Los rumores no se detuvieron por semanas y tanto Snape como Minerva, no se hablaban casi. Solo para gruñirse órdenes y decirse sí o no. Hermione se sentía como la manzana de la discordia entre las casas y siempre que caminaba por los pasillos o cualquier área de la escuela, los estudiantes la miraban de mala maneras, como si fuese una cualquiera. Severus admitía que ese era suficiente castigo por la vergüenza que le había hecho pasar y todo lo que había tenido que hacer para vengarse. Ron ya estaba deseando que lo que una vez dijo Snape sobre sus sueños íntimos, se hubiese hecho realidad en vez de saber que su mejor amiga estaba enamorada de su profesor más odiado.
- ¿Cuándo todo ésto terminará? - dijo la jovencita, cubriéndose la cabeza con las almohadas de su cama y cerrando la cortina de su cama, mirando a Ginny quien acariciaba el lomo de su gato, mientras dormía.
- Te dije que te meterías en problemas si aceptabas la apuesta, pero no quisiste escucharme. Al final el profesor Snape salió ganando. Los gemelos tienen que comportarse al menos el resto del año y no pueden vender sus artículos de bromas o el profesor Snape prometió escribirle a mamá sobre el asunto de la apuesta y no creo que le guste. Tampoco saber que aceptaste y bailaste de forma muy comprometedora. ¡Se lo dirían a tus padres!
- Pero ellos son los gemelos, ellos encontrarán una forma de hacer lo que les gusta y yo estoy acá, escuchando chismes y castigada hasta el final del curso.
- Creo que el profesor puso un sortilegio sobre los gemelos y cada vez que deseen hablar de alguna cosa fuera de lo normal, sus lenguas se enredarán y además, cuando piensen en hacer bromas, comenzarán a golpearse a sí mismos hasta que el pensamiento se vaya.
No pudo evitar reír ante lo creativo que Snape había sido, pero aún así lamentaba su destino y lo cambiaría por el de los gemelos.
- Quizá Snape te castigó porque en verdad le gustas y quiere comenzar una relación, que no sea gracias a una broma. - susurró Ginny y Hermione se mordió el labio.
- Pues castigándome a escribir mil veces: no debo aceptar apuestas de ningún tipo, todos los días, no es muy encantador.
- Bien, no puedo culparlo. Esta vez, tú jugaste con él y no precisamente fue él quien te trató mal.
- ¿Y tienes que recordármelo todo el tiempo?
- El punto es... ¿tú sientes algo por el profesor Snape? - murmuró la pelirroja con una expresión de curiosidad y escepticismo al mismo tiempo. - pues si así fuera, yo no me opondré. Pero te sugiero que lo pienses, quizá él está muy herido y solo quiera jugar contigo.
- ¿Estamos hablando del mismo profesor? ¿Crees que tenga sentimientos como para herirlos?
Ambas se miraron, encogiéndose de hombros y Hermione ahogó un bostezo, mirando su reloj despertador junto a su cama.
- Será mejor que me aliste y baje para mi castigo semanal. Al menos me deja desayunar y me permite llegar a una hora decente.
Ginny asintió poniéndose en pie y abriendo las cortinas, para echar al resto de las chicas que continuaba susurrando cosas, a las espaldas de su mejor amiga. Al vestirse y estar lista para afrontar el desayuno, Snape la esperaba junto a la mesa de los Gryffindor y los estudiantes estaban sorprendidos de verlo ahí de pie, casi pudiendo decirse que apunto de sentarse con ellos en el desayuno.
- Ay no... ¿y ahora qué se supone que hice? - dijo ella, fastidiada y sentándose para tomar su avena. - ¿qué necesita, profesor Snape? ¿Al menos me va a permitir desayunar?
Los estudiantes se apartaron en cuanto Snape hizo un ademán de querer sentarse y los rumores comenzaron nuevamente, aunque con el jefe de Slytherin, tenían mucho miedo de meterse en problemas.
- Necesitamos hablar después del desayuno, Granger. - dijo con voz suave y Hermione asintió, mientras comía. - es un asunto académico, muy importante.
- ¿Y no podía esperar para decírmelo durante el castigo?
- De eso quería hablarle. Hoy no habrá castigo.
- Muy bien. Terminaré de comer y lo veré en su despacho. - el resto del estudiantado la miró con recelo y ella, soltando la cuchara y conformando una expresión de rabia, los observó de vuelta. - SOLO PARA HABLAR, ¡PERVERTIDOS!
Severus sonrió y se puso en pie, disfrutando el abochornar a Hermione. Caminó de regreso a la mesa de profesores y ella al terminar su avena, simplemente caminó hasta detenerse a la salida del comedor. Dio un último vistazo a la mesa donde Albus y Snape charlaban tranquilamente y se dijo que por castigo, Snape le haría esperar por horas. Jugaba con la avena en el tazón, cogiéndola con la cuchara y regresándola al plato. Sonriendo.
Mejor era no discutir. Caminó hasta detenerse junto a la puerta de su despacho y se dejó caer en el suelo, preparada para esperar por horas.
Y así fue, luego de hora y media de esperar, Snape decidió aparecer y sintió una mano sobre su hombro. Se había quedado dormida mientras esperaba y al ver el rostro de Snape, inclinado junto a ella, se sonrojó y se puso de pie de inmediato.
- Lo siento, me dormí esperándolo.
- Ya veo.
- ¡Pero quién come avena durante una hora!
- Ah, ¿no le dije? No me gusta la avena. - murmuró con voz suave, abriendo la puerta del despacho y haciendo un ademán para que entrara. Hermione se mordió el labio para no discutir y al entrar, ocupó su asiento de siempre. Severus paseó a su alrededor un par de veces, antes de sentarse.
- ¿De qué quiere hablar, profesor Snape?
- Albus me hizo una sugerencia muy interesante. - dijo con voz melosa, mirándose los dedos con una sonrisa. - la enfermera Promfey debe hacer un viaje para un congreso sobre medimagia y la enfermería quedará sin alguien que pueda atenderla. El profesor Dumbledore me sugirió el puesto, pero yo estoy muy ocupado como para eso y se me ocurrió pensar en alguien.
Ya sabía a dónde se dirigía la conversación.
- Pensé que a usted le encantaría ese trabajo, pero no sé si deba dárselo. Si se lo merezca. Aprenderá y leerá tantas cosas.
- Pero si ya tengo tarea yexámenes que pasar, ¿por qué querría yo atender la enfermería? No me malinterprete, es una gran oportunidad pero...
- Y no tiene opción, al director le parece muy buena idea. Además, trabajaremos juntos durante todo el curso. Así podrá conocerme mejor como tanto desea y quizá así podamos tener una relación que no se deba a una tonta apuesta. Y así también, yo descubriré si en verdad debería enamorarme o no de usted. ¿Qué le parece?
- ¡Pero no es justo!
- Tampoco es justo lo que usted hizo, pero ya qué. Nos divertimos mucho y ahora vamos al grano. ¿Acepta o no?
Que si aceptaba o no, el reto de enamorarse y tener más trabajo que una mula de carga... ¿era eso?
- ¿Quiere apostar?
- Por supuesto que sí.
Mejor que no, puesto que ella iba a ganar.
A ver qué les parece el último cap y si deberé abrir una continuación o agregar algo extra. Besos y cariños :)
