CAPÍTULO 50 SE ESTRECHA EL CERCO

En esos momentos me sentí como una niña con zapatos nuevos.

Edward, contra todo pronóstico posible guardó su lado más dominante y posesivo para hacer caso de mi orden impuesta. Se tumbó en la cama despacio, ofreciéndome unas impresionantes vistas de su cuerpo en calma tensa y de su miembro completamente erguido; su erección estaba roja, hinchada y expectante a cualquier movimiento. Edward apoyó la cabeza sobre la suave y mullida almohada mirándome los ojos empañados con una mezcla de excitación y pasión. Su poder cedido a mí añadía un punto caliente a la situación. Era consciente de que mis ojos habían pasado más tiempo del debido observando todos los rincones secretos de su cuerpo dejando de lado por unos segundos el deseo tangible que fluía entre ambos.

Puse mis manos en movimiento cuando las caderas de Edward se alzaron provocando el movimiento sensual de de su carne erecta, llamando y clamando por mi atención. Pasé mis dedos por su cuello sintiendo la palpitación de sus venas sobre mi piel caliente, enredándolos en su cadena de oro. Bajé por su suave y terso torso muy despacio, deteniéndome en los apretados pezones. Sonreí con maldad cuando lo vi retorcerse de placer. Hice que mis manos viajaran más al sur, serpenteando y haciendo travesuras allá por donde rozaban. Cuando llegué a la erección que adornaba sensualmente sus caderas estuve tentada a tomarla entre mis manos y acariciarla como sabía que a él le gustaba, pero me guardé mis ganas; quería prolongar un poco más el momento culminante porque quería que Edward lo disfrutara como nunca, quería devolverle un poco de todo aquello que él me estaba entregando, tanto físico como sentimental y emocional…y por supuesto, quería jugar un poco más con su cuerpo, así que ignoré el hormigueo que sentía en mis manos por tocarle y seguí con mi juego.

Me levanté muy despacio de la cama sin perder el contacto visual con él. Sonrió de manera sexy cuando me observó detenidamente; siguió el movimiento de mis manos mientras me deshacía yo misma uno de los nudos de las braguitas de mi diminuto bikini. Luego el otro lazo. Tragó en seco cuando la prenda se deslizó lentamente por mis piernas hasta que la aparté de una patada.

—Sin duda eres todo un espectáculo digno de observar y mirar, Bella…pero hubiéramos ganado bastante tiempo si te lo hubiera arrancado…sabes que soy experto en esas artes — sonreí de lado mientras volvía a subirme a su cuerpo. Muy despacio hice que nuestras pieles entraran en contacto de nuevo, saboreando las sensaciones. Subí poco a poco por su piel sin dejar de tocarlo con mi cuerpo. Ambos gemimos cuando nuestras intimidades húmedas se rozaron delicadamente.

—Lo sé…—murmuré moviendo las caderas creando una excitante fricción entre nosotros. Mi entrepierna latió dolorosamente pidiendo la atención de sus dedos a gritos, ardiendo de excitación — Pero primero quería saborear tu cara de placer mientras me miras.

— ¿Mi cara? — Ronroneó — Y yo que pensé que tu intención era saborear otra parte de mi cuerpo… — juguetee con el vello que adornaba su bajo vientre ligeramente humedecido por su propia excitación — Joder, Bella…esto es jugar con mis sentimientos….Tócame de una jodida vez…Ahora….

Su falso y para nada creíble enfado me hicieron sonreír de nuevo, esta vez con un punto de ternura; me encantaba verlo tan vulnerable bajo mis manos y tan íntimo. Saboreaba estos minutos porque sabía que este lado…sumiso, no lo vería tan a menudo como a mí me gustaría. Me gustaba saber que yo podía domar a la bestia que llevaba dentro en momentos como este. El poder y el deseo se mezclaban en mi interior haciendo del resultado el mejor de los afrodisíacos posibles.

Me acerqué aún más a Edward para sentir sus labios. Su lengua y sus manos estaban hambrientas de mi cuerpo, ávidas de deseo contenido y ansioso por inundar la habitación hasta que nos ahogáramos en él. Sus manos recorrieron mi sobre excitada piel por el masaje de chocolate, ese aroma a cacao envolviendo la cama y mezclándose con su propio olor. Apenas era un roce de sus dedos, pero eso me bastaba para echar a volar mi imaginación ideando todo aquello que íbamos a hacer a continuación.

A duras penas me separé de su boca para hacer mi próximo movimiento. Me miró a los ojos sorprendido cuando le alcé las manos sobre la cabeza para dominarlo como tantas veces él había hecho conmigo.

—Espero por tu bien que mantengas las manos quietas — dije intentando parecer una chica dura — de lo contrario tendría que atarte al cabecero de la cama.

—Sería la primera vez que me viera en esa situación…aunque la idea me parece tan atractiva como las vistas de tus pezones en este momento — alzó una mano para tocarme, pero le di un manotazo antes de que lograra alcanzarme — Mmm, chica ruda…

— ¡Las manos quietas! — repetí.

Edward se metió en el papel de sumiso, aunque dudaba mucho que el apelativo le sirviera ni tan siquiera para un cortísimo periodo de tiempo, y volvió a subir las manos por encima de su cabeza. Sus dedos rozaban la madera del dosel de la cama preparados para agarrarse a él en caso de que fuera necesario…e iba a necesitarlo, por supuesto. De eso me iba a encargar yo.

Las veces que había soñado con tenerlo aquí, a mi merced…habíamos tenido que viajar al fin del mundo para que mi sueño se hiciera realidad. Por fin lo veía completamente derrotado ante mí, por fin había conseguido ver la vulnerabilidad y la expectación en su mirada…por fin lo veía completamente entregado. Sabía que era mucho pedir que confesara sus sentimientos hacia mí, quizás nunca pronunciara las palabras que yo quería oír…Pero el equivalente silencioso a esas palabras era sin duda la entrega, sus gestos, sus miradas…

Era mío y yo era suya.

Sin restricciones.

Sin dudas.

Por completo.

Sin poder dilatar más el momento posé mis labios en su cuello para hacer el mismo recorrido que mis manos habían hecho hacía escasos minutos. Mordisquee su cuello, lo saboree….jugué con su pezón usando mi lengua, haciendo que sus caderas se levantaran irremediablemente buscando roce de nuevo.

—Bella…—mi nombre en su boca sonó como una amenaza. Sonreí contra sus abdominales.

Ignoré deliberadamente su voz demandante para seguir con mi placentera labor, cuando llegué a su pene lo miré desde mi posición mientras lo agarraba con los dedos. Su boca emitió un sonido ronco, una excitante mezcla entre un jadeo y un quejido desde lo más profundo de su garganta.

—Vas a matarme, princesa….Hazme algo ya o no podré aguantar mucho más…Tócame, bésame….

Esta vez seguí su consejo sin ninguna objeción.

Mi lengua fue al encuentro desesperado de su excitado miembro, esa carne que ahora era completamente mía. Lo lamí despacio tomándome mi tiempo en acariciar todos y cada uno de los rincones más secretos de esa parte de su anatomía. Rodee la punta sonrojada con la lengua llevándome conmigo el líquido nacarado que manaba de ella.

De arriba abajo.

Muy despacio.

Lentamente….

Mis manos buscaron sus testículos para acariciarlos mientras mi boca trabajaba sobre su cuerpo sin darle ningún tipo de descanso posible. Mi lengua, mis labios y mis dientes hacían que se retorciera. Gemía, jadeaba y empujaba contra mí obligándome a tomar todo lo que su cuerpo tenía para mí. En otras circunstancias sus manos habrían viajado a mi cabeza para ayudarme y guiarme en mis acometidas, pero se portó como un buen chico dejándolas quietas tal y como yo le había ordenado.

Los apasionados movimientos de mi cabeza hicieron que mi pelo se desparramara por su vientre creando una cortina oscura entre nosotros. Para no privarle del espectáculo retiré mi pelo antes de que sus fuerzas lo traicionaran y lo hiciera él mismo. Lo miré como una auténtica zorra mientras mi boca succionaba de manera arrebatadora su piel más íntima. Sus ojos verdes brillaron cuando se cruzaron con los míos.

—Mierda — masculló — Voy a correrme — jadeó.

Por supuesto, también ignoré su advertencia.

En cambio, cerré los ojos para sentirlo plenamente y dilaté mi garganta todo lo que pude para llevarlo aún más profundo. Me sentía llena, sofocada y un poco ahogada por la magnitud de su pene, pero estaba disfrutando este momento tanto o más que Edward. Mis muslos estaban húmedos y pegajosos, empapados por la humedad que goteaba de mi intimidad.

Tras un par de empujones desesperados y ansiosos por su parte Edward se corrió en mi boca ofreciéndome la plenitud de su orgasmo con un gemido animal y gutural que me hizo apretar las piernas en un vano intento por liberar un poco de mi propia tensión acumulada en mi entrepierna. Esperé a que sus espasmos se calmaran y que sus caderas se relajaran; con un suave movimiento de mi boca y una larga lamida, solté su miembro semi erecto y lo miré desde mi posición. Sus ojos entrecerrados al fin se abrieron con sus manos aún fuertemente enredadas en el poste de madera.

Me miró completamente satisfecho.

Yo sonreí felicitándome a mí misma por lo que acababa de hacer.

—Esa jodida boca…—suspiró — Va a matarme algún día…—me relamí los labios muy despacio diciéndole sin palabras lo mucho que yo lo había disfrutado — Apuesto a que estás más que mojada…Muy mojada — jadeó — ¿Puedo comprobarlo? ¿Puedo tocarte ya?

Me mordí el labio mientras meditaba mi respuesta. Por un lado me moría de ganas porque sus manos viajaran al centro de mi cuerpo, quería que sus dedos se introdujeran en mi interior saciando el deseo que hervía en mí…pero finalmente negué. La sensación de poder había tomado el control de mi cuerpo. No podía parar ahora.

—No….quédate ahí quieto…de momento.

Su sonrisa me hizo gemir.

Volví a montarme sobre sus caderas notando cómo su pene se endurecía de nuevo poco a poco contra mí. Sus ojos no apartaban la vista de mi cuerpo centrándose en mis pechos erguidos y expuestos. Lo miré a través de las pestañas; sabía lo que quería hacer así que me retiré el pelo y me los acaricié centrándome en los pezones. Lo hice de la misma manera que Edward, aunque no era lo mismo. Echaba de menos sus manos expertas aunque su cara de depredador sexual que pintaba su gesto en esos momentos suplía la falta casi por completo.

—Tócate, princesa….Más abajo, entre las piernas….

Su voz ansiosa echó por tierra parte de mi deseo de pseudo dominación así que, tragándome la vergüenza, bajé mis manos hasta mi entrepierna. La cara de Edward subió un punto en perversión. Oh, sí….su gesto oscuro me indicaba que la noche iba a acabar con traca, petardos y fuegos artificiales.

Jadee con fuerza cuando llegué a mis labios íntimos; estaban hinchados, inflamados y humedecidos por todo lo que había hecho y por lo que iba a hacer. De todos modos no sabía qué me excitaba más, si el auto placer al que me estaba sometiendo o la mirada de Edward en el núcleo de mi placer. Sin duda ganaba la segunda opción.

Extendí la humedad con mis dedos.

Edward tragó duro.

Se lamió los labios….Oh, cielos…

—Fóllate con los dedos — rugió agarrándose de nuevo al dosel.

Sí, sí….palabras sucias y completamente deliciosas…

Con su polla acariciando mis nalgas y su oscura mirada taladrándome sensualmente el cuerpo me introduje uno de los dedos. Estaba caliente, al borde…sentí como mi excitación empapaba mi mano.

—Más….otro dedo….

La locura desatada por mí misma y alentada por Edward me estaba llevando al punto de no retorno y no quería acabar de esta manera. Sin más preámbulos saqué los dedos de mi interior y de una sola acometida me senté sobre su pene. Sentí cómo me llenaba, como se abría paso entre mis músculos íntimos. Adoraba cómo se apretaba contra mi cuerpo, cómo pulsaba en mi interior…

Solté un suspiro de satisfacción aún sin moverme todavía.

Antes de hacerlo, llevé mis dedos hasta su boca. Separó los labios para chuparlos calentando aún más la situación. Recogió de ellos todo rastro de humedad, los saboreó con ahínco. Oh, cielo santo…su lengua…

Me apoyé en su pecho sudoroso y poco a poco empecé a moverme. Una vez, dos, tres….La bola en mi interior se iba haciendo cada vez más pesada. Gemí en su boca, se bebió mis jadeos. Lo arañé, lo besé, lo mordí…Y él simplemente se dejó hacer.

Su hueso pélvico rozaba directamente mi clítoris con cada acometida de mis caderas. La explosión se produjo de manera intensa. Grité su nombre mientras sus caderas me llevaban al cielo prolongando ese momento, tomando el control de la situación exprimiéndome al máximo. Pegué mi cuerpo al suyo, sus manos en mi cintura. Besé sus labios, ataqué su lengua con la mía mientras mi cuerpo apretaba con fuerza su miembro.

Y lo mejor de todo es que él aún no había acabado.

Apenas me dejó dos segundos de descanso; dejó de obedecer mi mandato soltando sus manos del poste de la cama. Me cogió con fuerza de las caderas con su cuerpo firmemente anclado en el mío y me aplastó contra las suaves sábanas de lino...acto que me excitó hasta lo imposible.

—Quiero más — susurró en mi oído — Lo quiero todo…

—Pues cógelo

Mi palabras lo incitaron, lo invitaron a tomar de manera salvaje todo aquello que yo le ofrecía de buena gana. Sonrió de lado. Me pasó las manos por las nalgas y me colocó obligándome a abrir aún más las piernas. Entonces empezó a arremeter contra mí. Sus caderas comenzaron la danza ancestral más erótica posible. Se movió contra mí chocando nuestros cuerpos de manera salvaje.

Gemidos y piel chocando contra piel.

Jadeos y gritos amortiguados.

— ¿Te gusta? — mis ojos estaban cerrados a cal y canto. Quería absorber todas y cada una de las sensaciones de esta unión…hasta que sus caderas se ralentizaron hasta casi detenerse — ¿Te gusta, Bella?

—Dios…No juegues conmigo ahora. ¡Sí! ¡Sí! Me gusta, me gusta mucho…—me besó con fuerza.

— ¿Me quieres? — la pregunta me dejó momentáneamente perdida en el mar de sensaciones. ¿Qué si le quería?

—Pues claro que te quiero — susurré — ¿Acaso no te has dado cuenta todavía?

Su sonrisa ladeada me devolvió sus embestidas fuertes y profundas, todo aquello que yo necesitaba en ese momento.

Clavé las uñas en su trasero. Cielo santo. Lo sentía tan profundo, tan adentro…Tan grande, tan excitante y peligroso…Jadeos. Sudor. Mis manos contra sus músculos contraídos. Más jadeos. Su boca. Su lengua en mi cuello. Sí, sí…sus manos en mis pechos. Calor. Ese fuego que estaba por venir….Lo abracé con mis piernas y apreté mi cuerpo contra el suyo. Por segunda vez en esa noche me corrí jadeando el nombre de Edward mientras en mi interior sentía el orgasmo caliente derramado por Edward.

Respiraciones agitadas.

Ambos suspiramos intentando coger aire intentando respirar. Lo acaricié lentamente con las piernas cuando sentí sus labios en mi cuello.

—Cielo santo — murmuré. Edward rió contra mi piel.

—Sí…cielo santo…—se separó de mí para mirarme a los ojos. Estaba sudado, sonrojado y aún jadeante, pero estaba precioso. Pasé las manos por su pelo húmedo alborotándolo aún más. Al pasar las manos por su cuello agarré la cadena con cuidado, esa que contenía el anillo de casada de su madre cerca de su corazón. Lo acaricié sintiendo el calor que el metal desprendía. Edward me miró como el hombre que se guarda las mejores palabras en su corazón.

Eso no importaba ahora.

Sonreí.

—No sabes lo que me haces sentir, Bella…

—No…no lo sé….pero no me importaría que me lo vuelvas a demostrar — dije de manera sensual.

Edward me mordió los labios con dulzura….para después volver a ponerse sobre mi cuerpo….

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Los siguientes días, como era de esperar, fueron una delicia absoluta.

Edward compaginaba a la perfección sus momentos de inevitable trabajo con los momentos de ocio junto a mí. En los interminables ratos en los que no disfrutaba de su presencia me agasajaban con deliciosas comidas, masajes y demás placeres mientras Edward se dedicaba a supervisar las obras y los detalles. Cuando terminaba, venía a buscarme para empezar con nuestra diversión particular.

La siguiente aventura tras nuestra noche de increíble pasión fue, tal y como me prometió, hacer snorkel. El instructor nos enseñó a respirar y a ponernos el equipo; no me quería ni imaginar las pintas que tendríamos con la máscara, el tubo snorkel y las aletas. El chico nos dio unos consejos bastante prácticos, aunque el que más me gustó de todos fue cuando nos animó a relajarnos, a fundirnos con el agua para disfrutar con el tacto y la vista de todo aquello que veríamos bajo el agua. Así fue. Tras los primeros minutos de adaptación, Edward y yo disfrutamos nadando entre los peces de colores curiosos y con el espectáculo de los corales en todo su esplendor….aunque realmente no sé qué vistas me gustaron más, si las nuevas sensaciones y la diversidad de la preciosa fauna y flora marina o la visión del cuerpo preparado para pecar de Edward bajo el agua. El maldito parecía un modelo de perfume saliendo del agua con todas esas gotitas bajando por su cuerpo…

Por supuesto, después de ese maravilloso paseo, hicimos el amor cuando el sol se ponía en la playa, con la arena masajeando mi piel y sintiendo el calor del sol decrépito por todos mis rincones y bebiendo de la pasión junto a mi amor.

Conocimos esos rincones vírgenes de la isla –en los que también hicimos el amor, por supuesto – y me llevó a conocer la isla vecina de Bora Bora, una de las islas más visitadas del archipiélago de las islas de la Sociedad. Viajamos hasta allí en una pequeña avioneta para salvar los cuatrocientos kilómetros que nos separaban de ella. Con un potente todoterreno descubrimos todos los rincones de la isla, conocimos a su gente y compramos objetos típicos de allí hechos a mano en las tiendas de souvenirs. Edward sonrió cuando me vio mirando con especial atención un collar hecho a base de semillas. Sin decirme nada me lo arrebató de las manos para ponérmelo él mismo. Sonreí cuando añadió a la compra una preciosa caracola pintada a mano para Matt. La isla era una pasada…el gran lago azul y su agua cristalina era una imagen increíble. Sus aguas calmadas estaban salpicadas por las mismas cabañitas que en nuestra isla, aunque la vegetación era mucho más exuberante y la tasa de turismo bastante más elevada. Yo me había acostumbrado a la sola compañía de Edward así que cuando me preguntó que si prefería pasar la noche en aquel paraíso decliné la oferta para regresar a nuestra islita ese mismo día. Allí era como si Edward y yo estuviéramos solos…todo un sueño hecho realidad.

De vuelta al que se había convertido en nuestro hogar, volvimos a la rutina de no hacer nada y disfrutar el uno del otro. Me dediqué a tomar el sol mientras admiraba las vistas que Edward y su maravilloso cuerpo me ofrecían. He de decir que no me quedaron marcas del sol gracias a Edward ya que él mismo se encargaba de arrancar la parte de arriba de mi bikini. Irremediablemente una cosa llevaba a la otra y siempre acabábamos rodando por la arena…jadeando, mojados, enredados…

El tiempo pasó volando, muchísimo más rápido de lo que hubiera deseado…si se pudieran parar las manillas del reloj….

— ¿Dos días? —hice un dramático puchero intentando dar pena. Habíamos pasado un día increíble bañándonos en la laguna con el único sonido de nuestras respiraciones y de las aves autóctonas. Después de eso nos metimos en la gran bañera para sumergirnos en un baño de espuma…acabamos en la cama envueltos en toallas y sábanas de lino…— ¿Volvemos ya? ¿En dos días? — Edward asintió sonriendo por mi expresión — No me puedo creer que ya hayan pasado diez días…

—No me extraña—sonrió — No hemos parado ni un solo minutos…De la cama a la playa, de la playa a la cama, de la cama al restaurante…y luego a la cama…y a la bañera…y al suelo —sonreí — y a la pared….

—Y a la terraza — respondí recordando nuestros cuerpos entrelazados mientras el atardecer caía sobre nuestra cálida desnudez. Suspiré añorando ya esos momentos y eso que aún no nos habíamos ido — Me da mucha pena tener que marcharnos — Edward se acercó a mí y me besó con cuidado en la frente justo donde el golpe del accidente me dejó una marca en la piel.

—Tenemos que regresar a casa, princesa…Sabes que tenemos asuntos pendientes que no podemos demorar más. Pero te prometo que volveremos —sonreí — Recuerda que esta es nuestra cabañita y de nadie más. Demás, quiero que te quede claro que me ha encantado estar aquí contigo. Cada minutos ha sido increíble…—me mordí el labio.

—No sabes lo que me alegra oír eso, Edward…Pero me prometiste algo y no lo has cumplido — alzó una ceja —Dijiste que me llevarías a la islita desierta…y no lo has hecho — estrechó los ojos en una mirada perversa.

—Eres una pequeña bruja, ¿lo sabías? Acabas de estropear mi sorpresa — fruncí el ceño sin entender nada — Te iba a pedir ahora mismo que te vistieras para dar una vuelta en la lancha…haremos esa visita ahora.

— ¿Ahora? — asintió mientras se levantaba para vestirse — Pero si está anocheciendo — su sonrisa se ensanchó aún más.

—Lo sé…pero allí no hay gran cosa que ver, como tú misma dijiste…así que mucho mejor, ¿no crees? — Me miró de arriba abajo — Ya estás tardando, Isabella…tapa ese precioso cuerpo de una vez — su voz pretendió sonar dura, pero no lo consiguió.

Poco más de media hora después salimos de nuestra cabaña para dirigirnos al embarcadero. Edward insistió en que me pusiera un vestido; a saber qué tenía preparado en aquella isla. Ambos andamos descalzos sintiendo la arena bajo nuestros pies hasta que llegamos a la lancha.

El crepúsculo estaba cayendo sobre la isla tiñendo el cielo de mil colores. Rosa, amarillo, naranja…Una suave brisa nos acariciaba atenuando el calor que habíamos pasado durante el día.

Cielo santo, estaba expectante….

Sin duda Edward guardaba algo, sabía que todo aquello que hubiera preparado en la isla sería digno de él. Nos montamos en la lancha con destino a ese trozo de tierra desierta. Edward condujo él mismo, como la primera vez que nos montamos en ese trasto. Todo estaba bañado por un aire de romanticismo que contrastaba mucho con la naturaleza de Edward; su pelo ondulando por el viento, su cara reflejando el ocaso del día, su simple presencia….Disfrutamos del viaje en silencio aprovechando estos últimos momentos a solas en este lugar de ensueño.

Fruncí el ceño cuando, a lo lejos, en la isla, descubrí luces. Eran perfectamente visibles desde donde estábamos…Miré a Edward con cara de interrogación.

—Pensé que no había nadie en la isla — Edward sonrió de lado.

—No hay nadie. Sólo estaremos tú y yo.

— ¿Y esas luces?

—Vamos, cariño….deja de hablar un poco y disfruta de la noche. Ya descubrirás todo cuando lleguemos.

Por supuesto, hice caso a Edward; me relajé contra el asiento para disfrutar de la brisa marina aunque era un poco difícil esa tarea teniendo en cuenta que la luz- las luces – se hacían cada vez más nítidas descubriendo poco a poco los secretos que guardaba la isla. Sonreí hasta que me dolieron las mejillas cuando Edward maniobró la pequeña lancha para que pudiéramos bajar. Me ayudó a salir y caminé descalza mojándome los tobillos con el agua.

Edward me demostraba una vez más lo increíble que podía ser.

Apenas a diez metros de la orilla, en aquella isla que no había absolutamente nada, Edward había mandado instalar una pequeña cama balinesa digna de cualquier hotel de lujo. Las ligeras mosquiteras que estaban enganchadas a la madera de la estructura se movían gracias a la suavidad del viento haciendo el efecto mucho más vistoso. Las luces que había visto desde la lancha resultaron ser pequeñas fogatas delicadamente dispuestas alrededor de la cama. Todo era un sueño, ¿se podía pedir más?

Cuando terminó de asegurar nuestro medio de transporte Edward volvió a mi lado, Me abrazó desde atrás y me besó el cuello.

— ¿Te gusta?

— ¡Por supuesto que me gusta, Edward! — Me di la vuelta y le di un beso rápido pero profundo — Pero no tenías que haberte molestado.

—Te prometo que no ha sido una molestia…Ver tus gestos de sorpresa es todo un espectáculo.

Me cogió de la mano para tirar suavemente de mí para acercarnos a la cama balinesa. De cerca todo lo que había preparado era mucho mejor; la base de la estructura estaba mullida y decorada por cojines blancos y esponjosos. Ambos nos sentamos escuchando el sonido del mar rompiendo sus olas a escasos metros de nosotros. Cerré los ojos y dejé que el aire, el agua y la presencia de Edward llenaran mis sentidos.

—He mandado preparar algo de cena — de detrás de uno de los cojines Edward sacó una cesta de mimbre de grandes dimensiones — He pedido que nos hicieran la carne en salsa que tanto te gustó el otro día y alguna que otra golosina. Por supuesto, también he incluido champagne.

—Atento a todos los detalles, como siempre…—sonrió mientras llenaba dos finas copas —Apuesto a que tus empleados han pensado muy mal de nuestra excursión….con todo lo que has preparado…—alzó una ceja — Champagne, una cama balinesa, un sitio cálido y romántico…tu y yo…

—El refrán siempre dice "piensa mal y acertarás", ¿no? — reprimí una risa bebiendo de mi copa.

—Por cierto, ¿no querrás emborracharme? — pregunté señalando la botella.

—Sabes que no es esa mi intención a pasar de que estés jodidamente graciosa achispada.

—Me alegro de saber que te diviertas conmigo en mis peores momentos — murmuré irónica. Me dio un beso rápido que sabía a burbujas.

—Realmente esta noche te quiero ver lúcida — dejé la copa e inspeccioné la comida que había en la cesta.

—No sé si me gusta que te pongas así de serio.

—No te he traído aquí para contarte algo malo, te lo aseguro…De hecho, creo que para ti será una muy buena noticia — ladee la cabeza tal y como él me había enseñado y lo miré atentamente — He comprado un perro.

Esas cuatro simples palabras pronunciadas por la boca de Edward casi hicieron que me atragantara con la carne en salsa que estaba saboreando. Lo miré…seguí mirándolo…y acabé estallando en una sonora carcajada.

—Sinceramente, no sé qué le ves de gracioso — murmuró.

— ¿Un perro, Edward? ¿Te pones tan serio para decirme que has comprado un perro? Jamás te hubiera imaginado como un hombre que deseara una mascota. Será digno de foto verte paseando al animal…—bromee.

—Sabes que no es para mí….Es para Matt.

Evidentemente, me lo había imaginado pero su cara, su gesto tierno al contármelo me ablandó hasta casi convertirme en mantequilla. Que se acordara de los deseos de mi granuja hacía que el corazón estallara de alegría.

—Es un bulldog francés. Sí, lo sé….esos perros pueden llegar a ser jodidamente feos…pero es perfecto para los niños. Son cariñosos, juguetones y muy protectores con los más pequeños. Sólo desean recibir cariño y jugar…y creo que es lo ideal para el pequeño hombrecito. Aún no ha nacido, pero nacerá a tiempo para su cumpleaños. La perra tendrá los cachorros como muy tarde la semana que viene — sonreí por su apasionado discurso sobre perros, camadas y demás temas perrunos— Dime, ¿qué te parece?

—Me parece que a mi padre le va a dar un ataque cuando vea al animal — el gesto de Edward cambió. De nuevo se puso serio.

—A tu padre eso le va a traer sin cuidado porque el perro no va a vivir en su casa…ni Matt tampoco, por supuesto — fruncí el ceño.

— ¿Cómo? — se acercó aún más a mí y me cogió las manos entre las suyas.

—Bella…El proceso contra tu padre empezará prácticamente en cuanto pongamos un pie en Manhattan. En cuanto presentemos las pruebas procederán a su detención….No podemos dejar a Matt sólo con Sue. ¿Qué mejor lugar para vivir que al lado de su hermana? Bueno…a nuestro lado….

Ahora sí. Mi corazón rebotó violentamente por culpa de los sentimientos encontrados que bullían como locos en mi interior. Estaba más que contenta por la propuesta de Edward; me llenaba el alma de amor al saber que él tenía en cuenta mis sentimientos y mis prioridades…pero por otro lado me sentía mortalmente asustada por todo lo que tenía aún que confesar. Si por mí fuera en ese mismo momento con la luna como silencioso testigo habría vomitado todos mis secretos…pero lamentablemente aún no podía, era demasiado arriesgado hablar aunque me doliera el corazón por estar omitiendo a Edward información tan importante y reveladora. Era necesario esperar. Y mucho más seguro hacerlo.

— ¿Qué te pasa? — Me preguntó apartándome en pelo de la cara con suaves movimientos — ¿Hay algo del plan que no te guste? —Lo miré a los ojos — Si estás preocupada por el cambio de ciudad no te preocupes. Matt es un niño muy sociable y hará amigos enseguida. Miraremos los mejores colegios de la ciudad y adornaremos su habitación entera con el puñetero Bob Esponja y…. ¿estás llorando? — tragué en seco mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas.

—Es que no tengo palabras. Esto…esto es mucho más de lo que me esperaba. Lo que vas a hacer por mí….no te imaginas lo que significa para mí. No tengo ni tan siquiera palabras para agradecértelo.

—No tienes nada que agradecer — murmuró mientras me limpiaba la cara — Deja de llorar…no me gusta verte así…

—Pensé que no te gustaban los niños — bromee.

—No dije que no me gustaran, Bella…dije que no me veía en el papel de padre por miedo al fracaso…aquí no hay posibilidad de fracaso porque Matt es un niño especial—sonrió de nuevo —Oh, y no hay que cambiar pañales.

—No…esa época la dejó bastante tiempo atrás.

— Además, me cae muy bien. Creo que nos haremos grandes amigos.

Sin poder aguantarme más me abalancé sobre Edward para besarlo en los labios. Lo acaricié con mi lengua mientras él me agarraba por la cintura para estabilizarme. Me correspondió con la misma pasión de siempre, tocando y acariciando cada trozo de piel que quedaba a su alcance. Cuando nos separamos lo miré a los ojos mientras le acariciaba el cuello.

—Sabes que aún hay cosas que no sabes…

—De Matt — no era una pregunta, era una afirmación —asentí — ¿De su madre? — chasqué los labios, me separé un poco de él y suspiré.

—Sí…sí…

—Investigué a Claire como pareja de tu padre pero tras romper la relación no pudimos encontrar nada sobre ella. Es como si se hubiera esfumado. Ni tan siquiera aparece en la partida de nacimiento de Matt — apreté la mandíbula recordando los documentos que hacía ya mil años vi sobre su escritorio. Entre ellos estaba el certificado de nacimiento de Matt — Supongo que ya me explicarás por qué renunció a su hijo — fruncí el ceño.

—Por supuesto que te lo contaré.

— ¿Crees que nos dará problemas? — preguntó muy serio.

—No…estoy convencida de que no dará ningún tipo de problema. Te lo puedo asegurar. Cuando Charlie esté entre rejas te lo contaré todo con lujo de detalles — sonrió. Yo también.

—Pues ya que estamos los dos contentos…creo que es hora de celebrar. ¿Por qué no disfrutamos de la noche? — le acaricié el pelo revuelto.

—Si te refieres a la cena creo que ya está completamente fría.

—No….no me refiero a la cena — Me pasó los dedos por los labios antes de pasar las manos por mis pechos. Los pezones se me endurecieron contra la tela del vestido — Me refería a nosotros….Disfrutemos de nosotros antes de volver, cariño….

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— ¿Me pasas otro trozo de pizza?

James se giró para ver a Norah. Tenía los pies apoyados sobre su mesa donde descansaba una coca cola tamaño gigante. La caja de los nuggets hacía ya rato que se había quedado vacía. Sonrió mientras le pasaba otra Proción.

—Me parece que no eres muy amiga de las dietas y esas mierdas, ¿me equivoco? — la rubia sonrió mientras cogía de sus manos la comida que había pedido. Se relamió los labios tras darle un enorme bocado.

— ¿Dieta? ¿Estás de broma? — Se limpió los labios con una servilleta de papel — Ni de coña. La vida es demasiado corta para desperdiciarla de esa manera, ¿no crees? Hay cosas que hay que vivirlas sin medida….y la comida está en la segunda posición.

— ¿Y cuál es la primera, si se puede saber?

—Por supuesto….el sexo.

James negó con la cabeza sonriendo.

Norah era increíble.

Recordaba la primera vez que la había visto en las oficinas de Edward. La primera impresión que tuvo de ella fue….Oh, sí…una mujer completamente inalcanzable para un tipo como él. Guapa, atractiva a más no poder, con un trabajo a la altura de su inteligencia, con un sentido del humor audaz…y a la que le gustaban las morenas.

Había empezado con mal pie.

Él era rubio. Y tenía pene en lugar de pechos.

El destino quiso que una noche se encontraran en un pub irlandés mientras veían un partido de fútbol… ¿o era de hockey? Eso fue lo de menos porque se pasó toda la noche mirándola hasta que recibió la lamentable llamada de Jasper avisándola de que había tenido que llevar a su novia embarazada al hospital. Aquella noche iba vestida de manera muy parecida a la de esa misma noche; vaqueros desgastados en vez de un traje de falda de diseñador, unas converse en lugar de tacones y una coleta mal hecha. Lo que más le gustaba era verla sentada tan tranquila sobre su sofá destartalado comiéndose su pizza.

— ¡Hey! ¿Por qué me miras así? — Frunció el ceño — ¿Acaso me he dejado un trozo de lechuga entre los dientes? — dijo pasándose la lengua por ellos. James sonrió y negó.

—No…nada de eso. Tus dientes están perfectos, como siempre — suspiró — Me alegro mucho de que estés aquí conmigo ayudándome en la búsqueda — se encogió de hombros.

—Sólo te doy apoyo moral, James…no sé mucho sobre el arte de hackear…

—Se te da mejor el arte de comer — bromeó — En serio…me alegro mucho de que no te fueras a esa isla perdida en medio del Pacífico — Norah sonrió.

—Gracias por la parte que me toca, nene…Playa, arena, sol…

—Tú en bikini…—James se estremeció por la patada que le propinó Norah — Lo decía en serio. Me alegro de tenerte aquí. Te aseguro que tu compañía es mucho más amena y placentera que la de Emmet…

—Veo que no es tu tipo, ¿eh? — él rodó los ojos.

—Lo siento, pero no me van los casados —bromeó. Cogió el vaso de refresco para beber, pero Norah se lo arrebató de las manos. Bebió sin apartar los ojos de los suyos.

—Yo también me alegro de estar aquí.

— ¿En serio? — la rubia asintió mientras le pasaba el vaso.

—En serio. La idea de la playa tampoco era tan tentadora si lo pienso con detenimiento, ¿sabes? — James se apoyó en su sillón giratorio dando por completo la espalda a la gran cantidad de monitores y discos duros de su despacho — Me quemo con mucha facilidad — James alzó una ceja cuando Norah se bajó el tirante de la camiseta para ofrecerle las vistas de un hombro de porcelana — No pongas esa cara, cariño…Tengo que ponerme mucha crema. Ya sabes…protección total, pantalla completa y todos esos rollos si no quiero que me salgan mil pecas — negó con la cabeza — ¿Quién me habría dado cremita en la espalda para no ponerme roja como una nécora?

—No creo que te hubieran faltado voluntarios….o voluntarias para tal eventualidad — Norah lo miró de lado.

—No lo estropees, ¿quieres? Acabo de decir que prefiero estar aquí contigo en lugar de una playa paradisíaca — James se acercó imperceptiblemente a ella — Eres un tipo muy interesante — suspiró — Demasiado, de hecho…

— ¿Tanto como para cambiarte de acera? — ahora fue la ceja de Norah la que se alzó hasta lo imposible.

— ¿De verdad estamos teniendo esta conversación? — Murmuró — ¿Cambiarme de acera? Cielo, yo ando por el medio de la calle. De esa manera se liga mucho más, ¿sabes? — sonrió cuando James se relamió los labios.

—Nena…solo te falta decirme que eres fan de los Ángeles Lakers.

— ¿Estás de coña? Soy fan del San Antonio, mi padre era de Texas. Disfruté como una enana con los últimos partidos. Que se lesionara Nash fue un duro golpe para vuestro eqiupo— le pegó un golpe en las costillas.

Aceptaba gustoso ese pinchazo.

¿En realidad había algo que no le gustara de esta mujer? Le gustaba la pizza y la comida basura, el baloncesto y había confesado que "anda por el medio de la calle". Sin duda, eso le daba esperanzas para no tener que amputarse cierta parte de su anatomía si decidía lanzarse a la piscina con ella. Le había dicho que le gustaba su compañía y que le resultaba un tipo interesante…

Oh, vamos…el mundo se hizo para los valientes. Abrió la boca para invitarla a salir. A salir en serio, por supuesto. Podrían intentarlo, estaba seguro. Si salía mal podrían quedar como amigos para ver el canal de deportes, ¿no? Carraspeó y se preparó…y en ese momento uno de sus monitores dio el aviso de que la búsqueda había dado resultados. Ambos se sobresaltaron.

— ¿Me puedes decir que ha sido lo que ha interrumpido este momento tan interesante? — dijo Norah mientras apartaba las migas de su ropa. James estrechó los ojos y amplió la pantalla del monitor principal.

—Me he colado en los archivos del juicio del caso Masen — Norah se acercó para sentarse a su lado.

— ¿Para qué? El sumario del caso se dio a conocer tras la sentencia.

—Pues no se…Anoche, mientras intentaba dormir — pensando en ti, canturreó su cabecita — Se me vino a la mente que podríamos encontrar algún detalle interesante — acarició rápidamente el teclado revisando todo aquello a lo que estaba teniendo acceso de manera ilegal — De todos modos, no tengo ni puta idea de los términos legales. La jerga de los letrados es un trabalenguas de la hostia — Norah vio como se abría otra carpeta. Eran archivos de audio y de video.

—Pincha ahí.

— ¿Aquí? — Preguntó James — Estas son las grabaciones de las vistas del juicio.

—Me lo imagino.

Ambos se sumieron en un denso silencio cuando en la pantalla apareció el padre de Edward con el traje naranja de preso. Tenía las manos y los pies encadenados como equivocado símbolo representante de hombre peligroso; su cabeza estaba inclinada hacia abajo, parecía no querer moverse de la posición en la que estaba.

En el juicio no había nadie de su familia apoyándole porque no le quedaba a nadie. Sólo Edward….pero James bien sabía que en esos momentos su amigo había estado bastante ocupado recibiendo amenazas y palizas injustificadas por parte de sus compañeros del centro de menores. Además, en esa época Edward odiaba tanto a su padre como para no querer verlo nunca más.

James pulsó la tecla de vista rápida para no tener que soportar la visión de ese pobre hombre siendo usado como cabeza de turco.

—Mira…Charlie acaba de aparecer en acción…

—Era completamente de esperar, algo típico de una hiena como él…Recogiendo la carroña, ¿eh, cabrón?—murmuró — De todos modos no nos sirve de mucha ayuda, ya sabíamos que Charlie estaba detrás de todo el entramado del caso Masen…—cogió el ratón para cambiar de carpeta, pero Norah puso la mano sobre la suya impidiéndole seguir.

—Joder…Santo cielo...—sus enormes ojos azules se abrieron de par en par. Una delicada uña perfectamente arreglada por la manicura francesa viajó hasta un alejado punto de la sala que en esos momentos se visionaba en el vídeo. Se trataba de un individuo…que había entrado en la sala para sentarse en el último banco, justo al lado de Charlie — Aquí — James congeló la imagen y la ajustó. La aclaró y le quitó el ruido. Se miraron a los ojos sorprendidos al descifrar lo que estaban viendo. James abrió la foto del agresor de Bella y la compararon.

—Es él — susurró — Es el hijo de puta…

— ¿Qué cojones hace el agresor de Bella en el juicio del caso Masen?

—Creo que la respuesta es demasiado obvia — murmuró James mientras seguía con la mirada cómo el agresor desconocido salía de la sala judicial tras intercambiar unas palabras con Charlie— No son los Vulturis los que van detrás de Bella, Norah…la amenaza estaba mucho más cerca de lo que pensábamos. Charlie Swan está dando caza a su propia hija…—se pasó las manos por la coleta acariciándose el pelo hasta llegar a las puntas; sin duda, ese era un gesto que hacía muy a menudo…sobre todo cuando estaba estresado y nervioso.

— ¡Mierda! Tenemos que llamar a Edward y contarle todo esto. Hemos estado tras un objetivo equivocado….

—No puedes llamarlos ahora — miró el reloj — Ahora mismo estarán a punto de coger un vuelo con escala para llegar a Manhattan, les quedan más de doce horas de viaje. ¿Quieres tenerlos angustiados todo ese tiempo? Tú y yo conocemos lo suficiente a Edward como para saber que su furia inundaría el avión — se centró de nuevo en el ordenador tecleando tan rápido que Norah no podía ver por dónde iban sus dedos — Llama a Emmett. Si a estas horas está acostado que se joda y que se levante que para eso se ha pegado unas vacaciones de lujo de casi dos meses — Norah asintió — Yo voy a buscar el nombre de ese cabrón.

—No va a ser fácil…alguien como Charlie cuida demasiado sus contactos y conexiones — James sonrió con prepotencia.

—Recuerda que estás hablando con el mejor jodido hacker del país…buscaré la fisura, el fallo que haya podido cometer Charlie y le pillaremos.

Norah hizo una breve llamada al teléfono de Emmett mientras James trabajaba sobre dos teclados a la vez. Revisó correos, llamadas de teléfono, compras y ventas que había realizado Charlie dentro del territorio nacional…Se paró en seco cuando encontró la conexión.

—Emmett dice que vendrá para acá en menos de media hora — dijo Norah colgando el teléfono — ¿Has encontrado algo?

—Míralo por ti misma…

Norah se acercó a la pantalla y leyó un documento de transferencia de un coche, un Infinity del año dos mil diez.

—Alec Beks. Muy bien, tenemos el nombre del cabrón… ¿y ahora qué? — James volvió a teclear. En otro monitor apareció una ficha policial con la cara del recién conocido Alec — No es de extrañar que tenga antecedentes, James.

—Y no los tiene — replicó — O no los tenía hasta esta misma tarde. Han detenido al agresor de Bella y al cómplice de Charlie…Se estrecha el cerco….


Ante todo, siento mucho la larga espera de este capítulo…He tenido problemas técnicos con mi manita derecha y por eso he tardado un poco más…

Muchísimas gracias por todos vuestros comentarios

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Como he dicho más arriba, siento el retraso. Muchos de vosotros sabéis que he tenido y tengo problemas de salud bastante desagradables. Además, he tenido una pequeña lesión en la mano que me ha impedido escribir durante estos días. A parte, soy mamá, tengo obligaciones y a veces no se puede escribir todo lo que desearía. Si por mí fuera subiría un capítulo todas las semanas. Una nota de autor por un retraso de un par de semanas me parece un poco fuera de lugar más que nada porque en mi facebook informo de cómo van las actualizaciones (si queréis contactar conmigo el link de mi face está en mi perfil de FF). En cuanto a los capítulos que tendrá la historia…serán los necesarios hasta que todos los cabos estén bien atados =) Nos leemos en unos días, un besote!