No era amor

Recorrí con mis manos a espada de David torpemente, casi con desesperación. El se había desecho de mi bata y yo no tuve problemas en hacer lo propio con su camisa. En ningún momentó separó sus labios de los míos y tampoco se lo hubiera permitido. Le estaba devorando como nunca antes había hecho.

Sentía sus manos por mis hombros, por mis brazos, apretándome los codos, y llevándome los brasos hacia atrás. No opuse resistencia, y simplemente me dediqué a besarle, a rogar porque aquello nunca acabara y en trasmitirle en aquel ósculo, ese anhelo también.

El cuerpo de Dave hervía sobre el mío.

Entonces, sus labios se separaron y abandonaron los míos. Dave me dio unos besos en la mejilla derecha..., luego en el maxilar y después en el cuello, recorriéndolo por completo.

Retiró sus manos de mis brazos, mas yo no hice nada con ellos..., no tenía la claridad suficiente como para pensar en qué hacer con mis brazos, asi que quedaron tendidos en la misma posición que él los hubiera dejado.

Alguna extraña sensación estallaba en estómago cada vez que David me besaba. Era descontrolado pero..., gratificante.

Las manos de Dave buscaron rápidamente mis caderas, y las mantuvieron fijas en su lugar. Algo tembló en mis entrañas. Aunque mi respiración no era agitada, como la suya, sí se me había echo necesario repirar más de lo normal- para mí- y muy profundamente.

De hecho, dejé escapar un suspiro cuando una mano segura sólo ahora y deseosa avanzó desde mi talón izquierdo, subiendo por mi pierna.

En ese momento de turbación máxima, un sonido fuerte y cortante me sacó de mi contexto.

Dos, y luego tres golpes acertados sobre la puerta.

-El señor quiere ver al joven- la voz masculina del subordinado llegó desde el otro lado.

Parecía que Dave aún no reaccionaba de lo que sucedía, y continuaba intentado abarcar todo mi cuerpo como si su vida dependiera de ello.

A la segunda llamada del hombre, Dave reaccionó. Gruñó al oír nuevamente la voz indemne del empleado, derramando su cálido aliento sobre mi pecho. Apretó los puños contra las ropas de la cama y las apretó con fuerza. Luego, en solo rápido y fluido movimiento, el cuerpo de Dave dejó de estar sobre el mío, se puso de pie, y ya caminaba hacia la puerta.

David tiró de la manilla aún exaltado, y luego le vi desaparecer hacia el pasillo. Al segundo, la puerta se azotó con un ruido atronador, que poco dejaba oír como los pasos de Dave se alejaban por el pasillo, entremezclados con los pasos mucho más monótonos del empleado que al parecer le seguía.

Me quedé tendida en la cama, tratando de que la tensión y la exaltación que se habían apoderado de mi cuerpo, rehuyeran rápidamente.

El episodio, tan fugaz como intenso, sumado a las recientes novedades que me habían sido informadas por Dave, habían causados grandes estragos en mi interior. Como si de un diluvio se tratara y ahora que el aguacero había cesado, las aguas comenzaba a hacer su retirada, dejando a la vista el desastre, las grietas, los derrumbes, las heridas.

Por Dios , Richard....

Richard era el peor de los desastres. Débil, solo, dependiente de una máquina para respirar, apartado a kilómetros de mí- considerando que ni siquiera sabía dónde me hallaba yo - ..., Richard... muriendo. Por mi culpa..., por culpa del hombre que decía amarme, y de su hermano con impulsos maníacos.

De pronto, toda el aura maravillosa que me había rodeado al reencontrarme con Dave se había tornado lentamente en un halo oscuro, espeso, brumoso.

Esto estaba mal.

Había sucedido y estaban sucediendo cosas oscuras a mi alrededor, y yo ni siquiera lo había notado.

Había estado cegada por ..., lo que fuera que me hacía confiar en David Craven.

Y estaba bien..., sabía que las cosas andaban mal, pero no las acababa de entender.

Dave había dicho que era distinto a mí. Que era lo más distinto a mí que podría encontrar en el mundo, y que me repudiaba de forma natural por eso. Pero a pesar de esa condición, me profesaba un amor incondicional y apasionado..., y yo...., yo no sabía ciertamente si creerle o no, o si dudar de mi sentimiento hacia él.

Odiaba no tener un dominio de la situación; o al menos conocimiento de lo que sucedía.

Me refiero a que..., ¡Incluso no sabía donde me hallaba!...

Estaba en un cuarto de una casa rodeada de un inmenso jardín, tras de cuyos muros se extendí un eterno valle de campos verdes, que se perdían en el horizonte...., todo en medio de la nada.

Y Richard, Richard...¡y mi propia vida!... mi propio cuello sucumbiendo ante las manos inmensas de mi amor, mis huesos cediendo ante la presión.

Era tanto el miedo que se había ido formando en esos minutos desde que David se había ausentado, que se me erizó la piel..., siendo que ya había olvidado coo era esa sensación.

Dos golpes a la puerta, bastaron para que me sobresaltara.

Me obligué a mi misma a serenarme y abandoné la cama, acomodándome el cabello. Caminé a paso lento y temeroso hacia la puerta y la abría apenas unos centímetros.

Una cara arrugada y opaca me esperaba del otro lado. Un veterana de inmensos ojos azules me miró con vista atenta.

Se quedó allí, esperando que yo abriera más la puerta, y yo esperando a que ella dijera alguna cosa.

-El señor desea que baje a almorzar al comedor- anuncio la anciana, sin ninguna expresión en su rostro. Cuando pude despegar la vista de sus ojos, me fijé en que cargaba con un bulto bien doblado y planchado sobre las manos. Estaba tendiendo las ropas hacia mí.

Me permití abrir la puerta para recibir las prendas, suaves y perfumadas. Le agradecí a la señora y cerré la puerta con lentitud. Ella no parecía tener intención de irse, al menos hasta que cerré la puerta por completo, cuando oí sus pasos alejarse.

Un sencillo vestido blanco, que me quedaba grande hacia arriba y corto hacia abajo, pues se notaba que pretendía llegar hasta los talones. Con unos cuentos nudos en la parte superior logré acomodarlo de manera decente sobre el busto. Como seguramente, el señor, no había previsto..., no tenía zapatos.

Las puertas del armario que había a la izquierda estaban cerradas con llave, por lo queme fue imposible abrirlas para buscar algún zapato, zapatilla o lo que fuera.

Resignada, y pensando que no sería buena idea demorar más aún, slí del cuarto y bajé por las escaleras con los pies descalzos, agradeciendo por la pulcritud de la alfombra.

Cuando restaban tan sólo tres peldaños para llegar a la planta baja, me percaté de la presencia de Dave en la estancia contigua, por su inconfundible voz, a pesar de que apenas murmuraba.

La sala de estar en la que había visto a Ibrahim por la mañana, estaba rodeada por dos paredes, el costado de la escalera y la entrada al pasillo, y un arco.

Sus sentidos le indicaban que Dave se encontraba en la habitación contigua al arco y pensó dos veces antes de ir a su encuentro.

De seguro platicaba con su tío; Ibrahim era quien lo había mandado llamar hace un rato.

Al principio, se sintió terrible por lo que estaba haciendo, pero las aguas estaba demasiado turbias como para nadar con los ojos cerrados. Tenía que abrirlos, aunque fuera difícil e incómodo.

Contuve la respiración, para que Dave no me oyera, y procuré poner toda mi energía en el sentido auditivo.

-Esto no es sobre ti, así que no te sientas con el derecho de venir aquí y comenzar a persuadir a Ibrahim- aquellos eran los susurros que correspondían al timbre de voz de David. La cadencia que escuchó a continuación, le puso los vellos de punta.

-Tengo todo el derecho- replicó Thomas, un tanto alterado- soy parte de esta familia.

-Esta familia dejó de existir hace mucho, Thomas..., y terminaste de destruirla cuando comenzaste a confabular con este tipo- recriminó David.

-Te guste o no, Ibrahim sabe lo que hace. Lo que el crea que es mejor hacer con esa noviecita tuya, por mí esta bien.

-No sabemos qué es lo que puede le suceder- insistía él, con algo de alarma en la voz.

-Bah..., poco importa.- Tom no tuvo problema en levantar el volumen de su voz- Supongo que a estás alturas ya te la habrás tirado.

Hubo un forcejeo muy breve del otro lado. Esperé atenta.

-No hables así- masculló Dave.

-¿Qué? ... oye viejo, escucha. No es mi problema que te las hayas dado de profe pervertido con una de tus alumnas. Está bien, te calentó, y ya..., ahora has lo que tengas que hacer con ella, y después deja de hacértelas de enamorado protector.

Uno de los dos empujó al otro suavemente, pero con molestia.

Una mano grande y cálida se posó sobre mi hombro desnudo. Apenas volteé, me encontré con el rostro del tío de David más arriba. Iba vestido como lo recordaba, y me observó escrutante, de la cabeza a los pies.

-Tendremos que solucionar ese problema más tarde- enunció, percatándose mis pies descalzos.- Vamos.

Con una mano posada en mi espalda, Ibrahim me guió hacia la sala en la que discutían Dave y su hermano.

Ambos esperaban de pie y algo distanciados; Dave con mirada alerta, y Tom de brazos cruzados.

Ibrahim los examinó a ambos con la mirada.

-Tomen asiento- sentenció con voz grave. Como cada vez que ese caballero abría la boca, se me apretó el estómago. Tal vez por lo mismo, demoré en reaccionar y acatar su orden.

Fui la última en tomar ubicación, a la derecha de Ibrahim, quien se encontraba en la cabecera de alargada mesa, y frente a David. Thomas se hallaba sentado junto a su hermano, enfrentado al puesto vacío que había a mi lado.

El almuerzo transcurrió en absoluto silencio la mayor parte. Ibrahim habló en un par de ocasiones, para quejarse del condimento, para pedir que le trajeran un salero, y para halagar mis modales.

Ni siquiera él se había preocupado de usar la servilleta, así también Dave y Tom.

Cuando no observaba mi plato, ponía la vista fija en Dave, intentando percibir alguna cosa. Algo en su expresión que me dijera si acaso podía seguir contando con él.

Confiando no. Eso era imposible. Richard era una espina en mi corazón.

Acabé dejando más de la mitad del almuerzo, y casi toda la carne. No recordaba cuando había sido la última vez que había ingerido alimento sólido, y aquella comida sólo me sirvió para recordar la creciente sed de la que era presa mi cuerpo. Bebí al menos dos vasos vino, pero no había caso; simplemente no era lo mismo.

Noté que Dave me observaba con detenimiento mientras bebía de mi copa. No supe percibir si su pensamiento era reprobatorio debido a mi ingesta de alcohol..., o otra cosa.

Lo cierto, es que así como yo buscaba señales en su rostro, el hacía lo propio conmigo. El almuerzo se había convertido en una situación, además de tensa, hostigante para ambos. Sin embargo, yo no iba a aflojar.

Es más, me tomé la molestia de hacerle el trabajo fácil, y de señalarle con cada uno de mis gestos y movimientos de que tenía conocimiento de que las cosas no estaban bien.

Otro que contribuyó a que el momento fuera más desagradable aún, fue Tom. Los primeros minutos sentí que no era capaz de sacarme la vista de encima. Fue el primero en terminar, pues devoró su plato, y luego se quedó en su lugar con ambas manos sobre la mesa. De vez en cuando le miraba de reojo, disimuladamente.

Al parecer, él no tenía reparo en pasar inadvertido, y cada vez que le observe tenía los ojos clavados en mí, enrojecidos, inyectados en sangre de aroma pestilente.

Ibrahim llamó a la mucama y le pidió le trajera un amaretto. Les ofreció a sus sobrinos, pero ambos lo rechazaron. Tom no pudo más, y luego de permanecer unos minutos sujetando el mantel con los puños, abandonó la mesa de golpe y soltando un gruñido.

Nadie comentó.

Cuando acabo de degustar su bajativo, Ibrahim intervino.

-Y bien, sobrino- comentó con voz grave, pretendiendo sonar paternal- ¿cuándo piensas hablar con tu novia?

-¿Hablar de qué? – pensé de inmediato. Mis labios no se movieron, pero estaba casi segura que Dave había leído en mis ojos.

-Te pedí tiempo- replicó él con voz seca. Parecía que su tío se le había adelantado, y no le gustaba la idea de que yo me enterara de alguna cosa.

-Hoy- pronunció Ibrahim colocándose de pie, y posando una mano autoritaria y pesada en el hombro de su sobrino. No se volteó para mirarme, ni se despidió, simplemente desapareció tras el arco en el muro y sentí sus paso recorrer la escalera de forma ascendente.

David y yo continuamos enfrentados. Ambos con los brazos sobre la mesa, la postura recta y la mirada posada en el otro, esperando alguna reacción.

-¿Cuándo te vas a dignar a darme una explicación, David?- traté de sonar lo más impersonal posible.

-Te expliqué suficiente- se defendió él, pero su voz no tenía ni un tercio de la solidez que la mía. Él no estaba bien.

-Richard agoniza en una cama de hospital- tercié, frunciendo los labios- nada de lo que me expliques será suficiente.

El rostro de Dave reflejó angustia, y supe que la saliva le supo amarga cuando tragó. Pareció titubear un momento y luego se puso de pie. Tendió una mano hacia mí y me pidió que fuera con él.

Volví a acuchillarlo con mis ojos antes de cederle mi mano, y dejar que me condujera por la casa.

Caminamos a paso rápido, y atravesamos la puerta principal.

Me preocupé un instante de ir con los pies descalzos , pro luego le quite importancia. Aquello no tenía trascendencia comparado con lo que podría ocurrir.

Me di cuenta de que delante de la casa había también un jardín, pero más pequeño, ya que podía ver la reja de hierro forjado que rodeaba el lugar. Vi la puerta y la chapa rústica, y sin embargo no había nada más allá de la cerca. Un polvoriento y ancho sendero sin pavimentar de extendía de forma paralela a la casa, y al otro lado, nada más que la vasta extensión vegetal.

A distancia se divisaba una seguidilla de pinos, que a la distancia eran de tamaño de un dedo.

Dave tiró de mi mano, y me obligó a seguirle por el jardín. Ya me había dado tiempo bastante de inspeccionar el exterior. Llegamos a la esquina de la casa, y al doblar, me encontré nuevamente con un arco que se levantaba en medio del verde, y que daba paso a la parte trasera, mucho más amplia que la anterior.

Pronto llegamos al lugar que era visible desde mi cuarto.

David me guió por la ruta empedrada que se describía de forma irregular a través del frondoso jardín, hasta llegar a una de las esquinas. Allí se levantaba un inmenso árbol de ramas bajas, que cubría con sus sombra varios metros. Bajo el alero del sombrío árbol, y apoyada contra la pared, se encontraba una banca de fierro y madera.

Dave me hizo un ggesto para que tomara asiento, y él hizo igual.

Por largo rato me contempló, pero estoy orgullosa de decir que fui impasible. Incluso cuando acercó una mano para quitarme un mechó de cabello de mi rostro y ponerlo tras mi oreja, aparte mi cara de inmediato, y sin disimular mi rechazo.

David dejo caer su mano pesadamente sobre su rodilla. Cada detalle de sus facciones lo lamentaba.

-¿qué te sucede?

Solté un bufido y desvié la mirada hacia alguna parte del jardín.

-Por favor...- dijo de pronto, con voz gruesa- no me odies.

"Pides demasiado", pensé con angustia, pero no permití que mi emoción fuera perceptible.

-Si hay algo que pueda hacer para que me perdones..., para que dejes de apuñalarme con cada gesto y de asfixiarme cada vez que respiras..., sólo dímelo.

Otra vez, él estaba pidiendo más de lo que era posible. Nunca fui de aquellas personas que perdonaran fácil, pues mi propia abuela había forjado así mi carácter.

-Quiero saberlo todo- exigí, haciendo acopio de fuerzas para permanecer impasible. Con el coraje que me movía, hubiera sido capaz de tomarle por el cuello, presionarle y gritarle en la cara lo que había pronunciado apenas por lo bajo.

A Dave lo invadió un profundo pesar. Las ojeras en su rostro parecieron marcarse aún más, si acaso era posible, y el flujo de sangre se mantenía cálido, pero débil. Toda su anatomía encarnaba lentitud, pesadez y agobio. Incluso sus labios pálidos y secos, que llegaban a confundirse con el blanco de su piel, se movían apenas, y con lentitud.

-No quiero hacerte más daño..., aún- comenzó él.

-Ya me has hecho suficiente, David. Un poco más da igual...- repliqué, con toda la intención de herirle.

Dave negó con la cabeza. Lento, como siempre.

-No hay forma de que esto empeore- añadí, con voz fría.- pero puedes mejorar tu situación...,

-¿por qué me haces esto?- se lamentó él. Un acento de voz que antes me hubiera desgarrado el corazón pasaba sin mayor relevancia por mi ser.

-Podrías empezar por explicarme cuál es ese absurdo motivo que te mueve a ti y a Tom a desgraciarme la vida- tercié, con rabia.

-Nunca quise hacerte desgraciada- musitó él, con los ojos cerrados. Daba la impresión que se desplomaría de un momento a otro.

-¿Crees que me importa?- le recriminé por lo bajo. Sentía como mareas de odio se fundían en mi carne, y recorrían mi cuerpo completo, a través de lo que fuera que hubiera dentro de mis venas. Al final, todas confluían en un rebuscado lugar de mi alma, en el que reposaba sereno y vencido mi dragón, haciéndolo reaccionar, reanimando, gritándole que la batalla aún no había terminado, y que rendirse no era una de las opciones. Lentamente, aquella parte de mi alma comenzó a desesperezarse, y a tomar control sobre mis actos, y mis palabras.

-¿Cómo puedes creer, que después de todo lo que me has hecho, me conforme simplemente con que digas que no fue tu intención? ¿En qué clase de mundo vives?- mi voz se había elevado, tanto como para llegar a gritarle. Un sonido seco y fugaz delató a un grupo de pequeños pájaros que se encontraban ocultos en las ramas del gran árbol, quienes abandonaban su refugio a causa de mis reclamos coléricos, asustados.

-Si me amarás, te bastaría saber que estoy arrepentido- recriminó él, con voz trémula. Yo sabía cuánto le había dolido el siquiera pensarlo, y mucho más el habérmelo arrojado en cara.

-Te equivocas- fue lo primero que atiné a decir, con bastante vehemencia.

-¿En qué? – reprochó él. Parecía que su actitud enferma se había tornado ofendida- ¿en que no es suficiente que me ames para creerme, y darme una oportunidad?

Me mantuve en silencio. No era tan fácil replantearse meses de relación, y días de ajetreados sucesos en un solo momento. Me debatía por hallar la solución más conveniente para mí misma, pero i corazón no quería quedarse sin voz.

-¿O acaso me equivoco en el simple hecho de que me amas?

David continuaba en su proceso de intercambio de roles, quedando cada vez más cerca de ser la víctima que el victimario, y no lo detuve. Simplemente, comprendí que no sería inteligente interrumpirlo antes de tomar una determinación.

Inspiré, inflando mi pecho y fruncí los labios. Luego me doblé, apoyando la frente sobre mis rodillas y colocando mis manos tras mi cuello.

Meses de oscilantes emociones me vinieron a la cabeza..., todo lento, como si pasara los recuerdos en cámara lenta, con el ritmo de un adagio. Recordé un hermoso día en Forks..., una excursión matutina con Edward por los bosques aledaños. Escuché su risa, y la expresión de sus ojos..., su mano cerrándose en torno a la mía y su tacto frío para mí en ese entonces. La sonrisa carismática de él se desvaneció, para dar paso a una no menos familiar.

El doctor Cullen se hallaba junto a mí, en el pórtico de su casa. Estaba atardeciendo, y parecía estar charlando.

Recordaba bien ese día..., había sido uno de los previos a los incidentes que me llevaron a huir de Forks.

En su abrazo encontré genuina calidez..., seguridad, y por sobretodo, cariño. Luego él me besaba la frente, mientras yo reposaba en una cama de hospital y yo cerré los ojos al sentir su maravilloso tacto.

Cuando los volví a abrir, él ya no estaba. Era Richard quien me alzaba de piso y me abrazaba con nostalgia.

Dintiguí el frío, y la pequeña casa de Isabella Swan a corta distancia. El mismo frío que había sentido en i primer día de instituto, mientras caminaba hacia el edificio..., la misma sensación de pérdida que cuando me dejé cargar por los brazos de mi querido Steve hasta la enfermería. Y luego sentí como el frío desaparecía, cuando eran los brazos de otro los que me rodeaban. Estuve en los brazos de la enfermera que me conducían fuera del baño, y me crucé fugazmente con ojos que acompañaron mis sueños por tantas semanas. Luego vi al dueño de ellos, entrar por la puerta de mi salón de clases, y una espina se me clavó en el pecho.

Una espina que cuyo dolor fue mitigado al verme por los verdosos senderos del parque Stanley junto a David.

Y luego el sendero estrecho, la noche..., y él diciéndome que era la única estrella en su cielo, pidiéndome contrariamente que me alejara de él.

Tonta, tonta y estúpida. ¿Cuántas veces no me lo había advertido...? Él mismo, y hasta el propio Steve, por motivos aparentemente diferentes.

Dave me besó por primera vez en mi vida, como nunca lo había hecho ningún hombre, pero la adrenalina de la pasión que sentía cuando estaba con él, fue demasiado similar a la que experimentara dentro de aquel maldito coche sin frenos..., Después, él maldito deseo y el recuerdo perturbador de Richard cubierto de sangre.

Luego, mi propia imagen reflejada en el espejo, con la boca sucia de aquel líquido espeso y delicioso.

Horas en el hospital, campanillas de teléfono y sirenas de ambulancia a la distancia. Un ir y venir de gente en ropas blancas, y una sonrisa esperanzadora como ninguna irradiada del rostro de un médico que puso una mano sobre mi hombro. Las luces del pequeño árbol navideño del mesón reflejadas en el cristal de la ventana de la sala de esperas, la intensa nevazón y David abrazándome en medio de la sala. Evoqué la imagen de Marta, su expresión reprobatoria, y el momento en el que me entregó el crucifico de plata. Luego, David incómodao y enfermo, me pidió me lo quitara..., después, él mismo acostado junto a mi..., un sobre misteriosos, y una llamada que cambiaría mi vida..., otra vez.

Un poste que cedía ante la fuerza de un hombre y un hombre arrojado en piso, brutalmente asesinado.

Un liquido rojo aflorando de su piel, como si se tratara de néctar dulce y suave, y la energía que le demandó a mi cuerpo saltarlo de un brinco. Miedo, y mi frenética huida por la carretera... Sentía un alivio muy grande cuando mi dientes se hundían en la carne de un cadáver. Alice había dado un gran salto antes de atraparlo para mí. Saciedad relativa, y un hermoso hombre de cabello negro, y ojos penetrantes. El mismo hombre hablándome al oído, revelando verdades que no quería oír. Varios pares de ojos ámbar en medio de la oscuridad de una habitación de hotel, clavadas en mí..., pidiéndome algo que yo no podía darles.

Amor propio y egoísmo se fundían el uno con el otro, para dar paso a la mentira y la evasión.

La lluvia fría sobre mis hombros, y aturdimiento en mis piernas causado nada mas que por la descompensación emocional. Un farol y el viejo de la escoba..., su figura menuda y su voz cadenciosa.

La anciana de la parada también..., ella sabia mi nombre, y me permitió tomar el taxi en su lugar.

Buena suerte Lizzie, había dicho el anciano con la escoba en mano.., el sabia mi nombre también...

Pero llegó la comodidad. Mis miedos personificados en una persona de gruesas facciones y presencia abrumadora..., sus labios pronunciando el nombre de quien mi corazón buscaba, deambulando por lo rincones de mi alma.

Lancé un quejido angustiada.

Un vaso frente mis ojos, y un liquido en su interior. Ardor, calor, desvanecimiento..., Edward riendo junto a Isabella en el jardín de los muros. Jardín en el que yo me encontraba. Las nubes se colocaron sobre mi paisaje de ensueño para hacerlo frío y hostil. Dave me había utilizado..., se acercó a mí por interés.

Sin embargo, aseguraba amarme, quererme, haberse equivocado y traicionado sus causas iniciales.

Había declarado traicionar a su propia sangre por mi , y sin embargo había permitido que sangre de mi sangre fuera derramada del cuerpo de Richard.

Snetí una punzada muy fuerte en el abdomen. Extendí una mano, y toqué l frente ensangrentada del anciano que se debatía entre la vida y la muerte. Imaginé el rostro burlesco de Tom al momento de enterasse de lo sucedido, y me volvió a empujar dos veces por el pasillo de la escuela, con desdén.

David y yo danzábamos por mi infantil cuarto, mientras el doctor Ayres acudía presuroso a la sala de cuidados intensivos en la que permanecía Richard, a causa del llamado de una enfermera. Le pregunté a David si acaso no oía la música que nos envolvía..., y dijo que no.

¿En qué momento ocurrió?..., No podría precisarlo. Tal vez, fue cuando dio rienda suelta a aquella noche de horror en Diciembre. A lo mejor, fue en el momento en el que quedé impactada con el cadáver maltratado del señor Cooper en la entrada del edificio..., o durante mi trayecto hasta Forks. Puede ser, también que haya sido al oír salir de su boca, aquella boca que se había convertido en gemela de la mía..., esos labios que me habían dado tanta satisfacción, y que habían dicho tantas veces lo mucho que me querían...

"Después de todo, accidentes automovilísticos ocurren todos lo días"., había dicho Dave, recreando los pensamientos de Tom , y revelándome en ese momento una verdad desgarradora.

Me había traicionado..., se había aprovechado de la confianza ciega que le tenía. Había hecho lo mismo que los demás. Lo mismo que Alice, Jasper y Esme, confabulando a mis espaldas con sus invitados...

Decidiendo convertirme en una moneda de cambio para rescatar a Carlisle.

¡Ay, Carlisle!... ¡Ay, Richard! ... , como desearía al menos poder llorar sus desgracias junto con la mía.

-Dame una pista de cómo interpretar tu silencio- murmuró Dave, a corta distancia de mí.

Mi dragón se lamía las heridas en su guarida, y se alimentaba del repudio que aún generaban mis células.

A pesar de que siempre fue mas temperamental, ahora quería permanecer sereno, calmo..., como si me incitara a pensar con la mente fría.

Mi corazón estaba enrabiado, pero mi mente estaba concentrada en las figuras de quienes amaba.

Es cierto..., mis actos mi decisiones, los habían llevado al infortunio. Pero, si quería hacer alguna cosa por ellos, tenía que al menos apartarme de aquellos que querían hacernos daño. Un escalofrío me recordó el cuerpo al recordar en casa de quién me encontraba.

Si una cosa tenía clara, era que necesitaba verme libre de la custodia de Ibrahim, de la manía asesina de Tom, y de la locura de David.

Arrancar por la cerca y correr por el valle no era una opción. Debía ser inteligente, y lo era. Ahora sólo tenía que poner en práctica esa facultad, y lograría mi propósito.

Nadie., y absolutamente nadie lograría acabar con lo poco que tenía a esas alturas del partido.

Con esa determinación en la mente, mi actitud a partir de entonces estaba completamente perfilada.

No podía ser de otra forma, y no podía estar más claro para mí.

Hice lo mejor que pude..., intentando que mi repentino cambio de postura fuera tenue, y no abrupto.

Apelé a lo que todos apelan cuando no tiene de otra..., al amor.

-No puedo, Dave...- dije después de mi eterno silencio de cavilaciones. Me incorporé lentamente, y por primera vez durante la charla, le miré fijamente a los ojos. – no puedo olvidar lo que ha sucedido, es verdad..., pero tampoco puedo ignorar lo que he sentido..., lo que siento por ti, en este preciso instante.

El rostro de él se recompuso de una forma increíble. Hasta las bolsas que tenía bajo los ojos parecieron disminuir, y algo de color recuperó su rostro.

El que había sido –o era...- mi maestro de matemáticas, extendió sus abrazos hacia mí, ycreí que lo correcto sería corresponder a su gesto. Me acunó entre sus brazos, me acarició el pelo, y me besó repetidas veces la frente.

-Yo nunca...- murmuraba entre beso y beso- dejaría que te hicieran daño Elizabeth.

Mi actuación falló, y no pude evitar dirigirle una mirada desafiante, y cargada de coraje. Yo sabía que eso no era cierto.

-No dudes de mí- repuso, con semblante serio. Me recordó a la voz que usaba cuando impartía clases a mi compañeros- en fondo siempre supe que no corrías peligro. El episodio de la piscina, el incidente del coche...,

yo sabía que saldrías ilesa.

Parpadee una sola vez, con lentitud. Me costaba creer que un hombre que me juraba amor sincero, fuera capaz de delatarse de tal manera. "Sabía que saldrías ilesa"... ¡Entonces, por qué no lo evitaste!...!Debiste convencer a tu hermano de impulsos psicópatas para que no cometiera tamaña locura! ¡Debiste decirle que algo así no me haría daño..., pero sí a cualquier humano que me acompañase! ¡Sí, a Richard!

A pesar de que gritaba en mi interior, de rabia..., me limité a subir la vista, observarle a los ojos y sonreír.

Él m devolvió la sonrisa, y depositó un tierno beso en mis labios. Su caricia no me produjo ni la mitad, de lo que solían producir en mí su contacto.

Esbocé una sonrisa, algo melancólica.

"Después de todo..., no era amor", pensé..., y lo lamenté.

-¿Qué pasa?...- preguntó él , ante mi reacción fuera de libreto.

-Nada...- fue lo primero que articule, pero luego, acomodando la situación- quiero decir que..., tengo miedo, Dave. No saber lo que sucede , no saber dónde estoy y no saber que sucederá conmigo...me aterra.

No tuve que hacer gala de mis dotes interpretativos para expresarme. Lo cierto, es que aquellos puntos aí me provocaban incertidumbre, y temor. Mas sabía que apelando a su confianza, y fingiendo vulnerabilidad, conseguiría más cosas con David Craven.

-No tengas miedo- me tranquilizó él por lo bajo. Intentó apartar un mechó de mi cabello del rostro, y esta vez, no lo detuve- mientras estés conmigo nada malo te sucederá.

Lo sé, dijo mi subconsciente de inmediato. Aquel sentimiento frívolo que David confundía con amor, lo llevarían a protegerme..., estaba segura.

-De igual modo- insistí- me asusta no saber qué terreno estoy pisando.

Y no lo decía literalmente..., más o menos. El hombre a mi lado suspiró y me estrechó más aún entre sus brazos. Lo que antes me hubiera parecido una cálida demostración de afecto, ahora no me parecía más que le precio por obtener la información que yo quería.

-Estamos en Oregon, en las afueras de Portland- soltó Dave al fin- Ibrahim es dueño de diversas propiedades, no sólo en Inglaterra, también aquí.

-¿Y por qué estamos aquí? ¿Cómo llegaste tú... y cómo me encontró tu tío?- pregunté, disimulando mi creciente interés por succionarle información.

-Cuando Tom e Ibrahim notaron tu ausencia, no perdieron tiempo, y se dispusieron a seguirte la pista- relató David, de forma pausada. A pesar de todo, se notaba preocupado- No sé cómo, pero persuadí Ibrahim para que se quedara, y no abordara el coche con Tom. Éste se enfureció ante la decisión de mi tío, y marchó sólo tras de ti. Fue cuando le expliqué a Ibrahim una idea que había considerado hace un tiempo. Era algo descabellada y muy riesgosa, y si de mi dependiera, jamás la llevaría a la práctica, pero...

Dave calló. Le incomodaba el tema, y pude intuir el por qué de ese "pero". Seguramente, al tío de David le habría agradado la nueva idea de su sobrino..., y ahora, que me tenía bajo su poder, querría llevarla a cabo, y eso a Dave no lo parecía en lo absoluto.

-Le hice ver a Ibrahim que lo más provechoso no era asesinarte- pues ese era al pan original- y le pedí su ayuda para detener a Tom. Un solo sí por parte de él, bastaba para ponerte a salvo. Ibrahim y yo le dimos alcance a Thomas antes de que pudiera interceptarte, y le detuvimos a la fuerza.

Me removí incómoda en los brazos de David.

-Luego de eso, y de que Ibrahim convenciera a Tom del cambio de planes, nos trajo hasta aquí. Me dijo que se encargaría de todo, y que perdiera cuidado. Lo cierto, es que eso era más una amenaza que una ayuda....,

si hacia algo por buscarte o ayudarte, era como revelarme a su autoridad...

Medité un momento, Para que alguien como David, con su carácter, su inteligencia, y sus cualidades sobrehumanas respetaran de esa manera a otro..., era porque Ibrahim en verdad era poderoso.

-Fue así como esta mañana me llevé la sorpresa al verte en la escala. No te imaginas la felicidad que me llenó cuando te vi...- Dave se aproximó para besarme, y le dejé. Hasta ahora, el fingirme aún una enamorada empedernida me estaba dando resultado. Estaba obteniendo la información que necesitaba.

-Dave..., necesito saber- le hice ver la urgencia con mi ojos- dime..., ¿cuál es la idea tan descabellada que le diste a Ibrahim?

Si el asunto anterior lo había incomodado, esto lo había hecho aún más. Se removió tenso en su asiento y apretó los dientes.

-Para explicarte eso, tendría que entrar a detallarte ciertos aspectos de..., mi ser, que prefiero no conozcas.- se excusó. Su voz estaba más dura, y parecí tener determinación.

-¿Por qué no? Pensé que era hora de acabar con las mentiras- tercié, de la forma más inocente que pude.

-No lo entenderías- negó con la cabeza.

-Trataré- comenté esperanzada.- Dave, entiende. Nada hará que deje de amarte..., nada.

¿Cómo podía ser tan falsa?

Él sonrió.

-Tú tampoco me dijiste nada sobre..., tu naturaleza- apostilló.

-No es lo mismo, y no tengo problemas en hablarte de ello si es lo que deseas.- sugerí.

-Los de tu clase nos superan en cantidad..., pero no siempre fue así- soltó al fin...- en un principio, nuestra población doblaba a la de ellos, pero su habilidad para transformar víctimas poco a poco fue incrementando su número. A ellos les era mucho más fácil..., Una pequeña mordida, unos días de agonía para el humano y ya está..., un nuevo neófito se sumaba al clan. Para nosotros, sin embargo, aquello no era tan fácil.

El corazón me latió más fuerte de lo normal..., lo normal, era muy poco. El tan sólo hecho de escuchar a Dave, el mismo Dave que compartía almuerzos conmigo en la cafetería de la escuela hablarme de este tipo de cosas, me encogía el alma. Pero no había que demostrarlo. No era tiempo para cobardes.

-No se trataba de tan sólo contener el deseo de succionar la sangre..., era resistirse a la tentación de todo un cuerpo latente. Además, el humano escogido debía tener ciertas cualidades, fortalezas que le llevarían a enfrentar la dolorosa metamorfosis que se extendía por más allá de un mes..., vi a algunos morir en el transcurso.

Dave hizo una pausa.

-Esas y muchas otras condiciones adversas, llevaron a que la llama de nuestra especie se fuera extinguiendo poco a poco. Eran escasos aquellos de linaje puro, esos que no fueron humanos antes de ser bestias.

Tragué saliva...

Bestias.

Mi estómago me daba patadas desde el interior. Necesitaba beber...alguna cosa.

-Ibrahim fue transformado por uno de ellos, y yo fui cambiado por Ibrahim ...- Dave calló. Había dicho demasiado. Oi como rechinaban sus dientes. Me detuve en él, y vi cómo sus ojos enrojecidos titilaban, amenazando con soltar torrentes de tristeza. Él había mencionado lo dolorosa que era el proceso de cambio..., y que muy pocos lo soportaban. Dave debió ser realmente muy fuerte en su momento para pasar aquellas prueba, así como su hermano. Nadie en una condición así podría guardar algún sentimiento positivo hacia el causante de ésta...

La antipatía que profesaba Dave para con su tío, estaba más que justificada.

-Lo siento- dije en un susurró, mientras colocaba una mano sobre le hombre de David.

El me observó con franqueza. Podía haberme engañado, utilizado y todo lo que se quisiera..., pero también había sufrido..., lo estaba haciendo.

-¿Sabes cuál es la brillante idea – dijo con sufrida sorna- que le propuse a Ibrahim, para que no te diera muerte?

Negué con la cabeza, aún manteniendo la mano sobre su hombro.

-Transformarte- confesó apenas con un hilo de voz.

Miedo, ira y odio se agitaron en mi ser. El dragón se alarmó, pero no se hizo menos. Al contrario, se puse de pie y bramó con fuerza. Me estaba aferrando a mi vida y a lo que quería..., si eso era lo que Ibrahim quería, no lo obtendría tan fácil . Qué pensamiento más idealista y valiente.

Pero lo cierto es que llegar a temblar del miedo.

"...,enfrentar la dolorosa metamorfosis que se extendía por más allá de un mes..., vi a algunos morir en el transcurso" , habían sido las palabras de David hace un rato.

¿Cómo había sido capaz de exponerme a tanto? ...¡A mí!...A la persona que decía amar por sobre todo.

Cada avance en nuestra conversación, me indicaba que el sentimiento que nos unía no era más que una linda ilusión, y que mi acciones ahora, no podían ser más acertadas. No importaba el engaño.

-Hubiera sido más fácil para él haberme matado – "y para mí", concluí, pero alejé ese pensamiento depresivo de mi mente- No entiendo por qué te haría caso.

--No creas que le importas..., - me aclaró Dave- yo..., sólo piénsalo un momento. Con un humano normal, el cambio es incierto.., no sabemos si resistiría. Contigo, el asunto es diferente..., la incertidumbre es aún mucho mayor. No sabemos cómo reaccionarás...,

Porque sería intentar perturbar más a lo que ya es una aberración genética.

-En el peor de los casos, puede que no resistas y mueras- se notaba que a Dave le costaba hablar del tema, y pronunciar las palabras- eso a Ibrahim le importaría tanto como a Tom; la nada misma, sería como haberte asesinado en el pasado.

David tenía razón. A Ibrahim poco y nada le importaba arriesgarme.

-Y sin embargo..., si resistes...

Él se detuvo, dudando.

-Si resisto, ¿qué? – inquirí, nerviosa.

-No lo sé- respondió Dave, la mirada fija en el césped bajo nosotros. No sé por qué, pero estaba segura que aquella era la declaración más sincera que Dave me podría entregar en toda su vida.

"No lo sé...", había dicho él, y no había nada oculto tras eso. Ninguna mentira, ninguna doble intención, nada.

Por primera vez, pondría las manos al fuego y diría que me estaba siendo total y absolutamente sincero, con cada parte de su cuerpo. Hubiera deseado, que hubiera sido sincero conmigo antes..., y que sus sentimientos hubieran sido tan puros y transparentes como esa respuesta que acaba de darme.

Y que, por lo demás, no me aclaraba ninguna duda.

-Ibrahim cree que sin duda tendrías algo de..., nosotros- repuso, luego de un rato- eso te ligaría..., y el cree que le seguirás como hice yo por un tiempo, y como aún hace Tom.

-¿Ya no le sigues? – me atreví a preguntar, aunque no tenía idea el significado especial que adquiría para ellos la palabra seguir.

-No, ya no.- reconoció, con desgano- dejé de hacerlo el día que huí de Inglaterra con Tom. Lo único que me une a Ibrahim ahora, eres tú...

Recordé una de mis conversaciones pasadas con David, en ese entonces cuando todo era más sereno y calmo.

Él había dicho que había abandonado a su tío, pues no quería que influenciara a Tom de forma negativa.

Pero al parecer, su hermano no estaba dispuesto a renegar de los lazos de familia...y, de especie.

-Entonces, quédate conmigo- le supliqué, vislumbrando una esperanza.- Tu tío nos reunió de nuevo..., vámonos, escapemos de su control y de su autoridad. Olvidemos su sórdida idea y seamos libres...

Dave sonrió ante la perspectiva. Me acarició la mejilla, y temí por mi reacción, pero las habituales mariposas en mi estómago no aparecieron. A pesar de eso, puede simular mi careta.

-Mi pequeña..., - murmuró- las cosas no son tan fáciles cómo las vez.

-¿Cómo que no?..., no hay por que temer...

-No tienes idea del enorme poder con el que goza Ibrahim- me advirtió- sé que has pasado muchas cosas en tu vida..., debes haber encontrado uno que otro desafío en el camino, pero de este no te librarás tan fácilmente.

Te lo dice alguien que cruzó el Atlántico entero huyendo de él, y termina subyugado, como yo.

Negué con lástima. ¿Qué tan peligroso podría ser aquel hombre de duras facciones para mí?

-Además, agregó Dave, cambiando de posición- no puedo dejar a Tom. Lo siento, Lizzie, pero es mi hermano..., no puedo dejarle bajo el alero de Ibrahim.

-Tu hermano sabe defenderse sólo- solté de improviso

-No..., ni siquiera necesitará defenderse, porque Ibrahim no le hará daño. Simplemente, terminará de corromper su alma.

Fruncí los labios. Dave se hallaba en la misma encrucijada que yo. Ninguno de los dos estábamos dispuesto a abandonar a nuestro seres queridos...

Él , a Tom...yo, a Richard y a Carlisle.

Desde ese instante, tuve completamente claro, que ambos seguiríamos el camino que nos llevara a ponerles a salvo. Era obvio que iríamos por sendas separadas...., pero eso..., eso no me dolió.

Y a pesar de todo, necesitaba que Dave estuviera de mi lado...., por lo menos hasta que lograra alejarme de Ibrahim.

-Tom me odia- señalé- jamás te hará caso, preferirá quedarse con su tío.

-Thomas no es una mala persona...- aseguró David, algo confuso- aún no.

Claro..., no era una mala persona. Richard solamente estaba debatiéndose entre la vida y la culpa por su causa..., el señor Cooper no corría la misma suerte...

Y él no era una mala persona... pensé con sorna. Y a pesar de mi sentimiento de total repudio hacia Thomas en ese momento, asentí e intenté sonreírle a Dave.

-Lizzie, dame tiempo- me rogó él, apoderándose de mi manos- dame tiempo para convencer a Tom..., para revelarle lo que él no quiere ver en Ibrahim... sólo te pido tiempo.

-Dave...-

-Por favor- suplicó el, frunciendo el ceño,, en señal de preocupación- sólo unos días...nada más. Después de eso, te prometo que nos iremos de aquí. Con Tom..., o sin él .

Asentí, no muy conforme.

-Escucha, Lizzie- David colocó una mano firme tras mi cuello, habló con vehemencia, y me obligó a mirarle. Sus manos ardían, y retrocedieron un segundo ante la fría temperatura de cuello desnudo.- Te prometo no dejar que te suceda nada malo..., si me tengo que interponer entre tú y el mismo Ibrahim, lo voy a hacer.

Asentí nuevamente, e intenté mantener la vista en sus ojos. No era la posición más cómo para mí.

Me sentía desnuda cuando me hallaba frente a miradas tan frontales como esas..., tal vez, Dave podía ver en mis ojos mi engaño, y mi falsa condescendencia. Mi falso amor.

Suspiré, observé mi regazo.

David me atrajo hacia él y me envolvió en un abrazo intenso, desmedido.

-Te amo...,- su voz se perdió en un ahogo de angustia.

-Nada malo va a sucederte..., lo juro- prometió – saldremos de esta, Lizzie.

-No , Dave..., sólo yo saldré, y por mi cuenta – pensé mientras me envolvía su calor.

Suspiré, exhalando rencor y lamento..., por ambos.


*N/A :Hola! ... después de largo, larguísmo tiempo, un capítulo nuevo para esta historia.
Sí, salí de mi
lapsus..., y sí, todo terminó mal..., pero qué le vamos a hacer. Hay cosas que no bastan con querer cambiarlas para hacerlo.
Por lo demás, es tema superado... y estoy retomando de a poco algunas cosas que descuidé en mi vida. Como lo era Lizzie..., jajaja.
Lo sé, el capítulo era algo denso..., y extrañé la acción, pero no importa, que ya se viene. Falta retomar a muchos personajes aún.

Capítulo nuevo, PenName nuevo ( Zedna ya no es ), año nuevo, pero la misma trama de un principio. Saludos!
y le hago una reverencia al que sea capaz de seguir leyendo, jaja..., mas de la mitad ya se olvido de la historia :)