Capítulo 51: ¿Dejarte ir? Parte II

—¿En verdad la retiraste de todo lo que tiene que ver con el patinaje?

La pregunta de Brendan rompió el incómodo silencio que se cernió sobre ambos dentro del auto, aún a pesar de que Víktor manejaba con la precaución de un alma que lleva el diablo.

—Lo dije muy en serio. Todo ese trámite quedo resuelto ayer. No iba a dejar que siguiera haciendo algo que la podía lastimar con el tiempo.

—¿Y Viktoria simplemente no entendió razones? ¿O es que no eres muy bueno tratando esos asuntos con tus hijos?

—Brendan…

—No soy fisioterapeuta, Víktor, esa rama jamás se me dio. Pero si de algo estoy seguro es que tu hija pudo haber tenido otras opciones. La rehabilitación es un campo muy amplio y con muchas posibilidades.

—De acuerdo, no quiero sonar arrogante. Pero tú no sabes lo que es tener hijos y querer hacer lo que esté en tus manos para que no… no les suceda algo.

—No me vengas con esa, Nikiforov. En primera, tu hija no es una niña y esto no habría pasado si por lo menos hubiera hablado del tema con tranquilidad. Y segundo… tal vez no son mis hijos, pero… pero Dimitry y Kujo… yo… los sentía míos. Y no sé si tiene sentido que te lo recuerde, pero uno de ellos se fue en mis manos. No me digas que no sé. Tal vez son tu sangre y tendrán tu apellido, pero tú mismo lo dijiste. Me permitiste considerarme su padre y…

—Llegamos —cortó Víktor antes de que Brendan continuara con el monólogo. Se negaba a admitir que Brendan tenía un buen punto, y que él mismo lo había incluido en la familia. Pero aún así, sostenía que el doctor jamás iba a sentir una desesperación tal como ver la vida de un hijo esfumarse. No iba a entender sus motivos detrás de querer detener a Viktoria a como diera lugar.

Entró al estacionamiento destinado a la estación de Hasetsu, y sin que tuvieran que decirse nada, echaron a correr hacia el interior. A ojos de cualquiera, podían parecer un par de locos que entraron a la estación, yendo de un lado a otro y buscando en todos los lugares posibles.

Mientras Brendan buscaba algún rastro de Viktoria cerca de donde vendían los boletos, Víktor se ocupó de preguntar a cada persona que se cruzaba en su camino si había visto una jovencita muy parecida a él, con peculiar cabello plateado que le llegaba hasta la espalda baja, alta y delgada.

Recibió una negativa en cada ocasión, sintiendo que esos "No la he visto", lo rompían un poco más. También su enojo aumentaba, y no solo con Viktoria, sino también con el hombre del que ya tenía más de treinta llamadas perdidas en su móvil. Pero no iba a detenerse a dar explicaciones a Yuuri, pues sabía que tan testarudo era y que, por más que le dijera sus motivos, el japonés sencillamente no iba a entender.

—Disculpe, señora. Estoy buscando a una persona. Es una chica de dieciocho años, rusa. Se parece mucho a mí, en los ojos, y el cabello… el de ella es muy largo y bonito. Por favor, si la ha visto dígamelo —preguntó, en un lento japonés, a una viejecita que llevaba un buen rato sentada en una banca de la estación.

—¿Cabello plateado? —la mujer pareció pensarlo un poco, observando con detenimiento la silla frente a ella —No estoy muy segura de que sea la muchacha que estuvo conmigo hasta hace como una… media hora.

—¿Qué? —Víktor se hincó frente a la anciana, tomando sus arrugadas manos y dándoles un beso —Por favor, se lo suplico. Dígame que fue lo que dijo.

—No creo que sea la niña que buscas. Hablaba un japonés perfecto, no parecía extranjera, aunque su nombre sí que lo era —la sangre de Víktor casi se heló, porque en muchas de las cosas en la que sus hijos eran excelentes, era en los idiomas, al grado de que hablaban ruso, japonés e inglés a la perfección, sin que se notara sus ascendencias, además de la cuarta lengua que cada uno escogía.

—Puede que sea ella. ¿Me podría decir que fue lo que le dijo?

—Pues… era una muchachita bastante extraña pero cortés. Me vio muy perdida y me ayudó a estar aquí. Es que yo veo solo sombras y perdí los lentes en alguna parte de este lugar. La acompañé a comprar su boleto y luego me trajo aquí.

—¿Un boleto? ¿Recuerda a dónde?

—A Fukuoka.

—¿No le dijo para que quería ir a ese lugar? —el ruso quedó estupefacto cuando la anciana se echó a reír, como si estuviera recordando algo muy gracioso.

—¡Eso ni ella lo sabía!

—¿Disculpe?

—Le pregunté lo mismo y me dijo que no estaba muy segura de a donde iba. Solo tenía la certeza de que quería irse de Japón. Aunque no sé que la tenía tan mortificada, porque siempre que hablaba parecía a punto de llorar.

—¿Salir de Japón?

—Así es. Dijo que ya no le gustaba estar aquí, aunque yo le dije que no creía que eso fuera posible sin su padre o su madre, porque los menores de edad tienen que viajar con un permiso.

—Sí, eso es cierto. ¿Está muy segura de que dijo Fukuoka?

—El aeropuerto de Fukuoka —Víktor sintió que la mujer estaba confundida, pues a pesar de que su mirada lucía perdida, lo observaba como si quisiera encontrar algo en él —¿La niña que busca… es su hija?

—Lo es. De verdad estoy muy preocupado por ella. Discutimos y…

—¿Tanto como para que se quiera ir del país?

—Algo así. No estábamos pensando en lo que decíamos y yo… yo dije algunas cosas que la lastimaron.

—Yo creo que si te das prisa puedes alcanzarla. La verdad es que no se veía muy segura de lo que estaba haciendo. Pienso que si hablan un poco pueden remediarlo todo. Svetlana, recuerdo que dijo llamarse así, tenía muchas dudas, pero… pero de una extraña manera también estaba determinada.

—¡Gracias! ¡No sabe como le agradezco la información! —Víktor se arrojó a los brazos de la mujer, agradeciéndole como si le hubiera dado uno de los secretos del universo.

—No hay porqué, señor. Espero que la encuentre y puedan solucionar sus problemas. No hay problema que no se soluciones con una buena charla y una taza de café.

—Le gusta el té —terminó Víktor, dándole un último beso a la mujer en la frente, antes de salir corriendo hacia los pasillos, comenzando a buscar como desesperado al novio de su esposo.

Ya estaba por perder la cabeza y quedar como un perfecto lunático que corría por los pasillos de la estación, cuando chocó de frente con el hombre que ocupa un lugar honorífico dentro de sus pesadillas.

—¡Víktor!

—¡Brendan!

—¡Está de camino a Fukuoka! Algunos guardias de seguridad la vieron comprando su boleto junto a alguien. El tren que tomó salió hace media hora, así que si nos damos prisa podemos encontrarla ahí antes de que no sepamos que quiere…

—¡El aeropuerto! —gritó el ruso, tomándolo de los hombros y zarandeándolo —¡Va a salir del país! ¡No te quedes ahí! ¡Corre!

Ninguno de los dos entendió muy bien lo que pasó después, pues solo actuaron por mero instinto. Víktor manejó por todos los atajos que conocía de camino a Fukuoka, de modo que la hora y media que llevaba el viaje hasta el aeropuerto se convirtieron en apenas cincuenta minutos hasta que se encontraron observando todo a su alrededor dentro de las salas blancas y solitarias debido a las altas horas de la madrugada.

—Víktor… ¿qué hacemos? Este lugar es muy grande.

—Si va a salir, hay que revisar los vuelos internacionales —pensó en voz alta, caminando hacia esa sala del aeropuerto, por el que miles de veces habían pasado siempre que salían del país.

—¿A dónde pudo haber ido?

—Ella tiene su propio dinero y es suficiente para que viaje al país que quiera.

—¿Y puede hacer eso? Es decir… su edad. Apenas tiene dieciocho.

Víktor se detuvo a pensarlo en medio de la sala, tratando de hurgar en su lógica algo que fuera relevante. Entonces, las palabras de la anciana volvieron a su mente y sintió que se le brindaba una oportunidad.

—No es mayor de edad. Si quisiera salir tendría que ser con nuestra autorización.

—Pero tuvo que haberlo intentando.

—Si la conozco, y creo que lo hago, Rusia tuvo que haber sido su primera opción —buscó en los enormes anuncios que tenían los nombres de las aerolíneas el que correspondía a la rusa que siempre tomaban y dirigió hacia ese lugar sus pasos, seguido de cerca por Brendan, que no dejaba de observar a cada persona que se le cruzara para estar seguro de que la chica no estuviera por ahí. Se detuvieron frente a una mujer rubia, que estaba recibiendo los boletos para el siguiente vuelo a San Petersburgo —Señorita, buenas noches.

—Buenas noches, caballeros. ¿Me permiten sus boletos?

—No, nosotros no vamos a viajar. Solo queremos hacerle unas preguntas —aclaró Víktor, que decidió continuar a pesar de que la mujer los miró con confusión —Quisiéramos saber si hay una persona en este vuelo que responde al nombre de Viktoria Svetlana Nikiforova-Katsuki.

—Lo siento, señor. No podemos dar los datos de nuestros pasajeros. Eso es confidencial.

—Señorita, no entiende. La joven que buscamos es hija de este hombre —explicó Brendan, sosteniendo a Víktor del brazo antes de que comenzara a perder los estribos —Ella… está escapando de su casa y debemos impedirlo.

—Disculpen, pero si la señorita está o no abordo, no puedo decirlo.

—Pero… es una menor de edad. Tienen que llamarla.

—Si fuera una menor, ni siquiera podría haber abordado el avión sin sus padres o un responsable presente.

—Entonces solo dígame si intento abordar el avión o si lo consiguió —suplicó Víktor, haciendo tragar en seco a la mujer por lo cerca de ella que se puso —Es mi hija, tiene que entender que estoy desesperando por encontrarla.

—En verdad lo lamento, pero no puedo ayudarlo en eso. En el supuesto de que se encontrara dentro del avión, solo podría hacerla bajar si usted tuviera jurisdicción sobre ella, pero no puede ser porque no se le habría permitido a una menor abordar.

—¡Maldita sea! —Víktor dio un golpe que sobresaltó a la mujer, después se fue de ahí, con las manos en la cabeza y devanándose los sesos al pensar que otra opción tenía.

—Perdone la descortesía, señorita. Es que… en verdad es una emergencia —se disculpó Brendan.

—No… yo entiendo. No puedo hacer nada para ayudarlos. Pero si de verdad creen que pudo haber abordado a pesar de su edad, deberían hablar con las autoridades del aeropuerto para que se haga un seguimiento. Es lo mejor que puedo recomendarles.

—Tiene razón. Se lo agradezco mucho y disculpe la molestia.

Cuando Brendan fue a buscar a Víktor, lo encontró parado frente a una pantalla que anunciaba las salidas y las llegadas. Lo vio con la mirada clavada en el lugar en el que anunciaba que el vuelo hacia San Petersburgo estaba finalizando el abordaje. Estaba sobándose el puente de su nariz cuando Brendan lo tomó firmemente del hombro, cosa que le hizo respingar.

—Cálmate, recuerda que tu presión ha estado inestable últimamente.

—Brendan… no me digas que me calme. Es mi hija la que está desaparecida —el ruso suspiró con fuerza y se giró hacia el médico, que retiró su mano rápidamente —Dile a Yuuri que me fui a Rusia, me voy ahora mismo.

—¡Víktor! —Brendan se interpuso en su camino, ganándose un bufido molesto —¡Ni siquiera sabes si de verdad se fue a Rusia! ¿Vas a tomar un vuelo al azar?

—Yo sé que sé que está ahí.

—¡No es cierto! Ya, por Dios, usa la cabeza por una vez. No ganamos nada y perdemos mucho si actuamos imprudentemente.

—¡No me vengas a sermonear ahora! Si no vas a ayudarme ve y quédate con Yuuri.

—¿Para qué? ¿Para que lo vea deshacerse de angustia por ti y por ella? Suficiente tendrá sin saber donde está su hija como para que también tenga que preocuparse por ti y lo que hagas con ella en el supuesto de que la encuentres.

—¡Va a estar bien sin mí! Siempre ha sido así y te tiene a ti…

—Basta. Basta ya, Nikiforov. No desvíes el tema —pidió, sonrojado —Si de vedad vamos a hacer algo productivo, reportemos a las autoridades que Viktoria está desaparecida. Deben poder encontrarla en cualquier aeropuerto al que llegue.

—No podrían hacerla venir.

—¿Por qué?

—Viktoria debe estar usando su carnet de nacionalidad rusa, con eso basta para que pueda hacer e ir a donde quiera.

—¿Por qué?

—Porque según Rusia, ya es mayor de edad. No nos necesita ni a Yuuri ni a mí por donde quiera. Acabo de recordar eso.

—¿Pero que no también es japonesa?

—Sí. Pero por el patinaje siempre la hemos tratado como rusa. Si la encuentran, no la pueden obligar a presentarse ante nosotros. No la secuestraron o algo así. Básicamente, tiene el derecho legal de irse a donde quiera sin dar explicaciones.

—Pero…

—¡Pero no tiene porque hacerlo! No así. Se escapó de casa sin decir a donde. ¿Tú crees que me voy a quedar aquí con los brazos cruzados?

—Yo sé que no lo harás. Pero entonces… creo que Yuuri debe tomar parte de estas decisiones. Yo… ahora no entiendo porque quiere dejarla ir, pero… pero podemos apelar al peligro que es que Viktoria se encuentre sola, sin la supervisión médica que necesita.

—¿Qué eso no es un chantaje?

—Tal vez, pero… pero tengo demasiado aprecio por tus hijos como para que lo deje pasar —Brendan suspiró, viendo a cualquier lugar que no fuera el ruso con el ceño fruncido frente a él.

—Volvamos a Hasetsu —dijo Víktor, después de un silencio y pensar un poco en lo que debía hacer —Tengo que hacer unas llamadas.

—¿Avisarás a las autoridades?

—Sí… y no. Solo conozco a alguien que sin importar si es menor o mayor de edad la haría venir como fuera.

Brendan no escondió su confusión cuando vio a Víktor caminar abatido hacia la salida. Recorrió por última vez la sala del aeropuerto. Tuvo que frotarse los ojos, pues ya se sentía alucinando la coleta plateada de Viktoria, pues le pareció verla entre una multitud. Sin embargo, cuando enfocó de nuevo, se dio cuenta de que no estaba ahí.

Nadie podía decir que el cariño por los hijos de su pareja no era genuino, pues ya se estaba prometiendo no descansar hasta ver a Viktoria sana, salva y reprendida en su casa.

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"No puedo creer que Viktoria haya hecho eso".

—Yo sí lo creo. Y te juro que en cuanto la encuentre va a recibir un regaño monumental.

"Si es que la encuentran…"

—Lary…

"Vamos, amor. El mundo es demasiado grande y hay mil lugares a los que tu hija podría haberse ido. Vas a buscar una aguja en un pajar".

—¿Eso que significa, Laryssa? —bufó Víktor, sintiendo que no contaba del todo con el apoyo de su pareja.

"Aunque cueste creerlo, si se fue, es por algo. No creo que sea lo más sensato que des vueltas por todos lados. Solo la vas a fastidiar y nada te asegura que no vuelva a hacer lo mismo."

—¿Me estás diciendo que la deje así, que se vaya, sin más?

"Básicamente, sí. Amor, no es como si tuvieras una lisiada por hija. Sí, está lastimada y necesita su tratamiento, pero no es tonta. Dudo que ella misma se exponga a peligros innecesarios."

—¡Dio un maldito salto y casi se parte la cadera!

"De acuerdo. Si vas a pensar lo que quieras, entonces no sé para qué preguntas mi opinión."

—Te estoy pidiendo que me ayudes a que, de alguna manera, si alguien la ve, pueda decirnos, pero sin hacer demasiado escándalo con su desaparición —dijo exasperado el ruso, apenas notando que, a su lado, Brendan intentaba mantener la compostura y no emitir algún comentario, pues estaba escuchando la conversación en los altavoces del auto del ruso.

"De acuerdo. Veré que se haga. ¿Estás seguro de que ni autoridades ni medios de comunicación?"

—La prensa menos que nadie. No quiero que no estén acosando cuando aún ni siquiera superamos lo de… —tragó en seco y sintió la misma y eterna opresión sobre su corazón —lo de Kujo. Si se enteran también de eso nadie de la familia tendrá paz y no quiero eso ahora.

"Muy bien. Me encargaré de eso mañana, tengo algunos contactos y conocidos en varios aeropuertos. ¿Qué harás ahora?"

—Voy a regresar a Hasetsu y hablaré con Yuuri. Tengo que resolver algunas cosas con él.

"Y yo espero que queden ya resueltas. Debo irme, Víktor. Mantenme informada si saben algo sobre Viktoria."

—Sí, claro. Cuídate.

"¿Nada más?"

—¿Perdón?

"Olvídalo, Nikiforov. También te amo. Y dale a Kenji un beso de mi parte."

La llamada se terminó antes de que Víktor pudiera contestar algo. Negó con la cabeza, medio exasperado y medio abrumado, antes de tomar su celular y pasárselo a Brendan.

—¿Puedes marcar el número de mi hermano? —pidió sin despegar la mirada de la carretera.

—¿El general Vladya?

—No tengo otro. Por supuesto que él —espetó, mordiéndose la lengua por saber que había sonado grosero.

—Cuida tu tono, Víktor. No estoy diciendo nada y créeme que tengo muchas cosas que comentar —pidió el médico, mientras buscaba el contacto.

—Si te atreves a decir algo acerca de la llamada con Laryssa, te bajaré del auto y haré que camines hasta Hasetsu —determinó, logrando que, por fin, una risita saliera de ambos en toda esa caótica noche.

—Quisiera verte intentarlo —retó el médico, encontrando el número del ruso mayor antes de que Víktor de verdad cumpliera su amenaza —Aquí está.

Un suspiro salió de los labios cuando los tonos que indicaban que la llamada estaba en progreso se dejaron oír en todo el auto. Ya desde ese momento presentía que no iba a acabar bien.

"¿Víktor?"

—Sí, buenas noches Vlad. Sé que ya es tarde, pero necesito hablar contigo.

"No importa. Últimamente son solo malas noticias que prefiero escuchar."

—Esta es otra así —dijo Víktor, ya sintiendo como el aliento de Vladya se cortaba.

"Dios, no. ¿Ahora que está sucediendo? ¿Es… es Dimitry? ¿Algo le pasó?"

—No, no es él. Dimitry está bien. Es… —Víktor resopló, no tenía sentido hacer rodeos. Lo iba a tomar de pésimo modo de cualquier forma, y mientras antes lo supiera, antes podía actuar —… es Viktoria.

"¿Viktoria? ¿Qué tiene ella?"

—Viktoria escapó de casa y…

"¿¡Qué hizo qué!?" —el grito de Vladya resonó con fuerza en las bocinas y hasta Brendan hizo una mueca de disgusto y preocupación.

—Lo que escuchaste. Creemos que va a salir del país, aunque no tenemos idea de a dónde. Yo quiero suponer que será hacia Rusia, pero…

"¡Deja de hablar por un momento! ¿Qué le hiciste ahora?"

—¿Yo? ¿Porqué tengo que ser yo el que está mal?

"Porque las peores cosas siempre suelen suceder después de que haces algo mal. ¿Qué hiciste con mi sobrina?"

—¡Vladya! ¡No todo es siempre mi culpa! —Víktor frenó en seco, notando también que Brendan se estaba tragando su molestia por el brusco movimiento —¿Qué pasa contigo? ¿Qué diablos tienes contra mí? Me has estado culpando de todo lo que ha pasado desde que Kujo murió, incluso desde antes.

"Lo estoy haciendo desde que sacaste a Yuuri de la vida de todos. No niegues que tú mismo te encargaste de acabar con los sentimientos de alguien tan noble como lo es él."

—¿Quieres decirme cuál es tu problema? Te estoy pidiendo que me ayudes a encontrar a mi hija, ¿porqué tienes que sacar este tema?

"Claro que voy a ayudar a encontrarla. Pero no lo hago por ti, es mil veces por Yuuri y por sus hijos. Tu no te mereces… "

—¡No merezco un hermano como tú! ¡Ya sé que lo arruiné! ¿Crees que no sé qué es mi culpa que Yuuri ya no esté conmigo? ¡No necesito que me lo recuerdes! ¡Por una vez podrías portarte como el hermano que se supone que ibas a ser!

"No soy de los que tolera los errores."

—¿Ni siquiera los tuyos? Te recuerdo que eres tú el que nos terminó abandonando.

"Eso no es lo que importa ahora. El punto es que te volviste a equivocar y otro de tus hijos está pagando el precio."

—¡No te estoy pidiendo que actúes como mis padres! ¡Solo busca a mi hija y deja de opinar en mi vida! ¡Eres igual o peor que yo!

Víktor cortó abruptamente la llamada y sin siquiera mirar al americano que estaba a su lado, quien estaba completamente atónito por lo que acababa de escuchar, salió del auto y azotó la puerta.

Brendan lo vio recargarse del barandal que cubría la autopista, sin nada que lo cubriera a pesar del crudo frío que había afuera. No estaba muy seguro de que fuera su exacta presencia la que necesitara, pero tampoco podía permitir que se helara ahí. Yuuri no se lo iba a perdonar. Después de darle unos minutos para que perdiera la cabeza a solas, tomó una chaqueta de Víktor del asiento trasero, la suya y salió a la intemperie.

—Además de que sé que Yuuri me matará por no hacerle caso, bailará sobre mi tumba si dejo que te congeles aquí —le dijo cuando llegó a su lado. Víktor dudó unos segundos antes de tomar la prenda que le estaban tendiendo, pero la aceptó.

—Gracias. La verdad no creo que Yuuri sea tan malvado para hacerte eso. Él… —Brendan notó perfectamente como la voz del ruso parecía quebrarse —Yuuri te quiere, a pesar de todo. Va a entender porque insististe en buscar a Viktoria.

—Espero que sí. Aunque… bueno… los dos sabemos que te entenderá más a ti…

—Brendan…

—No voy a engañarme, Víktor. Lo sabemos. Yuuri… eres todo para él. De una u otra forma, te va a priorizar —Brendan se recargó en la misma baranda en la que estaba Víktor, mirando a las lejanas luces que pertenecían a Hasetsu —Yo no sé si Yuuri aun te… te…

—No me ama, Fitzgerald. Escuchaste lo que dijo mi hermano. Me molesta que lo evidencie, pero… pero tiene razón. Yo me gané que todo terminara así, y… hasta que Viktoria se haya ido es mi culpa.

—Es lo mismo que Yuuri dijo después de… todo ese asunto de la separación. Él también cree que es su culpa.

—¿Y tú que dices?

—Que es de los dos, por supuesto. Un matrimonio no se arruina porque solo una de las dos partes falle. Ambos tuvieron sus detalles, pero… pero todo eso contribuyó a lo mismo —Brendan observó que los puños de Víktor estaban cerrados con fuerza.

—Tampoco es que tu presencia no haya afectado, ¿no crees? —ironizó el peliplata.

—Ni la de Laryssa. Víktor… ¿en realidad nunca te diste cuenta de lo que ella pretendía?

—Del mismo modo en que Yuuri no se dio cuenta de que no estabas detrás de él solo como un doctor. Nunca fue así, ¿cierto? ¿Estabas esperando a que todo esto pasara para ocupar mi lugar?

—Sí… y no —el americano resopló, abrazándose a si mismo —Yo… presentí algo cuando Yuuri fue solo a su consulta en Detroit. Si no tenía la confianza de decirte eso, me preguntaba que otras tantas cosas no se decían. Sin embargo, se veían tan felices juntos que me di cuenta de que no tendría oportunidad alguna.

—¿Porqué precisamente Yuuri? Yo sé, mejor que nadie, que lo hace especial. ¿Es lo mismo para ti? —preguntó Víktor, separándose de la baranda y plantándose frente al médico.

—Yuuri llegó cuando yo me quedé solo. Sé que sabes lo que se siente, así que no ahondaré demasiado en eso. Mis padres nunca estuvieron de acuerdo con el procedimiento Detroit. Eran demasiado conservadores y yo no compartía ni un poco su opinión —algo dentro de su interior comenzó a estrujarse, pues nunca había hablado de la parte débil de él mismo.

—¿No sabían que eras gay?

—Si se los dije fue porque no quería poner excusas a mis acciones. Salí con hombres, sí. Pero ninguno fue tan… relevante. Quizás solo el doctor Andrei Usmanov.

—¿El mismo que atendió a Yuuri cuando nacieron las niñas?

—Sí. Estábamos juntos cuando el procedimiento Detroit quedó listo, pero el prefirió volver a Rusia. Lo cierto es que todo esto es una serie de casualidades. Si me sorprendí cuando Yuuri pidió ser atendido en ese hospital, pero… bueno, para ese entonces, nadie que no fuera él me interesaba.

—Entonces… tus papás… —Víktor esperaba no verse demasiado curioso, pero, por algún motivo que no entendía, deseaba saber quién era el hombre que tenía a Yuuri y que había detrás de él.

—Pues solo callaron, pero mi trabajo casi los enloqueció. Te juro que quise comprender su posición, pero no lo hacía. Ellos murieron y todo eso se quedó sin resolver. Pensé que no me importaba, hasta que me topé con Yuuri y… y lo vi hacer tanto por amor, ser valiente él solo que… me di cuenta de que quería algo así, y después lo quise a él.

—Ese hombre suele ser una luz en medio de la oscuridad.

—Lo es. Llegó cuando me sentía más solo que nunca, cuando pensé que me quedaría solo siempre. Era… desolador ver a todos mis pacientes, enamorados y esperando su milagro y yo sin poder recibir el mío.

—Entonces Yuuri llega, inseguro y sin saber todo lo que tiene y vale —siguió Víktor, que reconocía esa misma historia en él —Buscando ser mejor, no sabiendo que ya lo es y que en ese proceso te saca de… de tu propia oscuridad. De repente, él es tan importante que… que…

—Que te da pánico estar sin él, porque temes volver a lo mismo.

—Porque lo amas —corrigió el ruso, enfrentando la mirada de Brendan.

—Me estaba pareciendo que estaban juntos porque había algo que necesitaban del otro, no porque… bueno… se quisieran lo suficiente.

—No sé, y tal vez nunca lo sepa, si eso pasaba con Yuuri. Pero yo estoy seguro de lo que siento… sentía.

—Víktor… ¿Qué todo esto no se pudo solucionar si lo hablaban? Casi puedo asegurar que lo que sea que sentiste por Yuuri todos estos años sigue ahí y, aunque no me agrade pensarlo, tal vez él siente lo mismo por ti.

—Brendan, no estoy para esas bromas ahora, ¿está bien? —resolvió Víktor, fastidiado —Si Yuuri sintiera un mínimo de lo que dijo haber sentido por mí, no hubiera hecho todo lo que hizo.

—Te refieres a…

—¿Qué clase de persona que dice amar a otra tiene una nueva pareja a los días de haber pedido el divorcio?

—No te atrevas a insinuar otra vez que Yuuri es un cualquiera. Todavía no puedo creer que le dijeras eso, y aún le debes una disculpa.

—¡Estaba enojado! —se defendió —¡Estaba totalmente molesto! No podía creer que me había hecho eso. ¡Era como si no importara todo lo que habíamos vivido! ¡Lo olvidó muy fácil!

—¡Víktor! Por supuesto que no —Brendan lo tomó del hombro para que se encontraran las miradas gris y azul —Claro que le importas. Demasiado para mi gusto, pero lo hace. Desde lo que pasó con Kujo, no estoy seguro si está más angustiado por él mismo o por ti.

—Por supuesto, se nota… —ironizó el peliplata, soltando una risa lacónica —Lo que sea, ya no importa. Él está contigo, yo con Laryssa y…

—¿Y hasta cuando te vas a creer eso? ¿Porqué tiene que ser así?

—¿De qué hablas?

—¡Es como si tampoco para ti tampoco hubieran servido esos años! ¿Porqué no tratar de estar en paz con él?

—Quiero intentarlo por nuestros hijos…

—No, Víktor, no. Ellos estarán bien en la medida en lo que ustedes lo estén.

—¿De repente eres un experto? —preguntó irónico en un tono mordaz, sintiéndose abatido cuando Brendan asintió con la cabeza —¿El consultorio?

—La vida. Víktor, solo… ¿porqué tienen que complicar todo? ¿Porqué no rescatar lo bueno de esos veinte años y estar en paz?

—¿Crees que puedo simplemente hablar con él como si no fuera el amor de…? —Víktor se detuvo abruptamente ante las palabras que estuvieron a punto de salir de su boca.

—Por eso mismo. Si lo es o lo fue, ¿no te parece que vale la pena?

—¿Para quién?

—Para ti, Víktor —Brendan resopló con fuerza antes de seguir hablando —Tú lo amas.

—No…

—Vamos a fingir que no tratas de mentirte. Si es así, ¿entonces cuál es el punto de hacerse sufrir entre ambos? Y también lo digo por él.

—No entiendes.

—Sí, no lo entiendo. Víktor… ¿qué es lo sientes por él? No seas honesto conmigo, yo no lo necesito. Tú mismo di tu verdad. ¿Qué es lo único que quieres?

—Que sea feliz —dijo casi al instante, sin pensarlo ni dudarlo. ¿Qué sentía por él? Un universo de cosas resumidas, en una palabra. Y al final, felicidad es lo que más se desea para la persona dueña de ese universo —Yuuri lo merece, quizás más que yo. Es… es lo único que quiero que pase después de este infierno de meses. Mi Yuuri…

—Nuestro Yuuri… —escuchó a Brendan murmurar —No quiero quitarte de su vida, sé que no puedo. Pero también quiero que él sea feliz, de preferencia conmigo.

—¿Entonces qué es lo que me estás pidiendo?

—Que me ayudes, y de paso a ti mismo. Yuuri no es Yuuri desde hace mucho, y yo… yo solo no puedo.

—Te ama…

—¡No como a ti! ¡Nunca como a ti! Si alguien tiene la capacidad de hacer que Yuuri se recupera, que él quiera recuperarse, eres tú.

—¡No me quiere en su vida!

—¡No lo sabes! ¡No tienes ni idea de lo que Yuuri siente o piensa!

—Pues no, no la tengo. Pensé que eso era evidente —Víktor se despegó de la baranda y se encaminó a su auto, seguido de cerca por Brendan —Ya basta. Sube al auto y solo vámonos.

—No. Esto no es lo que quieres.

—¿Tú como lo sabes?

—Porque no somos tan distintos. Porque… porque lo amamos y daríamos todo por él.

—Claro que lo haría, mil y un veces sin pensarlo. ¡Pero me tortura que esté contigo! ¡Me duele que sea a ti a quien le da su amor! ¡Y me mata saber que es mi culpa!

—¿Porqué no te redimes entonces? ¿Porqué no le demuestras que lo quieres de este modo? Ayúdalo a salir adelante, ayúdalo a que todo esto pase y tal vez…

—¿Vuelva a mí?

—Eso no lo voy a permitir—dijo el médico muy serio, pero luego sonrió —Pero… pero puedo estar en paz si son amigos, si… aprenden a convivir de otra manera.

—¿Por qué quieres que eso pase? —inquirió, ya desesperado por la insistencia del doctor, porque temía ceder y salir lastimado en el proceso. Ya no lo iba a resistir.

—Porque a pesar de todo, cualquiera puede darse cuenta de que ustedes… se… se aman. De formas que no voy a entender ni alcanzar, pero ahí está. Y no es justo, no es justo que hagan todo esto, que se ignoren como si no fueran nadie, que se griten como si no sintieran.

—Brendan…

—Puedes juzgar que estoy demente, y sí, puede ser. Pero voy a luchar por Yuuri, contra ti o con quien sea. Lo amo, demasiado, y lo quiero solo para mí. Pero… pero acepto su mundo, y en el estás tú. Y si Yuuri es más feliz contigo revoloteando por ahí o haciendo algún drama, no me opondré.

Víktor se quedó estático donde estaba mientras Brendan lo mandaba al diablo y rodeaba el auto para entrar en él. Entender a Fitzgerald ya estaba catalogado en su lista mental de cosas imposibles. Pero, entre todo, tenía razón en varias cosas, la más importante, en que haría lo que sea por ver feliz a ese japonés temeroso e inseguro, devastado y dolido. No solo porque él hizo lo mismo con el ruso, sino porque lo… apreciaba lo suficiente para hacer un esfuerzo.

Sí, quizás Víktor se iba a quedar solo por la eternidad, tal vez con Laryssa o tal vez con alguien más, incluso podía ser que disfrutara volver a su mundo. Pero todo valdría la pena si uno de ellos tenía una sonrisa de nuevo en su rostro. Probablemente no felicidad para Víktor, pero si una paz y satisfacción incomparable.

—¿Cuándo sale Dimitry del hospital? —quiso saber una vez que entró al automóvil y se incorporó de nuevo a la pista.

—En dos semanas, aproximadamente —contestó el americano, taciturno.

—Si… si resolvemos lo de Viktoria. ¿Estaría bien que cuidara a los niños unas… dos veces por semana?

—Nikiforov…

—Puedo… puedo decirte lo que le gusta hacer…

—Si estás hablando solo porque sí, mejor olvida todo lo que dije.

—¡Lo estoy diciendo en serio! —reclamó Víktor, dándole un codazo al doctor que sorprendió a ambos —Es en serio.

—No creo que pretendas ser mi amigo, la verdad —dijo Brendan, pasando por alto la extraña sensación que ese gesto le había dejado.

—Y yo no pienso que los tres terminemos haciendo pijamadas y contando nuestros secretos, pero tienes razón. No quiero alejarme de él, es todo —terminó el ruso, sin dirigirle completamente la mirada.

—Gracias, supongo —contestó Brendan, con una leve sonrisa —Te prometo que ayudaré en lo que pueda, con todo.

—Igual, gracias —terminó Víktor. Y el viaje siguió con los mismos nervios con los que empezó, pero con una notable carga menos para ambos, y un par de risas incrédulas.

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—Vladya, por amor de Dios, no puedes intervenir los aeropuertos de Rusia.

—Claro que puedo —contestó el general a Katerina, buscando con desespero su móvil y esquivando las exclamaciones de la joven oficial.

—Pero no es correcto… ¡Nikiforov! —la chica alcanzó el celular del peliplata de encima de la chimenea antes que él y lo metió descaradamente dentro de su chaqueta para evitar que lo tomara.

—Dame eso.

—No, y ya contrólate.

—Sabes que puedo ir a muchos otros lados y lograr lo que pretendo, ¿verdad?

—Claro que sí, pero no es como que e dejo hacerlo hasta que me escuches —Vladya resopló y Koslova supo que, si la mirada de él tuviera el poder de asesinar, ella ya yacería en el piso —Vlad, no puedes obligar a los aeropuertos del país a decir si tu sobrina ha pasado por ahí, porque es llanamente estúpido y no está bien. Tú mismo me enseñaste que cosas así son un abuso de poder, y más aun por el capricho de una niña.

—Es mi niña, y no sabemos si es un capricho.

—Una niña a la que no has visto en no sé cuantos años —objetó Katerina —De acuerdo, tal vez no sea por una pataleta, pero por algo se escapó. Y perdóname la obviedad, pero quien huye es porque no quiere ser encontrado.

Vladya no respondió inmediatamente, pero no pudo evitar recordar el mismo acto realizado por Víktor cuando era niño. Él tenía un motivo válido en aquel entonces, quizás Viktoria también. Pero por otro lado…

—Su salud no es la mejor. Podría estar delicada o lastimarse. Es vulnerable y…

—¡Y tiene dieciocho años! No es como si no pudiera pensar por su propia cuenta. Si algo le pase, pues o lo sume o regresa a los brazos de sus padres. Sinceramente, ¿qué tanta fuerza de voluntad puede tener alguien que lleva toda su vida a expensas de sus papás?

—No hables así de ella si no la conoces.

—Por favor, solo había que verla —espetó, rodando los ojos y dejándose caer sobre el sofá —Como sea, ¿entiendes que no está bien que todos salgan corriendo cuando ella, claramente, los está evitando?

—No me voy a quedar aquí de brazos cruzados esperando a que mágicamente de alguna señal de vida.

—Por supuesto sé que no los vas a hacer, pero no seas extremista.

—¿Disculpa?

—¿Me lo dejas a mí? —pidió la oficial, tendiéndole el móvil a Vladya y regalándole de una sonrisa que pedía un poco de fe —Solo quédate quieto y yo me encargaré de que, solo si la ven, la intercepten. Y solo si está en Rusia.

—¿Y si no está aquí?

—Entonces pensó bien su coartada —Katerina se levantó de donde estaba y fue hasta donde estaba el ex general para despedirse de él con un beso en la frente —Vamos, Vlad. Tu señorita Nikiforova no es incompetente para no cuidarse sola. Confía en mí y no hagas trampa.

—Trataré —Vladya apenas soltó una risita cuando la chica resopló —Infórmame de lo que sea que encuentres.

—Lo que te convenga saber.

—¡Katerina! —fue el turno de Nikiforov de exaltarse con la joven de cabello azul, que ya salía por la puerta —¡Koslova!

—Ya descansa, Vladya.

El hombre se resignó a volver a su sala y quedarse con la compañía de vaso de vodka. Por fuera, podía parecer muy sereno, pero por dentro era un hervidero de nervios, miedo, dudas y… culpa. Ya Katerina se había molestado por el crudo interrogatorio a Víktor, pues solo había añadido pesadumbre a su hermano, y no tenía una justificación para reclamarle o regañarlo. Pero eso Vladya ya lo sabía, y lo cierto era que estaba lamentando portarse así.

El problema resultaba en que ni Katerina podría entender la razón de esas acciones. Al mayor de los hermanos Nikiforov le preocupada que Víktor estuviera perdiendo, a pedazos, todo lo que amaba. Primero su esposo, luego uno de sus hijos murió y después una de ellas estaba perdida. Aunque Vladya no había pasado por las mismas situaciones, sabía a la perfección lo que era el dolor más puro, y no iba a poder con la idea de que su hermano, y Yuuri, terminaran perdiéndose en él.

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Yuuri despertó por la mañana, con los ojos hinchados y sintiendo que su cabeza iba a explotar en cualquier momento. Lo único que lo hizo sentirse tranquilo, o algo así, fue la presencia de Sasha y Kenji a su lado, quienes dormían con la paz de unos ángeles.

Por un momento, se planteó la posibilidad de quedarse con ellos un rato más, pero enseguida recordó porque estaba todos ahí y se levantó sin tardanza. Mientras se vestía, pensó en lo muy enojado que se fue a dormir y que, de hecho, todavía seguían enfadado con los hombres que no lo escucharon por la noche. Sin embargo, no estaba exento de querer saber qué era lo que había pasado durante la noche y si habían alcanzado a Viktoria. Deseaba con todas sus fuerzas que no fuera así.

Después de dejar un beso en la frente de sus pequeños, salió a la pequeña sala privada del hotel y casi se va de espaldas al llegar ahí. Víktor y Brendan estaban sentados en los sillones, compartiendo el desayuno y en una videollamada en la computadora. No hacía falta escuchar lo que decían para pensar que estaba en una plática encarecida. Por un momento, hasta le pareció que su novio y su ex pareja estaban siendo demasiado cordiales entre ellos, sobre todo si consideraba que ya se habían golpeado no muchos meses atrás.

Aun cuando terminaron de hablar con quien sea que estaba en la computadora, siguieron hablando entre ellos como si no hubiera problema alguno.

—¡Yuuri —Víktor fue el primero en notar la presencia del japonés, levantándose en el acto y haciendo un ademán de querer caminar hacia él, aunque se detuvo sin hacer nada.

—Hola, amor —saludó Brendan, quedándose al lado de Víktor. Si tuvieran que opinar, dirían que estaban temerosos de la actitud que pudiera tener el pelinegro.

—Buenos días a los dos —contestó Yuuri, demasiado seco para el gusto de los otros dos —¿Y?

—¿Qué?

—¿La encontraron? ¿O saben dónde está?

—No, no la encontramos —respondió el ruso, notando al instante que la mirada de Yuuri se había ensombrecido.

—Entonces no lograron nada…

—Te equivocas —refutó Brendan —Sabemos que tu hija tiene las intenciones de dejar el país. De hecho, pensamos que ya lo ha hecho.

—¿Perdón?

—Así es. Viktoria debió de haber usado su carnet de identidad rusa, así que no había motivo para que no la dejaran viajar a donde quisiera.

—¿Y saben a dónde fue?

—Víktor está casi seguro de que a Rusia —explicó Brendan, aun sin atreverse a caminar hacia él —Ya… ya hablamos con el hermano de él para que nos ayude a, por lo menos, localizarla. No pueden exigir información de los aeropuertos, pero pueden buscarla en otros lados.

—De acuerdo —Yuuri suspiró y les dirigió una última mirada a ambos —Yo… no creo que la encuentren.

—¡Yuuri! —el japonés apartó la vista de Víktor, quien se había exaltado, a pesar de la petición de Brendan a que se calmara —Por lo menos finge que te preocupa ella. Estamos haciendo lo que podemos para encontrarla, me gustaría que recibiéramos un poco de tu apoyo.

—¿Tú crees que no me preocupa? —la acusación de Víktor encendió el demonio interno de Yuuri. Podían dudar de todo respecto a él, pero jamás de lo mucho que amaba a sus hijos y le preocupaba cada uno de ellos.

—No parece…

—¡Pues lo hace! ¡Claro que estoy preocupado por Viktoria! —gritó, para sorpresa de los otros dos —No se atrevan a pensar que no me importa lo que está pasando. Ni yo sé como voy a vivir hasta saber lo que sea de mi hija.

—Yuuri, amor, tranquilo —pidió Brendan, caminando hacia él, pero quedándose casi paralizado al ver la mirada encolerizada de su novio —Por favor, entiende un poco a Víktor. Todos estamos desconcertados y sabemos el gran problema que puede que su salud se complique, o que algo le pase y ella esté sola.

—No es una incompetente. Pensar que es inútil fue lo que provocó que se fuera en primer lugar. Yo confío en Viktoria, y sé, como nos dijo en su carta, que nos hará saber que está bien. Sé que así será.

—No es que no confíe en ella, Yuuri —contrarrestó Víktor, que había captado la indirecta —Solo sé que no es capaz de muchas cosas, y no estoy seguro de que entre lo que pueda hacer esté cuidarse sola. Ya ha demostrado que es impulsiva como…

—¿Cómo yo?

—Sí, a veces. Pero eso no tiene que ver ahora. Quiero que entiendas que no estaré tranquilo hasta verla aquí.

—Y yo quisiera que entendieras que siento lo mismo que tú, pero no voy a poner mis sentimientos antes que los de ella —sentenció Yuuri, suspirando —Está bien, Viktoria no ha sido la más prudente, pero eso ella lo sabe y creo que ya pagó las consecuencias. No se a que se haya ido, pero quiero dejar que ella intente sanar lo que tenga que sanar por su cuenta. Nadie más sabe mejor que ella lo que necesita.

—Pero Yuuri…

—Así como tú cuando también te fuiste de casa, ¿recuerdas? —Víktor frunció el ceño al escuchar de ese recuerdo —Tú también saliste porque pensaste que era lo mejor para ti, y lo fue. Y tus padres te dejaron hacerlo.

—Tuvo sus consecuencias…

—Y Viktoria también tiene las suyas. Víktor, por favor —Yuuri puso su mano sobre el hombro del ruso, y aunque no lo pudieron ignorar, si ocultaron bien el cosquilleo que ambos sintieron con el contacto —Tenle un poco de fe. Te juro que me siento igual que tú, Sé que cualquier cosa podría pasarle, entiendo tu desesperación, pero… pero quiero creer en ella. Si ella piensa que no la hemos apoyado lo suficiente, aunque esto sea una locura, podemos respaldarla.

—Yuuri…

—¿O no estarás ahí si se equivoca o si nos necesita?

—Claro que estaré —respondió Víktor, sin siquiera pensarlo —Pero eso no lo podré hacer si se lastima, tiene un accidente o la secuestran.

—No… no creo… oh Dios… —Yuuri palideció de inmediatamente y, aunque cruel, era lo que Víktor esperaba —Pero ella…

—Yo sé que prometió avisar, pero eso no la exime de los riesgos de afuera —el japonés miró a Brendan y este asintió, indicándole que eso era de lo que más les preocupaba. Eso, y lo que sea que tenía Viktoria en la cabeza para dejar su hogar de esa forma —Te lo repito, no es que no confié en ella, el mundo es el que me preocupa.

—¿Crees que no pueda con eso? —inquirió Yuuri, dudando.

—No quiero esperar a darme cuenta de lo contrario. Yuuri, por favor, entiéndeme.

—¿Cuatro… cuatro días son suficientes? —preguntó, con la voz temblorosa, cosa que hizo sentir algo de culpabilidad en los dos hombres.

—¿Para qué?

—Bueno… Vladya, él… podría buscarla… ¿no? Solo buscarla, que sepan que está bien y… no quiero que la obligues a volver.

Víktor y Brendan compartieron miradas ansiosas. ¿Razonable? Quizás un poco. Aunque les sorprendía el hecho de que hubiera sido tan sencillo hacerlo considerar sus decisiones, ambos entendían que era lo más que un corazón de padre podía ofrecer ante tal disyuntiva.

—De acuerdo, Yuuri. Que sean cuatro días, pero si en ese tiempo no hay una sola noticia de parte de ella o de quien sea acerca de su seguridad, moveré cielo, mar y tierra hasta que esté de vuelta, ¿de acuerdo?

—Sí —contestó secamente, pues ya no sabía que decir.

—Y Yuuri… —Víktor lo llamó antes de que el japonés se marchara —Enójate conmigo, si quieres, pero no lo hagas con Brendan.

—¿Qué?

—Él solo quiere lo mejor para ustedes, y es… algo que nunca terminaré de agradecerle.

Cuando ambos hombres regresaron a la sala, después de que Brendan dejara un beso en la mejilla de Yuuri, el pobre japonés no pudo sentir otra cosa más que una desconcertante confusión.

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Al segundo día, Hasetsu se vio honrado con la llegada de Laryssa Novikova al pueblo. Había terminado a tiempo con sus deberes en la Federación, por lo que pudo volver antes de lo previsto al lado de Víktor y Kenji, que eran los que más le importaban. Mientras salía de la estación y abordaba el taxi que la llevaría hasta, le gustaba considerar, su nueva casa, seguía cuestionándose si decir a su novio lo que había visto en Rusia, aunque siempre llegaba a la conclusión de que sería mejor callar y hablar hasta que fuera oportuno. De cualquier forma, Víktor sabía que la memoria de la mujer no era prodigiosa, ni siquiera para las cosas importantes.

Además, si decía nada, se quitaba del peso de una de las malcriadas gemelas, y eso ya era bastante mejor.

En realidad, y aunque pareciera extraño, le agradaba bastante la pequeña población japonesa. Era tranquila, y se movía a un ritmo lento que lograba relajarla. Las personas eran amables la mayor parte del tiempo y los cerezos encandilaban con su dulce fragancia.

El automóvil pasó junto al cementerio y Laryssa hizo una nota mental de ir a dejar flores a uno de los pequeños ocupantes de ese lugar. Después de todo, Kujo no tenía culpa en todo lo que estaba pasando.

El taxi llegó demasiado rápido a la casa de suave color hueso y una vez que la mujer hubo pagado, se apuró a entrar a la residencia Nikiforov. Aunque por un descuido de Víktor estaba enterada de la no tan agradable presencia de Yuuri Katsuki en ese lugar unos días atrás, se alegró de que la mayor parte de las cosas estuvieran en el mismo lugar que las dejó. Depositó sus maletas en el sofá y se sentó, solo para ponerse de pie de nuevo al notar la presencia de unos papeles en una de las mesitas apostadas al lado de una televisión. Casi podía jurar de que documentos se trataba, y estaba segura de que se encontraban del mismo modo que cuando se fue a Rusia. Sin firmar. Aunque solo eran una copia, podía imaginar en que estado estaban los orginales.

—¿Laryssa? —la mujer dio un leve respingo al escuchar otra voz femenina, pero terminó por sonreír con una ternura irónica al ver a la joven japonesa que salía de su habitación, envuelta en una manta y con la nariz roja —¿No llegabas la próxima semana?

—Buenas tardes también, Yukie. Lamento romper tu pobre corazón, pero ya estoy aquí. Pensé que, sin tu hermana, necesitabas un poco de compañía —dijo en un tono que hizo que la Yukie rodara los ojos —¿Qué sucede contigo? Te ves fatal.

—Soy alérgica al polen y… hay demasiado en el aire. Víktor hizo que me quedara a descansar hoy —explicó rápidamente la chica, sin querer ahondar en que una parte considerable de los últimos días había estado sumida en una tristeza imposible —¿Sabes lo de Viktoria?

—Claro que sí. Tu padre acudió a mí antes que a muchas personas y ya he movido algunos contactos para que rastreen a la… fugitiva —Mentira, por supuesto. Pero eso no lo tenía que saber nadie además de ella.

—¿Y sabes que no quiere que la busquen?

—La pobre inútil de tu hermana no sabría cuidarse por sí sola ni porque su vida dependiera de ello, aunque tal vez ahora lo hace.

—Viktoria estará bien. Y no es una inútil, ella podrá lograr lo que quiere —defendió Yukie a su hermana, enfrentando a la rusa, no logrando más que esta se divirtiera.

—Mira quien resultó una hipócrita. No sé si me equivoque, pero ¿no eras tú la que hace unas semanas quería verla hundida y pasar sobre ella con todo lo que tenía?

—¡Tú me hiciste pensar eso!

—No, preciosa. Tú eras la de la idea, solo me usaste para justificarte. Pero piensa lo que quieras, da igual. Tú y yo aun tenemos muchos entrenamientos para arreglar tu situación —Laryssa trató de acariciar la mejilla de la joven, pero se rió cuando esta se retiró con brusquedad —¿Dónde están todos?

—Víktor en la pista, Sasha en la escuela y Kenji con mi papá Yuuri.

—¿Y tu padre dijo algo?

—Que, si pudieras, fueras por Kenji. Las llaves de su auto están en la mesita de la entrada. Pero igual puedes ir con papá a la pista.

—No, iré por tu hermano —decidió la mujer, dejando las copias de los papeles de divorcio en donde estaban —¿Vas a quedarte aquí?

—Quiero dormir.

—Si yo fuera tú, aprovecharía. Mañana volveremos al entrenamiento y si no has mejorado esa cosa que llamabas rutina, tú y yo tendremos serios problemas.

—Como sea, Laryssa. Solo sigue haciendo lo de siempre.

—¿Contigo o con tu padre? —cuestionó la rusa, con un inconfundible tono sarcástico en su voz, mismo que hizo resoplar a Yukie y volver a su habitación,

Sí, claro que iba a hacer lo mismo de siempre. Con un extra.

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—¡Señorita Laryssa! —Hiroko fue quien recibió a la rusa cuando entró al recibidor de Yutopia. Aunque no le hacía ninguna gracia estar ahí, tampoco le desagradó. Y hasta el alegre recibimiento de la mujer japonesa le hizo sonreír —Si es usted la novia de mi Vitya, ¿verdad?

—Oh, sí. Soy yo. Es un… gusto conocerla —contestó Laryssa, no estando muy segura de como debería tratar a la madre de Yuuri.

—¿Viene a las aguas termales? Como usted es tan bonita, le caerán de maravilla.

—Oh. No, no, no. Yo vengo a buscar a Kenji. Víktor me pidió que lo llevara a casa. Además, quisiera hablar con Yuuri unos momentos.

—Sí, claro. Espero que se entiendan, estos días han sido muy difíciles para todos. Sobre todo, por lo de Viktoria.

Laryssa asintió y Hiroko la guió hasta el ala del hotel que pertenecía a la familia. La dejó y le indicó en cual cuarto estaban su hijo y nieto. Una vez que la japonesa se retiró. Laryssa se aseguró que nadie más estuviera cerca para poder decirle a Yuuri algunas cosas que estaba pensando. Después de escuchar las risitas del bebé al interior, tocó la puerta, movida también por el ansia de ver al pequeño.

—Adelante —indicó Yuuri que, después de tanta tormenta, estaba algo alegre por ese momento con su hijo.

—¡Mami! —gritó Kenji apenas vio a Laryssa entrar. Bajó la cama de su padre y fue corriendo al encuentro de la mujer.

—Hola, mi amor —Laryssa lo recibió en sus brazos y le regaló de muchos y sonoros besos en sus esponjosas mejillas —¿Cómo has estado, pequeño príncipe?

—¡Bien! ¡Papa Uuri juega conmigo! ¡Sasa también! ¡Todos me queren musho!

—Por supuesto que todos te queremos, Kenji —le dijo Laryssa, alborotando su cabello y devolviéndolo al piso, todo bajo la penetrante mirada de Yuuri.

—¿Tu vash a jugar conmigo, mami?

—Claro que sí, corazón. En cuanto estemos en casa, jugaremos con lo que tú quieras —le besó en la frente y, para sorpresa del japonés, la rusa abrió la puerta —¿Por qué no vas a buscar a tu abuelita y le dices que te de unas fresas? ¿Recuerdas que nos gustan mucho?

—¡Shi! ¡Feshas! —Kenji corrió con pasos torpes hacia la recepción, pues ya se sabía de memoria el camino hasta donde siempre estaba Hiroko. Momentos después, Laryssa cerró la puerta a sus espaldas.

—Hola, Yuuri.

—Buenas tardes, Laryssa —saludó el japonés, taciturno —Así que… ¿mami?

—Creí que Víktor ya te había comentado que Kenji lleva un tiempo diciéndome así.

—Sí lo hizo. Aunque déjame decirte que…

—Que no te agrada que use esa palabra para mí —obvió Laryssa, caminando de con lentitud por la habitación, recorriendo todo con su mirada.

—No, no me agrada. Pero parece que a mi hijo sí —Yuuri se puso de pie para quedar a la altura de la mujer —No se los voy a prohibir, aunque eso me duela. Lo único que te exijo es que seas capaz de asumir ese puesto en toda su extensión y con todo lo que implica.

—¿Crees que no puedo? —retó la rusa, sorprendiéndose por la determinación del hombre a quien siempre había visto como débil.

—Sé que vas a poder, porque yo mismo no dejaré que pase lo contrario.

—¿Ah sí?

—Te lo aseguro. Una cosa es fui lo suficientemente idiota para dejarte a Víktor en una bandeja de plata. Pero mis hijos son otra historia. Ellos ya están bastante lastimados por Kujo y Viktoria como para que algo más los decepcione.

—Bien, Yuuri. Entonces si tienes carácter —dejó ir Laryssa, que ya no estaba segura si le provocaba impresión o diversión —Te lo voy a decir así. A tus hijos poco o nada les agrado. ¿Y qué crees? Siento lo mismo por ellos, con la sola excepción de Kenji. Ese bebé no merece nada de lo que está pasando. Si estoy en esa casa, cuidando unos niños que no son míos, es por Víktor y por mi bebé. Nada más.

—Si te atreves a hacerles algo.

—Vamos, Yuuri. Me tienes en un muy mal concepto entonces. Yo no me meto con nadie que no se haya metido conmigo antes —y era cierto. Después de todo, Yukie fue la primera en mostrar repulsión.

—Eso no me asegura nada. Pero… pero si quieres a Kenji tanto como dices, entonces no lo dejes solo.

—A diferencia de ti, yo si puedo separar mis emociones para no afectar a los demás. Pero si te hace sentir más tranquilo, mientras esté conmigo, nada le pasará a ese bebé.

—Espero que así sea. Por… por el bien de Kenji.

—Y sí hablamos del bien de alguien más —la mujer se sentó con elegancia en una de las sillas que estaban en la habitación, apoyando su barbilla en la palma de su mano y cruzando sensualmente las piernas —Dime, Yuuri, ¿cómo van los trámites del divorcio?

—¿Los… los qué? —el pelinegro se sorprendió por la pregunta.

—Si, la solicitud que le hiciste a Víktor para separarse.

—No lo sé. En estos momentos, como puedes darte cuenta, no tengo cabeza para otra cosa que no sean mis hijos.

—¿Y si quieres divorciarte, Yuuri? Porque pareciera que estás postergando todo.

—Claro que quiero —soltó, aunque después se dio cuenta de que no estaba seguro de esa abrupta respuesta —Yo… Víktor dijo que se iba a encargar de eso.

—Y vaya que a ti no te interesa en lo absoluto que pase.

—Te… te equivocas. Sólo que… no creo que sea el mejor… momento…

—Como quieras verlos, Yuuri. Solo te voy a pedir que, cuando los traigan, no dudes en firmarlo. Yo creo que ya es momento de que liberes a Víktor. Él ya no tiene intenciones de seguir contigo después de todo lo que has hecho.

—Víktor y yo decidimos que… que podemos…

—¿Ser amigos? Que conveniente para ti, ¿no? Pero no creo que lo sea para él.

—Laryssa, basta…

—Dime, ¿porqué alguien querría estar con la persona que lo lastimó tanto? Y que lo sigue haciendo.

—¡Yo no quiero lastimarlo!

—Prácticamente uno de sus hijos murió por tu culpa, y no parece importarte Viktoria esté perdida.

—¡Claro que me importa! ¡Apenas y puedo dormir desde que se fue! Y con respecto a Kujo…

—No vamos a mentirnos, Yuuri. Tú y yo sabemos que de quien fue la responsabilidad —los ojos de Yuuri brillaron con algo más allá de la ira y la culpa, porque precisamente esa mujer estaba haciendo revivir su mayor temor, su peor verdad, desde hace unas semanas —Claro, tuya. Tú te encargaste de complicar todo para tu hijo.

—Tú… tú también…

—Sí, yo también perdí a mi bebé. Pero no es mi culpa que mi matriz natural no sea lo suficientemente fuerte para soportar un hijo. En cambio, tú, que te la pasaste desafiando todo para retener a Víktor, le causaste un dolor por algo que él nunca pidió.

—Pero ama a sus hijos…

—Lo obligaste a hacerlo, ¿o acaso le diste opción?

—¿Qué quieres que te diga? —cuestionó Yuuri, que estaba seguro de que de seguir escuchando lo que estaba diciendo la novia de Víktor, se iba a quebrar frente a ella. Mucho le estaba costando asimilar algunas cosas, como para romperse delante de la persona que más hundido lo quería ver.

—No quiero que me digas nada. Solo ya no lo busques. Aléjate de él, es mío, ya no quiere verte hurgando en su vida. Deja de mortificarnos a todos y concéntrate en tu doctor. Te prometo que todos seremos felices si haces esa pequeña cosa.

—Lo haría solo por él, Laryssa. No porque tú me lo pides.

—Por lo menos harás algo bien en todo este tiempo —la rusa se levantó de su lugar, pasando altaneramente frente a Yuuri. Estaba saliendo, cuando se giró para ver al hombre que seguía parado como una estatua en el centro del cuarto. Una sonrisa ladina surcó sus labios antes de hablar —Por cierto, Yuuri. Ese bebé, ya es nuestro hijo, ¿no te parece?

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—¿Qué haces aquí?

—Sí, Vitya. Hola a ti también —Laryssa rodó los ojos ante el inexistente saludo de su pareja, a la cual encontraba en la salida de Yutopia. Ya llevaba a Kenji en sus brazos con una cestita llena de frutos rojos, cortesía de su abuela. Después de dejar pálido a Yuuri, no tenía nada más que hacer en ese hotel —¿A dónde vas?

—Perdón, Lary. Hola. Es que… estoy… un poco… —Víktor vio que su novia lo veía con extrañeza, así que decidió dejar de lado el asunto —No importa. Tengo que hablar unas cosas con Yuuri. ¿Van a casa?

—Claro. El viaje me cansó y este pequeño quiere comer todas las frutillas que su abuela le encontró.

—De acuerdo, hagan lo que quieran en el día —Víktor se inclinó un poco para darle un sonoro beso en la mejilla a Kenji, y antes de que se incorporara, ya tenía los labios de Laryssa pegados a los suyos —¿Eso que fue?

—Un saludo cortés —la rusa se acercó a su oreja y le dio una muy leve mordida, cuidando de que Kenji no viera o escuchara demasiado —Después tú y yo nos arreglamos.

Víktor se quedó unos segundos de pie viendo como su ¿novia?, y su hijo subían al auto y ser marchaban. A pesar de que ese gesto le había provocado escalofríos, no se sentía capaz de poder reaccionar en la cama con Laryssa. No porque no pudiera, sencillamente no quería.

—¡Vitya! —Hiroko se acercó corriendo a su ex yerno, abrazándolo cuando este se agachó —Tu linda novia y Kenji se acaban de ir.

—Lo sé, me los encontré. Pero he venido a ver a Yuuri por… —Víktor sacó de un maletín unos papeles, que borraron por completo la sonrisa de la mujer japonesa, hasta deformar su expresión en una casi llorosa.

—Oh… Víktor… ¿Ya están?

—Ya, por lo menos los de Rusia. Los de Japón tal vez lleguen la siguiente semana.

—Yo… yo pensé que habría más tiempo para que… para que lo pensaran o…

—Ya no teníamos nada que pensar —Víktor acarició la mejilla de la compungida mujer —Pero usted va a ser siempre mi mamá, ¿verdad? Me dijo que siempre me iba a querer.

—Claro que sí. Todo lo que me reste de vida te querré como si fueras Yuuri o Mari —Hiroko se talló los ojos para que las lágrimas no la traicionaran —Mi Yuuri está en la sala. Está solo, así que… hablen todo lo que necesiten.

—No creo que tardemos mucho. Iré a verlo, con permiso —Víktor recibió un beso cálido en la mejilla, ignorando que la misma mujer que se lo había dado, momentos después de que se fue, corrió a los brazos de su esposo y Mari para llorar con ellos, en tanto que su hija no tuvo reparo en maldecirlos uno y otra vez.

Víktor encontró a Yuuri con la mirada ausente en una de las ventanas de las ventanas de Yutopia. Se veían tan cansado y abatido, que el ruso estuvo a punto de no hacer lo que tenía planeado, sino fuera porque su abogado insistía en no demorar los trámites. Se acercó a él con cuidado y silencioso, causando que se exaltara al escuchar sus pasos cercanos a él.

—Víktor…

—Hola, Yuuri. ¿Cómo te sientes? No te ves muy bien.

—Yo… no importa —Yuuri restó importancia al asunto, negando con la cabeza y sentándose en un sillón —¿Sabes algo de Viktoria? ¿Ha habido algún mensaje o… lo que sea?

—No. Y ya lleva dos días de los cuatro. No creo que pase nada y ya me estoy preparando para lo que sea —sentenció Víktor, dejando su maletín en la mesa y sujetando los papeles, fuerte en su mano —De una u otra forma sabremos algo de ella, te lo prometo.

—Sí, lo sé. ¿Viniste a algo? —preguntó, cortante.

—Ah, cierto —fingió haberlo olvidado, y con su corazón gritándole que se detuviera, su mente diciendo que ya había perdido el juicio —El… abogado insistió en no posponer esto más tiempo, mientras estén los demás papeles.

La mente de Yuuri retumbó y sintió que su ser se rompía un poco más. "Acta de Divorcio", rezaba el membrete del documento emitido por el gobierno ruso. Lo que lo hizo temblar más fue ver su nombre y el de Víktor debajo de unas líneas, en donde irían las firman que romperían el primer lazo que los mantenía unidos. Y esa era la última vez que firmaba como Yuuri Katsuki-Nikiforov.

—¿Cuándo estarán los otros?

—Mi abogado cree que en una semana. España es complicada y está tardando por la repartición de bienes que… bueno… compramos cuando estábamos… ehm… juntos…

—Yo no quiero nada de eso —dijo Yuuri con seguridad, recordando algunas de las pequeñas casas que habían adquirido, todas con bonitas historias que contar —La mayoría las compraste tú. Las que…son mías… las quiero a nombre de los niños.

—Yuuri, haz el favor de leer el documento antes de decir algo —pidió Víktor.

En realidad, al japonés no le sorprendía leer las condiciones del ruso. Víktor estaba cediendo la posesión de todo cuanto tenía, incluso su herencia, a sus hijos, y Yuuri fungía como albacea de todos. Sería como el que cuidaría de todo hasta que Dimitry fuera mayor y cada uno de los niños pudiera manejar el dinero.

—¿Y porqué tengo que ser yo quién cuide tus posesiones? Lo puedes hacer tú perfectamente.

—Recuerdo que cuando nos casamos, te dije que lo tuyo es mío. Ahora que estamos pasando por esto… creo que es buen momento para que te diga que… en algún momento… las escrituras de todo quedaron a nombre de ambos.

—¡Víktor! ¡Yo nunca autoricé eso!

—No lo necesitabas autorizar para que eso pasara. Además, yo tampoco quiero nada de eso que es nuestro. Así que una vez que firmes, será como si no fuera de ninguno de los dos —explicó, respirando a veces con fuerza para calmar los golpeteos de su corazón —Técnicamente, nos quedamos sin nada. Tú no puedes disponer de eso, ni yo. No todo es disposición mía, ¿sabes? Las leyes rusas protegen muy bien a los hijos de un divorcio.

—Pero…

—Claro que… la única forma de evadir esto sería no firmar. Pero eso no es lo que quieres ¿verdad?

La mirada chocolate huyó de inmediato a la de celeste de Víktor. Sabía a la perfección como responder a esa pregunta, pero las preguntas y acusaciones de Laryssa llegaron a su mente. Ella tenía razón, no podía forzar al ruso a estar a su lado, cuando él había sido el primero en buscar a un abogado para que asesorara todo. ¿No era suficiente señal de que de verdad quería hacer eso?

—En realidad… no estoy de acuerdo —dijo Yuuri tomando la pluma que estaba junto a los documentos —Pero… pero es tiempo, ¿no?

Víktor iba a preguntar con que no estaba de acuerdo, pero la voz se atoró en su garganta cuando la tinta de deslizó por el lado que correspondía a Yuuri, grabando su firma en algo más que ese líquido negro.

—Sí, es tiempo —Víktor tomó la pluma que le tendió Yuuri y sin detenerse, grabó un garabato elegante arriba de su nombre —De acuerdo, señor Katsuki, se ha librado del apellido Nikiforov —bromeó Víktor, tratando de hacerlo reír, para que ese momento solo pasara.

—Víktor… bueno… sí. Y ya pronto te vas a librar del mío —Yuuri se esforzó por sonreír, pero solo la salió una extraña mueca, producto de la revolución de sentimientos que había en su interior —Yo… lo lamento. Voy a retirarme, de verdad quiero estar solo.

—Pero Yuuri…

—Estaré pendiente de Viktoria, pero… pero hoy no estoy bien. Lo siento, Víktor. Con permiso.

Víktor observó a Yuuri irse hasta su habitación, mientras él solo se quedaba con unos papeles en mano que ya los habían separado. En verdad, no pensaba que fuera del todo necesario firmar un documento, pues la realidad era lo que más los separaba.

—Ay Yuuri… —suspiró cuando vio lo errática que había salido la firma del japonés —¿De verdad no te gusta mi apellido junto al tuyo?

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En la noche del tercer día, Víktor ya comenzaba a sentir que sus ansias crecían exponencialmente al no tener la mínima noticia de Viktoria. Tanto que, aunque le había prometido a Yuuri que no haría nada, no pudo contenerse de llamar a su hermano para ver si había encontrado algo.

—Vladya, si puedes hacer algo. Solo necesito saber que está bien, que se quede donde quiera, pero la necesito sana y salva.

"Vitya, lo lamento. Mis hombres están vigilando muchas ciudades, pero nadie reporta haber visto a alguien con las características Viktoria."

—¿Estás completamente seguro?

"Totalmente. Aunque si tienes idea de algún otro lugar al que pudo haber ido, me serviría."

—El único lugar que se me ocurre es el departamento en San Petersburgo. Pero no creo que vaya a ese lugar, sabe que es fácil que la encontremos ahí —pensó el menor de los hermanos, negando con la cabeza.

"¿Quieres que revise ahí? No perdemos nada intentando."

—Si, hazlo. Y mantenme informado. Te llamaré mañana. Si Viktoria no dice nada, quiero que me ayudes más allá de lo que ya has hecho.

"Claro que sí. Me voy ahora mismo. Tranquilo, Víktor. Ya aparecerá."

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—Vladya… por favor, dime que encontraste algo.

En la noche del cuarto día, con todos reunidos en Yutopia, incluso Laryssa y Brendan, atendían a la llamada que Yuuri había hecho a Vladya. Pero las esperanzas se fueron esfumando cuando hubo un largo silencio del lado del general. Lo escucharon suspirar varias veces, pero al final, sus palabras explotaron como pólvora en una cristalería.

"No. Viktoria no está en Rusia, estoy seguro. Ya la buscamos y… no hay señales de que esté en el país. Debió haber ido a otro lado. Coordinaré una busca más exhaustiva búsqueda, si es posible, en el extranjero."

—Te lo agradecemos mucho, Vlad. También nos encargaremos de algunas cosas aquí —indicó Víktor, temiendo que la voz se le cortara en algún momento.

"No lo agradezcan, por favor. Cuando sepan algo, entonces ya sabremos que hacer. Debo irme, pero… no pierdan la esperanza. Ya nos veremos."

—Mañana a primera hora iremos a reportarla como desaparecida —sentenció el ruso hacia el resto de la familia cuando terminó la llamada con su hermano.

—No la van a encontrar —murmuró Yukie, ganándose una mirada reprobatoria de los novios de sus respectivos padres.

—Yu, eso no ayuda —dijo Brendan, tomando y acariciando la mano de Yuuri.

—No, ustedes no la ayudan —Yukie se levantó y antes de irse miró a todos —No hace falta que la busquen. Ella siempre buscará la manera de burlarlos. Y yo sé que está bien.

Y nadie se imaginaría cuanta razón tenía Yukie hasta la mañana del día siguiente, cuando la llegada de un visitante puso fin a la búsqueda de Viktoria.

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Entrada la mañana, tanto Yuuri como Víktor estaban en Yutopia dispuestos a salir hacia Tokio, a la embajada rusa y a todas a las que fueran necesarias para que se levantara una especie de alerta para rastrearla, siempre con el cuidado de que solo debía de ubicarse, no forzarla a volver.

Yukie ya estaba detrás de ellos, diciéndoles que lo dejaran por la paz, cuando Sasha entró con una sonrisa pícara al recibidor.

—Yukie —dijo con una vocecilla cantarina, a la que su hermano lo miró de mala gana —Alguien te está buscando afuera.

Los padres de la joven la miraron extrañados, pero Yukie hizo caso omiso y fue casi corriendo hasta donde la estaban esperando. Se quedó de piedra cuando una mirada azulada, casi grisácea, la esperaban con una sonrisa, aunque no era completa.

—Je… Jeremy… ¿Qué… qué estás…?

—Hola, Yukie. Me gustaría mucho hablar contigo, no tienes idea de cuánto. Pero en serio, con urgencia, necesito ver a tus padres.

—¿A mis padres?

—¿A nosotros? —Viktor y Yuuri llegaron en ese momento, sorprendiéndose por el ver al joven inglés con la urgencia de verlos.

—Sí. Buenos días —Jeremy hizo una leve reverencia, queriendo impresionar a Yuuri, pero haciendo negar con la cabeza a Víktor —Lamento la premura de mi visita, pero tenía que decirles algo.

—Jeremy, como puedes ver, estamos a punto de irnos. Pero si quieres esperarnos por la noche —pidió el ruso, casi con un pie en la puerta —Cualquier cosa puede esperar a…

—¡Señor Nikiforov! Es sobre su hija.

—¿Yukie?

—¡No! Su… su otra hija. Viktoria —la atención de la ex pareja regresó rápidamente a Howland, quien resopló con miedo cuando los dos hombres se le quedaron observando —Es que… bueno… ella me pidió.

—¿Qué nos dijeras dónde estás? ¡Di todo lo que sepas! —presionó Yuuri, para sorpresa de todos,

—Lo siento. Le prometí que no diría nada más de lo que me pidió —Jeremy suspiró antes de hablar —Viktoria… ella solo quiere que sepan que está bien y segura. Eso es todo lo que dijo. No quiere que la busquen y promete que sabrán de ella en alguna otra ocasión.

Y la búsqueda se vio forzada a terminar.

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¡Hola chicos! Ahora sí tengo un montón de razones por las que no actualicé. Desde la ausencia de Internet, hasta la caída de Wattpad y el reacomodo de nuevo cuatrimestre en la universidad. En realidad, iba a subir el capítulo ayer, pero pensé que era muy corto, así que lo alargué para compensar la ausencia. Ahora sí, ya saben lo que pasó. No dieron con ella, pero la niña está a salvo (algo así muajajaja) ¿Tienen alguna idea de donde está? ¿Burlo a todos? ¿De verdad los pudo engañar ella sola? Sépanlo en la siguiente actualización.

¡Besos miles a todos! ¡Los amo!

Zryvanierkic: ¡Jajaja! deja a mi pobre Yuuri, ya va siendo momento de que saque sus garritas, por lo menos si no es por él, que sea por sus bebés. ¡Ya sé que te debo esa escena detallada de Brendan imaginando a su cerdito! Yo la verdad ya no sé a quien apoyar, todos están a muy locos, o muy retraídos o muy malditos, así que… pfff. Creo que poquito a poquito todos van a ir moldeando su camino… aunque ya se nos divorciaron, aún hay una pequeña esperanza. ¡Te quiero!

Sakura: ¡A mí me encanta que te encante! Espero que este capítulo te haya dejado feliz, y haya matado un poco con el suspenso. ¡Muchos saludos!

Haru: ¡Yo sé que no odias a Yuuri! Solo te está desesperando, pero ya irá cambiando, por la fuerza de las circunstancias. Y también Viktoria se las va a ver muy negras, pues hasta será un entrenamiento más riguroso que el de un patinador. Si quería que la trataran en serio, eso a va a ser. ¡Y Brendan no es ñoño! Últimamente te estás poniendo contra mis personajes favoritos jajaja. ¡Ojalá que te haya gustado! ¡Abrazos!

Chai: ¡Acepto! Me caso contigo nada más por tus hermosísimas palabras. Con comentarios como el tuyo, me siento aún más motivada a seguir escribiendo. ¡Te juro que grité de emoción con el review! ¡Un gigantesco abrazo!

Guest: Aunque no lo creas, y menos viniendo de mí, a mí también me desespera que Yuuri sea una víctima. Pero, en mi defensa, este Yuuri se va a reivindicar por sus propios medios, se dará cuenta de que nada gana haciendo la miserable víctima. Yuuri ya se volverá quien Víktor merece, pero denle tiempo a que se recupere. Y mis niñas… pues son unas caprichosas, para que te digo que no, pero es culpa de ambos padres. No sé si prometerlo, pero esta pareja estará bien pronto y se merecerán el uno al otro, que es lo que pretendo. Pero falta tiempo. De mientras, espero que no te desanimes y sigas leyendo. Un abrazo.