.

El Cambiazo

Para Mei por su Cumpleaños


XIV

Se sucedieron los siguientes hechos al mismo tiempo:

Tetsurou abordó un expreso hasta Sendai. El boleto, comprado con una semana de antelación, fue revisado por el inspector de trenes sin plantear objeción, sin cuestionarle a Tetsurou por visitar al chico que le gustaba, o ese romance secreto que parecía todo el mundo conocer. El inspector revisó la fecha y hora del tiquete, agujereó un extremo con una muesca, y al mismo tiempo que entregaba a Tetsurou su boleto, extendía el brazo para coger el boleto del pasajero siguiente.

Tetsurou, acodado en la ventana, pensaba en Koushi. En Suga-chan, como gustaba decirle. ¿Se enfadaría con él? ¿Podría ser el inicio de una crisis? ¿Acaso le dolería la cabeza? Cada vez que se abrumaba, Koushi le había contado a Tetsurou que todos los males se le iban a la cabeza, y dependiendo de la temperatura, la jaqueca podía ser insoportable.

Le gustaba conocer esos pequeños detalles de Koushi, y por ello mismo, le aterraba la idea de que el viaje fuese un error.

Koushi era escurridizo cuando quería. A Tetsurou no le gustaba atrapar agua entre los dedos.

Por su parte, Satori, encerrado en el cuerpo de Koushi, había formado alianza con Ryuunoskue y con Shoyo, y se enfrentaban ante los desafortunados de Tobio, Yuu y Kei. Como no iba con las ropas adecuadas, uno de los calientabancas le había facilitado sus tenis de deporte, y Daichi, quien todavía guardaba en sus casilleros su uniforme deportivo, le prestó sus shorts.

Se estaba enamorando de ese cuerpo en apariencia delicado, pero vigoroso, más resistente y fuerte de lo que había supuesto (al menos, más resisnte y fuerte que su propio cuerpo). Shoyo y Yuu no habían dejado de adularlo, en especial Shoyo (quizá por estar en su equipo). Toda recepción, todo intento de bloqueo, todo servicio, era prestamente comentado por Shoyo, maravillado. A Satori no le había resultado fácil en un principio. No tenía la altura para bloquear, y Tobio, quizá en su deseo de sobrar venganza por el último partido jugado, se había valido de Kei para que los remates superasen el bloqueo. Entonces Satori, comprendiendo que no podía competir en ese aspecto, decidió utilizar sus habilidades predictivas desde atrás de la cancha. Porque sabía hacia dónde irían los balones, así que sabía donde moverse para recibirlos. Por eso Yuu lo alababa, aún desde el lado contrario de la cancha.

Le gustaba el Karasuno. No eran seres hostiles. No lo juzgaban. Y pensaba, que era una pena que al día siguiente se perdiera de todas aquellas alegrías. Por eso quería seguir jugando allí en la cancha, aunque aquello significase recibir balones en lugar de bloquearlos. Quería aprovechar esos momentos. Sin embargo, era hora de irse. De viajar a Sendai, a la estación de trenes, y conocer al tal Tetsurou.

Koushi, a varios kilómetros de distancia, en cambio, solo quería que pasaran las horas rápido para volver a su cuerpo. Ignoraba que Tetsurou iba en camino. Ignoraba que Satori lo había descubierto todo y, por ende, Daichi y Asahi también sabían su secreto. Se acordaba de la única petición que le hiciera Satori, que conversara con Wakatoshi-kun, su mejor amigo, y que se preocupara de que Kenjirou no fuese muy borde con un tal Tsutomou.

Los chicos del Shiratorizawa se habían portado bien con él, solo Wakatoshi parecía recelarle. Le había sorprendido descubrir de que Satori era el mejor amigo de Wakatoshi. De hecho, le sorprendía que Wakatoshi tuviese algo como un mejor amigo. Cuando intentó hablarle, Wakatoshi no se había mostrado amable. Fue bastante cortante y, a su juicio, descortés.

Reon y Eita lo invitaron a una cafetería cercana, una cortesía. Pagaron ellos su bebida.

Le dijo Reon:

—No te tomes a mal lo de Wakatoshi. Lo que pasa es que le has roto todos sus esquemas.

Y dijo Eita, como complemento:

—Lo que pasa es que Satori es su mejor amigo, y el hecho de que no esté él aquí, sumado al hecho de carecer de noticias tuyas, debe de preocuparle mucho más de lo que él mismo es capaz de darse cuenta.

Añadió Reon:

—Debe ser por eso que Satori viajará hasta aquí con tus amigos. Para ver a Wakatoshi, dejarle claro de que todo estará bien y que esto no cambiará nada.

—¿Por qué? —preguntó Koushi, un poco confundido.

Reon y Eita se miraron.

—Porque Wakatoshi es así —dijo uno—. No acepta con facilidad los cambios, en realidad, los odia. Para él es muy dificil. Le tarda una eternidad comprender ciertas cosas, y cuando al fin ase la idea, van y se la cambian…

—Tampoco entiende los doble sentidos o las metáforas —agregó el otro—, y esto le ha traído muchos problemas. Nosotros mismos, al principio, no podíamos congeniar con Wakatoshi. Pensábamos que era duro de cabeza y llevado a sus ideas.

—Pero Satori es distinto —aclaró el primero—, porque tiene mucha más empatía que todos nosotros, y nos mostró nuestro error. Wakatoshi no puede cambiar esa manera de ser suya, pero nosotros sí que podíamos cambiar nuestro modo de entender a Wakatoshi.

—Es de las cosas que más valoramos de Satori.

—Por eso pensamos, aunque no nos hayas querido revelar tu identidad, que tú también debes ser una persona distinta al resto, en un buen sentido. Una persona que se hace destacar por su pureza, pero a quien le ha tocado sufrir, y por ello, recela de todos y se niega dejarse querer por los demás.

—A veces Satori se guarda muchas cosas, pero nosotros siempre acabamos descubriendo sus secretos. Se le nota mucho en el rostro. A ti también se te nota. Es un buen colega Satori. Se lo decimos pero no nos cree. Él no dejaría que nadie se preocupara por él, y lo cierto es que nos preocupa un montón.

Koushi arrugó la servilleta de género entre sus manos. Quería preguntar «por qué», mas no se atrevía. Empezaba a entender cuál era su afinidad con Satori y por qué sus almas se habían intercambiado.

Pensaba en Daichi y Asahi, sus amigos que le dijeron que irían a Shiratorizawa porque querían verlo.

En Tetsurou, en todas las veces que le había cancelado una cita, y como Tetsurou, a pesar de todo, no parecía resentido.

—No se preocupen —dijo Koushi, sonriendo como Satori—. Si es así como dicen, quizá hoy se dé cuenta de todo.