DISCLAIMER: InuYasha y Co. son propiedad de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

SUMMARY: [Serie de Viñetas] Tras la derrota de Naraku, todo es diferente. Las cosas cambiaron, pero la vida que tenemos es muy distinta a la que imaginé. Sin embargo, debemos seguir apoyándonos, porque eso es lo que nos hace estar tan unidos. Porque eso es lo que querría la señorita Kagome.


Hook us up


Despierto agitado, siento la frente sudada y el pecho oprimido, una sensación que hace tiempo no tenía. Miro el techo, tratando de calmarme un poco, pero no logro hacerlo: además de la pesadilla que acabo de tener, siento que algo anda mal, muy mal. Quizá sea por lo mismo: soñar con antiguos miedos de una forma tan vívida sólo me hace revivir los tormentos pasados.

La noche está silenciosa, los rayos de la luna se filtran por una de las ventanas, iluminando levemente nuestro cuarto. Cierro los ojos, todo está bien: nuestras pequeñas duermen a nuestro lado, noto su respiración acompasada; Sango está junto a mí, como cada noche, como siempre… Todo está bien, me vuelvo a repetir.

Sin embargo, no se siente como si fuese verdad. Me doy vuelta para abrazar a mi esposa, buscando un poco de calma donde siempre la encuentro, pero su tacto está un poco frío y ahora la luz que se filtra desde fuera me permite notar su piel un poco más pálida. Su gesto se aflige, apretando los párpados con fuerza mientras su mano busca la mía; mi corazón se detiene, conozco demasiado bien esa expresión.

— M-Miroku… algo no anda bien… — Me mira a los ojos, mi estómago se encoge. — Me… duele…

LI —

"Loss"

Y ahora lo siento, algo húmedo que corre por sus piernas, empapando las sábanas e incluso nuestras yukatas. Mi corazón se detiene, llevo mi mano hasta ese líquido, sé lo que es pero no puedo creerlo hasta que veo mis dedos teñidos de rojo. Sango ahoga un grito, aferrándose aún más a mí, las lágrimas no tardan en escapar de sus ojos, el dolor que reflejan es más profundo de lo que puedo soportar.

— A… ¡Ayuda…! InuYasha… ¡InuYasha, rápido!

Lo único que logro hacer es gritar por ayuda, mi mente no es capaz de pensar en nada más. Las gemelas se despiertan llorando, pero no puedo atenderlas ahora, sólo puedo sostener a Sango en mis brazos, rogando que mi amigo se dé prisa. Estoy seguro que me escuchó y que también debe haber sentido el olor de la sangre, que a cada segundo mancha más nuestro futón. No sé cómo detenerla, no sé cómo ayudar a mi esposa, no sé qué hacer. Quiero gritar de impotencia, un nudo se cierra en mi garganta y también siento las lágrimas correr por mis mejillas. Beso a mi mujer en la frente, abrazándola con ímpetu, incapaz de hacer algo más por ella, por…

— Monje, recuéstala y llévate a las niñas de aquí — la voz de la anciana Kaede interrumpe mis pensamientos, la miro sin comprender su petición.

— P-Pero Sango…

— ¡Vete, rápido! ¡No puedes hacer nada por ella más que cuidar a las pequeñas! — Se sienta junto al futón, moviendo a mi esposa de mis brazos. Rin llega de pronto con una cubeta llena de agua y algunas compresas, dejándolas junto a la sacerdotisa. — Necesitaré más, y también muchas toallas, Rin. InuYasha.

Ante su llamado, nuestro amigo toma a las gemelas con un brazo y con el otro, me agarra a mí arrastrándome hacia afuera del cuarto, lejos de mi mujer.

— ¡Suéltame, InuYasha! ¡Tengo que volver ahí! ¡Sango me necesita, tengo que…!

— ¡Tienes que calmarte y ver a tus criaturas! ¡Maldita sea, Miroku, Kaede se hará cargo! — Me regaña, sus ojos me miran con recelo. — ¡Compórtate!

Su reclamo me trae de vuelta, lo miro con algo de culpa y luego veo que Mao y Mei siguen llorando en sus brazos. Las cargo conmigo, tratando de calmarlas mientras InuYasha enciende una vela para tener un poco de luz.

Los minutos se hacen eternos, de seguro se convierten en horas sin que sea consciente. Observo a InuYasha inquieto, sus orejas, sus ojos, su gesto sólo revelan preocupación. Y yo sigo sin poder hacer nada para ayudar. A ratos logro escuchar los quejidos de Sango, también veo pasar a Rin corriendo con toallas empapadas en agua y sangre y luego regresar con algunas más, limpias. En algún momento, Kohaku y Shippō llegaron a nuestro lado pero no hemos intercambiado más que miradas llenas de angustia e incertidumbre. Las gemelas se quedaron dormidas pronto, y luego de eso el silencio sólo es roto por los sonidos de nuestro cuarto, lo que tampoco nos ayuda a calmarnos.

— Maldición.

Miro de inmediato a InuYasha, observa fijamente en dirección a nuestra habitación, puedo darme cuenta que lo que puede sentir no es algo que le agrade. Frunce el ceño, empuña con fuerza sus garras y suelta un gruñido. Ante su repentina reacción, intento acercarme al cuarto pero él me detiene, sus dorados ojos se clavan en los míos de forma profunda.

— Aún no, Miroku.

— Pero… Sango…

— Sango estará bien. Sólo que esto aún no termina. Deberías descansar, necesitarás energías luego.

Su mirada, como pocas veces, me dice demasiado. Dejo caer la taza que me había servido Kohaku, me acerco a InuYasha y lo encaro, él sabe lo que ocurre y no quiere decírmelo.

— ¿Qué pasó, InuYasha? ¿Algo no salió bien, verdad? ¡Respóndeme! No quiero que me mientas. ¿Le pasó algo al bebé?

Rehúye mi mirada, dolido, molesto, pero no permito que evada la pregunta. Se rinde, mirándome con tristeza y dolor, sus puños cerrados con fuerza en un intento de canalizar su angustia.

— Lo lamento, Miroku.

Mis piernas pierden la fuerza de pronto, y caigo de rodillas al tiempo que escucho un desgarrador grito que viene desde nuestra habitación. No expresa dolor físico, sino uno mucho más profundo, uno que también soy capaz de sentir en mi alma.


Palabras sin incluir disclaimer ni notas: 916


Lo siento, sé que esto no es lo que esperaban pero en esa época no debe haber sido raro que las mujeres sufrieran abortos espontáneos. Además, creo que es probable que Sango tuviese otro embarazo antes del de su hijo menor, dado que conocemos cómo es Miroku y su ímpetu por agrandar la familia. La verdad es que, muy a mi pesar, esto es una situacion que probablemente vivieron. Es devastador, mucho más porque ellos han sufrido bastante como para seguir haciéndolo pero la vida no es sólo color de rosas, ya lo sabemos bien.

Perdónenme por esa cuota de dolor. Espero no haber sido muy mala. Aunque a veces pienso que soy masoquista porque suelo hacer sufrir a mis personajes favoritos. Gajes de oficio, supongo,

Mil gracias a Nuez y Mor, ya saben... el dolor es parte del fangirleo, aunque pocos lo entiendan. Las quiero mil, un abrazo y gracias por siempre pasarse.

Y a todos los que leen, muchas gracias. A ver si se atreven a dejar reviews, con confianza que acá yo no muerdo - por lo menos aún xd -

Me despido por hoy, espero pronto traer el siguiente.

Yumi~