Searching for Levi / Buscando a Levi
Escrito por
Blessende / Traducción por Maru de Kusanagi

NT: Muchas gracias por el apoyo en el capitulo anterior. Conseguí ponerme al día con mis lecciones, así que aquí está mi regalo para ustedes. ¡Les quiero mucho!


Capítulo 51: Vigilante Enmascarado

~.~

El primero enterrará su corazón en un bosque obscuro
bajo la nieve, sin embargo aun siente su dolor,
El segundo verá su posesión más querida
En la mano de su enemigo

Jonathan Strange & Mr Norrel, Susanna Clarke


En una habitación aislada del ala psiquiátrica del Hospital Stanley Memorial, una mujer estaba sentada entre las desordenadas sabanas. Había un ovillo de lana azul junto a su pie desnudo, los extremos de su hilo enganchados a sus agujas de tejer. Sus manos trabajaban con paso febril, enganchando, desenganchando, enredando y desenredando, hasta que oyó un golpe en su puerta. La mujer, que estaba a fines de sus cuarenta, sintió el viejo y conocido tirón en sus muñecas, un nervio tensándose al reclamar por el sobreesfuerzo. Pero, a veces, el pequeño e implacable dolor le ayudaba a olvidar. De que el mundo se movía, y ella no.

'Sí, ¡adelante!', respondió.

La puerta se abrió un poco, y la enfermera Robbins metió su cabeza por el hueco.

'Buenas tardes, señora Jaeger. Me ha sorprendido, pero tiene una visita.' Anunció la mujer de bata azul.

'¿Ah? ¿Quién es…? ¿Armin?', preguntó Carla, apartando su labor de tejido.

La enfermera Robbins abrió la puerta y retrocedió, dejando a la visita ingresar. Carla había esperado ser saludada por el mejor amigo de Eren. Una partecita de ella había, incluso, esperado que fuera Eren. En cambio, una pequeña mujer rubia se paraba junto a la enfermera, vestida en una sudadera violeta y negros jeans ajustados. Carla no estaba segura de que la sorprendía más. La chica de las flores. Porque, entre sus brazos, Annie Leonhart cargaba un enorme ramo de rosas rosadas.

'Hey', saludó Annie a la mujer, con un educado movimiento de mano. 'Yo… estaba por acá. Pensé en pasar con esto y saludar', explicó, aún viéndose fuera de lugar en el mundo, el hospital e incluso las rosas en sus manos.

Hubo una elegante gracia en la sonrisa de Carla. 'Gracias. Son hermosas.' Dijo la mujer mayor, aceptando el ramo cuando Annie se acercó a su cama y se las entregó. Oyeron a puerta cerrarse tras ellas, la enfermera Robbins habiéndose marchado para volver a sus deberes.

'Por favor, siéntese', le dijo Carla a la chica, indicándole la silla.

Annie acercó la silla a la cama, y se dejó caer en esta. Observó mientras la mujer mayor presionaba una flor a su nariz.

'Ann', observó vagamente la mujer castaña.

La joven rubia alzó la mirada con sorpresa.

'¿Mn? ¿Disculpe?'

Carla Jaeger sonrió. 'El nombre de este género es Ann. Incluso, algunos, les dicen la hija de Ana. ¿No lo sabía?'

Annie se encogió de hombros e hizo un ligero sonido de negación, analizando, en cambio, el cuarto. Su mirada azul fue del ovillo de lana a la labor de tejido. Soltó un ligero resoplido. '¿Hija, ah? Sin ofenderla, señora Jaeger… estoy segura de que mis viejos no me nombraron por un montón de flores. Mi padre tenía un sudoroso gimnasio en el barrio. Mi madre biológica tenía trabajos raros, hasta que decidió que se había hartado, y que era hora de hacer plata fácil. Hizo las maletas y se largó a la ciudad de los casinos cuando yo tenía cuatro. Tuve una madrastra, y la fulana me odiaba. Así que siiiiiiiiiiiiiiii… No es exactamente la dulce familia de tres que tiene en mente.'

Carla miró desconcertada a la joven.

'Ya... veo', observó. 'Pero, aun así, es un lindo nombre', dijo con un suspiro, silenciosamente preguntándose si había algo que no fuera un tema delicado para la chica. ¿Era ser emo la moda de estos días?, no podía saberlo. 'Y, ¿qué le trae aquí, señorita Leonhart? Estoy segura de que los jovencitos tienen mejores cosas que hacer en este… ah, ¿qué día es, que me olvidé?', dijo de pronto Carla, mirando el calendario.

'Sábado, dieciséis.' Dijo Annie de golpe, con una sonrisa lúgubre.

'Bien, sábado. Como decía, los chicos de su edad deben tener mejores cosas que hacer que visitar un loquero.'

Annie parecía divertida por la observación.

'Créame, señora Jaeger', dijo con una tonta sonrisa. 'Estoy aquí porque quiero. Aparte, creo que podríamos continuar nuestra conversación de la última vez.'

'¿Acerca de… Eren?'

Annie sacudió la cabeza.

'No exactamente, doña (1). Esta vez… esta vez me gustaría saber más sobre su esposo.'

Hubo un silencio que siguió a sus palabras, que estaba hecho de incomodidad y sensaciones inquietas. La mención de Grisha Jaeger visiblemente inquietaba a la mujer en la cama, y le dio a Annie una temblorosa sonrisa. 'Ah, creo que deberíamos hablar de algo más alegre. Eso es algo del pasado. Han pasado catorce años. Verdaderamente es mucho tiempo. No sé donde está, o qué hace…' dijo ella, yendo por el florero en su mesita para poner las flores.

Annie observó a la mujer, a las puntas de sus dedos. Sus propias manos estaban callosas por años de entrenamiento. Así como los de Carla. Había similitudes, y aun así, muchas ínfimas diferencias entre las dos. Observó a la mujer mayor quietamente. Carla Jaeger puso un vaso de agua en el florero de cristal, suficiente para alimentar las rosas que Annie le había traído.

Ella se volvió a Annie.

La rubia tenía una entraña mirada de determinación en su rostro. Y la chica observaba a la mujer en el silencio.

'¿Qu-qué pasa?', preguntó Carla. '¿Pasa algo malo?'

'Discúlpeme, pero soy una buena lectora de la gente, doña. Usted es terriblemente protectora de su familia, ¿no?', dijo Annie y se detuvo aquí, con una arruga en el entrecejo. 'Él lo heredó de usted, sabe. Eren… y el hecho de que los dos son malos mintiendo. Puedo ver que no me dice toda la verdad. Lo ha visto hace poco, ¿no? Ha visto a Grisha Jaeger, ¿verdad?'

Carla, quien trataba de ocuparse a sí misma con el arreglo de las flores, se volvió rápidamente a Annie.

En ese momento de nerviosismo, el florero se deslizó de sus manos y se estrelló contra el suelo.

El ruido del cristal rompiéndose resonó en el silencio del cuarto.

Carla captó su propio reflejo en los restos de cristal, sus ojos agrandándose y aterrados.

'Qu-que mal presagio', tartamudeó.

Carla oyó una risita y miró a Annie. La chica sonreía con esa rara media sonrisa suya. Se levantó de su sitio y tomó un periódico. Se agachó al piso y se puso a recoger los trozos con diligencia. 'Scherben bringen Glück! Mis antepasados dirían.' Murmuró en el inquieto silencio.

Ante la inquisitiva mirada de la mujer mayor, Annie explicó. 'Significa que los vidrios rotos te traerán suerte.'

Carla volvió a mirar al florero roto. No creía en la fortuna, y se preocupó más por su hijo.

Eren… ¿estás bien?

..-..

'¿Virgen?'

'Si es cierto, vamos a conseguir un montón esta noche.'

'Sí, pero, ¿cómo lo confirmamos?'

'Ack. Le vamos a tomar la palabra. Mientras los ofertantes estén convencidos, ¿quiénes somos para quejarnos? A lo mejó incluso debiéramos quitarle algunos años de edad, ¿ah?'

'¿Algún último deseo antes de que pierdas la inocencia de tu bombón?' le preguntaron los cazadores de recompensas al castaño.

'Sí', admitió Eren, ignorando sus ilícitas y lujuriosas sonrisas. '¿Puedo darle un último abrazo?', preguntó el Guardián, señalando a Armin. '¿En honor a los viejos tiempos?'

Los hombres se miraron, divertidos. 'Aaaah, ¡¿no son lo más lindo que viste?!', azuzaron. 'Claro, dale, pibe. Abrazá a tu amiguito todo lo que quieras. Y cuando termines, te llevaremos donde los grandes lobos malos están.'

Su tono era enfermante. Pero Armin no sabía si era por la perversión del dinero, la lujuria o el alcohol.

Sin perder un momento, Eren se acercó y agarró las manos atadas de Armin con las suyas esposadas. Se inclinó hacia el otro chico hasta que su boca estuvo junto a la oreja del rubio.

'Lo que sea que hagas, no te asustes. Jean y Marco vendrán por ti.' Susurró el castaño, tratando de sonar reconfortante. 'Vendrán, y te rescatarán. ¿Me entiendes? Porque somos Guardianes de la Paz.'

'¿E-Eren?', Armin agarró la mano de su amigo, tratando de retenerlo. 'No, no hagas esto.'

Armin sintió algo pequeño ser deslizado entre sus dedos.

'Shhh. Escápate', dijo la maravilla ojiverde, dándole a Armin un último empujón. Antes de que el rubio pudiera atrapar esos cálidos y bronceados dedos, su mejor amigo fue empujado hacia las puertas que se abrían,

'¡Eren…!' croó Armin. '¡Por favor, no hagas esto! ¿Me oyes?'

El joven guardián castaño se volvió brevemente para darle una lúgubre sonrisa.

Está bien. Estaré bien.

Uno de los cazadores forzó a la cabeza del chico a volverse. Armin observó la ancha espalda del joven mientras era guiado a través del oscuro pasillo. Observó las puertas abrirse, la luz y la locura del exterior ingresar poco a poco. Y de la misma forma, su amigo fue llevado al círculo de luz enceguecedor.

Armin fue dejado solo con sus sentimientos de desesperación e inutilidad. Miro a su palma y descubrió los dos objetos que Eren le legó.

Una llave.

Y un anillo de plata.

Su anillo de bodas.

'Eren', gruñó el rubio, sus frágiles hombros temblando. 'Imbécil colosal…'

..-..

No era culpa suya, se dijo Jean.

No, no era su maldita culpa que sus amigos estuvieran en problemas.

Había sido idea de Marco separarse. Había sido idea de Marco prepararse para lo peor. También había sido idea de Marco subirse la capucha de su capa. Jean había estado demasiado enfocado en hallar a sus amigos que ni había prestado atención al hecho de que su rostro había estado al descubierto y rogando ser notado. No hasta que Marco agarró el brazo de Jean, llevado al rubio ceniza a detenerse y agarrado la capucha de la capa. Metió dentro la cabeza de Jean, su voz amable aunque reprendiéndolo. Debes evitar ser reconocido, Jean… todavía eres buscado por el Estado, le sermoneó Marco. Por favor, no hagas nada apurado, dijo el más alto antes de separarse.

Jean Kirstein, Guardián de Paz del escuadrón 104 de la división de Stonehess, repentinamente tuvo un ataque de nostalgia. Se acordó de la loca dentista de su madre, y le dejó confuso como un amable, sonriente titánico que nunca maldecía, un traga libros que constantemente hacia citas… podía recordarle a su madre en casa. Jean nunca había sido muy dado a los titánicos. Pero admitía que Marco… este Marco Bott era más tolerable que la mayoría de ellos. Sí… Tolerable.

Momento. ¿No se suponía que estaba tras de alguien?

Sí, sus amigos.

Maldición.

Jean siguió el ruido de la multitud. Caminó a través de un polvoroso corredor barnizado, que tenia sospechosas manchas en las paredes. Como licor vomitado por alguien, rastros de un animal muerto o, quizá incluso eran el diseño de los mosaicos. El fin del pasadizo se abría a una amplia carpa, hecha de lienzos, plomo y madera, decorada con vidrios de colores y espejos, el pabellón alzado mostraba detalles de brocado y terciopelos. Recordó haber conducido con su madre en su cadillac una vez, y ella le había señalado una enorme carpa en un descampado. Es un circo itinerante, Jean, dijo la señora Kirstein. ¿Quieres ir? Jean había girado los ojos a ella. ¿Qué edad piensas que tengo?

Ella le había llamado 'Spiegeltent'.

Un lugar para el júbilo y la celebración.

Pero mientras Jean ingresaba a la muchedumbre de espectadores, supo que ese lugar se sentía mal. Y estaba terriblemente lleno. Cubierto y equipado con nada más que una navaja suiza, se sentía vulnerable, como si caminara desnudo. Había algo acerca de esta reunión de titánicos. Primero, la obvia falta del sexo débil… lo que nunca era buena señal. Nada familiar u hogareño en ese lugar. Segundo, había un hedor a alcohol y maldiciones en las conversaciones. Estos hombres estaban bebidos hasta los huesos y, a juzgar por sus prendas, la mayoría tampoco era acaudalada. No era una buena combinación para encontrar en los enemigos. Tercero, estaba la carpa que parecía haber sido alzada con premura sobre el pabellón y el anfiteatro. Como si no quisieran que ser visto por ojos ajenos. Y, finalmente, estaba el martilleo.

Jean empujó a través de la multitud, hacia el ruido de ese martillo. Sus ojos almendrados recorrieron los rostros discretamente, buscando a los idiotas que había llegado a considerar sus amigos más cercanos.

¡Pum! ¡Pum! ¡PUM!

'Paciencia, caballeros. Patience! (2) Avoir de la patience! Gedulal!'

Jean miró arriba y halló a un hombre calvo en el podio, viéndose pulcro en un saco a medida. Hablaba a un micrófono, urgiéndole a la ruidosa muchedumbre silencio.

'Sí, sí, es hora de empezar la atracción de la noche. Y, Caballeros, ¡admirad! ¡Agasajen sus ojos con un raro hallazgo! ¡Un terrícola macho! ¡Dieciocho años de edad! ¡Y virgen!'

Las puertas se abrieron y alguien fue empujado.

Jean miró al escenario y descubrió al subastador señalar a una persona conocida. Un joven con revueltos cabellos castaños, mirando confundido a la galería.

¿Un virgen de dieciocho años?

'¿Eren?', escupió Jean con sorpresa.

..-..

El sargento Keith Shadis era lo que Sun Tzu a un manual de reglas. Su mejor campo era éste- el de batalla, su imperativa era esperar lo inesperado. Estar preparado a lo peor. Tu enemigo puede ser máquina, humano, rayos, puede ser tu mejor amigo, incluso un lobo en piel de cordero. Siempre estate preparado, diría Shadis. Y, entonces, procedería a enfrentar las caras de los cadetes y asustarlos hasta hacerse en los pantalones. Eren recodaba a Dita Ness y también a sus lecciones. El hombre de bandanas coloridas había señalado los números en la imagen proyectada. 'Caballeros…', habría captado la mirada de Annie y mordido su lengua '…y señoritas. Perdona, Leonhart, Hannah y las otras… pero, como decía, ese es exactamente mi punto. La proporción de géneros no está a favor de las mujeres en este mundo. El Estado ha hecho lo que pudo para atacar a este problema desde raíz. Pero los hechos son hechos y estamos viendo un crecimiento inverso en la población. La situación es particularmente triste en las zonas inferiores.'

'¿Inferiores?, preguntó Eren en voz alta. 'Espere. ¿Qué demonios es eso?'

Thomas rodó sus ojos, dándose vuelta en su silla para golpear la frente de Eren con dos dedos. '¿No repasamos esto la última vez, Jaeger? ¿Acaso todos los tuyos son balas perdidas?'

Eren gruñó. 'Estoy seguro que tus bolas no rendirían si tuvieran que hacerlo una segunda vez, Thomas.'

Y, antes de que una guerra entre mundos estallara en la clase, Marco Bott pondría sus manos en los hombros de sus compañeros y los separaría. Marco suspiraría mientras los pacificaba. 'Las inferiores son asentamientos fuera de las ciudades burbuja, Eren', explicaría, respondiendo la pregunta del chico. 'Tenemos a Maria en las afueras de Trost. Se rumorea que el Estado destierra a la gente no apta a la tierra de afuera.'

'¿No aptas?', repitió Eren, sin gustar como sonaba eso.

'Sí, ofensores al Estado, gente con historial criminal, gente de cierta etnia. Medio como el Hitler de tu mundo eliminaba a los judíos, homosexuales y no arios. Por supuesto que… no hay campos de concentración aquí, pero empujar a esta gente fuera, a tierra inhóspita, es similar a genocidio. Al menos, eso es lo que arguyen los rebeldes.'

El sargento Dita Ness había reído nerviosamente ante la explicación de Marco.

'Vamos, cadete Bott. El Estado se preocupa por su gente. Y somos soldados para el Estado de Titán. Debería tener cuidado en lo que vaya a decir, Bott. No te preocupes, Eren. Los titánicos no son tan malos como Marco los pinta.'

Mientras Eren se erguía en la plataforma del anfiteatro, conteniendo la furia de su rostro y descubriéndose ser mirado por doscientos hombres apiñados alrededor de la plataforma, casi rió, escéptico. Podía verlo en sus ojos. La lujuria animal, la necesidad de humillarlo y ponerlo en su lugar. Estos hombres eran la gente abandonada de la tierra, y ellos se descargaban usando sus propios medios y fines. Esta era la Calle. Esto era el Bajo Mundo. Un lugar donde Levi perteneció. Y, aun así, Eren no podía imaginarse a su esposo ser uno de estos pervertidos hombres de mediana edad.

¿No tan malos, eh?

Sí, claro.

El escenario era de unos pocos metros de diámetro con el circulo de sillas tan cercano que podía sentir el calor y el hedor del alcohol de los alientos. Cabinas privadas rodeadas con decoraciones de vidrios coloridos y ventanas espejadas daba a la audiencia cierta privacidad. Odiaba pensar lo que la gente oculta dentro de esas cabinas estaría haciendo, observándolo esposado y expuesto. Mientras se volvía a los rostros en derredor, descubrió las profanas expresiones de los espectadores, un hombre incluso le mandaba besos. Otro le hizo una pedorreta. Un tercero, puaj, hizo un eufemismo vulgar con su mano marcada con barras. Pero Eren conservó su rostro incólume y frio, mientras echaba una mirada a la marejada de rostros, hasta que descubrió uno conocido.

No el que había esperado hallar entre estos fulanos y pervertidos.

Jean lo miraba desde el círculo interior.

Eren le miró, desconcertado, tomándose un momento para registrar la presencia de su amigo.

¿Qué haces aquí, caracaballo?

Jean le miró con incredulidad.

¿Yo? ¿Qué rayos haces tú ahí arriba? Gesticuló Jean en respuesta, gesticulando vivamente.

A pesar de la nauseabunda situación, Eren dejó salir una sonrisa agradecida. Confiar en que Jean lo hallara. Por algún motivo, viendo esa cara conocida entre doscientos monstruos depravados era suficiente como para reconfortarlo. Si Jean Kirstein estaba aquí… iba a estar bien.

¿No?

Eren cerró los dedos en un puños y dejó que sus ojos divagaran, buscando un poste o columna donde mirar. No mires a estos pervertidos a los ojos, Eren. Claro, quieres encajarles una piña en las caras, pero… no, Armin está ahí atrás. Mantén la calma, por su bien. Mantén la calma, hasta que descubras como salir de este embrollo. No te enojes. Sólo mantén-

Eren se paralizó, sus ojos verdeazulados habiendo captado la anomalía en la multitud. En las cabinas en la parte más al fondo de la carpa, colgado en la parte de arriba de una mesa de tres ocupada, estaba un hombre. No un hombre cualquiera. Este era un loco, para ser sinceros. Porque vestía una máscara blanca con manchas de tinta oscura… que en realidad se movían. Eren conocía esa máscara. Era la de su héroe de los comics de su infancia. ¿Era acaso una broma? ¿Cómo siquiera se hizo con ese disfraz? ¿Cómo…? Y, más importante, ¿por qué?

Eren luchó para darle algún sentido.

Y mientras se alzaba confundido, se dio cuenta que el enmascarado le miraba directamente. A pesar de que el subastador llamaba al orden, a pesar de todo el caos en la galería, el hombre de gabardina y la segunda cara tenía sus invisibles ojos en él. Eren observó al hombre levantar un dedo enguantado a su rostro, donde sus labios debían estar.

Shhh.

No tuvo oportunidad de preguntar la razón. Porque allí estaba Perenti detrás de él y había un animalesco canto en el aire.

Y Eren fue forzado a mirar a la multitud.

'¡QUE SE INCLINE! ¡INCLINATE! ¡HAZLO INCLINARSE!' gritaban los titánicos.

'Váyanse al infierno', le ladró Eren a la muchedumbre de mirones.

'¿Acaso nos acaba de responder?', gritó alguien, sonando exaltado.

Otro tiró una lata aplastada al podio ante el insulto. Erró por pocas pulgadas, por suerte. Eren observó la lata rebotar por las paredes de la plataforma.

El subastador parado en el podio golpeó su martillo contra este.

'Ahora, miren, nada de dañar el producto, ¿oyeron? Puede ser parlanchín, pero eso no es nada malo en la cama. Piensen en-'

El subastador fue interrumpido mientras los canticos subían.

'¡INCLINARSE! ¡HAZ A LA BASURA TERRICOLA INCLINARSE PRIMERO A NOSOTROS!'

Eren los miró a todos con fiereza.

'Ni mierda me voy a inclinar ante ustedes, pu-'

Pero hubo una patada en la parte trasera de sus piernas que hizo caer a Eren de rodillas. El castaño escupió, el aire se le fue de los pulmones. Eren podía oír la algarabía, la risa y, también, el gran juramento de los labios de Jean.

'Bueno, bueno, empecemos formalmente la subasta', dijo el calvo a la muchedumbre descontrolada. Déjenme recordarles, compradores, que esto es arcana tabulata catastae. Si el esclavo tiene defectos, el proveedor hará que el comprador pierda. ¡Presenten sus ofertas!', dijo el subastador.

Eren cerró los ojos fuertemente.

Las ofertas cayeron como una granizada. Cada palabra, cada voz recordándole que no importaba lo que hiciera, para quien trabajara, siempre iba a ser un extraño para esta gente. Un extranjero. Un extranjero de la Tierra. Un extranjero aquí también, en Titán. Pero, ahora mismo, se sentía mucho peor. Como una cosa humana. Se sentía como un animal enjaulado, con la gente haciendo barullo para poseerlo y humillarlo.

'¡Ochocientos!' Gritó un extraño, alzando un dedo en el aire.

'¿Qué es ochocientos, Cameron? Es una propina. ¡Mil libras!', Dijo una voz profunda.

'¡Mil, doscientos por el chico! ¡Esos hermosos ojos lo valen!'

Aparentemente, la virginidad vende, pensó Eren en silencio. Apretó los dientes con bronca, y miró al polvoriento suelo del pabellón.

'¡Do-doscientos!', acompañó una nueva voz a la puja, sonando vacilante.

Eren la reconoció al instante. Abrió los ojos de par en par y, claro, Jean había alzado su mano en el aire. La gente en derredor le miraba con sorpresa.

El castaño le clavó la mirada a su compañero en el círculo interior.

¿Qué demonios haces?, le reclamó Eren sin palabras.

Jean se encogió de hombros, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

Tratando de salvarte, idiota. ¿Qué piensas?, le gesticuló en respuesta.

Eren gruñó al más alto.

¿Acaso tienes algo de dinero de Titán como para pagar?, gesticuló a su colega.

Su charla fue interrumpida cuando el silencio calló a la multitud. Eren miró al círculo de espectadores y descubrió el motivo. Todos miraban atrás, al confín del círculo exterior. Se volvieron hacia las cabinas del fondo, donde una sola mano se alzaba contra las ventanas de vidrios de colores.

Era el enmascarado.

'Cinco mil', una voz desconocida de alzó de detrás de esa máscara. Y allí estaba la inconfundible sonrisa en esa voz.

Eren se quedó mirando al rostro enmascarado.

Oh, ese maldito… pervertido.


Vigilante enmascarado (def)

1-Quien usa una máscara y toma o invoca tomar la ley por mano propia.

2- Un héroe para las masas.

3. Un pervertido.


1 Aquí Annie usa una forma coloquial para decir madam (señora): ma'am. Traduje como 'doña' porque es una forma similar.

2 En español en el original