¿Y si te pierdo?
Alec
Él había estado girando fuera de control últimamente. Primero que Jace se había pasado al lado oscuro. Después, ellos llamando a un Demonio para que les ayudara a traerlo de vuelta. Lo cual había resultado en un total desastre. Enseguida, Clary uniéndose a Jace y Sebastian y actuando como un doble espía, lo que era increíblemente peligroso. Y finalmente Simon que había salido con la idea de llamar a un Ángel. Antes de la Guerra Mortal Clary le había colocado la Marca de Caín en la frente. Cualquiera que dañase al poseedor de tal marca siete veces será castigado. Y Simon estaba contando con eso para que la furia del Ángel no lo tocase.
Isabelle estaba furiosa, diciendo que era algo demasiado peligroso y que Simon podía morirse fácilmente. Alec se estaba preguntando sobre lo que estaba sucediendo entre su hermana y Simon. No podía acordarse de algún otro momento en el que su hermana hubiese tenido tanto interés por alguien más que Jace o él mismo. Creía que tal vez ella se estaba enamorando del vampiro. Lo felices que iban a estar sus padres, pensó amargamente. Primero perder un hijo ante un brujo y ahora una hija por un vampiro, sin mencionar que el hijo adoptivo se acababa de pasar al lado oscuro y que el hijo menor hubiese muerto.
Alec sacudió de su cabeza todos esos pensamientos pues estaba preparándose para la batalla. No podía distraerse en estos momentos. Simon acababa de conseguir una espada del Ángel Raziel. Una espada cargada con el fuego celestial, un fuego que era capaz de separar el lazo de unión entre Jace y Sebastian. Todo lo que se necesitaba estaba reunido y debían ir tras el demoniaco Sebastian y sobre todo ahora podían matarlo.
Clary había averiguado el maléfico plan de Jace y Sebastian y el lugar en donde se iba a llevar a cabo. Ellos habían creado una copa mortal, estaban planeando llenarla con sangre de demonio y así poder crear una raza de Cazadores nuevos oscuros. Cazadores a quienes obedecieran ciegamente a Sebastian y le ayudarían a convertir el mundo en cenizas. Para detenerlos, Alec, Magnus, Simon, Isabelle y otra docena de Cazadores del Instituto de Nueva York junto con la manada de Luke viajarían a Irlanda en donde Sebastian y Jace se reunirían para realizar la ceremonia de la Resurrección de Lilith y poder así utilizar la nueva copa mortal.
Magnus hizo el Portal y ellos cruzaron. Inmediatamente aparecieron en los campos del Séptimo Sitio Sagrado. Alec y los demás Cazadores se alinearon al frente de la figura vestida de rojo y pelo blanco bailando en el viento, Sebastian.
Detrás de él, Alec vio a Jace y Clary. Contuvo el aliento ante la visión de su parabatai. Sabía que Jace se había convertido, que estaba poseído, pero no había ninguna señal de eso. Jace solo permanecía parado ahí, aparentemente relajado y con sus brazos rodeando a Clary, abrazándola tiernamente.
Alec escaneo la multitud a su alrededor y noto como los cazadores se hacían fila para tomar de la Copa Mortal. Vio a uno de ellos tomar de la copa y colapsar, solo para levantarse nuevamente con una gracia renovada. Un ejército de Cazadores oscuros, recordó a Clary y Simon afirmando. Sebastian estaba creando un ejército de Cazadores de Sombras Oscuros.
Alec brinco sobre una gran piedra y apuntó su arco hacia el siguiente Cazador de Sombras que recibía la copa de manos de Sebastian. Alec soltó la flecha que voló por el aire y entró justo en la garganta del cazador. Alec sonrió satisfecho y dobló el brazo para alcanzar otra flecha.
Por detrás de él, sus compañeros avanzaron. Magnus estaba protegiendo a Simon que cargaba con la espada del Fuego Celestial. Alec permanecía parado sobre la roca lanzando flechas, una tras otra a la multitud, sin titubear ni un momento, fuerte como solo un Lightwood debía hacerlo.
Mientras el grupo se movía hacía la multitud, la pelea los rodeaba. Los Cazadores de Sombras recientemente convertidos, ahora blandían sus espadas contra ellos. Alec tenía una excelente vista desde el lugar en el que estaba y cada una de sus flechas daban en el blanco.
Su cabeza se alzó de golpe al escuchar el grito de Isabelle. Magnus estaba parado junto a ella pero un instante después el brujo colapsó cayendo de rodillas al suelo. Un Cazador de Sombras se inclinaba sobre él en un deliberado intento de asestar un golpe mortal con su espada. Alec apuntó una flecha y está voló precipitadamente pero un poco fuera de puntería, insertándose en el hombro del atacante en lugar de la garganta. Alec maldijo casi sin aliento.
Se quedó congelado sobre la enorme piedra, enfocando la vista en dirección a donde Magnus había caído. Lo vio tirado en el suelo y a Isabelle arrodillada a su lado con sus manos sobre el pecho del brujo.
"Por el Ángel, está muriendo" –pensó Alec.
Una ráfaga de aire helado pasó por encima de él ante la idea de que Magnus pudiese estar muriendo. Nunca en sus pensamientos, concibió la posibilidad de que él estuviese vivo y Magnus no. Perderle no era una posibilidad. No podía siquiera imaginar que él sobreviviera a Magnus y que él pudiese soportarlo. Perder a Magnus era perder su propio corazón.
Automáticamente Alec agarró otra flecha, la colocó rápidamente en el arco y la dejó ir en el aire. Sus movimientos eran mecánicos. Necesitaba continuar en la pelea. No importaba que estuviese sucediendo o quien estuviese cayendo, él era ante todo un Cazador de Sombras y su único deber era pelear.
Continuó así un poco más, hasta que al tratar de alcanzar otra flecha, se encontró con un contenedor vacío. Fue entonces que volvió a buscar a Magnus y a su hermana en la multitud. Una luz comenzaba a aparecer a la distancia. Sin pensar siquiera descendió de la roca, lanzándose rumbo a la pelea.
Magnus
Dolía. Magnus no podía recordar la última vez que había sentido este tipo de dolor. El estaba viendo puntos negros aparecer en sus ojos y a un Cazador de Sombras oscuro apuntar su espada sobre su cabeza. "Alec " –dijo pensando en él. Sabía que una vez que esa espada le alcanzara, sería su fin. Finalmente moriría después de 400 años y aun así, lo sentía demasiado pronto. Muy pronto ahora que había conocido a Alec y que no quería perderlo. Sin importar lo que estaba sucediendo con el mundo y lo que estaba pasando entre ellos. Lo que sea que fuere, podía ser resuelto. Magnus deseaba vivir ahora más que nunca. Resolver las diferencias y ser feliz con Alec. Aún no estaba listo para morir.
Pero si no había escape de esto, la última cosa que podía hacer era pensar en Alec mientras moría. Escuchó el zumbido de una flecha romper el aire y la vio golpear el hombro de la Cazadora de Sombras oscurecida. Está retrocedió con el golpe y Magnus cerró los ojos mientras su alrededor se hacía más lento. "Bien" –pensó. "Alec le ha disparado, ahora puedo morir en paz."
La negrura estaba haciendo presión en él así que conjuró la imagen de Alec en su memoria. Sus hermosos y chispeantes ojos azules al reír. "Tú eres adorable" –recordó las palabras que él le había brindado aquella noche cuando tiró de él en aquel cuarto de hotel en París. Las orillas de su visión se hacían mucho más oscuras y la figura de Alec se desvanecía de a poco en los brazos del olvido en donde ya no había más nada.
"Alec." –escuchó Magnus la voz de una chica en la distancia llamando el nombre de su amor. —Alec, él sigue respirando.
Magnus sabía que Alec estaba ahí, cerca de él. Quería alcanzarlo, pero no podía. Sentía que se le iba la vida. De pronto sintió una fuerte presión contra sus costillas, ahí donde la espada lo había herido. El agudo dolor que sentía le hizo volver a la vida dándole fuerzas para abrir los ojos. Y lo primero que vio fue el azul de los ojos del cazador que le veía también a él.
—Ouch, -dijo muy débilmente. —Deja de recargarte en mí.
—Raziel, -murmuró Alec. —Te encuentras bien.
Magnus sintió como la mano de Alec le pasaba por debajo de la espalda y lo levantaba hacía él. El cazador le pasó el pulgar por la mejilla. —Creí,... –dijo Alec, mirando a otro lado por un segundo y regresando la vista a los ojos de Magnus.
—Te vi caer. –dijo Alec y después se inclinó para besar a Magnus en los labios con mucho cuidado. —Pensé que habías muerto.
Magnus sonrió. Infinitamente feliz de que Alec estuviera ahí y de saber que ahora viviría un día más. Un día más para ver a Alec Lightwood.
— ¿Qué? ¿De ese rasguño? –preguntó Magnus mirando hacia la chaqueta que Alec traía puesta. Misma que le había presionado la herida y que ahora estaba llena de sangre.
—De acuerdo. –se corrigió. —Un rasguño algo profundo, como de un gato, un gato muy grande.
— ¿Acaso estás delirando? –preguntó Alec.
—No. –contestó Magnus, ahora más serio. —Amantis estaba apuntando a mi corazón, pero no alcanzó a tocar nada vital. El problema es la pérdida de sangre. Eso está robándome la energía y disminuyendo la capacidad de auto-curarme.
En ese momento trató de respirar profundamente y comenzó a toser. Así se dio cuenta que necesitaba fuerzas porque él ya no las tenía.
—Toma, dame tu mano. –le pidió a Alec entrelazando sus dedos con los de él.
— ¿Recuerdas la noche de la batalla contra Valentine? ¿Cuándo yo necesitaba un poco de tus fuerzas?
—Sí la necesitas nuevamente, -lo interrumpió Alec. —Puedes hacerlo de nuevo.
—Yo siempre necesito tus fuerzas, Alec. –reiteró Magnus, deseando que el cazador supiese que esas palabras eran ciertas mientras cerraba los ojos para comenzar el encantamiento que le permitiría tomar la energía del cuerpo de Alec y auto-curarse.
"Alec, todo estará bien ahora," –pensó mientras sentía la energía fluir en sus venas.
