-Lo siento, como ya entré a la escuela, no había tenido tiempo de actualizar, pero esta vez irá capítulo doble. De todas maneras, ¡ja! ¡Estoy aquí con mi invitado de honor!

-¡Que onda a todos!

-Bien, comencemos

-Espera…¿de qué tratará el capítulo?

-Lee el título.

-Se me ocurre algo pero…

-Ya lo verás.

-De acuerdo.


Capítulo 55: La cita.

Ok, ya era de mañana, dos personitas seguían dormidas tiradotas junto al árbol. Una mamodo se estaba desesperando por verlas muy a gusto mientras ella había probado la derrota. Y ¡zaz!, una roca impactó con la cabeza de Cymbeline y Arashi.

-¡AAAAHHH! –exclamaron ambas.

-¡Despiértense! –les gritó Chrystelle.

-¡¿Qué te pasa? ¡¿Por qué nos lanzas rocas? –reclamó la castaña.

-Me cansé de verlas dormir.

-¡¿Y eso en qué te afecta? –inquirió la peli-rosa.

-¡En mucho! –respondió la mamodo.

Chrystelle traía un gran moretón en el ojo izquierdo.

-Bueno, ya nos despertaste…¡¿qué rayos te pasó en el ojo? –vociferó Cymbeline.

-No pienso hablar de eso –contestó la peli-negra.

-Ah, ja ja, creo que ya entendí…parece que alguien recibió una paliza –dijo Arashi.

-¡¿Y quién pidió tu opinión? Respuesta…¡nadie! –gritó Chrystelle.

-Uff…¿todos en su familia son así de malhumorados? –se preguntaba la oji-verde.

-¡Aaa! ¡Está bien! ¡Sí! ¡Brago me ganó! –admitió finalmente.

-Y hablando de él…¿dónde está? –cuestionó la peli-rosa.

-No lo sé…dijo que iba a caminar un poco.

-¿A caminar? –interfirió la castaña.

-Sí, se fue hace como unas dos horas –aclaró Chrystelle.

-¿Y qué horas son? –indagó Arashi.

-Como las siete.

-¡¿Y NO DURMIERON EN TODA LA NOCHE? –exclamó Cymbeline.

-No.

-Locos –dijo la mamodo de la luz.

-No, se nos llama mamodos a los cuales les gusta entrenar y ser fuertes –indicó la peli-negra.

-Gracias por la indirecta ¬¬ -respondió Arashi.

-De nada.

-A ti y a Brago les encanta entrenar, entrenar y entrenar –señaló la castaña.

-Es la única forma de que tus enemigos no te pateen el trasero –aclaró Chrystelle.

-¿Ya se despertaron los demás? –preguntó la chica.

-¡¿Y yo que sé?

-Uy, lo siento señorita enojona.

Cymbeline se puso de pie toda entumida por la posición en que durmió. Entró a la casa, por suerte, todos estaban allí. Se saludaron y fue muy notable que Joel, el tío Kei y Ariasu, empujaban a Adrián por algo…

-¿Qué les pasa? –preguntó la castaña.

-Nada, nada de nada –contestó el oji-azul.

Después entraron las dos mamodos. Chrystelle fue por un poco hielo para que se le bajara la hinchazón que ya ni la dejaba ver. ¡Qué salvaje era su "hermanito"!

Silencio lúgubre.

-Ya, en serio, ¿qué les sucede? –volvió a cuestionar la chica.

-¡Te dije que nada! –gritó su amigo.

-Uff…perdón…O.O Parece que hoy todos están de mal humor.

-Yo tengo una pregunta. Chrystelle, ¿conoces a Colette? –interfirió la peli-rosa.

-Sí, por desgracia, esa tipa me cae de la patada –respondió la peli-negra.

-¿Te cae de la patada? –cuestionó Joel.

-¡No soporto sus "queridos" y "queridas"!

-Lo mismo que le sucede a Brago, dice que esa palabrita lo saca de quicio –dijo Cymbeline.

-Ustedes dos parecen que son más que hermanos, como si tuvieran la misma personalidad –indicó Ariasu.

-O por lo menos parecida –comentó también el tío Kei.

-Los genes de una familia son fuertes –respondió Chrystelle.

-Bueno, sí, sí, genética y ADN, ¿cómo rayos conociste a Colette? –siguió Arashi.

-En el mundo mamodo –respondió ella-. Un día que fui a una aldea lejana para comprar una medicina, la conocí. Me topé y me estrellé con ella por error. Es que yo venía distraída buscando una tienda y ella estaba parada. Y me empezó a decir de tonterías y que por qué no me fijaba y cosas así. Se empezó a acercar a mí, pensé que quería ser mi amiga, pero me comenzó a molestar tanto por mi insignia, que fuimos prácticamente enemigas. Y todavía me quiero vengar por algo…

-¿Y qué cosa es? –preguntó Joel.

-Esa idiota me tiró ¡colina abajo!, cuando yo estaba disfrutando del sol. La odio.

-Todos, ella me quitó a mi mejor amiga. Y la recuperaré –aclaró la castaña.

Arashi se veía un poco triste.

-¿Y a ti qué te pasa? –preguntó Adrián.

-Nada… -respondió su compañera.

-A mí se me hace que extraña a su "queridito" –indicó la peli-negra.

-Aah, cállate.

-Aaah, ¿apoco no?

-No…un poco…tal vez –admitió Arashi.

-Ja.

-Y no me digas que a ti no te ha llamado la atención nadie.

-De hecho…no –contestó Chrystelle-. La mayor parte de mi vida la he vivido en un lugar donde no abundan los chicos de mi tipo. Pero papá dijo que cuando acabara la pelea y regresáramos al mundo mamodo, se iba a encontrar en otro lugar, como quien dice, nos mudamos y va a sorprenderse cuando le lleve a Brago.

Otra vez silencio.

-Ya dile –murmuró el tío Kei.

-Ándale, se ve aburrida –dijo también Ariasu.

-No te va a costar nada…tan sólo unas cuantas palabritas… -le decía Joel.

-¡Basta! –gritó el chico.

-Ok, ¿por qué creo que esto me involucra a mí? –preguntaba la oji-verde.

-Será porque estos tres te miran de forma pícara –respondió la peli-rosa.

-Exacto, ¿qué se traen entre manos? –inquirió.

-Adrián te quiere preguntar algo –contestó Ariasu.

-¡Ariasu! –le reclamó el muchacho.

-Ay por favor, no es tan difícil –repitió el padre de la castaña.

-¡Joel!

-Bueno, si tú no le preguntas yo lo haré –finalizó el tío Kei.

-¡Señor Kei! ¡ALTO! ¡Yo lo hago! Punto.

El chico se llevó a Cymbeline y los alejó de ellos.

-¿De qué se trata esto? –cuestionó la chica.

-Ay, es que…ay…estos…bueno…no sé…¿tienes planeado hacer algo hoy?

-Mmm…no creo…la verdad no, ¿por qué?

-Es que quería ver si tú…no sé…tal vez ¿quisieras ir a ver una película hoy en la tarde?

-¿Una película?

-Sí…y a lo mejor…ir a cenar…después.

-¿A cenar? ¿A qué viene todo esto?

-No lo sé…se me ocurrió que sería una buena idea…tener un poco de diversión.

-Mmm…no veo por qué no –respondía ella levantando los hombros.

-Bueno…yo te entiendo si no quieres ir…espera…¿dijiste que sí?

-Sí.

-Ah, genial, entonces, ¿te gustaría irnos a las seis?

-Seguro. Si me permites, voy a buscar a mi mamodo, si es que anda por aquí.

Ella salió de la casa con el libro negro en las manos, se preguntaba cuántos conjuros más tendría Brago, el tiempo lo diría. Mientras, Adrián bailaba muy alegremente dentro de la casa.

-Te dije que no era tan difícil –le reiteró Joel.

Arashi empezó a tararear una tonadita que le sonaba a Adrián. "Cymbeline y Adrián sentados en un árbol…"

-¡No empieces! –le dijo su compañero.

-Lo siento. No pude evitarlo –respondió la mamodo.

El día se pasó rápido, Brago no había aparecido y a Cymbeline se le estaba haciendo tarde. Entró a la casa y se puso un vestido blanco entallado que le llegaba poco arriba de la rodilla, se recogió el pelo en una coleta y se lo enchinó. Adrián se había arreglado como normalmente lo hacía, pero ahora se veía más "elegante".

-Ay, sí, muy guapo, ¿verdad? –le decía Ariasu.

-Ja, qué te puedo decir, soy un imán para las chicas –comentó el chico.

-Siiiiii…seguro las haz de traer muertas a todas –respondió Arashi con sarcasmo.

Cymbeline bajó. Adrián se le quedó viendo medio embobado.

-¿Nos vamos? –indagó ella.

El chico no podía articular palabra. Arashi lo pisó.

-¡Aah! Oh, sí, claro –dijo recuperando la palabra.

-¡Suerte! –gritó Joel.

-Uy, uy, uy –murmuraba el tío Kei.

En cuanto salieron…

-Los seguiremos, ¿verdad? –dijo Ariasu.

-Claro que sí –respondió Kei.

-Corran, antes de que se vayan –señaló Joel.

-¡¿Los van a seguir? –exclamó la mamodo de la luz.

-¡Qué mentes torcidas tienen! –siguió Chrystelle.

-Es por una buena causa –respondió la chica.

-Queremos que le salga todo bien a Adrián –continuó el padre de la castaña.

-¿No creen que lo pueda hacer él sólo? –inquirió la peli-rosa.

Los tres se miraron.

-No –contestaron al mismo tiempo.

-De acuerdo pues, ya váyanse –dijo la peli-negra.

-¿No quieren venir? –cuestionó Kei.

-A mí no me interesa y no creo que a Brago tampoco, que al cabo ni siquiera está –contestó Arashi.

-Que "se diviertan" –resaltó Chrystelle.

Salieron por el jardín trasero y se subieron a la camioneta. Esperaron a que Cymbeline y Adrián se fueran. Un taxi pasó y ambos subieron. Los demás los comenzaron a seguir prudentemente.

-¿Y cuál película vamos a ver? –preguntó la chica.

-Bueno…sé que te gustan las de miedo…y pensaba en ver "Alma oscura".

-Qué bien.

-Recuerda Cym…lo hago porque a ti te gustan…odio ese tipo de películas.

Después de unos minutos llegaron al cine. Cymbeline estaba a punto de pagarle al taxista pero Adrián se adelantó.

-Permíteme ser CABALLEROSO.

-Ey, wo, interrumpo, ¿por qué resaltas "caballeroso"?

-Ah, elemental, mi querido Eric, verás, es que, un amigo que lee el fic, de hecho, el que te acabo de disque presentar hace rato tiene mucho que aprender sobre ser ¡caballeroso!

-No sé de que rayos me estás hablando.

-Luego te explico.

-De acuerdo, continúa.

-Bueno, tú pagaste el transporte, yo pagaré las entradas –dijo la oji-verde.

-Claro que no –la contradijo el chico.

-¡¿Entonces yo qué voy a hacer?

-Yo pagaré todo.

-Estás loco. ¡Déjame ayudarte con algo!

-Ok, yo pago las entradas y tú las palomitas.

-Me parece bien.

Detrás de ellos venían Ariasu, Joel y el tío Kei, entraron rápidamente al cine y localizaron la función que iban a ver. Cymbeline y Adrián estaban en la sala, esperando a que la película empezara.

-Cym, necesito ir al baño antes de que empiece la película. ¿Podrías esperarme un momento en lo que regreso?

-Seguro.

El chico se fue y se encontraba "relajándose" y "librando sus penas" en el mingitorio. De pronto, sintió la mirada de alguien. Miró discretamente por el espejo y vio a dos tipos con sacos y encapuchados que lo veían desde el otro lado del baño. Se sintió muy incómodo y asustado por la formaba en que lo estaban viendo. Aguzó su ojo y logró ver la cara de aquellos dos hombres. Se subió rápidamente el pantalón y se dirigió a ellos.

-¡Ustedes! ¡¿Qué hacen aquí? ¡¿Qué no puedo tener un poco de privacidad ni siquiera en el baño? –exclamó Adrián.

-Lo siento, queremos ayudarte –contestó Joel.

-¡Mirando a ver qué hago en un baño! ¡Yo sí sé cómo ir al baño!

-No es para eso –siguió Kei.

-¡¿Y por qué vienen ustedes dos aquí?

-De hecho, Ariasu también vino –aclaró el castaño.

-¡¿Qué? ¡¿Está aquí en el baño? O.o

-No, ella está afuera.

-¡¿Pero para qué vinieron?

-Te lo diremos, verás, queremos que todo salga bien en tu cita –contestó Kei.

-¡No es ninguna cita!

-No Kei, no seas tonto, es "un día entre amigos" –dijo Joel sarcásticamente.

-Usted me está empezando a caer mal ¬¬ -comentó el chico.

-Lo siento.

-Está bien, ya están aquí, no les diré que se vayan porque sé que no lo harán, pero por favor, no interfieran.

-De acuerdo –aceptó Kei.

Salieron del baño y Adrián encontró a Ariasu, que venía vestida muy misteriosamente.

-Hola Ariasu –habló el oji-azul.

-¿Qué? ¿Cómo sabías que era yo…? Ah…Joel y Kei –contestó.

-Sí. Miren, y esto va para los tres, gracias por el hecho de que quieran ayudarme, pero no necesito nada, en serio, todo saldrá bien.

-Pero Adrián…

-En serio, no necesito nada. La película ya va a empezar, me tengo que apurar.

-¡Adrián! –lo llamó Ariasu.

-¡¿Qué?

-Traes la cremallera abajo.

-¡Jajajajaja! –los hombres comenzaron a reír.

-Si ni te puedes poner bien el pantalón…¿cómo te irá con mi hija? –decía Joel.

-¡Sólo pasó porque ustedes andaban de mirones! –contestó el muchacho.

-Ya vete pues, la película va a empezar –le dijo Kei.

Se fue corriendo y llegó con Cymbeline. Vio que los que los venían siguiendo estaban a pocas filas atrás de ellos, él los miraba con indiferencia. Lo único que quería era que Cymbeline no se enterara de que ellos estaban aquí.

La película comenzó tranquila, como cualquier otra de miedo o por lo menos la mayoría. Adrián usó el clásico "bostezo, me estiro y la abrazo". Colocó su brazo alrededor de sus hombros, pero ella lo retiró.

Ok, la cosa se estaba poniendo fea, el pobre muchacho se estaba muriendo del miedo. Traía un paquete de palomitas que volaron por la sala con una escena.

-¡Aaaah! –gritó.

-Ay, no puede ser… -se decía Joel.

-¿Estás bien? –le preguntó Cymbeline.

-Sí…yo...no te preocupes por mí.

Pasó el rato y la película se había terminado, un final macabro a decir verdad. Adrián estaba tieso.

-Adrián, ya se acabó –indicó la castaña.

-Sí…ya lo sé…es que mis piernas no me responden.

Logró ponerse de pie y ambos salieron.

-¿A dónde vamos ahora? –inquirió la chica.

-¿Te molesta si caminamos? El restaurante está muy cerca de aquí.

-Claro que no, pero, ¿a cuál restaurante vamos?

-A uno francés que está a pocas cuadras.

-¿Al "La Chanson"?

-Ese mero.

Los "otros" todavía los seguían. Entraron y les dieron una mesa para dos. Les pusieron unas velas un tanto románticas.

Un mesero tomó sus órdenes y otro hombre con un violín se acercó a ellos.

-¿Alguna canción para la pareja? –preguntó el señor.

-Disculpe, no somos pareja –contestó Cymbeline.

-Oh, perdóneme mademoiselle –y se alejó.

-Mhm…muy francés –decía el muchacho.

-Sí…

Ambos chicos iban a cenar cuando Adrián notó a tres personas extrañas. "Genial". Otra vez ellos.

-Me disculpas, tengo que ir a lavarme las manos –señaló Adrián.

-Claro, yo también.

-¡No! Emm…es decir, ¿no quieres una toallita húmeda?

-No, en serio tengo que ir al baño.

-De acuerdo.

Se pusieron de pie y él trató de distraer a Cymbeline para que no viera a sus amigos y familiares. Entró el baño, listo. Corrió hacia ellos.

-¡¿Qué hacen aquí? –exclamó el chico.

-Venimos a cenar –respondió Ariasu.

-¡Pero si Cymbeline los ve!

-Tranquilo, no lo hará –aseguró Joel.

-Ya les dije, no se entrometan, se los ruego.

-No, no te preocupes, ahora corre que Cymbeline podría salir en cualquier momento –le indicó Kei.

Así fue, salió checando el bolso que traía.

-¡Cym!

-¿Sí?

-Vamos a cenar.

-A eso iba… -respondió ella confundida.

-Lo siento, ven.

La jaló un poco del brazo hasta llevarla a su mesa.

-¿Te encuentras bien? –le preguntó por su comportamiento.

-Sí, ¿por qué preguntas?

-Te noto algo…alterado.

-¿Alterado? ¿Quién está alterado? Yo no estoy alterado. Oh, lo siento, parece que sí lo estoy.

-¿Por la película?

-Emm…¡sí! Por la película…es que…estaba espeluznante.

-Cálmate, nada de eso pasa en el mundo real.

-De acuerdo…gracias.

Pasó un largo rato, terminaron de cenar. Un mesero se acercó, Cymbeline estaba a punto de pagarle…pero Adrián se volvió a adelantar. Después salieron del restaurante.

-¡Me hubieras dejado pagar mi comida! –reclamó la chica.

-Pagaste las palomitas –argumentó el oji-azul.

-Ay, Adrián…

Se encaminaron de nuevo a la casa. Los demás ahí van otra vez, trataron de acelerar pero no pudieron, había mucho tráfico.

-¡¿Qué vamos a hacer? Si no llegamos antes que ellos, Adrián nos va a matar –Joel comenzaba a preocuparse.

-¡Hay que tratar de distraerlos! –exclamó Kei.

-¡¿Y cómo?

-Tengo una idea –intervino Ariasu-. ¿Alguno de ustedes trae celular con crédito?

-Toma –Kei le dio el teléfono-. ¿Qué piensas hacer?

-Le mandaré un mensaje a Adrián, tengo su número.

El celular del muchacho comenzó a vibrar.

Mensaje nuevo.

Adrián, entretén a Cymbeline, hay mucho tráfico y si no llegamos antes que ustedes ella se va a dar cuenta y tú nos matarás.

De: Ariasu.

Hora: 8:20 p.m.

-¡Maldición! ¡Aaah! ¡¿Cómo la entretengo? –se preguntaba el chico.

Llegaron a la casa, los demás les venían pisando los talones. Faltaba poco… Cymbeline estaba a punto de entrar a la casa, pero Adrián la jaló del brazo.

-Espera.

-¿Qué sucede? –inquirió ella.

-Bueno yo…ay ¡¿qué le digo?...yo quería saber…qué te pareció el día de hoy.

-Fue muy bueno.

-¿En serio?

-Sí…¿por qué me preguntas esto?

De pronto, la camioneta llegó del otro lado de la calle y los tres se bajaron rápidamente, entraron a la casa por atrás, y ya se habían salvado el pellejo. Entraron corriendo para ver lo que pasaba y se asomaron disimuladamente por una ventana.

-Uff…¿siguen espiando? –preguntaba Arashi.

-No puedo creer que los hayan seguido –dijo también el mamodo oscuro.

-¡Aaah! –exclamaron los tres.

-¡¿Y tú a qué horas llegaste? –cuestionó Ariasu.

-Mmm…hace como una hora y dan asco haciendo eso –contestó Brago.

-Era por su bien –indicó Joel.

-Claro –comentó con todo el sarcasmo del mundo.

Arashi también se asomó.

-¿Y tú qué crees que haces? –le preguntó el mamodo.

-Yo no los seguí…pero quiero ver qué pasa.

-Igual yo –respondió la peli-negra.

-Mhm…mujeres –se quejaba Brago.

-¡No soy mujer! –exclamaron los hombres al mismo tiempo.

-¿Ah, no? La verdad sí parecen entrometiéndose así.

-¡No somos entrometidas! –reiteraron las chicas.

-¡No somos mujeres! –repitieron Kei y Joel.

Seguían viendo por la ventana…

-¿Que por qué lo pregunto? Bueno…es que creo que lo arruiné con el susto que di en la película –decía Adrián.

-Para nada, estuvo muy bien, estoy siendo sincera.

-Ok.

La chica ya se iba, dio unos pasos pero se detuvo. Dio media vuelta hacia el chico que se hallaba parado mirando al suelo. Se detuvo enfrente de él.

-¿No piensas entrar? –indagó la castaña.

-Sí…pero las damas primero.

-¿Damas primero?

-Estoy tratando de ser un poco más amable.

-¿Por qué?

-Para que no pienses que soy un idiota. Verás, siempre he querido tratar de ser lo mejor posible cuando estoy contigo pero diario la ando regando…

Él comenzó a hablar de cosas que le apenaban cuando estaba con ella. Cymbeline se sentía un poco mal sabiendo todo lo que le había causado a su amigo.

-Ok…hazlo, ándale, por favor, no te vayas a acobardar, sólo acércate a él y ya… -se decía la chica.

El corazón se le estaba acelerando.

-Vamos, por favor, no hay nadie aquí, todo está tranquilo, de acuerdo, a las tres…1…2…¡3!

Adrián estaba sudando un poco, ella se acercó a él y se le quedó viendo fijamente a los ojos.

-¿E-Estás bien…?

Ella colocó su mano en la mejilla de él y lo besó dulcemente en los labios.

-¡AAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHH! –exclamaron los que estaban mirando.

Se retiró.

-Creo que sólo hallé esa manera para agradecerte –dijo ella.

Se encaminó de nuevo a la casa. Los que estaban mirando se fueron como rayos, Ariasu, Joel y el tío Kei salieron al jardín, Arashi y Chrystelle se pusieron "a leer una revista".

Adrián estaba completamente paralizado, no se creía lo que acababa de ocurrir, pero había sido verdad, eso SÍ había pasado. Estaba tan feliz que casi se desmayaba. Veía corazoncitos girando alrededor de su cabeza.

Cymbeline entró y de pronto oyó un chapuzón.

-Hola, ¿qué se oyó? –preguntó.

-No lo sé –respondió la peli-rosa.

-¿Y tú a qué horas llegaste?

-Hace rato –contestó su mamodo.

Se escucharon gritos en la alberca. Cymbeline salió y encontró a "esos tres" peleándose.

-Ey, ¿qué hacen?

-Oh, hola Cymbeline, ¿cómo te fue? –comenzó Ariasu.

-Bien, ¿pero qué hacen allí adentro?

-Nadamos –indicó Joel.

-Sí, sí, disfrutando del agua –dijo también el tío Kei.

-No es que me parezca raro que se pongan a nadar a estas horas de la noche…pero…¿por qué están nadando con la ropa puesta? –la castaña los veía.

-Oh, bueno, verás…es que… -decía Ariasu.

-Es una apuesta –señaló Joel salvándola.

-Sí, sí, apostamos a que nos metíamos a nadar todos con ropa –reiteró Kei.

-Oh, de acuerdo…yo…me voy…

Entró a cambiarse y Adrián llegó con Arashi.

-¡Ya te vimos! –le dijo su mamodo.

-¿Qué? –preguntó su compañero.

-¡Arashi! –la reprendió Chrystelle.

-Oh, nada, no vimos ningún beso.

-¡ARASHI! –repitió la peli-negra.

-¡¿Ustedes estuvieron…?

-Lo siento, la curiosidad nos mató.

-Yo las mataré.

-Sí, eso será después…¡¿y bien?

-¡No te diré nada!

-¡Qué lindos se ven juntos! ¡Ay pero eso fue taaan bonito!

-¡Ya Arashi! ¡Si te pareció tan "bonito" ve con Brago! –contestó Adrián.

-¡¿Qué? –exclamó el mamodo.

-Tiene razón…no te vi en todo el día…te extrañé…que tal si tú y yo… -decía la peli-rosa.

-¡Aléjate de mí!

-¡No te vayas!

Lo siguió prendida de su brazo. Los que estaban mojados se fueron a dar un baño y se secaron. Ya era tarde y Adrián se había dormido. El tío Kei entró silenciosamente para no despertarlo. El chico estaba con una gran sonrisa marcada en el rostro y estaba abrazando una almohada.

-Wow…nunca le había visto su sonrisota…ya me imagino cuán feliz ha de estar…


-Ja, estuvo chido el capítulo.

-Sí, me está matando la rodilla, te despides por mí.

-Sale, ¡ay se ven todos!