Amigos míos:
Aquí les traigo el segundo capítulo de esta semana, espero que sea de su agrado, voy a tratar de trabajar en el fic toda la noche pues voy un poco atrasado. (Inner: ¿Un poco? sólo tienes un capítulo y medio por publicar y si no te apuras vas a hacer esperar demasiado a los lectores) Ya voy, sólo déjema trabajar ¿Quieres? (Inner: Ni que te estuviera atando de manos) Tal vez de manos no, pero me haz encadenado a la silla. (Inner: Es por tu bien) Si claro ahora cuéntame una de vaqueros (¬_¬).
Disclaimer: Los personajes de Naruto son propiedad de Masashi Kishimoto, los personajes de Tenchu son propiedad de la empresa From Software desde el 2004, anteriormente de Activision quien los compró directamente de Sony Entretainment. Sólo la presente historia es de mi propiedad intelectual y no guarda ninguna relación con el manga/anime o el precitado juego.
Izaioi
Tres días más tarde, mientras Naruto se encontraba en camino a entrenar, se cruzó con Sakura quien parecía bastante angustiada por algo.
- Buenos días Sakura-chan ¿Qué ocurre te veo un poco preocupada? – dijo el rubio a modo de salud
- La verdad Naruto no es nada grave sólo que en los últimos días he notado a Tsunade sensei un tanto nerviosa es como si algo grave estuviera a punto de pasar y no quisiera compartir esa información con nadie, incluso Yukino sensei está preocupada por ella, pero no encuentro la forma de preguntárselo, en especial porque pasa más tiempo en tu oficina que en el hospital. – dijo la peli rosa.
- Sinceramente creo que te estás preocupando por nada Sakura, pero te prometo que hoy mismo hablaré con ella sobre el tema. Por otro lado. ¿Cómo va tu entrenamiento con Yukino-san?
- Pues bastante bien, de hecho Yukino sensei dio por terminado su entrenamiento la semana pasada, ahora sólo estamos haciendo algunos repasos y me está ayudando un poco con mi trabajo, pero no le digas nada de eso a Tsunade sensei. ¿Está claro Naruto? – dijo la kunoichi en un tono ligeramente amenazante.
- Está bien, no es necesario que te pongas así. Ya no somos unos niños ¿Sabes? – respondió el Hokage tratando de no sonar nervioso.
- Lo siento es que hay costumbres que nunca se pierden. Bueno debo irme, dale mis saludos a Hinata-san y dile que la espero mañana para la consulta de las gemelas.
- Así lo haré. – dijo el rubio mientras agitaba su mano derecha en el aire en señal de despedida.
Al cabo de unos minutos Naruto llegó al lugar de entrenamiento designado para el día de hoy, en donde encontró nuevamente a Sasuke y su maestra sosteniendo un duelo bastante ajustado.
- Vaya que sorpresa – dijo el rubio en tono sarcástico.
- Llegas temprano dobe, eso sí es una sorpresa. – dijo el Uchiha mientras sacaba de balance a la maestra de espadas.
- ¿A qué te refieres con sorpresa teme? Yo soy muy puntual. – dijo Naruto un tanto ofendido.
- Puntual sí, pero nunca sueles llegar antes de la hora indicada. – rebatió el anbu mientras guardaba su espada.
- Bueno niños ya basta de discusiones. Ahora ojitos será mejor que practiques esa defensa unos minutos mientras yo habló con Naruto, luego regreso contigo. – dijo la castaña sonriendo.
- La escucho Hikari sensei. – dijo el aludido.
- ¿Sabes algo Naruto? Ya te enseñé todas las técnicas que debes conocer acerca del manejo de la Ninja-to, pero aún no logró que te vuelvas uno con tu espada, sinceramente no tengo idea de que hacer contigo. – dijo la castaña consternada.
- No la entiendo Hikari sensei.
- Pues bien, lo que quiero decir es que ya no tengo nada más que enseñarte y aun así tu no eres capaz de despertar a Izaioi y eso sí que es raro, para estas alturas ya deberías ser capaz de escuchar al espíritu de tu espada, pero nada, lo único que puedo hacer por ti es recomendarte que practiques las katas día y noche hasta que Izaioi y tu finalmente sean uno solo, hasta entonces no tengo más que enseñarte, pues la última lección que tengo para ti consiste en liberar toda la fuerza de la espada, pero no puedo hacerlo hasta que te conviertas en uno solo con Izaioi. – dijo Hikari algo incómoda.
- Está bien eso haré. – dijo el rubio algo deprimido.
- Bueno ¿A qué esperas? ¿Qué te nombren rey del mundo o qué? – dijo la castaña antes de darle una tremenda palmada en la espalda.
- Ya voy, vaya que carácter. – dijo el rubio mientras intentaba no perder el equilibrio.
Luego de estar practicando su kata durante dos horas y media, Naruto se dirigió a su oficina en donde se encontró nuevamente con la sanin y el hokage sustituto.
- ¿Todo en orden? – preguntó el jinchuriki mientras se preparaba para revertir el jutsu.
- Como siempre. Por cierto el equipo de Konohamaru estará fuera tres días y el equipo Uno por cinco días sus misiones los llevan un poco lejos de la villa, pero no había nadie que pudiera efectuar esas misiones mejor que esos chicos. – respondió el clon algo nervioso, mientras intuía la pregunta de su creador.
- ¿Qué jounin va con ellos? – dijo Naruto mientras lo miraba directo a los ojos.
- Pues revierte el jutsu y averígualo. – respondió el clon, bastante tenso.
- No lo haré porque si revierto el jutsu y descubro que no enviaste a nadie con ellos no podre castigarte como te mereces. – dijo el rubio bastante serio mientras Tsunade tronaba sus nudillos.
- El equipo de Konohamaru va sin supervisión y el equipo Uno, pues… - dijo el clon mientras ponía ojos de cachorro regañado.
- ¿Sí…? – dijo Naruto
- Lo siento es que la misión era muy urgente y cuando me di cuenta ya habían partido, pero envié a Shikamaru tras ellos. – dijo el clon mientras cerraba los ojos.
- ¡¿Shikamaru?! ¿Estás loco o qué te pasa? ¿Cómo se te ocurre enviar a Shikamaru? ¿Tienes idea de lo que me va a hacer Temari-san, en especial ahora que está en ese estado? Está vez si que te extralimitaste. – dijo Naruto visiblemente enfadado y asustado a la vez.
- ¿Puedo? – dijo la sanin mientras sonreía maliciosamente.
- Adelante ba-chan, sólo no rompas el escritorio. – dijo el rubio mientras cogía su sombrero de Hokage y se dirigía a la puerta.
- Está bien.
- No es justo yo sólo soy un clon indefenso. – dijo el kage bunshin antes de caer presa del golpe de Tsunade.
- ¿A dónde vas? – preguntó la sanin al ver que el rubio se dirigía a la puerta.
- ¿No es obvio? voy a enviarle un mensaje a Shikamaru para que regrese de inmediato, luego iré a ver a Temari y enviaré a Yamato para que acompañe al equipo Uno. – dijo el rubio bastante agitado.
- Espera, ya me hice cargo de ello, en este momento Shikamaru debe estar volviendo a la villa. – dijo la sanin con calma.
- Gracias ba-chan, me acabas de salvar la vida. – dijo Naruto mientras suspiraba aliviado.
- No te preocupes, para eso estoy. Por cierto ¿Cómo va todo por casa? – dijo Tsunade sonriendo.
- La verdad es que las gemelas son muy demandantes por lo que Hinata y yo estamos al límite. – respondió Naruto.
- ¿Qué hay de mi ahijado? – preguntó la sanin mientras sacaba un pequeño libro de su bolsillo.
- Jiraiya está de maravilla aunque en ocasiones también hace alguna que otra travesura. Ba-chan hay algo de lo que me gustaría hablar contigo.
- Dime Naruto.
- ¿Sabes que eres una persona muy importante para mi cierto? – preguntó Naruto con calma.
- Pues no, pero gracias por mencionarlo. – respondió la interpelada desconcertada.
- Ba-chan la verdad es que te quiero como a una madre, es por eso que me gustaría preguntarte ¿Qué es lo que pasa contigo? Últimamente te he notado muy nerviosa y algo desorientada y eso me preocupa. – inquirió el rubio mientras la miraba a los ojos.
- No te entiendo. – se defendió la sanin.
- Para empezar ya casi no vas al hospital, luego prefieres hacer el papeleo que revisar tus libros de apuestas y lo más extraño de todo es que en ocasiones pasas horas mirando a través de la ventana de la oficina cómo esperando a que algo extraño vaya a ocurrir.
- Está bien, me atrapaste o debo decir que Sakura lo hizo. – respondió la rubia mientras dejaba su libro sobre el escritorio. – La verdad es que estoy un tanto nerviosa durante las últimas dos semanas no hemos tenido ataques del Ranmakyukage y por si fuera poco el último examen de sangre que me realice arrojo un resultado un poco desalentador. – dijo la sanin pensativa.
- ¿Desalentador? ¿A qué te refieres? – rebatió el rubio.
- Me refiero a que mi carrera como ninja está a punto de terminar, al parecer mi cuerpo se encuentra bastante cerca de su límite y mi jutsu de regeneración celular ya no resulta tan efectivo como antes por lo que no sé si podré ser de ayuda en caso la aldea sea atacada y eso me enfurece. – respondió Tsunade con algo de pena en la voz.
- Ya veo, pero no tienes porqué ponerte así, además en caso de que algo pase, le corresponde a mi generación hacerse cargo, por lo que te sugiero que te relajes un poco y dejes todo en nuestras manos. – respondió Naruto en tono concertador.
- Tal vez tengas razón, pero es que Konoha es mi hogar y no puedo dejar de preocuparme por su futuro. – rebatió la rubia.
- Tranquila ba-chan tú ya has hecho más que suficiente por la villa así que sólo relájate y disfruta de tu retiro, bebe un poco de sake, haz algunas apuestas y relájate. – dijo el rubio con calma.
- Está bien tú ganas. – respondió la sanin mientras recogía su libro y lo guardaba en su bolsillo.
Aquella tarde transcurrió con total normalidad, salvo por un par de problemas menores en la villa, Naruto pudo disfrutar de una tarde apacible en su oficina. Durante los siguientes días Naruto estuvo practicando sus katas día y noche intentando en vano despertar al espíritu de la espada, sin lograr progreso alguno.
- ¡Esto es muy frustrante! Por más que lo intento no lo logro. – dijo Naruto mientras enfundaba nuevamente su espada luego de casi dos horas de practica a la luz de la luna.
- Tranquilo Naru, estoy seguro de que lo lograrás antes de lo que esperas. – dijo su esposa mientras se acercaba al rubio.
- No lo sé Hina, quizá esta vez no lo logre. – dijo el jinchuriki algo deprimido.
- ¿Quién eres y qué hiciste con mi esposo? – reclamó airada la oji perla mientras se quedaba de pie justo en su lugar.
- ¿Perdón? – preguntó el interpelado bastante confundido.
- Ya me oíste extraño. – dijo Hinata mientras asumía la posición del juken. – Será mejor que hables ahora antes de que ya no puedas hacerlo.
- Tranquilízate Hina, soy yo Naruto-datebayo. – dijo el rubio bastante nervioso.
- Tú no puedes ser mi Naruto, Naruto Uzumaki jamás se da por vencido así que te lo preguntaré por última vez ¿Quién eres y qué hiciste con mi esposo? – dijo la kunoichi sin relajar su postura.
- Está bien Hina, ya entendí, lo siento mucho, pero es que me siento bastante frustrado con esto. – dijo el rubio con calma.
- ¿Y qué piensas hacer al respecto? – dijo la morena sin relajar su postura.
- Seguir intentándolo hasta lograrlo-tebayo. – respondió el jinchuriki sonriendo.
- Ahora si suenas como Naruto, pero aun no me convences. – dijo la Hyuga relajando su postura.
- Entonces me tocará demostrarte quien soy. – dijo el rubio haciendo el sello del dragón y apareciendo detrás de su esposa y abrazándola tiernamente.
- Está bien me convenciste. – dijo Hinata sonriendo mientras ponía sus manos sobre los brazos de su querido rubio.
- Gracias Hina, no sé que haría sin ti. – dijo el Uzumaki con calma.
- Déjame pensarlo, ya sé te pasarías los fines de semana redecorando el monte Konoha je, je, je. – dijo la morena sonriendo pícaramente.
- Hey, ya no soy un crío ¿Sabes? – rebatió el rubio.
- A veces me parece que sí lo eres y ¿Sabes algo? – dijo su esposa sonriendo
- Dime…
- Me encanta. – dijo Hinata antes de besarlo en los labios.
Algunos minutos más tarde, luego de arropar a sus hijos y crear unos cuantos clones, cinco para ser exactos, para que custodien la seguridad de su familia durante la noche, Naruto se dirigió a su habitación aun algo intranquilo por su falta de progreso con Izaioi.
- Vaya que estás en líos cachorro. – dijo Kurama luego de que el rubio cerrara sus ojos para dormir.
- No es el mejor momento para esto Kurama. – respondió el Uzumaki bastante molesto.
- Tranquilo chico, sólo quiero ayudarte, he estado observándote detenidamente los últimos días y sé perfectamente que es lo que estás haciendo mal. – dijo el zorro con tono conciliador.
- Pues te escucho amigo. – dijo Naruto bastante más calmado.
- Cuando practicas la kata te concentras demasiado en el movimiento y no lo dejas fluir, lo que debes hacer es dejarte llevar, deja que la espada se convierta en una extensión de ti, no trates de controlarla, sino por el contrario déjate llevar por ella. – respondió el zorro.
- ¿Cómo hago eso? – dijo el rubio bastante confundido.
- Simple, no te reflexiones, sólo actúa, sigue tus instintos y verás cómo mejoras instantáneamente. - respondió el inmenso zorro.
- Puedes explicarte mejor. – respondió un tanto confundido el Uzumaki.
- Naruto, debes hacer lo mismo que cuando meditas, no uses el cerebro, sino el corazón, no pienses en el movimiento sólo siéntelo y déjalo fluir. – dijo el bijuu con calma.
- Ya entiendo, sólo debo relajarme y todo se resolverá por sí mismo. – dijo el rubio sonriendo.
- Exacto. – dijo el zorro sonriendo. – Yo sé que puedes hacerlo no te rindas.
Al día siguiente el rubio decidió seguir el consejo del zorro y en lugar de tensionar sus músculos para controlar el movimiento de la espada, simplemente se dejó llevar lo que ocasionó que su kata empezará a fluir por sí sola, tal como si se tratara de una danza y no como una coreografía.
Conforme Naruto iba practicando las distintas katas aplicando el consejo de Kurama, pudo notar que estas le salían mucho mejor, casi en forma natural. Cada movimiento se enlazaba perfectamente con su antecesor tal cual los eslabones de una cadena de hierro fundido, hasta el punto en que el rubio simplemente cerro sus ojos y se dejó atrapar por su propio ritmo.
Sin embargo, lo que realmente llamó la atención del rubio fue cuando decidió practicar la kata final con los ojos cerrados, lo cual le permitió sentir como la espada respondía casi en forma automática a sus deseos e incluso llegó a sentir como si la espada vibrara por si sola con cada movimiento, hasta que un resplandor purpureo empezó a emanar de la misma y cubriendo todo el cuerpo de Naruto, llenándolo de paz. Izaioi había despertado.
- Felicitaciones Naruto, lo lograste. – dijo Hikari mientras aparecía frente al rubio sonriendo.
- ¿Hikari sensei? ¿Desde hace cuánto tiempo me observa? – preguntó el rubio sorprendido.
- Desde hace un buen rato, pero ya basta de cháchara, es hora de una pequeña prueba, sólo así podré saber si estás listo para la lección final. – dijo la maestra de espadas, mientras depositaba dos katanas idénticas frente a ella.
Las fundas de ambas espadas estaban llenas de pergaminos sagrados, muy similares a los que los monjes usaban para sellar y combatir a los espíritus malignos. La empuñadura de cada espada se encontraba firmemente encadenada a su respectiva funda, impidiendo el normal uso de dichas armas. A simple vista se podía percibir una terrible aura oscura emanando de ambas espadas.
- Hikari sensei, dígame ¿Cuál es el objetivo de esta prueba? – preguntó el rubio algo nervioso al ver como su maestra empezaba a alejarse de las siniestras armas.
- Eso Naruto, es simple quiero que me digas cuál de estas espadas es la "kokoro no dorobō" (ladrona de almas), y cual una burda copia, la única pista que te daré es que la espada que debes encontrar emite una fuerte aura maligna y es capaz de corromper incluso el corazón más puro, convirtiendo a su usuario en una bestia sedienta de sangre mientras la espada se alimenta de su espíritu y él de sus enemigos. – dijo la castaña mientras miraba con desprecio ambas espadas.
- Está bien Hikari sensei. – dijo el rubio mientras desenfundaba a Izaioi.
Luego de observar detenidamente ambas espadas, Naruto decidió dejarse llevar por sus instintos, así que se relajó, puso su mente en blanco, cerró sus ojos y se dejó guiar por Izaioi, la misma que parecía querer conducirlo lejos de ambas armas.
Luego de casi cinco minutos, el rubio comprendió el mensaje que su espada estaba tratando de transferirle, las dos armas que tenía ante él eran simples imitaciones y el aura maligna que emitían tenía otro origen, el cual se encontraba muy cerca de ese lugar, pero la pregunta era: ¿En dónde?
- Tranquilo Naruto, ya casi lo tienes, sólo déjate llevar. – dijo el gran zorro en su interior.
- Pero Kurama, aun no entiendo muy bien lo que Izaioi me quiere decir. – rebatió el rubio.
- Eso es porque estás tratando de usar tu cerebro, el cual no siempre funciona bien por cierto. – dijo el Kyubi con sorna.
- Oye tú ¿Acaso insinúas que soy idiota o qué? – dijo Naruto molesto.
- No insinúo nada, ahora déjate de tonterías y escucha a la espada con tu corazón, sólo así triunfaras. – dijo el zorro mientras apoyaba su mentón sobre la palma de su mano derecha.
- Está bien. – dijo el jinchuriki mientras intentaba relajarse aún más.
Finalmente, luego de algunos segundos, Naruto creyó escuchar la voz de una mujer en su cabeza, mientras Izaioi empezaba a emitir nuevamente esa misteriosa aura púrpura.
- Mi señor, nuestro enemigo se esconde en aquella roca. – dijo la voz, mientras Izaioi parecía querer guiarlo hacia una inmensa roca que se encontraba a unos cinco metros a su derecha.
- ¿Izaioi? – preguntó Naruto con calma.
- ¿Sí mi señor? – dijo nuevamente la voz de la espada mientras una hermosa mujer aparecía ante Naruto. Esta joven dama, estaba vestida como una sacerdotisa, sus ojos eran púrpuras y su cabello de color plateado. Su rostro era el de una niña no mayor de quince años con una piel tan blanca como la nieve.
- Préstame tu fuerza por favor. – dijo el rubio a su misteriosa interlocutora.
- Con gusto le prestaré mi fuerza para combatir a la oscuridad, mi señor. – dijo Izaioi sonriendo ampliamente.
- Gracias. – dijo el rubio mientras abría los ojos y salía corriendo hacia la gran roca con la espada en alto.
- ¡Buen trabajo Naruto! – dijo la maestra de espadas al ver como el rubio había vencido la ilusión de la siniestra espada.
- ¡Esto aún no acaba! – grito el rubio mientras partía en dos la gran roca de un solo golpe partiendo en dos a la siniestra espada que dejó escapar un grito agónico antes de consumirse en medio de unas poderosas flamas púrpuras.
- ¡Por Kami-sama! – dijo la castaña mientras habría sus ojos como platos. – Es la primera vez en toda mi vida que veo algo así. Ahora lo entiendo todo, es por eso que Rikimaru te legó a Izaioi, sólo tu corazón puro es capaz de liberar todo el poder de Izaioi. Es una lástima que hayas destruido la "kokoro no dorobō", pues pese a tener un corazón negro, era una excelente espada, en fin a otra cosa mariposa. – dijo la guerrera mientras sonreía ampliamente. – ¿Sabes algo Naruto? Tienes suerte de estar casado, sino te exigiría que me dieras un hijo en este instante y no aceptaría un no por respuesta. En fin supongo que esa es mi suerte, los buenos siempre están apartados, en fin aún me queda el ojitos. – dijo Hikari ante el asombro de Naruto que sentía como tres gotas de sudor escurrían por su nuca. – Bueno ¿A qué esperas una invitación grabada en una barra de oro? – dijo la maestra cambiando su semblante nuevamente al tiempo que le daba la espalda al rubio y empezaba a alejarse del lugar.
- Está bien ya voy. – dijo Naruto bastante confundido, mientras empezaba a seguir a su maestra quien lo había juzgado más que apto para la lección final.
Mientras tanto, muy cerca de allí, cierto anbu peli negro abandonaba el árbol donde segundos antes estaba parado, pues este estaba a punto de desplomarse debido al gran corte de espada que tenía.
- Vaya si no me apartó, el dobe me mata. En fin creo que al fin está por terminar su entrenamiento, lo que quiere decir que esa loca de las espadas va a tener más tiempo libre al igual que yo, por lo que al fin voy a poder entrenar en serio con ella. – dijo el Uchiha mientras consideraba seriamente la idea de casarse con la madre de su hijo a fin de evitar que Hikari intente abusar de él durante los entrenamientos.
Algunos minutos más tarde en medio del bosque a las afueras de la villa Naruto y su maestra se preparaban para iniciar su entrenamiento ante la atenta mirada de Sasuke.
- Naruto-san, en esta ocasión voy a ponerme totalmente seria así que no esperes ver alguno de mis constantes cambios de humor, así que será mejor que me prestes atención o de lo contrario te daré una paliza con está espada de bambú. – dijo la castaña con una seriedad poco común en ella.
- La escucho Hikari sensei. – respondió el jinchuriki algo nervioso por esta nueva faceta de su maestra.
- Antes de empezar, será mejor que Uchiha-san salga de su escondite, pues no me gusta que observe desde las sombras, en especial algo tan serio como esto. – dijo Hikari lanzándole una mirada asesina a Sasuke, quién decidió aceptar la orden sin protestar.
- Aquí estoy Hikari sensei. – dijo el Uchiha mientras hacía acto de presencia.
- Bien, ahora escuchen los dos. Cada una de sus espadas tiene un origen particular y es en ese origen que radica su poder, no se mucho acerca de la espada de Uchiha-san, pero en cuanto a Izaioi, te puedo decir que fue forjada hace muchos años por unos monjes guerreros que se avocaron por completo a destruir a los demonios que intentaban gobernar nuestro mundo. Izaioi es una espada sagrada que adquirió sus poderes con el sacrificio de una poderosa sacerdotisa quien ofrendó su propia vida para acabar con un poderoso demonio conocido como Kaigeromaru. – dijo Hikari bastante seria. – Algunos años después de la derrota de Kaigeromaru, los últimos monjes guerreros decidieron confiar a Izaioi a un clan de shinobis leales a un poderoso Daymio, me refiero al clan Azuma, el cual fue prácticamente destruido por la traición de uno de sus miembros que fue seducido y manipulado por la oscuridad, pero que luego de una larga lucha alcanzo su redención gracias a los dos últimos Azumas. Ayame y Rikimaru.
- ¿Qué ocurrió con azuma Ayame? – preguntó el rubio.
- La verdad lo ignoro, sólo sé que luego de derrotar por cuarta o quinta vez a Onikage, ellos se separaron y Rikimaru juró cazar a Onikage hasta exterminarlo y bueno el resto es historia. – respondió Hikari en tono cortante. – Bueno regresando al tema, tal como puedes ver Izaioi es una espada que nació sólo con una finalidad: "Destruir demonios y espíritus malignos" Por lo tanto la verdadera fuerza de la espada despertará cada vez que enfrentes a una criatura de alma negra y corazón impuro, pero eso puede suceder de dos formas, una forma innata o a solicitud del usuario. El día de hoy te voy a enseñar a despertar el poder de la espada a voluntad, pero para eso necesito que prestes mucha atención.
- Así lo haré sensei. – dijo el Hokage bastante serio.
- Bien, lo primero que quiero es que desenvaines tu espada y concentres todo tu poder espiritual en ella, creo que ustedes los shinobis lo llaman chakra. – dijo la maestra de espadas mientras ella hacía lo propio en su espada de bambú.
Cuando Naruto obedeció la orden de su maestra Izaioi empezó a resonar al mismo ritmo que su corazón al tiempo que un aura purpúrea empezaba a emerger de la espada.
- Perfecto Naruto, se nota que Izaioi y tú, son el uno para el otro. Bien, ahora, busca una fuente de maldad cercana. – dijo la guerrera mientras empezaba a irradiar una asfixiante aura oscura.
- Hikari sensei. Usted es un… - dijo Naruto al percatarse de la verdadera naturaleza de su maestra.
- Sólo en parte chico, sólo en parte, pero ahora que ya lo sabes quiero que me ataques cómo si tu vida dependiera de ello, pon todo tu corazón en el siguiente golpe y no tengas miedo. – dijo la aludida algo nerviosa.
- Pero si lo hago podría matarla, Izaioi no tiene intención de limitarse contra Usted. – dijo el rubio muy nervioso ante la atenta mirada del Uchiha quien no sabía qué hacer.
- Sólo hazlo cabeza hueca o de lo contrario la espada lo hará por ti. – bramó Hikari en tono amenazante.
- Muy bien allí voy. – dijo Nartuo
- ¡No mi señor, allí vamos! – resonó la voz de Izaioi en su cabeza.
- ¡Espera Nartuo! – grito Sasuke quién en vano trato de detener el poderoso ataque de su amigo.
Cuando Naruto atacó a Hikari, una serie de llamas purpuras emergieron de la espada y envolvieron el cuerpo de Hikari hasta cubrirlo por completo.
Tras algunos segundos de angustiante silencio, la gran bola de fuego que envolvía el cuerpo de Hikari empezó a desaparecer como si fuera tragada por el kamui dejando tras de sí a una muy debilitada Hikari quien a duras penas se sostenía en pie empuñando su espada de bambú que se había tornado de un extrañó color azulino.
- ¡Bien hecho chico! – dijo la castaña mientras se dejaba caer al suelo visiblemente agotada.
- ¡Hikari sensei! ¿Se encuentra bien? – dijeron al unísono ambos shinobis.
- Sí, sólo estoy un poco agotada, en fin, buen trabajo Naruto ese ataque fue impresionante, ahora recuerda cada sensación, vivida hoy pues sólo así podrás usar la verdadera fuerza de Izaioi, con esto doy tu entrenamiento por terminado. – dijo la poderosa guerrera mientras recuperaba poco a poco el aliento. – Mañana veremos qué puedo hacer contigo ojitos, pero por hoy necesito descansar. – dijo Hikari sonriendo.
