Durante el receso del colegio, Lana estaba sentada en su pupitre estudiando los nuevos mapas estelares que había encontrado un día mientras navegaba por la red Occidental. Eran más precisos que los que había fotocopiado de un libro de la Biblioteca Nacional, lo que le tenía muy emocionada. Su rostro en cambio decía todo lo contrario, tenía una expresión cansada y eso se debía al drástico cambio que había sufrido su rutina. Apenas habían pasado un par de semanas desde que Fabian se había ido y todo a su alrededor era un caos.
Un día común para la pelinegra iniciaba levantándose muy temprano para asear la casa y terminar sus deberes escolares. Luego iba al colegio y de ahí iba al Palacio de Gobierno a recoger a Nastia. Ambas iban a comer a casa de la pelirroja que trataba de parecer de mejor ánimo, pero en realidad cada día se veía más triste. Después le ayudaba con la limpieza y charlaban hasta muy tarde en la noche cuando Volker iba por ella para dejarla en su casa. En cuanto llegaba ella se conectaba para charlar un rato con Blake que parecía esperarla pacientemente. El tiempo se prolongaba por horas y solo cuando su cuerpo ya no podía resistirlo más, se iba a la cama. Le molestaba que su tiempo para dedicarlo a Blake se viera tan reducido, sin embargo tampoco era como si tuviese mucho tiempo para extrañarlo.
La mayor parte del día pensaba en Anastasia, estaba angustiada por su profunda tristeza y temía que esto afectara a su embarazo. Todas las tardes la pelinegra observaba a su amiga sentarse justo aun lado del teléfono, esperando que tuviese suerte y pudiese recibir una llamada de Fabian. Unos días la suerte estaba con ella, otros la espera era en vano.
También estaba muy preocupada por Fabian, nadie ni si quiera el propio Volker tenía noticias claras de él, solo les quedaba confiar en lo que él les decía cuando marcaba. No había buenas noticias en torno al caso Lundberg, miles de personas en todo el mundo Oriental afirmaban a verlo visto en sus pueblos merodeando lo que hacía el trabajo de los agentes más difícil. La labor de Fabian se emulaba a seguir a un pequeño alacrán en un enorme desierto. Las pistas se las había llevado el aire y solo quedaba buscar minuciosamente a donde fuera asignado. Lana se imaginaba lo solo y triste que debía sentirse, los agentes especiales jamás eran enviados en equipos para realizar sus misiones, ellos debían arreglárselas solos en el lugar que se encontraran por lo que su tarea se volvía titánica. Agregando que eran enviados a sitios desconocidos, tan ajenos a ellos que muchas veces podían perder la cordura.
Era tan triste la situación de la pareja que Svetlana se sentía miserable por no poder hacer algo para ayudarles. Volker siempre estaba de mal humor, estresado y cuando el pobre se sentaba a comer con ellas, se iba en sus pensamientos. Se negaba a hablar de sus sentimientos, él quería seguir proyectando su fuerte imagen. Y luego estaba Louise, la única que sabía ocultar todos sus temores con su enigmática y graciosa personalidad. Cada que pasaba a visitar a Nastia, ella contaba nuevos chistes, hacia bromas chuscas en un intento desesperado por hacer reír a quien fuera que estuviera cerca de ella. Pero Lana notaba su tristeza en sus ojos, era como si ella supiera que una desgracia estuviera avecinando y prefiera no contárselo a nadie para no causar más problemas.
Finalmente estaba Andreas, aquel pobre chico que de ser un don nadie había pasado a ser el hombre más famoso de Europa por sus actos heroicos. No había tenido la oportunidad de hablar con él, a veces le dejaba uno que otro mensaje en la sala de chat de su programa donde solo le decía que está bien y que pronto se reunirían, pero los días pasaban con rapidez y ella solo podía analizar su semblante durante las sesiones de las Salas o cuando salía por televisión dando un mensaje y ninguno de sus análisis le daban buena espina.
Era en esos momentos cuando se sentía tan pequeña e inútil. Si se dejaba llevar por sus sentimientos, podía echarse a llorar hasta deshidratarse al mismo tiempo que se golpearía con la pared hasta sangrar. Estaba desesperada por los cambios tan radicales que veía a su alrededor y ella no podía decir absolutamente porque era como si alguien le hubiese cortado la lengua y le hubiese cosido los labios. Los suicidios en el colegio habían disminuido, pero apenas unos tres días atrás uno de sus compañeros había decidido matarse aventándose del techo del edificio escolar. A Lana le impresiono la poca falta de sensibilidad en cuanto al hecho. Nadie hizo el esfuerzo por impedirlo, nadie grito, nadie lloro simplemente lo observaron sin sentimiento alguno. Escucharon el sonido de su cráneo destrozarse en mil pedazos al tocar el suelo, las sirenas de las ambulancias y la policía acercándose al lugar para tomar nota, levantar el cuerpo y limpiar la zona. Y cuando él había desaparecido, cuando ya no quedo ni un rastro del suceso, todos volvieron a clases. La gente parecía haberse acostumbrado a la muerte, a la hambruna, al frio aunque fuera verano, a los malos tratos en el trabajo, a las peleas en la calle, a la miseria, y a todos esos repulsivos actos que dejaban entre ver que habían perdido su calidad de ser humano. Lana no veía más esperanza en sus ojos, no veía si quiera una señal de dolor si no de resignación amarga y eso le asustaba. ¿Acaso podrían convertirse en robots inmunes al dolor?, se preguntaba cada vez que caminaba entre una muchedumbre de miradas perdidas, faltas de vida. Si no hubiese sido por sus amigos y por ese pianista que alumbraba sus noches, el dolor de su estómago por el hambre seguiría siendo insufrible, el temor por su futuro la habría vuelto loca y ella no habría dudado más en que tenía que saltar para liberarse de una miserable vida. Pero ¿y los demás? ¿Ellos no también merecían tener una ilusión pequeñita para sobre llevar el día a día? ¿No también necesitaban un impulso que les inculcara el deseo de tener una vida mejor? ¿No merecían volver a sentir las ganas de ser libres?, se cuestionó con angustia. Y fue en ese preciso instante que lo escucho.
—Es una página de internet que se llama "jabones"—le susurro uno de sus compañeros a otro al oído casi imperceptible.
—¿Jabones? ¿y que hay ahí?—inquirió con discreción.
—Es la página de—volteo a mirar a ambos lados y Lana volvió su vista a sus hojas sintiendo su corazón latir con fuerza—de la resistencia. Están planeando quitarle al presidente su poder—confeso con ilusión—. Tienes que verla por ti mismo, no podrás creerlo cuando lo leas. Es nuestra oportunidad de salvarnos—musito el joven con esperanza.
—Me enlistare hoy mismo.
—Sí, pero ten cuidado de a quien se lo cuentas. Por nada en el mundo los puercos del gobierno deben enterarse de ella.
Lana escribió con rapidez en su libreta el link de la página que el chico le dicto a su amigo letra por letra. Ella tenía que saber de qué hablaban, la palabra resistencia había robado toda su atención. Si era cierto tenía que descubrirlo, unirse, ayudar y por fin sentirse útil al hacer algo que beneficiaría a todo el mundo.
Las horas en el colegio y en la casa de Nastia se le hicieron eternas. No menciono nada de lo que había escuchado a sus amigos, tenía que asegurarse de que eso que había escuchado y no era una trampa antes de atreverse a mencionar algo como ello.
Así que cuando se sentó frente a la computadora y tecleo la página, se sintió más nerviosa que cuando hablo con Blake por primera vez. La página tenía un pequeño reloj, tardaría veinte minutos en abrirse porque era muy pesada. Ella suspiro, si ya había esperado una vida para encontrar algo que sonara a libertad, veinte minutos eran fáciles.
—¿Qué te tiene tan entretenida?—pregunto Blake curioso, pues ella demoraba más que de costumbre al contestar.
—Encontré algo genial—respondió enseguida—. Es una noticia maravillosa.
—¿Ah sí? ¿Puedo saber?—cuestiono alegre el pelinegro, era muy raro que ella diera respuestas tan positivas.
—Creo que hay una resistencia en mi ciudad o en mi país, no lo sé aun pero sabes ¿qué significa eso?—inquirió emocionada. Con Blake se sintió segura de compartir la información, pues él estaba del otro lado del muro y no le causaría ningún daño saberlo.
—No—contesto un poco curioso.
—Significa que quizás algún día no exista esa pared que estás viendo por tu ventana—le explico románticamente. Él sonrió nervioso, esa era una respuesta bastante loca. Nunca se había imaginado su vida sin un muro, quizás lo hacía cuando pensaba como un enamorado pero nunca consciente. Una resistencia no era lo que él quería para Lana, sabía lo peligroso que era formar parte de un movimiento revolucionario por lo que había leído en libros y su frágil musa no podía siquiera pensar en ello.
—Pero ¿a qué te refieres? ¿Cómo averiguaste eso?—pregunto tratando de escribir con congruencia.
—Pues la resistencia es un grupo de rebeldes, de esos que te he dicho que han estado atacando en Asia y al parecer han llegado a Europa. Lo escuche con unos compañeros del colegio, apenas estoy investigando.
—Ya, pero ¿de qué te servirá?
—¿Cómo que de qué?, es lo que necesito para liberarme de este estrés. Si ellos existen, tengo que formar parte de su grupo. Tengo que saber que piensan de una liberación de los regímenes. Es mi oportunidad Blake, ¿no lo ves? Podre ser libre y decidir qué hacer con mi vida, incluso podría algún día escucharte tocar el piano—el joven leyó la dulce respuesta. Miro el suelo de su recamara lleno de partituras, todas inspiradas con ellas.
—Es muy peligroso…
—Lo sé, pero si de verdad es cierto quiero correr el riesgo—Blake suspiro, ella estaba extasiada, no leía sus respuesta o no les tomaba la suficiente atención porque parecía estar decidida a averiguarlo—. Todavía no es seguro, ni si quiera he podido abrir la página pero trato de no perder la esperanza.
—Estas un poco acelerada, creo que tienes que calmarte y por favor cuéntame las cosas con calma—le pidió el pianista que ya no pensaba que la resistencia fuese una buena idea.
—Lo hare, en cuanto abra—contesto con rapidez la joven que no dejaba de ver el reloj.
Del otro lado de la ciudad, en ese preciso instante Louise y Volker estaban sentados en la sala del departamento de Fabian trabajando en la computadora. Con la partida del agente se habían quedado muchos pendientes a medias y ellos tenían que resolverlos. En la última reunión con los cabellecillas habían decidido que Volker no se presentaría aun a las reuniones formales en Hamburgo, se designó al Capitán Deisler gran amigo de los jóvenes para que el las llevara a cabo. Tenían que proteger la identidad del hijo del presidente para que los rebeldes confiaran en ellos y Deisler era un buen elemento que podría llevar sus instrucciones al pie de la letra. Los entrenamientos empezarían en un par de días y apenas tenían las armas y el transporte suficiente para llevarlos a cabo. También con el incremento de mujeres que se unían día con día a la resistencia, decidieron realizar reuniones en un barrio muy pobre de Berlin donde pudieran estar a salvo. Volker había decidido que por el momento a ninguna mujer se le entrenaría en manejo de armas por que no estaba en sus planes exponerlas en caso de que hubiese una revuelta y tampoco contaban con el armamento suficiente para darse abasto, sin embargo Louise era muy insistente en el tema. Ella quería que al menos a un grupo se le enseñara, pues llegaría un momento en el que sería imprescindible su ayuda.
Aquella noche Louise arreglaba el websites, tenía que estar constantemente dándole mantenimiento y verificando que no tuviese errores, pues ese pequeño portal era una clave para que la resistencia siguiera y nadie los descubriera. Mientras tanto Volker se encargaba de firmar algunos cheques y permisos de embarque para recibir armamento que había comprado en Asia, aun le quedaba una torre de reportes de los escuadrones de búsqueda por leer. Observo a Lolo, que tenía el cabello despeinado y sus anteojos para trabajar en el ordenador se resbalaban por su nariz, parecía que estaba lidiando con una batalla contra la computadora.
Con la partida del agente, Volker sentía que se había convertido en el padre de familia con tres mujeres a su cuidado. Pero de todas la que menos le preocupaba era ella. No era porque hubiese dejado de importarle o algo parecido, simplemente era la que mejor sabía cuidarse sola. Su mayor preocupación habían sido esos moretones que había encontrado en su cuerpo sin embargo desde aquella vez no habían aparecido más, lo cual le alivio e hizo creer que quizás ella si se había caído. Así que no había otra cosa por la cual cuidarla, ella parecía ser tan fuerte y prefería cuidar de él. Siempre adelantaba su trabajo, le llamaba para recordarle su agenda, verificaba que no hubiese olvidado comer y le daba fuerza para seguir adelante. Era quizás por esa razón que él la había instigado a tener en su rutina un momento para poder estar aunque sea a su lado y no había encontrado mejor forma de hacerlo que invitándola a su casa todas las noches a cenar y a trabajar juntos en sus pendientes. En un principio le había asustado la idea de que Phil pudiese notarlo y metiera en problemas a Louise pero eso nunca paso. Phil jamás se dio cuenta, era como si se hubiese olvidado de que Louise aún estaba viva y vivía con él. A la rubia no le importaba ni un poco, ella estaba más que contenta por tener un sitio a donde ir cuando su marido tenía a su "chiquilla" en casa. Y fue así que todas las noches, Lolo llegaba a la puerta de la "base central de operaciones de la resistencia" con montones de papeles y algo para cenar.
Desde el primer día Louise trato de preguntarle por qué no vivía en su casa, porque se había mudado al departamento de los Kirchner, pero él se rehusaba a responder. No quería hablar de nada que tuviera que ver con sus repentinos cambios. Ella era demasiado paciente y había aprendido que quizás un día el solo quisiera desahogarse de todo el estrés que el joven rubio tenia y estaría ahí dispuesta a ayudarle. Por el momento, lo único que podía hacer era acompañarlo en sus largas noches, hacerlo reír cuando más serio estuviese y estar atenta a todo lo que tuviera que ver con la resistencia. No podía decir que lo pasaba mal, el simple hecho de estar sentada en el mismo sillón que él, absorta en sus tareas mientras él hacia lo suyo, ya era una enorme dicha para la rubia. Claro que también ella lo estaba pasando mal pero al igual que Volker se rehusaba a contárselo a alguien, todos tenían suficiente con sus problemas como para preocuparlos y en cambio ella necesitaba mucha distracción para olvidar los suyos, así que prefería cuidar de los demás para olvidarse un poco de sí misma y poder hacer reír a todos a su alrededor. Por qué podía estar muy cansada, triste pero nunca dejaba de lado su personalidad tan mundana que a todos les dibujaba una pequeña sonrisa en el rostro. Con ello se daba bien servida, era feliz con muy pequeñas cosas de la vida como con una sonrisa de Nastia, el sonido de la risa de Lana, un mensaje de pimpollo y un beso al día de Vo-vo.
—El otro día intente abrir el website desde mi oficina en Palacio de gobierno—comento Volker que seguía mirándola teclear con rapidez.
—¿Y?—respondió sin quitar los ojos de encima de la computadora.
—Pues que me mando a la página falsa—ella se rio.
—He hecho un gran trabajo—alardeo con una sonrisa que a Volker no le pareció graciosa.
—Claro, tan bueno que ni yo puedo entrar—refunfuño.
—Por supuesto Volker, he bloqueado todas las conexiones de los edificios de gobierno y la milicia—le explico dejando la computadora en sus piernas, él la miro curioso—. Cuando alguien está conectado a estas redes, automáticamente los dirigirá a esta página simple y se despistaran. Así tendremos la certeza que hemos eliminado al menos un 67% el riesgo de que algún loco del partido nos descubra.
—¿y qué pasa con las redes locales? ¿Cómo podrás despistarlos?—pregunto mirando la página.
—Es a base de una serie de códigos y encuestas. Por medio de la edad, los gustos, tu número de filiación en el congreso. Es un poco complejo y por ejemplo en tu casa la red está bloqueada. Ser la esposa de Phil tiene sus ventajas y logre colarme a la casa de varias cabecillas del gobierno y bloquear las redes para que no tengan acceso. Obviamente cuando una persona común llega a la página de la resistencia, se la da un numero para que se comunique con nuestras chicas de la telefonía—se rio al mismo tiempo que Volker. Él había reclutado a estas jóvenes de la empresa telefónica gubernamental—y ellas les harán varias preguntas y finalmente les darán el código de acceso para entrar en la página. Ellas también saben que no deben dar indicios de los códigos hasta que estén completamente seguras y en caso de que se llegara a colar hasta esta barrera un partidista, con su mapa virtual pueden localizarlo y mandaremos al escuadrón de limpieza a liquidarlo, tal como me ordenaste—termino de explicar con seguridad—. Hay un 2% de probabilidades de que algún partidista llegue hasta las chicas pero no podemos confiarnos.
—Sí que eres una ociosa tecnológica—musito impresionado, haciéndola reír.
—No tienes idea de cuantos libros tuve que leer a escondidas para lograrlo, pero me da gusto que esté funcionando correctamente. He logrado borrarnos de la lista del departamento de comunicaciones como el sitio más visitado de Alemania, de hecho diariamente borro el contador de visitas, quiero que la página siga pasando desapercibida.
—Tienes que decirme como haces para hacer tantas cosas a la vez sin perder la concentración.
—Un día te enseñare—volvió a tomar la computadora—¿Cómo vas con los cheques?—inquirió desviando el tema.
—Ya están hechos, mañana mismo tendrás que mandar alguno de los cabos al correo—le dijo recargándose en el respaldo del sillón.
—Muy bien a primera hora los enviare. ¿Y los reportes? ¿alguna noticia de pimpollo?—inquirió con preocupación.
—Son una basura, están llenos de presunciones. Hoy lo han visto cuatro personas en cuatro diferentes pueblos de distintos países a la misma hora—bufo, ella negó con la cabeza—. Trato de leerlos sin aburrirme pero es imposible. Lo único bueno de todo esto es que como soy la primera persona en leerlos, si por alguna razón lograran atrapar a Richard enviaremos un escuadrón a su rescate y nadie se enterara de ello—dijo con certeza.
—Privilegios de un hijo de papá como tu—el gruño.
—Y de Fabian—omitió el comentario de la rubia—, hoy no he tenido noticias de él. Supongo que es porque tenía que tomar un avión a Beijing y tú sabes lo lioso que es tomar un avión en Asia en estos momentos—ella asintió.
—Esperemos que mañana se comunique y que Nastia pueda charlar con el.
—Si—suspiro—. Me tiene preocupado el que pase tanto tiempo sola.
—A mí también, por suerte vivimos cerca y en caso de emergencia puedo ir corriendo a ayudarla.
—Sí, pero tú sabes cómo es ella de reservada. Según sabíamos Lana y yo, ella estaba a base de una dieta y parece que no la está cumpliendo. Mientras alguno de nosotros está ahí pues podemos asegurarnos de su salud, pero cuando tengo que viajar a Hamburgo los fines de semanas es cuando más sola esta y que decir de las noches, creo que tampoco está durmiendo bien—le comento con angustia—. He pensado mudarme con ella a la habitación de huéspedes—Louise lo volteo a ver, él tenía la mirada perdida hacia la pared.
—¿Eh? ¿Perdón?
—No pienses guarradas, Lolo—refunfuño—. Sería una gran ventaja, yo podría cuidarla por las noches y la mañana, antes de irme al trabajo podría ir a dejarla al suyo y así se evitaría de caminar tanto y usar el autobús público—la rubia lo miro con los ojos brillantes—. Quiero pensar que su agotamiento se debe a la faena que es ir al trabajo todas las mañanas—ella lo tomo de la mano, el dirigió su vista hacia ella.
—Tienes un gran corazón, Vo-vo—le dijo mirándolo a los ojos—. Creo que es una buena idea.
—Gracias, lo hablare con Fabian en cuanto me marque—le sonrió y se perdieron en sus miradas por unos minutos. Luego el acerco sus dedos hacia su nariz y le dio un respingo—. Lolo…—le llamo en un susurro.
—¿Uhm?—se quedó en silencio un segundo, pensando en si hacia bien en decirlo pero al ver sus cansadas pupilas verdes decidió no hacerlo
—Nada olvídalo—ella negó con la cabeza y él se acercó a darle un pequeño beso en los labios para volver a ponerse a trabajar.
Del otro lado de la ciudad, Blake observaba a Lana a través de la ventana. Había pasado casi una hora desde el último mensaje que recibió de la joven donde le decía que estaba llenando un cuestionario, luego al terminar la contemplo tomar lo que se imagino era el teléfono de su habitación y desde entonces había estado pegada al teléfono, caminando de un lado a otro sin parar.
Por un momento, el joven pianista pudo dejar volar su imaginación al verla de esa forma pues le recordaba aquellas chicas de nueva york que podían pasar horas charlando al teléfono. También con ello tuvo la oportunidad de ver con detenimiento su silueta, parecía tener mejor forma ya no se veía tan delgaducha como antes y eso le daba gusto. Él sabía que en Oriente la comida era racionada y eso debía ser una gran locura, él no se imaginaba sin poder comer un solo día, es mas no podía si quiera saltarse una comida. Así que se imaginaba que no comer debía ser un gran sufrimiento para la joven.
No solo eso le había tenido preocupado. Con la noticia de que su amigo había sido enviado lejos del país en una misión, ella estaba cuidando de su esposa. La situación le puso triste al joven y no por el hecho de que tuvieran que acortar su tiempo de charla, si no por que en cierta forma podía entender a Nastia y su dolor, pues era casi parecido al que él tenía con Lana, con la única diferencia de que él podía al menos verla todas las noches y la esposa del agente tenía que ser paciente en la espera de noticias.
No obstante, el que Lana pasara tanto tiempo fuera de casa había sido un beneficio también para el joven. Pues así, después del conservatorio y los ensayos en la Sinfónica podía dedicarse a practicar en el piano de su casa por un par de horas y adelantar el trabajo. Ya por las noches, cuando llegaba la espera no era tan larga, el día había pasado con rapidez y tenía que esperar un par de minutos para charlar con su musa.
Las charlas iban de todo, no escatimaban en temas ni en horas. A veces Blake perdía el sentido de la realidad y podía sentir la fuerte presencia de la joven a su lado. Por supuesto que el joven se avergonzaba por el hecho, era como si estuviera loco pero era innegable que le gustaba esa sensación pues significaba que sus sentimientos por ella no cambian, solo aumentaban.
Se distrajo al ver que ella colgaba el teléfono y se acercaba de nuevo a la computadora. Tardo algunos minutos en escribirle.
—¡No vas a creerlo! ¡Son ellos Blake! De verdad existen—redacto con torpeza. El pelinegro lanzo un suspiro—. Ahora mismo estoy navegando por su página y la chica que me atendió en el teléfono me ha dicho que esta misma semana habrá una reunión de mujeres en la ciudad.
—¿Iras?—pregunto con preocupación, aun no le agradaba la idea de que ella se enrolara en un movimiento de liberación. La veía tan frágil que le daba miedo que le hicieran algún daño.
—Si, si iré. Claro, sola, en el reglamento está prohibido llevar a algún amigo o conocido a la primera reunión o eso me explico la chica—le conto con emoción—. No es muy lejos de aquí, está a unas cuadras y será a plena luz del día. Es más prometo contarte cada detalle que suceda.
—No lo sé Lana, si te soy sincero no me da buena espína—confeso preocupado. La joven sonrió de medio lado. Ya se había acostumbrado al instinto protector de Blake, de hecho ella también podía decir que tenía uno con él. Aunque supiera que él estaba bien protegido y del otro lado del muro las cosas fuesen diferentes, si por alguna razón el demoraba un minuto en aparecer en su habitación ella ya se estaba volviendo loca.
—Confía en mí, si veo que las cosas no están nada bien me iré enseguida de ahí y nunca más volveré a abrir la página o ponerme en contacto con ellos—le prometió—. Sé que tú ahora no puedes entenderlo, pero para mí esto es una gran señal Blake. Yo había perdido todas las esperanzas de cambiar mi destino, estaba tan triste por todas las desgracias que nos pasan hasta que lo escuche. El hecho de que ellos existan, es un gran alivio porque quizás algún día pueda estudiar algo que me guste así como tú lo haces y quizás no tenga que casarme con Volker y lo mejor conocerte en persona—le escribió ilusionada. Blake sonrió a su monitor, ella parecía otra vez tan llena de vida.
—Eso es una gran promesa ¿lo sabes?
—Si, lo se. Pero si pudieras leer, si tan solo hubieses podido escuchar lo que me dijeron al teléfono, confiarías en mis palabras y en todo esto que te digo.
—Conociéndose, sé que lo harás aunque no me lo digas. Así que prefiero que me lo cuentes—redacto dándose por vencido—. Pero se extremadamente cuidadosa, no quiero ser pesimista pero es imposible no pensar que puede ser una trampa del gobierno para atrapar a los rebeldes.
—Yo también pensé lo mismo, no lo voy a negar pero tengo una corazonada de que no lo es. Sé que no es una prueba cien por ciento confiable, pero al menos esta eso—dijo un poco más tranquila.
—Las corazonadas muchas veces son más confiables que otras cosas—Lana sonrió, esa era la respuesta que estaba esperando. Blake nunca dejaba de apoyarla y aunque él no lo supiera, ella no se atrevería a hacer algo sin contar con su aprobación. Era algo extraño, pero sentía que las cosas irían mal si el pianista no le daba su opinión. Ella suspiro mientras siguió contándole más de lo que iba encontrando en la página. Pero pensaba en lo mucho que hubiese deseado tenerlo cerca para abrazarlo y compartir ese pequeño pero significativo momento con él. Sin embargo, no se quejaba estaba feliz de poder al menos expresárselo en palabras pues sabía que él podía casi sentir como si ella estuviese a su lado.
Los días pasaron lentamente, la joven no dejaba de repasarlas reglas que había encontrado para ir a la reunión. Se había aprendido de memoria su clave de entrada y también el croquis para llegar a la casona donde se llevaría a cabo. Preparo con calma todo para el día, como era después de sus clases llamo a Volker para hacerle saber que no podría ir por Nastia al trabajo por un asunto familiar, así que el joven logro arreglar todo para que la pelirroja no estuviese sola por un par de horas en lo que ella llegaba a casa.
Antes de irse paso a su casa, tenía que ver si Blake le había dejado algo escrito para darle ánimo y también para recoger una copia de su identificación. Afortunadamente el joven a primera hora del día había dejado una nota: "No pierdas nunca la esperanza, estaré a tu lado. Te veo esta noche" Con ello salió corriendo de su casa y después de quince minutos llego a la casona.
Observo a varias mujeres estar afuera de la casa, formadas y pasando una inspección. Tardo unos quince minutos en llegar.
En ese preciso instante, del otro lado del muro en el estudio de grabación Blake miro su reloj, era la hora en la que Lana debía estar llegando a la reunión de la que le hablo y él estaba a punto de grabar su primera canción.
Los directivos de la Sinfónica habían considerado que era una buena estrategia de marketing hacer un disco para darle mayor difusión a la pequeña temporada de conciertos. También hablan de grabar un video con su primer sencillo e incluso había escuchado al presidente de la comisión decir que la temporada podía convertirse en una gira por Europa y probablemente unas ciudades en América, pero aún estaban en discusión. Parecía que el destino quería que la vida de ambos chicos cambiaría radicalmente de un momento a otro, el convirtiéndose en una figura pública y ella entrando en una resistencia.
—Estamos listos—le dijo el ingeniero del estudio. Blake asintió con la cabeza, miro su piano, las partituras llenas de garabatos y el pequeño nombre de su musa. Cerró los ojos, se imaginó a la joven en una muchedumbre de personas con una radiante sonrisa y al escuchar el sonido del violín que ya habían grabado, empezó a tocar con maestría. "Todo saldrá bien" pensó mientras se concentraba en su canción.
Lana se sentó a la mitad de las diez filas de sillas que empezaban a llenarse. Había muchas jóvenes, algunas compañeras de clases de su colegio, varias mujeres con uniformes del ejército y del palacio de gobierno, otras tantas representantes de los sindicatos; nunca se imaginó ver a tantas personas ahí. Aún seguía sintiéndose muy nerviosa pero más que eso emocionada. Unos minutos más tarde, escucho como se cerraban la puerta principal y todas tomaron asiento. Enseguida se apareció una mujer que le resulto familiar, incluso pensó que le recordaba a Louise pero ella tenía el cabello tan negro como el suyo y usaba anteojos y un uniforme de la milicia.
—Buenas tardes señoritas, bienvenidas a la resistencia—anuncio parándose al frente con una gran sonrisa. Lana negó con la cabeza, ella tenía una voz muy familiar a la de Louise, pero era imposible que fuese ella. Sin duda se estaba volviendo loca, no por que una persona tuviese ojos claros, fuese igual de delgada y tuviera el mismo timbre de voz que otra significaba que fuera ella—. Soy Ileana Ryback, la directora de la resistencia femenil y de verdad que me da gusto verlas aquí. A partir de este momento nos hemos convertido en una hermandad con el único objetivo de liberarnos de esta opresión—nadie aplaudió, simplemente se dibujaron sonrisas en los rostros. Cualquier clase de vitoreo estaba prohibido tenían que ser cautelosos.
Lana se sintió tranquila de escuchar ese nombre, disipo esos pensamientos de que ella era Louise.
Pero en realidad, ella era Louise. La idea de los disfraces lo había tenido Fabian y ni si quiera era por él, sino por los otros líderes que eran personas conocidas en Berlin y aparentemente eran fervientes seguidores del partido. Si alguna persona se había colado hasta alguna reunión, lo mejor era protegerlos a todos para que el gobierno no diera con las verdaderas identidades. Dado a que Louise era la única mujer en la sección de los lideres, era la más capacitada para mantener las relaciones con las chicas que se unieran a la resistencia. Ella estaba muy contenta de poder disfrazarse, había elegido su nombre, el color de cabello y su uniforme. Le llamaba la atención vestirse de militar, así que opto por el uniforme de entrenamiento y fue así como se presentó a la primera reunión femenil.
No era la gran oradora pero si era una gran habladora e hizo que la reunión con cincuenta y tres mujeres se convirtiera en una gran platica de amigas. De Junger había aprendido que tenía que crear unidad en la resistencia para que los planes se llevaran a cabo, todos tenían que confiar entre ellos, si no el plan no podría avanzar.
Les conto de casi todo, de las reuniones mensuales, del secreto de labios sellados como denominaban al no propagar la resistencia en lugares públicos como las Salas, de los futuros planes de seguridad y otras cosas acerca de la resistencia. También les informo que varias de ellas serian reclutadas como servicio médico, chicas de línea telefónica porque ya no se daban abasto, otras más serian enviadas a Hamburgo-principalmente las que eran amas de casa-para alimentar a las tropas en sus periodos de entrenamiento, otras más para actividades de oficina y unas pocas más serian entrenadas para el manejo de armas. Las más jóvenes como Lana se encargaría de la difusión de la resistencia y otras actividades de menor riesgo, los niños, ancianos y adolescentes eran su mayor prioridad de protección.
Louise trato de llenarlas de esperanza de transmitirles mucha fuerza y seguridad, tenía que animarlas lo más que pudiese para que no desistieran en su lucha y aunque ella no se lo creía, al final de la reunión todas esas mujeres que habían entrado con expresiones nerviosas, salieron con un brillo en los ojos.
Pero fue mientras caminaba a lado de los cabos que Volker le había asignado para su protección; hacia la salida de la casona que la vio. Lana sostenía uno de los folletos y platicaba con otras mujeres y sonreía como nunca lo había hecho. Trato de no notarse sorprendida y en cuanto subió a su auto tomo su celular.
—Heisenberg—musito la ronca voz del joven que parecía estar durmiendo.
—¿Tomando una siesta General?—inquirió con risa.
—Es culpa de Nastia, me puso a dormir después de comer—bostezo—. ¿Qué tal los jabones?—pregunto con severidad.
—Excelente, es maravilloso estar a cargo de tantas chicas que habían perdido toda la ilusión y de repente Bam! Yo les devuelvo la vida entera—se rio.
—Narcisista.
—Te contare esta noche, pero debes de saber que vi a alguien en la reunión. Alguien que nunca te imaginaras—musito con seriedad.
—¿Quién?
—Lana estaba ahí.
—¿Qué?—grito al teléfono haciendo que la rubia se alejara el teléfono mientras se quitaba la peluca.
—Lo que oyes Vo-vo, pero no vayas a decirle nada. Tenemos que hablarlo primero ¿está bien?—sentencio con severidad.
—Pero…
—Pero nada, es un tema delicado y necesitamos decidir que tanto riesgo corre—suspiro—. Nunca pensé verla ahí.
—Ella no debería saber nada de la resistencia.
—Ya lo creo. Tengo que irme, te veo esta noche.
—Hasta la noche—colgaron.
Louise estaba un poco angustiada, en su mente repasaba la imagen de la joven pelinegra. Recordó que en la primera reunión de los líderes habían acordado no inmiscuir a sus familiares en la resistencia, era causarles un daño innecesario y estaba segura de que ninguno de ellos lo había mencionado. Probablemente lo escucho en la calle o con alguna conocida, eso realmente no importaba. Tenían que decidir qué tan seguro era que ella perteneciera a la resistencia. Pero no podía olvidar la enorme sonrisa que tenía en el rostro, al igual que todas las demás chicas que habían ido a la reunión, ella había asistido por su gran necesidad de libertad.
Lana estuvo perdida en sus pensamientos toda la tarde, no presto atención al malhumor de Volker en ningún momento. Quería recordar cada palabra para contársela a Blake, estaba tan alegre por la buena suerte que había corrido de haber ido a la reunión y de encontrarse a tantas personas que pensaran igual que ella. En el lapso de un mes le avisarían cuál sería su tarea en la resistencia, aunque también se estaba haciendo a la idea de que probablemente no la llamaran y solo tuviera que asistir a las reuniones mensuales, porque por su edad y su falta de experiencia en alguno de los ámbitos que requerían, no podría hacer la gran cosa. No obstante eso no erradicaba su gran deseo por aprender algo nuevo y hacer algo por la causa.
Llego y Blake ya estaba ahí tomando una taza de café. Lo saludo con la mano a través de la ventana. El joven le devolvió el saludo, era su cuarta taza de café en lo que iba en la noche. Cuando estaba nervioso tomaba mucho café, sabía que esa no era una buena forma para aliviar sus nervios pero era algo que no podía evitar. Estaba contento por ver a Lana y además tan animada, usualmente ella no se dirigía a él tan directamente por la ventana.
Ella corrió a contarle punto por punto su día. Blake leía de forma tranquila, sin dejar de tomar de su taza. Podía sentir la emoción de la joven en sus letras e incluso podía decir que él también estaba feliz por lo bien que le había ido a la joven. No quería aceptarlo, pero durante la grabación con la sinfónica estuvo pensando en el lado positivo de un movimiento de liberación. Había sido muy egoísta al pensar en que no se sentiría bien con un mundo sin un muro, pero fue por el miedo que irracional que le producía no poder ayudar a Lana o protegerla. Sin embargo, él sabía que el movimiento tenía muchos beneficios como los que la joven le había planteado la otra noche. Quizás tampoco le había querido encontrar el lado positivo por el hecho de que iba a ilusionarse. Él no era una persona muy optimista por que odiaba que sus ilusiones nunca se cumplieran y a él se le rompiera el corazón. Odiaba con el alma ese dolor de saber que solo eran sueños rotos que jamás verían la luz y Lana era un sueño del que no quería despertar. Si no se podía imaginar un mundo sin un muro, mucho menos podía hacerlo sin ella. Sintió un poco de vergüenza al darse cuenta que ella se estaba convirtiendo en su mundo entero, en su único pensamiento. Le conmociono el hecho de que ya no necesitara de tener su presencia a su lado, el la llevaba consigo a todos lados. Nunca pensó que iba a decir que se estaba encariñando con un ser al que nunca había tenido cerca ni si quiera a dos metros. Se sintió frustrado, ella buscaba una forma de verlo y él se quedaba ahí con los brazos cruzados. Pero ¿Qué podía hacer por ella desde el otro lado del muro? , se preguntó con angustia. Negó con la cabeza para alejar esa frustración, no era un buen momento para torturarse con esos pensamientos, tenía que alegrarse con ella. Por fin había una posibilidad no muy cercana pero tampoco muy lejana de que un día se tuvieran frente a frente.
Lana no quería admitirlo, no le gustaba ser egoísta pero en su escala de motivos por los cuales quería ser libre estaba estar en un concierto del joven pianista en primera fila escuchando sus melodías. No es que le sorprendiera la respuesta, pero no le quedaba claro como era que había desplazado sus otros sueños a otros lugares y había impuesto al pianista en primer lugar. Era una tonta, se decía así misma, por estarse haciendo tantas ilusiones con la resistencia que apenas conocía. Pero desgraciadamente, así era ella o al menos así se había convertido desde que Blake se había aparecido en su vida. Tenía un poco de miedo, pero solo un poquito porque sabía que había una probabilidad grande de que la resistencia fuese encontrada y eliminada, sin embargo rápidamente se borraba esos pensamientos negativos de la cabeza y creaba nuevos que fuesen positivos. Era la primera vez en mucho tiempo que tenía algo que realmente quería que se hiciera realidad y no dejaría que muriera. Aún estaba indecisa en si contarles a sus amigos, pero tampoco sabía si era una buena idea. Nastia en su estado no podía hacer mucho y solo se preocuparía. Volker y Fabian seguramente entrarían en la resistencia pero le impedirían que ella siguiera asistiendo. Además cabía la posibilidad de que a Volker jamás le creyeran que era partidario de sus ideales y no de los de su padre, en esa categoría también entraba Andreas. Y Louise probablemente le diría a Volker y regresaba al tema. Suspiro, quizás lo mejor era dejar que ellos solos por su cuenta se enteraran por su cuenta. No quería atormentándose pensando en ello, por un día quería seguir sintiéndose esperanzada y feliz por su buena suerte.
Y finalmente, en el departamento de Fabian estaban discutiendo Volker y Louise. Ya habían terminado con los pormenores de la exitosa reunión, pero el General estaba preocupado por la presencia de Lana dentro de la resistencia.
—No quiero que este ahi—dijo con severidad tomando un trago de vodka. Louise negó con la cabeza y jugo con su copa.
—Va a estar ahí ¿o qué? ¿piensas decirle que nosotros estamos metidos hasta el cabello en la resistencia?—le pregunto con el mismo tono de voz—. Ella ni se dio cuenta que era yo, mi bonito disfraz despisto a todo el mundo—sonrió alegre.
—No me gusta cómo te vez de pelinegra—musito enfadado. Ella se rio.
—Claro solo porque a todo el mundo le parecí más guapa y te pusiste celoso—Volker gruño.
—No estábamos hablando de eso…
—Lo se—le interrumpio—. Pero volvemos a lo mismo, cariño. Lana nos encontró, bueno encontró la resistencia. Esta tarde estuve buscando y efectivamente ella llego por la página de internet, ni modo—se alzó de hombros—. Si hubieras visto su cara iluminada, no tendrías el corazón para negarle estar con nosotros.
—No quiero que le pase nada—susurro molesto.
—No le pasara nada. Además ponte a pensarlo, si nos descubren nos llevaran a todos tú, Fabian, el gordo—dijo refiriéndose a su marido—, su chiquilla, Nastia, Lana, sus padres… ¡todo el mundo!—exclamo—y ellos no sabrán nada.
—No te daré la razón—se cruzó de brazos. Ella dejo la copa de un golpe en la mesa y lo miro a los ojos enfadada.
—Lana llego ahí porque piensa igual que nosotros, si se sentó a escuchar mis chorradas es porque quiere hacer algo por la causa. No le puedes quitar su derecho, tu no—sentencio con severidad—. Y se quedara en la resistencia, me vale un pepino que tu no la quieras ahí. Yo si—el balbuceo pero ella dio un manotazo en la mesa para callarlo—. Y para que el señorito no se enfade, le daremos los cursos de encriptación de mensajes. No tendrá que viajar a Hamburgo y los tomara por internet, no se expondrá a nada. Es más ninguno de nosotros le dirá que somos parte de la resistencia para que siga estando segura, pero sintiéndose útil por ayudarnos.
—¡Louise!—exclamo enfadado por no dejarlo tomar la decisión.
—He dicho Volker Heisenberg y no te atrevas a contradecirme que aunque me gusten demasiado, ¡hare añicos tus bolas!—grito con firmeza mirándolo a los ojos con fiereza. El desvió la mirada, como odiaba no poder llevarle la contraria.
—Si le pasa algo, respondes con tu cabeza—musito con enfado.
—Con lo que quieras, cariño—sonrió con malicia, tomando su copa para beber todo su contenido de un trago—y si me entero que arruinas mis planes, te castro—concluyo arrebatándole un beso. Louise estaba loca, tan loca que volvía loco a Volker. Pero era la única loca en la que él podía confiar.
