seria, inescrutable.- Pues bésame.- Y él lo hizo en cuestión de segundos, y la paz se volvió de nuevo en un amasijo de dudas, pero al fin de al cabo, aquello era estar enamorado.
