Hola! Siento haber tardado tanto en actualizar este fic, pero los problemas se me han juntado con otras cosas y no he podido escribir. Intentaré volver a subir capítulos al ritmo de antes y si no puedo pues, por lo menos, uno por semana. De momento, disfrutad del capítulo 50.

P.D.: Quiero dedicarle el capítulo a mi chica por ayudarme tanto.


—¡Lena, estás cometiendo un gran error! —me grita la Morrigan—. Si me matas, provocarás una guerra.

Por mucho que me diga, nada me importa ya. Ella me ordenó hacer cosas que no quería, me mandó matar a Tori y debe pagar por ello. Mis manos se aferran a su cuello con fuerza y sin piedad. Por mí…por Tori. Aunque Evony tenga razón con lo de la guerra, puedo resolverlo luego. Los Faes de las Sombras elegirán un nuevo líder que sea capaz de mantener la paz muchos siglos más. No me importa nada más que su orden de matar a Victoria, nada más.

—Mamá, yo… —Alex se detiene con la boca abierta—. ¡Lena! ¿Qué haces?

Suelto a su madre, que cae al suelo en cuestión de segundos. No quería hacerlo, pero tampoco soy tan cruel como para matarla frente a su hija. Lo haré, acabaré con Evony, pero no ahora. E el momento en el que Alex corre a comprobar el estado de su madre, salgo de allí sin dar explicaciones. Tengo la maldita sensación de que volveremos a vernos y no en buenas circunstancias…

—¿Dónde estabas? ¿Y qué has hecho? —Lauren sigue en mi casa—. No la habrás liado, ¿verdad? Me preocupas.

—Tranquila —niego con la cabeza—. Pero Evony se ha librado gracias a su hija.

—Si la Morrigan sigue viva, querrá venganza —Tori viene desde la cocina—. Y no tardará en hacerse notar.

—Lo sé —estoy segura de ello—. Ya veremos qué intenta esta vez. Sin embargo, ya no le paso ni una más.

—Haces bien —me apoya Kenzi—. Los Sombras podrían cambiar de líder, digo yo.

—¿Y si resulta ser peor?

Todas miramos a mi hermana como si eso no tuviese sentido, pero la verdad es que podría pasar. Nadie puede controlar la elección de un líder, y, mucho menos, yo. Pase lo que pase, yo estaré pendiente de Lauren. No quiero que le pase como con el cambio de Ash. Mi hermana siempre será libre, trabaje para Luces o Sombras.

Poco a poco, en casa solo vamos quedando Kenzi, Tori y yo. Cuando llegué, Tamsin no estaba y he preferido no preguntar dónde se ha metido. La rubia es muy impulsiva y no me extrañaría que hubiese ido a jugársela a la Morrigan. Después de todo, casi mata a su hermana indirectamente. Lo raro es que Victoria parezca tan tranquila y me da la curiosidad.

—Porque sé que no me matarías ni aunque no tuvieses control sobre ti misma —responde cuando pregunto—. Y me lo has demostrado.

—Es normal que me por ti —me encojo de hombros.

—¿Sí? ¿Por qué?

—Porque te amo.

He respondido sin pensar y Tori se ha sorprendido un poco. No he dicho nada malo, pero tengo una extraña sensación. Quiero saber qué está pensando la Akvan en este mismo momento, pero ni su cara me da una señal de lo que pueda ser. Empiezo a preocuparme y Tori me echa una mirada rápida antes de encogerse de hombros. No entiendo ese gesto, pero me da igual. Lo importante es que no le he hecho nada malo y no se lo voy a hacer…espero. No, jamás podría hacerle nada de ese tipo, la quiero demasiado para eso. Aunque me pasa algo curioso, he olvidado por un instante que la Morrigan posiblemente esté preparando una venganza. Y todo porque estoy junto a ella.

—Oye, Lena, ¿qué va a pasar ahora? —Kenzi interrumpe mis pensamientos—. ¿No puedes hacer nada para que destituyan a la Morrigan o algo de eso?

—Podría decir que ha intentando controlarme y usarme a su voluntad, pero eso empeoraría mucho las cosas y podríamos acabar en guerra —me encojo de hombros—. De momento, voy a esperar a ver si ha escarmentado y si no… Digamos que le queda poco de liderazgo y de vida.

—¿Piensas matarla? —Tori parece preocupada con mi decisión.

—Muerto el perro, se acabó la rabia ¿no?

—No creo que sea lo más acertado. Piénsalo bien antes de hacer nada ¿vale?

—Tranquila, lo haré.

Parece que Victoria no se fía mucho de mis palabras, pero acaba confiando en mí. Sé que tengo que pensar las cosas antes de actuar, pero con Evony lo tengo bastante claro. Ya he aguantado mucho viniendo de su parte, así que para la próxima… De verdad espero que no haya una próxima vez. Es algo a lo que no paro de darle vueltas desde que volví. Obviamente, mi intento de asesinato no va a quedar impune por parte de la Morrigan. Ella debería dejarlo pasar, pero no es así para nada y querrá tomarse la venganza por su mano. Eso solo complicará las cosas más y más, hasta que explote todo y… No quiero matarla porque a veces sí que intenta ayudar, pero las cosas malas que hace abundan más que las buenas.

¿Sabéis de que estáis pensando en algo malo que va a hacer otra persona y al final pasa? Pues esta vez ha ocurrido en forma de Alex. Evony, después de todo, ni siquiera ha aparecido ella misma sino que ha mandado a su hija a hacer algo muy, muy malo. No me lo esperaba, pero lo ha hecho. Por suerte, la pequeña Musa es lo suficiente idiota como para ordenar a una Akvan que no huya y Tori ha aparecido frente a Kenzi y frente a mí casi sin aliento.

—La hija de la Morrigan ha intentado matarme —dice respirando con dificultad—. Casi no me ha dado tiempo a reaccionar.

—Tranquila, pero no te relajes mucho que seguro viene a buscarte en seguida —Kenzi se levanta y le da una daga que había bajo el sofá—. Toma, por si acaso.

—Gracias, pero ¿por qué tenías esto ahí debajo? —la Akvan sacude la cabeza—. Déjalo, no quiero saberlo.

—Mejor, porque…

Antes de que la humana pueda terminar su frase, una bola de fuego roza el pelo de Tori, que se queda paralizada. No sé cómo ha podido hacer eso Alex, pero, al verla, lo noto. Empezando por los ojos rojos, algo me dice que no está bien y me parece que sé cómo lo ha hecho. Su madre es la Morrigan y tiene los contactos apropiados como para aumentar los poderes de su hija hasta ese punto. La capacidad de derretir a alguien se ha convertido en bolas de fuego que salen de sus manos, cosa que no me gusta. Por eso mismo, cojo a Kenzi y Tori y salgo corriendo hacia el piso de arriba. Cualquier ventaja es poco. Alex está fuera de sí y se ha convertido en una autómata con órdenes de matarnos. Tengo que intentar sorprenderla.

—Escondeos y, sobre todo, no os separéis —les digo nada más llegar arriba—. Voy a intentar que entre en razón.

—Lena, ten cuidado —Tori me mira muy preocupada.

—Y vosotras.

No tardo en volver abajo convertida en humo, pero Alex ya no está. Parece que se ha esfumado y tengo un mal presentimiento, así que corro de nuevo escaleras arriba. No he llegado a pisar el último escalón cuando oigo un grito que se ahoga en el aire y acaba por perderse. Recorro la distancia que me separa de Tori, Kenzi y también de Alex. La Musa ha conseguido alcanzarlas… Solo puedo observar la escena, al igual que lo hace mi horrorizada amiga. Alex mantiene la mano incandescente dentro del pecho de Victoria, a pesar de que ella le haya cortado el cuello. La hija de la Morrigan sonríe maliciosamente mientras se desangra y acaba por caer al suelo arrastrando a la Akvan con ella. Me arrodillo la más rápido que puedo junto a Tori y saco la mano aún en llamas de la Musa de su interior. Veo el enorme agujero que se ha formado en su pecho e intento taparlo con la intención de curarlo, pero es muy tarde.

Las primeras lágrimas que derramo, tras contemplar unos segundos el cuerpo inerte de Alex, caen sobre el negro agujero y son de rabia, pero, a medida que asimilo lo que acaba de pasar y que estoy sosteniendo a una apagada Tori entre mis brazos… rompo a llorar al ser consciente de que mi querida Akvan ahora es un cuerpo sin vida. Le grito que no se muera y la abrazo con todas mis fuerzas, pero ya es tarde… Su rostro demuestra el dolor de su último momento, al contrario que la malicia que muestra Alex. Ambas han…muerto, pero solo Victoria me importa de verdad.

—Kenzi, llama a mi hermana, a Bo y encuentra a Tamsin por lo que más quieras —le digo con toda la rabia que se forma en mi interior—. Esto no se va a quedar así.

Dejo con cuidado el cuerpo de Tori en el suelo y engancho a Alex por la parte de atrás del cuello de la camiseta. Tengo suficiente fuerza como para llevarla en brazos, pero prefiero entregársela a su madre arrastrándola por el suelo. Cuando te dan donde más duele, se acaba la paciencia y la piedad. Y ahora, estoy tan furiosa que me importa una mierda el estado del cadáver de Alex…y menos me va a importar el de su madre.


¿Qué os ha parecido? ¿Se os está haciendo muy largo o pesado? Gracias por leer y dejad alguna review (si queréis), que siempre ayudan a motivarme. Hasta la próxima.