Aviso, un poquito de tortura, muy light

Capitulo 56

Entró al dormitorio sin tocar la puerta, la voz de Wilhemina se escuchaba en el baño, tarareaba algo y el ruido de la ducha apagaba un poco el sonido; la maleta abandonada a un costado de la cama, con el contenido desparramado sobre el colchón, varios envases de conservas, siete envases, siete núcleos palpitando desesperadamente encerrados y flotando en una sustancia amarillenta, tomó el envase donde se encontraba el núcleo del mago que reconoció por ser el que Mina llevara, el liquido era suero de sangre y algunos coágulos se habían asentado, era la primera vez que lograba ver tan inaudito organo, podría analizarlo, buscar sus propiedades, ver de que manera aprovechar los seis que tendría en su poder al terminar la poción antídoto.

¿Y si no la preparaba? ¿Si se negaba al amargo placer de la libertad emocional para aprovechar los siete órganos?

Era el primer mago en toda la historia que poseía tal tesoro, y como tal debía tratarlo, revisó uno a uno los envases, los núcleos eran de idéntico tamaño y no podría decir cual era de infante, adolescente o adulto; si lograba convencer a la chica que le enseñara a extraerlos podría tener incluso los correspondientes a magos y brujas ancianos… ¿Cómo sería el de Albus?

— ¡Hola!— la chica lo sacó de sus pensamientos, llevaba unos shorts ajustados y una playera blanca, estaba claro que no llevaba sostén pues los senos se delineaban claramente y al caminar se bamboleaban en un sensual vaivén.

— ¡Cúbrete!— la riñó fingiendo malestar –veo que obtuviste los siete—

— ¡Si!— contestó orgullosa envolviéndose en una gruesa bata, tiritando de frio — ¿quieres ver mis recuerdos?— le invito emocionada –papi estaría orgulloso de mi—

—antes quisiera ver los de la familia— admitió chasqueando los dedos y Jumble apareció de inmediato.

—ordene amo profesor— firme y sin moverse esperaba sus ordenes.

—Trae mi pensadero—

—En seguida profesor— sonrió a la chica — ¿la amita necesita algo?—

— ¿Podrías traerme una bebida caliente?— pidió a su amiguito que asintió desapareciendo.

—Entonces ¿Qué sucedió?— Severus se sentó cómodamente en la silla del escritorio, cruzó la pierna y miró fijamente a la chica que se peinaba despreocupada.

—No seas impaciente profesor— respondió cepillando el largo cabello –ya lo verás— y en ese instante volvió Jumble con el pensadero y una taza de chocolate —¡gracias!— Mina cogió la taza y bebió un poco –delicioso— sonriente dejo en la mesa su cepillo y la taza humeante, sacó aproximadamente diez envases pequeños llenos de plateados recuerdos .

Severus comenzó a revisarlos mientras Mina terminaba su chocolate, algunos recuerdos eran ligeros y frágiles, otros densos y fuertes, los mezclo en el pensadero y espero a la muchacha que se despedía de su amiguito.

—Lo que vas a ver, pude verlo de otra manera— comenzó su informe, muy seria y mirándolo de frente –algo… de nuevo la voz de mi tío— suspiró –tras un regaño y mil recomendaciones me enseñó a hacerlo, después de que fui testigo de sus recuerdos aprendí otro conjuro, algo tan peligroso como un cruccio o un imperius—

—explícate—

—no lo se, después de ver sus recuerdos tal vez quedaron restos de esa maldición— se encogió de hombros— ¿no viste nada de raro en los cadáveres?—

—Hmm déjame pensar— fingió recapitular cada paso — ¡ah si! La chica mas dulce y tierna del colegio y la academia juntos resultó ser una perfecta desolladora, una magnifica asesina y un despiadado duelista – recordaba bien como quedaron los elfos domésticos en el patio trasero.

— ¡Me halagas!— respondió ella sonriendo satisfecha –pero creo que no lo notaste—

— ¿Cómo hacerlo? Entre los cuerpos desollados y cubiertos de coágulos no pude ver nada raro—

—No tenían ojos— murmuró — repercussus ex intueri, fue lo que me enseñó mi tío— aguardó a que su tutor le interrumpiera, al no hacerlo continuo –los miras a los ojos y puedes ver sus errores, todo lo malo que han hecho en su vida—

—Lo hiciste con cada uno entonces—

—Menos con el hombre, necesitamos el cerebro vivo— suspiró –los cuatrillizos eran peores que la hermana mayor—

Entraron al recuerdo, los niños estaban en el calabozo y sus risotadas se escuchaban hasta la escalera principal, una de las cuatrillizas jugaba con su varita y un ratón, aparentemente bajo el influjo del imperius caminaba sobre la piel de una mujer, no era la bruja joven y hermosa que encontraron muerta, era una mujer madura, de unos 40 años que conservaba parte de su belleza juvenil.

La bruja miraba aterrada a los niños y al ratón, un tubo le mantenía la boca abierta.

— ¡ya mételo! ¡Quiero ver que hace!— exigía uno de los niños.

— ¡No! papá nos va a castigar, la ultima vez se ahogo con las cucarachas y no nos compraron juguetes por unas semana— otra de los cuatrillizos saltó enojada — ¡Ya déjala! Mami nos deja jugar con Giordanna—

— ¡Pero no podemos hacerla comer ratones!— chillo su hermanita — ¡yaaaa!— exigió arrebatándole la varita.

—Peste mimada— gruñó Severus – al menos tienen profesor privado—

—Y vaya que lo tienen— sonrió burlona –la adolescente… ¿la ves por aquí?—

—No— buscó con la mirada.

—entonces terminamos de ver a estos… angelitos y luego vemos el recuerdo de la hermana— señalo a los niños, para tener entre nueve y diez años eran más altos y sus caritas en vez de reflejar la sana inocencia que representa tener esa edad, eran mascaras burlonas, sádicas, llenas de curiosidad malsana.

—Dice papi que esta señora le va a dejar mucho dinero— el muchachito más cercano a ella la revisaba a centímetros de distancia, la olisqueo haciendo un gesto de asco — ¡Puaj! ¡Huele mal!—

—Pues hay que bañarla— replico una de las hermanitas como si fuera una decisión obvia, le apuntó con la varita y un fuerte chorro de agua golpeo a la mujer que comenzó a atragantarse al no poder cerrar la boca.

— ¡déjala! ¡Se esta ahogando! – El otro hermano la detuvo — ¿pero por que huele feo?— la olisqueo.

— ¡se hizo encima! ¡se hizo encima!— canturreo la chiquilla –y mami tiene el castigo por ser tan cochina— sonriendo feliz por poder hacer una travesura corrió fuera del calabozo atravesando a Mina, volvió inmediatamente con la jaula que vieran con el cadáver la tarde que allanaron la casa.

Colocó la jaula en el vientre de la mujer que aterrada abría los ojos, una enorme rata chillaba furiosa rasguñando las rejas de alambre.

—Mami te va a regañar— le sentencio su hermana — ¿verdad?— buscó el apoyo de sus hermanos.

— ¡Nah!— contesto uno pues el otro estaba muy atento a lo que sucedía –papi le trae otra bruja— y movió la placa metálica que era el piso de la jaula.

—El tormento de la rata— mascullo Snape –creí que ya no estaba vigente—

—Pues a los niños les encanta— susurró Mina.

Las dos niñas sacaron sus varitas, no dijeron el hechizo pero la punta de las mismas tomó un color rojo ardiente, hostigaban al animal con las puntas haciéndole quemaduras, el animal chillaba furioso buscando por donde salir.

Uno de los hermanos se unió riendo como tonto, también saco su varita pero fue para quemar a la mujer que se retorcía de dolor, la rata comenzaba también a rasguñar su vientre.

—Se como termina esto— molesto dio media vuelta tomando a la chica del brazo -vamos a ver el recuerdo de la hermana—

—No termina tan simple como tu lo crees— sentencio ella haciéndolo mirar de nuevo, la rata se abría paso desesperada arrancando la piel con sus uñas y dientes, el hermano restante se acercó y toco al animal.

—duplicare— murmuró y apareció otro animal, hacinados en esa pequeña jaula, aguijoneados por las varitas ardientes y con el olor de la sangre excitando su olfato, ambos animales desgarraron con fuerza la carne, introduciéndose poco a poco, la mujer daba gritos ahogados por el tubo en su garganta.

— ¡te apuesto diez galeones a que salen por la espalda!— grito uno de los mocosos.

— ¡Pues yo digo que sale por aquí!— contestó el hermano señalando la entrepierna de la mujer que se retorcía de dolor.

— ¡veinte galeones! ¡Salen por la boca!— grito la niña, su hermana la miró extrañada y en ese momento un bulto se formó en la garganta de la bruja que yacía ya quieta, con los aterrados ojos viendo fijamente el techo.

— ¡ganamos Lily ganamos!— grito la niña a su hermana que reía satisfecha… escuchar el nombre de su vieja amiga en tal situación lo descolocó por un momento.

—creo… vamos a ver a la adolescente, estos ya se ganaron tu castigo— fue todo lo que Snape dijo saliendo veloz del calabozo.

— ¡Eso fue trampa, Lily siempre gana por tramposa!— alcanzaron a escuchar antes de abandonar el recuerdo.

— ¿Querías que escuchara el nombre de esa niña?— la miró con un dejó de desilusión.

—nunca podre derribar el altar que levantaste a un cadáver, menos cuando estás determinado a hacer el antídoto— sonrió con tristeza –considéralo el desquite de una estúpida— vacio de recuerdos el pensadero y puso los de la adolescente –ella se llama Ximena, no te preocupes que los demás hermanos están en sus propios asuntos, creo que ella les tiene prohibido interrumpir sus clases—

El recuerdo se ubicaba en la habitación de la jovencita, estaba anotando algunas cosas, sentada en la silla de su escritorio, un guapo muchacho le dictaba la lección.

—Tus padres me pidieron que te hiciera practicar las maldiciones imperdonables—

—creen que no se todavía hacerlas— contestó con fastidio — ¡pero nunca me traen nada con que experimentar!—

—No te preocupes— le sonrió con coquetería el chico acomodándole el cabello, era obvio que esos dos eran más que alumna y maestro – te traje una sorpresa—

Salió de la habitación, la muchacha hizo un gesto de asco acomodándose el cabello que él había tocado, el profesor privado volvió con una muchacha muy bonita, de ropas humildes.

—Te presento a Julie— de un tirón la acercó a su alumna –muggle, sin familia y dispuesta a hacer lo que quieras—

— ¿Muggle?— Ximena entornó los ojos –asquerosa, pero útil— sonrió — ¿y que tan dispuesta ha sido contigo?—

— ¡No te confundas!— respondió riendo el profesor –no tengo ojos para otra que no seas tu, mi adorable muñeca—

"Muñeca", hizo eco en la mente de Severus, muchas veces dijo eso a sus víctimas, muchas veces jugó con sus sentimientos haciéndolas creer únicas y especiales, disfrutaba romperles el corazón antes de romperles el cuerpo y la voluntad.

De nuevo esa sensación de culpa, no escuchaba lo que el muchacho y Ximena decían, sus oídos sordos al presente le hacían recordar los llantos de tristeza y desilusión de las muchachas que en el ayer lastimara.

— ¿Severus estas bien?— la dulce voz de Mina lo trajo de vuelta, para este momento la pobre Julie se clavaba agujas de costura en los ojos.

—Si…lo siento— murmuró apenado — ¿esto entonces son los juegos de Ximena?—

—Ella es más como su madre, gusta hacer sufrir a los demás por lo que he visto, si quieres dejamos estos recuerdos—

—Me ha quedado claro que se merecían tu castigo— susurró tomándola del brazo para salir del recuerdo.

—A Julie la desintegraron con un Fyrefiend, ni siquiera tuvieron la intención de evitarle dolor— Mina suspiró como si algo la entristeciera – finalmente Ximena también mató al muchacho, era uno de los cuerpos que encontraste en el calabozo, creo que papá y mamá se dieron cuenta que buscaba manipular a Ximena para sacar provecho—

— ¿Tienes los recuerdos de Erzebeth?— le interesaba enterarse hasta donde había recuperado Mina esos hilos plateados; él durante su tiempo al lado del Señor Tenebroso fue muy "cercano" a la bella mujer.

—Te interesan mucho por lo que veo— sonrió de lado –si, tengo sus recuerdos… hasta poco antes de que mi padre desapareciera—

— ¡Demonios!— susurró molesto cuando la muchacha tiraba por el lavabo los recuerdos de la familia.

—No te preocupes— se burlo –vi lo que me interesaba y créeme, verte con ella revolcándose veinte minutos antes de su boda no fue de mi interés—

—Fue un reto— se disculpo ¿Por qué carajos tenia que disculparse?

—No te pedí explicaciones, fue un tiempo y momento distinto, antes de que supiera algo de ti— sonrió entregándole los frascos — ¿quieres verlos?—

—no, conocí lo suficiente a Erzebeth como para comprender que se merecía el castigo que le diste—

—Aunque me quede con algunas dudas— hizo un gesto idéntico a cuando le bombardeaba de preguntas en la clase — ¿tenia algo que ver con su homónima Bathory?—

—ella creía eso, supongo que lo preguntas por los baños de sangre que tomaba—

—y que tu muy diligentemente le proporcionabas, tanto la sangre como la poción correspondiente— dijo en voz baja, él solo carraspeo incomodo haciéndola reír — ¡vamos Severus, actúas como un niño! Las cosas que hiciste están hechas, y en el pasado se quedan—

—Son los grilletes que no me permito retirar, debo pagar esos errores— suspiró quedándose sentado en la cama de la chica, con la vista baja –nunca voy a perdonarme tantas muertes, tantas victimas—

— ¿en serio estás arrepentido? ¿O es lo que le dijiste a Albus?— Mina se sentó a su lado, olvidándose de los recuerdos robados.

—Son muchos en mi conciencia, pero tu madre es una de las cadenas más pesadas—

—Por eso sientes que debes responsabilizarte por mí—

—no, la responsabilidad me fue impuesta en un principio— seguía con la cabeza agachada, la vista fija en el piso y los largos cabellos negros cubriéndole el rostro –cuando te conocí, cuando fui tratándote, me di cuenta que quería ser responsable por ti, cuidarte, y …— guardó silencio.

—pero…—

—pero no puedo permitirme nada más, aunque tu madre me cuido casi como su hijo en los tiempos oscuros, Lily me hizo dar cuenta que era un monstruo y que no merecería nunca en la vida perdón o… a alguien a mi lado para hacer más llevadera esa dura carga—