Cumpleaños.


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La sensualidad del ambiente consume a la joven por completo. El momento en que Sasori la arroja sobre la mesa es la sorpresa más bienvenida que Sakura jamás sospecho que podría obtener del juego. La actitud del renegado se tornó tan dominante como provocadora y surtió un efecto inmediato en su libido.

Todo fue tan repentino que en cuestión de segundos ella pasó de tener a su compañero atrapado contra la pared a estar casi totalmente bajo su dominio. No tuvo el tiempo para reaccionar, sólo para sorprenderse por aquella que causó en él.

Por suerte para ella, el placer del momento no se acaba allí, ya que la subsiguiente caricia del marionetista ascendiendo por sus piernas comienza a amenazar con hacerla explotar de gusto. El momento pareciera transcurrir en una deliciosa cámara lenta, que le permite perderse en el juego por completo. Pero, cuando la mano del titiritero toca su pecho, su angustia y estrés regresan a impactarla como un balde de agua fría. Aquel tacto es ligero y veloz, esfumándose de sus senos tan sólo un instante después a su aparición. Si bien aquello no es suficiente para hacerla perder el control de sí misma, alcanza para que él perciba su incomodidad y reaccione recobrando la sobriedad, incorporándose antes de quedar recostado sobre ella.

En el momento que lo tiene sobre ella, el miedo instintivo que la acecha desde aquella noche en Khanzen aún está vivo en su interior, contrastando y entrando en conflicto con la llama que, hasta recién, predominaba como única sensación en su mente y cuerpo.

La mujer quiere continuar, así que se esfuerza en ahogar su angustia, en ignorarla y dejarla atrás. En gran parte, sus intentos son un éxito, pero al final no logra ocultar la turbulencia en su interior del hombre que ahora la observa a los ojos.

—Primero, te dije que no toques mi núcleo sin mi permiso. Y segundo, no deberías jugar si no sabes dónde quieres detenerte, ni qué consecuencias estás dispuesta a aceptar.

Las palabras de Sasori son severas y serias, sin un titubeo o duda impresa en ellas. Aquel es un cambio de actitud de ciento ochenta grados en comparación a la que exhibía antes. Acto seguido, deshace los hilos que sostienen los brazos de la médica detrás de su cabeza. Inmediatamente después, se aparta de entre sus piernas y se aleja un par de pasos de la mesa, mostrando en sus movimientos un dejo de arrepentimiento.

Sakura puede ver en él el conflicto y la dificultad de escoger sus siguientes palabras, y, cuando finalmente abre la boca de nuevo, su tono termina siendo tan improvisado como decepcionante.

—Estaba equivocado, voy a necesitar el baño.

Tras aquella frase, se retira de la escena dejando a la joven sola para lidiar consigo misma.

Durante los segundos que siguen a su partida, la turbulenta mezcla de emociones acumulada por esta experiencia le impide a la kunoichi el poner orden a sus pensamientos.

Una vez que vuelve a enderezar su espalda, el miedo fantasma consigue evaporarse de su mente, quedando en su lugar el deseo y la confusión. No obstante, las palabras de Sasori tardan un poco en asentarse en su mente como para que ella caiga en cuenta de que, en realidad, no sabe dónde hubiese querido detenerse… pero reconoce que no quería detenerse allí.

"Estuvimos a punto de… ¿Acostarnos?"

Aquella idea comienza a ocupar en sus pensamientos el lugar de realidad, haciendo que comprenda cuán lejos había llegado, y cuán lejos hubiese estado dispuesta a llevar el juego. Y luego, está su primer punto: él le pidió expresamente que no tocase su núcleo sin permiso.

¿Quién demonios se creyó ella que era para desobedecer eso?

Agobiada ante la culpa, desciende de la mesa y corre a ocultarse debajo de las sabanas de su futón. El día tiene que terminar ahora. Sasori tiene razón… Ella no sabe dónde detenerse y ni siquiera había pensado en las consecuencias de sus acciones. Se dejó llevar demasiado.

"Por amor a los dioses, Sakura… ¿En qué estabas pensando?" Se regaña a sí misma con una mezcla de decepción y sorpresa.

Sabe que tiene que arreglar esto, pero en verdad no tiene idea de por dónde empezar.

"No toques mi núcleo sin mi permiso."Rememora las palabras de su compañero.

Sí, será mejor comenzar por ahí. Aquello fue estúpido, inexcusable… tendría que comenzar por pedirle perdón… por respetar aquello que él le pidió.

A pesar de estar tapada al completo por las sábanas y frazadas, Sakura escucha la ducha correr adentro del baño. Espera que Sasori no salga de ahí pronto… ya que la idea de volver a conversar con él en este momento le resulta sumamente incómoda. Se encuentra demasiado avergonzada de sus acciones. Después de todo, actuó como una adolescente idiota y hubiese seguido así de no ser porque el pelirrojo la detuvo.

En retrospectiva, sus acciones fueron estúpidas, egoístas e infantiles, y el único motivo por el que no se maldice a sí misma por ellas es porque, a pesar de todo, no logra arrepentirse por completo de lo que ocurrió.

"Quiero más… "Admite Sakura con los ojos cerrados.

"Pero él tiene razón… no puedo seguir jugando sin pensar en las consecuencias…"

De repente, algo en su monologo interno no suena correcto...

"Esto avanzó demasiado para seguir llamándolo juego."

Dentro del baño, la ducha está abierta exclusivamente para disimular. El marionetista en realidad está sentado sobre la tapa del inodoro, e inmóvil como una estatua, sin hacer más que arrepentirse del momentáneo lapso que sufrió su juicio allá afuera.

La última mirada de Sakura se fijó en su mente, y ahora el miedo de haberle causado daño en su arrebato de idiotez se está empeñando en volverlo loco.

Es verdad que Sakura no es inocente en esto, pero no puede echarle la culpa ni acarrearle toda la responsabilidad por la situación. Ella es joven, inexperta y claramente está intentando recuperarse de los sucesos que vivió en Khanzen. Es obvio que ella no sabe lo que está haciendo, así que es su deber el considerar todas estas cosas. Y por todas esas razones, lo que lo hace sentir más culpable de todo es que él fue consciente de aquello, y de todas formas se dejó llevar.

El renegado se pone en pie para así poder contemplar su reflejo en el espejo del lavabo. De este modo, contempla la determinación aflorar en su rostro durante el momento en el que se compromete a dejar de bajar su guardia. A pesar de sus esfuerzos, la imagen que lo recibe del otro lado del cristal no deja de ser la de un hombre confundido. Al menos, al punto en que puede llamarse a sí mismo 'hombre' después de la transformación a la que sometió a su cuerpo.

Inclinándose un poco hacia adelante, el artista se apoya en el lavabo para escudriñar de cerca su reflejo, y la nueva postura le permite apreciar una pequeña mancha roja en la tela de su pantalón…

"No más juegos." Se espeta cuando reconoce el origen de aquella sangre, al tiempo que abre el grifo de agua fría para quitarla de su ropa.

A estas alturas, Sasori no puede seguir actuando como si esta clase de situaciones pudiesen divorciarse de sus sentimientos, y tampoco puede seguir ignorando que este juego está afectando a Sakura.

La decepción es algo inevitable, pero sobreponerse a ella es algo necesario. Sakura no sabe exactamente lo que quiere… Mientras que él quizá sepa lo que quiere, pero no lo que quiere hacer al respecto.

Continuar esa ruta en estas condiciones es una indudable receta para el desastre.

El ex Akatsuki mira la puerta cerrada a su izquierda por un momento. La simple idea de cruzarla lo hace darse cuenta de que no está listo para reanudar una interacción con ella, ya que cuando vuelva a verla tendrá que fingir que su último brote de irracionalidad fue un plan para regañarla. Después de todo, esa es la mejor manera de mantener oculta la verdad, pero no hay manera de estar listo para esa clase de mentiras ahora.

Aún se siente demasiado vulnerable, aún no termina de criticarse a sí mismo por su propia idiotez…

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Luego de los sucesos acontecidos en el último albergue que el dúo visitó, los dos días que le quedan al viaje se ven desprovistos de juego alguno. Ambos ninjas mantienen un tácito acuerdo ante aquel cambio de rutina, ya que los dos tienen sus motivos para que ese tipo de situaciones hayan cesado. Asusta un poco cuán rápido se habían acostumbrado a jugar entre ellos, y cuán rápido esa clase de interacciones se había vuelto un aspecto natural de su relación. En lugar del juego, ahora sólo queda un vacío, más el deseo de volver a jugar y una tensión que ninguno de los dos se atreve a romper, y que ninguno de los dos es capaz de ignorar.

Por fortuna para ambos, un nuevo mediodía se avecina sobre ellos a medida que se acercan por fin al poblado en el cual Sai los está esperando.

Aquella noche, para cuando el marionetista salió de su auto impuesto encierro, la joven ya se había dormido. Y, desde que despertó, ninguno de los dos se atrevió a mencionar el incidente, casi como si ambos hubiesen firmado un contrato declarando aquel suceso como un recuerdo al que mejor dejar atrás.

Esto permitió a Sakura disponer del tiempo suficiente para reflexionar a fondo sobre el tema, comenzando por su aspecto más egoísta. Ella, aún ahora, quiere seguir jugando. De hecho, no bromear con Sasori le ha resultado más que difícil estos dos últimos días, pero al mismo tiempo tiene la suficiente presencia de mente para evitar caer en el mismo error que antes.

Ella quiere más, pero no sabe cuánto más… y, más importante aún, no sabe qué es lo que quiere Sasori. Durante esta última etapa de su relación, ella simplemente actuó sin considerar lo que él quería, y así termino cruzando la línea.

No puede evitar sentirse culpable por eso, Sasori tuvo cuidado incluso cuando estaba haciendo algo tan profesional y necesario como tomar las medidas de su pecho, y ella le devolvió el favor entrando en contacto con el área más íntima y vulnerable de su cuerpo, aún cuando él se lo prohibió.

La médica entiende que él ya no haya retornado al juego. Después de todo, ella se propasó, mientras que él nunca comenzó a jugar sin que ella lo provocara primero. Quizá, desde un principio solo lo hacía para seguirle la corriente.

Para su pesar, ella fue demasiado cobarde durante el viaje para pedirle perdón por su transgresión. Al menos, tuvo la decencia de no volver a iniciar el juego después de tamaño papelón. En ese sentido, aunque sea tuvo la decencia de tomar en serio sus palabras. Aún no sabe dónde quiere detenerse, y, si aquella noche le enseñó algo es cuán necesaria fue la advertencia del titiritero. Sakura quiere entender sus límites… pero ya habrá tiempo para eso más adelante…

"Antes que nada, hay un asunto mucho más importante que tenemos que atender… Uno para el que el tiempo se está agotando."Se recuerda a sí misma mientras camina entre el césped y los árboles al compás de su compañero, permitiendo que su mente vuelva a enfocarse en la importante misión que la trajo a esta travesía en primer lugar.

Por su parte, Sasori también hizo lo propio con su tiempo. Estos días en los que el juego se detuvo en seco, le presentaron una nueva situación que no había previsto con anterioridad: contra todo pronóstico, ahora le es aún más difícil mantener las apariencias frente a Sakura.

A estas alturas, admite que quiere tenerla físicamente cerca, que quiere más de la relación que mantiene con ella, que quiere más que la relación que tiene con ella.

Él se acostumbró más de la cuenta a utilizar el juego como un escape a sus emociones, y, ahora que ya no puede expresarlas de ninguna otra manera, estas se acumulan dentro de él como un creciente peso en su pecho, cuya gravedad amenaza constantemente con hacer caer su máscara.

Realmente espera que sea sólo un efecto temporal, para así poder reacomodarse pronto al viejo status quo. Además, pronto volverán a compartir el viaje con Sai, así que las cosas tendrán que volver a la normalidad de todos modos. Luego de eso, la misión concluirá más pronto que tarde, y la vida volverá a ser… aburrida.

Al menos, habrá menos riesgos… por lo poco que eso sirva de consuelo.

—Pronto llegaremos al pueblo. Creo que podrías tomarte el resto del día para descansar, puedes dejarnos todas las tareas a mí y a Sai—habla el marionetista, rompiendo el silencio del ambiente en un intento de abandonar su tren de pensamiento.

Tomando esta oportunidad, Sakura opta por sobreponerse a su vergüenza para tratar de una vez el asunto que estuvo evitando desde su partida del último pueblo.

—Oye, Sasori…—comienza arrastrando cierto temor en su voz—. No tengo nada en contra de no volver a hablar de lo que pasó esa noche, pero creo que te debo algo.

—No me debes nada, y no tienes por qué hablar de eso si no lo deseas—le contesta Sasori intentando alivianar el tono de la conversación.

—Tonterías—repone la mujer sin dejar que su compañero eche a menos sus preocupaciones—. Tengo que pedirte perdón. Toqué tu núcleo aunque me lo prohibiste. Fui una desconsiderada. Tú estabas pensando en evitar que yo haga una estupidez de la que me arrepintiera, y yo no pude hacerte caso en algo tan simple como…

—Deja de torturarte—la interrumpe Sasori sin aminorar su paso por el bosque—. Te perdoné hace tiempo. Fue solo un error, sólo parte del juego. Fue mi culpa también. Tú querías jugar y yo no me negué. Escalé la situación más de lo que debía, es también mi culpa.

El artesano asume su responsabilidad por lo ocurrido, no puede simplemente lavarse las manos después de haber perdido los cabales de la manera en que lo hizo.

—No me vengas con eso—contraría Sakura ligeramente irritada por la respuesta—. Yo recuerdo eso, y estoy más que segura de que fui una total idiota.

La kunoichi toma un poco de aire antes de continuar con su discurso.

—Estaba tan estúpidamente cegada en ganar el juego que no pensé en cómo podría afectarte. No quiero que tomes a menos mi error. ¿Por qué no te enojaste conmigo? ¿Qué no merecía la pena después de…?

—¿Es necesario tirarte sobre una mesa para que escuches?—vuelve a interrumpirla.

Esa interrogante de tinte jocoso y sarcástico logra silenciarla. A continuación, ambos se miran a los ojos por un momento antes de que una sonrisa se dibuje en el rostro del titiritero.

—Menos mal que parece que no es así. No tengo mesas a mano—retoma su broma, obteniendo de ella la primer risa desde aquella noche.

—No es justo—se queja la dama cuando consigue recobrar la compostura—¿No cometí un error, acaso? ¿No ignoré lo que me prohibiste? ¿Por qué insistes en desmerecerlo?

—Por última vez, Sakura… es mi culpa también—repite en medio de un suspiro de cansancio, más sin dejar de lado su intención de apaciguarla—. No eras la única que se divirtió con el juego,no eras la única que quería jugar. Y no eres la única responsable de que llegase a ese punto. No hay nada que perdonar… fue sólo un pequeño error.

Esas sentencias parecen por fin ser suficientes para penetrar la perseverancia de su compañera.

—Entonces ¿Te divertiste también? —Parpadea sintiéndose aún algo desconfiada—¿No lo hacías sólo para seguirme la corriente?

—Por supuesto que me divertí—se sincera sin titubeo alguno en su porte—. Por eso tengo también la culpa.

—Aún así, tienes razón… debería haber sabido en dónde detenerme… y, ahora que volveremos a encontrarnos con Sai, supongo que no habrá más juegos—piensa en voz alta Sakura con cierta decepción.

—No más juegos—confirma el criminal, intentando disimular la propia a través de una pequeña sonrisa formal que da fin a la conversación, y al juego, de una vez por todas.

La pareja no tarda en desviar su camino una vez que sus pasos se topan con el comienzo de la ruta de tierra que los transportará a su destino final.

Mientras aquella carretera los va acercando al condado en el cual Sai los espera, el bosque a sus alrededores termina siendo reemplazado por varias hectáreas de tierras de labrantío inundadas, que son ocupadas para el cultivo del arroz. A diferencia del pueblo controlado por la Serpiente que habían visitado con anterioridad, aquellos arrozales que conducen a su actual destino se denotan fértiles, regados y verdes. Como en diversas regiones rurales del País del Fuego, dichas plantaciones indican que la principal actividad económica de la zona es la venta del preciado grano. A medida que circundan las fronteras de la urbe, es claro que esta mantiene un modesto tamaño, apenas el suficiente para mantener una vida cómoda para los habitantes y favorecer el paso de viajeros que se dirigen a la ciudad-feudo de Matsue.

A eso de las cinco de la tarde, el dúo se abre paso hasta la plaza del centro municipal del pueblo, que es en donde deberán reencontrarse con el ninja de la Raíz. Una vez allí, toman asiento en uno de los muchos bancos adyacentes a la hilera decorativa de olivos y ciruelos allí plantados. Con la vista de una fuente de agua fluyendo a un par de metros de su asentamiento, más la del pulcro ayuntamiento labrado en piedra, mármol y yeso al final de la plaza, ambos buscan al dibujante con la vista.

Afortunadamente, no deben esperar más de quince minutos hasta ver a Sai aparecerse entre el gentío, las palomas y los perros que deambulan en aquel espacio público. No bien cruzan miradas con él, el pálido ninja comienza a acercárseles. Sin aguardar a su llegada, tanto Sasori como Sakura se levantan para encontrarse con él.

Contrario a cualquier protocolo acorde a la situación, el saludo es breve y casual, casi como si no se hubiesen separado por más de unos minutos.

—No dudé de ustedes ni por un segundo. Qué buen espectáculo se montaron, según las noticias que me llegaron—les comenta el ANBU elogiando sus métodos y resultados.

—Tampoco perdí el sueño por ti, Sai—bromea la joven médica, contenta de volver a cruzarse con su compatriota.

—Ahora, sugeriría que nos pongamos en marcha. Tenemos cosas de qué hablar, datos que compartir y mucho sobre lo que ponernos al día— informa el pálido shinobi en un tono más profesional.

—¿Te hospedaste muy lejos de aquí?—pregunta el pelirrojo.

—No muy lejos—sonríe Sai antes de intercambiar la seriedad por un aire mucho más relajado e informal—. Pero antes de ir al hospedaje, deberíamos ir a hacer un par de compras extra... Después de todo, hoy quiero preparar una cena un tanto especial, con la que podamos brindar a medianoche por el cumpleaños de Sakura.

La médica ríe en voz baja y lleva una mano a rascar su nuca en señal de modestia ante el gesto.

—Eh… ¿Gracias?...—expresa algo sorprendida—. No me imaginé que fueras a pensar en celebrarlo.

—Estoy aprendiendo… Creo que después de tanto tiempo de sólo dedicarnos a la misión, deberíamos aprovechar cada vez que tengamos motivos para celebrar—se explica Sai sin mutar su expresión sonriente—. Además, me salvaste la vida la última vez. Es lo mínimo que puedo hacer por ti. Los dos tienen prohibido ayudarme en la cocina, es mi regalo.

—No parece que nos estés dejando opción— accede la mujer tan a gusto por el regalo como avergonzada por el inesperado reconocimiento—. Guía el camino…

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Una hora más tarde, el trío ingresa al piso que el ANBU ha estado habitando estos últimos días. Éste se revela como un departamento, que resulta ser un poco más espacioso que otros alojamientos que hayan ocupado con anterioridad. Por otro lado, el tatami de la cocina-comedor está cubierto de atriles y lienzos con dibujos en distintos estados de progresión.

—Veo que estuviste ocupado—comenta el marionetista echando un vistazo al panorama, mientras se quita el calzado y lo deja en el recibidor junto al de Sai y Sakura.

—El baño y el dormitorio están libres de tinta. Acomódense mientras organizo un poco este desastre—invita Sai en lo que deja la bolsa de las compras sobre el mármol de la mesada y comienza a guardar las obras a medio completar para liberar algo de espacio.

—Con el calor que hace, yo estoy muriéndome por tomar una ducha fría. Me voy a demorar un poco con el baño—les informa la muchacha a sus compañeros una vez que se familiariza con el sitio.

—Te esperamos, entonces. Cuando salgas, tendremos una reunión para ponernos al día con los movimientos de la Serpiente—interviene Sasori recuperando poco a poco el usual ritmo que caracteriza los momentos en los que Sai está presente.

Una vez que los dos artistas quedan solos en el comedor, no tardan mucho en organizar el área. Cuando Sai está por comenzar a sacar los vegetales que había comprado de sus bolsas, Sasori lo detiene.

—Antes que comiences a cocinar, quiero que te pruebes la armadura que creé para ti—pronuncia el renegado al tiempo que busca en su equipaje la chaqueta que había confeccionado para él—. Quiero que te pruebes esto por unas horas y me digas si te incomoda. Aún puedo modificar el soporte de cuero para que se amolde a tu cuerpo, si es necesario.

Dicho esto, se gira y le alcanza su creación al ANBU, quien la toma con ambos brazos para medir su peso.

—En realidad te las arreglaste para controlar su peso—concede mientras siente las placas de cerámica tras el cuero—. Cuéntame los detalles.

—Tomé tu ropa como modelo y creé una versión reforzada—explica Sasori mientras su compañero se coloca la prenda y se la ajusta por medio de los cintos de cuero que la cierran en los costados de su torso. A continuación, Sai comienza a mover sus brazos y hombros para acostumbrarse al peso extra sobre su tórax—. Las placas están acomodadas para proteger tus órganos. Si bien no están hechas para soportar múltiples impactos, sí lograrán protegerte lo suficiente como para que vuelvas a ganar distancia.

—Creo que lo llevaré puesto hasta que termine de cocinar, así podré acostumbrarme más rápido—resuelve el pálido luego de escucharlo con total atención—. En realidad es un honor vestir una de tus creaciones. Y hablando de arte, pronto verás uno de mis proyectos más ambiciosos, espero que sea de tu agrado.

Sasori lo escudriña con una ceja alzada en discreta, pero honesta intriga.

—Ya tienes mi atención, entonces. ¿Qué puedes contarme ahora sobre él?

—Que me inspiré en las leyendas de tu teatro de las cien marionetas—le confiesa el artista del movimiento con una sonrisa enigmática.

—Entonces, será un honor presenciar tu técnica. La esperaré con ansias—pronuncia el artista renegado con suma formalidad.

Pasar un tiempo a solas, mientras su ex informante se distrae con Sai, es algo que la muchacha de la Hoja recibe con alegría. Los últimos días habían sido bastante extraños entre ellos dos, y el que no existiese otra cosa en la que enfocar su atención no la ayudó mucho a aliviar esa sensación de incomodidad y tensión.

En lo que deja al agua de la ducha caer sobre su desnudez, Sakura no puede hacer otra cosa que preguntarse si Sasori se encuentra en una situación similar a la de ella...

"Él también se divirtió junto conmigo, así que no puedo ser la única aquí que extraña el juego." Razona con cierta frustración ante su propia abstinencia, mientras ve cómo la espuma del champú cae continuamente a los azulejos del suelo y se desplaza hacia el pequeño remolino de agua que drena el flujo en las tuberías.

De hecho, el marionetista nunca le pidió directamente que se detenga… solo le advirtió que no debería ser tan estúpida como para continuar presionando sin pensar en las consecuencias.

Eso es quizá lo que comienza a molestarla sobre toda la situación. Sí, ella fue una estúpida por no identificar lo que quiere, pero tampoco sabe lo que él quiere. La duda de cómo se siente el titiritero sobre todo esto es algo que lentamente comienza a erosionar su paciencia, tanto como lo hace la falta de diversión en sus interacciones actuales.

Sí, aquello fue su total culpa, pero él tampoco hizo ningún esfuerzo por expresárselo. Simplemente, le siguió el juego sin dar ningún indicio de cuál era su opinión. Ahora, lamenta muchísimo el haber sido tan desconsiderada como para no tomar en cuenta al marionetista en el juego ¿Pero cómo puede hacerlo cuando él no da una sola pista de qué es lo que quiere?

Por ahora, decide intentar dejar atrás el tema. No quiere seguir demorándose con frustrantes pensamientos que no llevan a ningún lado, cuando afuera la están esperando para ponerse al día con la misión.

"Más tarde encontraré alguna manera de preguntárselo."

Una vez que Sakura sale del baño, lo primero que hace es posar sus ojos en la curiosa escena que se da en la cocina-comedor. Por un lado, se encuentra el dibujante picando cebollas en una tabla de madera sobre la mesada, mientras que del otro el pelirrojo está sentado en una silla junto a la mesa, manteniendo la vista pegada en un periódico local.

Al momento de girarse hacia la derecha, Sasori ve a la mujer reaparecerse ante ellos con el pelo mojado, y vestida con una playera blanca sin mangas más un pantalón muy corto. La imagen le recuerda inmediatamente a la última noche que jugaron. Quizá el recuerdo fue muy notorio en su rostro, porque no puede evitar sentir la tensión crecer entre ellos cuando ella lo mira a los ojos.

—No comenzaron sin mí. ¿Verdad?—pregunta Sakura en tono jocoso, intentando ignorar el ambiente entre ella y su ex informante mientras se sienta en la silla a su lado.

—Sólo es un diario—se excusa el artista de lo eterno haciendo el esfuerzo por restarle importancia a la nueva cercanía física que comparten en la mesa, para luego extender una serie de papeles ante los ojos de la dama—. Aquí están los reportes.

—¿No vendrás a la mesa con nosotros, Sai?—pregunta ella viéndolo aún de espaldas, y plenamente enfocado en la cocina.

—Ya leí todos los informes—aclara Sai dejando un momento su tarea para mirar a la médica—. Así que puedo conversar con ustedes al respecto sin dejar de dedicarme por completo a la cocina. Esta no es una receta que pueda hacer rápido.

—¿No vas a decirme que estás por cocinar?—bromea la kunoichi tomando uno de los escritos entre sus manos.

—No—repone volviendo a mirar el cuchillo y la tabla de madera delante de él—. Será una sorpresa.

—Un poco de misterio no hace mal a nadie—agrega Sasori en concordancia con el espía de Raíz, mientras deja de un lado el diario y comienza a leer un pergamino—. De acuerdo, Sai… Puedes comenzar a darnos un panorama ¿Qué tanto asustamos a la Serpiente?

—Los tenemos aterrados—responde con cierto orgullo en su tono.

—Ahora que estoy leyendo el informe sobre las migraciones… nuestros objetivos están abandonando todas las bases en territorios del norte—agrega Sakura con toda su atención puesta en el tema a discutir.

—En efecto—asiente Sasori enfocado en sus propias investigaciones—. Es más, según uno de nuestros infiltrados, han vaciado sus arcas casi por completo para asegurarse un buen servicio de fuerzas de seguridad.

—Envié aves en respuesta a todos esos reportes que están por leer—informa Sai tallándose un poco los ojos por el efecto irritante de las cebollas que está pelando, y troceando con su cuchillo—. Aquel miembro de la Serpiente que nos otorgue los mejores datos sobre la situación actual, y sobre los planes futuros de la organización, será premiado con dinero y libertad… Siempre que abandone el País del Fuego, claro está.

—Inteligente—reconoce el hombre de cerámica con una sonrisa de complacencia. Luego, toma un nuevo pergamino y le alcanza el que acaba de leer a la mujer a su lado—¿Cuánto crees que tardaríamos en recibir respuesta?

—Entre mañana y pasado mañana sería esperable que comencemos a recibir mensajes—prosigue Sai depositando la cebolla y un pimentón troceados en una sartén.

—¿Cuál creen que será el plan de la Serpiente?—consulta la rosada con genuino desconcierto ante la información que se presenta ante sus ojos— ¿Cuál es nuestro objetivo final?

—La idea sería que los líderes se utilicen a sí mismos como carnada, que se reúnan, se rodeen de seguridad y nos permitan atacarlos directamente, confiando en que sus tropas resistan—resume Sasori en voz alta el resultado ideal.

—Y si no quieren hacer eso, averiguaremos el nombre de otro de ellos y volveremos a atacarlo en su hogar, para seguir presionándolos hasta que dejen de sentirse seguros y entren en verdadero pánico—completa el ANBU, mientras comienza a cortar unos trozos de carne vacuna.

Con el correr del tiempo, el ambiente de profesionalidad en el hospedaje asciende a su punto más álgido, volviendo a materializarse con la facilidad que se espera de tres ninjas de su calibre.

Por las siguientes dos horas y media, Sakura y Sasori se ponen al día sobre la situación de la misión. Todavía no tienen el nombre de todos los demás líderes, pero es claro por los informes de los infiltrados que las cabezas de la organización están temblando de miedo. Sería más que esperable para el trío que los demás líderes de la Serpiente también resulten ser nobles menores y sumamente corruptos del País del Fuego. Además, eso explicaría la facilidad con la que este negocio se expandió por esta nación, y también por qué se esfuerzan tanto por limpiar sus rastros.

En lo que entretiene a su estómago antes de la cena, Sakura decide acompañar su tiempo en la mesa con una buena taza de té helado más un par de pinchos de masillas de arroz bañadas en caramelo, que compró antes de venir al departamento. Mientras ella y su ex informante leen los demás escritos, es claro que no sólo las bases del norte están siendo evacuadas. Los informes más recientes dan señales de que todos los miembros están moviéndose y concentrándose en un área del suroeste del País del Fuego.

Todo parece indicar que se trata de una retirada táctica por parte de la organización, haciendo cada vez más plausible la idea de que están caminando directo en su trampa. Si los tres pueden asegurarse de que los líderes se concentren en un sitio, será todo lo que necesitarán para asestar el golpe final.

Sin dejar de intercambiar palabras con su equipo, Sai pasa este tiempo enfocándose en una anormalmente larga cantidad de pasos, tomándose el trabajo de saltear una a una las distintas mezclas de vegetales, cada una especiada a su manera, y necesitando un tiempo específico en una llama de determinada intensidad.

Para cuando el proceso de preparar los vegetales ha terminado y llega el momento de comenzar la cocción del plato principal, el renegado y la kunoichi ya han terminado de leer el último reporte allí presente.

—La chaqueta funciona perfectamente, y no es tan calurosa como pensé que sería—Sai cambia el tema no bien nota que ninguno de los tres tiene algo más que agregar al asunto desde hace ya un buen rato—. La verdad es que has creado un trabajo sublime.

—Aún tengo algo que agregar para tu defensa—lo interrumpe Sasori—. Más adelante quiero medir tus antebrazos y crear una placa que los proteja. Cada vez que dibujas, tu pose los expone demasiado. Un oponente atento podrá aprovechar ese momento para quitarte la capacidad de crear.

Aquello llama la atención del cocinero, quien se detiene a pensar un momento sobre sus movimientos al combatir. Es verdad que existe una pequeña vulnerabilidad en su pose cuando está creando un nuevo dibujo. No lo consideró lo suficientemente significativo como para que un oponente pueda explotarlo, pero debe ser lo suficientemente amplio para que alguien como Sasori lo identifique.

—Gracias por hacérmelo saber antes de que tenga que aprenderlo por las malas—agradece con cierta ironía el artista del movimiento— ¿Qué hay de la protección para Sakura? ¿Qué tanto has avanzado en su creación?

—Bastante. De hecho...—el artista se detiene para posar sus ojos en la dama a su lado y dirigir sus palabras hacia ella—. Sería bueno que te pruebes lo que ya tengo preparado, para saber si tengo que hacer algún ajuste.

— ¿Ahora mismo?—pregunta ligeramente sorprendida por lo repentino de la sugerencia.

—¿Tienes algo más que hacer ahora?—contrarresta el pelirrojo obteniendo una negativa de su musa—. Entonces, permíteme que busque la coraza.

Una vez que aparta la taza de té vacía de los papeles y queda en pie a un lado de la mesa para que revistan sus brazos con las placas encadenadas, Sakura nota que el aspecto de aquella cerámica cambió mucho en comparación a la última vez que la vio. Las irregularidades que antes existían en la armadura han sido suavizadas, y la superficie exterior pulida. Además, las tiras que unen las placas por el borde interno de la pieza fueron todas reemplazadas por cuero curado y fino.

Durante todo el tiempo que el proceso perdura, la muchacha puede imaginarse una decena de maneras de reiniciar el juego aprovechando la cercanía del hombre. Empero, tanto la presencia de Sai como las preguntas que tiene sobre Sasori evitan que lo haga.

Aunque ella no lo note, el marionetista también tiene su decena de maneras de volver a jugar, a la vez que sus propios motivos para no hacerlo. Además, se recuerda a sí mismo una vez más que debe controlarse.

"No más juegos."Se repite mientras ajusta la armadura a la piel de la dama, comenzando desde su hombro, con el cuidado necesario de no apretarla demasiado como para cortarle la circulación.

Ella percibe de inmediato una diferencia importante en la manera que esta pieza se siente al vestirla, comparando con la primera vez que la tuvo sobre sí.
Cuando Sasori termina de amarrar las placas a la altura de la muñeca en sus dos brazos, Sakura comienza a moverlos en una serie de círculos, flexionándolos para probar la facilidad, o dificultad, que la coraza impone sobre sus movimientos. Su reacción inmediata al ejercicio es dedicar una mejor mirada a la creación que ahora viste sobre sus extremidades superiores.

La movilidad que ahora posee en sus brazos es idéntica a la que está acostumbrada a tener de forma cotidiana. De hecho, de no ser por el peso de la cerámica no existiría ningún indicio táctil de que está vistiendo algo más que su uniforme regular.

—Es perfecto. ¿Cómo lo has logrado?—sonríe maravillada por la artesanía, levantando la vista para ponerla en los ojos de su creador.

Aquella expresión de genuino asombro en el rostro de Sakura logra cautivar al renegado de inmediato, provocando que a duras penas conserve la suficiente atención para responder a las palabras que salen de su boca.

—Sólo recuerdo en detalle las medidas que tomamos—recita sin pensar mucho. Empero, cuando su respuesta le trae a ambos una serie de recuerdos poco decorosos, el titiritero se apresura a agregar algo más a su oración—. Solamente tuve que modificar el largo de las uniones de cuero.

El silencio que prosigue a continuación es únicamente interrumpido por el lento siseo del aceite, más el ruido que Sai emite al rozar la una cuchara de madera con la sartén en la que sus ingredientes se cuecen al ritmo del fuego lento.

La tensión que existe ahora entre ellos es distinta a la que prevaleció durante los anteriores días. Después de todo, una cosa es no retornar al juego exclusivamente por decisión propia, y otra distinta es inhibirse por la presencia del ANBU.

—Será mejor aprovechar para probar el resto de la armadura—se apresura a sugerir Sasori, rompiendo contacto visual y físico para ir a buscar el resto de la coraza en el equipaje que dejó sobre la mesa.

—¿Ya tienes listo el torso?—pregunta Sakura sin querer extender el silencio más de lo necesario.

—Me faltan las placas que cubrirán tus hombros y la parte trasera de tu cuello, pero todas las que pueden incomodar tu respiración están listas, y creo que este es el mejor momento para averiguar si alguna de ellas requiere ser modificada.

Acto seguido, él hace levitar frente a Sakura una multitud de placas alargadas y cortas con sus hilos de chakra. Una tras otra, las va organizando en el aire como si fuesen piezas de rompecabezas esperando a ser encastradas. Mientras camina de regreso hacia ella, utiliza sus dedos libres para generar nuevos hilos con los que poder levantar unas pequeñas cintas de cuero que sacó junto con las piezas. Con el mismo cuidado de antes, va pasando estas tiras entre las ranuras que adornan los extremos de las placas suspendidas en el aire, hilvanándolas y uniéndolas unas a otras para que conformasen, al terminar de unirse, una verdadera armadura.

—Levanta los brazos y exhala—le ordena a su musa.

La mujer obedece y observa como las placas levitan desde su organizada posición hasta rodear su cuerpo como si fuera un gran cinturón, para luego acercarse una a una al contacto con su torso y comenzar a encajar unas con las otras como un puzle tridimensional. Uno tras otro, los trozos de cerámica comienzan a pegarse a su cuerpo. Cuando la última pieza entra en su lugar, toda la coraza se mueve al unísono y hace un sonido seco al cerrarse alrededor de Sakura. En el momento siguiente, ella siente a las tiras de cuero ajustándose al tiempo que se esconden dentro de las placas. La entera sensación de vestir la prenda es como si todo su pecho estuviese siendo presionado por un sólido y preciso abrazo de cerámica. Por el momento, sólo se limita a mantenerse quieta, acostumbrándose al tacto de la coraza hasta que Sasori le indique cuándo puede moverse.

—Está lista—anuncia el marionetista antes de comenzar a disculparse por la incomodidad de hace segundos. Es la primera vez que experimenta con este tipo de creación, después de todo—. Ya sé que el proceso de encajar las placas es un poco tedioso, pero es el único diseño que encontré para aumentar la resistencia de la coraza. Si la hubiese creado con piezas más grandes y uniformes, sería más fácil llevarlas al punto de quiebre. Es mejor que sean muchas placas pequeñas que se soporten entre sí. Creo que estarás contenta con el resultado.

—Tú eres el experto aquí—le concede Sakura sin cuestionar las decisiones que llevaron a la prenda que ahora viste.

—Dime qué se siente…

Sakura asiente con la cabeza e inspira profundo, inflando su pecho. Durante el proceso, puede sentir las placas moviéndose junto a su cuerpo los milímetros necesarios como para permitir que su caja torácica se ensanche. Luego, agita sus brazos y tuerce el ángulo de su columna en busca de alguna incomodidad al moverse. Nuevamente, si no fuese por el peso de la cerámica, no podría decir que está vistiendo algo más que un sostén deportivo y una playera de verano. Sakura jamás habría esperado que una pieza de cerámica tan grande fuera tan cómoda de vestir…

— ¿Qué clase de mago eres?—Pronuncia totalmente fascinada por la obra que porta sobre su piel—. Es… como si no vistiese nada.

A continuación, la mujer le da pequeños golpecitos a las placas que cubren su costado derecho, como si estuviera tocando a una puerta. Un sonido seco es emitido en respuesta, pero ninguna pieza de la armadura se mueve de su sitio.

Con una sonrisa entusiasta en el rostro, ella regresa al baño para poder verse frente al espejo. Faltando las hombreras y la protección en su cuello, la prenda que lleva parece un topless pétreo, que de alguna manera se las arregla para mantenerse en su sitio, siendo sostenido exclusivamente por los sutiles encastres de cuero que se encargan de mantenerlo unido.

Curiosa por probar la resistencia de la armadura que está usando, la presiona hacia adentro con sus manos, aplicando una moderada cantidad de fuerza con tal de no hacerse daño a sí misma, pero incrementándola poco a poco en búsqueda del límite que la obra del marionetista puede soportar. Pronto, la presión supera aquella que sería tolerada por el cuerpo humano promedio, pero las placas se apoyan las unas en las otras redistribuyendo la fuerza de su portadora, y haciendo que su torso permanezca ajeno a la amenaza de sus brazos.

—Sasori… eres un genio—exclama atónita al voltearse hacia él— ¿Te dije eso antes?

—Podrías decirlo más a menudo—contesta aprovechándose un poco de la situación, mientras se acerca esgrimiendo una sonrisa de orgullo, hasta quedar apoyado contra el marco de la puerta abierta del baño.

—Que no se te suba a la cabeza… —lo regaña sin perder el buen humor—. Pero en serio, es perfecta.

Sasori amplía un poco más su sonrisa ante aquel cumplido.

—Me alegra que el tiempo de mediciones y esculpido haya rendido sus frutos—comenta con honesta alegría por haber obtenido una respuesta tan positiva de su amada—. En una o dos noches, podré completar las piezas que faltan, y así estarás totalmente protegida…

—Suena bien—accede Sakura aún entusiasmada por la idea de vestir la armadura completa.

— ¿En serio no tienes nada que criticar sobre mi obra?—interroga Sasori con toda la seriedad que podría esperarse de un artista de su calibre.

Ella alza una ceja en gesto reflexivo. En lo que recorre la cerámica que recubre sus pechos con sus manos, finalmente consolida una duda qué expresar a su ex informante.

—Sólo quiero preguntarte cómo me la quito sin tu ayuda, porque existe manera de quitármela sin tu ayuda ¿Verdad?

—Existe una manera—le contesta el pelirrojo mientras entra en el baño y se acerca a ella—. Quédate quieta.

El titiritero apoya sus manos en la coraza, como si estuviese por tomarle los senos a la muchacha. Ante el repentino contacto, ella tiene el instinto de retroceder, pero rápidamente lo supera ante la obvia realización de que no puede sentir las manos de Sasori sobre sus senos siempre que estos estén del otro lado de la cerámica.

Por su parte, el artesano observa su creación por un momento, y apoya sus dedos en tres puntos, en los que las placas que sirven de soporte principal a la coraza se unen. Luego, aplica presión sobre estos de manera simultánea, haciendo que las piezas se des encastren y la armadura caiga al suelo, dividida de nuevo en las distintas placas que la componen. Como al principio, aquellas piezas pétreas permanecen apenas unidas en hilera por las delgadas tiras de cuero.

— ¿Pudiste ver como lo hice?—pregunta Sasori levantando la vista hasta la de ella.

"Pedirle que repita el proceso sólo para incomodarlo sería tan fácil…" Piensa Sakura con un arrebato de picardía. En otro momento lo hubiese hecho sin pensárselo dos veces.

—Creo que lo entiendo—asiente conservando sus pensamientos para sí misma, pero sintiéndose insatisfecha con esta interacción, ahora que es consciente de cuán entretenida pudo haber sido si las circunstancias fuesen otras.

—Requiere de cierto detalle…—acota él mientras se agacha detrás de ella para recoger la armadura de los azulejos del piso—. De todas formas, no es como si no puedas pedirme ayuda si te es difícil.

Una vez que vuelven a estar a la misma altura, los dos se dedican una mirada incomoda, ambos hallándose a punto de bromear, ambos esperando alguna señal que les permita hacer de esta oportunidad tan obvia algo más divertido…. Pero ninguno tiene el valor de hacerlo, así que terminan rompiendo el contacto visual sin más cuando él se aparta de ella y regresa a la mesa del comedor con la coraza en mano.

—Voy a preparar las hombreras—anuncia Sasori utilizando la compleción de la armadura para escapar de la tensionada situación.

—Guardaré los informes—musita la dama para su propio reflejo. A continuación, procede a quitarse por su cuenta la protección de los brazos.

La siguiente hora es para Sasori y Sakura una especie de tortura a base del tedio que sienten al no encontrarle un adecuado escape a la tensión que, de alguna manera que escapa a su comprensión, todavía se resiste a quedar atrás.

Sai, por su parte, está demasiado enfocado en su tarea como para prestarle atención a la escena a sus espaldas. Al menos, ambos ninjas pueden alegrarse por eso, a pesar de que todo lo demás se les antoja odioso en estos momentos.

Sakura no puede evitar sentirse egoísta, estúpida y atrapada. Se arrepiente de haber desaprovechado tanto la última semana. Si hubiese pensado antes hasta donde quería llevar el juego, no lo hubieran interrumpido de una manera tan abrupta. De aquella manera, podría estar bromeando con Sasori en este momento en vez de ser abrumada por el aburrimiento.

Si le hubiese preguntado qué demonios es lo que él quiere de esto, podrían haber encontrado una manera de estar bien ahora… pero no… tuvo que pasar la semana tan enfocada en sí misma… Aún puede preguntárselo. Si es honesta consigo misma, al ritmo que esa duda crece en su mente, la idea es cada vez más tentadora. Aún así, no es esa la fuente de su bronca, sino el no haberlo hecho antes.

El olor de los condimentos y la carne cocida en un preparado de vegetales y especias comienza a aromatizar el sitio, pero el marionetista está demasiado metido en su mundo de modelado de cerámica como para siquiera pensar en activar su sentido del olfato. Se había acostumbrado demasiado al juego, y ahora que ya tuvo una probada de lo que es la interacción normal con Sakura, como para poder recordarla, puede darse cuenta de cuan estúpido fue al creer que sería sencillo volver a esta rutina.

No quiere ser egoísta, no quiere ser desconsiderado, no quiere abusar de la falta de experiencia de su musa. Además, el juego tarde o temprano debía de detenerse.

"¿Qué pasaría si simplemente hubiese continuado sin decirle la verdad?"Se pregunta mientras busca dentro de él cualquier excusa que lo asista a romper el hábito de pensar en el juego, un hábito que tan rápidamente se formó tanto en él cómo en ella.

Por lejos, el mejor argumento que encuentra es que nunca se encontrará satisfecho con un simple juego. Es más, fingir que esto es sólo un juego inocente es una mentira, y él prometió no mentirle.

La hipocresía de esta última conjetura no escapa al renegado. Esconderle sus sentimientos a Sakura siempre fue una mentira, y jugar a que todos esos momentos no fueron más que una diversión sin mayor significado, también lo fue. Empero, hipócrita o no, ese argumento le sirve ahora, y eso es todo lo que debería importar.

"No más juegos." Repite manteniendo a la razón a cargo de sus acciones, aunque ésta es totalmente incapaz de afectar las sensaciones que esconde detrás de su rostro.

Mientras tanto, él se mantiene sentado en la mesa en completo silencio, dando la impresión de que está totalmente enfocado en la cerámica húmeda entre sus manos. De vez en cuando, observa de soslayo a la dama sentada en frente suyo, quien está estudiando unos mapas que tienen bases de la Serpiente señaladas, a la vez que escribe apuntes sobre ellos con lápices de colores. Su ojo observador no tarda en registrar que ella también lo observa a cada vez que él regresa a ocuparse del diseño de las hombreras.

En una determinada ocasión, ambos suben la mirada al mismo tiempo para escudriñar al otro con discreción… Y, como es su costumbre durante las últimas horas, el contacto visual entre ellos se corta tan rápido como se hace presente. Por otro lado, Sasori nota que Sai aparenta ignorarlos sin mostrarse consciente de nada exceptuando al proceso de cocinar la carne de manera que absorba el sabor de los vegetales.

—La comida estará lista en diez minutos—anuncia el dibujante terminando con la prolongada quietud del ambiente—. Vayan terminando lo que sea que estén haciendo.

—Huele delicioso—opina la kunoichi mientras de levanta de su silla y comienza a guardar en su mochila los papeles y lápices que estuvo utilizando como distracción—. No puedo esperar a probar esa cena.

Sasori hace lo propio con las placas frescas, dejándolas reposar debajo de la estufa de la pared de al lado, y sobre unas hojas de periódico. Luego, se dirige al baño para limpiar los restos de material de sus manos.

El artista del movimiento abre una alacena sobre la cocina, y de ella saca un set de platos, cubiertos y dos copas. Apagando la llama debajo de la cacerola, se acerca a la mesa para poner los utensilios sobre el mantel antes de dirigirse a su compañera.

—Cometí un error—anuncia Sai con impasible tranquilidad al tiempo que se quita la armadura que Sasori le confeccionó, ya que desde hace un rato que estuvo comenzando a hacerlo sudar en conjunto con el fuego de la cocción—. Pero creo que tengo tiempo para corregirlo.

— ¿Qué pasa?—pregunta Sakura asistiéndolo en la labor de preparar la mesa para la cena.

—Al hacer las compras, me olvidé de comprar algo para que brindemos—explica secándose el sudor de la frente con un pañuelo, pero sin alterar su tono de voz—. No sería un festejo adecuado sin un trago en honor a la cumpleañera.

—No te preocupes—ríe ella agitando una mano frente a sí a modo de negativa—. No es necesario, créeme que con la comida ya has hecho más que suficien…

—No—la interrumpe el dibujante antes de que ella pueda terminar su oración—. Puse suficiente tiempo en esta cena como para permitir que algo falte. Sólo prende el fuego lento en unos minutos para evitar que la comida se enfríe mucho, mientras yo voy a comprar algo. Aún no son las nueve de la noche, así que no debería demorarme mucho en encontrar un mercado abierto.

A continuación, el ANBU deja colgada su chaqueta sobre la silla que ocupará al regresar y se dirige al recibidor. Allí, toma su riñonera del perchero y se calza los zapatos para salir al exterior.

De este modo, cuando Sasori sale del baño después de limpiar las articulaciones de sus manos, encuentra al dibujante saludándolo con su típica sonrisa de etiqueta.

—Ya regreso—es lo único que llega a escuchar del artista del movimiento antes de que este lo deje solo con su musa.

En el momento siguiente a la partida de su amigo, Sakura se queda inclinada sobre el lavabo de la mesada, sintiendo de inmediato la ausencia de algo que ocupe su atención. A pesar de encontrarse de espaldas al comedor, el que el silencio supere los cuatro segundos le basta para que la situación se le vuelva incómoda.

— ¿A dónde fue Sai?—pregunta Sasori apareciéndose desde el baño. A continuación, vuelve a tomar asiento frente a la mesa.

—Fue a comprar algo para beber y acompañar la comida—contesta Sakura, intentando ignorar el hecho de que la pregunta suena como un intento forzado de romper la tensión por parte de su ex informante.

Aún así, la ausencia de palabras que prosigue vuelve a sentirse incómoda. A este punto, es como si el espacio entre ellos fuese tan denso que podría tranquilamente cortarse con el filo de un kunai.

La mujer se mueve entre la mesada y la cacerola sobre la cocina en medio del tamborileo que los dedos de Sasori producen sobre la mesa. En un determinado momento de aburrimiento, ella se gira hacia atrás y termina deteniendo su mirada sobre la armadura del ANBU postrada sobre la silla. No demora mucho en encontrar en esa prenda una excusa para poner fin al silencio.

—Sai recibió su presente hoy… y no falta mucho para la medianoche—conversa con cierta torpeza. No obstante, su necesidad de romper el sofocante ambiente la fuerza en cierta manera a recuperar un poco de naturalidad en su tono— ¿Tienes algo pensado para mi cumpleaños?

Los dedos del ninja se detienen en seco, reflejando cómo la cuestión planteada consigue captar su atención.

—Si no mal recuerdo, habíamos acordado que estaba obligado a darte lo que tú me pidas—replica con un porte bastante similar al de ella, reclinándose hacia atrás para mirar el techo de madera del hospedaje. Al mismo tiempo, las patas delanteras de su silla se levantan, mientras él balancea su peso sobre ésta—. Espero que me pidas algo que no me demore tres años en preparar… aunque técnicamente podrías…

Aquella respuesta consigue sacarle una sonrisa a la kunoichi, consiguiendo que ganase un poco más de confianza ante la situación.

—Por supuesto que no voy a pedirte algo así. No podría esperar tanto…—aclara mientras se acerca a la mesa para apoyar sus manos sobre el respaldo de otra silla frente a la del artesano—. Pero pensar en algo a corto plazo no es tan sencillo como parece.

— ¿Necesitamos hacer de esto un desafío para que te salga mejor?—prosigue Sasori en un tono claramente burlón, un tono que por fin logra alivianar por un mínimo instante la molesta tensión que los envuelve.

—Siempre está la opción de pedirte un beso y verte lidiar con la vergüenza—piensa Sakura en voz alta, limitándose a mirar la mandíbula de su distraído compañero.

El hombre no le contesta, sólo suspira y se endereza sobre su asiento, despegando sus ojos del techo para llevarse una mano a la frente con suma contrariedad plasmada en el rostro. Ahora, deberá luchar de nuevo consigo mismo para no sucumbir a la dañina tentación de volver al juego.

Por un momento, la dama permanece tiesa en su sitio, dudando si su hablar acaba de cruzar una línea, pero no tarda en recordar que esa clase de dudas fueron el verdadero problema desde el comienzo. Sasori nunca le indicó en dónde quería detener el juego. Viendo las cosas por el lado positivo, esta misma situación le ofrece a Sakura la oportunidad perfecta para arriesgarse y averiguar si es allí donde el hombre pone su límite…

—Pedirte un beso de cumpleaños es una idea demasiado atractiva…—lo desafía siendo bien consciente de que aquella pulsión entre ellos es tanta, que casi ocupa un espacio físico— ¿Acaso te opones? ¿Sería algo muy difícil de conseguir?

Sasori siente a su núcleo soltar una explosiva palpitación ante aquella propuesta… Volver al juego ahora sería tan fácil… y aprovechar esta oportunidad le resulta tan tentador… pero no puede seguir pensando sólo en el corto plazo. Gran parte de sí mismo no puede simplemente volver al mismo ciclo insatisfactorio de antes… Así que es mejor detener esto antes de que las cosas se reinicien.

—Ya hablamos de esto, Sakura…—dice intentando hacer primar la razón por sobre la facilidad del dejarse llevar por sus impulsos—. No más juegos.

La muchacha se irrita y frustra un poco ante la esquiva que recibe en respuesta. Ella todavía quiere saber exactamente qué está pasando por la mente del marionetista, y esa clase de palabras no la ayudan en lo absoluto.

—Me dijiste que no debería jugar sin saber dónde detenerme. Tenías razón—le recuerda la dama al tiempo que rodea la mesa que los separa hasta poder tenerlo a su alcance. A continuación, toma el respaldo de su silla y lo gira hacia ella para hacer que él la mire directo a los ojos—. Así que esto no es un juego. Te estoy preguntando qué pasa si te pido un beso para mi cumpleaños.

El marionetista se siente incapaz de rehuirle la mirada ahora. En su lugar, sólo se limita a sentir el instinto de contener la respiración dentro de su pecho, mientras contempla el rostro de la mujer que ama desde abajo. Lo único que su mente llega a operar son las mil y un excusas que podría dar para no seguirle el juego a su musa.

Aquel nuevo silencio de su parte es suficiente para que Sakura se irrite todavía más y comience la siguiente oración en su reproche con un tono ligeramente más agresivo.

— ¡Que estoy hablándote en serio! ¡¿Cómo quieres que te lo explique?! ¡¿Te parece que luego de lo que pasó puedo estar j…!?

Sasori deja de escuchar el discurso unas silabas después de comenzado.

"No es un juego."

Esas fueron las palabras de su musa, palabras que se repiten como eco dentro de su mente, consiguiendo que la simple realización de aquel hecho sea suficiente para que su debilitada máscara y forzadas excusas cedan ante la tensión…

En un repentino y espontáneo arranque de honestidad, el hombre silencia a su amada poniéndose de pie y borrando la distancia entre sus rostros, con nada menos que el gesto que ella misma había pedido como regalo de cumpleaños.

Por su parte, Sakura sólo atina a quedarse paralizada ante el beso de Sasori. Durante el instante que el contacto perdura, mira sus ojos cerrados sin siquiera parpadear, y siente como si corazón se hubiese detenido al mismo tiempo que lo hizo su respiración.

Aquel beso resulta ser fugaz, apenas más largo que lo que le llevaría a cualquiera de los dos el percatarse de lo que realmente acaba de ocurrir. Aun así, la sensación del calor de los labios de la kunoichi tan cerca de los propios hace que Sasori termine de estar seguro de cuán real es la consecuencia inmediata a su brote de impulsividad.

A continuación, el artista retrocede unos centímetros y abre los ojos. Al volver a encontrarse con el rostro de la mujer, se topa con que su expresión le resulta indescifrable. Y a pesar de que acepta que deberá vivir con las consecuencias de su honestidad, no puede evitar temer ante estas. Sin siquiera notarlo, un mar de sensaciones comienza a dibujarse en sus orbes ámbar como producto de la reciente experiencia.

Como si aquello fuese una ventana directa al alma de su compañero, Sakura comienza a ver a través de aquellos ojos, tan artificiales a la vez que vivos, todos aquellos sentimientos que él intentó ocultarle, y sonríe sumamente agradada por el descubrimiento. No obstante, aquella alegría se ve eclipsada por la enorme insatisfacción que siente ante el abrupto final que tuvo aquel beso.

La magia que ella vivió en aquel momento fue el equivalente a que le hubiesen dado a probar un fruto prohibido, exótico y de exquisito sabor… sólo para que se lo apartaran de los labios antes de que llegase siquiera a disfrutarlo. A partir de ahí, su decepción no tarda en convertirse en la chispa que la mueve a buscar por su cuenta la boca del pelirrojo.

En medio de un arranque mucho más explosivo y directo que el de él, la muchacha lo abraza del cuello y lo besa sin darle tiempo a reaccionar. Ahora sí puede sentir... aunque aún no sabe exactamente qué, ya que el torbellino presente en su interior no es claro… pero se siente correcto. Aquel beso se siente lo más correcto del mundo para ella… y ya no piensa detenerse.

La repentina revancha de Sakura es una consecuencia que Sasori no esperaba, quizá la única que no esperaba… Como si los papeles se hubieran invertido, el hombre es ahora quien queda paralizado ante la iniciativa de su dama. Además, su avance se presentó como algo casi violento, que estuvo a punto de hacerlo perder el equilibrio. Pero el efecto inmediato y casi adictivo del tacto en sus labios no tarda mucho en tomar las riendas a partir de ese momento.

De esta manera, al segundo siguiente de que Sakura ejecute su movimiento, Sasori le retorna el beso, con cierta torpeza, al tiempo que la envuelve en sus brazos.

Ella reacciona de forma muy positiva ante la contra jugada, cerrando sus ojos para permitirse perderse en el contacto sin reparar en nada más. Más temprano que tarde, empieza a sentir la urgencia de aumentar el nivel del beso y termina deslizando su lengua dentro de los labios ajenos.

Allí dentro, la kunoichi se topa con otra lengua que se siente más lisa que la suya, además de más seca, pero eso no es algo que le importe. Ni siquiera sabe si esto debería o no resultarle extraño. No, no importa. Nada importa, así que deja cualquier rastro de pudor atrás y explora la boca de Sasori, acariciando su lengua con la propia en un movimiento desmañado.

Al principio, ambas bocas se muestran totalmente descoordinadas, rebosando inexperiencia a cada movimiento que realizan. Empero, el deseo de seguir degustando el beso, de encontrarse el uno al otro, de sentirse más y más cercanos se acrecienta con el tiempo, haciendo que la danza torpe de sus lenguas llegue a antojarse irresistible a pesar de novata.

La mujer siente cómo los brazos de Sasori comienzan a presionar el abrazo sobre su cintura, como negándole la opción de alejarse de él. Aquello la excita a sobremanera, haciendo que su corazón dé brincos de gusto dentro de su agitado pecho. Y en el mismo instante que ella se aparta de su boca para retomar un poco de aliento, nota cómo el marionetista devuelve su anterior gesto, ingresando a su boca como si el medio segundo que pasó fuera de ella fuese suficiente para extrañarla.

En reacción al apasionado movimiento de su compañero, la chica da un paso atrás y, lejos de querer separarse de él, se afirma en su cuello. De esta manera, retrocede junto con él un par de pasos, hasta encontrar apoyo en aquella pared del comedor que conecta con el pasillo de entrada.

A este punto, cualquier miedo o duda en el renegado ha pasado a un último plano. Nada más le importa en este momento que tenerla en sus brazos y apropiarse hasta la última gota de su aliento.

"Más."

Sasori sólo sigue su invitación con suma torpeza, ya que está demasiado ocupado en la tarea de mantenerla pegada a él durante todo el proceso. Una vez allí, ambos encuentran en el soporte del muro la facilidad necesaria para continuar el aparentemente eterno beso sin el riesgo de caer.

Además, gracias a la nueva posición, Sakura puede permitirse un poco más de libertad a la hora de jugar con la situación. A medida que sus bocas van poco a poco encontrando su ritmo, y a medida que sus lenguas se compenetran en la tarea de estimularse mutuamente, la muchacha levanta su pierna para rodear la cadera de su compañero y atraerlo hacia ella de una forma mucho más íntima.

La mujer se mueve por instinto, y a este punto él también lo hace. Al sentir la pierna de Sakura hacer contacto con su cuerpo, se apresura a mover su brazo para tomarla y mantenerla enrollada alrededor suyo sin que se terminase resbalando. Cuando la ve una segunda vez en necesidad de respirar, aleja su rostro del de ella sin dejar de devorarla con la mirada. En ese momento, nota de inmediato que los ojos de Sakura expresan el hambre y deseo más primitivo que puede llegar a albergar una mujer.

Ella no hace más que sonreír ante el súbito corte del beso, tomando una gran bocanada de aire antes de volver a la marcha.

A diferencia del beso anterior, éste no comienza con torpeza. Ésta vez, ambos responden al contacto con la misma pasión y coordinación. La tensión que los rodeó de manera omnipresente a lo largo del día, parece haberse encendido en llamas, llamas que impiden a ambos ver o ser conscientes de otra cosa que no sea la persona frente a ellos.

Ahora, Sakura baja las manos del cuello del hombre y recorre su espalda con ellas, para luego terminar deslizando su mano izquierda por el hombro y el brazo derecho de Sasori. Una vez que llega hasta la muñeca, la toma y trata de separarla de su cintura para invitarla a tomar su otra pierna.

Sin necesidad de palabras, el hombre responde de inmediato al gesto de su amada. La toma de ambos muslos y, separándola del suelo, la empuja contra la pared para que la tenga como único soporte además de sus propias manos.

Ninguno de los dos parece haberse molestado por, o siquiera haber oído, el golpe de sus pesos contra el muro de madera. Ahora mismo, no existe placer más grande para Sakura que poder tenerlo de nuevo entre sus piernas para apretarlo, y no dejarlo ir de nuevo por culpa de sus propias inseguridades. Respirando de modo entrecortado al mismo tiempo que siente al producto de su excitación humedeciendo su ropa interior, ella continúa devorando su boca mientras nuevamente siente a su organismo clamando, exigiendo y demandando por más.

A cada vez que la respiración agitada de la mujer termina haciendo que se deslizase poco a poco al suelo, el renegado siempre reacciona levantándola una vez más, y volviendo a presionarla entre su cuerpo y la pared, en un movimiento tosco que sólo aumenta exponencialmente el deseo de ambos por más contacto. Por agradable que haya sido al principio, la pared es inefectiva en lo que refiere a su intención original.

Notando este detalle, Sasori apoya todo el peso de Sakura sobre sí mismo antes de girarse para cargarla en brazos hasta la mitad despejada de la mesa.

Aquel instante de transición es aquel en el que el beso se rompe, ya que aquella acción le trae demasiados recuerdos a Sakura sobre la última vez que Sasori la subió a una mesa... y la oportunidad de volver a reavivar la experiencia no hace más que arrancarle una sonrisa de puro entusiasmo.

Una vez que su compañero la deposita sobre el mantel, ella se apresura a empujar aún más lejos los platos y cubiertos. Luego, se deja caer hacia atrás a la vez que invita a Sasori a recostarse sobre ella.

En el momento en que ella queda a su total disposición, el renegado obtiene una vista única del objeto de su obsesión. Esta vez, opta por tomarse un momento para quedarse quieto y disfrutar del provocativo panorama que tiene en frente. Finalmente, el siguiente movimiento del criminal termina siendo lo opuesto a los deseos de su dama.

Apoya una de sus manos en el muslo desnudo de Sakura, acariciándolo mientras da unos pasos rodeando la mesa. A medida que lo hace, va ascendiendo lentamente el mimo hasta su vientre, causando que la muchacha se estremezca ligeramente allí, en donde sus dedos la tocan por debajo de la playera.

Una vez que se encuentra a la izquierda de su amada y la impaciencia en ambos se vuelve palpable, el hombre se reclina sobre su cuerpo para volver a besarla.

En lo que responde al beso, Sakura no puede evitar sentir una oleada de expectativa apoderarse de su vientre bajo ante aquella mano. Separándose un momento de sus adictivos labios, se queda simplemente mirándolo con intensidad. Luego, sube su mano izquierda para acariciarle el rostro antes de volver a buscar su boca con la propia. Ésta vez, el contacto es más lento, debido a que el foco de su atención aún esta fijo en la deliciosa caricia que su titiritero le proporciona alrededor del ombligo.

Sin separar sus labios de él, la muchacha utiliza su mano libre para capturar aquella que está en su vientre, y, con la temeridad que siempre la caracterizó, se propone a guiarla hacia el húmedo umbral de su diseño.

De repente, y sin previo aviso, la repentina aparición de un ruido los obliga a recordar la existencia del resto del mundo… aquel sonido se revela como el compás de unos firmes pasos acercándose, unos pasos los alertan de inmediato sobre la proximidad del dibujante.

La reacción de ambos que acontece al estímulo es un poco más lenta de lo que sería propio de dos ninjas de su calaña.

La mano de Sakura cambia su tarea de inmediato, separando a Sasori de sí misma al tiempo que mueve sus piernas a un lado y se baja de la mesa tan rápido como puede.

Cuando el chirrido de la puerta abriéndose comienza a oírse, el pelirrojo ya tiene sus hilos sobre la loza y el mantel, acomodándolo todo a su posición original con toda la velocidad que sus herramientas de chakra le permiten.

—Espero no haberlos hecho esperar demasiado—se disculpa el ANBU anunciando así su regreso al hospedaje. Sin dar indicios de sospechar algo, no pone su mirada de inmediato sobre el comedor. En su lugar, se encorva con tranquilidad para quitarse los zapatos antes de pasar del recibidor—. Me costó un poco encontrar lo que buscaba.

Cuando el artista del movimiento posa por fin sus ojos sobre sus dos compañeros, éstos se limitan a hacer como que nada pasó, mientras que poco a poco intentan convencerse de que es imposible que los haya visto en su momento más... honesto.

—Para nada—contesta Sakura con aparente casualidad, a la vez que escudriña con recelo algún indicio en la faz del dibujante que revele que sí se percató de lo ocurrido. Para su tranquilidad, no encuentra ninguno— ¿Servimos la comida?

—Me dejas eso a mí—repone Sai con una sonrisa leve, yendo de inmediato a la cocina para sacar la cena de la cacerola y llevarla a la mesa.

En un fugaz instante, Sasori y Sakura se observan en silencio y alivio ante el hecho de que su pequeño secreto parece estar a salvo. Empero, cuando los tres se sientan a cenar en la mesa, las consecuencias del juego de ambos terminan por hacerse presentes. Ahora que ya no están solos, y ahora que sus latidos por fin regresan a la normalidad junto con sus mentes, llega el punto en que es claro para los dos que nada puede seguir igual. Ya es demasiado tarde para eso.

Sólo queda preguntarse cuáles serán las consecuencias de esto, preguntarse qué hacer a partir de ahora… y nada en el futuro es lo suficientemente claro como para generar otra cosa que un cúmulo de interrogantes, miedo y expectativa que no podrían expresarse el uno al otro en este momento, incluso si el ANBU no estuviese allí presente.

— ¿Acaso la presentación del plato les quitó el habla?—Intenta bromear el pálido, con un tono algo extraño en su voz, cuando nota que el silencio durante la reunión se extiende por demasiado tiempo—. Propongo un brindis.

El ANBU sirve dos copas del vino tinto que acaba de comprar, una se la queda él, y le extiende la otra a la ninja sentada en frente suyo.

La muchacha recibe el trago y se queda observándolo por un instante. Luego, desliza el recipiente sobre el mantel hacia el marionetista a su lado.

—Únete al brindis—le sugiere antes de intentar esconder sus inquietudes con humor—. Tienes sentido del gusto, ¿Verdad? Me decepcionaría si fuese de otro modo.

El titiritero sonríe intentando sobreponerse a su súbito retorno al mundo real. Acto seguido, toma la copa ofrecida sin titubear un segundo, y la alza hacia ella.

—Por ti, Sakura. Feliz cumpleaños—vocaliza Sasori soltando lo primero que viene a su mente.

En lugar de servirse un nuevo trago, la muchacha toma la botella de vino y toca la copa de Sasori con ésta misma, emitiendo un pequeño sonido por el choque de un vidrio contra el otro.

—Por esta misión, y todo lo que pasamos en ella—pronuncia la dama, también recurriendo a la primera idea que viene a su mente.

—Y por el éxito de la misma—agrega el ANBU de la Raíz llevando su propia copa hasta el contacto con los recipientes de sus compañeros.

A continuación, los dos artistas toman un sorbo de sus vasos, mientras que la mujer se acerca el pico de la botella a la boca con la intención de darle un muy buen uso al vino. Después de todo lo que acaba de vivir hace menos de treinta minutos, mal no podría venirle un poco de alcohol extra.

.


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Cuando finalmente llega la hora de dormir dentro del piso de su equipo, el pelirrojo opta por ir a montar guardia fuera del hospedaje. No lo hace ver como la gran cosa, sólo lo anuncia de manera casual luego de ayudar a limpiar la loza. Aun así, es claro que esto no es normal. De hecho, es una primera vez, pero es algo que Sakura definitivamente le agradecerá a lo largo de todas las horas de insomnio que se le vienen encima.

Por su parte, ella permanece recostada en su futón, y sobre el tatami del pequeño dormitorio que posee el alojamiento. Las luces de toda la estancia ya están apagadas desde hace un rato. Mientras Sai duerme plácidamente en el rincón opuesto al suyo, ella no hace más que dar vueltas entre sus sábanas, sintiéndose inquieta a más no poder.

"Eso… pasó… definitivamente pasó… y no fue un juego…"

La joven se cubre el rostro con las manos en una mezcla de remembranza y confusión. Ahora, el pasado se le antoja tan surrealista que, de no ser porque su memoria táctil aún reproduce constantemente aquellos besos en sus labios, dudaría sobre si todo aquello fue un simple sueño.

"Ahora, ¿Qué?" Se pregunta reconociendo que ya no pueden hacer como si nada hubiese ocurrido, ella menos que nadie, no después de cómo reaccionó a ese primer beso.

"Mi primer beso… con Sasori…"

Aquellas palabras se materializan en su mente, y se repiten una y otra vez hasta que por fin dejan de sonar extrañas. Le cuesta tan poco admitírselo, le cuesta tan poco recordarlo... ¿Por qué todo aquello la sorprende tan poco?

"No me arrepiento." Piensa de nuevo sin sorprenderse, aunque sin entender por qué... ¿Qué significa esto? Necesita encontrar una respuesta, una pista que la guíe a comprender por qué puede conservar tanta calma después de lo ocurrido, o tan siquiera algún indicio que la ayude a entender qué es lo que siente…

Quizá a base de costumbre, su primer instinto ante la situación es buscar una comparación con el pasado, en aquello que en algún momento tuvo por el último Uchiha, pero las diferencias son tan marcadas que la simple idea de comparar esas dos situaciones la repele de inmediato.

No… Aquello no fue más que una estupidez de niña. No hay nada útil en rememorar algo tan inmaduro y tan paupérrimo… y eso sólo la deja aún sin un punto de referencia, aún sin entender.

"¿Lo quiero…? Lo quiero… Lo quiero…"Monologa en sus adentros, pasando de la duda a una aceptación tan natural como incomprendida.

Se siente segura de que lo quiere, del mismo modo que estuvo segura de tantas cosas erróneas en el pasado…

"¿Acaso merezco confiar en mi propio juicio después de tantos errores? ¿Cómo puedo saber qué hacer si este es un asunto en el que jamás tuve ninguna experiencia?"

Aquellas interrogantes nacen de la inseguridad, de la inexperiencia propia que es natural que exista en alguien de su edad. Eso es lo que prefiere decirse a sí misma antes de permitir que la frustración la lleve a pensar algo mucho más estúpido.

Sasori no es la única persona que le importa en este mundo. Ella también quiere a Sai, quiere a sus padres, a su maestra, a Kakashi, a Naruto, a Ino… Al final del día ¿Cuál es la diferencia entre Sasori y todos aquellos nombres?

"Que no te acostarías con ninguno de ellos." Le contesta el rincón más honesto de sí misma, regañándola por preguntarse tamaña estupidez.

Pero no, la pregunta no es totalmente estúpida, tiene un verdadero mérito: ¿Necesariamente tiene que mezclar la atracción física y el romance? ¿Acaso esas dos cosas no pueden funcionar por separado?

Afortunadamente, la respuesta a esa pregunta le llega rápido: si aquello es posible, no lo es en su caso.

"Oh, por todos los dioses… Lo quiero…" Se admite perdiendo su mirada en el espacio vacío y negro frente a sus orbes de jade…

"Lo quiero." Repite sintiendo como si las palabras hiciesen eco en su cuerpo y transmitieran una extraña sensación de seguridad a todo su ser.

"¿En realidad eso te sorprende? Sabes que no." Insiste la voz de su razón, quien, de vez en cuando, muestra mucha más sensatez que su yo consciente.

Esa voz tiene razón esta vez, aquel descubrimiento quizá no debería sorprenderla a estas alturas.

Es decir, por supuesto que quiere a Naruto. Además de ser su compañero de equipo, él se graduó junto con ella de la misma academia. Compartió muchas cosas con él como para no quererlo, pero aquella odiosa dependencia emocional que llegó a desarrollar por él en la etapa más patética de su vida influyó de modo negativo en la amistad que alguna vez llegaron a forjar… Desde que Sasuke se fue, e incluso antes de eso, Naruto dejó de tratarla como a su igual, dejó de compartir cosas con ella, dejó de pedirle consejos u ayuda, y pasó a tratarla, o como una muñeca de porcelana que podría quebrarse al menor soplido, o como el recordatorio de una promesa pendiente. Hasta ahora, ella nunca quiso admitirse esta realidad, puesto que siempre creyó que aquellos dos años que ambos pasaron lejos del otro, entrenándose en sus propios talentos, bastarían para hacer borrón y cuenta nueva y recuperar la chispa de su amistad… pero todo volvió a irse al cuerno luego de aquel nefasto encuentro en la guarida de Orochimaru.

Ella nunca pudo sentir que él viese su crecimiento, ni su duro entrenamiento con Tsunade, pero no lo culpa por ello. Él no estuvo presente durante su primera batalla con Sasori, y tampoco llegó a ver en ella otra cosa puesto que, tan sólo diez días después de aquella misión, se le vino encima un nuevo fracaso tras haber intentado razonar con Sasuke una segunda vez. Sí, lo quiere, pero no puede quererlo… y esa distinción tiene sentido.

Tampoco niega que quiere a Sai. Le debe mucho como para no quererlo, pero él siempre la vio como lo que ella debe ser: una ninja de Konoha, una compañera de equipo y una mujer capaz. Y aunque agradezca su confianza, existieron muchas veces en las que, por mucho que le pese, ella fue menos que eso frente a él. Y el pálido dibujante no pudo verla. Nuevamente, lo quiere, pero no puede quererlo.

Mientras más medita al respecto, es evidente que esto es un problema que se extiende a muchas otras de sus relaciones… Sus padres siempre alternan entre verla como la niña a la que enseñaron a caminar, o como la alumna de la Hokage… y rara vez se detienen en algún intermedio. No puede culparlos, ella es su única hija y nadie le enseña a la gente como ser padres. Ya hicieron un gran trabajo tratando de darle lo mejor que sus limitados rangos les permitieron, y siempre estaría agradecida con ellos a pesar de todo.

Tsunade, a pesar de haberla visto crecer y mejorar frente a sus ojos, no puede dejar de verla como la niña que llora por su compañero perdido. La Princesa de las Babosas aún esquiva el tema cuando puede, y si debe tocarlo lo hace temiendo siempre a lo peor. Ve a la alumna, ve a la niña llorona, pero no a la mujer. A este paso, todo parece indicar que hasta que no consiga superarla en técnicas, aunque sea despertando el sello sobre su frente al igual que ella, jamás dejará de verla como una aprendiza. Si bien Sakura nunca va a dejar de pensar maravillas de su maestra, eso es algo que siempre se ha sentido como una puntiaguda molestia para ella.

Por otro lado, Kakashi es la figura del maestro con buenas intenciones, pero que se quedó a medias y nunca pudo conectar con su alumna. En cierto punto, siempre la apenó el hecho de que, de los tres miembros originales del equipo siete, ella fue la única que casi no pudo aprender cosas de él, tan siquiera para conocerlo más de cerca. Kakashi fue maestro, mentor y consejero de Sasuke y Naruto… pero nunca estuvo para ella más que como una figura protectora, lejana e idealizada. Aun así, hoy en día puede entender por qué el Ninja Copia puso tanto de sí mismo en sus compañeros. En ese entonces, eran niños con presentes y pasados problemáticos, por decirlo de manera suave. Era importante intentar guiarlos por el buen camino, y sólo alcanza con ver el resultado de sus esfuerzos para apreciar la tamaña dificultad que aquella tarea significó.

Otra vez, no puede culparlo ni odiarlo por ello. Las circunstancias lo superaron de igual modo que al resto de los adultos de la aldea en el mismo momento que Orochimaru apareció e invadió Konoha.

Incluso Ino... No fue culpa de su amiga que ella haya decidido romper su amistad cuando eran niñas. Porque fue ella quien rechazó y lastimó a Ino, y no al revés… Tampoco siente que sea culpa de Yamanaka que ambas no hayan tenido tanto contacto, como hubiese sido sano, después de todo lo que pasó… Pero tanta distancia estúpida hace que su amiga tampoco vea en ella más que aquella figura inmadura y triste, obsesionada con el recuerdo de un joven que nunca se interesó en tratarla de modo especial.

A fin de cuentas, todos la tratan como la ven, y todos ven sólo fracciones de ella, algunas actuales, otras pasadas, pero no puede decir que alguien la haya visto o tratado como lo que ella es.

"Excepto él..."

La dama no deja de dar vueltas en la cama hasta que llega a esa realización, realización que la encuentra mirando al techo y la mantiene firmemente anclada en esa posición.

Cuando lo conoció, ella era una oponente y él la trató como la amenaza que representaba, y con el respeto que se merecía.

Cuando volvió a verla por segunda vez, se encontró con una niña estúpida que prefería morirse antes de hacer algo útil con su situación. Entonces, Sasori la trató como la imbécil chiquilla que era y la detuvo de hacer algo de lo que no habría retorno. La reconoció como la inmadura que realmente era, y, sin haberla tratado como menos, le demostró cuán equivocada estaba sobre eso, y sobre muchas cosas más. La forzó a ver el mundo por lo que es, y está agradecida por ello.

La vio como una espía con potencial, como alguien en quien se puede confiar. Luego, la vio como amiga, como confidente, como compañera de equipo.

La trató como merecía ser tratada y como necesitaba ser tratada en cada ocasión.

Por último, la vio como mujer… y cuando ella estuvo por hacer algo estúpido, la trató como la adolescente idiota que fue en ese momento.

Le es tan difícil imaginarse dónde estaría hoy sin él, que negar que lo quiere se siente cada vez más irrisorio para su razón.

"Cuando la relación más sana que he tenido es con Sasori de la Arena Roja… ¿Qué dice eso de mí?" Se pregunta extrañamente relajada al considerar la interrogante.

"Dice que quieres más…" Contesta la voz de la verdad, forzándola finalmente a tomar el valor de apartar las sábanas y sentarse sobre el futón.

Sakura respira profundo, vaciando sus pulmones con una calma premeditada antes de recoger su ropa e ir al baño para comenzar a vestirse de nuevo. Definitivamente, quiere más… y Sasori también… Al menos, eso cree… Sea como sea, ya no tiene ningún sentido quedarse sentada a esperar que la ansiedad consuma su cordura.

Tiene tanto que decirle… que no quiere que todo lo que la mantuvo despierta esta noche quede nada más en sus memorias. Aquella seguridad es una sensación sumamente inusual para ella, siendo que se ha convertido en una persona acostumbrada a dudar sobre todo. Pero ahora, el saber a ciencia cierta que quiere hablarle, es algo que la inunda y la motiva a actuar como si fuese un comando divino.

Sin encender ninguna luz, apaga la del baño y regresa al silencioso comedor. A continuación, busca en la alacena de la cocina un vaso, y termina por encontrarlo al lado de una botella de vino tinto nueva y sin abrir.

Puesto que tiene la garganta seca, opta por ignorar ese vino y beber sólo agua. Además, necesitará estar lucida para lo que irá a hacer en breve.

Una vez que la kunoichi se calza los zapatos y encuentra frente al portal que conecta este piso con el pórtico del gran caserío de alojamientos turísticos en el que se están hospedando, toma otro largo respiro y estira su cuello antes de seguir su camino.

"Es tiempo de vivir con las consecuencias."

Fiel a esta determinación, abre la puerta del albergue y sale a la cálida noche de verano. Tras haber saltado el pórtico cerrado del conjunto de alojamientos, termina encontrando al marionetista sentado sobre el cordón de la acera de en frente.

Gracias a la tenue iluminación de los postes de luz, la mujer puede ver una clara expresión de confusión y temor asentarse en su rostro ni bien la ve cruzar la desierta calle que los separa. Sakura imagina que no debe ser muy distinta a la mueca que ella misma debe portar ahora mismo...

Por su parte, el artista no se levanta, ni emite sonido alguno cuando ella llega hasta él y se sienta a su lado, hombro a hombro, sin crear otra distancia artificial que ninguno de los dos siente, ni desea.

Pero sin importar la cercanía que de repente comparten, ambos permanecen mirando la calle, sin tener la necesidad de verse a los ojos para poder saber qué clase de conversación se avecina.

Por otro lado, el pueblo a su alrededor parece vacío, como si nadie salvo ellos estuviese despierto a esta hora de la noche. De este modo, los dos se permiten un momento de silencio para elegir sus palabras, ésta vez sin incomodidad, sin tensión.

—No fue un juego—afirma Sakura con firmeza, casi pidiendo una confirmación que no tarda en obtener.

—No fue un juego—asiente Sasori confesándole sus ya obvias intenciones.

La mujer ya sabía esto, pero escucharlo directamente de su boca le trae una sonrisa al rostro, más una sensación de calidez a su pecho…

—Entonces, supongo que comienzo a hablar yo—sentencia la muchacha temiendo que, si debe responder a lo que sea que el marionetista tenga pensado decirle, pierda el coraje o la calma para soltar aquello que está pensando—. Encontrar las palabras es difícil… ¿Sabes?... Me haces bien.

La última oración enciende un brillo muy especial en los ojos de Sasori, quien se gira a ver a una Sakura que todavía se resiste a mirarlo directamente. Ella aún está demasiado enfocada en controlar su vergüenza, y en el qué decir, como para animarse al contacto visual.

—Sé que me dirás que ha sido cosa mía… pero es gracias a ti que yo he mejorado mucho… en… todo—continúa su musa, demostrando en su tono y ritmo la dificultad que tiene en encontrar la forma de expresar sus sentimientos—. Eres… bueno.

Una mueca de confusión se abre paso en el rostro del criminal durante el silencio que sigue a esa palabra. Empero, antes de que él pueda emitir sonido, su amada levanta su mano y la pone sobre su boca, ordenándole con el gesto que espere un poco más.

—Me has escuchado cuando nadie más podía, o hubiese querido. Me ayudaste cuando lo necesitaba, ya sea que yo haya sido capaz de notar que necesitaba tu ayuda o no—continúa sincerándose a pesar de lo torpe e inepta que suena—. Soy más feliz gracias a ti, y soy más feliz cerca de ti.

Al decir esto último, Sakura se atreve por un momento a girar su cuello hacia Sasori, siendo aquella la primera vez que se topa con ese extraño brillo en los ojos del artista… No tarda en volver su mirada al suelo antes de que sus propias emociones la echen para atrás.

—Y ya sé que de seguro pensaste en estas cosas mucho más que yo… Después de todo, siempre las piensas más que yo—musita sumamente ruborizada, pero con total convicción—. Que soy muy joven para tomar estos riesgos, que es demasiado peligroso, que existen demasiadas maneras para que esto salga mal… pero soy una ninja. Viviré toda mi vida tomando riesgos por el bien de mi aldea y mi equipo. Y este sería el primer riesgo que puedo tomar por mi propio bien, por mi propia felicidad… Así que… quiero tomarlo…

Después de lo vergonzoso de aquella revelación, Sakura se ve obligada a hacer una pausa y a tomarse la cabeza con ambas manos para reírse de sí misma.

— ¡Y probablemente esté hablando puras incoherencias, y no me has entendido en lo absoluto!—exclama antes de armarse de coraje y recobrar la seriedad. Luego, se gira de nuevo para verlo a los ojos y hace el último esfuerzo de la noche para terminar de volcar su corazón en palabras—. Quiero decir que me gustas… y quiero que seamos más… y quiero que lo hagamos funcionar… De alguna manera… si es que sientes lo mismo…

Pese a sus esfuerzos, la espera por una respuesta de su compañero resulta ser demasiado tortuosa para los latidos desbocados de su pecho.

La verdad es que esta situación es algo casi ridículo para Sasori… Ha pasado tanto tiempo soñando con la chance de expresar sus sentimientos con honestidad, y tanto tiempo buscando motivos para no hacerlo por temores estúpidos… que ahora no tiene la chance de hacer otra cosa más que paralizarse sin poder comenzar a cumplir su sueño.

— ¿Sasori?

A continuación, ese mortuorio momento de dudas se esfuma de inmediato para Sakura, ya que Sasori borra la distancia entre ellos y vuelve a besarla.

Este contacto de labios es muy distinto a la última vez. Es menos desesperado, más íntimo, más confortante.

Al haber fracasado inicialmente en expresarse con palabras, el marionetista tomó la decisión de demostrar sus sentimientos con una simple y dulce acción. Ahora que sus intenciones ya son totalmente claras, puede separarse unos centímetros de ella para comenzar a hablar sin miedo a ser malinterpretado.

—No hay nada que quiera más que tomar ese riesgo contigo…—sonríe sin evitar sentirse todavía algo embriagado y aturdido tras haber vuelto a disfrutar una vez más del sabor de su dama—. Eres… Única… No encuentro manera de expresar cuánto… Has visto en mí la persona que cualquiera hubiese dado por inexistente. Maldición, incluso yo lo hago de vez en cuando… Soy un mejor artista y una mejor persona gracias a ti, aunque sea sólo un poco… Y soy mucho, mucho más feliz teniéndote a mi lado…

Sasori detiene su suave discurso por un momento, intentando resumir lo obvio y expresarlo una última vez, casi sólo por el gusto de finalmente poder decirlo con total libertad:

—Quiero más. Quiero que funcionemos.

A continuación, sus rostros se acercan de nuevo, y ambos se rinden otra vez al placer de un nuevo beso. Sus labios se unen, afirmando así, y de una manera tangible, la relación que existe ahora entre ellos. La relación que quién sabe desde cuándo existió entre ellos…

Y se siente tan correcto…

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.

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Nota de autores: Como habrán notado, la frase en la nota de autor anterior fue bastante más parecida a una mentira…

Ya pasaron más de tres años desde que comenzamos a publicar. Pasamos tantas horas trabajando en esta historia que la idea de tratar de contarlas es simplemente estúpida.

Creemos que mereció la pena tomarnos nuestro tiempo y hacer esto con toda la lentitud necesaria para ilustrar a los personajes de manera individual, así como para crear un mundo que, a pesar de ser independiente de los personajes, permita que una relación se geste al ritmo que las personalidades de los protagonistas permitan.

Seguro que perdimos más que un lector al demorarnos tanto en llegar a este punto, pero no nos arrepentimos.

En las palabras abreviadas de Alan Moore: "…No es el trabajo del artista darle a la audiencia lo que la audiencia quiere (…) Es el trabajo de un artista darle al público lo que necesita."

Creemos que esa frase ilustra el rechazo que nos dio la manera en que los personajes, tramas e incluso temáticas mayores de Naruto fueron tratados a lo largo de todo el manga, y eso que nunca tuvimos grandes expectativas en esa historia en particular. No es por tirarle basura a Kishimoto (Existirá otra nota de autor para eso en donde soltaremos varios palazos) pero hablando en serio. ¿Cuántos de ustedes han recurrido a historias ajenas, o incluso propias, para ver satisfechas sus ganas de ver mejor tratado algo que el manga de Naruto ignoró?

Volviendo al tema, comenzamos esta historia creyendo que existían suficientes historias que narran la pareja de "Sakura x chico malo" enfocándose en la fantasía de ver el resultado de un romance imposible o prohibido, y sólo por el gusto de ver situaciones románticas sin grandes implicaciones.

Creemos que existe un grupo de lectores que necesita un análisis más profundo de lo que ocurre cuando dos personajes tan diametralmente opuestos, con historias tan ricas y distintas, interactúan de manera personal por tanto tiempo en un mundo que honestamente no distingue verdaderas diferencias entre ellos.

Y si leíste hasta este punto, es probable que seas parte de este grupo. Para los que necesitaban (quizá incluso sin saber) este tipo de historia, en realidad deseamos que la disfruten.

Aún falta mucho por escribir sobre estos dos, esperamos que les haya agradado el viaje hasta ahora.