Anécdotas

Serie: Majin Tantei Nogami Neuro.

Pareja: Neuro/Yako.

Advertencias: contiene spoilers del final del manga.

Resumen: pequeñas escenas que resumen la vida de Neuro y Yako desde que el demonio volviera a la Tierra.


Frágil

Yako despertó con un fuerte dolor de cabeza. Sentía mucho frío, y a la vez mucho calor, lo cual era paradójico. La garganta le escocía, y no se veía con fuerzas para levantarse de la cama.

—¿Mami está malita? —preguntó una pequeña Enigma de dos años y medio.

Yako no respondió, sentía que si lo hacía su garganta se quemaría por completo.

Cerró los ojos una vez más y escuchó como Neuro entraba en la casa.

—¡Papi, papi! —lo llamó Mystery, quien estaba arrodillada junto a la cama.

—¡Mami está malita! —dijo Enigma, sacando sus alitas azules y batiéndolas hasta caer en brazos de su padre.

Neuro avanzó hasta la habitación donde Yako aguardaba aún con los ojos cerrados, temblando bajo las sábanas.

—¿Estás enferma, piojo? —preguntó Neuro, tocando su frente en un gesto demasiado humano para él.

—Que Akane y Godai se lleven a las niñas, no quiero contagiarlas —dijo Yako con dificultad.

Escuchó como Neuro recogía su teléfono móvil (que se encontraba en la mesilla de noche) y llamaba a sus dos compañeros, acatando su petición.

Pronto, ambos llegaron a recoger a las niñas, prometiéndoles un día repleto de diversión en un parque de atracciones cercano.

—No te preocupes, Yako —le dijo Akane—. Las niñas pasaran la noche con nosotros. Tú solo trata de mejorarte.

Yako asintió y cerró los ojos, para esta vez quedar profundamente dormida.

Cuando los abrió de nuevo casi era de noche, había oscurecido y una luz anaranjada entraba a través de la persiana.

—¿Qué tal estas, piojo? —preguntó Neuro, quien no se había movido de su lado en toda la tarde.

—Mejor —dijo, respirando hondo.

—Ya casi no tienes fiebre —El demonio guardó el termómetro que acaba de utilizar en el primer cajón de la mesilla.

—Solo tengo que descansar un poco más —Yako cerró los ojos de nuevo, notando como su marido entrelazaba su mano con la suya, casi de forma vergonzosa.

Neuro asintió. Después de todo, siempre había sabido que los humanos tendían a enfermar, pero había pasado tantísimo tiempo desde que la chica se había quejado por algo, que este había olvidado lo frágiles que eran. Lo frágil que era Yako.

Y lo fácil que sería perderla.

Neuro solo pudo entrelazar sus dedos con los de ella con más fuerza, intentando evitar ese pensamiento a toda costa.