Cap. 53
Todo por amor
En aquella habitación oscura, los mortífagos avanzaban a largas zancadas rumbo a la presencia del lord.
Se encontraban los unos y los otros en medio del camino y avanzaban lado a lado, exhalando con cada respiración nubes blancas que evidenciaban el profundo frío tan característico del último mes del año.
Sus ropas usualmente ligeras y oscuras, estaban cubiertas de gruesos abrigos de tonalidades oscuras los cuales les protegían de aquél brutal clima, y sus manos temblaban violentamente a pesar de que la mayoría usaba guantes.
Fue por aquellas razones que al abrirse la puerta, los sirvientes que iban al frente se quedaron quietos y completamente mudos de espanto e impresión al observar a los ocupantes del salón de reuniones.
La figura oscura de un cuerpo inerte colgando del techo fue el macabro recibimiento. El cuerpo de Severus colgaba maniatado de un par de pesadas cadenas que estaban adheridas al techo. Sus pies descalzos colgaban sin vida alguna balanceándose suavemente mientras rozaban a duras penas el piso, provocando un ruido amortiguado sobre la vieja madera.
Cualquier habría pensado que estaba muerto, sin embargo, su respiración brotaba de sus labios azulados formando nubes blancas que se disipaban en el aire, mientras cada centímetro de su cuerpo se convulsionaba debido al intenso frío.
- Vamos, vamos, adelante… no dejen que mi adorable mascota les distraiga de sus labores.
Los mortífagos se abrieron paso en la habitación, escuchando atentamente las exclamaciones de todos los que iban encontrándose con aquél siniestro espectáculo.
Entre los presentes, uno de ellos se quedó totalmente estático, con los labios abiertos en un mudo grito de horror que provocó un involuntario gemido de dolor.
A su espalda, el mortífago sintió como le empujaban, por lo que se apresuró a moverse, tratando desesperadamente de que sus ojos se apartasen de la triste escena que se desarrollaba ante él.
Severus se encontraba completamente ajeno a lo que acontecía a su alrededor, demasiado dentro de su propio universo para enterarse siquiera de que se encontraba rodeado de compañía, o que se había convertido en un espectáculo.
Sus brazos se habían entumido por completo desde hacía demasiado tiempo, y sus piernas no le respondían por más que lo intentara. Hacía algunas horas, sus pies le habían dolido intensamente debido al frío, haciéndolo pensar en suplicar por terminar con aquél tormento a cualquier precio, sin embargo, su orgullo aún continuaba residiendo en su alma, además de su sentido del deber para con Dumbledore y su Orden del Fénix.
Le debía demasiado al anciano como para fallarle en aquellos momentos, aún en su precaria situación.
Sabía que estaba temblando sin control alguno, sin embargo, poco le importaba, pues su cuerpo se había desconectado totalmente de su mente, y el factor del frío se había convertido en nada mas que en un infierno helado que prefería ignorar y matar el tiempo en pensar en como diablos iba a hacer llegar toda la información que poseía a la Orden.
Empezando por supuesto, con la hora exacta y la duración del único y efímero instante en el que Voldemort era vulnerable.
Si, lo había descubierto…
Le había tomado mucho tiempo descubrir aquella diminuta fisura, pero lo había logrado. Su mundo estaba conformado por tres únicos y valiosos componentes.
Su oído, su inteligencia, y el recuerdo de la mujer a la cual amaba, quien le daba fuerzas día con día para seguir adelante y no sucumbir a la desesperación. No había sido sencillo en lo absoluto, y había requerido de cada ápice de su escasa paciencia, convirtiéndose lentamente día con día en un reloj humano.
Tic… uno… tac… dos… tic… tres… tac… cuatro…
Había contado cada segundo, cada minuto, había mantenido su mente ocupada durante cada instante de las veinticuatro horas del día.
Incapaz de observar la carátula de un reloj, no había tenido otra opción que guiarse por su agudo sentido del oído.
En la sala de reuniones había un viejo reloj, el cual sonaba con cara hora, emitiendo tantas campanadas como horas fuesen, emitiendo un suave eco cada segundo gracias al movimiento de su péndulo.
Aquella era la orden de empezar a contar cada segundo del día, de la misma manera que era el inicio de la tortura mental que le impedía a Severus concentrarse en otra cosa que no fuese contar, y seguir el ritmo tortuoso de cada segundo con el fin de ser capaz de conocer la hora exacta en la que Voldemort se volvía humano.
Fueron días enteros de agonía, días de empezar una y otra vez y fracasar, semanas enteras sin dormir por mantener a la mente ocupada en contar segundo tras segundo, mientras sus dedos contaban los minutos transcurridos y su mente diseñaba posiciones para sus manos con el fin de saber cuantas horas habían transcurrido sin la necesidad de distraer su cuenta mental.
Los fracasos fueron duros y continuos, su cuerpo yacía en el suelo de la sala de reuniones, su atención dividida entre la cuenta y la información que llegaba hasta sus oídos, y justo cuando su mente pensaba que aún faltaban veinte minutos para que el reloj comenzara a dar sus campanadas, este le traicionaba e iniciaba con su continuo repicar.
Regresándolo de vuelta al inicio, empezando su cuenta desde cero con la hora actual. La única que conocía.
Fracaso tras fracaso, día tras día, sueño nulo y tortuoso y agresiones físicas incontables que alteraban sus planes, hasta la llegada de los días gloriosos, cuando por primera vez, su mente fue capaz de adaptarse al tiempo, y las campanadas se escuchaban exactamente cundo debían, permitiéndole alcanzar su objetivo, brindándole la paz de un descanso absoluto, donde pudo dormir en paz por primera vez en todo un mes.
Las doce cincuenta y siete… la hora mágica en que Voldemort se convertía en un simple mortal durante un escaso minuto.
Doce… la hora en que los encantamientos se convertían en uno solo con la naturaleza, la cual les brindaba su propio poder milenario, haciéndolos mas fuertes.
Cinco, la cantidad de puntas de una estrella, el emblema absoluto de la magia.
Siete… el número mágico.
Snape sonrió pensando en aquél único instante que les permitiría asesinar a Voldemort… pero a la vez sintió una enorme opresión en su pecho al saber que sus planes para conseguir ayuda y revelar aquella información, todos habían fallado.
- ¡REACCIONA!!!
Un golpe cruel lo arrancó de su utopía lejos del dolor trayéndolo de golpe a la realidad, sus labios se abrieron y un torrente de sangre escapó de sus labios.
Repentinamente, todo lo que le rodeaba se volvió totalmente claro, y Severus sintió como el agonizante frío acuchillaba cada centímetro de su piel, llevándolo al instinto básico de protegerse a si mismo, sin embargo, al intentar mover su cuerpo, este lo traicionó quedándose exactamente en la misma posición, completamente inerte.
Voldemort le observaba a un par de metros de distancia con el resplandeciente látigo aún entre sus manos, contemplando como su cuerpo se bamboleaba sin control debido al golpe.
- Gildor, Gildor, Gildor… ¿Qué voy a hacer contigo, amor mío? Ya te he dicho que no me gusta que te encierres en ti mismo, además, estoy en plena junta con mis mortífagos, y si tú te pierdes de la junta, no podrás decirle a Dumbledore todo lo que has descubierto hasta ahora… después de todo, una vez muertos tendrán mucho tiempo para charlar.
Severus sacudió la cabeza tratando de alejarse nuevamente de aquél martirio físico, sin embargo, un nuevo golpe esta vez en su costado le hizo saber que sería imposible.
- Me decepcionas… bien, todos pueden largarse. Lucius, tú quédate.
El rubio se mantuvo quieto en su lugar mientras a su alrededor todos comenzaban a retirarse, dejándolo tras algunos segundos completamente solo con el lord y su pareja.
- No pude evitar ver que te sorprendió mucho ver a Gildor en esta situación, ¿No es así?
- Siento mucho si le ofendí, mi lord.
- No me ofendí en lo absoluto… de hecho, me pareció divertido.
Severus aguzó el oído ante aquellas palabras, ciertamente interesado en la razones que estaban moviendo a Lucius ante su situación.
- Voy a hacerte un ofrecimiento. Si lo tomas, está bien, y si lo rechazas, igualmente no me importa. ¿Estás de acuerdo?
- Por supuesto mi lord.
- Veo que vienes muy abrigado…
El rubio frunció el ceño y observó fugazmente su oscuro abrigo.
- Bajaré a Gildor en este instante y lo dejaré tirado en un rincón. Puedes cederle tu abrigo… tu sabes, para que ya no sienta tanto frío. Pero por supuesto, no voy a permitir que tú vayas a buscar otro para ti, por lo que te irás a la misión que les he encomendado con prácticamente nada… o bien, puedes marcharte y asunto arreglado.
Lucius sintió un asco tremendo contra el hombre que se encontraba frente a él… no, hombre no… era una maldita bestia…
Y sin embargo, su decisión no le tomó demasiado.
Voldemort alzó su varita y las cadenas cayeron desde el techo, dejando caer el cuerpo de Severus en los brazos de Lucius. Los ojos metálicos de este se convirtieron en pozos de dolor al sentir aquél cuerpo frágil entre sus manos, descubriendo con claridad las costillas que resaltaban sobre la hundida piel. El deseo de abrazar a su compañero con fuerza se apoderó del rubio, sin embargo se contuvo y recostó a su amigo en el suelo, deslizando fuera de su cuerpo su pesado abrigo.
Apenas lo hubo echo, el clima helado de la habitación congeló su piel y su carne haciéndole creer que tenía trozos de hielo por huesos.
Se encogió sin poder evitarlo, pero aún así continuó con su labor, arropando a Snape en su propio abrigo, el cual aún conservaba su propio calor corporal.
- Puedes marcharte Lucius, pero cuando termines, quiero que regreses. ¿Me has entendido?
- S-Si mi l-lord.
Con aquellas escasas palabras, Lucius se llevó una mano a la mandíbula tratando de detener el constante e inevitable movimiento que evidenciaba el enorme frío que le acosaba.
Malfoy dio media vuelta y se marchó de la habitación, permitiéndose libremente abrazar su cuerpo y encorvarse buscando un poco de calor que mitigara la desagradable sensación que le causaba el frío.
Severus mientras tanto, sentía como sus brazos y piernas punzaban enviando oleadas de dolor que le recorrían sin piedad alguna. Trató de mover sus dedos, pero estos estaban completamente entumidos.
En su mente maldijo una y mil veces al cerdo que le tenía como una mascota, tumbado a su lado cual si se tratase de un perro.
Voldemort conocía a Lucius y la debilidad que este sentía por su compañero de toda la vida. Lo que le había dicho al rubio había sido premeditado, buscando que su pareja no fuera a morir debido a la hipotermia que acosaba su cuerpo.
La puerta sonó suavemente en aquél instante, provocando un siseo aparentemente molesto de parte de Nagini, la cual parecía incómoda después de haber soportado a tantos hombres en una misma y recudida habitación.
- Adelante.
La puerta se abrió y Voldemort se enderezó completamente al observar quienes eran las personas que habían acudido a su presencia.
Al frente se encontraba su sanadora, Callia. La joven mujer estaba vestida con gruesas prendas oscuras al igual que todos los otros, sin embargo, su rostro mostraba cierta molestia la cual no se molestaba en ocultar.
Sus ojos se desviaron a espaldas de ella hacia la mujer que le acompañaba, quien aparentemente estaba renuente a entrar.
- Callia…
- Mi lord.
Voldemort ladeó el rostro, descubriendo a través de las penumbras la identidad de la otra persona.
- Y Bellatrix.
La mujer emitió un audible respingo al escuchar su nombre, y debido a ello bajó su guardia, lo que le permitió a la sanadora tomarle de la muñeca con fuerza y jalarla dentro de la habitación, cerrando la puerta finalmente.
Aquella situación realmente era interesante, ya que entre todos sus mortífagos, solamente Lucius y Severus podían tratar a Bellatrix como si fuese inferior, pues todos los demás le temían. Pero Callia, desde el momento en que había llegado, no había demostrado temor alguno hacia la viuda Lastrange.
- ¿Y bien?
- He examinado a Bellatrix, como me lo pidió, mi lord.
Con aquellas palabras, el rostro de la sanadora no expresó otra cosa que asco, lo cual normalmente habría desatado la furia de Bellatrix, pero esta vez, la mujer se encontraba demasiado nerviosa como para protestar.
- Y no, aún no ha quedado embarazada.
Apenas hubo brotado aquella frase, Bellatrix lanzó un alarido de dolor y se lanzó a las piernas del lord, abrazándole con total desesperación y llorando estruendosamente.
Voldemort contempló a la mujer arrodillada ante él durante algunos segundos con una expresión totalmente carente de sentimientos, sin embargo, aquella careta de neutralidad desapareció lentamente, y su rostro se convirtió en una visión de demencia y furia.
- ¡ERES UNA INÚTIL!!!!
La mujer se fue de espaldas cuando el hombre frente a ella le dio una tremenda bofetada, avanzando luego y pateando su cuerpo, tirándolo un par de metros hacia atrás.
- ¡NI SIQUIERA PARA ESO ME HAS SERVIDO!
- Mi lord, ¡Por favor, mi lord!
- ¡CÁLLATE!
Chilló él abofeteándola nuevamente cuando apenas volvía a levantarse.
Bellatrix emitió un grito de dolor cuando Voldemort se arrodilló sobre ella y comenzó a golpearla sin piedad una y otra vez.
Nunca nadie había osado hacerle daño de aquella manera. En los combates mágicos había salido lastimada muchas veces, pero nada se había comparado a lo que sufría en aquél instante.
Su rostro comenzó a mostrar heridas y la sangre voló en distintas direcciones. Sus gritos agónicos se escuchaban ahogados debido a la cantidad de líquido carmesí que se amontonaba en su garganta.
De pié a su lado, Callia observaba tranquilamente la escena, mientras a un lado del trono, Severus trataba de ignorar aquellos gritos tan conocidos que tantas veces surgieran de su propia garganta.
Sin embargo, no podía dejar de sentir orgullo, ya que a diferencia de Bellatrix, él jamás había suplicado.
Cuando el lord oscuro hubo saciado su furia, se puso de pié lentamente, observando con asco la sangre que impregnaba sus manos, a su lado, la sanadora se acercó con una jarra de cristal la cual había tomado de una mesa cercana a la ventana.
En silencio lavó sus manos el poderoso mago, el cual luego observó el cuerpo herido a sus pies, contemplando con profundo asco a la mujer que gemía de dolor tratando de levantarse.
- Supongo que este ha sido otro de mis errores… debí saber que tantos años en Azkaban debieron pudrirte por dentro, inutilizándote para el único verdadero trabajo que habrías tenido en toda tu patética vida.
Un gemido de dolor brotó de los labios de Bellatrix al sentirse profundamente herida en su orgullo de mujer, sin embargo, a Voldemort no le importó.
- Callia.
- ¿Mi señor?
- Quiero que revises a Gildor y lo dejen en condiciones de satisfacerme esta noche.
- Como usted ordene mi lord.
Dijo la mujer con un susurro mientras se acercaba a Severus, buscando entre sus ropas hasta encontrar un brebaje el cual acercó a los labios de su paciente.
El aroma inundó los sentidos de Snape, el cual bebió instintivamente aquella bebida que le era ofrecida, sintiendo de inmediato como su cuerpo se calentaba con aquél fuego líquido que corría por sus entrañas y escapaba a sus venas para poder irrigar todo su cuerpo.
Su cabeza se sacudió cuando de sus oídos comenzaron a brotar dos torrentes de vapor, dejándolo ligeramente mareado cuando este dejó de brotar.
Era increíble pensar que solo segundos antes estaba muriendo de frío, y en aquél instante, tener puesto encima el abrigo de Lucius le estaba provocando un intenso calor.
Pero un experto como él no era estúpido, mucho menos confiado, pues sabía que el efecto de la poción pasaría en tan solo cinco minutos, y muy pronto, su cuerpo volvería a enfriarse con la baja temperatura.
- Bien, aprovechemos el tiempo para revisarte.
La joven sanadora abrió el abrigo y se dedicó a observar las heridas mas graves que pudiera tener Severus, encontrando diversos desgarres y huesos lastimados, curándolos en tan solo unos segundos y dejando el cuerpo del hombre ligeramente entumecido.
Comenzaba a sentir la helada brisa que se colaba en aquél lugar cuando el abrigo se cerró nuevamente sobre su cuerpo, permitiéndole descansar sin pesar alguno al menos por un momento.
- Ya está listo, mi lord.
- Asombroso.
La joven mujer sonrió e hizo una débil reverencia.
- Te puedes marchar… y llévate a esa basura contigo.
- M-Mi lord, mi lord no…
- Como usted ordene.
Callia tomó a la mortífaga por el cuello del abrigo y comenzó a arrastrarla fuera. Sabía perfectamente que el echo de llevársela implicaba también que debía curarla, pero aquello no podía ser echo en plena habitación del lord, él se enfurecería si tenía que explicar detalladamente lo que sus órdenes significaban y sus mortífagos no usaban sus cerebros para comprenderlas por completo.
Una vez solo, todo se convirtió en un absoluto silencio, y Severus se preguntó si había legado el momento de iniciar el tormento una vez más, pero para su sorpresa, sus oídos escucharon como una vasija de cristal se rompía y líquido vital salía volando en varias direcciones, salpicándole apenas con un par de gotas el rostro.
Voldemort se encontraba verdaderamente furioso de que sus planes hubiesen resultado frustrados una y otra vez de aquella manera tan absurda. Primero, una pareja que él mismo había escogido, y había resultado estéril, y ahora, la segunda mujer de la lista, con la cual se había estado acostando casi todas las noches durante tres meses, y ahora le resultaba que ella también estaba seca por dentro.
Severus escuchó con absoluto deleite como el señor oscuro perdía la escasa, prácticamente nula paciencia que poseía y comenzaba a gritar como el demente que era lanzando cosas en todas direcciones y maldiciendo una y otra vez.
Finalmente se escuchó un portazo, y Snape sintió un poco de pena por el pobre diablo que fuera el primero en cruzarse en el camino del lord.
Sin embargo, tras aquél primer pensamiento, el espía se dio cuenta de algo.
Era la primera vez que se quedaba solo.
Claro, estaba solo cuando los elfos domésticos le bañaban y aseaban, por que Voldemort le deseaba siempre "hermoso" para él, pero los pequeños elfos no eran mas que criaturitas que no abrían la boca para nada, y por mas que les había hablado, no había obtenido respuesta alguna para que le ayudasen a transportar información fuera de aquella fortaleza.
Y ahora, estaba solo… realmente solo…
Se estiró lentamente sobre el suelo, recordando que sus cadenas se habían soltado y no habían sido aseguradas nuevamente hasta un punto fijo.
Sus dedos hacían la función de sus ojos, por lo que lentamente comenzó a tantear el suelo en busca de uno de los objetos que había escuchado caer, hasta que finalmente lo tocó, acercándolo con rapidez a su pecho y sujetándolo cual si se tratase de la última esperanza.
Se trataba de un pergamino.
Lo abrió cuidadosamente, agudizando su oído por si Voldemort regresaba en algún momento, pero un silencio absoluto reinaba en aquella habitación.
Sus dedos se deslizaron sobre la superficie de aquél pergamino, descubriéndolo completamente liso, sin los suaves relieves que causaba la tinta, lo cual solo podía significar que aquél papel se encontraba en blanco, justamente como él lo deseaba.
Había algo rondando por su mente, algo que no lo dejaba en paz ni de día ni de noche, y que deseaba sacarse del pecho a como diera lugar. Ahora, finalmente podía hacerlo.
Sus ojos estaban ciegos, pero sus otros sentidos estaban completamente alertas, por lo que desenrolló el pergamino y lo midió con sus manos descubriendo cuanto medía, para luego aplastarlo con su cuerpo de manera que se mantuviese abierto.
Una vez echo aquello, no tuvo que recordarse que no tenía tinta, además, sus oídos no habían captado ningún tintero rompiéndose cerca ni lejos de él.
Levantó su muñeca izquierda y comenzó a rascar su piel con fuerza con la ayuda de sus uñas, usando una fuerza que apenas y poseía, sin embargo, no pasó demasiado cuando sintió como un breve hilillo de sangre comenzaba a escurrir fuera de sus venas.
No era demasiada, y necesitaba mas si iba a hacer lo que había planeado durante tanto tiempo, por lo que presionó su muñeca contra el piso mientras rascaba una y otra vez tratando de obtener mas de aquél líquido vital.
Tras algunos minutos de rigurosa labor, empapó su dedo índice de la mano derecha, tanteando luego el pergamino frente a él. Su dígito se deslizó lentamente sobre la superficie, dejando tras él líneas creadas de su propia sangre.
Ahora que está todo en silencio y que la cama me besa el corazón, os quiero decir adiós…
Severus sintió que algo dentro de él se revolvía dolorosamente, sin embargo, ya fuese que le gustara o no, comenzaba a darse cuenta que existían muy pocas posibilidades de salir vivo de aquél lugar… aún tenía orgullo, pero la esperanza la había perdido.
Por que ha llegado la hora, de que andéis el camino ya sin mí… hay tanto por lo que vivir.
Sabía que a ella le dolería perderle, pero ya había pasado mucho tiempo, y seguramente comenzaba a hacerse a la idea de que él no iba a volver. Podía superarlo, y por sobre todo, tenía a sus amigas para ayudarle… y a sus amigos, aunque ellos no le agradaran.
No llores cielo, y vuélvete a enamorar…
Escribir aquella parte lo hizo sentirse como una basura, además de que los celos comenzaban a devorarle las entrañas… pero era lo justo…
Me gustaría volver a verte sonreír
Dios… él amaba la sonrisa de Hermione, y condenado a aquél infierno oscuro, la luz de su recuerdo era lo único que lo mantenía con lucidez, pues de otra forma, hacía mucho que hubiera enloquecido… a decir verdad, no se sentía tan cuerdo como antes.
Pero mi vida yo nunca podré olvidarte, y solo el viento sabe lo que has sufrido por amarme.
¿Cuántas veces había ella llorado por él? ¿Cuántas noches se habría pasado en vela esperando a su regreso? El anillo… ¿El anillo realmente la consolaría al hacerle saber que seguía vivo? ¿O acaso la atormentaba?... En aquél entonces, sabía lo que iba a ocurrir en un futuro, y comenzaba a arrepentirse de haberle dado el anillo.
Hay tantas cosas que nunca te dije en vida, que eres todo cuanto amo y ahora que ya no estoy junto a ti… Te cuidaré desde aquí.
Tal vez y aquello sonara un poco estúpido, pero él pensaba mucho en ella, y de alguna forma, le gustaba pensar que sus ruegos nocturnos podían protegerla, y que su magia podía viajar hasta ella para consolarla. Era un poco tonto, pero ese pensamiento lo consolaba.
Se que la culpa os acosa, y os susurra al oído una vez más… no hay nada que reprochar
Severus mojó su dedo nuevamente en su sangre sobre el suelo y tanteó en busca del lugar donde se había quedado en su escritura. Una vez que encontró un espacio liso, buscó el borde del pergamino, retomando su escritura, tratando de no arrepentirse de las decisiones que había tomado, y sabiendo que Hermione había enfrentado sola a Dumbledore y a la Orden entera ante los aspectos de su relación.
Ya no hay demonios en el fondo del cristal, y solo bebo todos los besos los besos que no te di
Quería que ella lo supiera, quería que se enterara que no importaba cuanto sufriera él, todas aquellas torturas le parecían sin sentido, ya ni siquiera le importaban, y no deseaba que ella estuviera preocupada siempre por él.
Pero mi vida yo nunca podré olvidarte, y solo el viento sabe lo que has sufrido por amarme
Hay tantas cosas que nunca te dije en vida, que eres todo cuanto amo y ahora que ya no estoy junto a ti…
Se detuvo un instante tratando de encontrar las palabras adecuadas. No sabía ni siquiera por que estaba haciendo aquello, después de todo, aquella carta jamás llegaría a manos de Hermione, y sin embargo… no podía, ni quería detenerse. Aquella era una oportunidad de oro para sacarse todo lo que traía dentro desde hacía tanto tiempo.
Contigo cada vez que habláis de mi, y muero otra vez si lloráis, he aprendido al fin a disfrutar… y soy feliz
¿Feliz? Si, tal vez y sonara estúpido, pero así era. Era feliz interiormente por que sabía que ella estaba a salvo, por que sabía que había jugado bien sus cartas y no importaba si aquello le costaba la vida, mientras ella estuviera a salvo podían mandarlo al mismo infierno y a él no le importaría.
No llores cielo, y vuélvete a enamorar. Nunca me olvides, me tengo que marchar….
Tal vez y Voldemort le tratase como si fuera una mezcla entre tesoro y mascota, pero estaba plenamente consiente de que su tiempo se agotaba, y el señor oscuro no dejaría pasar demasiado tiempo antes de hartarse de él y asesinarlo.
Pero mi vida yo nunca podré olvidarte, y solo el viento sabe lo que has sufrido por amarme
Hay tantas cosas que nunca te dije en vida, que eres todo cuanto amo y ahora que ya no estoy junto a ti…
Mojó su dedo nuevamente en su sangre y pensó en aquél instante en que su alma se viese liberada de su cuerpo, cuando se convirtiera en un maldito fantasma.
Desde el infierno os arroparé en la noche, y os colmaré los sueños y espantaré todos los miedos.
Por que estaba claro que ese era su destino, él no encontraría la paz, y aunque se aseguraría de que Hermione nunca se enterase del destino que había escogido, si sabía que cuidaría de ella y velaría por su seguridad y felicidad, la vería morir algún día y solo entonces comenzaría a preocuparse por su eterna existencia fantasmal.
Desde el infierno, os esperaré escribiendo. No estoy solo pues me cuidan, la libertad y la esperanza
Una sonrisa vaga cruzó sus labios, y Severus se preguntó si Hermione podría descubrir quienes eran la libertad y la esperanza para él… claro, si aquella carta alguna vez llegaba a sus manos.
Yo nunca os olvidaré…
Meditó un instante, y descubrió que no tenía nada mas que decir, pero si había algo mas que debía hacer.
Su dedo buscó nuevamente la escasa sangre que aún quedaba y comenzó a trazar líneas al asar, buscando seguir un patrón aún trabajando a ciegas. Sin embargo, a pesar de lo concentrado que estaba, escuchó con claridad los pasos tan conocidos que se acercaban a la habitación, y no eran los únicos, venían acompañados de alguien mas, alguien a quien también conocía.
De un rápido movimiento, Severus enrolló el pergamino y lo lanzó debajo de una mesa, acurrucándose a un lado de la silla como si nada hubiese ocurrido, cubriendo bajo el abrigo su muñeca herida tratando de que la sangre dejase de fluir ahora que ya no la necesitaba.
- Adelante Lucius.
- Mi lord.
¿Lucius? ¿Ya había regresado? Severus no pudo menos que sorprenderse, ya que no se había dado cuenta del largo tiempo que se había pasado escribiendo su carta.
- Tengo un asunto de suma importancia que discutir contigo… y que estoy seguro me darás la razón.
Voldemort avanzó y se inclinó sobre Severus, arrancándole el abrigo que tan firmemente abrazaba ahora que el efecto de la poción se había desvanecido y comenzaba a sufrir nuevamente frío.
- Ya regresó el dueño, amado mío, es hora de que…
El lord oscuro frenó sus palabras al observar las manos manchadas de sangre y la herida en la muñeca.
- ¿Pero que diablos has estado haciendo…?
Se arrodilló a su lado y revisó la herida, encontrándose con que no era de gravedad, y desde hacía rato parecía haber empezado a sanar, lo que le llevó simplemente a negar con la cabeza y acariciar los cabellos negros de Severus como si se tratase de un niño pequeño.
- Travieso…
Fue el fin de su interacción, y Voldemort regresó su atención a Lucius, el cual se encontraba colocándose nuevamente su abrigo, abrazándose después para poder llenarse del calor que este guardaba.
- Como te dije Lucius, necesitaba que volvieras. Iba a recibir una información de vital importancia, de la cual dependía si necesitaba de tus servicios o no, y lamentablemente, los necesito.
- Estoy a su servicio, mi señor.
- Acaban de informarme que Bellatrix continúa sin quedar embarazada… no es que me sorprenda después de todo este tiempo, pero realmente me decepciona saber que mis planes se frustran nuevamente.
Voldemort se mantuvo en silencio recorriendo su barbilla con sus dedos, mientras a su lado, Severus se enderezaba para poder quedar sentado y frotar con fuerza sus brazos, siendo observado por Lucius.
- Era algo de esperarse de una mujer que nunca ha tenido hijos… conforme son mayores las mujeres, es mas difícil que se embaracen, ¿No es así?
- Así es, mi lord.
- Pues bien, en ese caso necesito de alguien que me pueda dar descendencia, pero que sea algo seguro, es decir, una mujer que ya haya tenido hijos, y por lo tanto no es un agujero viejo que ya no sirve para nada.
- Buscaré inmediatamente a una mujer adecuada, mi lord.
Una sonrisa cruzo los labios del señor oscuro, mientras una risa apenas audible escapaba de su garganta.
- No Lucius, no quiero que busques a una mujer… lo que quiero es a TU mujer… quiero que me traigas a Narcisa.
El hombre rubio sintió una sensación de vacío y como sus entrañas desaparecían en un oscuro abismo sin final. Fueron apenas un par de segundos, y aquél silencio sepulcral se vio roto por el rumor de cadenas, y antes de que cualquiera de los dos pudiera reaccionar, Severus se había puesto de pié y golpeado con fuerza la mandíbula de Voldemort.
- ¡A ELLA NUNCA VAS A TOCARLA!!!!
Lucius se quedó totalmente quieto observando a su señor caído y a su mejor amigo de pié con el puño sangrando debido al fuerte impacto, mientras en el suelo yacía el señor oscuro sosteniéndose el rostro.
Dentro de él sintió la necesidad de unirse a Severus, de evitar a cualquier precio que aquél monstruo le pusiera una mano encima a la mujer a la que él amaba, sin embargo, una segunda fuerza impulsada por el miedo venció a la primera, por lo que sacó su varita en un rápido movimiento y apuntó a quien perfectamente sabía jamás debía de atacar.
Un rayo carmesí brotó de la punta de su mágico instrumento y al momento siguiente se escuchó el golpe sordo del cuerpo de Severus golpeando contra la pared.
Todo volvió a sumirse en el silencio, y la única figura que se movía en aquél lugar era Voldemort, el cual se levantaba lentamente, observando a sus dos sirvientes con detenimiento.
- Ve… busca a tu mujer y tráemela.
Lucius hizo una breve reverencia y se marchó de aquél lugar, observando una última vez a Severus, el cual se sostenía la cabeza, que seguramente tenía aturdida debido al golpe.
- Y ahora, tú y yo vamos a hablar seriamente…
Severus se giró hacia la dirección en la que provenía la voz, sabiendo perfectamente cuanto le iba a costar su osadía.
En la mansión Malfoy, Narcisa se encontraba leyendo algunas cartas referentes a los negocios de su marido. A su lado reposaba una taza humeante de té, mientras el ambiente estaba lleno de una suave y relajante música.
Sin embargo, aquél pacífico ambiente se terminó con el estruendo característico de la aparición, haciéndola brincar asustada y derramar el té cuando apenas se lo estaba llevando a los labios.
- Pero que…
Se giró, y a sus espaldas encontró al responsable.
- ¿Lucius?
Su marido se encontraba de pié frente a ella, respirando agitadamente como si fuera un animal, sus ojos metálicos centelleando bajo la máscara.
- Lucius… pero qué ocurre.
- ¡EXPELLIARMUS!
Narcisa alcanzó a agacharse y el impacto golpeó la pared, creando un cráter oscuro sobre la pintura nacarada.
- ¡Lucius!
Ninguna respuesta vino, pues el hombre comenzó a lanzar hechizos de ataque y defensa en todas direcciones, destruyendo la habitación entera.
- ¡Lucius, LUCIUS!!!!
La mujer le tomó por los hombros obligándolo a encararla.
- ¡Qué ocurre!
El hombre la observó aún respirando agitadamente, para luego arrancarse la máscara y tomarla entre sus brazos, besándola apasionadamente.
Los ojos azules de ella se abrieron desmesuradamente, sin embargo correspondió a aquél desesperado beso sin importarle que todo el estudio hubiera quedado completamente destruido.
Cuando se separaron, no solo él respiraba de manera agitada, y la bella mujer sintió las manos de su marido sosteniendo su rostro, uniendo su frente a la de él.
- ¿Recuerdas lo que te dije?...
- Me has dicho demasiadas cosas…
- Sobre Severus… Severus…
Incapaz de pensar con racionalidad, besó la frente de su mujer repetidas veces, ahogando sus palabras con sus besos.
- No sabía por qué había cometido semejante estupidez… su traición, su… su todo…
- Si, lo recuerdo.
- Lo hizo por amor.
Narcisa levantó la mirada y observó a su esposo, el cual la observaba completamente destruido por dentro.
- Tu hermana no ha resultado embarazada, y el señor oscuro quiere a la siguiente mujer en su lista para intentarlo con ella.
Los ojos de la mujer rubia se abrieron desmesuradamente. Era demasiado inteligente como para no saber lo que aquellas palabras significaban.
Su mente se vio bombardeada de pronto de todas las imágenes que tantas veces había revivido en sus pesadillas y que tantas veces la habían echo despertar gritando. Pudo sentir con claridad el dolor del suceso ocurrido en su juventud, y el terror llenó su mirada.
- No… no... ¡NO, NO NO!
Lucius la abrazó con fuerza, pareciera que ambos deseaban fundir sus cuerpos en aquél abrazo.
- No permitiré que te toque… nunca… nunca jamás… Cissy, Cissy escúchame… vete a Hogwarts, y reclama tu derecho a asilo en Grimmauld Place.
- ¿QUÉ?
- Es la casa de tu tía, y tú eres parte de la familia.
- ¡Ellos jamás lo aceptarán! ¡Esa es la Sede de la Orden del Fénix! Creerás que soy una espía… ¡TE HAS VUELTO COMPLETAMENTE LOCO!
Lucius negó con la cabeza y se alejó de su mujer, abrió el escritorio que ahora se encontraba chamuscado y maltrecho extrayendo, el cual colocó en manos de su esposa.
Narcisa bajó la mirada y observó un mechón de cabellos negros atados con un listón esmeralda.
- Diles que te manda Severus, que estás en peligro y ha sido su deseo que ellos te protejan… el anciano jamás se negará a un deseo de Sev.
- P-Pero Lucius… si hacemos eso.
Ella no pudo continuar, sabía lo que le ocurriría a su marido si desobedecía la orden del lord.
- Te dije que había comprendido a Severus… fue por amor.
La mujer sabía que no podía negarse a lo que su esposo le pedía, y continuar discutiendo era una pérdida de tiempo. Tiempo del cual no disponían.
Se lanzó a sus brazos y lo besó una última vez, tratando de volcar en aquél beso todos los sentimientos que bullían en su interior, pero por sobre todo, hacerle saber a su esposo lo mucho que lo amaba.
Solo unos segundos mas tarde, Narcisa había desaparecido entre las llamas esmeraldas.
- ¡ERES UN ESTÚPIDO!!!!!
Lucius emitió un grito desgarrador mientras el hechizo de tortura lo golpeaba violentamente, haciéndolo convulsionar en el piso.
- ¡Mi señor, por favor!
- ¡CÁLLATE!!!
Malfoy gritó nuevamente, quedándose desvanecido durante algunos segundos sobre el frío suelo.
- Señor… por favor señor… ella… ella huyó… creí que aceptaría… realmente yo… la buscaré mi lord, la encontraré, y yo…
- ¡HE DICHO QUE TE CALLES!!!
Un nuevo hechizo estuvo a punto de ser invocado, sin embargo, el sonido de la puerta distrajo al lord oscuro, el cual se giró ciertamente enfadado.
- ¡ORDENÉ QUE NADIE ME MOLESTARA!!!!!
- Mi lord… soy Callia.
Voldemort se quedó en silencio al escuchar la identidad de la persona que le llamaba, por lo que se tranquilizó, ya que si algo sabía de esa mujer, es que no era estúpida, y si le llamaba era por algo importante.
- Pasa.
La joven sanadora entró en la habitación y observó minuciosamente a los hombres en el interior. Lucius tenía un estado deplorable, pero no era ni la mitad de cómo se encontraba Severus. Sus ojos se abrieron con sorpresa al observar que incluso el lord oscuro tenía amoratada la mandíbula.
- Mi señor, me temo que las noticias que le traigo no… no son gratas.
- ¿Qué ocurre?
- Mientras curaba a Bellatrix, ella me suplicó que la revisara para saber si era cierto que ella no podía darle hijos a usted.
- No tiene por qué preguntarte eso. Sabe perfectamente que no es capaz.
- Mi lord… la revisé.
La joven sanadora se quedó en silencio, y gracias a aquél silencio, Voldemort alcanzó a escuchar una risilla burlona que parecía provenir del cuerpo maltrecho de Severus.
- Y Bellatrix es absolutamente capaz de concebir… su cuerpo está tan lleno de pociones de fertilidad, que podría embarazarse en este instante sin duda alguna.
- Eso no es posible.
Voldemort se giró hacia la ventana, su rostro se había contorsionado debido a las dudas.
Aquella información tenía que ser errónea… Bellatrix no podía ser capaz de concebir, ella no debía ser capaz de tener hijos, por que si así fuera, ya estaría embarazada, a menos que el problema…
El rostro blanco del lord se levantó de pronto.
La primera persona que había conocido sus propósitos, había sido Gildor, quien siempre había sido un traidor… un espía fiel a Dumbledore, y cuyo primer y único propósito debía ser detener sus planes.
Gildor sabía que tarde o temprano, él se enteraría de su esterilidad y buscaría a alguien más, y su deber era evitarlo.
Además, acababa de reírse.
- Tu.
Voldemort le señaló con su dedo, sin importarle que Severus estaba completamente ciego y no sabía lo que ocurría a su alrededor.
No dijo más palabras y salió a grandes zancadas de la habitación, siendo seguido inmediatamente por la sanadora, quien cerró la puerta detrás de si.
Por un instante, todo se mantuvo en silencio en aquél lugar, hasta que finalmente se escuchó la risa de Severus, el cual se giró en el suelo sosteniéndose el estómago debido a lo mucho que le costaba aquella simple acción.
- ¿Sev?
Lucius se arrastró como le fue posible hasta su compañero, observándolo mientras trataba de meter aire en sus pulmones.
- ¿S-Sev…?
- Sev…
El espía comenzaba a tranquilizarse, girando el rostro en dirección a donde provenía la voz.
- Hace mucho… que no me llamaban Sev…
- Sev… qué… ¿Qué es lo que pasó?... ¿Cómo…
- ¿Dónde está Cissy?
El hombre rubio bajó la mirada, colocando una mano sobre su amigo, el cual le apretó con fuerza.
- Está a salvo.
Ninguno dijo nada más. Ambos estaban en pésimas condiciones y aquél no parecía el momento mas adecuado para ponerse a conversar.
La puerta se abrió en aquél instante y Severus apretó inconscientemente la mano de Lucius, a sabiendas de lo que le iba a ocurrir cuando Voldemort volviera, sin embargo, este le tranquilizó acariciándole el cabello.
- Tranquilo, solo es un elfo doméstico.
Snape se relajó y dejó caer su pesadamente su cabeza, escuchando los pasos suaves que se acercaban a ambos. Posiblemente habían enviado a aquella criatura a limpiar el desastre.
- ¿A-Amo?
Si hubiera podido, los ojos de Severus se habrían abierto desmesuradamente por la sorpresa, por lo que levantó nuevamente la cabeza y giró el rostro en dirección a la voz.
- ¿Winky?
TBC…
Hola!
Si lo se, lo se, ¡No me maten por dejarla en eso!! Espero que les gustara el capi, ¡Finalmente lo terminé! A decir verdad ya lo tenía planeado paso por paso desde hace muco, pero el capi de OP me tenía metida en problemas debido a mi escasa inspiración, súmenle el trabajo, los problemas familiares, y bueno…
¡Espero que les gustara!
IMPORTANTE. En mi Profile pueden encontrar un Link para un video con la canción "Desde mi Cielo" que trata de este capítulo. La canción me la recomendó Cissy Blackfoy, ¡Muchas gracias mujer! Y durante el video aparecen unas imágenes de la silueta de Severus y unos pergaminos detrás, entre ellos, aparece un pequeño dibujo de Hermione, el cual está hecho por Balck Angel, si les gusta, ¡Díganle a ella!
Y otra cosa, hay una personita por ahí que me pidió que la mencionara en mi profile, pero el profile cambia con cada publicación, y su nombre desaparecería, así que la saludo desde aquí para que este mensaje nunca desaparece.
Bueno, bueno, a lo mejor desaparece algún día, pero no durante las próximas semanas, ¿Verdad?
Un beso y un abrazo para mi tocaya Yoohya, junto con mucho cariño y esperando que se encuentre bien.
MAS IMPORTANTE AÚN: desde que empecé con esta historia, se han ido sumando mas y mas personas a la lectura de esta historia apoyándome a cada paso del camino, y hoy necesito su ayuda, ya que una adorable personita, cuyo nombre no diré para que no la ataquen, me informó de una página en internet. La página se llama "Potterfics", la autora se llama "Aquarius14" y su historia.... se llama "El Caballero Herido y la Dama"
Prendan las antorchas niñas, y nos vemos en mi profile... tenemos una cacería frente a nosotras.
Lady Grayson, la oscuridad.
