Ella no entendía que había sucedido, en el primer mensaje del día Christian sonaba triste pero se notaba que hablaba desde el corazón, con sus palabras demostraba que sentía algo por ella, pero en el último mensaje era como si se diera por vencido en todo y nunca más quisiera nada con ella.
Necesitaba hablar con él, las cosas habían terminado mal y con su partida y con lo que sea le sucedía a Christian todo iba peor.
Se vistió lo más rápido que pudo y se encamino a GEH con su esperanza de arreglo pendiendo de un hilo.
Cuando se dio cuenta ya estaba encaminada en el ascensor rumbo al piso 20, obviamente su pase directo no había sido anulado, lo tomo como buena señal.
Al abrirse la puerta el primer rostro que vio fue el de Jessica, esta abrió mucho los ojos cuando noto que Ana salía del ascensor, trato de recuperarse enseguida, pero Ana lo notó, llego hasta el mostrador y pese a que quería ser lo más amable posible, esta mujer no terminaba de convencerla.
-Buenos días Jessica
-Buenos días Srta. Steel – dijo lo más profesional que pudo – la puedo ayudar.
Ana sonrió condescendiente, entendió el entrelineas "no eres bienvenida"
-Necesito hablar con Christian – dijo en tono imperativo.
Jessica le hizo una mueca de sonrisa – lo lamento pero tengo órdenes del Sr. Grey de no hacer pasar a nadie, pero le daré el recado - y volvió a tipear sonriendo triunfante.
Ana pensó en gritarle o golpearla, está chica afloraba lo peor de ella, pero pensándolo mejor, le dio una sonrisa y sin más se dirigió raudamente a la oficina de Christian rogando porque él esté ahí
Jessica empezó a gritar y salió tras ella, cuando Ana abrió la puerta de la oficina, ya la había alcanzado y tomado del brazo,
-Le dije que no podía pasar! – le dijo casi gritando y furibunda, cuando fue callada por una voz
-Ana? – dijo Christian con incredulidad.
Ana se soltó de la mano de Jessica y la fulmino con la mirada, cuando iba a hablar Jessica se adelanto.
-Disculpe Sr. Grey pero no pude detenerla, ahora mismo llamo a seguridad y…
-Déjanos solos – le dijo sin mirarla, Jessica vaciló y Christian le bramo – AHORA!
A regañadientes cerró la puerta, Ana seguía parada en el mismo lugar, observando al hombre que ocupaba sus sueños y deseos, no quería más que correr a sus brazos y llenarle de besos, pero no podía moverse, sentía que si daba un paso se desplomaría, no supo cuando tiempo estuvieron mirándose sin decir nada, empapándose uno del otro, pero ella si sabía algo, no se daría por vencida sin luchar.
Christian fue el primero en recuperarse - ¿Qué haces aquí? – le dijo de una forma más dura de lo que pretendía y no escapo a sus ojos el pequeño encogimiento que tuvo Ana al escuchar la severidad de sus palabras – es decir, es extraño que estés aquí – dijo en un tono más conciliador.
-Necesitamos hablar – dijo con voz queda y ronca, parecía que toda la valentía que sintió al llegar había salido volando por la puerta.
-Nosotros? Y de que hablaríamos? – dijo él en un tono mordaz, se moría por tomarla en sus brazos y besarla, pero todavía se sentía muy dolido por su partida, sabía que estaba siendo petulante e infantil pero no podía evitarlo, su ausencia le dolió demasiado.
-Christian por favor – dijo en verdadero tono de suplica – tú sabes que necesitamos hablar.
Él hizo un mueca irónica y se sentó en su escritorio – no te parece que el tiempo de hablar ya paso? – dijo con malicia, pero en su fueron interior se reprendía por su actitud, a pesar de todo lo que aparentaba estaba feliz de verla.
Ana tomó una bocanada de aire, sabía que en parte se merecía esto, porque lo había dejado sin explicaciones, sin indicarle donde iba, sin hablar en su momento.
-Capaz que sí, pero hay cosas que no pueden quedar así – dijo mientras caminaba hasta el escritorio – puede que lo último que quieras es verme – dijo mientras se sentaba – pero no me iré de aquí sin antes aclarar las cosas.
Christian puso un dedo sobre sus labios para tratar de disimular su sonrisa, ahí estaba esa Ana desafiante que no iba a permitir que nadie la dejara sin hablar, cuando pudo recuperarse le hizo un gesto con la mano, como indicando adelante.
-Escuche tus mensajes – le dijo ella mirándolo directamente a los ojos.
Él permaneció quieto sin mover un musculo, pero sintió como si el aire de la habitación hubiese sido vaciado.
-Porque te rendiste? Que es lo que viste en ti que es tan malo?
Christian se movió incomodo en su sillón, evitó el contacto visual con ella, mientras se debatía si responder o no a su pregunta, Ana espero pacientemente a que él dijera algo, pero conforme pasaban los minutos y el silencio crecía, el quedarse callada le era más difícil.
Después de lo que parecieron horas, Christian cerró los ojos y suspiro, con esto pareció que su fachada de hombre duro fue desvaneciéndose.
-No te convengo Ana – le dijo con los ojos cerrados, pero los abrió de golpe cuando sintió la electricidad recorrerle el cuerpo, una pequeña mano cálida se posaba sobre la suya, miró hacia la joven y vio en su mirada algo que no supo reconocer.
-No crees que eso debo decidirlo yo? – le dijo con suavidad, acariciando su mano, el rostro de Christian se suavizo.
-Ana…yo…
-Christian, no importa lo que tú pienses que me conviene, no importa cuántas sombras tengas ni que tu pienses que no eres bueno, eso no es lo que yo veo, yo veo a un hombre bondadoso, triste sí, pero también veo a un hombre fuerte, con un corazón de oro, que pese a lo que piense de sí mismo, es un hombre por el que vale la pena luchar cada día.
-Ana, yo no soy nada de lo que dices – dijo casi en un susurro.
-Claro que sí, solo que tú no lo ves, pero aunque me lleve la vida, te voy a demostrar que tengo razón – los ojos se le llenaban de lagrimas – eres un hombre maravilloso Christian Grey, eres un hombre por el que vale la pena luchar – las lagrimas corrían por su rostro – eres un hombre que aunque no lo intente y pese a todo siempre me saca una sonrisa – Christian se levantó y fue hasta ella, se sentó en cuclillas y le empezó a secar las lagrimas con el pulgar mientras ella seguía hablando - eres quien hace que mi vida sea especial y me llena de dicha – la voz se le quebraba un poco, Christian intento callarla poniendo su pulgar sobre sus labios, pero Ana tomó su mano y la puso en su pecho sobre su corazón – eres quien me impulsa a seguir adelante y me hace feliz – decía esto como podía mientras su pecho se agitaba conteniendo los sollozos – eres el hombre de mi vida– Christian abrió mucho lo ojos - y se que aunque te haya causado mucho dolor con mi ausencia, sé que vas a perdonarme – lo sollozos ya eran más fuertes – por favor perdóname – las lagrimas corrían libremente – yo te amo y no puedo perderte…
Ya no pudo continuar, Christian tomo su rostro entre sus manos y le dio un beso, Ana reaccionó al instante y le rodeó el cuello con las manos y entregó el alma en ese beso.
Cuando ella le dijo te amo, nuevamente el calor inundó su pecho, pero esta vez él no se asustó al contrario, esa declaración y todas sus palabras lo llenaban de felicidad, en este momento no importaba cuanto tiempo se había ausentado, en este momento no importaba las diferencias que pudieran tener, lo único que le importaba es que ella estaba allí y que ella estaba dispuesta a estar con él, y se sentía egoísta porque pese a que sabía que él no era digno de ella, no le importaba ya que Ana, su Ana nuevamente estaba en sus brazos.
Profundizó el beso y la trajo más hacia sí, se incorporó llevándola consigo, ella le rodeo las caderas con las piernas y se entregó al beso.
Siguieron así hasta que ambos necesitaron respirar, cuando se soltaron Ana poso su cabeza en el hombro y se dejó abrazar, Christian caminó con ella en sus brazos hasta el sillón, se sentó allí y la puso a ella de horcadas, continuaron abrazándose mientras él olía sus cabellos y dejaba que el calor que recorría su pecho inundara su cuerpo.
Ella le había dicho te amo, y se sentía el hombre más dichoso del mundo, no entendió porque cuando lo escucho la primera vez se había asustado tanto, lo que sentía ahora era algo completamente diferente, se podía decir que estaba feliz, no, no se podía, él estaba feliz, dichoso con ella en sus brazos, sintiendo el calor de su cuerpo, su embriagador aroma, su suave piel, sus dulces labios, su cuerpo, toda ella, la tenia nuevamente y no pensaba soltarla, nunca más, haría lo que sea para que ella se quedase con él, cambiaria, sería mejor persona, hablaría más, compartiría más con ella, todo con tal de sentir siempre ese calor en el pecho, con tal de sentirla siempre a su lado, la deseaba, la añoraba, la… ¿amaba?, era eso?, eso era el calor en el pecho? Amor, y al pensarlo la idea no le parecía descabellada, por primera vez desde que ella se fue se sentía en paz, ahora no le importaba si quedaba en la ruina, si no tenía un centavo en sus bolsillos, siempre que tuviera a Ana él estaría completo, él estaría feliz, porque ella lo amaba y él a ella.
-Yo también te amo – le dijo susurrando en su oído, lo que desató un nuevo torrente de lágrimas, Ana levantó el rostro y besó a Christian como si el mundo fuera a terminar, no se guardo nada, y se entregó en cuerpo y alma al hombre de sus sueños.
Luego de la declaración de Christian ya no quedo nada que decir, ambos se sentían en un punto más allá del físico, se sentían uno, las caricias fueron subiendo de tono, así como la necesidad y el deseo, no era la forma en que hubiesen querido tener su encuentro de reconciliación, pero era lo que ambos necesitaban en ese momento, sabían que todavía necesitaban hablar pero en este momento necesitaban más esa unión, Christian la tomó fuerte por las caderas y se levanto con ella en brazos, sin dejar de besarla, fue hasta la puerta y la cerró con llave, luego volvió al sofá y la recostó en el mismo, se soltó del beso y se puso a admirarla un momento, su nariz y mejillas estaban rojas del llanto, sus ojos estaban acuosos pero con un brillo especial, sus labios rojos y sonrientes, ella lo miraba con amor y deseo, Christian emuló su sonrisa y se acerco hasta sus labios y antes de que estos se fundieran en un beso nuevamente ambos repitieron te amo.
