Capítulo LIV

Solo había estado una vez en ese lugar y no fue muy placentera. Sin embargo, y a pesar de los dos años que transcurrieron, recordaba a la perfección el camino hasta la habitación circular. Y es que no era para menos. Había vivido allí las dos experiencias mas traumatizantes de su corta vida. cargaba en su mochila, los objetos que esa tarde había tomado de la habitación de Sirius, además de la poción que debían, según Luna, tomar. La capa invisible lo cubría solo a él, debido a que Luna podía pasar desapercibida en su forma de picaflor, pero él era un caballo halado.

La última esquina y eureka, la puerta que permitía entrar al cuarto circular. En ese momento se descubrió la cabeza y Luna volvió a su forma humana.

"Me siento algo mal por no poder haberle dicho a Ron." – Se sinceró Luna.

"créeme que así es mejor Mole" – Tomó la perilla y la giró para que ambos pudieran entrar. – "¿Recuerdas el hechizo de Hermione?"

"Síp, yo pruebo aquí y tu aquella." – Luna caminó a la primera puerta no antes de marcar la de la salida. En cuanto la habitación dejó de girar cada uno atravesó la puerta designada.

"No es esta. " – Confirmó Harry al salir del cuarto del tiempo, y marcado la puerta.

"Tampoco esta. Era la del estanque con los cerebros" – Explicó ella frunciendo el seño recordando ese año. La habitación volvió a girar y ellos a elegir otro par de puertas. Harry ingresó precisamente a la habitación en donde descasaban las miles de profecías y no decidió dar mas de dos pasos para regresar, marcando la puerta una vez más. Antes de cerrarla encontró la Luna pateando la puerta que se suponía debía haber abierto.

"¿Luna?"

"Es la maldita puerta que no se decide a abrir." – Se quejó. Acto seguido dio un suspiro y marcó la puerta observando como Harry hacía lo mismo. – "Vamos a las siguientes dos"

"Aquí" – Anunció Harry, abriendo la puerta y reconociendo el lugar casi al instante.

"bien, hay que darnos prisa, solo faltan diez minutos para la media noche." – Apresuró Luna, entrando a correr bancos abajo hasta llegar al pie del velo. – "Harry, no los escuches" – Advirtió serena.

"No, vamos." – Harry dejó la mochila en el suelo junto a Luna y abrió el cierre para tomar las cosas necesarias, mientras que Luna tomaba de su bolsillo un pergamino viejo y amarillento. – "¿Qué hay que hacer?"

"Lo primero será preparar la poción..."

"Creí que ya estaba lista"

"Lo está, pero es como la multijugos, hay que agregar el ingrediente al final. Toma de la bolsa de terciopelo, las tres hojas de bambú seco y échalas en el frasco. Cuenta cinco segundos y bátela." – Harry asintió realizando lo que Luna le había dicho que hiciera.

"Uno... dos... tres... cuatro... cinco" – Harry entonces comenzó a batir la poción hasta que el frasco se tornó de un color rosa fuerte.

"Espero que no te importe el color." – Bromeó la chica.

"Vamos Mole, no hay tiempo." – Harry corroboró con el reloj de pulsera de ella. Casi al instante la primera campanada sonó. Harry tomó la mitad del frasco entregando a Luna el resto para que también lo bebiera.

"El hechizo" – murmuró ella. Harry se colocó junto a ella y en cuanto la tercera campanada de oyó ambos empezaron a recitar las palabras que allí estaba escritas. – "Freu dermac gis tyio a ser tsamer bopza dimar geruom... trea bui sis ger zasrea homus viverum cae limbo yaz" – Harry tomó el espejo justo cuando la quinta campanada se dejó de escuchar y lo arrojó hacia el velo. El espejo lo atravesó en el instante en que la sexta campanada comenzaba. – "Ahora es tu turno Harry"

"Sirius, Sirius, responde" – Harry llamaba por el otro espejo. – "Quiero hablar con Sirius Black. Sirius Orión Black" – Nada, y ya estaba sonando la octava campanada. – "Vamos, Padfoot, te necesito. Todos lo hacemos, vamos regresa amigo." – La novena, y Luna se volteó hacia la parte superior del cuarto, sintiendo la presencia de alguien allí.

"no te detengas Harry"

"Sirius, vamos... te necesito aquí... las cosas están mal y quiero que regreses...vamos, deja ese lugar, vuelve con los que te aman..."

"¿James?" – Harry logró ver neblina en el espejo pero supo que esa voz era la de Sirius... Décima.

"Sí, soy yo, Padfoot. Vamos hermano, regresa con nosotros."

"James" - La voz sonó un tanto más fuerte. – "no, James, está muerto..."

"Sirius, te ordeno que salgas de ahí, quiero que vivas para que conozcas a mis hijos, James y Lily quieres saber quien eres, vamos Sirius..." – Onceava. – "SIRIUS VAMOS, VUELVE CON NOSOTROS, SUSAN TE ESPERA TAMBIÉN, Y REMUS TE NECESITA, YO TE NECESITO... SIRIUS... ¡SIRIUS!" – La doceava campana se escuchó y Harry vio como la neblina se perdía. – "¡SIRIUS!" – Gritó con todas sus fuerzas, cayendo de rodillas al suelo y cerrando los ojos con fuerza para detener la caída inevitable de sus lágrimas de derrota.

"Ya, ni que fuera sordo, Harry" – Harry levantó la cabeza y aunque la vista fuera muy borrosa, reconocería ese cuerpo en cualquier lado, su cabellera negra y larga, pero sobre todo esa voz que era tan peculiar.

Quiso dar un paso pero sus fuerzas no se lo permitieron y cayó al suelo. Harry corrió en su ayuda resbalando un poco.

"Volviste Sirius"

"No me perdería por nada el crecimiento de tus pequeños Harry" – Sonrió de lado, demasiado cansado.

"Espera, tengo ropa limpia para ti. Y tu varita"

"Harry, la seguridad del ministerio nos detectó. Hay que salir de aquí." – Luna venía apresurada.

"Bien, aparezcamos..."

"No.. no podemos, dentro del ministerio, Harry" – Apresuró a decir Sirius que aún le costaba el mantenerse de pie y estaba apoyado en su ahijado.

"Sí podremos. Mole, te espero en la Cabeza de Cerdo." – Luna sonrió inclinando la cabeza un poco y con un guiño desapareció.

"¿cómo es que...?"

"Luego Sirius. Sostente del banco, debo recoger las cosas." – Harry tomó su mochila e introdujo las pertenencias que habían dejado afuera. La capa se la pasó a Sirius y la mochila se la colgó en la espalda. – "Solo piensa en el Cabeza de Cerdo, no dejes que nada mas entre en tu mente." – Sirius asintió despacio, cerrando los ojos con fuerza intentando memorizar el lugar del que Harry hablaba. Sintió la mano del chico en su hombro y una leve brisa mover sus cabellos. – "Sirius." – Murmuró Harry apretando el agarre en el hombro del aludido. Sirius lentamente abrió los ojos. – "Ya estamos a salvo"

¿"como...?" – Pero esas fueron sus últimas palabras. Se desmayó antes de terminar la pregunta. El chico negó con una sonrisa en su rostro. Al menos ahora había recuperado algo que tanta falta le hacía.

"Será mejor que te lleve al castillo." – murmuró en el aire, y con un simple movimiento de varita Sirius quedó suspendido en el aire como si fuera cargado por una camilla invisible. Lo cubrió con la capa y caminó hacia el castillo Hogwarts.

"Tagus, estas en serios problemas" – La voz de Luna era sumamente burlona y parecía disfrutar de lo que ella estaba segura, sucedería. No pudo entrar mas de un par de pasos en el Hall de entrada.

"¿qué cosa?"

"¡Harry James Potter!" – Minerva McGonagall, seguida de Molly Weasley, Susan Grin, Hermione, Ginny, Tonks y para su gran sorpresa, Madame Pomfrey.

"buenas noches damas" – Sonrió nervioso Harry intentando ocultar su varita que aún sostenía a Sirius.

"Harry Potter, desperté y no estabas por ningún lado, tuve que llamar a Minerva y a la señora Weasley. ¿En que estabas pensando?" – El seño fruncido era característico en la profesora, y en la señora Weasley, aunque la mayoría de las veces no estaba dirigido a él. También solía estar presente en Madame Pomfrey e incluso, de vez en cuando en Hermione... pero allí estaba también Ginny con sus brazos cruzados en el pecho, Tonksgolpeaba el suelo con su pie y sus brazos en jarra, y la profesora Grin parecía fulminarlo con la mirada.

"Lunita de mi alma.¿Hay algo que no les has dicho?"

"Oh, es que esperaba que tu lo hicieras, después de todo, tu cargas con el paquete ¿no?"

"¡Luna!" – Le retó Harry. Pero aún así no podía sacar su sonrisa del rostro. Y esto pudo descifrarlo la profesora Grin.

"Harry¿qué sucede?"

"Es que... fue idea de Luna" – Le arrojó Harry burlando a Luna.

"¿qué?"

"¡Luna¿qué haces aquí? Creí que estarías en tu casa... esperen un momento. ¿qué diablos está pasando aquí?"

"Bien, creo que debemos explicarles Mole"

"¿no sería mejor que vayamos primero a la enfermería? De esa forma tu brazo no se acalambrará"

"buena idea... ¿vamos?" – Harry entró a encabezar la caravana seguido de Luna.

Mientras se dirigía a la enfermería se fueron sumando personas, léase como Draco y Ron quienes fueron despertados por Ginny y Hermione para encontrar a Harry, también estaba el señor Weasley, que fue obligado a buscar también por su esposa, Remus que estaba del otro lado del castillo buscando y que con sus sentidos desarrollados logró alcanzarlos y finalmente Dumbledore a quien fue a buscar Ginny por orden de Minerva.

"¿Se puede saber que estamos haciendo en la enfermería?" – fue la pregunta de Ron que entendía menos que ninguno, o mejor dicho que entendía nada, como el resto.

"Sí, se puede." – Harry apuntó con su varita a la primera cama y los presentes notaron como nada hacía presión sobre las sábanas blancas. Acto seguido Harry movió su brazo para despertarlo. – "La cuestión es la siguiente... Luna pudo encontrar el hechizo el cual nos mencionaste Mione, y por pedido mío se encargó de la investigación de ese asunto"

"¿Qué asunto?" – Preguntó Remus que se encontraba extraño, porque podía sentir un olor muy conocido por él y que no podía relacionar con nada que allí estuviera.

"pero solo se podía realizar hoy, a media noche... así que Luna y yo nos reunimos para ponerlo en práctica" – Siguió Harry sin prestar atención a Remus.

"Harry" – fue esta vez Tonks.

"así que. Nos dirigimos a destino, no antes de tener los ingredientes. Que cuidadosamente Luna se encargó de conseguir a costa del benefactor número uno de Hogwarts, alias profesor Snape." – Se burló Harry. – "El caso es que, tuvo que preparar una poción, y luego recitar el hechizo, finalmente, el interesado lanzaría uno de los espejos y llamaría al destinatario. Que tendría solo hasta la doceava campanada para volver..."

"Harry Potter, si quieres darnos una explicación, te aseguro que no lo estás consiguiendo. Así que por el amor a todo lo mágico, explícate en español." – Se quejó Susan Grin algo exasperada.

"Mole ¿quieres?"

"No se porque eres tan complicado Tagus." – Luna respiró profundamente y largó el aire con mucho ruido. – "Trajimos a Sirius Black de vuelta"

No hubo un solo sonido. Harry amplió su sonrisa y Luna también. Hermione estaba pálida, Susan Grin muda, Remus pasaba incontablemente sus manos por el cabello, Minerva parpadeaba muy seguido, pero fue Dumbledore quien rompió el silencio.

"Harry, Luna... ¿Ustedes hicieron que?"

"Es verdad, pero pronto nos descubrieron y tuvimos que salir de allí." – contestó Luna

"¿Cómo?"

"Nos aparecimos, claro. ¿De que otra forma sino?" – Le respondió nuevamente, ahora al señor Weasley.

"¿Desde el Ministerio?"

"Sip." – Luna sentía rápidamente.

"Esto es... es..." – Remus que había creído encontrar su voz nuevamente, no sabía como hacerse expresar. Harry dio un par de pasos y se acercó a esa cama. Colocó su mano sobre el aire y simuló tomar algo. Pronto la cama que parecía carga la nada, estaba ocupada por el cuerpo de un durmiente Sirius Black.

"Creo que... creo que, ay, no se que creo" – Dumbledore si rió de la incapacidad de hablar coherentemente. Nunca le había sucedido algo semejante en todos sus años. acomodó sus gafas en forma de luna y suspiró. – "Poppy. ¿crees que puedas ver si está en condiciones?" – Preguntó aún asombrado.

"Supongo" – Susurró la enfermera.

Albus Dumbledore nunca había visto algo así, Harry Potter había superado sus expectativas desde hacía tiempo y cada vez que creía que ya nada nuevo podía sorprenderlo el muchacho volvía a impresionarlo. Vio caminar de un lado a otro de la enfermería a Madame Pomfrey, mientras cargaba con unas cuantas pociones y otras tantas cosas.

"Voy a necesitar algo de espacio y silencio. Así que todos fuera, fuera vamos" – Dijo volviendo a su estado normal de ánimo. Los presentes salieron del lugar en completo silencio y sin argumentar, Harry estaba exhausto y aunque no estaba en él demostrarlo hasta que Sirius despertara y le revolviera el cabello, solo se dedicó a suspirar.

El enfado de las damas ya había pasado a la historia y los hombres que habían estado buscando a Harry por todo el castillo ahora estaban inquietos por saber del estado actual de Sirius Padfoot Black.

"no puedo creerlo, Hermano." – Dejó salir Ron. Harry estaba esperando esa frase. Siempre la esperaba cada vez que algo sucedía, con lo que sea. Y el pelinegro se alegró que esta vez no fuera la excepción. – "Es que, es algo fuera de serie. Algo que pasa una vez cada mil años"

"En realidad, es la primera vez que sucede Ron." – Explicó Hermione que aunque estaba escuchando la conversación no dejaba de ver hacia la puerta cerrada de la enfermería. – "Siempre se tuvieron hipótesis pero nunca se llegó a llevar a cabo dado que debía haber algo que pudiera comunicar el mundo de los vivos de aquel limbo."

"Y ¿Eso sería?" – Fue la pregunta incompleta de Draco.

"Los espejos." – Respondió Harry. – "Hacía tiempo, limpiando la casa de Gimmauld place encontramos uno del par de espejos de mano." – Harry rebuscó en la mochila que hasta recién se dio cuenta que aún cargaba. Le entregó los espejos a Draco y continuó la explicación. – "Mi padre y Sirius, utilizaban este par de espejos para comunicarse entre ellos cuando tenían castigos distintos. Sin embargo habían hecho un tercer espejo cuando se dieron cuenta que Snape los había descubierto y lo dejaron estratégicamente en un lugar para que lo encontrara y pensara que era solo un simple espejo."

"Entonces, el espejo que Sirius te dio cuando entramos a Quinto..."

"Si Ron. Era el espejo que había tomado Snape. Tenía los tres juntos y no supo distinguir cual era cual y seguramente creyó que el que me había dado era el verdadero."

"Es por eso que no podías comunicarte con él." – Concluyó la colorada que tenía su mentó apoyado en el hombro de Draco y observaba el espejo que él tenía.

"Exactamente. – Asintió Harry.

"Pero aquí solo hay dos espejos."

"El tercero lo tenía él encima. Sin embargo no podía comunicarme con él con ninguno de esos espejos así que, busqué el mismo hechizo que utilizaron ellos y hechicé al tercer espejo, que era el que yo tenía, para que pudiera funcionar" – Explicó calmado observando ahora uno de los pequeños espejos que tenía en sus manos.

"Corríamos con el riesgo de que el espejo que Sirius tenía con él pudiera estar roto así que debimos hacerlo." – Finalizó Luna.

"Eso fue algo muy inteligente chicos" – Los seis chicos que estaban un tanto más alejados del resto se voltearon par encontrarse con las miradas de todos los adultos que no habían dejado de prestar atención a la explicación de Harry y Luna. – "Creo que nunca se me hubiera ocurrido hacer algo así" – confesó Dumbledore. – "De veras creo que el alumno supera al maestro en algún punto, pero nunca creí que todos ustedes pudieran superarme en tan poco tiempo, aunque, diciendo la verdad, la vejez me ha dejado fuera de carrera."

"Albus" – Se quejó Minerva. Pero debió acordar con Albus en una cosa, esos chicos ya no eran niños. Las vivencias de cada uno han hecho que crecieran a personas más eficaces. Capaces de resolver propias situaciones y que además, como grupo fueran inseparables... eso iba a traerles serios problemas algún día.

La puerta de la enfermería se abrió dando lugar a una cansada pero sonriente enfermera. Asintió al director y dio a entender sin palabras que Sirius estaba en perfectas condiciones.

"¿Podemos pasar?" – fue lo que preguntó Harry.

"Adelante" – Asintió la mujer. Ninguno se movió de su lugar con la excepción de tres personas. Remus, Harry y Susan fueron los únicos que entraron. – "Está descansando por voluntad propia, no le he dado nada. Tampoco se ha despertado a pesar de los estudios que he realizado." – La enfermera negó levemente. – "Está más sano de lo que creí. Coloqué una poción junto a la mesa de noche, deberá tomarla cada seis horas para que recupere su peso ideal. Pero fuera de eso y su cansancio, está muy bien."

"Me alegro mucho de eso." – Dijo Dumbledore.


Era de mañana, de eso no había duda alguna, ya que el sol parecía estar desesperado en informar de la hora actual. El sonido en el gran salón era de esperarse, había muchos chicos allí, y ni siquiera era primero de septiembre. No. Esos chicos estaban allí para ser entrenados y preparados para la batalla que estaban por vivir dentro de muy poco tiempo.

Harry no había despertado aún, y la mayoría de los presentes en el gran salón esperaban impacientes la llegada del muchacho. Las mesas había dejado su forma para adaptarse a una mejor proporción. Ya no se trataba de Gryffindor con Gryffindor, Ravenclaw con Ravenclaw, Hufflepuff con Hufflepuff y claro, Slytherin con Slytherin. En este preciso momento, todos eran parte de una sola casa, Hogwarts. Y era momento de que todos fueran tan unidos como lo eran en clase con sus compañeros de casa. Así que se decidió implementar una nueva forma de comida, una gran mesa redonda, hueca. Ahora, nadie era mejor que otro, porque todos tenían el mismo propósito en la vida, terminar con este desastroso mundo y reemplazarlo con el que siempre debió estar.

Sin embargo, y a pesar de que la mesa estaba atestada de alumnos entre catorce y veinte años, a pesar de todos estar al tanto de lo que estaba sucediendo, había algo que no comprendían. No había ningún adulto a la vista. Nadie, ni siquiera Dumbledore, ni siquiera McGonagall, y mucho menos el indeseable de Filch y su gata. Solo estaba los antiguos y nuevos miembros del ED. Los graduados y no graduados. Aquellos que ya pertenecían a la Orden y los que no tenían ni idea de la existencia de dicha organización.

Los más cercanos a Harry, es decir, Ron y Hermione, observaban en silencio a la mesa, a los ocupantes y claro está, a la puerta.

"¿Qué crees que haya sucedido? Harry no es de llegar tarde" – Preguntó Ron, acercándose a Hermione ya que los separaba un asiento vacío. El de Harry.

"Vamos Ron, Harry siempre llega tarde. Es su costumbre" – Miró a la puerta una vez más y volvió a Ron. – "Además, creo que se quedó en la enfermería con Remus y la profesora Grin"

"Es verdad. ¿No volvió a la sala?"

"No, así que supongo que aún debe estar allí" – No fue que terminó la frase que Harry apareció en el comedor con la misma ropa de ayer y con el rostro muy cansado pero con una gran sonrisa que no se evaporó cuando vio a todos los chicos hablando entre ellos. Nadie se percató de su llegada hasta que se sentó entre Ron y Hermione.

"Parece la mesa redonda del rey Arturo ¿verdad?" – comentó Harry.

"Y tu eres ese Arturo" – Respondió Hermione

"Hermione es Guinibege y yo Lancelot... no, mejor Kay, Lancelot termina traicionando al rey por la reina" – Se corrigió Ron y acto seguido los tres comenzaron a reír tan alto que la mesa fue quedando en silencio.

"Harry" – Llamó Dean unos asientos hacia su derecha. – "¿Dónde estabas?"

"Estaba, ocupado... pero ahora no." – Respondió. Luego se quedó en silencio recordando el porque de la presencia de casi del 80 por ciento del alumnado de Hogwarts en vacaciones. – "Lamento la tardanza. Ya que estamos todos aquí, será mejor que comencemos con esto." – El silencio se hizo más pesado y Harry aguardó unos momentos para mediar sus siguientes palabras. – "Estamos en una encrucijada. La batalla esta tocando la puerta y nosotros vamos a responder. Eso no quiere decir que tengamos las de ganar. Y creo que ahí es donde reside el problema. Ellos son más, y más poderosos." – Harry miró a Hermione y ella entendió enseguida, tomando la palabra.

"El-que-no-debe-ser-nombrado, tiene un poderoso aliado. Uno tan poderoso que no es capaz de ser destruido."

"¿Cómo vamos a hacer entonces?" – Preguntó una muchacha de Hufflepuff.

"Hoy tienen la posibilidad que muchos no han tenido nunca." – La voz serena pero seria de Fred Weasley los hizo voltear. No era para nada común ver a uno de los gemelos de esa forma. – "Les dirán la verdad, algo que por experiencia propia, he deseado saber y que solo recién ahora puedo comprender. Les están dando la posibilidad de escuchar y formar parte de lo que viene. Por favor¡hagan silencio!" – Como si fuera una película muda, nadie dijo nada y solo se dirigían miradas entre ellos.

"Gracias" – Dijo dudosa Hermione y Fred sonrió asintiendo con la cabeza. – "Como decía, este ser se hace llamar El Primero. Es, en realidad no es algo viviente. Adapta la forma física de todo aquello que haya muerto y tiene una gran capacidad de controlar las emociones humanas. Además de eso, tiene seguidores que se caracterizan por vestir túnicas,cual monjes, y llevar los ojos cocidos. Realmente escalofriante."

"Hay una forma de... detenerlo." – Continuó Ron más serio que nunca. – "Este ser, es el enemigo nato de una raza de personas, nacidas en una isla en especial. Las islas del EGEO, son conocidas en el mundo mágico por albergar a todos aquellos que lleven sangre de los doce dioses griegos, además que hay una reencarnación por cada verdadero dios. Esas personas, nunca se han inmiscuido en los asuntos de los Muggles o nuestros para el caso. Pero esta vez es diferente porque tenemos un enemigo en común."

"Existe un hechizo que solo puede ser pronunciado por las doce reencarnaciones, que están dispuestas a colaborar sin ningún problema. Pero se sabe que, en ese mismo momento en que el hechizo sea formulado, los doce dioses perderán momentáneamente sus poderes y no solo eso... Voldemort va a tacar en ese mismo momento." – se sintió un escalofrió general cuando Harry nombró a su enemigo.

"Habrá gran cantidad de magos y brujas protegiendo a los encargados de desterrar a El Primero, y el trabajo que deben realizar es ese mismo, impedir que el señor oscuro venza." – Terminó Hermione. Ninguno de los que no estaban al tanto de la verdadera función de Hermione, notó la forma en que ella utilizó el verbo deber.

"Y eso es lo que comenzaremos a practicar. A partir de este momento, a partir del día de hoy, comenzará el entrenamiento. Se los dividirá en niveles y cada uno de ustedes desarrollara una capacidad especial. Porque no solo nos enfrentamos a magos y brujas dementes, habrá seres impensados en ese lugar, y todos querrán hacernos daño." – Harry se puso de pie. – "En la cartelera de la entrada hay cuatro listas con nombres, un lugar y un encargado. En cuanto salgan y lean esa lista, en cuanto se hallen en el lugar correspondiente con las personas correspondientes, comenzará el verdadero sacrificio."

"Las listas están divididas en Defensa y Ataque mas que nada. El Defensa están aquellos que se defenderán contra magos y brujas y los que lo harán contra otros seres. En Ataque pasa lo mismo. Aprenderán a organizarse, depender de sus compañeros y a confiar en sus instintos." – Una mano se alzó por entre los alumnos. – "¿si, Fredrik?" – preguntó Ron.

"¿cómo haremos para practicar? No creo que tengan suficientes boggarts, y tampoco creo que sea bueno que practiquemos unos contra otros."

"Es una excelente pregunta." – Respondió Harry. – "Pero será contestada cuando todos estén distribuidos."


no olvidensus reviews porfis jaja

ivita black

M.O.M.