Despertar de los Creadores de Mundos


El despertar no fue tan duro como el de las otras ocasiones; con la pesadez de mis parpados, pude darme cuenta que me hallaba en una habitación metálica vacía, tirado en el suelo. Al mirar a mí izquierda, pude ver a Sawyer, aún inconsciente. Al tener las manos atadas, no logré tantear mi cintura, pero no hacía falta, pues estaba convencido de que había sido despojado de mis Pokémon. Intenté usar el aura para comprobar si había presencias cercanas, pero aún estaba muy aturdido como para poder concentrarme lo suficiente para hacerlo.

Casi como un pobre Magikarp, luché cuanto pude para acercarme a la puerta de metal, para así asegurarme de que estábamos solos. Tras mucho esfuerzo, conseguí acercar el oído a la hendija bajo la puerta, y después de agudizar mis sentidos, puede comprobar que todo había sucedido como esperaba; aun así, para asegurarme, intenté buscar cualquier aura cercana, pero el resultado fue el mismo. Convencido de que no había otra alternativa, hice un sobreesfuerzo para intentar comunicarme con Pikachu, que debía andar en alguna parte del barco. "Pikachu, estamos aquí, necesito que continúes con el plan…".

Esperé un par de minutos, pero no ocurrió nada. Pero, ya que el tiempo me había servido para recuperar la compostura, me sentía capaz de lograrlo con un segundo intento. Insistí con el mismo mensaje y me mantuve a la expectativa. Otros dos minutos corrieron, y comencé a desesperarme; pero antes de que hiciera falta un tercer intento, alcancé a captar una pequeña aura moviéndose sobre nuestras cabezas. Permanecí quieto, mirando sobre mi hombro, cuando capté un sonido de impacto y una lámina de metal, similar a las usadas en las paredes, que servían como ventilación, salió volando y se estrelló contra el suelo de la habitación.

–¡Pikapi! –Celebró mi roedor, asomándose por el hoyo que dejó la lámina de acero. Con un ágil salto, cayó a mi lado; arrastrándolo desde la boca, llevaba mi cinturón de Poké Balls. Pikachu dejó el objeto a un lado y, usando Cola de Hierro, cortó las cuerdas que ataban mis manos. De no haber confiado en su precisión, habría ahogado un grito de terror cuando la punta de su metalizada cola rozó mi espalda.

–Bien hecho, amiguito. –Le agradecí, acariciándolo por detrás de sus orejas; el poderoso, pero ligeramente infantil roedor, liberó un murmullo de agrado. Tras ello, me levanté, acercándome a mi compañero. Tuve que sacudirlo con fuerza unas cinco veces seguidas, pero al final conseguí que reaccionara…

–Déjenme, no diré nada, mis labios están sellados… –Dijo éste, entre desorientado y atontado.

–Soy yo, idiota, todo salió como planeaba. –Sawyer sacudió la cabeza y me miró un tanto dudoso; parecía querer preguntarme algo, pero no se lo permití. –No es momento de charlar, lo más probable es que nos lleven bastante ventaja en la búsqueda de los legendarios…

–¿Cómo estás tan seguro de que eso es lo que…? –Ante su interrupción, yo lo interrumpí a él.

–Es bastante obvio; sobre todo después de haber visto lo que hacían con el meteorito y los orbes. –Señalé, un tanto disgustado por tener que explicar eso. –Por eso mismo es que no podemos perder tiempo, esta sigue siendo una batalla contra el tiempo; si llegamos tarde, será el final de toda esperanza. –Sawyer ya sabía aquello, por eso no tardó en levantarse como un resorte, para así liderar el escape del submarino.

–Por cierto, veo que ya recuperaste tus Pokémon… ¿De casualidad no sabrás dónde están los míos? –Cuestionó el peliverde, mirándome de soslayo, mientras corríamos a través de los pasillos metálicos abandonados. Negué con la cabeza, pero inmediatamente busqué con la mirada a Pikachu, que me seguía andando sobre sus patitas.

"Guíanos al lugar donde guardaron nuestras demás pertenencias". El Pokémon obedeció sin demora; se colocó delante de Sawyer y nos guío hasta otra habitación metálica, con una gran mesa, también de hierro, sobre la que se hallaban nuestras cosas: las Poké Balls de Sawyer, mi HoloCaster y un Pokénav, también de Sawyer. Recuperamos todo lo que se nos fue arrebatado y retomamos el rumbo hacia el exterior. Una vez recorrimos una larga sucesión de pasillos, finalmente regresamos a la entrada principal; tras una rápida inspección, encontramos la palanca que abría la puerta.

–¡Hagámoslo! –Dije, al notar que Sawyer se encontraba ligeramente nervioso. Éste pareció recuperar su decisión y asintió con ímpetu. Tomé la palanca y la bajé con fuerza, causando que la compuerta de acero reforzado se abriera, revelando un espectáculo maravilloso. Estábamos ante una laguna subterránea, más brillante que lo nunca he llegado a ver; el agua cristalina tenía un tono celeste mineral, dándole un toque de innegable misticismo. Ante la laguna se abría una sorprendente cueva que parecía desaparecer adentrándose en el mismísimo núcleo del planeta.

–Que me parta un Trueno… ¡Estamos ante la entrada a la Caverna Abisal! ¡No veo que más pueda ser este lugar! –Volteé hacia Sawyer, analizando sus palabras. –¡Tiene sentido! –Al parecer había llegado a una resolución que yo no, por lo que insistí con una mirada interrogativa. –Oh, probablemente no sabes de que hablo, Colress no hondó mucho respecto a este lugar cuando habló de las leyendas de Hoenn. La leyenda dice que en la Cueva del Origen nacieron Groudon y Kyogre, ahí obtuvieron su poder, pero que, tras una terrible lucha, la primera de muchas, los dos encontraron descanso en el interior de los mares y la tierra: la Caverna Abisal. Y no me sorprendería que esta caverna tenga conexión con la Cueva del Origen, que teóricamente está ubicada bajo Ciudad Sootopolis. ¡Por eso necesitaban el submarino! Ciudad Sootopolis es una isla y un volcán inactivo, así que está rodeada de agua, lo más probable es que el único acceso sea a través del mismísimo fondo del océano.

–Bueno, eso explica dónde estamos y el para qué era el submarino; lástima que esa nunca fue nuestra misión. –Afirmé, recordándole a mi compañero con eso, que lo realmente difícil aún se encontraba más adelante.

–Sí, sí… Tienes razón, no es momento de disfrutar de este descubrimiento, antes debemos asegurarnos que el mundo no se acabe. –Añadió éste con una risa nerviosa.

Sin que fuera necesario decir más, bajamos del submarino, que estaba justamente al lado del comienzo de la caverna, y emprendimos dentro del lugar; la cueva donde nos encontraríamos de frente con el destino. Los extensos túneles de roca estaban desiertos, no había señal del grupo de terroristas, y ello me estaba poniendo nervioso. Caminamos por alrededor de media hora, siguiendo la fuerte señal de los orbes, que nos servía de guía dentro de aquel laberintico lugar, lleno de recovecos y túneles alternos. No habían Pokémon salvajes, ni enemigos enfurecidos, solo rocas, tierra y silencio. No hubo necesidad de hablar hasta que nos topamos con un molesto inconveniente.

–… ¿Entonces no hay de otra, debemos separarnos? –Cuestionó Sawyer, volviendo a sonar nervioso. Habíamos llegado a una bifurcación del túnel principal; una parte de la caverna continuaba a la derecha y la otra a la izquierda.

–Sí, no hay de otra, estoy seguro de que el Team Geyser se dividió en dos y cada parte lleva un orbe. Como solo somos dos, no nos queda de otra que separarnos e intentar evitar que despierten a los legendarios. –A pesar de que aparentaba estar seguro, temía que el trabajo fuera demasiado para Sawyer y para mí, ya que, por muy buenos entrenadores que fuéramos, no veía cómo podríamos vencer a medio Team Geyser y evitar el despertar de Kyogre y Groudon; o, que en caso de que todo saliera mal, no imaginaba como lidiaríamos con los legendarios por nosotros mismos y sin ayuda.

–¡¿Y cómo se supone que llegaré a donde se encuentra el Team Geyser, si no puedo sentir los orbes como tú?! –Debía admitir que tenía un punto; pero no era momento de dudar, estábamos solos y en el lugar más alejado del mundo, casi literalmente no había vuelta atrás.

–Dame eso. –Dije, señalando su Pokénav; tenía una idea. Sawyer obedeció, así que apenas tomé el objeto, ingresé al computador portátil. Entré a la opción de mapeo satelital y pude comprobar que, aunque no indicaba la ubicación exacta, si mostraba retazos de lo que podría considerarse un mapa de la zona. Calculando la ubicación real del orbe, marqué un punto en el mapa del Pokénav, tras ello, le devolví el objeto.

–Con eso debería bastar, guíate con el punto que marqué en el mapa. Por cualquier cosa, deberías sacar tu Pokémon que consideres más perceptivo, eso podría ayudar. –El peliverde miró detenidamente la pantalla de su Pokénav y luego, después de aceptar mi consejo, liberó a su Slurpuff. Por ello, lo miré con duda. –Tiene un excelente olfato, estoy seguro que podría oler a las personas en este lugar. –Justificó él, ganándose una mirada de sorpresa de mi parte.

–Entonces creo que es momento de que nos separemos. –Afirmé mirando hacia la cueva de la derecha, acción que Sawyer interpretó bien, pues se encaminó a la bifurcación de la izquierda. –Suerte. –Y una vez terminamos las frases de apoyo, nos separamos y emprendimos el viaje final en búsqueda de un futuro con el planeta habitable. Pikachu, que parecía cansado, se colocó en mi hombro, y yo aumenté la velocidad de mis pasos.

En la cueva era difícil de determinar si estaba lejos o cerca del orbe, pero resultó ser la segunda opción, ya que después de menos de diez minutos avanzando por el túnel, que se volvía cada vez más angosto, salí a lo que parecía una cámara bañada en magma, y justo en el límite entre la lava y la tierra, estaba Maxie, acompañado de Tabitha y alrededor de cincuenta subordinados; junto a ellos había una extraña máquina que, de manera ininterrumpida, lanzaba un rayo de energía rojiza hacia la piscina de magma. De la misma manera que hice en se base, decidí que no había tiempo para el siglo. "Pikachu, ataca a todos los que estén más cerca con Atactrueno. Keldeo, sal y usa Surf".

El roedor obedeció de inmediato, tomando por sorpresa a parte del grupo de miembros del Team Geyser; todos ellos se desplomaron. Después de él, Keldeo salió de su Poké Ball y convocó una ola que empujó a varios de nuestros en enemigos hacia el mar de lava; parecía que la máquina sería otra víctima, pero un Mightyena apareció justo al último momento para dispersar el agua usando Pulso Oscuro.

–Perdiste casi la mitad de tu equipo y, aun así, solo te empeñaste en proteger esa máquina… Eso no habla muy bien de ti, Maxie. –Comenté con sorna, al salir completamente a la cámara magmática. Los ojos desorbitados de Maxie se posaron en mí; estaba furioso.

–¡Tú! ¿Qué hace falta para que dejes de meterte en mi camino? –Cuestionó retóricamente, pero inmediatamente comenzó a negar con la cabeza. –Mi error fue no haberte matado antes, debí haber sido más rápido a la hora de hacerlo, pero siempre me has parecido alguien interesante, un perfecto espécimen para mi causa… –Lo miré con asco cuando lo escuché llamarme "espécimen". –Pero esta vez será distinto, ¡no me contendré! ¡Mightyena, atácalo con Pulso Oscuro! –El can oscuro se alejó de la máquina y se abalanzó hacia mí, preparado para atacar. Pero no tuvo oportunidad, pues Keldeo lo bloqueó, golpeándolo con Espada Santa directamente en el lomo; el Pokémon Siniestro se estampó contra el piso de magma solidificado, rajándolo.

–Yo no soy ningún espécimen. –Respondí con desdén. –Y acá el único que será derrotado, ¡serás tú! –"Keldeo, contén al Mightyena. Pikachu, destruye la máquina".

Maxie bramó enfurecido y ordenó Hiperrayo; parecía dispuesto a acabar rápidamente con la batalla. Pikachu intentó acercarse a la máquina de acero, que seguía disparando energía rojiza al fondo del lago de magma, que apenas y podía ver debido a mi ubicación alejada de la orilla, pero fue detenido por los subordinados de Maxie, Tabitha incluido. Mientras que Pikachu fulminaba Pokémon de bajo nivel con su abrumador poder, Keldeo esquivó por poco el Hiperrayo, que se estrelló contra la roca causando un derrumbe moderado, y se lanzó contra su enemigo empleando Combate Cercano. Tras una gran cantidad de patadas, el Pokémon Siniestro cayó derrotado.

–¡Jefe Maxie, déjeme ayudarlo! –Suplicó Tabitha, que apenas y contenía los ataques eléctricos de Pikachu usando su Weezing y Camerupt; el primero como atacante y el segundo como escudo.

–¡No! ¡Quédate donde estás, sin la máquina todo nuestro esfuerzo habrá sido en vano! ¡Yo me encargaré de derrotar a este molesto guijarro en mi zapato! –Respondió el pelirrojo, mirándome con ira. Regresó a su Pokémon debilitado y liberó a un Crobat.

–La última vez que me fije, te estaba pateando el trasero. Así que el único guijarro aquí eres tú. –Mi comentario, sorprendentemente, logró enfurecerlo aún más; algo que parecía imposible. Entonces tomé la decisión de indicarle a Keldeo que ayudara a Pikachu, pues era obvio que lo importante en ese lugar era la máquina. En su lugar, llamé a Dragalge.

–¡Crobat, no permitas que ese Pokémon se acerque a su compañero! –Gritó desesperado el pelirrojo, pero fue inútil, pues el murciélago fue impactado por una Hidrobomba de mi Pokémon; entonces, finalmente comprobé lo que sospechaba: el calor de la cámara estaba debilitando los ataques de tipo Agua. El Crobat se tambaleó, perdiendo su curso de vuelo, pero aun así no se miraba muy dañado.

–Yo te aconsejaría que te concentraras en nuestro combate, de lo contrario vencerte resultaría demasiado fácil. –Maxie, acongojado, no tuvo de otra que aceptar que debía ser así.

La diferencia entre nosotros se estaba volviendo clara, algo que, tomando en cuenta lo sucedido en el Monte Pyre, resultaba extraño; o lo habría hecho, de no ser porque ahora podía aumentar ligeramente el poder de todos mis Pokémon gracias al completo control que poseía sobre el aura. Puede leerse engreído, pero casi resultaba demasiado fácil; casi, pues era consciente de que él poseía una mega, una que podía hacer el resto del combate un verdadero reto.

–Crobat usa Vuelo. –El murciélago venenoso se alejó elevándose hasta llegar al extremo más alto de la cámara, justo donde era imposible hacer nada… O eso pensaba Maxie.

–Que patético… –El pelirrojo me miró dudoso. "Dragalge, usa Meteoro Dragón Explosivo". La expresión de extrañeza que poseía Maxie se transformó en una de horror, pues mi dragón escupió una roca cargada de energía justo hacia donde se hallaba su Pokémon; ésta se elevó hasta solo metros del Crobat, pero entonces, en vez de dividirse en múltiples meteoros, estalló como una bomba de plasma, que causó que la cueva entera se estremeciera y varios peñascos se hundieran en la lava. Del Crobat no quedó nada que llorar… –¡Rayos, no pensé que fuera a poseer un poder de daño tan devastador! Bueno, que se le va a hacer.

–¡Estúpido, desintegraste a mi Crobat! ¡¿No se supones que trabajas para una organización Pokémonista?! –Ante el exabrupto de Maxie, un poco fuera de lugar, pues ya me había visto matar al Alakazam de su subordinada, levanté ambos hombros con desinterés.

–No tendré consideración con nadie a quien considere mi enemigo, y eso incluye a sus Pokémon. –Maxie no dijo nada más, simplemente convocó a su Pokémon clave, su Camerupt.

–Claramente me equivoqué a la hora de juzgarte… Jamás podrías llegar tan lejos como yo para asegurar un mejor mundo para personas y humanos. –Hice un gesto como indicando que eso era muy obvio. –Por eso debo asegurarme a toda costa que mi sueño y el de Archie sea cumplido; con suerte, y logro despertar a Groudon antes que él a Kyogre. –Su comentario me llamó la atención, ya que evidenciaba que la antigua rivalidad entre el Team Magma y el Tema Aqua, nunca murió del todo. Pero eso también me causó otra duda.

–¿He de suponer que tu compañero tomó el camino de la izquierda, en la bifurcación de más atrás?

–Estás en lo cierto. –Contestó él mirando sobre su hombro, hacia la laguna de lava. Pensé que no seguiría hablando, pero me equivoqué. –Archie y yo acordamos unir el Team Magma y Aqua hace unos años, con el fin de renovar tierra y mar, continentes y océanos. Nos unió la situación paupérrima de Hoenn y el resto del mundo, aquella que ni tú ignoras. Pero nuestro objetivo al final siempre continuó siendo el mismo, él se encargaría de despertar a Kyogre, el señor de los océanos, y yo a Groudon, el señor de los continentes. Simplemente compartiríamos recursos, más no objetivos finales. En este momento, Archie ha de estar haciendo lo propio en la Cámara del Eje Oceánico. Supongo que tu compañero habrá ido tras él, pero dudo que pueda hacer nada para evitar el despertar de Kyogre, así como tú no podrás evitar el despertar de Groudon…

–Hablas demasiado. –Lo interrumpí. Y no es que no me interesara escuchar como alguien puede llegar a pensar que seres, con el poder de crear mundos, ayudarán a corregir la humanidad, pero se estaba volviendo muy claro que lo hacía para poder ganar tiempo; pues, para mi desagradable sorpresa, Tabitha y los veintitantos miembros restantes del Team Geyser, estaban manteniendo a raya a mis Pokémon. "Dragalge, Hidrobomba". Maxie no tuvo tiempo de reaccionar al ataque, pues apenas estaba reaccionando ante mi interrupción; el torrente de agua impactó el costado del Pokémon bovino. En otra ocasión ese ataque habría bastado, pero tras la reducción del ataque especial producto del Meteoro Dragón y el calor abrasador de la caverna, que seguramente fuera la Cámara del Eje Continental, éste apenas y dañó al Camerupt.

–Puede que tus Pokémon sean fuertes, eso no lo niego… pero el terreno está a mi favor. –Comentó Maxie, sonriendo perversamente. –¡Camerupt, Estallido! –Gran cantidad de lava salió de su espalda, bañando a mi dragón, que resultó gravemente afectado. –Como ya dije, no pienso contenerme. ¡Camerupt, busca el favor de Groudon, mega-evoluciona!

Maxie tocó la piedra llave que se encontraba a un costado de sus lentes, y ésta se unió a la mega-piedra que residía en uno de los volcanes de la espalda de su Pokémon. La mega-evolución fue llevada a cabo, dejando como producto a un poderoso Pokémon con un solo volcán en su espalda, que chorreaba magma ardiente sin parar. No era la primera vez que luchaba contra esa mega, por lo tanto, era consciente del peligro que su habilidad, Fuerza Bruta, que aumenta el poder de los ataques que causan efectos secundarios, puede llegar a implicar. Por ello, no lo pensé dos veces; "¡Meteoro Dragón Explosivo!", el movimiento, que ideé durante uno de los tantos días de práctica en Ciudad Slateport, estaba por ser llevado a cabo.

–¡Tierra Viva!

Sabía que Dragalge no podría con un ataque súper eficaz ejecutado por el Mega-Camerupt, por ello mismo me arriesgué con un movimiento como Meteoro Dragón. Dragalge empezó a cargar la esfera de energía en su hocico, y justo antes de que el lento Pokémon Erupción pudiera moverse, el ataque fue lanzado en línea recta de manera horizontal, en vez de hacia arriba. El meteoro cargado de energía hizo contacto con el cuerpo de la mega, el cual absorbió la mayor parte de la energía explosiva, evitando de esa forma que cayéramos al magma. Aun así, el suelo se sacudió violentamente, y pude ver de reojo que la máquina por muy poco no cayó al lago de lava. Pero, para mi desagradable sorpresa, el Mega-Camerupt seguía en pie, así que nada le evitó derrotar a Dragalge con un poderoso estallido de poder magnético, tomado desde las entrañas de la tierra, que elevó gran parte del suelo bajo mi Pokémon.

–¡Detente ahora, imbécil! ¿Qué acaso no lo ves? No habrá salvación si despiertan a esos Pokémon, pues no quedará un mundo que salvar después de que se batan en combate. –Grité, desesperado, al regresar a mi dragón a su Poké Ball. Notaba que la lava fluctuaba de manera extraña y cada vez hacia más calor, era obvio que ya no quedaba mucho tiempo.

–Digas lo que digas, no me harás cambiar de opinión… No estoy dispuesto a permitir que el mundo mantenga el rumbo que lleva, así que, como ya afirmé, estoy dispuesto a hacer sacrificios con tal de darle una segunda oportunidad…

–No solo tú serás sacrificado, todas las personas y Pokémon inocentes de allá afuera lo harán. ¡Idiota, al final no habrá una segunda oportunidad! –Pero era inútil, el simplemente me ignoró. –Como quieras… Al menos la historia no podrá recriminarme que no intenté dialogar. –Añadí, como si me quitara un molesto peso de encima. "Tyranitar, mega-evoluciona y usa Terremoto". Ya no me importaba que la plataforma de magma solido se desmoronara, acabaría de inmediato con la batalla.

El pseudo legendario de Johto abandonó su Poké Ball, y entonces aproveché para activar la mega-evolución de la forma más rápida que pude; gracias a nuestro lazo amplificado por el aura, al tocar el suelo, ya estaba en su estado de mayor poder. El suelo se sacudió violentamente, tanto, que entre varios Pokémon de los miembros del Team Geyser, tuvieron que sostener la máquina para que no cayera a la deseada destrucción. El ataque afectó enormemente al Camerupt, pero aún se mantenía en pie. "¡Ese hijo de Ditto es duro!", pensé con molestia.

–Camerupt, aguanta solo un poco más y ya habremos terminado nuestro trabajo. –Afirmó el entrenador pelirrojo, con tono de súplica. –Es hora de darle uso a nuestro mejor movimiento, no importa si al final no queda suelo sobre el cual podamos estar en pie. –Dicho eso, se volvió hacia sus subordinados, que con grandes dificultades evitaban que Keldeo y Pikachu pudiera destruir la máquina; Pikachu intentaba atacar, pero era bloqueado, y entre varios Pokémon de hierba evitan que el Surf de Keldeo penetrara sus defensas. –¡Ustedes! ¡Asegúrense de que la máquina no sufra daños ni caiga, en caso de que pase algo! –Entonces volvió a mirarme. –¡Terremoto del Origen!

"Terremoto". Ambos Pokémon atacaron golpeando el suelo; la tierra comenzó a sacudirse con una fuerza espeluznante, mientras estallidos de fuerza magnética creaban puntos de escape para la lava que había debajo de nosotros. Al parecer, el Terremoto del Origen era la mezcla de Terremoto y Tierra Viva. La mitad derecha de la caverna se derrumbó, obligándome a regresar sobre mis pasos, para encontrar refugio en el túnel por el que llegué a la cámara. Gracias a un perfecto control de su propia fuerza, el Mega-Camerupt logró evitar que él y su entrenador cayeran en la lava, y, por lo tanto, la máquina seguía a salvo; pero eso no bastó para que el mismo tipo Fuego/Tierra se pudiera salvar, pues yacía sobre el suelo, en su estado normal e inconsciente. Una vez comprobé que Tyranitar seguía en pie, pude esbozar una sonrisa.

–Se acabó, Maxie. Pediste, ya nada evitará que destruya esa… –Pero entonces Maxie, que acababa de regresar a su Pokémon, comenzó a reír de manera estridente, tanto, que un escalofrío recorrió toda mi espalda.

–¡Eso debería decirte yo a ti! ¡Se acabó, chico, ya nada impedirá el regreso de Groudon! –Entonces el suelo se volvió a sacudir, pero de una forma que hacía palidecer el choque de ataques que acababa de ocurrir. Ya no solo era la tierra, ya que el magma saltaba como si se tratara de agua hirviendo en una olla, los ríos de lava, que se caían por el fondo de la cámara, fluían como si la corteza terrestre completa se estuviera derritiendo. Enfoqué la mirada en la máquina, y finalmente pude ver que, dentro, en una cúpula de material reforzado, se hallaba el Orbe Omega; todo el mecanismo humeaba y la parte que metálica que cubría el orbe se había derretido, debido a ello fue que pude verlo.

–¡Detenlo! –Insistí, ahogándome con el calor abrasador.

–No se puede. –Afirmó, con una sonrisa de satisfacción.

"Keldeo, Pikachu, no importa quien deba morir en el proceso, ¡acaben con esa máquina ahora!"; Keldeo finalmente derrotó al esquivo Camerupt de Tabitha y Pikachu acabó con los tipo Planta usando Poder Oculto. El hombre de rasgos asiáticos, con aura triunfal, regresó sus Pokémon y se alejó de la máquina, colocándose al lado de su líder; y lo hizo justo a tiempo, pues un encolerizado Keldeo usó Surf libremente para empujar a la lava a gran parte de los sobrevivientes. La máquina, que parecía pesar lo que no está dicho, se movió otro poco, pero no cayó. "Pikachu, usa Trueno para hacerla estallar…", la orden quedó a medias, ya que en ese momento se dio otra sacudida, más violenta que todas las anteriores.

–¿Qué es eso…? –Externé involuntariamente, mirando con terror algo que se movía en la lava. No había tomado cuenta de ello, pues, aunque ya lo había visto de manera desenfocada en varias ocasiones, nunca se había movido. Por ello, ahora que tenía mi atención posada en eso, entre más lo veía, más forma le hallaba. Parecía ser una especie de ser alto y encorvado, con brazos y cabeza robustos, garras afiladas y picos a lo largo de cada costado de su cuerpo; su cuerpo entero estaba cubierto por algo que parecía roca o magma solidificado. Solo podía ver la mitad de arriba de su cuerpo, pues el resto estaba bajo la lava.

–¡Contempla al creador de los continentes! ¡Groudon! –Aclamó Maxie, mientras se colocaba a mi lado, en la entrada al túnel, junto con Tabitha y sus pocos subordinados restantes. Ninguno de los pertenecientes al Team Geyser parecía hostil, estaban enfocados en admirar el resultado de su esfuerzo; y para ese momento, yo tampoco estaba interesado en ellos.

Pikachu y Keldeo, aún cerca de la máquina, y Mega-Tyranitar, que estaba a solo unos metros de mí, mantenían sus miradas fijas en el legendario, como si estuvieran hipnotizados. Entonces hubo una tercera sacudida y un estallido, y la cubierta de roca que mantenía dormido a Groudon se rajó, como una exuvia, y cayó a la lava. El Pokémon legendario liberó un aterrador rugido y comenzó a moverse en dirección de la máquina, que seguía acribillándolo con energía. "¡Keldeo, Pikachu, salgan de ahí!", les indiqué, logrando que reaccionaran y volvieran a mi lado, mientras yo regresaba a Tyranitar; estaba claro que no había espacio para una batalla contra ese poderoso Pokémon.

Groudon no si inmutó por el movimiento de mis Pokémon, él caminó con parsimonia hacia la máquina, causando que la lava y la tierra temblaran a cada paso. Entonces finalmente se detuvo, a solo dos metros del objeto de su interés, y el orbe comenzó a brillar; una luz rojiza cubrió la cámara y sonó un potente bombazo: la máquina y el orbe habían explotado. Una esfera de energía similar a la de la mega-evolución cubrió a Groudon; en el medio podía ser apreciado el símbolo omega, marcado en fuego. Entonces la esfera de energía se resquebrajó, revelando a un Groudon mucho más grande, su cuerpo de un rojo más intento que antes, y con magma corriendo por lo que antes eran recovecos de color negro; Colress había hablado de eso, era la Regresión Primigenia.

–Jefe, sin el orbe no podremos controlar a Groudon… –Escuché a uno de los subordinados comentar, nervioso.

–Siempre supuse que eso no sería más que una leyenda sin fundamento… A partir de ahora no seremos más que simples espectadores. –Le respondió el pelirrojo. –Bueno, ya presenciamos la Regresión Primigenia, es hora de regresar al submarino y volver a la superficie. –Dicho eso, Maxie y su gente se alejaron en dirección a la entrada de la Caverna Abisal.

Yo, por mi parte, me quedé paralizado, observando al poderoso ser de fuego y tierra cavar hacia arriba, seguido por un mar de magma; era obvio que hacía lo mismo que el Team Geyser: buscar la superficie. Incapaz de soportar el calor, comencé a perseguir a Maxie, que no reparó en mi presciencia. En menos de quince minutos llegamos donde antes estaba el submarino, pero para mi sorpresa, lo que se hallaba era una nave mucho más pequeña y compacta.

–Al parecer Archie terminó su trabajo más rápido que nosotros, nos tocará usar el sumergible de emergencia. –Entonces el pelirrojo oprimió el botón de acceso y se dispuso a entrar, pero antes de hacerlo, se volteó hacia mí. –Me siento de buen humor, ahora que logré mi sueño; puedes venir con nosotros si lo deseas. De todos modos, fuiste un gran adversario y me derrotaste, lo menos que mereces es presenciar el renacimiento del mundo en primera fila.

No respondí, simplemente ingresé antes que él y tomé el asiento de copiloto. Maxie tomó el de piloto y tras él ingresaron las cinco personas restantes; escuché a Tabitha quejarse, pero lo ignoré. Para ese punto ya había regresado a Keldeo a su Maya Ball y tenía a Pikachu en mi regazo; estaba muy conmocionado para hacer algo más que zapatear sin detenerme. Maxie me mencionó cosas como: "Sin la recarga del meteorito, Groudon y Kyogre tendrían que haber viajado hasta la Cueva del Origen para propiciar la Regresión Primigenia; eso podría haber tardado hasta veinticuatro horas", o: "Zinnia se quedó con Archie, sin esa chica nunca lo hubiéramos logrado".

Pero yo era incapaz de pensar en otra cosa que en lo que podría estar sucediendo en la superficie, y claro, en la salud de Serena. También temí por Sawyer, pero entonces recibí un mensaje de él, cuando alcancé cobertura, afirmándome que Kyogre había despertado antes de que pudiera derrotar a Archie, pero que aun así se había vuelto a infiltrar en el submarino. Yo le respondí explicándole lo que yo viví, y entonces volví a mis cavilaciones sobre cómo salvar el mundo ahora que había sido condenado. Aun pensaba en ello, cuando el sumergible se zarandeó, señal de que habíamos llegado a tierra; el agua se encontraba muy turbulenta, pero eso no fue problema debido al diseño hidrodinámico del sumergible.

Salí atropelladamente del vehículo y busqué con la mirada señales de los legendarios; mis ojos se posaron el oeste, cerca de la zona continental de Hoenn. Estaba muy lejos como para verlo detalladamente, pero podía vislumbrar como un tifón asolaba la región, también podía apreciar enormes tornados asolar los mares, y bandas de aves siendo engullidas enteras por el poder de una tormenta asesina. El poder del mar era tal, que la isla en la que nos encontrábamos estaba siendo impactada por olas de hasta cinco metros y, a unos cientos de metros de distancia, mar adentro, se formaban remolinos del tamaño de islas. Pero entonces se escuchó un estallido, como los ocurridos en la cámara, y el mar se calmó.

Cualquier preocupación que sentí por el poder del océano se esfumó entonces. Eran las seis de la mañana pasadas, lo comprobé en mi HoloCaster, el Sol apenas iluminaba; pero, aun así, comenzó a hace un calor solo comparable al del mar de lava de la Caverna Abisal. Entonces, el Sol comenzó a brillar cada vez más, de forma anormal, y se escuchó otro estallido, seguido por otra ola de calor. Era sofocante, pues el mar se estaba evaporando a una velocidad de locura. Sonó un tercer estallido, acompañado de gritos de agonía, tanto de Pokémon como de personas.

Miré hacia el norte, donde podía apreciarse la forma de un volcán cónico dormido: Ciudad Sootopolis. Los gritos venían de ahí. Pronto entendí el porqué; "Groudon decidió salir por la Cueva del Origen". El cuarto y el quinto estallido se dejaron escuchar, y a partir de ese momento, una figura aterradora surgió de la cima de la muralla natural que cubría la ciudad insular. Un temblor y un último estallido lo acompañaron: el volcán estaba nuevamente activo. Sobre éste, Groudon, su rey, surgía imponente, bañado por un océano de magma que calcinaba y ahogaba vidas inocentes a su paso…

–Mierda… Este en verdad es el fin del mundo…