Capitulo 51

Una suave exclamación, se escapó de su boca, y fue apenas audible para ella. ¿Sería el efecto de la cerveza? o ¿en verdad estaba viendo a Edward?

Quiso creer que no era él, que ya se estaba volviendo loca, que la cerveza le había afectado, pero no, Edward estaba frente a ella, mirándola extrañado al igual que ella lo hacía con él.

¿Era el destino que estaba tratando de decirle algo? Porque no era común que hubiera estado evitando el tema de Edward todo el día, para que al final de la noche se lo encontrara en una playa casi desierta.

Luego de mirarlo unos segundos más, se paró de la arena, sacudiéndose y suspiró.

- ¿Qué haces aquí? -su tono había sido amable, cosa que sorprendió bastante al cobrizo- digo, se me hace extraño que estés aquí.

- Yo -trató de analizar cada palabra, que iba a decir rápidamente, no quería arruinar el tono amable que había utilizado ella- estaba en la boda, muy lejos de aquí, me aburrí y salí y, bueno busco una parada de taxis o algo por el estilo -lanzó una risa nerviosa, cosa que enterneció a la castaña.

Bella lo miró fijamente, y lo analizó con la poca luz que había, llevaba una camisa blanca, desabrochada por el cuello, también llevaba unos pantalones ceñidos a sus piernas, que le quedaba espectacular, en su mano llevaba su chaqueta y una pequeña tela, que supuso que sería la corbata.

Su pelo estaba peinado hacia atrás, se veía guapísimo.

- Eres todo, lo que he estado evitando desde hace tiempo -pensó en voz alta- todo lo que no debo ni quiero tener.

- ¿Qué…? -trató de hablar Edward.

- Eres lo que yo no quiero, pero deseo tener, y no lo puedo evitar -siguió hablando- y tengo miedo, y tengo temor, porque no me gustan que me griten, pero tampoco me gusta estar enojada contigo.

- Yo… lo siento mucho -Edward se acercó lentamente hacia ella, a medida que hablaba.

- Y lo sientes, y lo buscas y lo tienes -hizo una pausa- mientras yo no lo siento, no lo busco y lo tengo.

- No te entiendo -murmuró Edward.

- Y yo siento esto, con el miedo a que tú no sientas lo mismo -también se acercó a él, levantó una mano y acarició muy lentamente su mejilla- con el miedo a sufrir lo mismo, con el miedo a parecer tonta y no saber qué hacer.

- Todos sentimos miedo -le susurró el mirándola a los ojos.

- El miedo hace, que yo repele todo, que no quiera nada, y que me aleje -con la otra mano, atrapó su cara- pero algo me persigue, y por más que intento alejarme, no hago más que quedarme estancada ahí, por lo que he decidido a no alejarme más, he decidido que todo tiene que suceder, y si algo me dice que te bese, lo haré, si algo me dice, que te abrace lo haré, haré todo lo que me pidas, hasta que exista la posibilidad que me caiga, o si no pues, veré que sucede -lo miró unos segundos- siento tanto haberte gritado.

- Yo siento más haberte hecho daño en el brazo -bajo la mirada unos segundos- no quise gritarte, no quise asustarte, ni nada, sólo estoy desesperado y me siento como un tonto.

- Y lo eres -rió bajo- pero todo debes saberlo a su debido tiempo y con la persona correcta -Edward entendió el mensaje- y creo que estoy ebria, porque estoy hablando bobadas -ella rió y él sonrió nuevamente.

- ¿Me perdonas, preciosa? -la tomó por la cintura sorpresivamente.

- ¿No vas a gritarme más? -él negó- ¿No vas a preguntarme nada con respecto a Tanya? -él también negó- ¿no vas a ser un tonto e idiota? -él negó riendo- ¿cuando me vas a besar?

- Ahora -acortó la poca distancia entre ambos y la besó.

Edward atrapó su labio inferior, y ladeo su cabeza e intensificó más su beso. El jubilo que sentía él en aquel momento, era indescriptible, ¿No podían durar más de dos día enojados?

No claro que no, y no sabía por qué. Pero lo que le interesaba ahora, era besarla y sentir el sabor de sus labios combinados a los suyos, sentir su lengua penetrando su boca, y sentir como ella se estremecía entre sus brazos. Soltó la chaqueta y la corbata, tirándolas en cualquier parte. La abrazó contra su cuerpo y se separó luego de unos segundos. Besó su frente y respiró tranquilo.

Era como si el aire hubiera vuelto a sus pulmones...

Estaba besando de nuevo a Bella.

- ¿Has estado bebiendo? -preguntó unos segundos después sin separarse de ella, ¡No quería!

- Sólo unas cervezas -ella no aguantó más y se aferró al hombro de Edward- estoy cuerda -rió un poco- o eso creo, ¿por qué te fuiste de la boda?

- Estaba aburrido, estaba sólo y no soportaba a los padres de Tanya -cerró los ojos, mientras una suave ráfaga de viento los refugiaba- salí, pero no pensé en toparme contigo.

- Los padres de Tanya son algo, conservadores y de la alta sociedad -Edward rió al oír el tono gracioso de ella- te entiendo eh -lo abrazó mas fuerte- ¡Ay Edward! ¿qué me has hecho?

- Qué me has hecho tú -susurró él.

Y quitando, todos los prejuicios, apartando un poco el orgullo y dejando se llevar por su instinto, pueden lograrse muchas cosas.

Bella, se había rendido y se había lanzado al precipicio de lo correcto, sabiendo que podía sufrir o podía ser feliz. Mientras tanto Edward, se dejaba llevar simplemente, ¡Le gustaba Bella! y mucho, de un tiempo a otro, Tanya pasó a un segundo plano -cosa que jamás imaginó dos meses antes- y la castaña se convirtió en su primer objetivo, no sabía cómo llamarle a lo que tenían -si es que podían ponerle un nombre- pero si sabía que quería estar con ella, como amigos, como enemigos, ¡Como fuera!

- ¿Quieres irte? -le preguntó una vez que caminaban lento sobre la arena.

- No -respondió ella- quiero quedarme, aquí contigo -susurró, y Edward sonrió al oír tales palabras.

- ¿A dónde has ido, y con quién? -eso había sonado, algo controlador y celoso, pero ninguno lo notó, por lo que no hubo problemas.

- A la fiesta -apuntó las luces y la música- con Jacob mi amigo, y ¡Diablos!, debe estar preocupado –exclamó.

- Mándale un mensaje, toma -le pasó su celular y ella sonrió recibiéndolo.

Le mando un mensaje a Jake, diciéndole que estaba bien, que lo veía al siguiente día y que no se preocupara estaba con un amigo. Con tales palabras ella sabría que su amigo le creería y no se preocuparía.

- ¿Dónde nos quedamos? -preguntó Edward, caminando en dirección contraria a la fiesta

- Durmamos en la playa -contestó ella- no es la primera vez que lo hacemos ¿o no?

- Exacto -él rió, y cuidadosamente, entrelazó sus dedos con los de ella, Bella lo miró y Edward se avergonzó levemente, ¿Por qué sólo le sucedía aquello con ella?

A pesar de haber caminado bastante, el cansancio ya no se había presente en el cuerpo de Edward, y ella tampoco estaba cansada, y eso era porque lo estaban disfrutando.

El tiempo avanzaba, y ellos encontraron un lugar secreto -como habían decidido apodarle-, ya que no había nadie por la carretera, ni por las calles aledañas. Encontraron unas rocas y decidieron colocarse a un lado, a conversar sobre temas triviales.

- ¿Entonces tu padre quiere que seas un empresario, o abogado o todo eso? -preguntó ella, mientras estaba en su pecho.

- Sí, ya sabes, sueño de todo padre -revoleó los ojos- pero no me gusta nada de eso –gruñó.

- ¿Qué quieres estudiar? –preguntó.

- Yo… -hizo una pausa- actuación, quiero ser actor -ella sonrió.

- Serías muy bueno -lo alentó- iría a ver tus películas.

- Gracias -la acomodó mejor en sus brazos- ¿te he dicho que eres preciosa? –preguntó.

- ¡Edward! -rió- lo has dicho mucho, voy a creérmelo, eh.

- Pues debes hacerlo -la acomodó bajo la arena, en un movimiento rápido y se subió sobre ella- porque eres preciosa, maravillosa linda, pesada, mandona y tienes un buen trasero.

- ¡Edward! -volvió a exclamar- ¿Por qué miras mi trasero?

- Y no es lo único que veo, eh -ambos volvieron a reír levemente- veo muchas cosas más -bajó la mirada, hacia el escote de su polera- muchas más -no dejó que ella respondiera y atrapó sus labios para volver a besarla.

La besó como le gustaba, como estaba acostumbrado, lento muy lento, guardando en su memoria, la suavidad y el sabor de sus labios. Guardando en su memoria, aquellos labios, aquella boca que deseaba besar todo el día.

Introdujo su lengua, en la boca de ella y el beso se transformó en uno rápido y salvaje. Era una batalla de sabores y caricias, de necesidad y ansiedad, de felicidad y...

- Cariño -ella se separó un poco y habló- ¡Diablos te prendes rápido eh! -Edward la miró raro y notó, como la erección, que hasta ahora no había notado, le empezaba a molestar en el pantalón.

- Tú lo provocas -se acercó nuevamente y comenzó a besar su cuello- sólo tú, no sé que tienes, pero me vuelves loco. -Para ese entonces Edward estaba sobre una nube pasión que los envolvía fuertemente. Comenzó a lamer su cuello, dejando pequeñas marcas, y bajó los besos, llegando al valle de sus senos- muy loco -suspiró y le quitó la polera rápidamente- ya no hay Kate, no hay Marie, ni Alice, ni Tanya, ni interrupciones -besó sus senos sobre el brazier y siguió hablando- estamos tú y yo, y esta increíble playa que será testigo, de algo mágico -Bella sonrió enternecida ante las palabras del cobrizo- de algo espectacular, de algo deseado -desabrochó su brazier y lo tiró a un lado- eres preciosa -susurró antes de meter el seno de ella en su boca.

- ¡Sí! -gimió ella.

Entre suspiros y gemidos que sólo ellos podían presenciar, la ropa desapareció de sus cuerpos, perdiéndose entre la arena. Él besó cada lugar de su cuerpo admirando lo que desde hace semanas deseaba, admirando la belleza de la morena, de su morena.

- ¡Ed! -se alejó un poco ella- ¿tienes preservativos?

- Siempre ando preparado, mi amor -Edward se movió un poco, sacó algo de la billetera y sonrió. Mientras ella aun procesaba las palabras mi amor.

Segundos después las olas, la luna y la única estrella en el cielo, eran espectadores de la unión de estos dos jóvenes. Él era cuidadoso al principio, la trataba como si fuera una muñeca de porcelana y Bella creyó morir de ternura y excitación a la vez.

- ¡Si Edward! -gimió en su oído- más –susurró.

- Eres mía -susurró también él, mientras entraba una vez más en ella- sólo mía -unió sus manos y las llevó a su cabeza- abre esos ojos hermosos -ella le hizo caso- obsérvame, mientras te hago el amor -ella lo miró fijamente y gimió ante la rapidez incipiente de él.

Esa noche, fue la mejor de sus vidas.

Esa noche, besó cada parte de su cuerpo.

Esa noche, fue suya.

Esa noche, sus cuerpos se hicieron uno, se unieron para demostrarles a cada uno que algo existía en el mundo y ellos lo estaban viviendo aunque no supieran: Y eso era el amor.