Mientras el gentío de personas acudía hacia la pareja recién casada, Rick escapaba entre ellos lo más rápido posible. Durante la ceremonia solo había sido capaz de detener tanto el tiempo como su mirada en un punto fijo. Por fuera podía parecer ausente, sin embargo por dentro todos sus pensamientos y sus sentimientos se habían unido para revolucionarse entre gritos.
Para él, verla ahí sin siquiera haberse hecho a la idea, era el mismo efecto que sufría un alcohólico cuando volvía a beber. Una recaída.
Martha intentó pararlo, igual de sorprendida que él al ver a Kate después de tantos años. Ella había visto la conexión en la mirada de su hijo y en la de la joven policía, al igual que sabía los aún sentimientos de Rick hacia Kate.
No obstante el escritor se deshizo de su agarre lanzándole una mirada fría y de advertencia. No era el mejor momento para hablar, ni tampoco para comentar la, al parecer, impresionante aparición de su ex novia.
Y qué preciosa estaba.
Se sintió estúpido al notar su corazón bombear al ritmo de la estridente música del jardín cuando recordó su sonrisa. Desde lejos, apreciar los detalles de su rostro había sido muy difícil. Solo al acercarse vio un destello extraño entre ese mar verdoso y marrón, un destello que solía aparecer una vez sus labios le habían susurrado un te quiero.
Se alegró al llegar al interior de la enorme casa sin haber tenido que encontrarse con nadie, sin haber tenido que dar explicaciones de su comportamiento o sin haber tenido que pasar de nuevo por esa sensación de ahogo que lo había asaltado al reconocerla.
La barra americana le lanzaba señales desde el fondo del salón, y él no tuvo más opción que acercarse a servirse una buena copa. Introdujo dos dedos en el nudo de su corbata negra al mismo tiempo que agarraba una botella de whisky.
Él había sido su más fiel compañero en los malos tragos, y su recurso a la hora de escribir. Tal fuese una costumbre beber cuando las cosas comenzaban a ir mal. El quemazón en la garganta le hacía seguir de pie en la vida real.
Se incorporó sobre la barra, dejando caer su enorme cuerpo sobre ella. Sentado en el taburete y con los codos apoyados en el mármol, lo más interesante ahí era el líquido ambarino y el eco de las voces procedentes de fuera.
Llegaría el momento de plantar cara a sus recuerdos, a sus miedos o a sus sentimientos, él lo sabía. También sabía cómo era Kate y lo mucho que estaba tardando en aparecer. Habían pasado nueve años, sin embargo conocer tan profundamente a una persona como lo había hecho él, daba para mucho.
Sonrió con ironía justo en el momento en el que el sonido de unos tacones resonó dentro de la casa. Girado cara a la pared, dándole la espalda a la recién llegada suspiró.
-No hay ningún homicidio, no sé qué haces aquí.
Los pasos se detuvieron, y seguido de eso un taburete se deslizó a su lado y ella se sentó en él. Su forma de andar ya lo había avisado, pero ese olor a cerezas que ya estaba embriagándolo como de costumbre había concluido sus sospechas.
-Estás tú, ¿no?
Su voz cosquilleó en su oreja. Se mordió el labio inferior y ejerció presión alrededor del vaso de cristal. ¿Por qué ella tenía ese efecto sobre él?
-¿Ahora estoy yo? Mira Kate, han pasado nueve años desde que decidiste irte a Rusia, sin decirme nada, dejándome tirado.-el hecho de ver su rostro tan cerca del suyo lo paralizó unos segundos. Observó sus labios rojos gracias al pintalabios inevitablemente, y por unas milésimas de segundo se preguntó si sabrían igual que la última vez.-Estuve meses intentando que me hablaras, intentando llamarte, verte, saber cualquier cosa y tú solo huias.-rio en voz baja, despeinándose el pelo.-Incluso tu madre me dijo que me olvidara. Nueve años, Kate. Y cinco desde la última vez que nos vimos.
Los dos decidieron omitir cualquier cosa de ese día, no porque fuese malo, sino al contrario. Fue el inicio de una nueva consecuencia.
-Lo siento.-ella se pasó la mano por la cara.-Yo tampoco quería dejarte sabes. No te llamaba porque tenía miedo de escuchar tu voz y no saber qué hacer porque te amaba Rick. Pasé las mismas noches que tú llorando, en Nueva York, Rusia o dónde fuese. Llevo esos nueve años intentando encontrar algo de mi hermano y creeme, se lo ha tragado la tierra.-la voz de Kate decaía, él sabía qué significaba. Al igual que el brillo que habían adquirido sus ojos.-Llevo demasiado tiempo replanteándome muchas cosas, demasiado tiempo pensando.
-¿Pensando qué, Kate?-en el fondo sentía lástima por ella, por lo que le había tocado vivir, por su hermano.
-En nosotros.-agachó la mirada.-Sé lo que hice y tu error me permitió vivir de él como una excusa para intentar olvidarme de lo que teníamos.
-¿Se olvidó?-susurró Rick.
Necesitaba saber si realmente él había sido el único que había pensado en el otro en ese tiempo.
-Mirate a ti mismo y encontrarás la respuesta.-musitó ella.
Los ojos de Rick lo decían todo. Al igual que los de ella, sin embargo la conversación finalizó ahí.
-¿Y sí no quiero?-un nudo en la garganta le impedía tragar.
Mentía, claro que lo hacía, pero valió la pena al ver el fugaz destello de decepción cruzar por el rostro de Kate.
-Es normal que no quieras. No fui muy justa.
-No.
Kate hizo una mueca. Él estaba dolido, demasiado quizá para una segunda oportunidad. Aún no se había parado a pensar en eso, en sí quería volver a entablar una relación con él. Lo que sí conocía eran sus sentimientos, las horas, minutos y segundos que se había dedicado a pensar en él, en si estaría bien, en si la habría olvidado, en su vida y lo que podía haber sido y no fue.
-Quise volver...
Rick ladeó la cabeza. Kate fruncía el ceño, perdida en la pared de su derecha. Parecía estar pensando en algo.
-¿Por qué no lo hiciste?
Sonrió. Y cuando lo hizo, el pecho de Rick ardió de una forma extraña. Al parecer esa clase de detalles no se olvidaban por mucho tiempo que pudiera pasar.
La detective abrió la boca para decir algo, sin embargo alguien lo hizo por ella.
-Papi, ¿dónde estás?
El escritor se inclinó un poco hacia un lado, observando detrás del hombro de Kate, quién también se había girado para mirar. Alexis estaba allí, buscándolo con la mirada.
-Aquí, calabaza.-los dos cruzaron una mirada, sin saber muy bien qué decir.
La pequeña se acercó un tanto tímida, pues no conocía a Kate. No obstante ésta se mostró amable y le sonrió.
-Papi, te he estado buscando fuera.-levantó los brazos queriendo que el escritor la sentase en su regazo.
-Estaba hablando con Kate.-dijo mientras la alzaba.-¿Sabes quién es Kate?
Alexis negó. La detective observó los denotables coloretes en sus mejillas, algo que remarcaba aún más las adorables pecas que salpicaban el puente de su nariz. Su corazón se encogió al ver sus ojos azules, y después miró los de Rick. Fue exactamente lo que sintió la primera vez que la vio, ese vuelco en lo más profundo de su alma al ver lo mucho que se parecía la pequeña a su padre. Solo que cuando eso pasó, Alexis tenía un año.
-Kate es...-por un momento no supo qué decir. Y ella lo notó, pues lo miró fíjamente. ¿El amor de su vida? ¿Ese que lo había olvidado en Nueva York? ¿La razón por la que conoció a su madre? ¿Su amiga? Inspiró profundamente. ¿Podía considerarla su amiga?-Una vieja amiga.
-Encantada.-respondió la detective aún sintiendo la punzada de dolor en su pecho. Si las cosas hubieran sido diferentes habría podido decir "mi esposa", aunque directamente tampoco habría sucedido eso, pues Alexis no existiría. En cambio cómo podía nombrarlo a él, ¿un viejo amigo?
-Eres muy guapa, Kate.-respondió la pequeña enseñando por primera vez su perfecta sonrisa. Eso provocó una risita en la garganta de la detective.
-Tú si que eres guapa.-apoyó la cabeza en la palma de su mano. Rick la miraba embelesado, y no porque su hija tuviese razón y fuese preciosa, cosa que era totalmente cierta, sino por la forma en la que Alexis y ella hablaban.
Su hija era tímida, no se relacionaba mucho con las amigas de su padre, solo con Scarlett ya que la consideraba una tía. No obstante Kate era una excepción.
-Dicen que me parezco a papá.-lo miró con el ceño fruncido, ganándose así una sonrisa por parte de éste.-Pero creo que también a mi mamá, porque tengo su pelo.-añadió mirándose las puntas pelirrojas que caían sobre sus hombros.
-Tienes razón, tu papá también es muy guapo.-respondió Kate.
Rick alzó la mirada hacia ella, y eso la descolocó. Su pelo castaño estaba ligeramente despeinado, producto de haber estado pasando sus manos por él. Llevaba nueve años sin verlo, y podía decir que lo único que había cambiado era su aspecto físico, y de una forma muy positiva. Seguía siendo grande, fuerte, igual que cuando era más joven. Sin embargo, ahora una barba de unos días decoraba su mentón. Una barba increíblemente sexy que quedaba en sintonía con el azul de sus ojos. Sus gestos, sus manías, su forma de hablar, de andar, todo seguía ahí.
-Tú tampoco estás mal.-respondió él.
Kate no pudo evitar morderse el labio inferior ante el tono de voz que había utilizado, un poco más ronco de lo normal. Y gracias a eso, el escritor se vio obligado a removerse incómodo en la silla.
-Papá, me ha dicho el tío Jake que te llamase.-Alexis le agarró la cara entre sus manitas. A regañadientes apartó la mirada de Kate para mirar a su hija.
-¿Qué quiere?
La pequeña se encogió de hombros inocentemente. Se bajó de sus piernas y comenzó a tirar de él queriendo que se moviera.
-Nos vemos... fuera.-sonó más como una pregunta que como una respuesta.
La detective curvó parte de la comisura de su boca mientras asentía. Irresistible no era suficiente palabra si de describir a Rick se trataba. El traje de Armani simplemente le venía a la perfección.
Él también asintió, girándose sin muchas ganas en dirección a las puertas de cristal. Había ido allí con la necesidad de estar solo y de evitarla, y ahora se iba queriendo acabar esa conversación.
-Rick.-la miró por encima del hombro compaginando el andar y el mirar sin soltar a Alexis.-Ella es la razón por la que no volví.
Fuera el ambiente era muy diferente a lo que podía escucharse desde dentro. Habían contratado a un DJ, muy propio de Scarlett y Jake, en lugar de una orquesta. Las personas estaban repartidas por varios lugares. Grupos de parejas mayores o solteros de la edad de su madre cerca del altar, sentados en mesas de plástico redondas. Los adolescentes bailando cerca del improvisado escenario en la parte de atrás, y los niños dudaban entre chapotear en la piscina o saltar en los castillos hinchables.
-Alexis, ve a jugar con Taylor.-dijo el escritor poniéndose en cuclillas. Padre e hija miraron hacia uno de los hinchables en forma de tobogán gigante y vieron a la hija de su mejor amigo llamar su atención con la mano.
-Vale, papi.
Sonrió negando lentamente con la cabeza. Cada día se hacía un poco más mayor y eso le alegraba y le aterraba en todos los sentidos. Para él parecía que el día anterior la había sujetado en sus brazos justo al nacer, sin embargo su pequeña tenía cuatro años ya. No era nada del otro mundo, continuaba siendo un bebé realmente. Era algo que solo los padres son capaces de sentir a través de los años.
-Has volado.-Jake apareció a su lado bebiendo una nueva copa. Tenía la corbata desabrochada como él y el pelo un pelín revuelto.
-Me has mentido.-añadio el escritor aún mirando a las niñas.
-Pensaba que te irías antes de que empezara si la veías.
Rick lo miró de reojo, riendo entre dientes. En parte tenía razón porque lo primero que sintió al verla entrar fueron las ganas de huir presa del agobio y el dolor, pero por otra parte era la boda de sus mejores amigos, no podía hacerles eso.
-No lo habría hecho.-sentenció. Le hizo un gesto con la cabeza en dirección a un camarero que pasaba por ahí dispuesto a agarrar una copa. Otra más.
-Te he visto entrar y después a ella.-Jake alzó ambas cejas. Desde ese momento, tanto él como su ahora mujer habían estado pensando en qué podía estar pasando ahí dentro.
-Muy buena vista.-bromeó el escritor mirando inevitablemente hacia las puertas de cristal. Se mordió el labio inferior al verla salir justo en ese momento. No era el único que la observaba embobado, sino varios hombres que preferían mirar su culo al pasar. Y eso le enfadaba muy en el fondo.
Cruzaron una mirada cargada de algo que los dos no pudieron explicar. Ella lo miró a través de sus largas pestañas, él no pudo, o no evitó que su comisura adquiriera la curva de una sonrisa ladeada y eso hizo que ella también lo hiciera.
Se retuvieron la mirada un par de segundos más hasta que Kate desapareció por la esquina de la casa. Rick supuso que buscaba a Scarlett para mantener la misma conversación que mantenía él con Jake. Las viejas costumbres nunca pasaban de moda, se dijo a sí mismo.
-Se os ve... nuevos.-Jake frunció el ceño.
Rick, en cambio suspiró acariciándose la frente con los dedos índice y pulgar. Ni siquiera él sabía qué decir ante eso.
-No siento lo que sentía antes. No... me duele, no me da rabia, solo...
-La quieres.-terminó Jake la frase como si nada.
-Puede ser.
Pensó en la forma que se había sentado a su lado, en la forma que había hablado con su hija, en lo que había dicho sobre su aspecto o en lo cerca que habían estado sus labios sobre los de ella. Lo llamarían loco si dijera que sus labios habían ardido por besarle.
-Ha ido a por ti, a hablar contigo.-Jake sonrió sobre su copa.-Creo que aún siente algo.
Rick lo miró a los ojos. No encontro señal de burla, estaba hablando en serio.
-¿Y si solo quería disculparse porque se sentía mal? Han pasado nueve años, puede que se haya vuelto a enamorar. Yo estuve casado...
Jake se encogió de hombros. Sintió su mano sobre su hombro y después un susurro:
-Eso es algo que tendrás que averiguarlo tú, escritor.
Acto seguido lo vio serpentear entre los invitados.
-Le has hecho correr, te lo dije.
Kate no había puesto un pie en la habitación y Scarlett ya comenzaba a atacarla.
-No era mi intención.-respondió dejándose caer en la cama de matrimonio.
-Desapareciste demasiado tiempo, cariño.-Scarlett se repasó la raya de los ojos y el pintalabios. Era hora del brindis y la tarta, pero ella necesitaba estar lista. Entre llorar y besar a Jake, parte de su maquillaje se había ido.
-No ha sido fácil para mi, tú lo sabes Scarlett.-recordó la mirada de pánico con la que Rick la miró y eso hizo que su cuerpo se estremeciera.-Yo he llorado sabes, fui yo la que me alejé y la que no pudo estar ahí cuando él me necesitaba. Tuve que fingir que no me importaba cuando lo amaba, y creeme, es duro. Es duro levantarte por las mañanas y saber que por tu culpa el amor de tu vida te odia.
-Acabas de llamarlo "el amor de tu vida".-puntualizó la rubia retocándose ahora el pelo.
Kate se mordió el labio inferior. Demasiado tiempo alejado de él como para saber sus sentimientos. Al verlo, algo dentro de ella se había activado. Su corazón bombeaba más rápido de lo normal. Por no hablar de ese momento íntimo que habían compartido dentro de la casa, en el bar. Sus labios no paraban de secarse y de entre abrirse.
Conocía exactamente esas reacciones, era su forma de expresar el deseo que sentía por él.
-¿Acaso no lo fue?
-Y ahora usas el pasado.
-Scarlett, me pones nerviosa.-contestó la detective un tanto irritada.
La rubia rio, acabando de aplicarse el rimel y la miró.
-A mi me ponéis nerviosa los dos. Llevo años sabiendo sobre Rick cosas obvias que no te he contado, y sé sobre ti cosas que él no sabe.-se encogió de hombros.-¿Por qué simplemente no volvéis a intentarlo? Dejaste el caso de Mike hace mucho, ahora, tal vez...
-Se casó.-Kate agachó la mirada recordando a la pequeña. Era preciosa, se parecía bastante a Rick, sobre todo sus ojos. No conocía a su madre en persona, solo por las revistas. Así había ido sabiendo cosas de la vida de Rick.-Tiene una niña.
-Se separa.-esa vez fue Scarlett la que se mordió el labio inferior. La prensa aún no había dado nada definitivo, por eso Kate no sabía nada.
-¿En serio?
Un quemazón ascendió entre los pulmones de Kate, y Scarlett pudo verlo en el brillo de sus ojos.
-Ajám. Nosotros no hemos querido meternos nunca entre lo que sentíais, diciéndole al uno lo que pensaba el otro porque sabíamos que llegaría este momento, y empezar de cero sin saber nada nunca viene mal.-la abrazó con fuerza, sintiendo el agarre de su mejor amiga sobre ella. Kate tenía razón, no todo lo malo había ido a parar a Rick. Y ella lo sabía.-Te quiero, ¿lo sabías?-eso la hizo sonreír. Hacía mucho que las cosas no eran así, que eran un grupo de tres en vez de cuatro. Tal vez las cosas comenzaran a equilibrarse.
-Lo sé.-ambas rieron.-Solo que no podemos arreglarlo todo de la noche a la mañana. Estoy segura de que él tiene el mismo miedo que yo. Además... no estoy del todo segura.
-Poco a poco.-le acarició la cara con ternura.-¿Vamos? Un brindis nos espera...-sonrió con picardía, con la emoción de dos amigas el día de la boda de una de ellas. Tiró de su mano riendo.
Kate podía reirse y alegrarse de la vida que había conseguido su amiga. En realidad lo merecía, siempre le había deseado lo mejor, y ese era Jake.
Sin embargo, Rick no salía de sus pensamientos, aunque tampoco quería que lo hiciera. Nunca quiso.
El silencio se hizo después de una serie de golpecitos remarcados en una copa de cristal. Rick se levantó al lado de Jake y las miradas de todo el mundo repararon en él. En su misma mesa se encontraban las damas de honor y los padrinos, pero el escritor había preferido levantarse y colocarse entre el novio y la novia, en la mesa nupcial.
Por alguna extraña razón, la primera persona a la que miró fue a Kate, quién también estaba al tanto de sus gestos y sus palabras.
-Quién iba a decir que estos dos llegarían algún día a casarse.-Rick hizo una mueca divertida y los invitados rieron su gracia, incluidos ellos.-He estado desde el principio en su relación, viéndolos "crecer" por así decirlo y superar los obstáculos que algunos de nosotros también habremos pasado. Ellos han estado siempre para mi y hoy era mi deber estar con ellos. Fueron mi ayuda y mi apoyo cuando las cosas flojearon.-notó como Kate agachaba la mirada y se mordía el labio inferior.-Hoy quiero dar gracias a mis dos mejores amigos y desearles suerte en el camino que supone la vida, y decirles, que las coincidencias no existen, que todo pasa por algo y que si ellos se conocieron fue porque estaban destinados a ser. Mientras que otros nos perdemos en el camino de la duda, de los recuerdos y del miedo, cuando en realidad amamos a esa persona. Os quiero chicos, suerte.-él mismo se asombró al haber dicho eso en voz alta, incluso Kate quién lo miraba incrédula entre el asombro de las demás personas. Sonrió incómodo ante el gran aplauso de todos y el abrazo de Jake y Scarlett.
Sin embargo no fue eso lo que le llamó la atención, sino el hecho de que Kate se levantara disculpándose de la mesa con un par de lágrimas bañando su rostro.
