Las noches en Arendelle eran frías; incluso en verano, sin embargo no era algo que le resultara molesto. Había llegado bastante entrada la noche a la alcoba de Elsa, era evidente que había tomado un baño poco antes; traía el cabello aún mojado.
La rubia lo invitó a pasar y cerró la puerta en cuanto él estuvo adentro.
Elsa regresó al tocador a cepillar su cabello, mientras que el pelirrojo se sentó al borde de la cama y se dedicó únicamente a observarla, ella lo miró de reojo a través del reflejo. — ¿Encuentras entretenido ver a una mujer cepillarse el cabello? — Cuestionó la mujer. —, tienes gustos extraños, Westergaard. — Dejó de lado el cepillo y se acercó a él. — Elige un lado de la cama.
— ¿Su Majestad compartirá el lecho conmigo? — Cuestionó él. — Pensé que Elsa de Arendelle trataría de obligarme a dormir en el suelo. ¿Acaso vas a admitir que me deseas tanto como yo a ti?
— En tus sueños. — Respondió ella. —, es obvio que si trato de convencerte de dormir en el suelo preferirás ir a tu propia habitación, y no mentí cuando dije que es mejor que nos mantuviéramos juntos por ahora, el castillo está repleto de completos desconocidos...
— Elijo arriba. — Rápidamente la tomó por la cintura y la colocó en la cama, rápidamente se posicionó sobre ella. — Creo que podemos portarnos mal una noche, mi Copito.
— Dudo mucho que con esta clase de bromas e insinuaciones logres algo. — Dijo ella permaneciendo completamente tranquila. —, debes reconsiderar tu plan, Almirante. — El pelirrojo depositó un casto beso en los labios de la rubia antes de separarse de ella.
— ¿Cuál lado de la cama prefieres tu? — Preguntó él una vez que ella se reincorporó. —, la Reina siempre tiene la última palabra.
— Contigo eso no funciona ¿O si? — Dijo ella. La rubia se puso de pie y caminó hasta el lado derecho de la cama y apartó un poco las cobijas, se desprendió de la delgada bata dejando al descubierto un bello camisón un poco revelador.
Se metió a la cama y apago la vela junto a ella. — Será mejor descansar, mañana habrá muchas cosas que hacer. — Le dijo ella. El pelirrojo imitó su acción y se recostó en el lado opuesto de la cama.
— Tengo una teoría. — Le dijo una vez acostados. —, tú confías en mi, pero te asusta admitirlo. — Ella lo miró con una ceja alzada. —, no dormirías en la misma cama que alguien en que no confías en lo absoluto.
— Hubo guardias aquí que estuvieron dispuestos a eliminarme a cambio de dinero. — Dijo ella. —, también hay nobles a quienes no creo que les haga muy feliz mi repentina aparición, extrañamente eres de las personas más confiables aquí.
— Que no se te suba a la cabeza. — Agregó.
— Confías en mi y me quieres, no te esfuerces en negarlo. — Dijo mirándola a los ojos. —, yo confío en ti, me preocupo por ti y te deseo físicamente, de nada serviría ocultártelo, tú eres muy observadora y lo sabrías de igual modo. — Habló él. —, yo también soy muy observador, mi Copito.
— ¿Podrías solo llamarme Elsa? Lo de los apodos fue gracioso en su momento, pero supéralo Hans. — Dijo ella.
— Oblígame pastelito. — La desafió. Ella solo le dio la espalda y se acomodó para dormir. —, ¿Estas cansada, dulzura?, ¿gatita?, ¿Bomboncito? ¿Florecilla? ¿Rayito de sol?... — Continuó así un rato y parecía no tener intención de detenerse, Elsa trataba de dormir sin caer en provocaciones de ningún tipo. — ...Dulcecito...
Se giró rápidamente y atrapó los labios del pelirrojo con los suyos, esta acción pareció ser inesperada para él, más no tardó en corresponder aquel gesto. Elsa siguió besándolo y extrañamente tomó una de las manos de su acompañante y la colocó en su cintura. Hans la atrajo hacia él y ella no protestó, ni siquiera pareció molestarle cuando Hans decidió arriesgarse al bajar su mano hasta acariciar el trasero de la rubia.
El pelirrojo se colocó sobre ella, Elsa solo le sonrió antes de volver a besarlo, tomándolo por la parte superior de su ropa de dormir lo hizo pegarse a ella, Hans se sentía en un sueño teniendo a la Reina de esa manera, alzó el camisón de la joven mujer dejando a la vista sus largas piernas, su ropa interior y parte de su vientre.
Abandonó los labios de Elsa y descendió a su cuello; haciéndola suspirar, el hombre tocaba cada parte de piel expuesta de la joven, sintiéndose cada vez más deseoso. Quería desprenderla de sus bragas y hacerla suya de una vez, pero ella nunca había estado con un hombre antes y no quería asustarla o presionarla.
Siguió subiendo el camisón de Elsa asta tocar el borde de sus senos, la rubia dejó escapar un leve quejido de sus labios antes de detener al pelirrojo con una de sus manos. — Creo que si que pude hacerte callar, ¿O no? — Dijo ella con una sonrisa en su rostro.
— ¿Enserio crees que ganaste, mi Reina? — Rió Hans. En su mente él había conseguido la victoria en ese round, había tocado partes de Elsa que nadie Ninfa había siquiera visto. Ella dirigió su vista hasta la entrepierna del pelirrojo y sonrió.
— Estoy bastante segura de ello. — Respondió antes de empujarlo para quitarlo de encima de ella. — Descansa, cariño. — Le dijo ella y posteriormente volvió a darle la espalda.
Con algo de resignación se levantó de la cama y se dirigió al baño, casi podía jurar que escucho a Elsa reír en voz baja.
...
Al día siguiente despertaron abrazados, lo cual era extraño y algo incómodo para Elsa que tan solo quería levantarse, más el brazo de Hans se lo impedía. No le importo mucho pellizcarlo para que despertara y después lo echo de su habitación.
Una vez sola tomó un vestido que Gerda le había dado el día anterior y lo colocó sobre la cama, se desnudó y no pudo evitar recordar lo que ocurrió (o no ocurrió) la noche anterior y se sonrojó. Con delicadeza se acarició a sí misma recordando el tacto de Hans sobre su piel, más esto no perduró demasiado, ya que procedió a alistarse para abandonar la habitación, Hans no tardó en aparecer nuevamente usando ropas elegantes, posiblemente habían sido del padre de Elsa y Gerda se lo había prestado al pelirrojo, después de todo habían llegado sin previo aviso y sin equipaje.
— Buen día, Majestad. — Tomó una de las manos de a rubia y la llevó hasta sus labios.
— Hans. — Dijo ella. — ¿Pasó una buena noche? — Preguntó ella con algo de burla.
— Mucho mejor de lo que usted cree, mi Reina. — Respondió él. Bajaron a desayunar con el resto de los presentes en el castillo, el desayuno paso rápido aunque algo incomodo en momentos en los cuales eran observados con atención por algunos de los invitados.
— Reina Elsa. — Habló una condesa. —, la creíamos muerta. — Comentó esperando una explicación por parte de la recién llegada.
— Estuve ausente unos años, estoy consciente de ello. — Habló ella. De pronto todos dejaron sus alimentos de lado para escucharla atentamente. —, probablemente todo lo que ustedes hayan escuchado sobre lo que me ocurrió es falso, regresé ya que mi hermana y yo tenemos varios asuntos pendientes que resolver, por desgracia al parecer ella se encuentra ausente en este momento.
— ¿Y a donde irá a buscarla?, no dejó ni una pista de a donde pudo haber ido — Intervino un duque.
— Agradezco su repentina preocupación por mi querida hermana. — Habló el,a haciendo uso del sarcasmo que pareció ser sólo notado por Hans. —, sin ánimos de ofender, dudo mucho que yo deba darles tal explicación a personas que no parecían muy interesadas en el paradero de la Princesa. — Elsa tomó su tenedor y continuó comiendo sin responder a algún otro cuestionamiento.
...
Más tarde Elsa se reunió con el consejo y algunos miembros de la guardia real; por exigencia de los ancianos del consejo real. La rubia decidió tener la compañía de Hans durante esto, después de todo tendría que discutir asuntos con la guardia real y en cuanto a armadas y ejércitos; Hans sabía más que ella, además Elsa estaba algo fuera de práctica en cuanto a los deberes reales que solía desempeñar.
— Aún no he dicho que deseo volver a gobernar. — Dijo ella. —, pero por el momento la ausencia de mi hermana no deja muchas opciones, ¿O si? — Cuestionó a los presentes. Era evidente que a los molestos miembros del consejo no les agradaba la noticia de que su antes Reina no había fallecido como la Princesa Anna había informado.
— Majestad, lo que usted propone no es... — Empezó a hablar un anciano.
— Disculpe señor, no es una propuesta que puse a su consideración. — Lo detuvo. —, es una orden, no quise dar mayores explicaciones en el comedor para no crear preocupaciones innecesarias, pero mi hermana junto a otros aliados planeaban asesinarme, es por eso que no solo despediré a algunos guardias o a otros, mi hermana junto a quienes yo considere igual de culpables serán juzgados como la ley señala, ¿Acaso ustedes no tienen la función De asegurarse de que el monarca actúe conforme a la ley establecida en Arendelle?
