Universo: AU, Moderno.
Rating: K
Paring: Hiccstrid, asies
Summary: Después de atrapar a un importante cartel de drogas, la detective Hofferson ha estado bajo mucho estrés, por lo que su nerviosismo e ira han causado estragos en el precinto, por ende su capitán ha decidido que Astrid debía ir a clases de crochet... Aunque ella no quiera.
¡YA ES NAVIDAD!
Stoick se encontraba en su oficina cuando escuchó lo que parecía el inicio de una pelea en la cocina del precinto. Sabía exactamente quien estaba causando tal escándalo contra Tuffnut Thorton por segunda vez consecutiva esta mañana; así como por qué nadie iba a ir en rescate del rubio. Suspiró pesadamente mientras se levantaba se su escritorio y se dirigía hasta la puerta.
Astrid Hofferson era su mejor detective, muy por encima de todos los demás. Era inteligente, ruda, tenaz y astuta, además de ser una chica bastante bonita; pero tenía algunos problemas temperamentales, los cuales no siempre suponían un problema, vamos, Astrid sabía exactamente como defenderse de los demás y parte de esa defensa era su temperamento o su hermetismo. Pero en estos últimos días, esto ya empezaba a ser excesivo.
Habían pasado tres semanas desde que Astrid atrapó a uno de los capos más importantes de droga, había sido un trabajo de meses, lleno de callejones sin salida y bastante trabajo duro, pero después de todo aquel tiempo, lo había conseguido. Ahora que lo había logrado, todos los casos que llegaban al precinto se habían vuelto evidentemente más tranquilos. Astrid había perdido la cabeza en la reunión de aquella mañana después de recibir un caso de robo de bicicletas, y no había dejado de refunfuñar camino a su escritorio. Eret, el sargento a cargo, incluso se sentía algo intimidado por la manera en la que Astrid podía llegar a actuar y tuvo que intervenir mientras ella interrogaba a los sospechosos del robo o los adolescentes terminarían llorando y probablemente con severos traumas.
En este momento, de hecho, Astrid había tomado su porra y se encontraba golpeando al horno de microondas con ella. Tuffnut había corrido hasta su escritorio, para luego refugiarse debajo de este; los demás la miraban desde lejos, algunos desconcertados, sin que nadie pudiera o quisiera detenerla.
-¡... ESTÚPIDA COSA!- exclamaba Astrid mientras le daba de golpes al horno semi destruido. Stoick puso sus manos en la cintura.- ¡¿POR QUÉ NO CALIENTAS MI MALDITO STRUDEL DE... MANZANA?!- con cada palabra, el horno recibía un porrazo más fuertemente que el anterior.- ¡AAHHHH!- rugió furiosa.
-¿Qué pasó?- cuestionó Stoick a Ruffnut, su secretaria, hermana gemela de Tuffnut. Ella parecía más bien aburrida y miraba su teléfono.
-Lo único que sé, es que ese microondas tendrá que ser reemplazado y que Astrid Hofferson jamás debe acercarse a uno de ellos.- contestó la gemela. Stoick rodo los ojos.
- Tuff le preguntó algo.- respondió el detective más cercano, Fishelgs.- Ella se enfadó y se giró para tomar su strudel de manzana. Y bueno, se dio cuenta de que no había encendido el horno...
-De acuerdo, ya fue suficiente.- sentenció el Capitán.- ¡HOFFERSON!- vocifero. Astrid dejo de golpear el horno, y miro a su superior como si no estuviera haciendo nada malo; Stoick le echó una rápida mirada y luego negó con la cabeza.- Deje ese horno de microondas en paz y venga a mi oficina de inmediato.- dijo y se volvió de camino a su oficina.
Astrid guardó su porra y pareció recordar a Tuffnut, lo buscó con la mirada y cuando lo encontró, le señaló directamente.
-¡Volveré por ti!- le espetó y caminó dando zancadas hasta la oficina del capitán.
-¿Qué rayos de preguntaste?- pregunto el sargento. Tuffnut sacó su cabeza temblando.
-Si era su periodo la que la tenía así.- Tuffnut volvió a esconderse.- ¿Estuvo mal?
-Eres hombre muerto, hermano.- comentó Ruffnut.
Astrid cerró la puerta detrás de sí. Stoick se sentó detrás de su escritorio, mirando severamente a la rubia, ella solamente se sentó frente a él mordiéndose el labio interno con tanta fuerza que no tardaría en sangrar. Entrecerró los ojos de manera desafiante.
-¿Qué sucede?- cuestionó Astrid, Stoick solo carraspeo.- Si es por lo del inútil del microondas, yo lo pagaré, es más, compraré uno mejor, estoy harta de los que compran en esta comisaría...
-No es solo por el microondas.- respondió Stoick.-Bueno, en realidad sí que tiene que ver, es el doceavo que compramos este mes, ¿puedo saber por qué demonios estabas dándole porrazos a ese horno?
-No calentaba mi Strudel...
-¡Los Strudels se calientan en tostadores!- respondió Stoick casi automáticamente.- ¡No en los microondas! ¡Son como las pop tarts! ¡Cielos, Astrid!- exclamó Stoick perdiendo la calma. —Te llamé aquí porque tienes a toda la comisaría aterrada... más de lo normal.- explicó Stoick recuperando la compostura.- He recibido quejas por parte de civiles aterrados también... ¡Hasta Eret te tiene miedo!
-Se comió mi yogurt...
-Lo amenazaste de muerte- respondió él, negó con la cabeza.- Astrid, si sigues así no podrás trabajar en más casos...
-¿¡Qué!? ¡Pero...!
-Tienes que atender tus problemas de ira y controlar tus nervios. No puedes seguir agrediendo a tanta gente.- razonó el capitán, Astrid solo se cruzó de brazos, no entendía que tenía un problema y eso era lo peor de todo.- Necesitas terapia, distraerte un poco.
-Lo hago.
-Ir al campo de tiro no cuenta.- atajó su superior, Astrid estuvo a punto de agregar algo más.- Ni ninguna tarea que incluya violencia. Necesitas algo más pacífico, ¿qué tan bien cocinas?
-Una vez casi mato a alguien.- contestó la rubia con simpleza.
Stoick suspiro.- No se me da nada bien, así que compro la comida.
-¿Has intentado la alfarería?
-Mi paciencia no da para hacer vasijas que no usare jamás o que le terminaré dando a mamá.- Astrid evadía las preguntas de manera olímpica, pero Stoick no quería rendirse de ninguna manera.
-¿Pintura?
-Mis dibujos son terribles.
-No tienes que ser buena.
-De verdad lo son.
-¿Y qué me dices de tejer?
Astrid levantó las cejas. Eso era algo que no planeaba intentar ni por asomo; Astrid podía llegar a ser paciente en algunas cosas, pero en cosas como tejer suéteres o bufandas, la idea de estar sentada, estática en algún lado, como una anciana era algo que no podía imaginar para ella. De ninguna forma.
-La idea me enferma.- admitió con algo de desprecio.- Agh, solo deme unos días más, prometo relajarme y no tratar de matar a Tuffnut o a Snotlout en alguna misión...
-¿Ya lo intentaste?
-Diablos, no. Mire, estoy bien...
Stoick tuvo una idea. Valka siempre recibía a nuevos reclutas, así que supuso que no sería problema tener a una alumna más.
-Creo que ya se lo que puedes hacer.- tomó un post-it de su escritorio y comenzó a escribir en él.- Quiero que cuando termine tu turno te dirijas a esta dirección. Mi esposa te recibirá y ella misma me dirá que fuiste a donde te dije.- le entregó el pequeño papel amarillo. Astrid no reconoció muy bien la dirección.
-¿A dónde quiere que vaya?
-Es sorpresa. Y es obligatorio ir, me preocupa que tu actitud te cause problemas en futuro, Astrid. De verdad.- le dijo, ella respiró hondo y se dio cuenta de la seriedad en las palabras de su capitán.- Quizá sí pruebas algo nuevo y menos violento, te sientas mejor y dejes de romper tantos microondas.
-Bueno, quizá tenga razón. No puede ser tan malo, ¿cierto?
Estacionó la moto en frente del edificio gris a un lado de la calle. Del lugar estaba saliendo una linda niña con un tutu junto con su mamá, por lo que Astrid se imaginó que Stoick Haddock la había llevado a un estudio de ballet, y pensó seriamente en volver a su motocicleta, sin embargo recordó las palabras que su capitán le había dicho en su despacho. Así que regresó al edificio y cruzó la puerta, buscando la puerta que había en el post it.
Se dio cuenta de que se trataba de un lugar con distintos talleres.
Podía escuchar la música mezclada entre el taller de ballet y tal vez uno de salsa; sin embargo, ninguna parecía ser su puerta. Tuvo que subir las escaleras, y la encontró justo frente a ella.
No salía música de ella, no parecía haber mucho movimiento.
Tocó la puerta y escuchó como una silla se movía, la puerta se abrió y Astrid vio a una mujer de enormes ojos verdes, cabello castaño recogido en dos especies de trenzas. La miró y parpadeo dos veces, para luego abrir aún más sus ojos enormes y su boca; Astrid no podía estar más confundida.
-Eh, hola, el Capitán Haddock me dijo que viniera aquí porque tengo...
-¡Oh sí, tu eres Astrid!- exclamó la mujer, Astrid intentó sonreír para disimular la incomodidad que estaba sintiendo.—Stoick me habló mucho de ti, eres la detective con problemas de la ira que destruye hornos de microondas.- la describió la mujer con cierta inocencia.- Soy Valka, la esposa de Stoick.- se presentó la mujer con amabilidad e ignorando que Astrid estaba tratando de no fruncir el ceño.- Me alegra mucho que hayas decidido venir, ven, pasa.—La invitó a entrar y la rubia atravesó la puerta. Vio mesas para tres personas puestas uniformemente en el salón, sentados en bancos estaban personas de la tercera edad muy entretenidos tejiendo.
Tejiendo.
Había una mesa con dos adorables abuelitas, cotilleando entre ellas una tejiendo un enorme jersey y la otra lo que parecía ser unos pequeñísimos guantes. En otra mesa, una mujer le ayudaba a su esposo a tejer con una aguja bastante grande, al fondo, se veía a un joven también tejiendo.
Tejiendo.
-Maldita sea.- murmuró Astrid al ver de lo que se trataba el taller. Valka seguía sonriendo a su lado.
-Stoick siempre que tiene problemas con algún detective lo envía aquí. Y parece que funciona.- explicó Valka suavemente. —Puedo prestarte una madeja que tengo por aquí, ¿sabes coser?
Astrid le miró de una forma que helaba la sangre de cualquier persona. Valka, sin embargo, solamente levantó las cejas y le dio un vistazo fugaz a la sala.
-Bueno, estoy segura de que Hiccup puede ayudarte.- buscó a alguien con la mirada y Astrid casi quería gritar a los cielos que esperaba que no fuera una anciana cotilla que no parará de hablar jamás.- ¡Hiccup!- el muchacho que estaba en el fondo se volvió, bueno, eso estaba mucho mejor.- ¿Puedes venir aquí?- el muchacho asintió con la cabeza y dejo donde estaba su tejido, llevaba puesta una chaqueta con una playera verde debajo, pantalones rectos y botas. Su forma de caminar sugería que tenía una lesión en la pierna o algo parecido. Una vez él llegó, la detective observó que "Hiccup" era mucho más alto que ella, delgado y usaba colonia de manera bastante sutil. Punto para el sujeto.- Hiccup, ella es Astrid. Astrid, él es Hiccup, él te enseñará los puntos básicos, podrás empezar a hacer una linda bufanda pronto y luego podrás hacer lo que quieras.
-¿Cómo una funda para mi arma?- cuestionó Astrid, viéndose escéptica, sintiéndose molesta por el hecho de haber sido engañada por su capitán para venir a una especie de club de tejido lleno de ancianos tejiendo y a un chico, quien por cierto, había sonreído por su broma carente de gracia y agresiva. Valka, por el contrario, solo se encogió de hombros, actuando como si Astrid no hubiese dicho nada.
Ambos caminaron a la mesa sin pronunciar palabra. Astrid pudo captar algunos murmullos hacia ellos, los cuales alimentaban la tensión que estaba sintiendo. Llegaron a la mesa donde Hiccup tenía su madeja y un tejido en forma de cuenco de color rojo, debió darse cuenta de que Astrid la miraba intentando descifrar que era, porque la sostuvo frente a su cara y dijo:
-Es la cabeza de un Spiderman.- su voz era nasal, pero suave de alguna manera, por lo que no era molesta, sin perder lo varonil. A pesar de lo atractivo, Astrid seguía lo suficiente enfadada como para fijarse en sus lindos ojos verdes.- La empecé hoy, quiero que quede... eh, así- le enseñó un dibujo a lápiz en una hoja de papel de un Spiderman tipo chubby. Astrid todavía tenía el ceño fruncido.-No importa, de todas formas no quieres estar aquí, ¿cierto?—preguntó Hiccup con una sonrisa burlona, Astrid entrecerró los ojos.
-Ciertamente no.- mascullo Astrid.- Ni siquiera sé algo de esto.
-Bueno, mi función de hoy es esa.- atajó Hiccup encogiéndose de hombros.- Solo iré al almacén por un estambre grueso y una aguja.- habló Hiccup con voz tranquila, aunque si se notaba cauteloso, casi conciliador. Hizo que Astrid apretará más las manos, pero no hizo que dijera algo más.- ¿Algún color en específico? Menos el negro, no verías bien lo que hago.- bromeó y Astrid alzó las cejas, el chico parecía ajeno a su enojo y no parecía hacerlo para enfadarla más. Rodó los ojos.
-Rojo, supongo.
Hiccup desapareció por cinco minutos, tiempo suficiente para que Astrid se calmará un poco. Stoick le había mentido, ella había especificado que no necesitaba ir a ningún club de tejido o lo que sea que fuera aquel lugar repleto de ancianos y un chico que tenía una paciencia sobrenatural, nervios de acero... o era muy ingenuo. Pero mientras más pronto aprendiera aquello y demostrará que aprender a tejer no servía para nada, más pronto podría salir de aquel lugar.
-Eh, ya volví.- Hiccup regresó con una madeja roja, de un estambre mucho más grueso que el que tenía en la mesa y una aguja para el estambre.- Tejer es fácil, quizá te ayude a distraerte un poco.
-¿Cómo sabes...?
-Papá habla mucho de ti y de cómo lo haces pagar hornos de microondas cada semana.- el chico se sentó junto a ella, Astrid ya no sintió enfado, sino como un penoso rubor se acumulaba en todo el rostro, haciendo que se hinchara y que hormigas invisibles le pasarán por debajo de la piel causándole una picazón incomoda.
Oh.
-¿Tu padre es...?
-Stoick Haddock, tu jefe, sí.- Hiccup esta vez sí se rio con suavidad, le pasó la madeja.- Y la mujer con la que bromeaste sobre el arma es mi madre.- señaló con la cabeza a Valka quien ahora hablaba con la pareja de ancianos.- No lo hagas de nuevo, es muy pacifista, no es tan partidaria de las armas.- informó aumentando el picor que la rubia sentía en la cara.- En realidad me llamó Henry, pero todos me dicen Hiccup. Vengo todos los días después de terminar mi turno.
-¿Eres detective también?
-Papá quería, pero yo no. Soy ingeniero mecánico.- Hiccup buscó una punta del estambre.- Diseño piezas... pero no debe ser tan emocionante como cazar a malhechores, carteles de droga o asesinos en serie.- el chico miró a una Astrid lo suficientemente confundida para hablar y luego ladeo la cabeza.- ¿Quieres procesar eso o como empezar una... eh, bufanda?- Hiccup arrugó la frente y Astrid se hizo la nota metal de confrontar a Stoick después. Asintió sintiéndose idiota y Hiccup le enseñó a hacer nudos corredizos, cadenetas, y punto bajo.
.
Tejer había sido estresante, pero, no demasiado. Con el tiempo, le había encontrado gusto, no demasiado, pero lo había logrado. Terminó una bufanda medio decente en dos semanas, y ahora estaba terminando un neceser con cierre incluido. Todo gracias a la ayuda de Hiccup, quien de manera tranquila, le enseñaba cosas, a la par que hacía bromas o comentarios sarcásticos.
Con todo, el invierno estaba abriéndose paso, haciendo que tiendas empezarán a hacer la hostigante publicidad de "debes comprar un regalo de navidad o te mueres". Las ancianas del club tejían suéteres para sus nietos, de quienes hablaban sin parar. Una de ellas, muy orgullosa, ya había tejido tres trajecitos, cinco gorros diferentes e iba por el segundo par de muñequitos de lana para su nieto recién nacido. Astrid, por el contrario, no tenía nietos, y tampoco tenía suficiente tiempo para tejer una bufanda para cada uno de los chicos de la comisaría.
Suspiró y se vio aburrida en uno de los días que debía ir a tejer. No quería seguir haciendo bufandas.
Hiccup, por el contrario, ya había terminado la cabeza del Spiderman y se encontraba tejiendo el resto del minúsculo cuerpo.
-¿Aburrida?- habló, sorprendiéndola observándolo tejer. Él apenas la miró de reojo.- Te diría que uses los libros de allá con patrones para hacer algo, pero llegan a ser algo confusos...
-¿Sabes leer esas cosas?
Hiccup hizo una mueca. Ladeo la cabeza dando a entender que lo hacía a medias.
-Aún te queda YouTube.- comentó Hiccup animado.- Hay buenos tutoriales... ¿O quieres hacer uno de estos?- señaló al Spiderman.
-No creo que mi paciencia dé para eso.- se encogió de hombros.
-El WiFi es gratis.- Hiccup siguió su trabajo y Astrid buscó su teléfono, mientras lo hacía vio varios mensajes de Ruffnut preguntándole si ya le había pedido mínimo el número de teléfono a Hiccup. No era para menos, según todos sus compañeros en la comisaría ella no paraba de hablar de él y de lo paciente que era. Astrid rodó los ojos y sólo contestó que no.
Hiccup sí le gustaba. Bueno, no tanto así, se le hacía... atractivo.
Tenía temas interesantes de conversación y una bonita sonrisa, que asfixiaba las pequitas que tenía en sus mejillas. Las mujeres mayores le adoraban, en más de una ocasión le habían pedido sus medidas para un jersey, para gorros y para más cosas. Era educado y básicamente adorable. Pero Astrid no quería emocionarse con él, Hiccup era el prototipo de novio que cualquier otra chica querría, quizá incluso tenía novia (... o novio), o quizá ella no le interesaba demasiado.
Todavía rondaba en su cabeza el "nada pierdes con pedir su número" de Fishlegs. Astrid suspiro y viendo que no le quedaba suficiente tiempo para ver un tutorial y empezar a tejer algo, se decidió por hacerlo.
Trató de no verse como un manojo de nervios y ser lo más natural que podía. Sin mostrar interés, solo era una absurda pregunta casual.
Parpadeo un par de veces y se giró.
-¿Cuál es tu número?- cuestionó usando un tono como de interrogatorio policial. De acuerdo, se había pasado, y lo comprobó cuando Hiccup se giró con los ojos muy abiertos. Quizá lo había sobresaltado con tal pregunta.- Ah, lo siento, ¿te asuste o algo?
-Un poco.- jadeo Hiccup, luego negó con la cabeza.- ¿No te lo he dado, cierto?
-Nope.- ahora Astrid negó con la cabeza, todavía con el teléfono en las manos.- Me preguntaba si querrías dármelo para...- bueno, al diablo, iba a invitarlo a salir. Pero no en plan romántico, solo para conocerlo un poco mejor, quizá algo muy informal, como salir a tomar unas cervezas.- ... algún día invitarte un trago.- se encogió de hombros y se permitió sonreír de lado, pero solo un poco.
Hiccup volvió a verse asustado, cosa que alertó a Astrid y la confundió, su primer pensamiento fue: ¿me acelere?; pero luego volvieron las ideas de que Hiccup o no estaba disponible o no quería una cita en ese momento.
-¿Tú... quieres salir... conmigo?- tartamudeo el castaño, Astrid todavía confusa asintió, la actitud del muchacho era fácil de leer ahora. Estaba nervioso.- Oh, vaya...
-Sí. Hemos convivido tanto que sería lindo que saliéramos alguna vez para conocernos un poco mejor y no hablar de tejer o de mi estrés... o de hornos de microondas.- explicó Astrid. Se dio cuenta después, que había empleado la palabra "lindo" en su contestación.
Hiccup parpadeo.
-Oh.- fue lo que dijo.- Bueno, eso es...- carraspeo.- Eso me gustaría, claro. Un trago estaría bien.- asintió, todavía viéndose nervioso. Astrid le sonrió de manera sincera.- Te daré mi número y tú me avisas cuando...
-El viernes estoy libre.- informó Astrid mientras abría el marcador para registrar el número.- Salvó, claro, que tenga algún caso... o algo parecido.- ella rodó los ojos de forma cómica y le pasó el teléfono al castaño.
-Bien, eh...- apuntó el número.- Yo te avisó.
Y sí, le avisó después de un tiempo. Astrid descubrió que el muchacho era más lindo que nada, interesante y toda la cosa. En poco tiempo, Ruffnut y toda la comisaria habían notado que Astrid tenía una vibra diferente, mucho mejor que la anterior. El nuevo horno de microondas había estado intacto desde hacía dos semanas y Tuffnut se sentía agradecido de trabajar sus casos sobre su escritorio y no debajo de este.
Todos se preguntaban exactamente si Astrid salía con el chico del taller de tejido, cada que la veían todos trataban de lanzarle indirectas para saber si ella etapa saliendo por lo menos con alguien. Pero Astrid se conservaba hermética.
Hasta que llegó la semana antes de Navidad.
El lunes Astrid llegó puntual, con una bolsa de la tienda de telas.
Echó un vistazo a la computadora y trabajó durante una hora. Pareció terminar y sacó cosas de la bolsa: una madeja de estambre verde, otra negra, un gancho y un marcador en forma de espiral.
Tecleo unas cuantas cosas en la computadora y se quedó observando la pantalla durante unos instantes. Ruffnut la observaba pacientemente desde su lugar, tratando de averiguar qué era lo que su compañera estaba viendo en el monitor, al verla empezar a tejer de manera torpe, supo que Astrid Hofferson estaba haciendo un tutorial sobre algo.
-¡Te atrape!- Ruffnut saltó de su asiento y caminó directo al escritorio de Astrid, los demás echaron un vistazo por encima del hombro.- ¡Estas siguiendo un tutorial!
Astrid le regresó la mirada de manera neutral.
-Terminé lo que tenía pendiente.- respondió Astrid, pausando el video y mirando a una Ruffnut con aire triunfal. Para no ser un policía, Ruffnut tenía madera para ser uno.- ¿Qué les pasa estos días? Han estado preguntándome con quien he estado...
-¿Quieres decir que sí sales con alguien?- repuso Snotlout ligeramente dolido desde el otro lado de la oficina. Astrid rodó los ojos, pero no negó con la cabeza.
Es más, no negó en absoluto.
-No puedes solo estar alegre porque sí, Astrid.- insistió
Ruffnut.- leo el lenguaje corporal de todos los que están aquí. Incluso el del capitán Haddock y por supuesto que sé que sales con alguien.
-Pues sí, salimos, supongo...
-No intentes usar algún truco, nadie... Alto, ¿qué?
-Nos llevamos bien y él es lindo conmigo. No llevamos mucho tiempo, y no creo que sea nada serio aun pero...
-¡OH NO! ¿Qué hay de nosotros, nena?- repuso Snotlout desde el otro lado de la sala.
-Jamás hubo un nosotros, Snotlout.- le rechazó Astrid aun sin perder la calma.
-¿Por qué nunca nos lo dijiste?- preguntó Eret, con una taza de café en la mano.
-Ya lo dije, no es nada serio.- Astrid se reclino en su silla, aún con la mirada de Ruffnut en ella.- Tal vez debí decírselos chicos, pero no he tenido...
-Alto, espera.- la frenó Fishlegs en seco, caminando hacia ella.- ¿Estas saliendo con el hijo del Capitán Haddock?
Astrid hizo una mueca y luego asintió.
-¿Y él lo sabe?- cuestionó Ruffnut con los ojos entrecerrados,
Astrid no pareció muy preocupada por eso.
-Es muy pronto para que me presente a sus padres.- la rubia se encogió de hombros.- Sí los hace sentir mejor, puede que necesite ayuda buscando un regalo para él.- repuso con extraña amabilidad, algo que tomó a todos por sorpresa.- Decidí tejer algo para él. —se escuchó un "a" audible por toda la comisaría.- Basta. Es muy complicado hacer un muñeco o una figura o un suéter...
-¡Uh, uh!- Tuffnut saltó de su escritorio hasta el de Astrid, repentinamente entusiasmado como un niño en Navidad.- ¿Qué tal una bufanda?
-Ya hice muchas bufandas. Creo que tengo una para cada uno de ustedes en el precinto.- exclamó Astrid, negando con la cabeza y sin ser muy dura con Tuffnut.- Quiero hacer algo diferente.
-Mide su cabeza y hazle un gorro.- Eret se encogió de hombros, dando la solución más fácil.- Lo usará cuando haga frio y en las tiendas de telas hay muchos telares circulares, así será más rápido que solo... ya sabes, hacer cadenas...
-¡Rayos, Eret!- gimió Ruffnut, intentando ser seductora, Eret dio un paso atrás.- Eres tan lindo, con esos músculos y tu simplicidad. Pero no, Astrid, todo el mundo regala gorros y bufandas en navidad, no le hagas un torpe gorro.
Eret protestó, pero Ruffnut lo hizo callar, con la excusa de que necesitaba pensar.
-¿Qué tal unos calcetines?- rompió el silencio Fishlegs, escuchando una protesta general por su idea, molesto, Fishlegs trató de defenderla.- ¿Qué? Oh, vamos, no es tan malo...
-¿Quién rayos regala calcetines tejidos, Fishlegs?—le interrumpió Snotlout.
-Es una completa locura, ¿cómo va a sacarle medidas a sus pies?-continuó Tuffnut.
-¡Ya sé!- exclamó Astrid mientras tecleaba en la computadora, a
Ruffnut también se le había ocurrido una idea y tenía la esperanza de que Astrid había tenido la misma idea.
-¡Orejeras!- gritó Ruffnut.
-¡Guantes!- dijo Astrid a su vez. Pudo escuchar a Ruffnut y frunció el ceño.- ¿Orejeras?
-Están en tendencia.- justificó Ruffnut convencida. Snotlout resoplo.
-Eso no es cierto.
-Ariana Grande las usa y por lo tanto están en tendencia. —Lo calló Ruffnut, fue efectivo porque Snotlout cerró la boca instantáneamente.- Ah, pues, busca un tutorial fácil y uno donde la chica no tiene la voz tan chillona... Detesto escuchar a chicas forzando demasiado la voz.
-Supongo que haré unos guantes sin dedos... Am, creo que puedo añadir estos dos colores y hacerles bonitas franjas.
El tutorial era sencillo. La mujer que tejía era adorable y explicaba perfectamente las puntadas y lo que se debía hacer. Astrid la seguía, tratando de entender bien lo que debía hacer, la mano de Hiccup era bastante más grande que la suya, así que tendría problemas para calcular el número de cadenetas que debía hacer, usó a Eret en el proceso, prefería que le quedarán un poco grandes a masivamente grandes si usaba a Fishlegs.
La primera vez que lo intentó, las puntadas se le fueron chuecas y por alguna razón el tejido se iba cerrando, quedando varias tallas más pequeño. Tuvo que volverlo a hacer, muy a su pesar, desde cero, mirando el video una y otra vez; el estambre se enredaba y a pesar de que la mujer del video lo hacia parecer sumamente fácil y aseguraba que en cada pieza se demoraba una hora, Astrid se demoraba mucho más tiempo, y tenía diversos problemas para adquirir la habilidad necesaria.
Sin embargo, cuando Hiccup la vio en Navidad, ella ya tenía los guantes hechos, él recibió el regalo y cuando se los probo se dio cuenta de que eran disparejos, que Astrid no sabía cómo ocultar los nudos o que no había cortado bien los hilos de estambre. Aun así, sonrió y se encogió de hombros.
-Son los mejores guantes que me han dado…
-Ya sé que no, Feliz Navidad.
Algo rapido para Navidad, les ruego que me disculpen por no subirlo antes, tuve algunos compromisos.
Esta basado tambien en Brooklyn 99 tambien, lel
