Título: Soledad marítima

Fandom: Harry Potter

Ship: H/H, La pareja del Fénix

Palabras: 1333

Resumen: La batalla final por fin ha pasado y Hermione decide llevar a Harry a la playa para ayudarlo a curar sus heridas emocionales tras todo lo que ha vivido; la soledad los lleva a hacer confesiones sobre sus sentimientos, provocando muchas sensaciones en ambos.


El sol le daba de lleno en la cara, en los brazos, en el vientre desnudo, en los muslos torneados; el bikini azul le sentaba de maravilla, realzando su belleza. Hacía un calor endemoniado, eso sí, pero se estaba muy bien en aquel sitio perdido: solo arena, sol y agua cristalina. Hermione dio una vuelta en la toalla para broncearse la espalda, reacomodando sus rizos para evitar que le cubrieran la nuca. Con una pereza poco propia de ella, estiró la mano para alcanzar un libro que estaba en su bolso y se dispuso a leer. Era una historia un poco tradicional, la clásica pelea entre caballeros ingleses por una damisela, las típicas reyertas por el honor, el usual enfrentamiento en las justas.

Pese a ello, admitía que la lectura era reconfortante. Era mucho más grato leer sobre peleas antiquísimas por cosas que le parecían superfluas –como el favor de una damisela frívola– que vivir peleas reales, por magos avaros de poder. Ahora que todo había pasado, ahora que los tiempos oscuros se habían terminado, ahora que por fin Harry estaba curado de todas sus heridas físicas, era el momento de olvidarse de todo aquello. Fingió reacomodarse el traje de baño en la espalda para ver su silueta sobre una roca lejana, pensativo. Aun le quedaban heridas emocionales que curar y en parte esa era la razón por la cual lo había traído a esa isla perdida de las Bahamas. La otra parte de ella había decidido deshacerse de las mil preocupaciones que ella misma tenía y tomar unas vacaciones del mundo de la hechicería.

Ron había estado muy entusiasmado con la idea y había venido con ellos un par de días, pero después tuvo que regresar a Londres, a su trabajo en el ministerio de magia. Lo habían estado pasando muy bien y lo seguían haciendo. Simplemente se daba cuenta de que Harry necesitaba de tiempo para pensar en sus cosas, para ordenar sus ideas. Y ella había empezado a leer como cuando estaba en Hogwarts: por placer. No sabía cuánto durarían aquellas vacaciones improvisadas, pero honestamente tampoco le preocupaba. Tenía algunos ahorros en Inglaterra y sabía que podía postularse para casi cualquier trabajo con las notas que tenía. Pero también se daba cuenta de que necesitaba un respiro del mundo, un momento para ella, para disfrutar, para desconectar.

Hermione agitó la cabeza suavemente, dándose cuenta de que había estado leyendo las mismas frases sin comprender gracias a que su mente estaba divagando en otro lado. Se esforzó por poner su atención en las letras góticas y estaba leyendo sobre el maravilloso vestido de una cortesana francesa cuando unos hilitos de arena le cayeron sobre el libro. Hermione miró hacia arriba, topando con algunas gotas de mar y los ojos verde esmeralda de Harry. Una sonrisa un tanto maligna del chico le advirtió de sus planes, pero sus piernas no le respondieron a tiempo. Antes de que pudiera darse cuenta, se encontraba en los brazos del moreno, gritando y pataleando; todo fue en vano porque nada lo hizo desistir.

—¡Basta…! ¡No me vayas a tirar! ¡HARRY! ¡QUE NO M...! —fueron las últimas palabras de la chica antes de ser aventada estrepitosamente en el agua cristalina, mientras Harry reía a carcajadas—. ¡HARRY JAMES POTTER! ¡Eres un…! ¡Pero ya verás cuando tenga mi varita! —gritaba al tiempo que daba unas grandes zancadas en dirección a la arena. Los rizos aplastados por el agua se le pegaban al cuerpo y sus ojos echaban chispas, pero sus caderas seguían moviéndose en compases.

—¿Y quién te ha dicho que tendrás oportunidad de ir por ella? —le contestó el moreno, burlonamente. —¿O qué? ¿Necesitas de tu varita para defenderte de ella? —la cuestionó justo antes de echarle agua de mar en la cara.

Aquel gesto fue la sentencia de muerte, pues la batalla campal dio comienzo. Correteando por toda la orilla de la playa, donde el nivel del agua les llegaba a la cintura, se mojaron el uno al otro por un rato. Hermione no se daba por vencida y Harry comenzaba a agotarse de aquel juego. En realidad había sido un pretexto para mantenerla con él y ahora no sabía bien cómo terminar aquello. Era verdad que había pasado mucho tiempo alejado de ella, pensando y repensando, pero no en nada de lo que ella imaginaba. Los días que pasó en cama le dieron tiempo suficiente para pensar en todo lo que la derrota de Voldermort significaba. Ahora había estado pensando en la chica de ojos avellana a la que le lanzaba agua. Buscaba la manera de decirle cuánto la quería, cuánto la necesitaba.

Sin más, la sujetó por los brazos, pegando la espalda de ella contra su pecho. Ella forcejeaba, intentando zafarse para seguir mojándolo. Pero dejó de hacerlo cuando él la giró para mirarla de frente. Los ojos de ambos iban de una pupila a otra, enfrentándose en un tímido suspiro compartido. Las manos de él la sujetaban por la cintura firmemente y las de ella reposaban en sus brazos; el poder de una ola grande los hizo juntarse aún más para mantenerse de pie, enfrenando el poder del mar juntos. La mirada pareció prolongarse por una dulce eternidad.

—Te amo —le confesó en un susurro antes de besarla con un ligero roce de labios que ella transformó en un intenso beso.

—Y yo a ti —contestó ella mientras se acurrucaba en su pecho. Un escalofrío surcó su espalda al sentir el contacto de la mano de Harry bajando desde la nuca a través de su columna vertebral.

—¿Tienes frío? Ven, vamos a la tienda.

Sin esperar respuesta, la cargó y la llevó dentro de la tienda que habían instalado a unos metros del mar. Esta vez ella no protestó y usó sus brazos para sujetarse de su cuello, haciendo más fácil todo. Una vez dentro, la bajó gentilmente y la abrazó, trayéndola de nuevo hacia su cuerpo. Hermione levantó la mirada, en busca de sus labios. Esta vez fue ella quien lo besó. El tacto sutil del beso fue convirtiéndose poco a poco en un acelerado entrechocar de labios, fruto del deseo contenido por años. Las manos de ella iban de su cabello azabache a la nuca, a sus hombros, a su espalda; y las de él pronto chocaron con el nudo del bikini. Con un ligero temblor desabrochó una parte y esperó a ver su reacción.

Un leve gemido que se escapó de sus labios le hizo ver a Harry que ella también lo deseaba. El volcán que llevaba dentro comenzó a anunciar una erupción. Le tocó los muslos desesperadamente, tratando de sentirlos por completo en un solo segundo. Ella aumentó la intensidad del beso y empezó a usar sus uñas para rasguñarlo levemente en la nuca. Un suspiro salió esta vez de la garganta de Harry, pero fue apagado casi de inmediato por los labios de Hermione. La propia chica fue en busca del otro nudo del bikini, haciendo caer la prenda al suelo. Él la tomó por los glúteos y recargó su espalda en una pared, obligándola a cruzar las piernas alrededor de su espalda. De esta forma, sus pechos quedaron expuestos para sus besos, haciéndola gemir más fuerte. Harry bendijo mentalmente la tienda de campaña mágica. La lava ya estaba agitándoles el cuerpo por completo a ambos.

Hermione arqueó la espalda por instinto, ofreciéndole a Harry más de sí misma. Su cuerpo dejó de recibir señales cerebrales, para darle paso al instinto. Un sedoso vaivén comenzó en las caderas de ella, mostrándole la urgencia que sentía. Sin saber cómo, llegaron a la cama entrelazados. Se despojaron de lo poco que los separaba aún, entre besos ardientes, caricias urgentes y miradas centelleantes. Un brillo especial se instaló en la mirada de ambos cuando se fusionaron. La fuerza volcánica de un cráter hawaiano explotó, como si arrojara las entrañas mismas de la tierra. Se convirtieron en fuego. Se convirtieron en lava. Se convirtieron en magia verdadera en aquella fogosa soledad marítima.


Siglos sin aparecer... y de pronto esto surgió. Ojalá les guste.

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