CAPÍTULO 51 (Saruto)

-¿Se puede saber dónde te has metido?- dijo Robert enfadado.
-Robert, no tengo ganas de hablar- dijo mientras dejaba en el suelo la mochila.
-¿Quién es ese tipo?- insistió él
-Voy a lavarme un poco y a dormir. Estoy cansada. Mañana hablamos- dijo cortante.
-De eso nada, vamos a hablar ahora!- gritó él sujetándola del brazo.
-Suéltame me haces daño!- gritó Kate.
-Dónde has ido? ¿y por qué no me has dicho nada?- dijo furioso.
-A buscar la cabina para coger el transceptor!- dijo con rabia.
-¿Con esos tíos? ¿y dónde está mi arma? Qué demonios has hecho con ella?- gritó.
-Tu arma la tiene James, y suéltala ahora mismo- dijo Boone desafiante

Robert lo miró extrañado. Pensó que era con el otro tipo con el que tenía algo, no con éste.

-La soltaré cuando me dé la gana. No tienes derecho a inmiscuirte- dijo enfadado.
-Mira, tío. A lo que no tienes derecho es a tratarla así. De modo que suéltala inmediatamente- dijo con firmeza.

Robert la soltó. No valía la pena enzarzarse en una pelea con aquel chico. Lo único que conseguiría es alertar a todo el campamento.
-Vaya, vaya. Veo que estás haciendo muchos amigos aquí- dijo a Kate con ironía- Primero el amnésico, ahora éste, ¿quién será el próximo?
-Cualquiera menos tú- dijo ella marchándose de allí.

Fue hacia la orilla. Estaba muy oscuro pero no tenía miedo en absoluto. Se humedeció las manos y se refrescó el rostro y el cuello.
Se sentía sucia y cansada. Le dolía todo el cuerpo después del día caminando. Y sentía una opresión en la garganta que no podía controlar. Tenía ganas de llorar. De llorar en silencio y sola. Estaba atrapada en aquel lugar repleto de desconocidos que no le inspiraban ninguna confianza, y no había posibilidad alguna de escapar.

Se sentó en la orilla, se agarró las rodillas y vio a lo lejos a James con Juliet. Discutían fuertemente, al igual que ella acababa de hacer con Robert. Aquello no estaba bien. Tenía demasiados frentes abiertos y no estaba acostumbrada a tener gente alrededor. Normalmente actuaba sola. Ahora debería enfrentarse a Robert, a Juliet, e incluso a James. Ese hombre que la atraía irremediablemente pero que sabía con toda certeza que le traería muchos problemas.

Pensó en cómo había cambiado su vida desde que hacía la residencia en el Seattle Grace y añoró aquellos años en los que era una chica normal, llena de ilusiones y proyectos.
Y las lágrimas empezaron a brotar. No estaba preparada para aquello. Esas personas se acercaban a ella constantemente para preguntar qué hacer, cómo actuar, pero ella no era ningún líder. No sabía cuidar de sí misma, ¿cómo iba a cuidar de aquella gente?
Y para colmo aquella cosa negra acechando en la selva.

Lloró amargamente dejando libres sus sentimientos, hasta que sintió que una mano se posaba en su hombro. Se volvió y vio aquella sonrisa que la inquietaba. Era John Locke, solo que esta vez se sintió aliviada de verlo en lugar de sentir temor.
¿Un mal día, doctora?- dijo sonriendo.
-Una mala vida, diría yo- contestó ella con sinceridad.
-Todo eso puede cambiar, Kate- dijo John- Este lugar es diferente, especial. Una oportunidad para todos.
-Una oportunidad de morir de la peor forma posible- dijo ella- Hemos visto esa cosa, John.
-Pero seguís con vida- dijo él.
-Por poco, John. Faltó poco- dijo ella suspirando.
-¿Habéis encontrado el transceptor?- preguntó.
-Lo tiene Boone. Probamos la radio pero no se oía nada. Sólo interferencias- dijo Kate.
-Mañana se lo daremos a Sayid, a ver qué puede hacer- dijo John.
-Ojala funcione. Estoy deseando salir de aquí- dijo Kate con tristeza.
-Siempre he creído que las cosas suceden por una razón, Kate. Así que deberíamos pensar que si estamos aquí es por algo- dijo John con serenidad.
-Porque nos hemos estrellado, John. Lo que no entiendo es por qué tú pareces ser el único que está feliz con todo esto. No has dejado de sonreír- dijo Kate con franqueza.
-Mi vida fuera de aquí no era mucho mejor que esto- dijo sonriendo- esto al menos es excitante.
-La mía tampoco era precisamente feliz, pero al menos era mía. Yo decidía qué hacer con ella- dijo Kate.
-¿Estás segura de eso?

Los ojos de John se clavaron en ella de un modo inquietante que la obligó a cuestionarse sus propias palabras. Desde que nació estuvo en manos de otros, y sus decisiones siempre fueron respuestas a lo que sucedía a su alrededor. Quizás aquel hombre llevase razón. Quizás no era tan dueña de su vida como pensaba.

-Piensa en ello. Y piensa en lo que puedes encontrar aquí. Quizás tengas una oportunidad que no deberías desperdiciar- dijo John mientras se alejaba.

Eso era lo único que no quería. No quería pensar en absoluto. Sólo quería dormir y dejar de pensar, porque si lo hacía iba a volverse loca.