Disclaimer: Los personajes que se mencionan a lo largo de la historia, son de Stephenie Meyer. Yo solo estoy jugando con ellos.

Capítulo beteado por Sarai GN (LBM) y Yanina Barboza, Betas de Élite Fanfiction: www facebook com/ groups/ elite. fanfiction

Sarai, Yani como siempre, mil gracias por las correcciones!

Las invito al grupo: Erase una vez... Edward y Bella en Facebook


Santo Dios.

Después de lo que se sintió como toda una vida con Edward, Bella había pensado que las sorpresas habían terminado. Que su esposo no podía sacar nada más que le dejaría sin palabras. Estaba muy equivocada. Parpadeó mirándolo aturdida... De todas las conversaciones imaginarias que había tenido en la cabeza con él, charlas cuando había fingido que Edward se abría o decía algo parecido a "lo adecuado", nunca había sido sobre algún tipo de reconocimiento. Pero esto... esto era exactamente lo que necesitaba oír, a pesar de que no lo había entendido antes, incluso curiosamente, más que escucharle decir que la amaba. ¿Y el beso tímido pero cargado de emociones? Eso rompió su corazón.

Ahora, Edward tenía el ceño fruncido, su mente maquinando un montón de cosas, su silencio diciendo más que mil palabras. Bella lo conocía demasiado bien, así que no lo pensó dos veces cuando se puso de puntitas y sujetó su apuesto rostro y lo atrajo para darle un beso. Ella también quería agradecerle a su manera, se suponía que solo iba a ser un segundo, como si sus labios hicieran eso de no-fue-nada. Sin embargo, cuando iba a retirarse, Edward la sujetó del cabello y la mantuvo quieta. Sus labios se encontraron otra vez... y otra vez... y otra vez, ladeando las cabezas, prolongando el contacto hasta que, finalmente, él se separó con la respiración entrecortada y los músculos de Bella se volvieron de goma ante el hambre oscura que brillaba en las profundidades de sus ojos esmeralda, dejándola flotando y mareada.

—De nada —balbuceó la castaña sin aliento antes de sonreír un poco—. Aunque no se puede decir que todo eso fuera un placer.

—Lo sé. —Edward se echó a reír, sacudiendo la cabeza antes de ponerse repentinamente serio—. ¿Puedo preguntarte algo? —Al instante Bella se tensó.

—Pregunta. —Él pasó un mechón detrás de sus orejas, y luego la miró unos momentos como pensándose muy bien sus palabras.

—¿Te gusta cuando te beso? —Bella boqueó un par de veces, ruborizándose. Vaya manera de sorprenderla constantemente.

—¿P-Por qué me preguntas eso? —Edward sacudió la cabeza.

—No lo sé, quizás porque contigo siempre he… tomado, más de lo que he dado, y me pregunto si alguna vez, de alguna manera, eso te hizo feliz.

La castaña apretó los labios, y aunque pensó que él tal vez podría explicarse un poco más, o ella podía preguntarle algo, resultó que era imposible, porque tenía la boca seca. Cerró los ojos y volvió a abrazarlo, dejando que su aroma y su imponente presencia la calmaran.

—Sí. —Al decir eso, puso sus labios sobre el cuello de Edward y lo besó—. Claro que eso me hace feliz. Siempre. —Edward deslizó la mano por su espalda, subiendo hasta su nuca donde le acarició el cabello rizado.

—Es… eres increíble, Bella, gracias por estar ahí siempre.

La sensación de familiaridad que le inspiraban los brazos de su esposo alrededor de su cuerpo era muy placentera. Siempre la hacía sentirse bien, porque en su vida había tenido una experiencia igual. Edward conocía cada curva, las caderas y los muslos de Bella. Sabía dónde acariciar, dónde apretar y qué lugares morder, también sabía cómo abrazarla y cómo moverse y arquearse para que el sexo fuera de otro nivel. Así que probablemente no tenía que haber preguntado semejante tontería. Bella lo miró, era Edward pero a la vez no lo era. Y en ese momento comprendió que no le importaba si él decía o no las palabras que ella tanto quería escuchar, porque con sus actos se sentía más querida que de cualquier otra forma.

—¿Quieres llevarme a otro lugar? —susurró acalorada, incluso con el corazón hecho un puño; Edward parpadeó un par de veces antes de fruncir el ceño.

—¿Estuviste bebiendo? —Bella se echó a reír nerviosamente antes de acercarse a él.

Desenfundando sus habilidades oxidadas de seducción que no había utilizado en lo que parecía una eternidad, se inclinó hacia él, ladeando su rostro hacia el suyo. Se detuvo cuando solo un susurro de aire separaba sus labios. Los ojos de Edward se oscurecieron y se volvieron más pesados, y sintió una sensación repentina de alivio. No la estaba apartando. No la estaba haciendo sentir como una idiota por querer besarlo. Se sorprendió de lo mucho que le importaba eso.

—Vamos, Edward, salgamos de aquí.

O~O~O~O

Maldita sea. Su corazón atronaba en su pecho. La quería ahora, ¿y a quién le preocupaba quién veía o escuchaba qué? Excepto a Edward. Su mente solo quería llevar a su esposa a casa, a donde ambos pertenecían. Quería más que nada hacer eso, pero temía despertar a los niños. Tampoco podía ir a casa de Emmett...

—¿Qué estás pensando? —preguntó Bella en voz baja, el calor en su voz por poco tangible, se asentó en la piel de Edward como una fiebre. Ella venía casi sobre él, y todo estaba yendo muy rápido, incluyendo la parte donde se-saltaba-las-reglas-de-Leah, pero no le importaba.

—No sé, mierda… —suspiró, girando la cabeza para encontrarse brevemente con los labios de su esposa—. No sé a dónde llevarte.

—Tan solo vamos a un hotel. —Edward apretó la mandíbula ante la imagen que se abría frente a él, Bella entre sábanas de seda desnuda, tan lista, siempre tan…

—¿Estás segura? —preguntó a través de los dientes apretados.

—Sí.

El camino después de eso había sido silencioso, tenso, el aire en el auto tan cargado con sexo que él lo sentía en su piel, como si un simple toque pudiera prenderlo en llamas. El dependiente en el mostrador del hotel los miró alternativamente, como si fueran un par de adolescentes fogosos pidiendo una alcoba, pero no podía importarle una mierda. Desgraciadamente, el elevador no venía solo y no pudieron tocarse, aunque Edward mantuvo muy cerca de él a Bella y se limitó a respirar la esencia en su cuello para calmarse, pero en cuanto salieron de ese confinamiento, la tenía en sus brazos y la estaba llevando hacia la puerta de la habitación de una forma para nada civilizada. La besó mientras cerraba la puerta de una patada, su corazón volviéndose loco de deseo. La necesitaba como necesitaba el aire, y hasta que no la tuviera debajo de él, se sentía como si se pudiera asfixiar.

La colocó en la cama con mucha menos rudeza de la que se podría esperar de un hombre famélico como él, y mientras la miraba se dijo que esto que estaba por hacer era lo correcto, incluso aunque su terapeuta no estuviera de acuerdo, porque estaba seguro de que realmente había experimentado un cambio, a lo largo de las semanas había tenido un puñetazo de realidad tras otro, afrontado el hecho de que se había estancado en el pasado, de que distaba mucho de ser perfecto, de tener que descubrir quién era realmente y lo que quería. Casi perdido por la lujuria, miró hacia arriba, encontrando la mirada caliente de Bella. Y fue tan malditamente ardiente ver esa misma falta, esa necesidad, difundida a través de sus ojos chocolate... Bella se inclinó hacia él, enredando los dedos en su cabello, tiró con fuerza arrastrándolo a su boca, jadeando con desesperación, y supo que ella también había dejado de preocuparse por el pasado, era hora de crear recuerdos nuevos.

Con su esposa.

Isabella, quien había salvado su vida, cuidado de él, quien le había dado un motivo para vivir al hacerlo padre y siempre fue un soporte cuando había ido a la deriva. Edward se separó de ella para sacarse el traje de encima junto con el resto de la ropa, y volvió a unirse a ella en la cama, dándose cuenta del tentador vestido pateado fuera a los pies de la cama, Bella se encontraba gloriosamente desnuda. Y cuando ella se sentó para ir hacia él, la empujó recostándola para cubrirla con su cuerpo. Sus miradas se encontraron, y el pulso de Edward retumbó en sus oídos. Bella sonrió con las mejillas encendidas por la pasión, deslizando los dedos por su mandíbula, el calor de su toque se extendió a través de él, chisporroteando sobre su piel.

Bajando su boca a la suya, la sensación en su pecho volvió a expandirse, y la besó de un modo más tranquilo, tomándose las cosas con calma y sin prisa, como si no estuvieran ambos listos para ponerse al corriente. Y a pesar de estar piel contra piel, Edward se las arregló para mantener las manos a la deriva por las partes menos íntimas de su cuerpo, acariciando sus hombros, su cuello, sus brazos. Bella no jugó así. No, las uñas de su esposa le marcaron la espalda antes de aterrizar en su culo, donde clavó los dedos en sus nalgas mientras se mecía contra él, moviendo su sexo contra su erección. Los dos gimieron ante eso, pero él no estaba listo todavía.

Bueno, él estaba listo físicamente, por Dios que sí lo estaba, pero no mentalmente. Necesitaba ser metódico, atento, posesivo. Isabella era suya, y ella iba a tenerlo bien claro cuando terminara con ella. Enredando los dedos en su largo cabello, dejó que su otra mano se desplazara hacia su abdomen, acariciando la curva de sus pechos, sintiendo la piel tensa bajo su palma. Edward siempre había sido un hombre bastante apasionado, pero esto se sentía como un tipo diferente de pasión. Era un deseo por otro ser que lo consumía todo. Querer ser algo mejor para alguien, a eso se resumía su existencia.

—Necesito que confíes en mí, no voy a ir a ningún sitio sin ti —dijo contra sus labios.

—Edward... —Se arqueó bajo él, enganchando una pierna alrededor de su cintura para hacer una fricción casi imposible de soportar. Edward apretó los dientes y la miró a los ojos, determinado a asegurarse de que ella entendía lo que él quería decir.

—Te quiero, Bella. Te quiero, y quiero que esto sea el comienzo de algo nuevo, no la continuación. —Ella dejó de incitarlo, quedándose quieta.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que no quiero pensar en nada de lo que fui en el pasado, no quiero recordar tampoco a nadie que se haya quedado ahí, quiero borrarlo, para siempre. Voy a dejar todo atrás. ¿Puedes hacer eso tú también?

—¿Estás seguro? —preguntó incluso algo pálida; Edward frotó su mejilla con los nudillos.

—Estoy seguro de nosotros. ¿Crees que puedas perdonarme? —Mordisqueó la piel sensible entre su cuello y clavícula antes de lamerla con su lengua—. ¿Puedes tratar con el hombre que soy ahora?

Ella cerró los ojos, sus dedos acariciando dentro de su cabello, su cuerpo esbelto estremeciéndose bajo el suyo.

—Voy a intentarlo —susurró con voz ronca—. De verdad quiero eso, tratar con este nuevo tú.

—Me alegra que digas eso —sonrió triunfante, deslizando la boca a su garganta—. Porque el tipo que soy ahora, es quien quiero ser para siempre.


Bueno chicas, ¿les ha gustado? Muchas gracias a todas por comentar!