CAPÍTULO 055

Richard y Kate compartieron eternas caricias mientras el agua se coló entre su piel, por aquellos resquicios que dejaban, momentáneamente, sin caricias. El escritor tomó el mando de la situación y colocó a su musa de espaldas a él, dejándola apoyada contra la pared de la ducha. La acarició, por sus pechos, por sus pliegues, buscando sus gemidos. Le instó a separar un poco más sus piernas. Cogió su erección y se coló por su sexo. La llenó por completo. Arrancado un nuevo grito en ella. Kate arqueó su espalda ante su invasión fuerte y profunda. Tras varias nuevas incursiones que dejaron a Kate a un paso de su segundo orgasmo, Richard salió por completo.

- Rick... - suplicó intentando agarrar su erección.

- Shhh... - agarró su mano, la alzó contra él y la llevó de vuelta a la cama.

- ¡Estamos mojados, Rick! - gritó.

- Luego cambiaremos las sábanas... - susurró contra su boca antes de devorarla por completo.

- ¡Dios! - gritó Kate cuando sintió la nueva embestida de Richard, que entró sin problemas en ella. El escritor comenzó un nuevo baile. Lento. Muy lento. Degustando su cuello, su hombro, sus pechos. Kate sintió como Richard estaba a punto, al notar sus palpitaciones. - Espera... No te corras... - le pidió.

- Me vas... a... matar...

- Sal... sal... - le pidió.

Salió de ella un tanto desorientado sin saber qué es lo que estaba pasado. Mientras tanto, Kate, sonrió al ver su rostro.

- ¿Qué... qué pasa? - completamente perdido y excitado.

- Te quiero de otra forma... - lo miró insinuante, completamente abierta ante él. De pronto, se giró en la cama, quedándose a cuatro patas. Richard comprendió y se acercó a ella. Abrió sus piernas y viendo lo excitada que estaba, la penetró sin aviso, ni caricias previas. - Más fuerte... más... más... - lo incitó. Erizándose su piel ante cada acometida nueva. En aquella postura las penetraciones le dieron una mayor sensación. Se sintió poderosa y cargada de morbo.

Richard comenzó a hacerlo más y más fuerte, alentada por ella, que no dejaba de repetírselo entre jadeos y gritos cargados de sensaciones. - Me corro Kate... - le advirtió. Y ante aquella sinceridad de él, a los pocos segundos ella también se perdió en un nuevo orgasmo.

Cuando consiguieron recuperar la respiración, rompieron a reír. Era su primera vez investigando nuevas posiciones sexuales y se sintieron bien. En confianza. Dispuestos a seguir indagando. Confidentes. Cómplices. - Ha sido increíble, Kate. - la besó en cuanto quedaron frente a frente.

- Hmmm... - le dio un pequeño mordisco en su labio inferior - Creo que podemos seguir investigando...

- A mí me gusta investigar... - le sonrió cómico.

- Me alegro. - lo empujó hacia la cama para quedarse atrapada entre sus brazos.

- Tenemos que...

- Vamos...


Tras darse una ducha mucho más rápida y secarse, cambiaron la ropa de la cama y se metieron en ella. Abrazados.

- Mi primera relación en comisaría fue con Demming. Me atrajo desde el primer momento en el que lo vi aparecer. Yo aún estaba en las últimas pruebas de acceso y él me ayudó. - comenzó a relatarle.

- Hmmm... - no quiso interrumpirla.

- Fue una relación algo extraña porque me atraía mucho pero, nunca llegué a quererlo.

- ¿Fue fácil?

- ¿A qué te refieres?

- Al hecho de trabajar y salir. Hay gente que se agobia por pasar tantas horas juntos.

- Bueno, creo que no vas mal desencaminado. La realidad es que cuando entré en la academia venía con un claro objetivo y Demming tampoco lo terminó de entender.

- ¿No te ayudó?

- Digamos que, más bien, me hacía creer que sí, pero luego era que no. Me di cuenta que todo lo que decía que estaba moviendo o investigando no era así.

- Menudo cretino...

- Mi defensor... - acarició su pecho, dejando un beso.

- Imagino que quería una relación más fácil...

- Efectivamente. Y yo no podía darle algo así. Soy un poco complicada.

- Pues a mí me encantan tus complicaciones, aunque a veces me entre algo de miedo.

- Él quería una relación sencilla. Citas, besos, sexo, familia... Yo no.

- Hablando de sexo...

- No, no, no...

- No he dicho nada... todavía... - sonrió.

- No pienso darte detalles de eso. - le dio un pequeño toque en su pecho.

- Está bien... - la picó - Eso quiere decir que puedo ocultar cualquier información que se refiera a mis relaciones sexuales anteriores.

- ¡Perfecto! - sonrió Kate, pensando que ella no tenía ningún tipo de intención de saber ese tipo de información que, solo provocaría unos inmensos celos.

- Me pidió matrimonio... - susurró.

- ¿Te pidió matrimonio? - alzó parte de su cuerpo buscando su contacto visual.

- Hmmm... - asintió.

- Vaya... - golpeó su espalda contra el colchón de nuevo.

- ¿Creías que eras el primero?

- Me hubiese gustado ser el primero... - susurró.

- Eres el primero en recibir el 'sí'. - lo acarició, buscando erizar su piel.

- Eso es verdad... - sonrió.

- ¿Sabes?

- ¿Qué?

- No está tan mal esto de contarte cosas...

- De hecho, está bastante bien. - besó su cabeza.

- Ahora mismo hay algo que echo un poco de menos...

- Yo también...

- Alexis... - susurró.

- Lo sé. - la estrechó más fuerte.

- Estar contigo estas horas es genial pero me he acostumbrado tanto a ella que me siento extraña.

- Pasado mañana estaremos con ella. Seguro que tiene mil cosas que contarnos. - Kate buscó su cobijo, sonriendo. - ¿Estás cansada?

- Un poquito... - dijo casi perdiendo la voz.

- Cerremos los ojos...


Los primeros rayos de sol se colaron por la ventana. Richard sintió un sonido extraño a escasos centímetros de él. Tardó un rato en darse cuenta que era el sonido de su móvil. Alargó su brazo y a tientas lo cogió. - ¿Sí?

- ¡Papiiiiii! - Alexis al otro lado, desde Madrid.

- Calabaza... - sonrió al escuchar a su hija.

- ¡Síiiii!

- ¿Qué haces cariño?

- Hablar contigo... - soltó como algo obvio - ¿Cuándo venís?

- Mañana, cariño. Mañana estaremos allí contigo.

- ¡Vale! ¿Y mami?

- Mami está un poco dormida. - acarició a Kate que reaccionó un tanto sorprendida al verlo con el teléfono - Es Alexis.

- ¡Cariño! - Kate cogió el teléfono feliz.

- ¡Mamiiiiiiiii! - gritó la niña al otro lado - ¡Te quiero mami!

- Yo también, cariño.

- Los abuelos me han enseñado a gente que no se movía.

- ¿A gente que no se movía?

- Hmmm... Eran raros mami.


Kate, puso el teléfono en manos libres para que Richard también pudiese participar en la conversación - ¿Y no se movían nada?

- No, mami... ¡Y había un montón!

- ¿De qué habláis? - Richard.

- Nuestra calabaza dice que sus abuelos le han enseñado a gente que no se movía. - se encogió de hombros sonriéndole.

- Creo que ya sé que es...

- ¿En serio? - Kate.

- El museo de cera, calabaza.

- ¡Sí, papi! ¡De cera! ¡Gente de cera!

- ¿No te han gustado, cariño? - Kate.

- No mami... Yo quiero los animales...

- Mañana estaremos allí y prepararemos esa excursión. - Kate

- ¿De verdad de la buena?

- Sí, calabaza. - Richard.

- Papi... Mami... - les dijo bajito.

- ¿Qué pasa cariño? - Kate.

- Os echo de menos...

- Nosotros también cariño. Nosotros también. - Kate apoyó su cabeza en Richard, un tanto emocionada. Escuchar al otro lado del teléfono a Alexis había multiplicado su necesidad de tenerla entre sus brazos.