Disclaimer: Los Simpson no me pertenece, es propiedad de Matt Groening.


El espíritu navideño


El calendario marcaba una fecha importante ese día. Así es, esa mañana era singular porque la Navidad había llegado. Pinceladas de buenos deseos bañaban a la mayoría de los ciudadanos aquel día. Nevaba, así que algunos niños ya estaban estrenando sus trineos nuevos mientras reían con su inocencia típica. Moe los observaba con cierta envidia al pasar por su lado. Él no estaba en el grupo de los amantes de la dichosa fiesta, francamente era un día que le deprimía. Szyslak no tenía familiares o amigos que decidieran pasar con él esos días, algunos años los Simpson lo invitaban casi por caridad, pero hoy no había sido el caso.

Suspiró al detenerse en la puerta de su taberna. Eso era de lo poco que tenía, la esperanza de que un par de borrachos desconocidos pasaran por ahí para hacerle compañía. Era eso o llamar al técnico, aunque últimamente prefería marcarle a Smithers. Sí, eso era algo rescatable de ese año, ellos, luego de ser socios, se habían visto más, teniendo algo parecido a una amistad. Además el hombre era tan gentil que siempre estaba dispuesto a dedicarle unos minutos, así que aunque fuera para desearle una feliz Navidad, Moe podía conformarse con eso.

Sacó una llave que mantenía dentro de sus zapatos y abrió. De la taberna se desprendía un agradable aroma nada común. Moe se percató de que unos platos vacíos y un gran pavo navideño al centro, fueron colocados encima de su mesa de billar. Tomó su escopeta casi por instinto, pero no alcanzó a apuntar cuando varios de sus conocidos se levantaron detrás de la barra.

—¡Feliz Navidad, Moe! —exclamaron con entusiasmo de forma nada coordinada.

Ante esto, el cantinero se sobresaltó llevando una mano al pecho. Una vez se recuperó del susto, se fijó en cada uno de ellos. Estaba la familia Simpson, Carl, Lenny, Barney y... Waylon Smithers. Estaba desconcertado.

—¿Es una broma llevada a otro nivel? —Se le ocurrió preguntar, contemplando como el resto tomaba lugar en diferentes partes de la taberna.

—No, no hay ningún truco, organizamos esto porque queremos pasar la Navidad a tu lado —acotó el de lentes con una amplia sonrisa.

—V-vaya... —Moe se había quedado sin palabras, conmocionado.

—Bart, creo que deberías quitar el pegamento de las sillas —murmuró Lisa.

—¿Primero el balde de agua y ahora el pegamento? —Se quejó el aludido rodando los ojos, pero de todas maneras haciendo caso a su hermana.

Carl y Lenny se dieron a la tarea de cortar el pavo y servirlo, mientras Barney solo supervisaba. La familia Simpson buscaba un lugar donde sentarse. Moe aprovechó que todos se ocupaban en algo para acercarse a Smithers, el cual se mantenía al margen, reposando sus brazos en la barra. Lucía satisfecho con lo que pasaba a su alrededor. El cantinero sabía que nada de esto habría sido posible sin planificación.

—¿Tú organizaste todo esto? —cuestionó Moe, teniendo la discreción suficiente para no ser oído por el resto.

—Bueno... Tal vez lo hice —comenzó con falsa vacilación y, adelantándose a los pensamientos de Szyslak, porque lo conocía bien, respondió—Pero no te equivoques, a decir verdad, fue una tarea sencilla convencerlos.

Moe puso su atención en cada uno, parecían felices en aquella fiesta, riendo por un Homero que tenía la silla pegada al trasero. Supuso que producto de una travesura del pequeño Bart. Rió un poco antes de enjugarse algunas lágrimas que salieron sin aviso. Apenas podía asimilar que todo esto fuera por él, para no dejarlo solo en una fecha donde se sentía tan desolado. Necesitaba que supieran lo que pensaba, así que usó uno de los tabureres como escalera para llegar a la barra y pararse sobre ella, con el fin de tener algo más de altura. Allí se aclaró la voz y posó su vista en cada uno antes de hablar.

—Muchachos, solo quería agradecer todo lo que hicieron por mí hoy, me hacen muy feliz —La voz de Moe tembló levemente al terminar de decir la frase, quiso llorar, pero en su lugar sonrió con ternura.

Tras esto se escuchó a todos vitorear, incluso pudo oír un "te lo mereces, Moe" difuso entre el bullicio. El cantinero les sonrió a todo una última ves antes de bajar con la ayuda de Waylon, quien le había tendido la mano. Estaba acostumbrado a recibir ese tipo de atenciones de su parte, ya que no paraba de hacerlas con el señor Burns y se había vuelto un hábito para sus más cercanos.

—Oye, Moe, ¿es este el momento donde nos invitas a todos a una cerveza? —Era la inconfundible voz de Barney seguida por un eructo.

Se hizo un silencio que se prolongó durante algunos segundos antes de que todos comenzaran a reír a carcajadas, incluyendo a Barney. El cantinero desconocía si el espíritu navideño era algo real, pero si lo era, definitivamente era lo que embargaba a todos en ese momento.