N.T: No, no soy un fantasma. Sigo viva. xD En fin, antes que nada, quisiera pedir una disculpa por tardar tanto en actualizar. De verdad que lo siento muchísimo, pero la universidad me tiene liadísima. :( Intentaré subir otro capítulo el mes que viene. No prometo nada, pero haré todo lo que pueda, ¿vale? No os preocupéis, que no me olvido de la historia. Por otra parte, tengo que decir que ha habido algunas parte de este capítulo que me ha costado mucho traducir y que espero que se entienda todo bien. De todas formas, cuando pueda lo revisaré por si me he quedado algo. Cualquier cosa me decís, ¿de acuerdo? Muchas gracias a mESTEFANIAB, satorichiva, Javiera y LittleLulaby por sus comentarios. Ahora os dejo con el capítulo.

ATENCIÓN: Este capítulo contiene una escena que ha sido censurada por deseos de la autora. Si queréis leer el capítulo completo, está en mi cuenta de AO3, el cual encontraréis en mi perfil. O también, podréis llegar allí si os metéis en la página de AO3, le dais a "search", "people" y ponéis "Kristy". Ahí os dará un enlace a mi perfil y pincháis en la historia. A continuación le dais a "chapter index", encontraréis un enlace directo al capítulo que queráis leer. Y eso es todo. Si tenéis algún problema, no dudéis en decírmelo. :)


50. The big bad wolf


Walburga Black no perdió tiempo en sutilezas con las cosas en las que su hijo mayor estaba preocupado. Tan pronto como Sirius entró por la puerta principal de Grimmauld Place, fue llamado al estudio de Walburga donde le puso en sus manos una agenda para el resto del verano.

Sirius analizó los compromisos y estuvo gratamente sorprendido al ver que había tenido en cuenta las lunas llenas. Se dio cuenta de que inmediatamente al día después de la primera luna llena del verano incluía un almuerzo tardío con los Lestrange, pero decidió no decir nada al respecto. Regresaría de la casa de Remus cómo y cuándo él quisiera, y asumiría después las consecuencias.

Miró de nuevo la parte superior de la página y vio que debía de cenar en la residencia de los Crouch esa noche.

—Te esperamos a las seis en punto —le dijo Walburga—. La cena se sirve a las siete. No necesito decirte que darás tu mejor comportamiento, ¿verdad?

Sirius negó con la cabeza. Sabía que un movimiento en falso significaría una contradicción a la promesa de que le permitiera pasar las lunas llenas con Remus. No es que no hubiera ido, pero sería todo más fácil si no tuviera que escabullirse.

—Ah, ¿y Sirius? —Walburga lo llamó justo después de llegar a la puerta. Sirius se volvió hacia ella y ésta esperó hasta estar segura de que tenía toda su atención—. No dirás nada sobre tu amante hombre lobo o tus preferencias sexuales —le advirtió Walburga—. Una vez que estés casado y que no haya riesgo de anulación, es posible que desees confiárselo a tu esposa, pero hasta entonces mantén la boca cerrada.

Sirius sonrió.

—Es posible que encuentres que algunas de esas chicas que me sigues enviando ya lo sepan —contestó—. Me marginaron en la escuela, todo Hogwarts sabe que soy gay. —Walburga frunció el ceño, y Sirius supuso que estaba tratando de averiguar si estaba mintiendo o no—. Es cierto —agregó Sirius—. Pero no te preocupes, si los otros huéspedes no saben de mí, no voy a ir publicitándolo.

Sabía que su tono era algo amargo, pero no fue capaz de detenerlo. Volvió a irse una vez más, pero fue llamado de nuevo por segunda vez.

—¿Sirius?

Se volvió hacia ella, tratando de no suspirar muy fuerte con impaciencia. Todavía tenía que deshacer la maleta y también quería ver a Regulus.

—¿Pasó algo? —preguntó Walburga en voz baja—. Cuando los otros estudiantes se enteraron, ¿ocurrió algo?

Sirius dio un resoplido de desprecio.

—¿Qué es esto, madre? ¿Preocupación? ¿No te parece que es un poco tarde para jugar a la madre preocupada?

Walburga se sonrojó ligeramente y se puso de pie.

—¿Paso algo? —repitió con frialdad.

—Nada de lo que necesites molestarte —le aseguró Sirius—. Sólo unos chicos mayores se mostraron disgustados por lo que soy.

—Los pusiste en tu sitio, ¿verdad?

—Estaba solo y me superaban en número —dijo Sirius—. No tuve exactamente mucha oportunidad de ponerles en su sitio.

—¿Estás bien?

Sirius estaba a punto de hacer otro comentario sarcástico sobre su anterior falta de preocupación, pero había algo en su voz que detuvo su lengua. En su lugar, asintió lentamente.

—Ahora lo estoy, gracias por su preocupación —respondió cortésmente. No era del todo cierto, pero la idea de confiar en su madre era totalmente ajena a él.

Walburga asintió y se volvió para mirar por la ventana.

—¿De verdad crees que me sería indiferente? —preguntó—. ¿No crees que podría querer saber si mi hijo y heredero ha sido atacado?

Sirius se mordió el labio inferior y deseó poder dar la vuelta y salir de la habitación.

—Yo…

—¿Qué hechizos usaron? —preguntó Walburga—. Nada con efectos duraderos, espero.

—No usaron hechizos —respondió Sirius—. Sólo puños y botas.

Walburga se volvió desde la ventana, con los ojos entrecerrados.

—Métodos muggles —se burló.

Sirius se encogió de hombros. Todavía tenía los hechos encima y realmente no quería hablar de lo que había pasado con nadie y, menos aún, con su madre.

Walburga, insensible como era la mayor parte del tiempo, pareció sentir algo de incomodidad por parte de Sirius y asintió con firmeza.

—Estás excusado. Por favor, estate en el salón dispuesto para salir a las cinco y cuarenta y cinco minutos.


—Debes tratar de encontrar trabajo en las vacaciones —sugirió Romulus a Remus mientras el joven hombre lobo suspiraba ante la última factura que había llegado.

—Preguntaré en el pueblo —estuvo de acuerdo Remus—. ¿Tal vez Aberforth me dé tu antiguo puesto de trabajo?

Romulus negó con la cabeza.

—Lo dudo. Ahora tiene a alguien más. No es como si pudiera esperar a que regresara. Sin embargo, no estaría de más preguntar por el pueblo. Incluso podrías mirar más lejos ahora que tienes tu licencia de aparición.

Remus esperaba no tener que llegar a eso. Todo el mundo en Hogsmeade sabía quién era, y lo más importante, qué era. No le gustaba la idea de tener que llegar a mentiras con los empleados cada vez que la luna llena se asomara.

Al final, Remus se encontró haciendo recados para varias tiendas del pueblo. Encontró que le ayudaba a pasar el tiempo hasta la luna llena mucho más rápido, y aunque la paga no era exactamente grande, le ayudaba a permitirse algunos lujos adicionales. Ordenó una nueva suscripción trimestral de quidditch y pagó las reparaciones adecuadas para la vieja escoba de Romulus, una Flecha de Plata, para que pudiera utilizar algo más que la escoba de la escuela durante los partidos de quidditch.

Apenas se dio cuenta de que la próxima luna llena estaba a sólo dos días de distancia hasta que Romulus se lo recordó.

—¿Tan pronto? —preguntó, mirando hacia el cielo nocturno con sorpresa.

—Realmente deberías empezar a llevar un mejor control sobre el ciclo lunar —reprendió Romulus.

—Lo hago —argumentó Remus—. E incluso si no lo hiciera, sabría que mañana es luna llena de todos modos. Cuando mis articulaciones comenzaran a doler.

Romulus asintió, sabiendo que era verdad.

—Deberías prestar aún más atención, necesitas saber de las lunas llenas con suficiente antelación cuando encuentres un buen trabajo. Puedes llamar diciendo que estás enfermo, como la mayoría de los empleados, pero necesitas planificar tus excusas si puedes por adelantado.

—Me preocuparé cuando suceda —respondió Remus, desenterrando su taza vacía al fregadero de la cocina, que no había sido vaciado desde que Sirius se había ido.


Sirius llegó a Hogsmeade con una pequeña bolsa de pertenencias y las órdenes de su madre sonando fuertemente en sus oídos. Sabía que estaría furiosa cuando no regresara a tiempo para los compromisos sociales que había planeado para el día siguiente, pero había prometido ir con Remus cuando visitara a Greyback, y tenía la intención de cumplir su palabra.

—¡Sirius! —exclamó Remus, precipitándose por las escaleras y arrojándose hacia Sirius con tanto entusiasmo que casi lo envió de nuevo a la puerta principal.

—¿Supongo que esto significa que me extrañaste? —dijo Sirius con una sonrisa mientras regresaba a Remus el abrazo.

Remus asintió mientras tiraba a Sirius hacia el interior de la habitación y cerraba la puerta tras de sí.

—¡No tienes ni idea! —declaró mientras empujaba a Sirius contra la puerta y tiraba de su túnica abierta.

Sirius rio entre dientes.

—Oh, creo que me estoy haciendo la idea —jadeó mientras las manos de Remus encontraban lo que estaba buscando.

—Tenemos casi una hora antes de la puesta de sol —le dijo Remus, tragando la respuesta de Sirius con un apasionado beso.

Tropezaron en la sala de estar, con Remus quejándose de que Sirius llevaba demasiada ropa para su gusto.

—Voy a recordarlo para la próxima vez —prometió Sirius, dándose cuenta mientras empujaba las túnicas de Remus a un lado que el hombre lobo claramente no tenía la intención de perder el tiempo con cosas tales como desvestirse—. ¿Has estado desnudo bajo tu túnica todo el día? —preguntó.

Remus le sonrió y se encogió de hombros.

—Rom me sigue diciendo que tengo que aprender a prepararme para la luna llena —explicó.

—No creo que esto sea lo que tiene en mente —señaló Sirius con una sonrisa de los suyas.

—¿Te quejas?

Sirius negó con la cabeza.

—Definitivamente no.

—Entonces cállate y bésame otra vez —le dijo Remus, enrollando sus brazos alrededor de su cuello y empujándolo el sofá. Se subió encima de él y se puso inmediatamente a recuperar el tiempo perdido.


A la mañana siguiente, después de Remus estuviera lo suficientemente alimentado y curado, se volvió hacia Sirius con una sonrisa vacilante.

—¿Qué? —preguntó Sirius mientras seguía comiendo su desayuno, ahora más bien frío.

La sonrisa de Remus se ensanchó y negó con la cabeza.

—Nada.

Sirius se encogió de hombros.

—Tú mismo.

—¿No vas a molestarme para que te lo cuente? —bromeó Remus.

Era el turno de Sirius de negar con la cabeza mientras seguía comiendo.

—Termina tu desayuno y luego ven aquí —dijo Remus con una sonrisa mientras caminaba a través de la habitación.

Sirius puso los ojos en blanco. Se preguntó cuánto tiempo podrían estar juntos antes de que tuvieran que aparecerse en Cheshire. Rápidamente se metió el último trozo de su tostada en la boca y corrió tras Remus.

Cuando entró en la habitación se encontró a Remus sentado en su cama, desnudo y muy excitado. No estaba sorprendió, y la vista delante de él fue suficiente para alterar su propia sangre. Entonces vio que Remus estaba tratando de llegar a él, sosteniendo algo en la mano.

—¿Que es eso? —preguntó.

—¿No lo reconoces? —preguntó Remus, lanzándole el frasco. Sirius, aunque no estaba en el equipo de quidditch, tenía reflejos muy rápidos, y fueron más que suficiente para coger el lubricante.

Sirius caminó hacia la cama y miró a Remus, haciendo con los ojos una pregunta no formulada.

—Estoy seguro —respondió Remus—. Se supone que es más fácil con ese tipo de cosas, ¿no?

Sirius asintió.

—Si te acuerdas de llevarlo contigo —dijo con una triste sonrisa.

—¿No quieres? —preguntó Remus vacilante—. Pensé que te gustó lo que hicimos.

—Lo hizo, pero...

—¿Pero qué?

—¿Qué pasa con Charlene? —preguntó Sirius—. Cuanto más tiempo pasa, más culpable me siento acerca de lo que estamos haciendo a sus espaldas. Todavía recuerdo cómo me sentí cuando me enteré que la habías besado. No es una sensación agradable. Y esto... esto es mucho peor que hacer que nos corramos.

Remus permaneció en silencio, pero puso una mano sobre el brazo de Sirius.

—No es que no quiera —continuó Sirius—. Sabes que quiero hacerlo, pero cuanto más tiempo esto continúa, más doloroso será cuando se entere.

—Ella no tiene por qué saberlo —señaló Remus.

—Sabes que lo hará con el tiempo —respondió Sirius—. Va a saberlo y le harás daño. ¿No te importa eso en absoluto?

Remus suspiró y asintió con la cabeza.

—Por supuesto que sí. Pero espero que algún día entienda sobre el lobo y sus necesidades, del mismo modo que tú lo haces.

Sirius resopló. No creía las tonterías de que el lobo era gay, y no tenía ninguna duda de que Charlene trataría la explicación con una cantidad similar de escepticismo y desprecio.

—Si no quieres hacer esto más, solo dilo —susurró Remus.

Sirius miró hacia donde Remus todavía estaba descansando su brazo y puso su mano sobre la parte superior de la misma. Esto es mejor que nada, se dijo de nuevo. La culpa era el precio que tendría que pagar para estar con Remus, y cuando éste le tocaba, abrazándolo y besándolo, era un precio que estaba feliz de dar.

—¿Quieres ir arriba esta vez? —le preguntó, un poco nervioso.

Remus negó con la cabeza.

—No, te necesito dentro de mí.

—¿Estás seguro? —respondió Sirius—. Sabes que dolió la última vez.

—Esta vez será mejor —le aseguró Remus, tomando el frasco de lubricante de las manos de Sirius y retirando la tapa.

Mientras Sirius se desnudaba lentamente, esperaba que Remus estuviera en lo cierto.


Todavía había dolido un poco, aunque parecía ser tolerable. Pero Remus le había asegurado que esto era lo que quería, y que lo querría de nuevo. Él lo quería de nuevo.

—Me gustaría que pudiéramos permanecer así para siempre —murmuró Remus adormilado mientras se acurrucaba en la cama.

—Yo también —estuvo Sirius de acuerdo—. ¿A qué hora tenemos que estar en el campamento?

—Las horas de visita son entre la una y las tres —respondió Remus entre bostezos.

Sirius asintió pensativo, empujando los pensamientos de los planes que su madre había hecho hasta el último rincón de su mente.


Llegaron al campamento por el portuario de la clave pública a la una en punto de la tarde. La próxima vez podrían aparecerse allí, pero esta vez no tenían idea de cómo visualizar el lugar, ya que nunca antes lo habían visto.

—No se ve muy intimidante, ¿verdad? —comentó Sirius.

—Probablemente en caso de que los muggles estén pasando por el camino —respondió Remus, señalando el tráfico que pasaba por la carretera principal en la distancia.

Sirius observó a los vehículos pasando zumbando, interiormente maravillado por la velocidad en la que iban. Probablemente Remus tuviera razón.

Siguieron a los demás que habían viajado con ellos de Dove Town hacia la entrada. Había una bruja con aspecto sombrío, que parecía tener unos treinta años, y dos magos ancianos que les dijeron que iban a hacer su visita mensual para ver a su hermano.

—¿Por qué no vive con usted? —preguntó Remus con curiosidad.

—No hay instalaciones para un hombre lobo —respondió el más alto de los dos—. Por lo menos no lo suficientemente bueno para los inspectores del Ministerio. Uno de los vecinos les informaron, y para la siguiente luna llena le enviaron aquí.

—¿Y tú a quién visitas? —preguntó el otro mago—. ¿A un hombre lobo o a una banshee?

—¿Cómo sabe que es uno de esos? —preguntó Sirius.

—Las criaturas diferentes tienen distintos horarios de visita. Esos dos son los únicos que puedes visitar en una tarde de lunes a viernes.

—Oh —respondió Sirius.

—Hombre lobo —explicó Remus.

—¿Pariente?

—Tutor.

El mago lo miró con curiosidad, pero habían llegado a la puerta principal y no hubo tiempo para más preguntas.

Remus y Sirius se encontraron en una sala de espera, donde una joven bruja con un portapapeles comprobaba los nombres de los visitantes en su lista.

—Winters —dijo la bruja de mirada malhumorada que había llegado con ellos.

La bruja con el portapapeles asintió.

—¿Relación?

La bruja la miró.

—¿Tenemos que pasar por esto cada vez que vengo? —espetó ella—. Prefiero acabar de una vez.

La bruja con el portapapeles escribió en su pergamino.

—Sí, tenemos que hacerlo. ¿Relación?

—Tía —respondió la bruja.

La bruja asintió y se volvió hacia Remus.

—¿Nuevo aquí? —preguntó ella.

Remus asintió.

—¿Nombre? —preguntó la bruja.

—Remus Lupin.

—¿A quién vas a visitar?

—Fenrir Greyback.

Uno de los magos ancianos contuvo el aliento e intercambió una mirada con su hermano. Era obvio que había oído hablar de él.

—¿Relación con el residente? —continuó la bruja.

—Es mi tutor —explicó Remus.

—Los visitantes deben tener diecisiete años —le dijo la bruja.

—Los tengo —confirmó Remus.

—Ex-tutor —modificó la bruja, poniendo otra nota.

Ella se volvió hacia Sirius.

—¿Nombre?

—Sirius Black.

La bruja miró el pergamino durante un momento.

—Me temo que no estás en mi lista —dijo finalmente.

—Estoy con él —dijo Sirius, asintiendo hacia Remus—. Apoyo moral y todo eso.

La bruja sonrió.

—Bueno, me temo que sin el permiso del residente tendrás que demostrar tu apoyo moral aquí, en el área de espera. Sólo los funcionarios del Ministerio de Magia y aquellos que el residente ha invitado están autorizados a entrar.

—¿Vas a estar bien por tu cuenta? — preguntó Sirius en voz baja.

Remus parecía nervioso, pero asintió.

—Puedes irte a casa si quieres. Sé que tus padres estarán esperando tu regreso.

Sirius negó con la cabeza.

—Voy a esperar aquí afuera.

—¿Estás seguro?

—Sí, estoy seguro. Tengo curiosidad por saber para qué quiere verte.

La bruja, satisfecha de que no iba a tener ningún problema con él, pasó a la última de los visitantes y finalmente guió a todo el mundo, excepto a Sirius, a través de la puerta al lado opuesto de la habitación.

—Buena suerte —dijo Sirius, y un breve escalofrío de placer lo atravesó cuando Remus se acercó, por su propia voluntad, y le apretó brevemente la mano en señal de agradecimiento.

El acto, tan simple, tan breve y tan inocente, le complació como ninguna otra cosa pudo hacerlo. Era algo que Remus solía hacer todo el tiempo, por lo menos antes de que Sirius le hubiera besado. No era que Remus no le hubiera tocado nada desde esa noche, sólo que había sido forzado o incómodo, o en los momentos de ardura pasión. Ahora, por primera vez que pudiera recordar, Remus le había tocado como lo había hecho antes.

Remus, quien no había notado lo mucho que su acto inconsciente había complacido a Sirius, siguió a la bruja de la habitación por un largo pasillo con el resto de los visitantes.

Puesto que él era el único que nunca había estado antes en el campamento, la bruja que les guiaba caminaba junto a él, explicando los procedimientos y medidas de seguridad a su paso.

—La sala en la que verás a tu tutor es privada —le dijo—. Sin embargo, si estás en problemas entonces las guardias acudirán con solo una llamada. Grita en voz alta y te escucharan. Supongo que sabes que las mordeduras de los hombres lobo raramente son peligrosas cuando no es luna llena.

—¿Raramente? —preguntó Remus, recordando las numerosas veces en las que había mordido los labios de Sirius y su cuello sin siquiera pensar en las consecuencias.

—No vas a estar en peligro —le aseguró la bruja.

—Ya soy un hombre lobo —le dijo Remus, manteniendo su voz baja para que sólo ella pudiera oírle—. Pero, ¿qué significa raramente?

—Sólo hay dos casos denunciados de hombres lobo transformados después de una mordedura de un lobo en forma humana —explicó la bruja.

La confesión de Remus sobre su propia licantropía no parecía haberla escandalizado en absoluto.

Trató de tragar el nudo que había aparecido de repente en la garganta.

—¿Estás bien? —preguntó la bruja.

Remus se detuvo y se sentó en una de las sillas que se encontraban a lo largo de la pared del pasillo.

La bruja ahora le estaba mirando preocupada, pero todavía tenía trabajo que hacer. Dejando a Remus en su asiento, se dirigió al resto de los visitantes que estaban un poco más hacia adelante y les condujo a las habitaciones separadas donde los residentes estaban esperándoles.

—¿Quieres volver? —le preguntó la bruja mientras se sentaba a su lado.

Remus negó con la cabeza.

—Greyback está esperando en la sala del final —le dijo ella, señalando el pasillo—. ¿Todavía quieres verlo?

—No puedo volverme ahora atrás —dijo Remus—. No sabía que morder a alguien mientras se es humano puede convertirlos.

—Como ya he dicho, es raro. Pero seguro que no has estado dándole vueltas a morder a la gente, ¿verdad?

Remus sintió su rostro ruborizarse de color rojo brillante.

—¿Lo has hecho? —preguntó la bruja, alejándose ligeramente—. ¿Te das cuenta de que si hay un riesgo de que hayas infectado a alguien, tiene que ser reportado al Ministerio?

—¡Oh, mierda! —Remus espiró, enterrando la cara entre las manos y deseando estar en otro lugar menos ahí.

—¿Has mordido a alguien? —preguntó la bruja, y por el rabillo del ojo pudo verla alcanzar su varita.

—No sabía que había un riesgo —susurró—. Te juro que no. Nosotros sólo... Yo sólo... ¡oh, mierda!

La bruja ahora le estaba mirando un poco menos preocupada, pero todavía tenía su mano sobre su varita.

—A veces nos dejamos llevar un poco —dijo Remus—. Ya sabes... cuando estamos...

—Oh, ¿quieres decir que muerdes durante el sexo? —le preguntó la bruja al entender lo que le decía.

—No sabía que había un riesgo —repitió Remus.

—Bueno, como dije, es muy raro que alguien pueda convertirse con una mordedura de hombre lobo en forma humana. Los únicos casos registrados fueron de víctimas que tenían el gen de la licantropía ya en su sangre.

—¿De verdad?

—Cada uno de ellos tenía un padre o abuelo que era un hombre lobo completo. A pesar de que no nacieron hombres lobo, la mordida fue suficiente para empujar el resto por el camino. ¿Sabes si ella tiene un ascendiente hombres lobo?

—No lo creo —respondió Remus, reacio a corregir su suposición de que la persona que estaba hablando era una mujer—. ¿Cuánto tiempo se necesita para que cambien?

—La próxima luna llena, como cualquier otra persona que es mordida.

Remus asintió. Sabía que había mordido a Sirius con bastante frecuencia antes de la última luna llena, y sospechaba que si los Black tenían un hombre lobo en la familia, se hubiera enterado antes. Pero aún así, tenía la intención de consultarlo con Sirius tan pronto como hubiera terminado la visita a Greyback.

—Las mordeduras que sufrieron también eran muy profundas —agregó la bruja—. Fueron mordidos por esos monstruos otros días además de la luna llena. Estaban tratando de convertirlos.

—¿Eso hace una diferencia? —preguntó Remus.

—Los informes dijeron que sus gargantas casi habían sido arrancadas. ¿Qué daño puede causar morder un poco a tu amante durante el sexo duro?

Remus asintió, aliviando un poco su mente.

—¿Estás listo para ver a Greyback ahora? —preguntó la bruja.

Remus se levantó y asintió con la cabeza. Continuaron la corta distancia por el pasillo hasta llegar a la puerta del fondo.

—Una cosa antes de ir —dijo la bruja. Remus asintió y ella echó un rápido vistazo por el pasillo para comprobar que no hubiera nadie alrededor—. Una de las víctimas —susurró—, una de las que fueron transformadas por una mordedura de un hombre lobo en forma humana... —Remus asintió de nuevo, curioso por saber qué más tenía que decir—. fue mordida por Greyback.

Remus congeló la mano en el pomo de la puerta, pero la actitud de la bruja había vuelto a ser estrictamente profesional.

—Vas a tener un poco menos de tres horas —explicó mientras Remus entraba en la habitación.

Cerró la puerta detrás de él, sin apartar los ojos del hombre lobo más mayor. No estaba seguro qué había estado esperando, pero no era a Fenrir Greyback.

El hombre lobo estaba vestido con un conjunto de ropa que, si no estaba de moda, por lo menos parecía limpia. Estaba bien afeitado y el pelo marrón oscuro, canoso en las sienes, estaba recogido cuidadosamente. A simple vista, no había nada que lo diferenciaba de cualquier otro mago. Luego sonrió, y vio un breve destello de colmillos entre los finos labios.

—Remus, me alegro de que hayas venido a verme —dijo Fenrir, haciendo señas al asiento de enfrente.

Remus se sentó, y estuvo bastante agradecido por la mesa que los separaba.

—Hola —dijo, no muy seguro de qué más tenía que decir.

Fenrir sonrió de nuevo, no tan ampliamente esta vez, y Remus tuvo la impresión de que estaba tratando de ocultar los colmillos.

—¿Cómo te fue en los exámenes de fin de año? —preguntó Fenrir, sonando gratamente interesado en ello en lugar de su ropa.

Remus se encogió de hombros.

—Estuvo bien, creo. Sólo un Extraordinario.

—¿En Astronomía? —supuso Fenrir.

Negó con la cabeza.

—Defensa Contra las Artes Oscuras. Tengo Supera las Expectativas en Astronomía.

—Tuviste una pregunta sobre hombre lobo en Defensa, ¿no?

Remus sonrió.

—Sí, tuve suerte en eso.

Charlaron durante unos minutos más sobre el trabajo escolar de Remus, con Fenrir dando toda la impresión de tener un ocasional interés y orgullo por los logros del joven.

—Te estarás preguntando por qué te pedí que me visitaras —dijo Fenrir, y Remus asintió—. Supongo que sabes todo sobre los hombres lobo que son supervisados —comentó.

Remus frunció el ceño y negó con la cabeza.

—No realmente.

—Oh. —Eso pareció estancar un poco a Fenrir, pero pronto se recuperó—. Bueno, esto es así; los hombres lobo están prácticamente abandonados a su suerte hasta que pasan por el Ministerio, pero una vez que lo han hecho, insisten en ciertas medidas para asegurar que la comunidad está a salvo de nosotros los monstruos.

Se rio entre dientes ligeramente y sacudió la cabeza.

—Las medidas son encerrarnos aquí o conseguir que algún mago responsable nos supervise durante las lunas llenas.

Remus asintió entendiendo eso.

—¿Sabías que los hombres lobo pueden supervisarse el uno al otro? —continuó, y Remus negó con la cabeza.

Fenrir asintió.

—Pero sólo los hombres lobo que no están en la lista de vigilancia del Ministerio pueden supervisar a otro hombre lobo. Los hombres lobo con un expediente limpio, es decir, sin víctimas. También ayuda si están relacionados con el hombre lobo que están supervisando. Las madres que han pasado la licantropía a sus hijos a menudo son llamadas para supervisar a los niños si ponen un poco de su mano y no tienen más tarde problemas con el Ministerio.

—No estoy seguro de qué tiene esto que ver conmigo —respondió Remus, aunque tenía la sospecha de que sabía lo que venía. Sólo esperaba estar equivocado.

Fenrir sonrió, mostrando una vez más un poco de sus colmillos.

—De acuerdo con la ley, eres mi hijo —dijo—. Un hijo con un expediente limpio en el Ministerio.

—Fui un fugitivo del Ministerio —señaló Remus—. Eso no es exactamente un expediente limpio.

—Pero no tienes víctimas —le recordó Fenrir—. Y de acuerdo con el Ministerio, estamos relacionados. —Se recostó en su asiento y sonrió—. Ahora eres un adulto, aunque me imagino que el Ministerio no permitirá que me supervises mientras todavía estás en la escuela. Pero tal vez el año que viene...

Remus se mordió el labio al darse cuenta de lo que le pedía. No estaba muy seguro de qué decir. Había visto el expediente de Fenrir y sabía el tiempo que el Ministerio había estado tras él antes de que finalmente lo capturaran. Dudaba mucho de que el Ministerio estuviera dispuesto a dejarle salir en público de nuevo y, desde luego, no bajo la supervisión de un adolescente.

—¿No hay nadie más que pueda supervisarte? —preguntó—. ¿Ahora mismo, en lugar del año que viene?

Fenrir negó con la cabeza.

—No es miedo. No tengo muchos familiares y la mayoría no quieren tener nada que ver conmigo.

—Lo lamento.

Fenrir resopló.

—Los sentimientos son totalmente mutuos, te lo aseguro. Así que, ¿qué te parece?

—¿Quieres que te supervise? —preguntó Remus, con la esperanza de que a pesar de todo pudiera haber entendido mal.

—¿No es eso de lo que hemos estado hablando?

Remus se frotó la nariz y no se atrevió a mirar a Fenrir a los ojos.

—Es mucho para pensar —continuó Fenrir—. Especialmente porque no sabías nada sobre el asunto de la supervisión. Querrás tiempo para pensarlo. Y por este tiempo del año que viene, sé que habrás llegado a la decisión correcta.

Remus respiró hondo y finalmente miró a Fenrir a los ojos.

Este era el lobo que le había mordido, el que le había hecho lo que era y alterado su vida para siempre. Le había tomado años al Ministerio seguirle la pista y sacarlo del resto de la sociedad. Era el hombre lobo del que todo el mundo había oído hablar, el monstruo que atacó en la oscuridad de la noche, al que los padres amenazaron a sus jóvenes hijos si se portaban mal.

Remus se estremeció involuntariamente, pero no se inmutó por la mirada de acero a la que se enfrentaba.

Desde el día en que Greyback se había convertido en su tutor, Remus se había preguntado por qué lo había hecho. Cuando más lo había pensado, más reacio había sido al creer que Greyback había hecho aquello solo para ganar un poco de libertad dentro de su prisión. Ahora sabía que tenía razón.

Greyback no quería ser el tutor de Remus; quería que Remus fuera su tutor.

No, se dio cuenta Remus casi de inmediato. Greyback no quería un tutor; sólo quería salir del campamento. Remus no tenía ninguna duda de que el hombre que estaba sentado frente a él desaparecería como la niebla de la mañana, tan pronto como obtuviera su libertad, dejando a Remus enfrentarse a las consecuencias por no mantenerlo bajo control.

—No necesito tiempo para pensarlo —dijo finalmente Remus con voz fuerte y clara.

La sonrisa de Fenrir se ensanchó y los colmillos brillaron de nuevo.

—¡Sabía que harías lo correcto! —exclamó.

—No voy a ser tu supervisor —interrumpió Remus—. Incluso si pensara que el Ministerio te volverá a dejar salir.

—¿Qué? —balbuceó Fenrir—. ¿Has olvidado tan pronto todo lo que he hecho por ti?

Remus podía ver que estaba enfadado, y esperaba que los guardias estuvieran realmente cerca de la audición. No los había visto cuando había entrado en la habitación, pero sabía que eso no significaba necesariamente nada.

—No lo he olvidado —respondió.

—¡Estarías ahora muerto, si no fuera por mí! —gritó Fenrir—. ¡Me lo debes!

—No te debo nada —respondió Remus, aumentando su propia voz con ira reprimida.

—¡Soy tu tutor!

—Ahora soy mayor de edad —le recordó Remus—. Eso significa que ya no te necesito.

—¡Me lo debes! —repitió Fenrir—. Te di tu libertad, me debes lo mismo.

Remus se levantó y dio un puñetazo en la mesa.

—¡No te debo nada! —gritó—. ¡Fuiste quien me mordió! Me hiciste lo que soy y arruinaste mi vida, y ahora te atreves a decir que te lo debo. Solo te convertiste en mi tutor para poder pedirme esto, ¿verdad?

—No lo niego —respondió Fenrir con frialdad—. Te aconsejo que reconsideres firmemente tu decisión.

—Nunca voy a ser tu supervisor —dijo entre dientes—. Tienes razones para permanecer en este lugar, y espero que te pudras aquí. Ojalá que te hubieran ejecutado cuando te atraparon, en lugar de encerrarte.

Por un momento, Remus pensó que Fenrir iba a saltar sobre la mesa y atacarlo. Entonces, para su completa sorpresa, se recostó en su asiento y se echó a reír en voz alta.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó Remus, desconcertado por la respuesta.

Fenrir negó con la cabeza y detuvo su risa.

—Dices que te hice lo que eres, y en un trabajo hice demasiado. Incluso encerrado en esta prisión es evidente ver mi influencia en ti. Eres tan frío e insensible como yo. ¡Qué equipo habríamos hecho si te hubiera llevado la noche en que te mordí!

—No soy frío y sin sentimientos —replicó Remus—. No soy como tú en absoluto.

—Ah, pero lo eres —respondió Fenrir, inclinándose sobre la mesa, esta vez mostrando deliberadamente los colmillos puntiagudos—. ¿Quieres saber por qué no me mataron? Es porque tengo varias conexiones sangre pura todavía por ahí. Siempre es útil tener amigos en las altas esferas. No pude conseguir mi libertad, pero esas conexiones son lo que me mantuvieron con vida. Escuché que eres amigo del joven heredero de los Black...

—¡No soy amigo de Sirius por lo que pueda hacer por mí!

—Tal vez deberías hacerlo. Puede llegar un momento en que ser amigo de un sangre pura sea lo único que se interponga entre tú y el hacha del verdugo.

—Yo nunca haría uso de Sirius para eso.

Fenrir le dirigió una dura mirada.

—No sabes de lo que eres capaz hasta que llegue el momento. Eres como yo más de lo que crees. Cualquier otra persona estaría agradecida por lo que habría hecho por ellos, deseosos de devolver el favor y pagar la deuda, pero tú no. Me debes una deuda de vida, y no lo olvides.

—Tu vida no está en peligro —señaló Remus—. ¿Qué tal si me buscas de nuevo cuando lo esté?

Fenrir negó con la cabeza.

—Mírate, yo diría que tu vida va a ser la que esté en peligro antes que la mía.

—Creo que he terminado aquí —dijo Remus, levantándose y retrocediendo hacia la puerta.

Fenrir se encogió de hombros.

—Ya eres más como yo de lo que crees. Es sólo cuestión de tiempo antes de que te des cuenta.

Remus negó con la cabeza y abrió la puerta. No visitaría otra vez a Greyback, y esperaba sinceramente no volver a saber nunca nada de él.

—Eso fue rápido —comentó Sirius cuando Remus regresó a la sala de espera.

—Vámonos de aquí —dijo Remus, corriendo hacia la puerta.

—Así que, ¿para qué quería verte? —le preguntó Sirius después de que estuvieran de vuelta en casa de Remus.

Remus se limitó a sacudir la cabeza.

—¿Estás bien? —preguntó Sirius mientras tiraba de Remus hacia su lado en el sofá.

—¿Crees que soy frío y sin sentimientos? —preguntó Remus en voz baja.

—¿Qué? ¡No! Por supuesto que no. —Sirius puso su brazo alrededor de Remus y se alegró de que no tratara de alejarle—. ¿Dijo eso?

Remus asintió.

—No quiero ser como él —susurró.

Sirius lo abrazó.

—Nunca serás como él. Lo sé.

Remus se volvió hacia él, y lo siguiente que Sirius supo es que Remus lo estaba empujando hacia abajo sobre el sofá, a horcajadas sobre él y tirando su túnica, abriéndola.

—Yo no soy frío e insensible —insistió Remus, a pesar de que Sirius nunca había dicho que lo era—. ¡No lo soy!

—Sé que no eres —respondió Sirius mientras tiraba de Remus para darle un beso.

Remus se retiró casi de inmediato.

—Sirius, ¿tienes algún hombre lobo en tus antepasados? —preguntó.

Sirius frunció el ceño.

—No. ¿Por qué lo preguntas?

Remus sacudió la cabeza y dio un suspiro de alivio.

—Oh, ven aquí pedazo de tonto —le reprendió Sirius, tirando a Remus de nuevo hacia él una vez más.

Sirius no estaba seguro de lo que había sucedido en la reunión con Fenrir Greyback, pero frío y sin sentimientos eran las últimas cosas que creía que era Remus, y cuando metió sus manos dentro de la túnica de Remus, se propuso demostrárselo de la única manera que sabía.


Respuesta a comentarios anónimos:

-Javiera: ¡Hola! Me alegra de que aproveches el finalizar el semestre de la universidad para leer toda la historia, desgraciadamente, yo no puedo decir eso. La universidad me tiene muy liada y por culpa de eso estoy retrasando mis actualizaciones. :( Como ya he dicho, intentaré subir otro capítulo el mes que viene. Y no, no te preocupes, que yo seguiré traduciendo la historia y la terminaré. ;) Quizás me retrase algo algunas veces, pero la historia siempre está en mi cabeza. Y sí, entran ganas de golpear a Remus. xD Y bueno, aquí tienes otra capítulo. Siento mucho haberte hecho esperar. Un saludo y muchas gracias por comentar.

-LittleLulaby: ¡Hola! Bueno, cuando una está liada se pierde muchas cosas. xD Y sí, Sirius es un amor con Remus. Demasiado bueno. La relación entre los chicos es bastante complicada, pero ya veremos si más adelante se resuelven las cosas. ;) Un saludo y gracias por comentar.