CAPITULO EXTRA: LA 'ALIANZA DEL NORTE'.
((Ya tengo 61 capítulos, creo que habrá 63, más unos extras como este donde se ven unos... antecedentes al capítulo 1 y otro más entre los capítulos 36 y 37 pero ese irá al final, creo que tras el 61 y explicará algo que lleváis pidiendo que cuente hace ya unos capítulos, creo que desde que salió mencionado.
De momento voy a 3 manos con los extras II y III, y con el capítulo 62, así que un poco de paciencia porque espero acabar el Extra III este fin de semana y los otros dos durante la semana que viene o dos semanas como mucho.))
(Voz de Laki)
Es muy curioso, a veces puedes llegar a odiar a alguien, desearle la muerte incluso, y aún así, te mantienes a su lado pase lo que pase porque tienes motivos de peso.
Lo sé, yo he sentido eso durante nada más y nada menos que 79 años, 5 meses, 26 días y 19 horas con 49 minutos exactamente, 2 años menos que años tiene mi sobrino Billie puesto que cuando me fui de allí él cumplía el año y medio en apenas semana y 3 días más tarde.
Había hecho cosas terribles, por mi culpa, por mi odio y mi don, había hecho daño a la persona que mas amaba, no es que no lo mereciera, me dejó tirada como una colilla justo un mes antes de nuestra boda, por otra. Había hecho daño a esa mujer y se lo habia hecho a él, no había lugar para mí ya en aquel lugar, no cuando él se casaría con la otra, Marah, y desde luego, no cuando yo me moriría por dentro cada vez que les viese juntos; no quería convertirme en un demonio, yo no soy un demonio, no quería llegar a vieja sabiendo que sería una vieja, sola y amargada; así que me escapé.
Vagué durante mucho tiempo, pasé por ciudades y pueblos, trabajé a tiempos para lograr un dinero para sobrevivir, y así acabé viajando de polizón en un barco de trasporte que cruzaba el charco, esperaba que la distancia fuese suficiente para poder lograr curar las heridas, y la promesa de un nuevo mundo, el viejo continente, me abría un abanico de posibilidades, el problema fue cuando llegué allí.
No, aquel sitio no era tan brillante como me lo había imaginado; en España tuve que sobrevivir haciendo pillerías para sobrevivir, en Francia la cosa cambió y me dediqué a trabajos de mierda para poder sobrevivir, pero una persona de mi procedencia y sin saber el idioma no podría hacer gran cosa, mi cara y mi piel gritaban 'extraña' a los cuatro vientos, y eso no me lo puso nada fácil.
Aprendí los idiomas de los sitios que visitaba, español, francés, italiano... y así acabé llegando a los fiordos, hablando cuatro idiomas y solo el inglés perfectamente aunque en francés me defendía y en aquel tiempo, con ambos y un poco de español e italiano chapurreado llegabas a cualquier sitio.
Lo de mi cambio me había llegado en la época que estuve en España, allí los bosques eran amplios, y muchos tampoco estaban tan lejos de la población. Me pasé tiempo viviendo con una gente que me acogió como una más, los gitanos. Eran gente divertida, trabajaban duro y sus trabajos no siempre eran muy... loables, eso sí, lo que hacían lo hacían todo a conciencia.
Eran casi como volver a tener una tribu, pero cuando llegué a los fiordos, con aquellas tundras y nadie a la vista durante kilómetros fue cuando encontré un sitio donde poder asentarme.
Pasé en las tierras del norte casi un año, hasta que me encontraron.
Yo solía ir a un pueblo, no muy lejano de mi cabaña en el monte, allí cambiaba pieles de mis cacerías y comidas por diversos objetos útiles y tenía fama de ser 'la dama de las nieves', una mujer que vivía sola en el monte, un poco alejada de la parte poblada y que nadie sabía muy bien a qué se dedicaba pero no hacía daño a nadie. Hasta que un día, ellos llegaron.
Los días en la tundra no distan mucho unos de otros, generalmente son grises y fríos, nos son perfectos pero si tienes una temperatura corporal constante de unos 38º y medio y no puedes enfermar ni aunque corras desnuda bajo la tormenta de nieve del siglo, unos grados bajo cero y tener que vestir siempre con abrigos de pieles no es un impedimento.
El día que vi un frío con mis propios ojos había amanecido gris de nuevo, el cielo parecía presagiar una nevada copiosa y yo debía bajar al pueblo a abastecerme de sopas de lata y a recoger la prensa de la semana que me guardaba Olaf, el del bar del pueblo cada día y yo recogía los atrasados cuando bajaba al pueblo, no es por nada pero siempre me ha gustado estar al día más o menos de lo que pasa en el mundo, aunque en mi caso, era más bien 'a la semana' o así; así que preparé a Betsy, la joven hembra de reno que no solo me hacía las veces de caballo sino que además me daba leche de vez en cuando, la até al trineo de trasporte y me dispuse a acompañarla. Yo nunca montaba, la pobre Betsy era un animal salvaje y no me parecía moral usarla como un animal 'esclavo', así que mientras ella tiraba del trineo de mercancías, yo la acompañaba tarareando alguna canción quileute de tiempos antiguos o la última cosa que había escuchado por la radio. Mi 'familia' se completaba con Odin, un lobo ártico precioso que tan pronto me defendía la casa como me ayudaba a conseguir caza para el puchero o me acompañaba en mis correrías nocturnas para abastecer el pozo de nieve con carne que mantenía enterrada en él como si fuese la nevera. Odín nunca se alejaba mucho, tampoco era un animal doméstico ni yo pretendía que lo fuera, pero algunas noches venía y se tumbaba al fuego dejando bajo él un charco de nieve derretida; iba y venía a su antojo, pero nunca se alejaba demasiado de la casa.
A lo que iba, ese día que había tenido que adelantar un poco la bajada al pueblo por la nevada que con un poco de suerte bloquearía el camino al pueblo durante unos días, fue cuando vi por primera vez un frío. Había ido uno solo, una hembra, la sentí incluso antes de verla y llevaba una semana ya allí; yo nunca había sido el miembro más apreciado de la aldea, pero gracias a ella, la mayoría comenzaron a sospechar de mí; ahí fue cuando aprendí que los fríos podían localizarnos como nosotros a ellos, claro que para darme cuenta de eso tendrían que pasar más tiempo.
Aquella fría había matado mientras yo estaba en las montañas, y cuando bajé me encontré con la masacre: 12 personas en menos de una semana; pero lo que más dolió fue lo de Olaf, aquella demonio le había convertido en un demonio como ella.
Oh, monté en cólera y estallé allí mismo, en la plaza del pueblo. Era como si no fuese yo, me convertí en un monstruo gracias al mordisco que aún tenía en mi pierna y que hasta entonces había pensado que había sido por un lobo. Peleé con fiereza contra la bruja y Olaf se metió en medio, sentí que se me partía el corazón cuando les reduje a una pila de trozos y también supongo que intervino el dolor que sentí cuando me ropieron varios huesos al lapidarme y huí mostrando los dientes hasta las encías furiosa con aquella gente. ¿Eran tontos? Yo solo les había salvado de aquellos demonios, ni que fuese plato de mi devoción el matar gente que conocía y que me caía bien. El caso es que ese día también conocí al resto de razas de lo que posteriormente aprendería que se llamaba 'mundo de la noche'. Fui perdiendo sangre unos kilómetros, con Odín a mi vera, empujándome con la cabeza para mantenerme de pie cuando me fallaba una pata que me habian roto de una pedrada; pero al final no pude seguir y me caí todo lo larga que era en la nieve, con restos de las pieles que habia llevado al ir al pueblo colgando por mi cuerpo a modo de lanúnculos. Betsy paró su marcha y volvió para pararse, muy oportunamente, a mi costado y hacerme sin querer de parapeto contra el gélido viento.
Luego comenzó a nevar y mientras oía los gritos del pueblo, noté que se me cerraban los ojos.
Noté como si alguien me cogiése por lo que quedaba de ropa y luego un pulso algo rápido y caliente, como un animal grande.
Cuando abrí los ojos estaba en casa, estaba en mi cama, tumbada y hacía calorcito de un fuego encendido. Pensé que había sido todo una pesadilla, pero entonces me dolió todo y supe que no había sido un sueño.
"No deberías moverte." Me dijo alguien con acento del norte.
"Oh, Raoul." Dijo otra voz con algo más de ansiedad. "Deberíamos haberla dejado allí."
"Lycaon dijo que la cogiéramos." Dijo el primero. "La chica es una 'hermana', ha acabado ella sola con un par de amenazas."
"Sí, y es pasto de los gusanos si no la hubiésemos seguido y recogido." Dijo el segundo.
"Aún puede sernos de utilidad." Dijo un tercero. "Tiene una pinta apetitosa, aún con vendas y todo."
"Nada de eso, Aurum." Le dijo el primero. "Lycaon nos dijo que la recogiésemos, le corresponde a él decidir qué hacer con ella."
Me asusté y saqué uno de los cuchillos que tenía junto a la cama, en la mesilla.
Creo que mi reacción no la esperaban, pero tapoco les hizo ninguna reacción de lo que yo esperaba, al contrario, dos de los tres se rieron y el primero símplemente sonrió y me invitó a bajar el cuchillo.
Ese fue el primer contacto que tuve con ellos, con los 'hijos de la luna'. Cuando llegó su jefe, el tal Lycaon, se trajo consigo a unos cuantos tipos más.
Me explicaron que yo era una 'hija de la luna', cosa que les extrañó mucho porque nunca habían visto ninguna y la historia no conservaba registro de nadie más como yo, ninguna hembra en la historia; sin embargo, lo que había pasado en el pueblo era un signo evidente de que lo era puesto que había adoptado la forma más perfecta de los 'hijos de la luna'.
Al principio no me lo creía, hasta que me arrancaron la venda de un brazo y vi que ya no estaba roto y las magulladuras ni estaban; me arranqué yo misma otro par y entonces comprobé que las heridas que normalmente serían aún heridas suaves, no eran ni siquiera líneas rosas en la piel.
"Además de única, preciosa." Me había dicho aquel hombre, 'Lycaon'.
Se habían pasado allí, okupándome la casa como una semana, hasta que me curé; tuve que cocinarles, limpiar lo que ellos me mancharon...
Hasta que les eché a patadas, pero no me sirvió de mucho, así que a los 2 días, los saqué de allí cuando me enteré de que los 'hijos de la luna', como cualquier mortal, temían a los incendios. Me quedé sin algunas cosas pero... valió la pena.
Cuando bajé al pueblo esa misma semana para intentar conseguir unos víveres lo encontré arrasado y me asusté. Sobretodo cuando de algunas casas en la plaza comenzaron a salir unos lobos antropomorfos gruñéndome y enseñándome los dientes.
No, aquellos no eran para nada como los míos, así que no me corté un pelo y saqué la escopeta; desde que Levy Sr. nos enseñase a su hijo, mi hermano y a mí a manejar la escopeta, yo había mejorado bastante, al menos ahora le daba a las latas a más distancia.
Apunté pero los lobos no me atacaron, al contrario, aullaron y no me hicieron nada, solo me gruñeron.
"Ah, entonces... era ella." Dijo una voz tras nosotros. "Pfiuuuu, no está nada mal."
Oí a los animales gruñirle y uno, el más gordo amenazó con atacarle por lo que el tipo reculó disculpándose mientras el otro le daba un zarpazo que por poco le saltó medio costado. Entonces disparé contra el ser que saltó y se alejó cuando le metí la bala en la pierna antes de salir corriendo de allí seguida por Betsy y Odin.
¿Qué había pasado en el pueblo?. ¿Por qué parecía que había pasado por allí los jinetes del apocalipsis?
La respuesta me vino en cuanto llegué a la casa, con la escopeta en mano y me encontré con unos lobos.
Si dijese que les fue fácil reclutarme en las filas de la 'Alianza del Norte' estaría mintiendo.
Les disparé, los achicharré, les puse mil y una trampas en la montaña y al final dejaron de molestarme, los monstruos, porque el canso del pueblo siguió viniendo.
Me habló de la Alianza, me fue comiendo poco a poco la cabeza y me habló de los objetivos que perseguían ellos, a qué se dedicaban...
Nunca había sido demasiado influenciable, pero se me abrió la oportunidad de poder aprender a dominar mi nuevo 'espíritu', la oportunidad de tener un objetivo y a la vez, de vivir con otros como yo, hacer una especie de comunidad y tener de nuevo algo así como un grupo, una familia.
Fue curioso, pero sembraron en mí una semilla de esperanza, rara pero esperanza y la regaron convenientemente, así que acabó germinando y minando mi moral poco a poco.
Y de pronto un día...
"En serio, deberías probar a darles una oportunidad en vez de dispararles cada vez que asoman el morro." Me dijo.
"Es su culpa, por ser unos animales." Le dije.
"Animales que tú también eres." Afirmó. "Por suerte, creo que han dicho que aún no has visto la luna llena."
"Ya veremos si es cierto la mitad de cosas que me has dicho." Le dije cogiéndome un trozo de cecina del techo de la chimenea de ahumar.
"En serio, ninguno acabamos de entender qué haces aquí sola cuando podrías venirte con nosotros a..."
"Dos cosas." Le dije. "Lo primero, aparta los pies de mi mesa, y lo segundo... como alguno se le ocurra tocarme las narices vais a ver lo que es una hembra de la especie."
"¿Eso significa que sí?" Me dijo.
"Eso significa que quites los pies y dejes de joder, que no quiero que ninguno vengáis a mi casa." Le dije. "Mi casa es mía, punto."
"Esque..." Me dijo. "Vale, será mejor que me vaya. Volveré mañana, a ver si conseguimos cazar un reno y te podemos traer una pata."
"Oh, y mira a ver si te acompaña ese tío con pinta de ser el jefe." Le había dicho. "Lycano, Lycon..."
"Lycaon." Me dijo.
"Sí, ese." Le dije. "Juraría que era el jefe."
"El alfa." Me dijo. "¿Ahora quieres hablar con él?"
"Pudiera ser." Afirmé. "Pero mañana, hoy tengo muchas cosas que hacer."
Esa noche apenas dormí, la pasé un poco en vela debido a la inquietud de los lobos en el monte. Era raro.
Sin embargo... fue aún más raro, porque de pronto, me vi reflejada en el cristal y vi algo que no me gustaba. Había estado huyendo de mí misma, de mi pasado. Y justo en ese momento, decidí que no quería seguir siendo así, no quería seguir huyendo, así que miré el cuchillo que tenía en mis manos y cogí el pelo.
El primer golpe fue el más fácil. De pronto el pelo estaba tenso y al siguiente estaba colgando como hebras negras brillantes en mi mano, muertas; entonces vino el segundo, tampoco dolió. Uno a uno fui cortándome todos los mechones de pelo hasta que la imagen que me devolvió la mirada fue de mi agrado.
Luego escogí qué llevarme y qué dejar y lo metí en un mantel para hacer un hatillo. Sonreí un poco y fui a sentarme al sofá donde me esperaba Odín, estuve palmeándole la cabeza hasta el alba y cuando llegó, comencé a oír ruidos fuera y me levanté.
Llamaron a la puerta, un detalle por su parte considerando que solo eran un grupo de asesinos que habían matado a todo el pueblo solo por apalizarme a mí, que se habían tomado una venganza que no era suya sino mía como si fuese suya.
"Me han dicho que..." Dijo el tipo.
"Tú, coge esto." Le dije al que conocía pasándole mi hatillo. "Odín, vamos, fuera."
Lógicamente, no se apartó de mi lado aún cuando salió.
"Oye, qué..." Me dijo el que conocía.
"Tú, alfa." Le llamé. "Tres cosas. Uno, soy una chica, así que exijo que como mínimo tenga una hora de baño propia, el tener que compartir me da igual, pero paso de mirones mientras me ducho; oh, y mi cama, es mía, ni compañeros ni tener que compartirla, aunque sea yo por la mañana y otro por la noche, nada de compartir mi cama. Dos, no soy ni 'nena', ni 'churri', ni 'chica'... nada de eso, aquí soy tan válida como el resto." Avisé poniéndome seria y casi empujando a los tíos y al otro que había ido allí y parecía hacer las veces de escolta de los otros. "Y tercero, al que me toque mucho las pelotas os juro que le arrranco lo que sea. ¿Entendido? No soporto el machismo, ni que toquen mis cosas; oh, y nada de despertarme que me jode mucho."
"Como el agua." Me dijo el que había venidoa hablar conmigo.
"Eh, Alfa, eso iba por tí." Le dije. "Sé muy bien cómo va lo de manada. El alfa es ley."
"Me gustas, tienes agallas." Me dijo con ironía. "Y como has dicho, me encargaré de que eso sea así."
Suspiré suavemente.
"Entonces tienes una unidad más en la manada." Le dije seria. "Pero solo hasta que me apetezca. Yo soy loba solitaria."
"Desde luego." Me dijo el simpático.
"Ya veremos." Me dijo el alfa con ironía.
"Eres una hembra chunga." Me dijo el que parecía el guardaspaldas.
Creo que fue la primera vez que le casqué un golpe a nadie de esa especie; lo derribé gracias al factor sorpresa y le dejé clavada la mano en la nieve sangrando horrores.
"Vaya, pareces saber defenderte." Me dijo el alfa casi riéndose de mí.
"Una mujer de verdad debe saber cómo defenderse." Afirmé desclavando la cuchilla de piedra de la mano y guardándomela tras limpiarla contra el pantalón.
"¿Y la chica que descubrimos cuando perseguíamos a esos demonios chupasangres?" Me dijo el alfa. "Tú solo pareces un mamarracho."
"Regla número cuatro: no te metas con mi aspecto ni mi ropa." Le dije yendo a amenazarle con la lasca de nuevo. "Nunca." Afirmé clavándole otra puesto que la primera me la había parado.
Eso me valió un golpe que me caló la camisa blanca ajustada con las mangas remangadas que llevaba y me coló un poco más por los rotos del pantalón vaquero que llevaba.
"Apréndete tú una cosa más." Me dijo el tipo. "Yo soy el alfa y eso significa que quien me toca sin permiso acaba muerto. Como eres primeriza y una hembra, por esta vez pase, pero la próxima..."
Asentí.
"Mis normas son iguales para todos." Le dije.
"Vale, 'agallas'." Me dijo. "Pero no esperes nada de piedad por parte del resto. Aunque... creo que tú y yo podremos llegar a ser algo más que amigos, si te portas bien." Me dijo cogiéndome por la barbilla.
Le hubiese mordido, pero solo me solté.
"Ya veremos." Le dije molesta para hacerle carcajearse.
"Vamos, no podemos seguir retrasándonos." Me dijo el tipo-guardaspaldas dándome un empujón para que comenzase a andar.
"¿A dónde vamos?" Les dije.
"A cazar al resto de chupasangres, a cobrar el trabajito y luego a casa." Me dijo el amable.
"Ya verás cielo, te va a encantar nuestro 'hogar'." Me dijo el alfa.
En esa 'misión' descubrí que lo de aniquilar el pueblo entero por haberme lapidado y considerarme ellos miembro de los suyos era casi un juego comparado con lo que hacían. Descubrí que los que había visto eran apenas la mitad de gente puesto que por el camino se nos unieron más y parecían ser del grupo y cuando volvimos a lo que ellos llamaban 'hogar' me di cuenta que había más. Algunos como los que habían ido a por mí, otros como mi anterior familia.
Con ellos aprendí que lo que una vez hubo con mi padre y el resto de guerreros de la tribu era el paraiso comparado con aquel sitio. Vivíamos casi encerrados, relegados a una parte del sistema de alcantarillados de la ciudad, ocultos de la humanida pero saliendo al exterior.
Las cosas fueron cambiando conmigo, yo las fui cambiando. Orden, limpieza... la esponja y el jabón... todo eso fueron términos que fui incluyendo en la 'Orden' con sangre, sudor y lágrimas.
Al principio, la peste y la inmudicia en la que vivíamos era terrible, era como vivir en un estercolero, y lo peor era que al resto de machos parecía no importarles.
Me acostumbré enseguida a su vida, con peleas cada dos por tres, las misiones de destrucción, de matanza de fríos a los que ellos llamaban chupasangres.
De ellos aprendí a controlarme en mis trasformaciones, el manejo de diversas armas y muchas más técnicas de caza y asesinato de las que ya sabía; de forma que pronto fui una de las mejores unidades dentro del grupo.
De ser la última mierda pasé a ganarme el respeto de la gente, sobre todo 'de alguna gente'; los nombres de 'Jack Russell', 'Jaques Roulette' o 'Troyano' fueron comenzando a aparecer cada vez con más frecuencia cuando se preguntaba por mí, aprendí que 'Raoul', que estaba entre los más chungos del grupo era también el único más o menos cuerdo de ellos.
Al poco de llegar a la 'Alianza', me quedó muy claro que su jefe-alfa, 'Lycaon', tenía intereses varios en mí, y no todos eran referentes a mis técnicas y habilidad. Para él yo era precísamente una 'hembra', yo era 'LA hembra'. No le interesaba que fuese buena en aquello ni que pronto me hubiese ganado el respeto de todos los compañeros de mi nivel hasta el punto de hacerme algo así como una 'delta'; no, a él lo único que le interesaba de mí era lo que ocultaban mis pantalones, sobre todo la sangre que procedía de mí en la luna llena.
Al principio no pensé en 'acoso', pensaba que solo era pesadez y cabezonería, el típico orgullo de macho y encima al ser el alfa era peor porque se debía pensar que era su deber quedarse con la 'hembra'; pero pronto la insistencia pasó a ser acoso, cuando la cosa empeoró cuando algún compañero tenía alguna deferencia hacia mí o me tocaban de cualquier forma que no fuese como a otro compañero; ya podía ser solo el pasar el brazo por los hombros, o el abrazo diciendo "Esa es nuestra 'Fortuna'.", a él le daba igual y al que lo hacía no tardaba demasiado en aparecer con claros signos de una paliza.
El órden allí estaba más que claro, 'Lycaon' era el alfa y su deseo era ley para el resto; si él decía que yo era su hembra entonces eso era lo que era. Ni más, ni menos.
Aunque eso cambió un poco cuando 'Rabia', el beta de aquella época, vino una noche a despertarme; ya le había tenido que guardar varias por saltarse las sencillas normas que había puesto yo al llegar sobre mí, por tocar mis cosas, por robarme comida, por apropiarse de botines de guerra míos... pero claro, era el beta, vete tú a meterte con uno.
No, aquella noche fatal, digo fatal para él claro, yo estaba durmiendo, y solo por reafirmarse como beta intentó despertarme para pedirme mi manta que había recogido en un pillaje de una casa de fríos.
Obviamente, en cuanto abrí los ojos una rendija y supe que no era ninguno de los que contaba con mi beneplácito, preparé el puño y del primer puñetazo le pillé la mandíbula bien y se la rompí, me levanté sin soltarle y con él bien enganchado en su forma humana en mi zarpa con la que le había perforado el pecho si no en el corazón como descubrimos más tarde, a milímetros de este y me trasformé a mi forma híbrida para morderle el morro que comenzaba a producirse en su cara de licántropo. Le mordí el cuello y estuve a punto de arrancárselo si no me hubiesen parado entre varios por lo que le metí un segundo puñetazo y la mandíbula salió volando de su cuerpo, descolgada en un punto y rota.
Costó todas las unidades 'cuerdas' y Albino retenerme contra el suelo mientras Albino estaba a punto de perforarme mi tráquea entre sus mandíbulas.
"¡¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?!" Oí rugir a 'Lycaon'. "Que se lleven ahora mismo a 'Rabia' a solucionar eso." Dijo cuando le explicaron lo que había pasado y sin perderme de vista. "Fortuna, tenemos que hablar." Me dijo cogiéndome del brazo mientras yo le gruñía enseñándole los dientes y las encías en mi boca lupina de la forma híbrida.
Recuerdo solo dos cosas, la paliza moliéndome los huesos y el asco que sentí cuando me violó por primera vez.
Fue algo horrible, pero gracias a eso me convertí en la beta de la 'Alianza', y de ahí las cosas mejoraron con el resto de machos de la misma, pero empeoraron con el alfa.
Mi deber ahora era proteger al resto, y eso incluía que para protegerles de la ira de 'Lycaon' debí dejarme 'tocar' por él aunque eso me produjese desear morir y me sintiese sucia.
Pero claro, por aquel entonces yo solo era una unidad, la beta, pero solo una mujer a la que habían encontrado medio muerta.
En la 'Alianza del Norte' no existen deudas, si te salvan la vida te la han salvado, ya se la salvarás tú otro día, pero eso sigue siendo estar en deuda con alguien, y yo estaba en deuda con varios de los machos de la misma, pagaba las apuestas con carne que me quitaba de mi ración en las acciones y de mis cacerías, favores con más favores... pero nunca habrá nada que pueda pagarme lo que tuve que pasar con 'Lycaon' por salvarles el pellejo al resto.
Nunca hasta aquella noche lluviosa, y si llegué a aquel punto fue porque les guardaba rencor a todos los otros, por permitir aquellos abusos y no hacer nada por impedirlo; porque una cosa era que aquel hijo de perra se metiera conmigo, pero que se metiese con mis hijos... aquello no tenía perdón de dios, me pagó todas de golpe, y aún así, si ahora pudiera, le haría volver a pagármelas, y luego de nuevo, porque no hay manera de que pudiera pagarme todo lo que nos ha hecho, ni a mí ni a mis hijos.
