De pie en una sala sofocante, Glenn estaba atrapado frente a las fervientes miradas de los alexandrinos que lo observaban expectantes y atemorizados.
- Escúchenme - susurró con énfasis - sé qué tienen miedo pero debemos organizarnos para enfrentar a este enemigo.- alentó Glenn parado sobre una banca. - Ellos no son mucho más que nosotros, ¡podemos enfrentarlos!
"Ellos tienen armas". "Han asesinado a mucho de los nuestros". " Esto no hubiese sucedido si ustedes no hubiesen llegado", recriminaba las voces de los pueblerinos agotados.
Glenn se sentó desesperado. Hacía horas que no sabía nada de Maggie y la última vez que la había visto estaba siendo arrastrada por uno de los Lobos, junto a Michonne y Rosita. Por alguna extraña razón eso le generaba cierta seguridad.
No tardó mucho en convencer a los demás de lo necesario que era trabajar juntos. Con ese don que tiene Glenn, logró hacerles entender que el trabajo en equipo era la única solución para sobrevivir y sabía que esa era la única forma con la que lograría reencontrarse con los suyo, reencontrarse con Maggie.
Cuando una manada de lobos emprende un viaje se organiza de tal modo que cada individuo ocupe un lugar especial. Esto responde a la necesidad de supervivencia de la mayor cantidad de miembros del grupo. "Los primeros 3 son los viejos o enfermos, dan el ritmo a toda la manada. Si fuera al revés, serían dejados atrás, perdiendo el contacto con la manada. En caso de una emboscada iban a ser sacrificados. Luego siguen los 5 FUERTES, en la línea del frente. En el centro está el resto de los miembros de la manada. El último va solo, el alfa. Él lo controla todo desde la parte trasera. En esa posición puede verlo todo, decidir la dirección. Él ve a todos los de la manada. La manada se mueve según el ritmo de los ancianos y ayudándose el uno al otro y cuidándose el uno al otro."
La flecha de la ballesta de Daryl perforó entre los ojos su cráneo descompuesto. El caminante se tambaleó y cayó justo sobre detrás de Merle. El calor, el ruido y las columnas de llamas se extendían como una bomba de partículas que hacía que todos los caminantes se guiaran hacia la irreversible muerte.
Eso fue suficiente distracción para que Abraham y Carol se pudieran mover furtivamente con el único fin de llegar al resto de los prisioneros.
Beth mantuvo un paso firme intentando no mostrar debilidad. Sabía que los riesgos que estaban tomando ante eran mucho mayores de los que alguna vez había enfrentado. Moonshine se mantuvo en silencio. Usualmente, en circunstancias similares, ella hacía algún tipo de broma para liberar tensión pero esta vez en su rostro se notaba la tensión.
- Son seis - murmuró Beth señalando a la guardia en la entrada de la casa de Deana.
- Él está aquí entonces…- musitó Moonshine cargando su pistola. - Es tu turno…
Beth sintió el frío acero del caño justo sobre su sien, su corazón comenzó a latir desesperado, sintió náuseas y el mismo terrible pinchazo en sus entrañas y en su columna, una patada tras la cual cayó de rodillas.
- Eres un Lobo…- musito enojada la rubia ante el trato de Moonshine.
- ¡Nací Lobo, Beth! - respondió empujando a la muchacha luego de amarrarla de forma precaria. - ¡Camina!
- Voy a escapar Moonshine y cuando eso suceda… ¡Te asesinare!
- ¡Cierra la boca y camina! - dijo Moonshine apretando el cañón del Remington en la cabellera dorada.
Dejó que Beth avanzara unos pasos para golpearla con todas sus fuerzas con la culata del rifle en la cara. El golpe fue directo al mentón y con el impacto de la madera le abrió el labio inferior, le astilló un diente, le hizo ver estrellas y la dejó momentáneamente sin sentido.
Moonshine se presentó con su prisionera frente a los seis hombres que cuidaban el ingreso al edificio. Apuntaron sus armas hacia ambas pero de inmediato se quedaron mirando atónitos ante la presencia de semejante escena.
- ¡Roja! ¡Te creímos muerta!- dijo uno de ellos, un tal Matthew. Veintiañero que había sido albañil de Valdosta y ahora se presentaba cubierto de bolsas de cargadores medio vacías y una chaqueta de camuflaje llena de sudor.
Hap otro de los hombres que miraba boquiabierto a la pelirroja había sido conductor de autobuses en Atlanta. Había logrado jubilarse cuando el caos comenzó. Era delgado y de pelo cano. Con la misma mirada perversa con la que en otros años miraba a través de los espejos a las chicas que subían a su autobús, recorrió a Beth de pies a cabeza.
- ¡Abran la maldita puerta y llévenme con su alfa o terminaran todos como Zacarías!- vociferó ella con la seguridad que sólo un asesino poseé.
Beth, en cambio, parecía no entender lo que estaba sucediendo. Su cabezas le daba vueltas y todo parecía un sueño.
- Voy a matarte…- murmuró.
- Continúa soñando rubia…
Wilkins, un engreído que había sido una estrella de fútbol americano de Athens, se acercó titubeante a abrirle la puerta a esa mujer indestructible. El muchacho parecía estar embelesado y presa del vértigo de la batalla. Mientras su postura de gladiador en el campus había desaparecido hace mucho, con tan sólo 19 años no era más que un jovenzuelo desgastado y manchado con sangre y suciedad.
Moonshine se puso de pie frente a ellos. Llevaba enfundadas las Ruger en la parte trasera del cinturón, a ambos lados de la cadera, para tenerlas a mano. Un machete y el Remington con el que apunta directo a la cabeza de Beth era su único armamento. Además sólo lleva unos seis tiros en uno de los cargadores, y uno en la otra Ruger, con una bala adicional en la recamara.
Rick no paraba de intentar zafarse de las mordazas que lo tenían inmovilizado. En el pasillo se escucharon las preocupadas voces de uno de los guardianes de la puerta que hablaba con Dean.
- Es la Roja, ¡lo juro!
- ¡Dijiste que estaba muerta! ¡Maldita sea! - vociferó exasperado Dean.
- ¿Qué hacemos?
- Es la otra Alfa… Idiota. Hazla pasar y veamos si podemos negociar.
- ¿Y si no?
- La tendremos sola y a nuestra disposición, en cuanto a la rubia, ¡es mía!
- Pero... Las mujeres más hermosas son para…
- ¡Si! - lo interrumpió bruscamente Dean - Pues yo soy un alfa y tu puedes serlo si me obedeces Mac… Ya hablamos de esto.
Rick continuó con su lucha por liberarse mientras que Deana hacía lo mismo. En la habitación en la que estaban se escuchaba todo lo que sucedía en el pasillo de lo que parecía ser el comando central del ejército de Lobos de Dean. Unos pasos hacia el otro lado de la habitación en la que estaban prisioneros parecía encontrarse el lugar elegido por Dean para dirigir la invasión. Desde el lado de la escalera se escuchó el crujido de una puerta y lo que parecían ser los pasos de dos mujeres. Los primeros sonaban débiles, como tambaleantes, mientras que los segundos sonaban firmes.
En ese momento la desesperación de Rick aumentó y puso más empeño en liberarse de las mordazas. Tenía la certeza de que era uno de ellos quien había entrado tambaleante al final del pasillo.
Cuando levantó la cabeza, Beth notó una extraña impresión en el rostro de Dean. Era una mezcla de emociones que no se correspondía con el contexto. Le dió la sensación de estar presenciando un reencuentro.
- Estás viva…- dijo con un hilo de voz, dubitativo en las expresiones corporales, casi temeroso de la reacción de Moonshine.
- Veras, soy una Woods… Si tú estás vivo, ¿qué te hizo pensar que yo moriría?
En el rostro de Dean se notó cierta incomodidad, esa incomodidad que sólo dejaba ver cuando habla de su padre.
La claridad volvió rápidamente a Beth. La adrenalina la había puesto de vuelta en juego. Rápidamente pudo reconocer a uno de los hombres de la puerta que estaba junto a Dean. Un Dean que se mostraba poderoso pero incómodo, casi como si tuviese miedo, como si tuviese frente a sí a la muerte misma disfrazada de Moon. A sus espaldas se encontraban otros dos hombres más. La habitación que otora le había parecido oscura y tenebrosa, llena de olor a sudor, sangre y encierro ahora se mostraba clara a los ojos de la rubia. Detrás de Dean pudo divisar una puerta y en su cabeza se disparó la imagen de Rick destrozado tras una feroz golpiza. Siente un escalofrío que le recorre la espalda al percibir que los hombres que se encuentran en la gran sala la desnudan con la mirada.
Por un lapso de tiempo que Beth nunca pudo medir se produjo un silencio tenso, de esos que amplifican los crujidos de la madera y el zumbido del aleteo de una mosca que se hace un festín en un charco de sangre en el piso de pinotea. Ya nadie prestaba atención a la rubia.
Dean se acercó y extendió su mano intentando acariciar el rostro de Moonshine.
- Tocame y sumaré más hombres a mi manada.
- Entendí que eras su favorita cuando volvi a verte… Regrese por ti. El campamento era un horda de caminantes - recriminó nerviosamente Dean.
-Ah, ¿sí? ¿Crees que era su favorita? Explicame las palizas entonces, querido hermanito.
En un principio Beth había asociado lo que estaba pasando a la posibilidad de que se conociesen desde Gomorra. Sentía que estaba dentro de esas películas de cowboys que tanto le gustaban a su hermano ….. pero ésta vez la doncella en problemas era ella y no se iba a quedar esperando a que su príncipe la salvase.
- ¡Entonces tú explícame el exilio! - respondió Dean clavando su mirada violenta en Moonshine.
- Eso es simple de explicar, intentaste violarme ¿o lo olvidaste? - respondió Moonshine sin mostrar sentimiento alguno frente a la situación - habrías encajado perfecto en la manada de Zacarías.
- Debí imaginarme que tu lo asesinaste.
En el rostro de Moonshine se percibió una mirada triunfal y una sonrisa de costado que alguna vez Beth tuvo la oportunidad de presenciar en circunstancias muy distintas.
- No, nunca fuiste muy brillante .-
Monshine golpeó en el estómago a Beth, lo que hizo que se inclinara y que las rodillas se le aflojaran. De donde pudo sacó fuerzas para mantener la compostura pero era inútil, su cuerpo no le respondía.
- Ustedes dos, llevenla con el resto de las mujeres que van para el Alfa.- ordenó la pelirroja a los dos hombres que habían observado la escena desde la puerta principal de la sala.
Beth clavó su mirada llena de furia en Moonshine.
- Saldré de aquí, Moonshine y vendré por tí.
- Si, claro. Eres un borrego más entre tantos que alguna vez he asesinado. ¡Llévenla! - ordenó Moonshine demandante.
- Si Roja.- respondió el ex rugbier de 19 años. - Ven rubia linda, vamos a divertirnos un poco mientras tanto.- agregó mientras tocaba a Beth de forma obscena, quien luchaba por escapar sin fuerza suficiente.
Ante esa situación, Beth sintió un hormigueo en la base de la espina dorsal que le recorrió el cuerpo llenándola de una extraña quietud mientras el ruido y el caos se desvanecían en sus oídos hasta formar un leve zumbido.
En ese momento extrajo de la gastada vaina su filoso machete y se dirigió hacia el Rugbier que le da la espalda a unos pasos de distancia. Moonshine tenía unos segundos antes de que Dean o alguno de sus hombre reaccione. Unos segundos para que el rugbier se dé la vuelta y la vea. Le apuntó a la nuca con el machete y contuvo el aliento. El tiempo pareció detenerse. Apuntó y le encajó el machete en medio de la cabeza.
Durante un horrible instante, como un paciente de cirugía cerebral que sigue lúcido y semiinconsciente durante la operación, el joven permaneció erguido, de pie sobre unas rodillas titubeantes, de espaldas a su asaltante, apenas consciente de su propia muerte. Beth se alejó cayendo contra el suelo. A pesar de todas las cosas horribles que había visto, aún conservaba la capacidad de sorpresa.
Uno, dos, tres machetazos con el cuerpo en el piso, la sangre corre en el suelo y es absorbida por las alfombra color bordó.
- ¡DIJE QUE LA PERRA ES PARA EL ALFA! - gritó Moonshine moviendo el machete empapado en sangre y masa encefálica. - ¡SI ALGUIEN MÁS QUIERE PROPASARSE CON ELLA, SI ME ENTERO DE QUE HUBO UN SÓLO COMENTARIO FUERA DE LUGAR CON ELLA CUANDO LA LLEVAN, LE PASARÁ EXACTAMENTE LO MISMO QUE A ESTE PEDAZO DE MIERDA! - señaló Moonshine con la mirada fija en Dean quien no había demostrado más que satisfacción frente a su hermana, casi podía verse un orgasmo dibujado en su rostro.
- Ya escucharon a mi hermana… - dice Dean casi en un murmullo - ¡Todas las mujeres del alfa son intocables!
Beth observa la escena pero ya no se muestra perturbada y por primera vez siente como este mundo le ha arrebatado la inocencia para siempre.
