Author has written 1 story for Yami no Matsuei. Hrafn (norsk antiguo) = cuervo, como todos nosotros, criados para picotearnos los ojos unos a los otros. En una oscura noche, apenas el alba se hubo ocultado tras el azul horizonte del mal tras nuestro barco, nuestros rostros abandonaron su asombro y adoptaron su típica abulia, conscientes de que teníamos que volver a la labor sobre la borda. Retrocedimos con calma, pisando sonoramente la arena y las aguas, y cada paso que dábamos gotas de agua se ocultaban bajo nuestros zapatos velozmente, como refugiándose de un predador. Los soldados ingresaron a los botes, y se dirigieron al gran barco con proa de dragón, borrando una estela de olas en su camino, y sin perder de vista el difuso paisaje frente a ellos, hasta que desapareciera en las tinieblas. Subimos, y arriba, un esclavo hincado sobre el piso estaba, refregándolo con un trapo sucio y dejando una capa de polvo en cada pasada. En su rostro, y en el de los remeros atados con cadenas, las gotas de sebo y sudor regresaban a su origen en las sienes y el cuero cabelludo. Los guerreros se tragaban sus insultos y carcajadas, y de sus labios manaba la cerveza sonoramente, en cantidades increíbles, llenando jarras y jarras cuyo contenido ascendía burbujeando hacia un estrecho y tosco grifo metálico o de madera, hacia el interior de innumerables barriles. Así estuvieron casi toda la noche. La grasa de sus pieles se introducía en sus poros, el polvo se volatilizaba, y de a poco sus miradas abandonaban las sombras de la muerte. Tras ellos el sol abandonaba su desceso, y se elevaba sobre el mar, mientras el barco encallaba su popa en las arenas, enfrentándose a unos cuantos hombres fornidos y cubiertos de gruesas pieles que lo sujetaban con las manos. Sin embargo, nunca llegó a aplastarlos ni mucho menos. Quizás fue su infinita piedad: nunca los buques ofenden a sus tripulantes. Como hermanos del pacífico mar, aprendieron los secretos de la amistad. Pero también aprecian los valores, y cuando los dirigen a la batalla, de inmediato se las arreglan con la tormenta para librarse del pecado. Muchas veces el océano los consuela por la traición de sus creadores, en lo más profundo de su lecho, por la eternidad. Estudiante universitaria de 18 años (hace poco!), perdida en un mundo con demasiado raciocinio y desdén oj oj oj |
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