NA: ¡Traigo un nuevo cap! En realidad me gusta mucho escribir esta historia :) Gracias a todos los que siguen leyéndola y dejando reviews lindos, en especial a LyraDarcyFoy y Doris. Alegráis mi día con vuestra lindura.
¡Muchos besos y feliz Navidad!
Capítulo 13: La verdad.
La llegada de Edward a la fiesta de bienvenida de Bella tuvo tanta repercusión como la de Rose. Aunque ya estaba acostumbrado, seguía siendo ligeramente molesto que la gente pensara así de alto sobre él solo por hacer acto de presencia en cualquier lugar al que fuera. Lo único que hacía el momento más ameno era estar cerca de Bella, del calor corporal que le provocaba su agitado corazón, de sus mejillas sonrojadas cada vez que un desconocido se acercaba a ella para darle la bienvenida al pueblo. Por supuesto, muy pocas personas pasaron por alto el disimulado juego de miradas que se arriesgaron a tener entre los presentes cuando ella se perdió entre la multitud, siendo arrastrada por Jessica y su evidente deseo de seguir siendo el centro de atención poniendo de excusa el ser amiga de la nueva. Edward sonrió cuando intentó, no sin mucho éxito, hacerla bailar a su lado. Bella mordía su labio inferior cuando encontró sus pupilas fijas en ella. No podría leer su mente, pero al menos en ese preciso instante puso saber con certeza que se moría de vergüenza.
Fue difícil apartar la vista una vez que la vio mover las caderas en un desesperado intento por complacer a Jessica. En un determinado momento, y casi con torpeza, trató de mover la parte superior de su cuerpo acorde con la inferior. No tenía demasiado ritmo, pero de alguna manera acababa de convertirse en su bailarina favorita.
Edward sonrió ladeadamente en el instante en el que ella lo buscó con la mirada. Realmente esperaba que siguiera haciéndolo una vez que fuera consciente de su condición, una vez que supiera toda la verdad.
—¡Hola! —saludó efusivamente una voz conocida. Edward se giró para mirar a la persona.
—Buenas noches —saludó él, gentil.
—No hemos hablado mucho, pero vamos juntos a algunas clases. Mi nombre es…
—Lauren Mallory —la interrumpió—. Del instituto, sí.
—Vaya. —Los pensamientos de la chica se alteraron al descubrir que sabía de su existencia. Se rió, coqueta—. Y tú eres Edward, por supuesto.
—Así es.
—He visto a tu hermana por allí, ya sabes, la rubia. ¿Qué os trae por aquí? No es que asistáis a muchas fiestas.
—Bella nos invitó, es su bienvenida.
—Por supuesto, por supuesto. —El consumo de alcohol unido al excesivo escote de su vestido había provocado en la chica una falsa confianza que la estaba impulsando a mostrarse cada vez más insinuante con él. Edward quiso pararla, pero no fue lo suficientemente rápido—. ¿Quieres compañía? He visto que estabas solo, y…
El atrevimiento de Lauren de aproximarse a él terminó de traspasar los límites aceptables.
—Lo siento, pero no me interesa —le hizo saber, poniendo una mano en su hombro y alejándola de su cuerpo.
—Hola.
Todavía apartando a la muchacha, Edward bajó la vista para ver a Bella, quien había llegado a su lado sin que pudiera darse cuenta.
—Oh, Bella. Hola —musitó él.
Lauren se quedó boquiabierta cuando, sin previo aviso, la chica se puso de puntillas para decirle algo al oído. Al contrario que con ella, Edward no la hizo a un lado, sino que incluso la atrajo un poco más apoyando una mano en su espalda. Los pensamientos de la chica ante aquello no fueron demasiado agradables.
—Sácame de aquí. —La dulzura de su aliento acarició sus sentidos un momento mientras ella tiraba de su camisa casi con urgencia, sin lograr moverlo un ápice de donde estaba. Edward le sonrió de una manera excesivamente radiante—. Por el amor de Dios, ¿puedes dejar de eclipsar a las chicas con tu sonrisa? ¿No ves que estoy desesperada por que me saques de aquí? No podrás hacerlo disimuladamente si sigues llamando la atención de esta manera.
—Ya veo, disculpa.
Edward casi la cubrió utilizando su cuerpo mientras se movían entre la gente para escabullirse de esa fiesta. Ella solo suspiró tranquila una vez estuvo montada en el asiento del copiloto de su coche.
—Acelera —le pidió—. Llévame lejos de aquí.
Edward obedeció al instante, gustoso de poder cumplir sus deseos.
—Siento que hayas tenido que asistir a tu fiesta de bienvenida —bromeó él.
—Sí, lo sé. Ha sido cruel.
—Bueno, mira el lado positivo. —Notó cómo lo escudriñaba con la mirada—. Ya has escapado. La fiesta ha terminado para ti.
Ella se relajó al instante, deslizándose un poco por el asiento.
—Es cierto. Bueno, ¿a dónde vamos?
—A tu casa, por supuesto.
—¿En serio?
—¿Es que quieres ir a algún otro lugar? No hay muchos lugares nocturnos en Forks.
—No quiero ir a un bar, quiero que tengamos la charla que tenemos pendiente.
—Es tarde —dijo él—, necesitas descansar.
—Lo que necesito son respuestas, y más vale que me las des en otro lugar que no sea mi casa si no quieres que Charlie te haga el interrogatorio de tu vida.
—Creí que dijiste que podías esperar.
—Dije que debíamos volver a la fiesta antes de que notaran nuestra ausencia, no que quisiera esperar una eternidad más.
—Es solo una noche —murmuró.
—Pues eso, una eternidad. —Bella se encogió de hombros al notar que se había quedado mirándola con desconcierto—. ¿Qué pasa? ¿Nunca has esperado nada con tantas ganas que los segundos te han parecido horas?
Edward hizo una medio mueca ante su pregunta. Quería decirle que sí, que por supuesto. Que llevaba casi un siglo esperándola sin saberlo, casi un siglo sin que nada tuviera sentido, casi un siglo de vacío existencial. Quería gritar que ahora que la había encontrado sentía que se había precipitado comprometiéndose con otra mujer que ya no significaba nada. Que lamentaba haberse rendido antes de tiempo, que debía haber esperado un poquito más. Quería contarle que sí, que desde aquella primera mirada no había dejado de ansiar por un momento conocer lo que pasaba por su mente, que era la persona más intrigante y enigmática que había conocido nunca. Y que cuando había intentado poner un poco de distancia entre ambos solo había conseguido que los días parecieran milenios. Que la magia que la envolvía había conseguido cegarlo y ahora ya no podía ver nada más que no fuera ella…
Pero no había manera de que pudiera decirle todo lo que había pasado por su mente en aquella milésima de segundo. No, eso definitivamente hubiera estado fuera de lugar… así que simplemente optó por transformar la mueca de sus labios en una media sonrisa.
—Sí, supongo que sí —se limitó a decir.
—En realidad puedes contármelo durante el trayecto, ¿quieres hablar de ello ahora?
—La verdad es que no —respondió automáticamente, visiblemente tenso. La miró por el rabillo del ojo. La decepción que había inundado su expresión hizo que se apresurara a añadir—: Te lo diré hoy, ¿de acuerdo? Solo dame un momento.
Aquello pareció animar a la chica, quien asintió y decidió cambiar de tema.
—¿Ya se habrán dado cuenta de que nos hemos ido?
—Es posible. ¿Te preocupa?
—En realidad no. Apuesto a que la mayoría no sabe ni quién soy. La gente va a las fiestas básicamente a beber y a socializar. Por eso me aburren, no soy ni de una cosa ni de otra. Por cierto, siento que hayas tenido que ver cómo me obligaban a bailar.
—Te equivocas, mi hermana asiste a las fiestas única y exclusivamente para estrenar sus carísimos vestidos. Tiene un armario lleno de ropa que solo puede ponerse en eventos especiales, y no es que haya muchos de esos en Forks… así que seguro que te estará agradecida. —Hizo una pequeña pausa—. Y por cierto, bailas genial.
Ella estuvo a punto de abrir la boca para rechistar, pero después de recordar algo lo único que pudo hacer fue proferir un grito ahogado.
—¡Tu hermana! —exclamó—. ¡Se ha quedado allí!
—¿Y…?
—Ni siquiera le has dicho que te ibas. ¿Cómo volverá a casa?
—Puede caminar.
—¿Eres consciente de que la distancia entre vuestra casa y la de Jess ronda los cincuenta kilómetros?
—Que corra entonces.
Bella se quedó mirándolo fijamente, tanto que parecía estar juzgándolo.
—Dices cosas muy extrañas.
—¿Te estoy incomodando?
—No, solo haces que mi teoría cobre sentido.
Ahora era el momento de Edward de fruncir el ceño.
—¿Tienes teorías?
—Solo una.
—Asumo que no vas a decírmela, ¿cierto?
—No hasta que tenga cierta seguridad de que vas a contarme la verdad.
El coche paró y ella miró por la ventana para saber dónde estaban. Antes de darle tiempo a rechistar, Edward dijo:
—Hablemos entonces. ¿Me das permiso para subir a tu habitación?
—¿En serio? ¿De verdad quieres vértelas con el Sheriff del pueblo?
—Tu padre no sabrá que he estado en su casa.
Ella se quedó pensativa un momento.
—Apuesto a que se ha quedado despierto esperándome. Le dije que no hacía falta, pero…
—Sí, está viendo la repetición del partido de esta tarde. Quiere irse a dormir, pero no lo hará hasta que tú llegues.
—¿Cómo puedes…?
—Nos vemos en tu habitación, Bella. Estaré allí cuando llegues —la cortó con sutileza. La chica se mostró reticente un momento, pero luego salió del coche. Una vez que estuvo dentro de casa, él no tardó ni un minuto en salir fuera, trepar por la fachada y llegar a su destino. Se mantuvo cerca de la ventana mientras la escuchaba saludar a su padre y subir las escaleras. Bella abrió la puerta y se asomó con lentitud, no pareciendo demasiado sorprendida al encontrarlo allí… a pesar de que era humanamente imposible que hubiera llegado antes que ella.
—¿Has entrado por la ventana? —preguntó después de cerrar la puerta. Su silencio confirmó lo que pensaba—. ¿Cómo has sabido cuál era mi habitación?
—Tu olor es demasiado… intenso —confesó.
—Sentidos híper desarrollados… Otra cosa más que respalda mi teoría.
—Por favor, no digas que crees que soy un superhéroe.
Ella se rió entre dientes.
—Más quisieras ser tan guay. —Edward se unió a su risa—. No, he investigado lo suficiente como para saber que no necesitas de una capa para volar.
—Entonces… ¿Cuál es tu teoría?
Bella se paseó un poco por la habitación, seguramente para intentar controlar los nervios que le hacían temblar levemente la voz.
—Te mueves con una rapidez asombrosa —comenzó—, tienes la piel fría, tus ojos cambian de color… —Hizo una breve pausa que se sintió profunda entre la distancia que los separaba—. Sé que no es mucho, pero haciendo una búsqueda exhaustiva en internet…
—Dilo —la urgió.
Bella se apoyó en la cabecera de la cama y se miró los pies unos segundos, dubitativa. Luego, alzó la vista para volver a mirarlo. Su corazón empezó a latir tan fuerte que pudo escuchar con absoluta claridad cómo resonaba contra su pecho.
—Vampiro.
Edward se apoyó en su silla de escritorio. Necesitó pensar un momento lo que iba a decir a continuación.
—¿Estás asustada?
Aquella pregunta daba a entender que su teoría era acertada. Quería ser sincero con ella, pero prefería no decir en alto ciertas palabras.
—No —respondió ella, luego arqueó una ceja—. ¿Debería?
—Sería lo más sensato. Creo que todavía no has entendido lo peligroso que es estar cerca de mí en una habitación vacía, los dos solos.
—Estamos en puntas opuestas, básicamente todo lo lejos que podemos estar el uno del otro en mi habitación.
—¿Por qué tratas tu propia seguridad con tanta trivialidad?
—Es que… no creo que vayas a hacerme daño. ¿O sí?
—Requiere de todo mi autocontrol, pero… no. No quiero hacerlo. —Bella estuvo a punto de decir algo, pero Edward se adelantó—. Aun así, deberías temerme.
—¿Por qué?
—He hecho cosas horribles.
Bella rodó un poco los ojos.
—Está bien, poco a poco. ¿Antes de confesarme tus terribles crímenes podemos hablar sobre los aspectos positivos de ser un vampiro? La verdad es que siento bastante curiosidad.
—No hay mucho de bueno en alguien de mi especie.
—¿No tenéis superpoderes o cosas por el estilo? —preguntó en tono burlón.
Edward apretó un poco los labios antes de responder.
—Mi hermana Alice puede ver el futuro, y yo… yo puedo leer mentes.
Un profundo silencio se instauró en la habitación mientras la chica asimilaba lo que había dicho.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —Bella esperó a que asintiera para seguir hablando—. Si puedes leer mentes, entonces… ¿Es ese el motivo por el que has estado haciéndome tantas preguntas desde que llegué a Forks? ¿Para que pensara en ello y entonces poder obtener las respuestas que querías?
—No, Bella. Tú eres mi única excepción.
—¿A qué te refieres?
Edward apretó el respaldo de la silla lo suficiente como para no convertir en polvo la madera bajo su palma.
—No consigo leer tu mente, Bella. Me es completamente imposible. —La chica pareció pasar de la sorpresa al alivio en cuestión de segundos, cosa que no pasó desapercibida para Edward—. Por ejemplo, en este momento me muero de ganas por saber qué es lo que te ha hecho sentir tanta tranquilidad.
Bella intentó hacerse la remolona, pero terminó confesándolo todo cuando se percató de que seguramente la conversación se acabaría si no lo hacía.
—Es solo que… hubiera sido un poco violento tener que disculparme por mis pensamientos.
—¿Por qué…?
—Oh, vamos. No me hagas decir lo obvio.
Edward tuvo que luchar contra su deseo de acercarse a ella y acariciar el rubor que acababa de aparecer en sus mejillas.
—Lo siento. No tienes que decir nada que no quieras.
—¿Sería injusto que preguntara algo más?
—Por favor.
—¿Por qué has sido tan insistente? —Las palabras salieron de su boca antes incluso de dejarle terminar—. ¿Ha sido por la curiosidad que te causaba el no poder leer mi mente?
Edward dio un paso en su dirección de manera casi instintiva. Su voz sonó ronca cuando las palabras atravesaron su garganta.
—Bella, creo que no has entendido lo más importante de lo que acabo de decirte.
Escuchó su corazón empezar a latir más y más fuerte a medida que se acercaba lentamente.
—E-entonces explícame.
Edward consiguió detenerse justo a unos pasos de su cama.
—Es la primera vez que revelo la condición de mi especie a un humano. Estoy poniendo en peligro más cosas de las que quiero pensar. ¿Crees que esto es simplemente pura curiosidad?
—Bueno… No sé —tartamudeó levemente—. Tenías que decirme la verdad si querías seguir sabiendo cosas sobre mí. Esa era mi condición para perdonar que intentaras engañarme el otro día. Supongo que es normal que te sientas de esa manera si soy la única de la que no puedes obtener respuestas rápidas…
—Bella, es evidente que me siento frustrado con el bloqueo de tu mente, pero… esto va más allá, y supera mi comprensión. He intentado negármelo muchas veces, corregirme, darte por imposible.
—¿Tú has…?
—Me siento atraído por tus extrañezas, Isabella —la interrumpió de nuevo, demasiado excitado para controlarse—. Y no puedo alejarme, no quiero hacerlo. Eres demasiado misteriosa, hacer eso sería como dejar una buena novela en su punto más álgido. Como lanzar el libro hacia una pila de troncos ardiendo justo cuando iba a descubrirse al asesino.
—Edward…
De alguna manera que no lograba comprender, había terminado de salvar la distancia con ella y ahora sus frentes estaban pegadas. Sentir el ardiente calor de su piel provocó una reacción insólita dentro de su pecho. Algo allí, cerca de donde una vez había latido su corazón, logró removerse débilmente.
—Isabella Swan, ¿me darías permiso para besarte?
En una situación diferente, tal vez con una mujer que no fuera ella, habría interpretado su silencio como una negativa. En ese momento, dejándose llevar por la euforia que le provocaba su cercanía, simplemente movió la cabeza para cumplir su deseo más fuerte y humano hasta el momento. Pero antes de que sus labios pudieran rozarse, sintió cómo ella presionaba su pecho con ambas manos. La débil fuerza que ejercían jamás hubiera podido moverlo ni un ápice del sitio, por lo que él optó por retirarse voluntariamente y de forma inmediata. Su autocontrol, que un segundo antes había pendido de un hilo, ahora volvía a su cuerpo de manera abrupta.
—Edward…
—Antes de que digas nada, Bella, permite que me disculpe por mi nefasto comportamiento.
—No, no te lo permito —dijo, haciendo una pausa para suspirar en la que Edward casi gruñó de frustración. Le urgía saber qué iba a decir a continuación más que nada en el mundo—. No te disculpes por desear algo. Los humanos a veces también cedemos ante nuestros instintos.
—Ceder ante mis instintos supondría matarte, Bella.
Ella rió, rió como si lo que acababa de decirle no fuera lo suficientemente grave.
—¿Matarme? Pensé que solo querías besarme. —Alzó un dedo para darle a entender que no había terminado—. Sé a lo que te refieres. Querías besarme, pero tal vez hubiera acabado mal si hubieras perdido el control. Lo sé, corre sangre por mis venas y todo eso, y tú eres demasiado sensible a ese olor. Pero está bien, no ha pasado nada. Y créeme, yo también quería… Que me besaras, no que me mataras —bromeó—. Pero creo que soy un poco antigua en ese aspecto. Respeto todos los puntos de vista sobre este tema, pero yo no soy de las que se besan en la primera cita. Y que puedas colarte en mi habitación ni siquiera la convierte esto en una. No sé si era lo que querías, pero has conseguido llamar mi atención. Y sí, me siento atraída por ti, pero ni siquiera tu condición de vampiro te hace lo suficientemente exclusivo como para saltarte mis normas.
Edward se inclinó en su dirección en una especie de reverencia. Luego tomó su mano y, con mucho cuidado, se la llevó a la boca para besar su dorso.
—¿Me concedería el increíble honor de tener una cita con usted, Isabella Swan?
¿Me dejas un review? :D
Cristy.
