Pelirrojo

Después de todo, el azabache no había podido ver a Deidara más que los días que le correspondían, había sido difícil no ir y tocar ese delicioso cuerpo que tanto le había hecho disfrutar días antes. Imágenes de la cremosa piel del rubio atacaron su cabeza, ¡que delicia~!

Pasó por los salones, ya era hora de irse y no había visto ese día a su hermoso Dei, pero el destino quiso hacerlo feliz y lo vio trabajar en una de sus esculturas, sus cejas juntas, una puqueña gota de sudor en su frente y su enorme cabellera dorada sostenida en una coleta, permitiendo total acceso a esos bellísimos ojos que son, eran y seguramente serían, las características de un Deidara trabajador, sin embargo podía verse su desesperación, la arcilla no estaba ayudando a su obra de arte.

—Mira Deidara, si haces este movimiento seguro te quedará mejor— decía el maestro Sasori mientras se ponía sus manos sobre las de él.

La ira sucumbió a Madara, esas manos, ese cuerpo, ese rubio, eran sólo de él, de nadie más. ¿Cómo podía ese pelirrojo atreverse a tocar lo que él ya había marcado como propio?

Sabía que quería ayudarlo, pero se notaba a leguas que ese enano deseaba oler la piel de su rubio. No, no podía permitir que nadie más se le acercara.

—¿Maestro Uchiha?— una voz femrnina rompió con sus pensamientos de muerte hacia el pelirrojo —¡Maestro Uchiha!— llamó nuevamente la voz —¿Sería tan amable de seguirme?— la voz estaba a un lado suyo, ahora podía reconocerla, era Tsunade, un golpe de suerte para el maestro ese.

Mientras el Uchiha acaba la orden, en el salón de artes el rubio se quitaba de encima sutilmente al pelirrojo de aquel incómodo acercamiento.

—Ya es tarde. Debo irme, uhn.


Keledi: ¿Están disfrutando de las actualizaciones diarias? Estaba pensando un poco, y quizás la narración puede ser confusa porque es escrita por dos personas o que quizás a veces los capítulos podían interpretarse de más de una forma. Sea como sea siempre siéntanse libres de dejarnos sus dudas en los comentarios, ¡con gusto siempre respondemos!