Y como les comentaba "La reconciliación" lo hice en dos partes, así la pueden parar y continuar el siguiente capítulo cuando deseen (así recibiré doble comentario no?) jajajaja
Bueno, sin más les dejo la 2ª parte...
El capítulo continúa desde la perspectiva de Sesshoumaru.
CAPÍTULO 54:
«RECONCILIACIÓN»
2ª parte.
Mis pensamientos se ven interrumpidos cuando siento la presencia de Kagome, es tan fuerte y penetrante que me es imposible no percibirla a pesar que no la pueda ver.
Mi cuerpo se estremece al tenerla cerca, ¿Debería de contarle lo sucedido? ¿Involucrarla en mi pasado? No, ella no tiene nada que ver en todo eso. Hasta este momento me percato que solo me he quedado con el pants sin camisa. Le he dicho a Kawamaru que lleve a su madre, a Enyu y a la pequeña diablilla pelirroja a cenar, a comer helado y a consentirlas, a pesar sus protestas de dejarnos solos, aceptó al ver que necesito un tiempo a solas a Kagome, por lo que ahora ella está a mi completa disposición y control.
—Súbete al piano Kagome —tiene un gesto de confusión, la primera noche el piano fue algo que tuvo mucho significado para ambos, esta vez no será lo mismo porque el sentimiento es más fuerte—. El anterior lo doné para que hicieran una subasta y que el dinero fuese a dar a un orfanato, a éste le hace falta tu olor —solo se queda parada viéndome, su respiración es agitada, mi dulce nena ya está excitada y yo junto a ella—. No te lo diré dos veces Kagome.
—Tienes que descansar, no quiero que hagas ningún esfuerzo innecesario —me acerco a ella despacio y de forma decidida, sé que se preocupa por mí pero no necesito que lo haga, lo único que quiero es que me obedezca y que me demuestre eso que tanto repite sin pensarlo dos veces.
—Lo que es innecesario es que estés frente de mí sin poseerte, y ni tú y ni una estúpida orden de Miroku me dirán que no puedo tenerte cuando yo lo desee —mi orden es tajante y sin admisión a discusión. No me gusta que me contradiga, eso me hace querer azotarla, pero todavía no está preparado para ello, debemos ir paso a paso.
Camina con cautela y sobre sus puntillas moviendo de manera intensa y provocadora sus caderas. Cuando llega al asiento escalando el piano hace sonar las teclas, ha sido una excelente idea que Kawamaru se haya retirado con toda su familia. Avanzo despacio hasta ella, mi cabeza vuela, podría hacerle infinidad de cosas allí arriba mientras se entrega en cuerpo y alma para mí, de hecho inclusive sería un buen sustituto del cuarto de juegos.
—Acuéstate —ella acata mi orden sin objetar, eso me gusta y me enciende, me calienta y me pone a niveles tan altos, que ni yo mismo pensé que podría lograrlo—. No vayas a levantarte Kagome.
La rodeo como un depredador a su presa, la saboreo y la degusto en mi mente, Kagome atada, Kagome vendada, Kagome siendo fustigada; casi de manera inconsciente me paso la mano por encima del pants acariciando mi erección. Me voy al cuarto de juego y lo abro. Abro el ropero y en una bolsa coloco un vibrador para ella y uno para mí, unos lubricantes, cuerdas, pañuelos y una venda, por si la llegásemos a necesitar.
No se ha levantado, ni siquiera su cabeza, está tan entregada a mi orden, a mi control que me está volviendo loco. Sus manos están pegadas a la tapadera del piano, sus muslos arriba apretando su sexo fuertemente, da un pequeño brinco casi imperceptible al sentir mi presencia el cual es bastante visible para mí.
Camino descalzo sobre la alfombra que aplaca el ruido. Me coloco a un extremo justo a su cabeza y me agacho para amarrar las cuerdas a las patas del piano, intenta quedarse quieta para conservar la orden que le he dictado, así que cierra los ojos para controlar su curiosidad. La agarro por las muñecas y le doy un beso a cada una para luego colocarle un pañuelo de seda en cada una y atarla, de manera suave pero firme para que no logre soltarse, todavía no estoy acostumbrado a su piel y no quiero dejarle ninguna marca.
Se muerde los labios conteniendo sus gemidos y su impaciencia, al terminar doy la vuelta para quedar frente a ella. Bajo la tapadera de las teclas, no necesito ningún ruido excepto el de nuestros jadeos y el de ella pidiendo porque no me detenga. He dejado que sus caderas se conserven en la orilla, justo para que me permita cualquier intromisión que yo desee y sin dificultad alguna.
Abre sus ojos al sentir mi presencia frente a ella, están llenos de deseos, lujuria y excitación. Agarro la punta de la camisa y la rompo con todas mis fuerzas tirando a un lado los pedazos. Su cuerpo desnudo y amarrado me proporcionan una visión de lo que quiero, de lo que deseo, de lo que me vuelve loco, en resumen, de lo que soy ¿Será que eso es lo que ella quiere o lo acepta solo porque soy yo? No tendría por qué molestarme, nunca lo ha hecho, si una mujer no aceptaba mi preferencia podía irse por donde había entrado, a ninguna la detuve y a todas las eché de mi lado, pero con ella... No puedo controlar lo que siento.
—¿Estás cómoda nena? —asiente sin decir nada, pero eso le debe de parecer extraño y quizás hasta un poco retorcido—. Recuerda que la sinceridad es lo primordial Kagome.
—M-mis piernas están un poco incómodas —su voz tiembla, me gustaría creer que es por deseo y es probable que eso sea, ya que sus muslos se empiezan a empapar con su excitación. Me siento y le doy un pequeño toque a sus tobillos haciendo que coloque sus pies en mis muslos, está completamente empapada, su sexo está completamente depilado, ella ha tenido mucho cuidado ¿En qué momento? Sería un imbécil si me distrajera con eso.
—Abre bien tus piernas Kagome —le ordeno y veo como su garganta se mueve mientras suspira y jadea cerrando sus ojos, asumo que intentando buscar el valor que tanto necesita para obedecerme—. Nunca debes tener vergüenza conmigo nena, eres mía —mis dos últimas palabras las pronuncio despacio y fuerte, con un tono de posesión que espero llegue hasta su cabeza, porque es mía y puedo hacer lo que desee con ella. Por estúpido que parezca, da un último suspiro y todo su cuerpo se relaja, inclusive los pequeños temblores que sentía al calor de la planta de sus pies, los logra controlar.
Recorro con un dedo los pliegues de sus muslos, lenta y de forma delicada, su cuerpo se eriza y puedo escuchar como suelta un pequeño gemido de placer, su vagina se contrae, me llama, me indica que necesita que desplace mis dedos allí, así que lo hago. Atravieso su húmeda abertura solo con la yema del dedo.
—Preciosa —le aseguro casi sin pensar, está tan excitada que todavía no concibo como se encuentra así cuando ni siquiera la he tocado, está maniatada por mí y aparentemente eso la excita ¿Será de verdad ésta mujer?—. ¿Por mí? —pregunto incrédulo dibujando pequeños círculos en su abertura, mi dedo se moja tanto que logro llegar con dicha humedad hasta su pequeño ano para mojarlo también. Otro gemido e inclusive mi pene se mueve dentro de mi pants, bastardo deseoso.
—Solo por ti amo —¡Joder! Escucharla decir eso me excita y veo que a ella también, ha entendido a la perfección nuestro juego sin necesidad de explicárselo o pedírselo, su entrega me llega más adentro de lo que ella piensa. Sus senos se endurecen y sus pezones junto a ellos.
—Bien —su ano está completamente húmedo y me invita a que lo posea. Sin decirle nada meto mi dedo meñique y ella se arquea intentando gritar pero al instante se contiene.
—Ka-Kao... Kaoru —mi dedo continúa trazando círculos, entrando y saliendo de su ano, de su preciosa vagina salen sus jugos de excitación demostrándome que es todo placer lo que está sintiendo. Su cuerpo vibra, su ser entero vibra.
—Kawamaru se ha llevado a su familia a cenar, estamos completamente solos nena —me parece considerado que piense que esto no lo podría ver la pequeña sin causarle un trauma, por eso detesto a los niños, son sucios, llorones y completamente inoportunos ¡Mierda! Me desconcentro, debo de dejar de pensar en ello de inmediato.
Saco mi dedo y coloco sus piernas en la tapadera del teclado del piano y desaparezco del plano de su visión. Revuelve sus caderas suplicando por más. Tomo un bote de la bolsa y un encendedor, caliento su interior y la cera burbujea al instante, en esta ocasión se la aplicaré directamente con mis dedos, necesito sentir ese dolor también.
—¿Lo recuerdas Kagome? —ella voltea su cabeza a su lado derecho a donde me encuentro mordiendo sus labios, al reconocer el frasco y al entender su significado su respiración se agita—. ¿Tienes miedo?
—No —su respuesta es tan inmediata y llena de seguridad que no me cabe duda que así es. Lo está esperando, lo está deseando—. Confío en ti.
Esas tres últimas palabras me rompen en mil pedazos, ella lo ha entendido, nada de lo que pueda hacerle sería para dañarla, sino que muy al contrario para que lo disfrute.
Tomo un poco y lo derramo primero en su pezón izquierdo, el dolor es una punzada que se penetra en cada poro de la piel, le toco el pezón, se lo acaricio, se lo esparzo por todo su seno y luego todo desaparece convirtiéndose en un placer adictivo ¡Diablos! La necesito, quiero estar adentro de ella lo más pronto posible.
—¿Todo bien nena? —no termina de asentir cuando introduzco su pezón en mi boca para luego dejar que mi lengua se deleite con el placer de tenerla, de sentirla.
—¡Oh Dios! —grita al sentir como ataco su pezón sin piedad. Lo chupo, lo succiono, lo estiro y lo muerdo, vuelvo a repetir la acción dos veces más y me detengo, si continuo podría ceder ante mi propio juego, así que me concedo unos segundos para tranquilizarme. Al rodearla ejecuto la misma acción en su otro seno. Sus gemidos se incrementan, al igual que el temblor en su cuerpo que está gritando porque lo posea.
—Tranquila nena, todavía falta —le susurro suavemente. Veo que intenta moverse olvidando sus ataduras, pero lo único que consigue es regresar su espalda a la posición original.
Aparentemente la cera en su cuerpo le da una especial excitación que estoy seguro que ni siquiera ella entiende, pero al parecer no lucha ni discute con el sentimiento. Me separo dejando caer un chorro en su ombligo, de manera instintiva intenta sentarse pero se regresa al mismo instante.
Muero porque me pida más, que suplique para que no me detenga, con solo ese pensamiento mi respiración se agita. Me alejo de ella rodeándola, indefensa y entregada para mí, mis labios rozan delicadamente sus muñecas, soplo sus palmas y luego le doy una pequeña mordida a la derecha. Ella da un respingo.
—¡Ah! ¡Sesshoumaru! —grita sin piedad.
—Shhh —susurro para tranquilizarla y luego dirigirme justo a donde ella tanto necesita. Me siento abriendo sus piernas y de un solo golpe mi lengua se aloja en su hinchado y húmedo clítoris, lo succiono y me embriago con su dulce sabor.
De sus preciosos labios salen gemidos que nunca esperé escuchar pero que deseé desde el momento en que la vi en la entrevista con Miroku. Creo que va a decir algo, pero no la dejo que hable, meto mi lengua en su intimidad y puedo deleitarme de lo más profundo de su ser.
—¡Diiiiios! —vuelve a gritar completamente enloquecida.
—Eres exquisita Kagome, tu sabor es... Adictivo —mi lengua masajea su clítoris haciendo círculos justo en ese punto en donde sé que ella puede casi saltar de alegría, su cuerpo lo conozco de memoria, practicar el sistema braille en ella debería ser bastante sugestivo, tal vez otro día.
Detengo mis acciones para tomar el bote de cera mientras ella intenta dirigirme alguna mirada de confusión y reclamo, pero una vez más detengo sus preguntas al instante en que siente como una pequeña e ínfima gota de cera impacta directamente en su clítoris.
—¡Ahhhh! —grita a todo pulmón y chupo con fuerza su clítoris, su cuerpo se contorsiona de tal manera que estoy seguro que está a dos segundos de soltar su descarga—. ¡Dios! ¡Sí! ¡Sesshoumaru! ¡Sí! —sus gritos me impactan directamente en el bulto que esconde mi pants, estoy tan duro que duele cada parte de mi intimidad por contenerme tanto, pero ella lo vale.
Soplo con cuidado ese botón rosa e hinchado que pareciera moverse solo y me retiro, sus ojos preguntan de manera desesperada el porqué de mi retirada y sonrío de manera diabólica, he detenido su orgasmo a pocos segundo que estallara, está impaciente pero sobre todo muy entregada. Pego mi barbilla a su vientre y la observo conteniéndome una vez más.
—Eres mía Kagome, en cuerpo y alma.
—S-sí... Sí, Señor Sesshoumaru.
—Si quiero que te corras, te correrás, si quiero que lo retenga, lo harás —vuelvo a meter mis dedos en su húmedo sexo, se arquea instintivamente al sentir la presión en su interior. Está tan al límite que estoy seguro que las contracciones en su vientre le resultan dolorosas, pero ella puede con esto.
De pronto me inunda un pensamiento, algo que nunca he hecho, aunque a decir verdad todo lo que hago con esta mujer es tan espontáneo y fuera de mi propio control que me asusta. Pero sonrío.
—Múdate conmigo Kagome.
Intenta sentarse olvidándose por completo de sus ataduras, pero éstas la regresan una vez más a su posición, está completamente a mi disposición y soy un bastardo por exigirle algo como esto, pero inclusive si yo pudiera pensarlo mejor ni siquiera me lo plantearía, pero ella me ha demostrado que dentro de mi vida de perfección, mente fría y calculadora, hay ciertas cosas espontáneas que nos podrían alegrar, justo como aquel primer desayuno con que me recibió el primer día que amaneció aquí.
Saco mi dedo de su vagina y le meto el anular en su ano, debería de estar acostumbrada a que nunca le pediré permiso para nada, porque es mía, porque ella me necesita tanto como yo.
—¡Ah! —gime al sentir como un chorro de cera cae por su vientre y se va dispersando por sus caderas, es cierto, no la dejo que lo piense y eso me excita. Kagome no es una sumisa que dirá que sí a todo y dejarla sin armas es totalmente embriagante—. ¡Oh Dios! ¡Penny!
—Lo hice mal la vez anterior, lo reconozco, no deseo que vivas a un lado de mi casa, quiero que vivas aquí conmigo.
Sí, ese pent-house es de ella, Jaken hizo todos los preparativos para que ella fuese la dueña, pero no la quiero lejos, la quiero cerca, la necesito junto a mí para que mis dudas no regresen, para que nada ni nadie nos pueda alejar. Bajo mi pants y mi bóxer de una sola vez, mi erección da un respingo agradeciéndome por la liberación.
Acerco la punta de mi hinchada verga a su hendidura, ella remueve las caderas intentando que la penetre de un solo golpe, pero solo la roza y luego me aparto, todavía no me ha respondido y estoy dispuesto a dejarnos sin un orgasmo hasta lograr lo que quiero.
—Pero qué...
—Múdate Kagome —meto suavemente la punta y veo cómo se abre su pequeña hendidura, es la visión más erótica que he visto en toda mi vida. Su respiración se agita y me aprieta con sus músculos intentando enrollar sus piernas alrededor de mis caderas, el dolor que me provoca aunado al que ya tengo por contenerme es tan placentero que podría estallar solo con moverme—. ¡Mierda Kagome! Eres demasiado hermosa.
Intento salir y entrar de su interior de manera tan lenta que ella pueda sentir como la desgarro y que en lo único que pueda pensar es que necesita su orgasmo, pero no cede, mi pelinegra es más testaruda que yo.
—Me estoy impacientando Kagome —se muerde sus labios, por lo que me da a entender que no está segura de ello, estoy seguro que está poniendo los pros y los contras, que es demasiado rápido, qué pensarán de ella, etc. Así que no me queda más remedio que hacerla entrar en razón.
Me salgo de su interior y me regreso a la bolsa, aún no he utilizado ninguno de los vibradores ¿Debería de utilizar el de ella o el mío? Tomo el anillo vibrador y me parece más interesante. Regreso a mi antigua posición frente a ella, necesito que me vea y lo consigo, con sus gestos me indica que nunca ha visto nada igual y que su curiosidad está a punto de salir, pero no pregunta nada. Le doy vuelta al artilugio metálico que activa la vibración y empieza casi a saltar en la palma de mi mano.
—Es un vibrador para pene con un estimulador para clítoris nena, es para que los dos podamos obtener un placer más allá de la imaginación —apago el aparato para colocarlo en toda mi extensión ¡Maldita sea! Estoy tan excitado que he superado mis propios límites, estoy más ancho que en ocasiones anteriores lo que me causa dolor al deslizarme el vibrador, es una fortuna que estoy tan húmedo gracias a ella que logro llevarlo a la base.
¡Mierda! Si ella no cede, creo que lo terminaré haciendo yo, pero es imposible, siempre consigo lo que me propongo. Me masturbo lentamente frente a ella, se pasa la lengua por sus labios y luego se los muerde, niega una y otra vez, está claro que está desesperada por tocarme.
—¿No qué, nena? —¿No se quiere mudar o no quiere que lo haga? No lo sé pero estoy dispuesto a averiguarlo, mi lado sádico se soba las manos.
Me acerco a su lado izquierdo agarrando su mandíbula para ponérsela a la altura necesaria y que pueda atacarme con su boca como sé que ella lo necesita, pero en lugar de eso introduzco mi lengua con avidez coronándome como si fuese un rey conquistador, jadea, gime y tiembla de placer a cada instante.
Me aparto de su rostro y me introduzco en sus profundos ojos color chocolate intentando meterme en su alma, nunca antes he profundizado tanto en los sentimientos de una mujer, nunca me ha importado; pero ella me deja, me pone su corazón en bandeja de plata ofreciéndolo como un buen tributo, en algún momento creí que era una maldición su virginidad pero ahora me he vuelto tan posesivo que mataría a cualquiera si la tuviese a su merced como yo la tengo. Me aferro a su pezón izquierdo aprisionándolo con mis labios, mordiéndolo y chupándolo con fuerza. Pero es suficiente, necesito que ella ceda, quiero tenerla para mí.
—¿No vas a mudarte? ¿O no quieres esto? —me muevo colocándome de nuevo frente a ella. Enciendo el vibrador y el aparatito hace maravillas en mí, me masturbo al sentir la vibración ¡Joder! Esto es extremo, nunca antes lo he utilizado aunque ya lo tenía en mí reportorio, pero estoy seguro que no será la última—. ¡Mierda Kagome! ¡Ah! Quiero esto contigo nena.
Es imposible, no resisto más y quiero que ella también lo sienta. Meto de un solo golpe mi pene llevando el vibrador hasta su clítoris mientras ella da gritos placenteros enrollando sus piernas en mis caderas ¡Maldita sea! Esto es lo más fascinante que he probado en toda mi vida.
—¡Dios! ¡Sesshoumaru! —estoy a punto igual que ella, por eso me salgo y me masturbo mientras la vibración hace maravillas en mí, creo que exploraré más la tienda en donde lo he comprado de casualidad, quizás tengan algo nuevo para jugar—. Por favor... Sesshoumaru... —sí, suplícame Kagome, hazlo. Ni siquiera noto como mi propia mano incrementa su intensidad.
—Si pudiera pondría mi verga en tu boca y haría que tragaras toda mi leche caliente Kagome.
—Entonces... Desátame por favor para que pueda hacerlo, por favor, Señor Onigumo.
—Nena, tú tienes el poder de decidir —muerdo nuevamente su clítoris, lo estiro, lo chupo, hago círculos con mi lengua y vuelvo a repetir toda la acción.
—¡Dios! ¡Sí! ¡Sí Sesshoumaru! Me mudaré ¡Me mudaré! —grita desesperada mientras mi sonrisa se corona en mi rostro. Apago el aparato y con dificultad lo saco, ha cedido y ahora la tengo toda para mí, no quiero compartirla con nadie, ni siquiera con el vibrador. Lo tiro y la miro directamente a sus ojos, sus pupilas están tan dilatas que no sé si ha perdido el control de sus propios actos.
—Respira nena, esto no va a ser rápido pero si muy placentero.
La embisto de un solo golpe mientras ella da un grito ahogado de dolor y felicidad. Me aferro a sus caderas como si fuese un náufrago a un salvavidas. Entro y salgo sin compasión, me hundo en su interior rasgando cada músculo y cada pared que se comprime con mi intrusión, lo repito una, dos, tres y cinco veces más. Me salgo por completo, succiono su clítoris y luego la vuelvo a poseer.
—¡Oh S-Sesshoumaru! —mi nombre se escucha diferente en sus gritos de placer en lujuria. La vuelvo a agarrar de sus caderas y la embisto con tal brutalidad que ella alcanza el clímax mientras yo también lo hago derramando toda mi caliente liberación en su interior.
¡Maldita sea! ¡Pero qué sesión! No resisto por llevarla al cuarto de juegos y volverla a hacer mía, pero su cuerpo me indica que es suficiente por el día, sus ojos se van cerrando poco a poco, está completamente exhausta. Me salgo con cuidado y me acerco a ella para darle un beso en sus labios, lo ha hecho de maravilla.
La reconciliación ha sido todo un éxito.
